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Alwine Bertels-Psotka, respetada micropaleontóloga argentina
Entre las especialistas en el estudio de los microfósiles nacidas en Sudamérica, a lo largo de gran parte del siglo XX ha destacado la figura de Alwine Bertels-Psotka. Durante casi 40 años de ininterrumpida actividad, sus originales contribuciones sobre diminutos organismos que vivieron hace unos 60 millones de años lograron ampliar y enriquecer los conocimientos de la comunidad especializada.

Su legado ha sido altamente valorado tanto en su país como en el extranjero, razón por la cual la Asociación Paleontológica Argentina instituyó y comenzó a otorgar un premio en su nombre a partir del año 2022, dedicado a «profesionales en investigaciones paleontológicas o disciplinas relacionadas». Asimismo, el acreditado laboratorio de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde pasó largas jornadas de trabajo, lleva el título de «Laboratorio de Micropaleontología Dra. Alwine Bertels-Psotka».
Primeros pasos de una notable investigadora
Nacida el 10 de enero de 1930 en la provincia de Santa Fe, Alwine Bertels-Psotka no tuvo una vida sencilla. Como ha descrito el doctor en microbiología del Museo Argentino de Ciencias Naturales, Horacio H. Camacho, «Alwine, dotada de un carácter firme decidido y luchador, supo afrontar con entereza todas las situaciones surgidas a lo largo de su recorrido vital».
Comencemos apuntando que, una vez completada su formación primaria y secundaria, la joven Alwine optó por matricularse en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, para estudiar Ciencias Geológicas. Muy pronto se despertó su vocación por el estudio de los foraminíferos fósiles, y formó parte del primer curso de micropaleontología impartido en su universidad.
Señalemos que los foraminíferos son pequeños organismos unicelulares que generan una concha externa propia de cada especie. Son muy útiles en los estudios paleontológicos porque muestran fielmente su continuo desarrollo evolutivo, de modo que las especies más antiguas se encuentran en los yacimientos más viejos. De esta manera, identificando los foraminíferos hallados en un sustrato determinado se puede calcular su antigüedad.
Alwine Bertels-Psotka, tras finalizar la licenciatura en 1968 defendió su Tesis Doctoral centrada en la micropaleontología y estratigrafía de diminutos organismos fósiles. Tal como se informa en el libro Mujeres de las piedras, se trata de un excelente trabajo sobre foraminíferos con unos 60 millones de años de antigüedad procedentes de la provincia de Neuquén, sita en el noroeste de la Patagonia.
El citado experto Horacio Camacho, ha especificado en relación a dicha tesis que «en aquel tiempo, uno de los problemas estratigráficos más discutidos se relacionaba con el límite Cretácico–Terciario, al que no se podía identificar a través del estudio de las megafaunas [esto es, animales «gigantes», «muy grandes» o «grandes», hoy extinguidos], por lo que el conocimiento de las microfaunas [o sea, organismos microscópicos, de tamaño inferior a 0,1 mm], alentaba grandes esperanzas en la búsqueda de una posible solución». Fue este contexto el que impulsó a Alwine Bertels-Psotka a dedicar sus esfuerzos a los microorganismos. «Al hacer suyo este desafío, continúa el profesor Camacho, convirtió la investigación de los foraminíferos en el tema medular y predominante de su vida».
Desarrollo de una excelente carrera profesional
Tras doctorase, ha descrito el mencionado microbiólogo, «fue muy importante para su formación científica posterior recibir una beca externa otorgada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, CONICET, que en 1965 le permitió ampliar estudios en Alemania, concretamente en Frankfurt y en Hannover». Posteriormente, en 1967 acudió al prestigioso laboratorio oceanográfico Woods Hole (Woods Hole Oceanographic Institution) en los Estados Unidos.
