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Igual salario para trabajos similares: una política con efectos inesperados

En las últimas décadas, la reducción de las desigualdades salariales, especialmente aquellas asociadas al género, ha motivado diversas políticas públicas. Muchas legislaciones se han basado en el principio de que dos personas que realizan la misma labor deben recibir el mismo pago. En particular, este principio implica que una mujer y un hombre que realizan el mismo trabajo deben recibir el mismo salario. Sin embargo, en la práctica es difícil encontrar trabajos exactamente idénticos. Por ello, se suele utilizar una variante más flexible que aboga por la igualdad salarial para trabajos “similares”.

Imagen: klimkin, Pixabay.

Por otro lado, las empresas no son agentes pasivos, sino que responden a las reglas que deben cumplir. Las políticas de igualdad salarial buscan corregir las diferencias salariales, pero su impacto real depende de cómo reaccionen las empresas.

¿Puede una ley diseñada para reducir la brecha salarial terminar aumentándola? Aunque parezca contradictorio, un reciente estudio muestra que este efecto puede producirse cuando las empresas toman ciertas decisiones para adaptarse a la nueva regulación.

El artículo “Equal Pay for Similar Work”, de Diego Gentile Passaro, Fuhito Kojima y Bobak Pakzad-Hurson analiza lo que ocurrió tras la implementación de una política de “igualdad salarial para trabajos similares» en Chile en 2009. Aunque se trata de un caso particular, su estudio puede dar pistas de las consecuencias que dicha política ha tenido o puede tener en otros países.

Qué ocurrió en Chile

A diferencia de normas anteriores, que exigían igualdad únicamente cuando dos personas realizaban exactamente el mismo trabajo, la ley chilena de 2009 amplió el criterio a tareas similares, haciendo mucho más difícil justificar diferencias salariales entre hombres y mujeres.

Esta reforma ofrece una oportunidad excepcional para estudiar qué ocurre cuando una medida de este tipo entra en vigor. Además, la ley solo afectaba a las empresas por encima de 10 personas con contratos de largo plazo. Ello permitió a los investigadores comparar la evolución de empresas similares; más exactamente, aquellas que contrataban entre 10 y 13 personas con las que contrataban entre 6 y 9 personas y que no estaban sujetas a la nueva regulación. Este tipo de comparación constituye uno de los métodos más sólidos para estimar el efecto causal de una política pública.

La reacción de las empresas

Las empresas no permanecieron pasivas ante la nueva legislación. Adaptaron su organización para reducir las restricciones que la ley imponía sobre su política salarial. En concreto, muchas empresas segregaron por género, es decir, pasaron a emplear solo hombres o solo mujeres. Para evitar pagar a las mujeres lo mismo que a los hombres, algunas empresas eligieron reemplazar mujeres por hombres, si las mujeres eran muy minoritarias. De la misma manera, si la mayoría de la fuerza laboral eran mujeres, aumentarles el sueldo era muy caro, por lo que hubo una reorganización en la que muchas empresas acabaron contratando solo mujeres (y otras, solo hombres).

Dada la reacción de las empresas, el efecto de la ley sobre la brecha salarial fue diferente en función del grupo mayoritario en cada mercado laboral local. En aquellos sectores y zonas donde predominaban los hombres, la nueva regulación terminó aumentando la diferencia salarial a favor de ellos, ya que las pocas mujeres que trabajaban en puestos mejor pagados fueron substituidas por hombres.

En los mercados donde las mujeres constituían la mayoría, ocurrió el efecto contrario. Sin embargo, la mayor parte del empleo chileno se concentraba en mercados laborales con mayoría masculina. Por ello, el efecto agregado fue un aumento de la brecha salarial favorable a los hombres, exactamente lo contrario de lo que pretendía la política.

¿Significa esto que las políticas de igualdad salarial no funcionan?

Sería un error extraer esa conclusión. El estudio analiza una política muy concreta, un contexto institucional determinado y un tipo de empresas. Sus resultados no implican que todas las medidas destinadas a reducir las desigualdades salariales estén condenadas al fracaso.

Lo que sí muestran es algo fundamental: las personas y las empresas responden a los incentivos. Cuando una regulación modifica las reglas del juego, los agentes adaptan su comportamiento. Por ello, para evaluar una política pública no basta con analizar sus objetivos; también es necesario estudiar las respuestas que provoca.

Referencia

Gentile Passaro, Diego, Fuhito Kojima, and Bobak Pakzad-Hurson. “Equal Pay for Similar Work”. American Economic Review 116.3 (2026): 977-1013

Sobre el autor

David Pérez Castrillo es doctor en Economía y profesor emérito de la Barcelona School of Economics.

