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¿Excelente o simplemente íntima? El sesgo de brillantez castiga a las directoras de cine

16 September 2026 at 09:00

Solemos pensar que la crítica especializada en cine evalúa cada película de manera puramente objetiva, midiendo el guion, la fotografía o la dirección de forma aislada. Sin embargo, el arte y la cultura no son inmunes a los prejuicios de género que permean el resto de la sociedad. Un reciente estudio llevado a cabo por la economista María Cubel y el también economista Santiago Sánchez-Pagés ha analizado cómo opera el sesgo de género en la crítica cinematográfica. El articulo, titulado “There Will Be Bias: Gender Patterns in Film Criticism”, revela que las películas dirigidas por mujeres sufren una sutil pero constante penalización en sus evaluaciones, en particular por parte de los críticos varones.

Rollo de película fotográfica utilizada en la cinematografía. Wikimedia Commons.

El análisis

El trabajo examina un corpus de dos mil reseñas publicadas entre 2021 y 2025 en dos medios de referencia en español: Fotogramas, la revista de cine más antigua de España, y El Antepenúltimo Mohicano, un portal español independiente especializado en cine de autor. Aproximadamente, una cuarta parte de las películas fueron dirigidas por mujeres. Al cruzar las puntuaciones y los textos de las reseñas con indicadores externos de calidad (como los premios obtenidos, las nominaciones y las puntuaciones del público en la base de datos IMDb), los autores logran aislar el peso real del género de quien dirige la película.

Los resultados estadísticos son contundentes: a igual calidad objetiva y características de producción, las películas dirigidas por mujeres reciben sistemáticamente peores notas y tienen menos probabilidades de alcanzar la máxima calificación de cinco estrellas. Pero lo verdaderamente revelador del estudio es que la menor puntuación media de las películas dirigidas por mujeres no se debe a una hostilidad abierta o a críticas destructivas. Las directoras no reciben más valoraciones pésimas (de 1 o 2 estrellas) que sus compañeros varones. Ocurre algo mucho más sutil: se les niega sistemáticamente la excelencia.

El estudio también revela diferencias notables en función del género de la persona que realiza la crítica de la película. Las mujeres son una clara minoría, ya que únicamente el 17 % de las críticas fueron escritas por mujeres. Y la nota media recibida por las películas dirigidas por mujeres es similar a la de las dirigidas por hombres en las críticas escritas por mujeres. Toda la diferencia en la valoración se encuentra en las críticas escritas por hombres.

El lenguaje de las críticas

A través de un exhaustivo análisis lingüístico de las reseñas mediante procesamiento de lenguaje natural, el artículo revela cómo se materializa la brecha entre directores y directoras en el texto. El sentimiento general de las críticas, cuando son positivas, es idéntico entre directores y directoras. Lo mismo ocurre si las críticas son negativas. Sin embargo, las palabras elegidas para describir el éxito revelan una gran asimetría. Cuando los críticos hombres evalúan el trabajo de un director varón, recurren con mucha mayor frecuencia al «lenguaje de la brillantez», utilizando adjetivos vinculados al genio, la maestría o el espectáculo (como genial, magistral, virtuoso o extraordinario). En contraste, ante el trabajo de una mujer, el marco interpretativo cambia radicalmente hacia lo subjetivo y lo emocional, empleando términos como íntimo, sensible, emocional o particular. Mientras el cine de ellos se analiza como universal y monumental, el de ellas se encasilla con frecuencia en lo doméstico y lo relacional.

Además, el estudio midió el «esfuerzo crítico» cognitivo y estilístico invertido en los textos. Los críticos masculinos dedican una mayor riqueza de vocabulario, textos más complejos y términos más originales cuando escriben sobre películas dirigidas por hombres, mostrando una mayor disposición a desentrañar la propuesta del autor. Cuando evalúan a las mujeres, este esfuerzo disminuye sensiblemente. Por su parte, las críticas mujeres que formaban parte de la muestra no mostraron ningún sesgo significativo a la hora de redactar sus evaluaciones según el género de la dirección.