Tal como informa Wikipedia, a partir del año 1970, Alwine Bertels-Psotka estableció vínculos con instituciones científicas brasileñas, particularmente con la Universidad Federal de Río Grande do Sul. Nació entonces una fructífera colaboración que le ofreció la oportunidad de realizar interesantes publicaciones relacionadas con la fauna fósil de la región sur de Brasil. En esas fechas, también llevó a cabo investigaciones en el Atlántico Sur, incluyendo microfaunas del litoral bonaerense y del Plateau de Malvinas, una gran meseta submarina ubicada al suroeste del océano Atlántico Sur.
En cuanto a la capacidad investigadora de Alwine, el experto Horacio Camacho ha dejado escrito que era una «trabajadora incansable, no detenía el ritmo de sus actividades ni durante los días festivos, y las exigencias que ella misma se imponía las trasladaba a quienes dirigía en los trabajos de investigación. Sin embargo, detrás de la aparente dureza que parecía caracterizar algunos de sus actos, se escondía una personalidad extremadamente humana y generosa, dispuesta en todo momento a brindar ayuda desinteresadamente. Quienes, a través de los años tratamos a Magda (como afectuosamente la nombrábamos) con mayor asiduidad, siempre observamos en ella una conducta leal y sincera».
Ampliando horizontes
El conocimiento de los foraminíferos característicos de otras regiones del mundo, permitió que nuestra protagonista estableciese con bastante precisión las características principales de los nuevos yacimientos objeto de su investigación. Ciertamente, sus contribuciones centradas en microorganismos de la región austral fueron de gran trascendencia, ya que sus resultados no solo enriquecieron el estado de la cuestión del momento con el aporte de nuevas especies y datos, sino que, además estimularon y sirvieron de modelo para numerosos proyectos originales en trabajos posteriores.
A lo expuesto hay que añadir que, paralelamente a sus actividades de investigación científica, a partir de 1969 Alwine Bertels-Psotka inició una intensa y meritoria carrera docente en el Departamento de Ciencias Geológicas de la UBA; primero como profesora ayudante hasta alcanzar casi diez años más tarde, en 1978, el máximo nivel docente: Profesora Titular de Micropaleontología, según se describe en el citado libro Mujeres de las piedras.

Cabe asimismo apuntar que esta inagotable científica no limitó su docencia a la UBA, sino que desde comienzos de los años setenta, también impartió clases y conferencias en la Universidad de la Plata. A todo ello, agregó su participación en la formación de micropaleontólogos brasileños, principalmente a través de la Universidad Federal de Río Grande do Sul. Igualmente, colaboró con el Centro de Investigaciones Petroecuador de Guayaquil en varias ocasiones.
Logros y reconocimientos
Las múltiples aportaciones de notable valor con las que Alwine Bertels-Psotka enriqueció la micropaleontología, la hicieron merecedora de diversas distinciones y honores. A título de ejemplo, cabe recordar que fue la primera mujer elegida para ocupar cargos de relevancia. Entre 1975 y 1977, fue Presidenta de la Asociación Paleontológica Argentina. Por esas fechas, en 1976, la nombraron directora del reconocido laboratorio de Micropaleontología de la Facultad de Ciencias Exactas (UBA). En 1978 presidió el Primer Congreso Latinoamericano de Paleontología, celebrado en la ciudad de Buenos Aires, como se explicita en Mujeres de las piedras.
Los reconocimientos, sin embargo, no procedieron solo de su país natal. Internacionalmente, fue escogida para coordinar y asesorar importantes proyectos de investigación, gran parte de ellos instaurados por la acreditada y famosa Organización de las Naciones Unidas, UNESCO. Por otra parte, tuvo el honor de formar parte activa del Comité Editor de la reconocida publicación científica de micropaleontología Stereo-atlas of Ostracod Shells, creada en 1973 en la Universidad de Leicester por destacados expertos del Reino Unido y del resto del mundo. Como se apunta en Wikipedia, a lo largo de sus 25 años de historia la serie de esta publicación, que concluyó en 1998, incluyó a figuras notorias de la comunidad micropaleontológica.