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Mujeres, ciencia y mercado: evidencia sobre la brecha de género en la innovación tecnológica

Las mujeres artistas han sido con frecuencia relegadas por la historia oficial. Muchas de sus obras permanecieron durante años ocultas, ignoradas o incluso atribuidas a hombres. Un ejemplo es Lady at the Tea Table (1883-1885), de la pintora impresionista estadounidense Mary Cassatt. Debido a las críticas de su familia, Cassatt conservó el cuadro en su colección privada durante décadas, hasta donarlo en 1923 al Museo Metropolitano de Nueva York, donde hoy se expone.

Mary Cassatt, Lady at the Tea Table (c. 1883-1885), Wikimedia Commons.

El artículo de Marlène Koffi y Matt Marx «Cassatts in the attic: Is there a gender gap in the commercialization of science?» estudia si a las contribuciones científicas realizadas por mujeres con potencial de comercialización les ocurre lo mismo que a las obras de arte realizadas por mujeres: ¿se quedan guardadas en un cajón o en el ático? El trabajo se pregunta si los descubrimientos científicos de investigadoras tienen la misma probabilidad que las realizadas por investigadores de convertirse en innovaciones comercialmente explotadas. ¿Afecta la desigualdad de género también al proceso mediante el cual el conocimiento científico se transforma en innovaciones comercialmente explotadas?

Datos y resultados principales

El trabajo utiliza información de 70 millones de artículos científicos publicados en múltiples disciplinas. Para medir la comercialización, vincula publicaciones científicas con patentes posteriores relacionadas con esos descubrimientos. De este modo se puede observar qué avances científicos terminan teniendo una aplicación concreta.

Para asegurarse de que las diferencias observadas no reflejan simplemente una mayor o menor calidad científica, el artículo compara investigaciones con características muy similares en cuanto a impacto académico, potencial comercial y composición de los equipos. De este modo, investiga si existe una brecha que se debe realmente al género y no a posibles diferencias en la calidad o relevancia de la investigación o al potencial económico de los descubrimientos.

El artículo identifica una brecha de género del 14 % en la comercialización de la ciencia. Es decir, los avances científicos realizados por mujeres tienen una menor probabilidad de llegar al mercado que los realizados por hombres.

Además, la brecha es especialmente pronunciada cuando la última autora del artículo (la investigadora principal o directora del laboratorio) es una mujer. Incluso entre trabajos de alta calidad, los resultados producidos bajo liderazgo femenino son comercializados con menor frecuencia. Ello es especialmente relevante porque indica que la desigualdad aumenta precisamente en los segmentos de investigación con mayor potencial de impacto.

Posibles explicaciones

Uno de los resultados más llamativos es que la brecha desaparece cuando los propios científicos o las propias científicas crean nuevas empresas para aplicar industrialmente sus descubrimientos. Es decir, las diferencias entre hombres y mujeres prácticamente no existen cuando las investigadoras participan directamente en la creación de empresas (startups) para llevar sus descubrimientos al mercado.

Este resultado sugiere que la brecha en la comercialización se debe a los intermediarios tradicionales del proceso de desarrollo empresarial (grandes empresas, departamentos de I+D o inversores). Estas organizaciones pueden no reconocer adecuadamente las contribuciones científicas femeninas o pueden valorarlas menos de lo que deberían.

El artículo también encuentra evidencia compatible con otro mecanismo bien conocido en economía y sociología: la homofilia de género, es decir, la tendencia de las personas a colaborar con otras de su mismo género. Como la mayoría de quienes toman decisiones sobre el desarrollo y la explotación comercial de nuevas tecnologías siguen siendo hombres, los descubrimientos realizados por científicos varones pueden beneficiarse de redes profesionales más favorables. De hecho, la brecha se reduce cuando la comercialización se realiza mediante empresas pequeñas o mediante organizaciones con una mayor presencia de inventoras. Esto refuerza la hipótesis de que la composición de género de las redes de innovación influye significativamente en qué descubrimientos reciben atención comercial.

Conclusión

Koffi y Marx muestran que existe una brecha del 14 % en la comercialización de la ciencia que no puede atribuirse a diferencias en calidad ni en potencial comercial. La desigualdad es especialmente marcada para investigaciones dirigidas por mujeres y para investigaciones de alta calidad. La desaparición de la brecha cuando las investigadoras comercializan directamente sus descubrimientos mediante nuevas empresas sugiere que los sesgos, las redes profesionales y las estructuras organizativas desempeñan un papel fundamental en la existencia de la brecha.

Si descubrimientos de igual calidad tienen distintas oportunidades de llegar al mercado según el género de quienes los producen, no solo se genera una desigualdad para las investigadoras. También se desperdician oportunidades de innovación que podrían beneficiar al conjunto de la sociedad.

Referencia

KOFFI, Marlène y MARX, Matt, 2026, «Cassatts in the attic: Is there a gender gap in the commercialization of science?». American Economic Journal: Applied Economics 18 (2), 266-298

Sobre el autor

David Pérez Castrillo es doctor en Economía y profesor emérito de la Barcelona School of Economics.

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