Este fenómeno se alinea perfectamente con la teoría del «sesgo de brillantez», que documenta cómo socialmente tendemos a asociar el talento excepcional, innato y revolucionario con la masculinidad, mientras que el trabajo de las mujeres suele verse como el resultado del esfuerzo, la competencia o la mera expresión de lo personal.

Las implicaciones del estudio

Las implicaciones de la sutil discriminación lingüística y numérica detectada en el artículo son enormes. Los críticos y las críticas juegan un papel clave de intermediación: sus estrellas y sus palabras configuran la reputación a largo plazo de los cineastas, influyen en la programación de los festivales, determinan la distribución comercial y condicionan el acceso a financiación para futuros proyectos. Si a las directoras se les veta el vocabulario de la genialidad, difícilmente lograrán consolidarse en el canon histórico del cine.

El sesgo de brillantez detectado por Cubel y Sánchez-Pagés sugiere que la desigualdad en el cine no se limita a quién accede a la silla de dirección, sino también a cómo se juzga el resultado final. Romper este círculo vicioso en el que las creadoras quedan excluidas del canon de la genialidad requiere cambios estructurales en el sector cultural. En particular, es necesaria la diversificación de las plantillas de crítica, ya que la mirada de las mujeres equilibra las asimetrías en las evaluaciones. Además, las asociaciones de críticos y críticas y las redacciones culturales deberían promover la autoevaluación lingüística, animando a los profesionales a revisar si están encasillando las obras según el género de su autoría.

Referencia

Sánchez-Pagés, Santiago; María Cubel (2026). «There Will Be Bias: Gender Patterns in Film Criticism«. Accesible en SSRN 5296682

Sobre el autor

David Pérez Castrillo es doctor en Economía y profesor emérito de la Barcelona School of Economics.

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Evolución histórica del «efecto Matilda»

7 August 2026 at 09:00

El «efecto Matilda» es un sesgo que impide reconocer los logros de las científicas e inventoras, cuyo trabajo se atribuye a sus colegas masculinos. Este fenómeno fue descrito por primera vez por la sufragista y abolicionista Matilda Joslyn Gage en su ensayo (publicado como folleto en 1870 y posteriormente, en 1883, en la North American Review) La mujer como inventora. El término «efecto Matilda» fue acuñado en 1993 por la historiadora de la ciencia Margaret W. Rossiter. En 2021, la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) lanzó la exitosa campaña #NoMoreMatildas que buscaba denunciar las consecuencias de este tipo de discriminación.

«Efecto Matilda». Wikimedia Commons.

Recientemente el arqueobotánico Felix Bittmann y el sociólogo de la ciencia Lutz Bornmann han publicado en el repositorio arXiv el artículo titulado Female participation in science in the past 125 years: An analysis of the Matilda effect over time; en él estudian la evolución histórica de la participación femenina en la ciencia y la prevalencia del «efecto Matilda» a lo largo de los últimos 125 años.

Para realizar este estudio, utilizando la base de datos OpenAlex, han analizado más de 220 millones de artículos publicados entre los años 1900 y 2025, determinando el género binario de aproximadamente 60 millones de autores mediante una combinación de enfoques determinísticos y modelos de lenguaje a gran escala (LLM).

En el resumen del artículo explican: «Para cuantificar esta falta de reconocimiento, calculamos la relación entre la proporción total de autoras y la de autoras correspondientes. Como la autoría correspondiente denota el liderazgo intelectual y el mérito académico principal, la exclusión sistemática de este rol mide directamente el «efecto Matilda»».

Resultados obtenidos

Los autores explican que, durante la mayor parte del siglo XX, «la relación entre la proporción de participación femenina y la de autoras correspondientes se mantuvo por encima de 1, lo que confirma un «efecto Matilda» histórico en el que las mujeres están sistemáticamente infrarrepresentadas en puestos de liderazgo en relación con su participación global».