El citado paleontólogo Horacio Camacho ha enfatizado que la científica «expuso los resultados de sus investigaciones en numerosas conferencias, reuniones nacionales e internacionales y en aproximadamente 65 publicaciones en libros y revistas del país y del extranjero».
Ante tan buen currículo, hay que subrayar que en ningún momento Alwine Bertels-Psotka abandonó su labor como docente. De hecho, puso gran interés en la formación de sus discípulos, dirigiendo diez Trabajos Finales de Licenciatura y ocho Tesis Doctorales en la Universidad de Buenos Aires. Además, tuteló a cuatro Doctorandos de las Universidades de La Plata, del Comahue (provincia de Neuquén) y del Noreste (Corrientes). Y por si esto fuera poco, hay que sumar las cinco Maestrías y el asesoramiento a dos Doctorados que cumplió con entusiasmo en instituciones brasileñas.
Los galardones recibidos por Bertels-Psotka sumaron numerosas distinciones significativas, aunque aquí solo citaremos un par de ellas: el Premio Eduardo L. Holmberg (respetado médico, naturalista y escritor argentino), concedido en 1985 por la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Otro premio fue el distinguido Mérito Paleontológico, otorgado en 1996 por la Asociación Paleontológica Argentina. Destaquemos, además, que el Centro Biográfico Internacional de Cambridge (Inglaterra) la eligió Mujer del Año 1992-1993, en reconocimiento a su dilatada trayectoria científica.
Para concluir, nos hacernos eco de un párrafo escrito por el Dr. Camacho en la nota necrológica dedicada a su colega y amiga:
La desaparición física de la Dra. Alvine Bertels ha privado a la comunidad paleontológica argentina de una investigadora ejemplar, pero nos queda su obra como prolongación de su fructífera y exitosa existencia, la que ya constituye un capítulo insustituible de la historia del conocimiento micropaleontológico del Cretácico superior y del Terciario de la región austral sudamericana.
Referencias
- Alwine Bertels-Psotka: «Micropaleontología y estratigrafía del límite Cretácico-Terciario en Huantraicó (Provincia del Neuquén)». Tesis Doctoral
- Fernanda Castaño y Sebastián Apesteguía (2023). Mujeres de las piedras. Breves biografías de algunas geólogas y paleontólogas que nos precedieron. Ed: Fundación de Historia Natural Félix de Azara
- Horacio H. Camacho: Notas Necrológicas. Dra. Alvine Bertels (1930-2001). Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia. Buenos Aires
- Wikipedia: Alwine Bertels-Psotka
Sobre la autora
Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.
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- Un planeta en llamas hace 56 millones de años revela nuevas claves sobre el cambio climático
Un planeta en llamas hace 56 millones de años revela nuevas claves sobre el cambio climático
Restos microscópicos de carbón vegetal hallados en sedimentos marinos muestran que un episodio extremo de calentamiento global en la prehistoria estuvo acompañado por incendios forestales masivos y profundos cambios ecológicos.
Mucho antes de que la actividad humana alterara la atmósfera, la Tierra ya había atravesado episodios de calentamiento abrupto con consecuencias profundas para los ecosistemas. Uno de los más intensos ocurrió hace unos 56 millones de años, durante el llamado Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno, un periodo en el que la temperatura media global aumentó de forma rápida y sostenida. Ahora, un nuevo estudio científico aporta pruebas sólidas de que aquel calentamiento estuvo acompañado por incendios forestales generalizados, comparables en escala —aunque no en origen— a los que hoy se observan en distintas regiones del planeta.
La investigación se basa en el análisis detallado de sedimentos marinos extraídos del fondo del océano Atlántico Norte, cerca de las costas actuales de Noruega. En esas capas de sedimento, acumuladas lentamente a lo largo de millones de años, los científicos han identificado abundantes restos de carbón vegetal microscópico, junto con cambios abruptos en el polen fósil y otros indicadores ambientales. El conjunto de evidencias apunta a un escenario de incendios recurrentes y extensos, estrechamente ligados a un aumento repentino de dióxido de carbono en la atmósfera.
