❌

Normal view

¿Por qué estas conchas fósiles invierten el sentido de su espiral cada pocos milenios?

15 September 2026 at 10:59

El misterio de los foraminíferos que invierten su enrollamiento podría ocultar un proceso evolutivo que rara vez se observa y que se desarrolla a escala planetaria.

Un artículo de Fanni Daniella Szakál . Historia original reimpresa con permiso de Quanta Magazine, una publicación editorialmente independiente respaldada por la Fundación Simons.

foraminíferos
Ada Zejun Shen / Quanta Magazine

Durante miles y, en ocasiones, millones de años, el plancton marino de todo el mundo construyó sus conchas espirales en un mismo sentido. Después, de repente, las espirales cambiaron de sentido al mismo tiempo y en todas partes, para volver a cambiar más tarde.

Estos microorganismos son un tipo de foraminíferos, o simplemente forams. Se encuentran en todos los océanos, desde los trópicos hasta las altas latitudes, y se cuentan entre los organismos eucariotas más abundantes de la Tierra. Estos protistas unicelulares secretan una concha dura perforada por numerosos pequeños orificios; la mayoría de las especies vive en el fondo marino, mientras que algunas son planctónicas y quedan a merced de las corrientes. Cuando mueren, sus conchas cubren el fondo marino de todo el mundo y forman un archivo natural de la historia de la Tierra que se remonta unos 560 millones de años.

Al estudiar la composición de las especies o medir isótopos o elementos traza, los científicos utilizan las conchas de foraminíferos acumuladas para reconstruir los climas y las condiciones oceánicas del pasado. Con el paso de los años, han observado un fenómeno extraño. Entre los numerosos foraminíferos planctónicos que poseen conchas enrolladas semejantes a las de un caracol, algunas especies muestran una marcada preferencia por un sentido de la espiral (izquierdo o derecho) frente al otro, de modo que hasta el 97 % de los individuos de una especie se enrollan en el mismo sentido. Y, a veces, un nuevo sentido de enrollamiento pasa a predominar aparentemente en todos los océanos a la vez en el registro fósil. Desde que se observó esta curiosidad en la década de 1950, los científicos han intentado averiguar qué podría hacer que el sentido del enrollamiento de las conchas cambiara al unísono en miles de billones de microorganismos.

Recientemente, los micropaleontólogos integraron y sintetizaron datos sobre el sentido del enrollamiento de las conchas, o quiralidad, de varias especies a partir de estudios de foraminíferos que se remontan hasta 56 millones de años. Algunos investigadores plantearon que las inversiones del enrollamiento de las conchas estaban relacionadas con cambios de temperatura u otros factores climáticos. Sin embargo, el nuevo estudio plantea como hipótesis que el sentido del enrollamiento no es en sí mismo una respuesta adaptativa, sino un marcador accidental de un acontecimiento evolutivo importante que comienza en una pequeña subpoblación y después se extiende por vastas cuencas oceánicas.

Estos fósiles del foraminífero extinto Globorotalia limbata, que vivió hace entre 11 y 2 millones de años, ilustran la quiralidad dextrógira y levógira en el enrollamiento de la concha. Imagen: David King

«Probablemente sea una de las primeras veces que personas que normalmente trabajan más en bioestratigrafía (básicamente, en investigación del tiempo profundo) sobre foraminíferos se plantean una cuestión así», afirma Julie Meilland, investigadora del Cerege, un instituto de investigación de Francia que no participó en el estudio. Además de datos sobre el sentido del enrollamiento de varias especies que se remontan a millones de años, el estudio incorpora conocimientos de la genética y la biología de los foraminíferos actuales. «Ha sido muy refrescante ver cómo se conectan estos mundos, porque muy a menudo quienes hacen más investigación moderna no necesariamente establecen contacto con quienes trabajan sobre el tiempo profundo», añade Meilland.

El trabajo ofrece una nueva perspectiva sobre un misterio que dura décadas y una rara visión de un proceso poco conocido que permite que nuevos caracteres se extiendan por poblaciones grandes.

Una hipótesis retorcida

El fenómeno de los foraminíferos que invierten su enrollamiento se describió por primera vez a principios de la década de 1950, cuando los avances en las técnicas de extracción de testigos del fondo marino permitieron a los investigadores analizar las capas acumuladas de conchas. El micropaleontólogo suizo Hans Bolli fue el primero en señalar que, entre los foraminíferos con conchas enrolladas, varias especies presentaban una preferencia direccional y que, en ocasiones, esta preferencia cambiaba con el tiempo.