En el estudio se indica que esta proporción se sitúa en torno a 1,005 hasta la década de 1990; es decir, hasta ese momento (en media) había 5 autores correspondientes masculinos más de lo que cabría esperar por cada 1000 publicaciones, teniendo en cuenta la proporción de autoras. «Esto significa que las mujeres se veían en desventaja por partida doble: mientras que había muchas menos autoras científicas en general (solo en torno al 25 % a nivel mundial hasta la década de 1990), estas pocas autoras tenían aún menos posibilidades de ocupar un puesto de liderazgo».

El análisis realizado revela que, en las últimas dos décadas, esta tendencia ha cambiado: la participación femenina global aumentó de aproximadamente el 10 % en la década de 1910 a más del 40 % en los últimos años. Los autores explican que este crecimiento fue lento e irregular entre 1910 y 1960, pero se aceleró significativamente a partir de entonces. Las irregularidades a las que aluden se observan durante las guerras mundiales, en las que las mujeres ocuparon temporalmente puestos de investigación que habían dejado los hombres, seguidas de retrocesos temporales durante la desmovilización de la posguerra, cuando los hombres recuperaron sus puestos tras regresar de el frente.

Los autores afirman: «Si actualmente existiera un «efecto Matilda» pronunciado, cabría esperar una divergencia sustancial entre las dos trayectorias (proporción de mujeres entre los autores y proporción de mujeres entre los autores correspondientes). En cambio, la convergencia indica que esta manifestación específica del efecto ha disminuido en las publicaciones académicas. Hoy en día, las mujeres están ligeramente sobrerrepresentadas entre los autores correspondientes, en relación con la proporción global de mujeres que son autoras. Sin embargo, dado que el tamaño total del efecto es muy cercano a uno, según nuestros datos, parece que las influencias de género en los puestos de liderazgo están casi equilibradas en la actualidad. Esto es válido para todas las disciplinas y casi todas las regiones del mundo».

El análisis muestra que existen excepciones notables a estas tendencias generales. Por ejemplo, las ciencias físicas presentan de forma persistente la proporción más baja de autoras, «lo que puede reflejar factores institucionales, estereotipos históricos o un menor interés medio». Sin embargo, las ciencias de la salud se acercan a la paridad de género. A nivel geográfico, varios países asiáticos (entre ellos India, China, Japón y Corea del Sur) muestran tasas de participación femenina un 10 % inferiores a las de otras regiones, «lo que probablemente refleja tradiciones culturales y entornos académicos distintos». Sin embargo, en América Latina se acercan a la paridad de género.

Limitaciones del estudio

En el análisis final del artículo, los autores advierten que la interpretación de los resultados de este estudio puede tener limitaciones debido a diferentes factores que se citan a continuación.

En primer lugar, aunque OpenAlex ofrece una cobertura exhaustiva, ninguna base de datos es completa.

Un segundo factor a tener en cuenta es que la clasificación por género está condicionada por la falta de información, sobre todo cuando solo se dispone de las iniciales de autoras o autores.

En tercer lugar, una perspectiva exclusivamente bibliométrica proporciona una visión limitada de una realidad demasiado compleja. Como explican los autores, «los indicadores cuantitativos solo reflejan una parte de la producción investigadora total, especialmente en disciplinas como las ciencias sociales cualitativas, las humanidades y la ingeniería, en las que los artículos de revistas especializadas no son el único vehículo del conocimiento científico».

Por último, las publicaciones varían considerablemente en cuanto a su calidad instrínseca y su relevancia científica; así, los simples recuentos no representan completamente el peso de la investigación.

Los propios autores comentan que la bibliografía general proporciona un contexto para estas observaciones, y destaca que las vulnerabilidades estructurales (como las responsabilidades de cuidado o
los obstáculos en el avance profesional) siguen alejando a las mujeres de la itinerario académico y reduciendo la duración de su carrera investigadora.

Referencia

Felix Bittmann and Lutz Bornmann, Female participation in science in the past 125 years: An analysis of the Matilda effect over time, arXiv:2607.15059, 16 julio 2026

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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Igual salario para trabajos similares: una política con efectos inesperados

5 August 2026 at 09:00

En las últimas décadas, la reducción de las desigualdades salariales, especialmente aquellas asociadas al género, ha motivado diversas políticas públicas. Muchas legislaciones se han basado en el principio de que dos personas que realizan la misma labor deben recibir el mismo pago. En particular, este principio implica que una mujer y un hombre que realizan el mismo trabajo deben recibir el mismo salario. Sin embargo, en la práctica es difícil encontrar trabajos exactamente idénticos. Por ello, se suele utilizar una variante más flexible que aboga por la igualdad salarial para trabajos “similares”.