El estudio ha sido publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences y constituye uno de los análisis más detallados hasta la fecha sobre la relación entre calentamiento global y fuego en tiempos prehistóricos. Sus resultados refuerzan la idea de que el sistema climático de la Tierra puede reaccionar de manera no lineal ante perturbaciones rápidas, incluso en ausencia de intervención humana directa.
El Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno como laboratorio natural
El episodio del Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno, conocido por sus siglas PETM, es uno de los eventos climáticos más estudiados del pasado geológico reciente. Ocurrió unos 10 millones de años después de la extinción de los dinosaurios y se caracterizó por un aumento de la temperatura media global de entre 5 y 8 grados centígrados en apenas unos miles de años, un intervalo extremadamente corto en términos geológicos.
Durante ese periodo, el planeta adoptó un aspecto radicalmente distinto al actual. Las regiones polares carecían casi por completo de hielo permanente, los océanos eran más cálidos y ácidos, y los ecosistemas terrestres experimentaron una reorganización profunda. Grandes cantidades de carbono fueron liberadas a la atmósfera y a los océanos, aunque el origen exacto de esa liberación sigue siendo objeto de debate científico.
Lo que sí está claro es que el PETM ofrece una oportunidad única para estudiar cómo responde la Tierra a una inyección masiva de gases de efecto invernadero. A diferencia de la situación actual, aquel calentamiento no fue provocado por la quema de combustibles fósiles, sino por procesos naturales aún no completamente esclarecidos, como actividad volcánica, liberación de metano desde los fondos marinos o cambios en los ciclos del carbono.
Sedimentos marinos que conservan la memoria del fuego
La nueva investigación se apoya en muestras de sedimento obtenidas mediante perforaciones profundas del lecho marino. Estos sedimentos presentan una estructura laminada, con capas finas superpuestas que funcionan de manera similar a los anillos de crecimiento de un árbol: cada capa registra información ambiental del momento en que se formó.
Al analizar esas capas bajo el microscopio, los investigadores cuantificaron partículas de polen, restos orgánicos y fragmentos de carbón vegetal. La presencia de este último es especialmente reveladora, ya que el carbón se forma únicamente cuando la vegetación terrestre se quema en incendios y sus restos son transportados por el viento o el agua hasta el océano.
Según explica una de las autoras del estudio, Mei Nelissen, investigadora de la Universidad de Utrecht, “la abundancia de carbón vegetal en los sedimentos aumenta de forma muy marcada coincidiendo con el inicio del PETM, lo que indica que los incendios forestales no fueron eventos aislados, sino un fenómeno recurrente y extendido”. La científica añade que los cambios observados en el polen fósil refuerzan esa interpretación.
Antes del aumento de CO₂, los sedimentos muestran una alta proporción de polen de coníferas, árboles que dominaban amplias regiones del hemisferio norte. Sin embargo, tras el inicio del calentamiento, esa vegetación es sustituida rápidamente por otras especies, incluidas variedades de helechos conocidas por colonizar terrenos quemados. “Ese tipo de plantas suele proliferar después de incendios intensos, cuando el paisaje ha quedado abierto y alterado”, señala Nelissen.
Incendios, erosión y océanos alterados
Los incendios no solo transformaron la vegetación terrestre, sino que también tuvieron efectos en cascada sobre otros sistemas del planeta. La desaparición de grandes extensiones de bosque dejó los suelos expuestos a la erosión, facilitando el arrastre de sedimentos y materia orgánica hacia ríos y mares. Esa entrada masiva de nutrientes y carbono en los océanos contribuyó a cambios químicos y biológicos significativos.
El estudio documenta indicios claros de perturbación del suelo, visibles en la composición de los sedimentos marinos. Estos cambios sugieren que los incendios y la pérdida de cobertura vegetal alteraron el ciclo del carbono de forma compleja, amplificando el impacto inicial del calentamiento. En otras palabras, el fuego no fue solo una consecuencia del cambio climático, sino también un factor que pudo intensificarlo.