La explicación de este curioso fenómeno llegó con un estudio fundamental de 1959, en el que el geólogo marino David Ericson, especialista en testigos de sondeo de la Universidad de Columbia, en el Lamont Geological Observatory (actualmente Lamont-Doherty Earth Observatory), examinó cientos de conchas enrolladas de la especie Neogloboquadrina pachyderma recogidas en el Atlántico Norte. Ericson observó que, en climas fríos durante las glaciaciones, las conchas tendían a enrollarse hacia la izquierda, mientras que durante los periodos más cálidos lo hacían hacia la derecha.

No estaba seguro de por qué el sentido del enrollamiento debía estar relacionado con el clima, pero planteó que la temperatura era el factor determinante en esta especie. Sin embargo, a medida que se recuperaron más testigos en todo el mundo y avanzaron los estudios genéticos, la hipótesis de la temperatura dejó de sostenerse.

Kate Darling, profesora honoraria de la Universidad de Stirling, ha estudiado la genética y la evolución de los foraminíferos durante décadas. «Ese cambio de orientación, en mi opinión, significa que han dado lugar a nuevas especies», afirma. Foto: Cortesía de Ian Darling

En 2006, Kate Darling, actualmente profesora honoraria de la Universidad de Stirling, publicó un trabajo genético que demostraba que las variantes de N. pachyderma son, en realidad, dos especies distintas, cada una con su propio sentido de enrollamiento. Después, en 2013, la paleobióloga evolutiva Yurika Ujiié, actualmente profesora de la Universidad de Kochi, en Japón, descubrió que la quiralidad de las conchas en distintas especies de foraminíferos, recogidas en varios océanos, no se correspondía con la temperatura.

Cada estudio refutaba la hipótesis de Ericson de una manera diferente. Además, a muchos investigadores les resultaba difícil imaginar qué ventaja podía ofrecer el sentido del enrollamiento a un organismo unicelular sin una lateralidad evidente. Medio siglo después de la observación inicial de Ericson, el factor impulsor de las inversiones volvía a ser un misterio.

No tardaría en despertar el interés de otra investigadora. Bridget Wade, micropaleontóloga del University College London, llevaba décadas estudiando testigos de sedimentos cuando su equipo observó un patrón curioso. Varias especies de foraminíferos parecían invertir el sentido de sus conchas aproximadamente al mismo tiempo en distintas latitudes de los océanos Atlántico, Índico y Pacífico. En una especie, las inversiones parecían casi instantáneas tanto en los trópicos como en latitudes más altas. Esta evidencia de que el fenómeno se extendía mucho más allá de una sola cuenca oceánica sugería que estaba actuando un proceso global en el que intervenía algo más que la temperatura.

Para saciar su curiosidad, el equipo de Wade sintetizó datos de cinco décadas de estudios y analizó los cambios en los patrones de enrollamiento de varias especies de foraminíferos planctónicos de los últimos 56 millones de años. Para cada especie, encontraron evidencias de inversiones en múltiples cuencas oceánicas y cinturones climáticos. Paragloborotalia siakensis pasó de un enrollamiento mixto a un enrollamiento sinistral hace 15 millones de años. Globorotalia scitula invirtió el sentido dos veces: pasó de mixto a sinistral hace 15 millones de años y después a dextral hace 10 millones de años. «Resulta realmente desconcertante que una especie pueda existir durante millones de años enrollándose de una manera y después invertir de repente el sentido, sin ninguna razón aparente», escriben los autores.

Bridget Wade, micropaleontóloga del University College de Londres, señala una especie de foraminífero que describió en el Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian. Foto: Cortesía de Bridget Wade

Pulleniatina obliquiloculata fue un ejemplo especialmente útil, afirma Wade: posee un registro fósil excepcionalmente detallado, sigue viviendo en la actualidad y está presente en los océanos tropicales de todo el mundo. Durante los últimos 860.000 años, su concha se ha enrollado casi exclusivamente hacia la derecha. Pero antes de ese periodo atravesó una sucesión de rápidas inversiones del enrollamiento que se produjeron a escala mundial cada pocos miles de años.

Los cambios eran demasiado repentinos y generalizados para explicarlos mediante una evolución gradual. «Fue toda una sorpresa porque, si se tratara de un acontecimiento local, sería más fácil pensar en un entorno local cambiante», afirma Wade. El hecho de que estuviera ocurriendo en todas partes apuntaba a que intervenía un proceso diferente.