Imagen: klimkin, Pixabay.

Por otro lado, las empresas no son agentes pasivos, sino que responden a las reglas que deben cumplir. Las políticas de igualdad salarial buscan corregir las diferencias salariales, pero su impacto real depende de cómo reaccionen las empresas.

¿Puede una ley diseñada para reducir la brecha salarial terminar aumentándola? Aunque parezca contradictorio, un reciente estudio muestra que este efecto puede producirse cuando las empresas toman ciertas decisiones para adaptarse a la nueva regulación.

El artículo “Equal Pay for Similar Work”, de Diego Gentile Passaro, Fuhito Kojima y Bobak Pakzad-Hurson analiza lo que ocurrió tras la implementación de una política de “igualdad salarial para trabajos similares» en Chile en 2009. Aunque se trata de un caso particular, su estudio puede dar pistas de las consecuencias que dicha política ha tenido o puede tener en otros países.

Qué ocurrió en Chile

A diferencia de normas anteriores, que exigían igualdad únicamente cuando dos personas realizaban exactamente el mismo trabajo, la ley chilena de 2009 amplió el criterio a tareas similares, haciendo mucho más difícil justificar diferencias salariales entre hombres y mujeres.

Esta reforma ofrece una oportunidad excepcional para estudiar qué ocurre cuando una medida de este tipo entra en vigor. Además, la ley solo afectaba a las empresas por encima de 10 personas con contratos de largo plazo. Ello permitió a los investigadores comparar la evolución de empresas similares; más exactamente, aquellas que contrataban entre 10 y 13 personas con las que contrataban entre 6 y 9 personas y que no estaban sujetas a la nueva regulación. Este tipo de comparación constituye uno de los métodos más sólidos para estimar el efecto causal de una política pública.

La reacción de las empresas

Las empresas no permanecieron pasivas ante la nueva legislación. Adaptaron su organización para reducir las restricciones que la ley imponía sobre su política salarial. En concreto, muchas empresas segregaron por género, es decir, pasaron a emplear solo hombres o solo mujeres. Para evitar pagar a las mujeres lo mismo que a los hombres, algunas empresas eligieron reemplazar mujeres por hombres, si las mujeres eran muy minoritarias. De la misma manera, si la mayoría de la fuerza laboral eran mujeres, aumentarles el sueldo era muy caro, por lo que hubo una reorganización en la que muchas empresas acabaron contratando solo mujeres (y otras, solo hombres).

Dada la reacción de las empresas, el efecto de la ley sobre la brecha salarial fue diferente en función del grupo mayoritario en cada mercado laboral local. En aquellos sectores y zonas donde predominaban los hombres, la nueva regulación terminó aumentando la diferencia salarial a favor de ellos, ya que las pocas mujeres que trabajaban en puestos mejor pagados fueron substituidas por hombres.

En los mercados donde las mujeres constituían la mayoría, ocurrió el efecto contrario. Sin embargo, la mayor parte del empleo chileno se concentraba en mercados laborales con mayoría masculina. Por ello, el efecto agregado fue un aumento de la brecha salarial favorable a los hombres, exactamente lo contrario de lo que pretendía la política.

¿Significa esto que las políticas de igualdad salarial no funcionan?

Sería un error extraer esa conclusión. El estudio analiza una política muy concreta, un contexto institucional determinado y un tipo de empresas. Sus resultados no implican que todas las medidas destinadas a reducir las desigualdades salariales estén condenadas al fracaso.

Lo que sí muestran es algo fundamental: las personas y las empresas responden a los incentivos. Cuando una regulación modifica las reglas del juego, los agentes adaptan su comportamiento. Por ello, para evaluar una política pública no basta con analizar sus objetivos; también es necesario estudiar las respuestas que provoca.