Esta interacción entre clima, vegetación e incendios es uno de los aspectos más relevantes del trabajo. Los investigadores subrayan que el PETM muestra cómo un aumento rápido de la temperatura puede empujar a los ecosistemas más allá de ciertos umbrales, desencadenando procesos que refuerzan el calentamiento en lugar de amortiguarlo.
Comparaciones inevitables con el presente
Aunque las causas del calentamiento durante el PETM fueron naturales, las comparaciones con la situación actual resultan difíciles de evitar. En la actualidad, la concentración de CO₂ en la atmósfera está aumentando a un ritmo sin precedentes en la historia reciente del planeta, impulsada por la actividad humana. De hecho, las emisiones actuales superan ampliamente las estimadas para el inicio del PETM en términos de velocidad.
“Hoy estamos liberando carbono a la atmósfera a un ritmo al menos diez veces mayor que durante el PETM”, advierte Nelissen en el estudio. No obstante, matiza que la cantidad total de carbono acumulada en la atmósfera durante aquel episodio fue muy elevada, y que el proceso se extendió durante miles de años. Aun así, el paralelismo en los mecanismos de respuesta del sistema terrestre es motivo de preocupación.
Los incendios forestales se están intensificando en muchas regiones del mundo actual, impulsados por temperaturas más altas, sequías prolongadas y cambios en el uso del suelo. El registro geológico del PETM sugiere que, una vez que ciertas condiciones se combinan, el fuego puede convertirse en un elemento dominante del paisaje durante largos periodos.
Preguntas abiertas sobre la recuperación climática
Uno de los grandes interrogantes que persisten es cómo logró la Tierra salir de un estado tan cálido como el del PETM y regresar gradualmente a condiciones más templadas. El estudio reconoce que, pese a los avances en la comprensión de aquel episodio, los mecanismos exactos de enfriamiento posterior siguen siendo objeto de debate.
Algunas hipótesis apuntan a cambios en la configuración de los continentes y a la evolución de las corrientes oceánicas, que habrían facilitado una mayor absorción de carbono por parte de los océanos y un enfriamiento progresivo del clima. Otros investigadores sugieren que el aumento de la meteorización química de las rocas, acelerado por las altas temperaturas y las lluvias intensas, pudo retirar CO₂ de la atmósfera a lo largo de cientos de miles de años.
Lo que resulta claro es que la recuperación no fue rápida desde una perspectiva humana. El PETM duró alrededor de 200 000 años, un lapso durante el cual los ecosistemas tuvieron que adaptarse a condiciones extremas. Esa escala temporal subraya una diferencia crucial con el presente: aunque la Tierra posee mecanismos de autorregulación, estos operan demasiado lentamente como para evitar impactos severos en sociedades humanas y ecosistemas actuales.
Un mensaje desde el pasado profundo
Los autores del estudio insisten en que su trabajo no pretende establecer equivalencias directas entre el PETM y el cambio climático contemporáneo, pero sí ofrecer un contexto más amplio para entender los riesgos asociados a un calentamiento rápido. El registro de incendios masivos en aquel periodo demuestra que el fuego ha sido, y puede volver a ser, una respuesta natural del sistema terrestre ante perturbaciones climáticas extremas.
“Los sedimentos marinos actúan como un archivo extraordinario de la historia de la Tierra”, afirma Nelissen. “Al leer ese archivo con suficiente detalle, podemos identificar patrones que nos ayudan a anticipar posibles trayectorias futuras”. En ese sentido, el pasado remoto se convierte en una herramienta valiosa para interpretar el presente.
El estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences refuerza una idea cada vez más aceptada en la comunidad científica: el cambio climático no solo eleva las temperaturas, sino que reorganiza profundamente los ecosistemas, altera los ciclos biogeoquímicos y puede desencadenar procesos difíciles de revertir. Hace 56 millones de años, el planeta ardió bajo un calor extremo. Hoy, ese recuerdo geológico adquiere una relevancia inquietante.
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