Un significado críptico

¿Qué podría explicar la expansión mundial de un cambio de quiralidad? Wade sabía que, pese a su aparente uniformidad, los océanos esconden numerosos hábitats distintos que difieren en temperatura, corrientes, luz ultravioleta, composición química y oxígeno. Del mismo modo, una población aparentemente global de una especie de foraminíferos puede ocultar especies crípticas. Los estudios genéticos han revelado que, a menudo, lo que se consideraba una sola especie basándose en la forma de las conchas (incluido el sentido del enrollamiento) era, en realidad, más de una especie.

¿Y si, planteó su equipo como hipótesis, una de estas especies crípticas hubiera desarrollado alguna ventaja adaptativa de amplio alcance? Esta especie críptica podría extenderse por todo el planeta, transportada por las corrientes oceánicas y favorecida por su propio éxito, en un gigantesco barrido poblacional, y hacer que un único sentido de enrollamiento pasara a predominar en el proceso, preservando así el acontecimiento en el registro fósil.

A diferencia de las especies con concha que nos resultan más familiares, los foraminíferos no viven totalmente dentro de su concha. La concha perforada se sitúa bajo la membrana celular y queda envuelta por un protoplasma de consistencia gelatinosa. Todos los ejemplares aquí mostrados miden menos de 1 milímetro. Fuente: Takagi, H. et al (2019) Biogeosciences doi: 10.5194/bg-16-3377-2019

«En mi opinión, las inversiones significan que han experimentado especiación», afirma Darling, que no participó en el estudio de Wade.

Tanto si los foraminíferos que invirtieron el sentido son una especie nueva como si son una variante genética, tendrían que presentar una ventaja significativa frente a otros foraminíferos para extenderse por todo el mundo. «Es un poco como lo que ocurrió con las variantes de la COVID-19, que se hicieron muy abundantes en un lugar», explica Wade, «y luego tuvieron una ligera ventaja de aptitud biológica frente a otra variante genética» y se propagaron rápidamente hasta convertirse en la cepa dominante en prácticamente todos los países de la Tierra.

Sin embargo, Ujiié advierte contra la suposición de que exista una relación sencilla entre la identidad genética de una especie y la quiralidad de su concha. «El sentido del enrollamiento parece tener una base genética», afirma, «pero eso no significa necesariamente que los individuos dextrales [de enrollamiento hacia la derecha] y sinistrales [de enrollamiento hacia la izquierda] representen poblaciones genéticamente distintas».

Todavía no está claro por qué una población entera se enrollaría del mismo modo en primer lugar; esto solo ocurre en un subconjunto de especies de foraminíferos planctónicos con conchas enrolladas. En otras especies, las conchas se enrollan en ambos sentidos en una proporción aproximadamente de 50-50. Entonces, ¿por qué algunas presentan un marcado sesgo de quiralidad? En lo único que parecen coincidir los científicos es en que todavía no lo saben.

Meilland, que estudia la reproducción de foraminíferos en cultivos vivos, ha observado que las proporciones de los distintos sentidos de enrollamiento en sus cultivos no coinciden necesariamente con lo que cabría esperar encontrar en la naturaleza a partir de los estudios fósiles. Considera que los factores que determinan el sentido del enrollamiento podrían ser bastante complejos. «Creo que podría haber algo relacionado con los genes, con la recombinación, con su intento de evolucionar, con el entorno y también con la suerte y con la vida, sin más», afirma.

Aunque la casi sincronía de las inversiones de los foraminíferos en todo el mundo pueda parecer desconcertante, Darling y Ujiié señalan que lo que aparece como instantáneo en el registro fósil podría desarrollarse durante 1.000 años o más en tiempo real. Durante ese periodo, las aguas oceánicas circulan alrededor de todo el planeta. Las masas de agua también cambian y se desplazan, lo que podría acelerar la propagación de una nueva variante.

Es posible que los caracteres o las especies de otros organismos marinos también puedan extenderse por todo el planeta de esta manera. Pero sería difícil observarlo sin un marcador fósil claro, como la quiralidad de las conchas de los foraminíferos. Estas inversiones del enrollamiento constituyen, por tanto, una rara ventana a la manera en que los procesos evolutivos pueden desarrollarse a escala mundial.

 

 


El artículo original, Why Do These Fossil Shells Flip Their Spirals Every Few Millennia?, se publicó el 11 de septiembre de 2026 en Quanta Magazine. Cuaderno de Cultura Científica tiene un acuerdo de distribución en castellano con Quanta Magazine.

Traducido por César Tomé López

El artículo ¿Por qué estas conchas fósiles invierten el sentido de su espiral cada pocos milenios? se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

Rachel Carson

14 September 2026 at 09:00

Rachel Carson

Imagen de fondo: Alfred Eisenstaedt / The LIFE Picture Collection / Getty Images.

Llanto por un medioambiente
que tú y yo, humanos, ensordecemos.
Primavera silenciosa.