Referencia

Gentile Passaro, Diego, Fuhito Kojima, and Bobak Pakzad-Hurson. “Equal Pay for Similar Work”. American Economic Review 116.3 (2026): 977-1013

Sobre el autor

David Pérez Castrillo es doctor en Economía y profesor emérito de la Barcelona School of Economics.

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Kadambini Ganguly: la doctora que cambió conciencias en la India

4 August 2026 at 09:00

La historia de la médica india Kadambini Ganguly está jalonada de hitos profesionales y sociales en un país en el que las mujeres, también las de casta alta, a la que pertenecía su familia, estaban sometidas a las presiones patriarcales y a severas restricciones que las aislaban del mundo y las constreñían al ámbito familiar. No fue su caso. Ganguly se convirtió en la primera en la India en ejercer la medicina occidental como profesional, tras ser también pionera en conseguir titularse para ello. Llegó a ser la médica oficial de la Reina de Nepal y, además, una gran reformadora social. En su camino, como el de otras muchas, se encontró con piedras que tuvo que saltar en un mundo colonial que estaba organizado por estrictas clases sociales, hasta convertirse en un referente de la lucha por la igualdad cuando aún se consideraba una quimera.

Kadambini Ganguly. Wikimedia Commons.

Kadambini Bose, su apellido de nacimiento, vino al mundo el 18 de julio de 1861 en la ciudad de Bhagalpur, en el estado de Bengala (hoy Bihar). Su padre era director de la escuela de la localidad y, junto a Abhay Charan Mallick, había iniciado un adelantado movimiento por la emancipación de las mujeres, creando en 1863 la primera organización femenina india. Fue él quien la matriculó en sus primeros años en una institución educativa progresista de su municipio para que pudiera recibir su formación en inglés. Esos valores progresistas que vivió desde la infancia marcarían su vida.

Tras licenciarse en Artes en el Bethune College, asociado a la Universidad de Calcuta, donde con Chandramukhi Basu fueron las primeras graduadas de todo el Imperio Británico, Kadambini decidió estudiar medicina, obteniendo con 25 años su título de Graduada en el College Médico de Bengala (GBMC). Para entonces se había casado con Dwarkanath Ganguly, un viudo 17 años mayor que ella que era un ferviente defensor de la emancipación femenina y se convirtió en su mejor aliado. De hecho, fue él quien amenazó con denunciar públicamente al Calcutta Medical College porque en un principio se negó a admitirla por ser mujer. Al final tuvieron que dar su brazo a torcer, pero eso no impidió que la joven se encontrara con un ambiente hostil de profesores y alumnos, hasta el punto que uno de sus docentes la reprobó en una de las materias claves de la carrera. Aun así, logró un nuevo hito al conseguir el título y ser la primera en la India a la que se le permitió ejercer la medicina occidental.

La olvidada salud de las mujeres, su prioridad

No tardó en iniciar su carrera profesional. Para 1888, por un sueldo de 300 rupias, logró trabajo en el Hospital Lady Dufferin, lo que fue otro reto: en aquel lugar, fundado por la Marquesa de Dufferin, solo trabajaban mujeres europeas. Tuvo que intervenir la pionera de la enfermería moderna, la británica Florence Nightingale, que conocía su brillante expediente, para que le dieran un puesto como “asistente médica”, y por tanto sin responsabilidad. Y es que para sus colegas británicas era una profesional inferior por tener un título indio, una discriminación que Kadambini denunció públicamente en medios locales por ser racista, aunque con escaso éxito.

Pese a estos problemas, solo un año después, tanto su trabajo como su defensa de la atención a la salud de las mujeres había trascendido y en 1889 se la eligió como una de las seis delegadas de toda la India que acudirían a la 5ª Sesión del Congreso Nacional Indio, el órgano que promovía la independencia de los británicos. Repitió al año siguiente, siendo la primera mujer en poder hablar en un podio político. Como es de imaginar, aquella visibilidad no era bien vista socialmente. En 1891, una revista conservadora publicó un artículo satírico donde se la insultaba y calificaba de «cortesana» (es decir, de moralidad depravada) por trabajar fuera del hogar. Kadambini no se amilanó: puso una demanda por difamación y ganó un juicio que condenó al editor a seis meses de prisión.

Visto que la institucionalidad británica no la iba a dejar prosperar, y deseosa de una mayor especialización en ginecología y obstetricia, en 1892 decidió viajar sola hasta el Reino Unido, dejando temporalmente a sus hijos con su esposo. Y, por cierto, tuvo ocho hijos, dos de ellos del matrimonio anterior de él. Fue una estancia en Edimburgo que aprovechó al máximo: allí obtuvo el prestigioso «Triple Diploma» en medicina, cirugía y ginecología. A su regreso a la India, ya como una de las profesionales más cualificadas del continente asiático, fundó su propio centro privado de medicina, desde el que realizó importantes contribuciones al campo de la salud femenina, abordando problemas médicos que tradicionalmente se habían pasado por alto debido a los tabúes sociales que la rodeaban. Tan alto llegó a ser su prestigio profesional que en 1895 la familia real de Nepal la contrató para que viajara al país del Himalaya y tratara de una grave enfermedad a la Reina Madre, lo que logró con éxito.

Pero todo este trabajo en el ámbito de la medicina no le bastó. También se implicó activamente en la lucha por la igualdad y los derechos de las mujeres. La doctora Ganguly, como se la conocía, gran defensora de la reforma social, se implicó en el movimiento Brahmo Samaj, que buscaba modernizar la sociedad hindú y promovía la abolición del matrimonio infantil, la dote, la opresión de las viudas y la educación de las mujeres. Para ella, era fundamental formar a las niñas para que tuvieran una posibilidad de empoderamiento. De hecho, también formó parte de la Asociación de Mujeres de Bengala, muy centrada en este objetivo. Además, fue la primera presidenta de la Asociación India de Transvaal, fundada por el Henry Polak, gran colega de Gandhi, así como miembro de la Conferencia de Mujeres celebrada en Calcuta en 1907. La lucha por la independencia y la igualdad eran un todo para ella.

Para poder organizar su trabajo, su hogar y su activismo social y político, cuentan sus biografías que Kakambini tenía su rutina diaria meticulosamente planeada. Ella se encargaba personalmente de las tareas domésticas y de la educación de sus hijos antes de salir a trabajar al hospital. Esa educación progresista, que compartía con su esposo, dio sus frutos: su hija Jyotirmayee Ganguly fue una reconocida luchadora por la libertad y su  hijastra se casó con el escritor Upendrakishore Ray Chowdhury, abuelo del famoso cineasta Satyajit Ray. En general, todos sus hijos e hijas pasaron a formar parte de la élite intelectual del país.

Los últimos años de su vida estuvieron marcados por problemas de salud, sobre todo una hipertensión crónica. Pese a ello, ni quería jubilarse ni reducir su carga de trabajo. En 1922, ya con su salud muy frágil, hizo un complejo viaje a Bihar y Odisha para inspeccionar las deplorables condiciones en las que vivían las mujeres en las minas de carbón. También seguía liderando campañas en aras de mejorar la salud femenina.

Finalmente, su cuerpo dijo basta en 3 de octubre de 1923, cuando tenía 62 años. A las pocas horas de realizar una operación muy complicada con éxito, sufrió un derrame cerebral que le causó un colapso fulminante.

Kadambini Ganguly. Google Doodles.

El historiador estadounidense David Kopf señala que la doctora Ganguly «fue la mujer Brahmo más liberada de su tiempo», una figura singular incluso entre las mujeres emancipadas de la sociedad bengalí contemporánea. Su figura es recordada y reconocida en toda la India, hasta el punto que se han hecho dos series en televisión sobre su vida en 2020. El 18 de julio de 2021 también Google le rindió homenaje: celebró el 160 aniversario de su nacimiento con un doodle en su página en India.

Referencias

Sobre la autora

Rosa M. Tristán es periodista especializada en la divulgación científica y ambiental desde hace más de 20 años. Colabora de forma habitual en diferentes medios de prensa y radio de difusión nacional.

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