Para saber más sobre Rachel Carson y su investigación

Nota de la autora

Un sciku consiste en una tapa de ciencia, elaborada con una breve pieza poética y servida en tres líneas. Tal y como indica su nombre, está inspirado en el haiku japonés y, como este, suele componerse de tres versos con cinco, siete y cinco sílabas, respectivamente, sin ningún tipo de rima. En español, debido a la longitud de la mayoría de las palabras, también puede emplearse la combinación 8/11/8.

Sobre la autora

Laura Morrón Ruiz de Gordejuela es licenciada en Física por la Universidad de Barcelona especializada en el campo de la protección radiológica, con un máster en Ingeniería y Gestión de Energías Renovables por IL3. Técnica de apoyo del Secretariado de Divulgación Científica y Cultural de la Universidad de Sevilla. Autora del libro A hombros de gigantas, obra que ha tenido continuidad en esta sección.

The post Rachel Carson appeared first on Mujeres con ciencia.

Sergi Romeu, entomólogo: “Los insectos son el menú principal de la mayoría de animales”

12 September 2026 at 10:59

Los insectos son los pequeños grandes protagonistas de esta edición de Bilbo Zientzia Plaza (BZP). Una exposición, una conferencia-coloquio y dos talleres acercarán al público su fascinante mundo. Además, el último día del festival, Sergi Romeu, criador de insectos y educador especializado en invertebrados, ofrecerá un taller en el que se podrá conocer de cerca e incluso tocar algunos de estos pequeños animales.

 

En esta entrevista rompe prejuicios sobre los insectos, destaca su papel fundamental en el equilibrio de los ecosistemas y adelanta algunos detalles sobre qué podrán descubrir quienes participen en la actividad del próximo 4 de octubre.

insectos
El entomólogo, Sergi Romeu, con una mariposa durante uno de sus talleres. © Sergi Romeu.

 

Para empezar, ¿cómo nació su pasión por los insectos y otros bichos?

 

Mi afición nació cuando era niño. Mi abuelo era ornitólogo, criaba pájaros e insectos, y gracias a él empecé a interesarme por estos animales. Desde entonces no he dejado de criarlos hasta convertir esta pasión en mi profesión. Aunque soy ingeniero técnico agrícola, desde hace años me dedico a impartir charlas, talleres y clases sobre invertebrados en colegios, institutos, museos, zoos y acuarios a través de mi proyecto educativo Fasmids. Siempre voy acompañado de animales vivos porque creo que la mejor manera de conocerlos es tenerlos delante y observarlos de cerca.

 

En sus talleres habla sobre invertebrados, artrópodos e insectos. Sin embargo, muchas veces se utilizan estos términos como si fueran sinónimos. ¿En qué se diferencian?

 

Los animales invertebrados constituyen la gran mayoría de animales del planeta, alrededor del 97%, y se dividen en seis grandes grupos. Uno de ellos, el más diverso y abundante, es el de los artrópodos. Estos animales se caracterizan por tener patas articuladas y un exoesqueleto que los protege y los hace más resistentes. Dentro de los artrópodos se encuentran los insectos (abejas, mariposas), junto con los arácnidos (arañas, escorpiones), los crustáceos (cangrejos, gambas) y los miriápodos (ciempiés, milpiés). Los insectos se distinguen por tener seis patas, mientras que los arácnidos tienen ocho, la mayoría de crustáceos diez y los miriápodos más de catorce.

 

¿Qué especies suelen acompañarle en sus talleres?

 

En mis talleres llevo representantes de los cuatro grandes grupos e intento mostrar la mayor variedad posible de artrópodos. También llevo un caracol que es un invertebrado, pero no un artrópodo, sino un molusco, para que el público pueda comparar un artrópodo con un animal que no lo es y así entender mejor sus diferencias. Entre los animales que nunca faltan están los cangrejos, los milpiés, una tarántula -que suele ser la estrella de la función- y un escorpión. Por otro lado, a los insectos les dedico la mayor parte del tiempo dado que son, con diferencia, el grupo más importante.

 

Algunos insectos como los escarabajos o las cucarachas y arácnidos como las arañas o escorpiones despiertan miedo, rechazo o indiferencia. En general, ¿por qué cree que nos cuesta tanto apreciarlos?

 

Más allá de que algunas especies piquen o muerdan, creo que el rechazo que generan muchos insectos y otros artrópodos se debe, en gran parte, a la cantidad de patas que tienen. En mis talleres trato de que la gente pierda ese miedo, porque tengo claro que para poder cuidar y respetar a estos animales primero hay que conocerlos. Por eso los acerco al público y animo a quienes participan a que los toquen y los sientan: algunos tienen pequeñas uñas, otros, ventosas; algunos son más suaves y ligeros, otros son más ásperos y pesan más… Cuando comprueban que pueden tenerlos en su mano sin que ocurra nada, muchos superan esos miedos y prejuicios.

 

Más allá de las picaduras y otras molestias que puedan generar, ¿por qué son los insectos tan importantes para la vida en La Tierra?

 

Los insectos son fundamentales porque sostienen la biodiversidad que genera el equilibrio de los ecosistemas. Constituyen la base de la cadena trófica y son el menú principal de la mayoría de los animales. De hecho, la mayoría de los animales, de una forma o de otra, se alimentan de insectos. Si desaparecieran, muchas especies de aves, reptiles, anfibios y mamíferos también lo harían.

Además de servir de alimento, también desempeñan otras dos funciones esenciales: la polinización y la degradación de la materia orgánica. Sin la polinización muchas plantas no podrían reproducirse, con lo cual no darían ni fruto ni semilla y nos quedaríamos sin planeta. Asimismo, insectos como larvas y escarabajos -junto con seres microscópicos como hongos y bacterias- son los responsables de comerse los restos de hojas, hojarasca y madera que quedan en descomposición en los suelos, y de transformarlos en nutrientes, convirtiéndolos en el mejor sustrato posible para las plantas.

 

En los últimos años se habla cada vez más del declive de las poblaciones de insectos. ¿Qué está ocurriendo y qué podemos hacer para contribuir a su conservación?

 

Los insectos están en declive porque, en general, nos resultan molestos y cada vez transformamos más sus hábitats. El uso excesivo de insecticidas, la contaminación, la urbanización y algunas prácticas forestales reducen los espacios y los recursos que necesitan para vivir. Si queremos conservar sus poblaciones, debemos proteger sus hábitats y favorecer entornos donde puedan alimentarse, reproducirse y desempeñar su papel en los ecosistemas. El asfalto y el cemento no son los lugares idóneos para que vivan los insectos.

 

Después de tantos años estudiando estos animales, ¿hay alguno que siga maravillándole, ya sea por su comportamiento, capacidad de adaptación o por alguna otra característica?

 

Siempre me han fascinado los fásmidos, como los bichos palo o los insectos hoja, por su extraordinaria capacidad de camuflaje y la gran variedad de formas y colores que adoptan. Pero todos los insectos tienen algo que los hace especiales: la fuerza de los escarabajos hércules, la belleza del vuelo de las mariposas, el comportamiento de la mantis religiosa o la organización de los insectos sociales como las hormigas y las abejas. Son animales de los que todavía podemos aprender mucho.

 

insectos
Los fásmidos son conocidos por su asombrosa capacidad de adaptación. © Museo de Ciencias Universidad de Navarra.

 

 

El último día de Bilbo Zientzia Plaza ofrecerá un taller para conocer y tocar a varios de estos animales de cerca. ¿Con qué se encontrará el público que participe? ¿Puede adelantarnos algo de lo que van a ver?

 

Quienes participen podrán conocer de cerca una gran variedad de artrópodos: arañas y tarántulas, escorpiones, milpiés, cangrejos e insectos de distintas especies, tamaños y colores como mariposas, escarabajos o bichos palo. Aprovecharé para explicar las diferencias entre los principales grupos de invertebrados, especialmente entre los artrópodos. Además, podrán tocar algunos de estos animales como una tarántula, que suele ser la estrella del taller. Mi objetivo es que pierdan el miedo, despierten su curiosidad y descubran lo fascinante que puede ser el mundo de los insectos.

 

¿Qué lecciones cree que todavía podemos aprender de estos animales y con qué idea le gustaría que se quedara el público?

 

Me gustaría que el público perdiera el miedo a los insectos y empezara a mirarlos con curiosidad y respeto. Son animales extraordinarios que llevan millones de años adaptándose al planeta y desempeñan un papel esencial en los ecosistemas. Cuanto más los conocemos, mejor comprendemos su importancia y más motivos tenemos para protegerlos. Estoy convencido de que todavía nos queda mucho por aprender sobre ellos, en especial, de la organización de los insectos sociales y de su extraordinaria capacidad de adaptación.

 

 

Sobre la autora

María Larumbe es periodista y responsable de comunicación en la Cátedra de Cultura Científica de la EHU.

 

—

Si quieres seguir descubriendo el mundo de los insectos…

 

 

 

 

 

El artículo Sergi Romeu, entomólogo: “Los insectos son el menú principal de la mayoría de animales” se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

❌