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La paradoja antártica: nunca supimos tanto sobre el continente helado, pero quizá no sabemos lo necesario

11 September 2026 at 09:00

 

Virginia Morandini, Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC)

Base Antártica Española Juan Carlos I. UTM-CSIC.

En 1959, en plena Guerra Fría, doce naciones se sentaron a negociar el futuro de un continente en el extremo sur del planeta y casi completamente cubierto de hielo. El resultado fue el Tratado Antártico, un acuerdo internacional que estableció que la Antártida debía ser un continente dedicado a la paz y la ciencia.

Aquel tratado creó un sistema de gobernanza único para un lugar único. Décadas después, para reforzar su protección ambiental, se firmó en Madrid el llamado Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente o Protocolo de Madrid. En él se declaró la Antártida como una reserva natural dedicada a la paz y la ciencia, prohibiendo la explotación de recursos minerales, salvo con fines científicos.

En la actualidad, el tratado cuenta con 58 miembros y su conservación depende de la cooperación internacional y la capacidad de alcanzar acuerdos entre países. Durante más de 60 años, este sistema ha mantenido el continente helado como un espacio excepcional de cooperación científica internacional.

Hoy en día, la Antártida está más vigilada que nunca. Satélites, bases científicas, barcos oceanográficos, sensores remotos y campañas internacionales producen cada año una enorme cantidad de datos sobre el hielo, el océano, el clima y sus ecosistemas. Sabemos más que nunca sobre su fauna, el retroceso del hielo y la contaminación.

Sin embargo, más ciencia no significa necesariamente mejores decisiones.

En un estudio publicado recientemente en People and Nature, planteamos precisamente esta paradoja: la investigación actual en el continente helado produce una gran cantidad de información, pero no siempre genera el conocimiento necesario para guiar su protección.

Un caso reciente: la pesca de kril

La península antártica es una de las zonas donde coinciden con más intensidad la pesca de kril –pequeños crustáceos marinos– y la presencia de especies que dependen de él, como pingüinos, focas, peces y ballenas. Por eso, a la hora de regular la pesca no basta solo con fijar un límite total de capturas. Si una parte demasiado grande de esta actividad se concentra en una zona especialmente sensible, el riesgo ecológico puede aumentar aunque el cupo total no se haya superado.

Para reducir ese riesgo, desde 2009 la medida CM 51-07 distribuía espacialmente el límite precautorio de captura de kril entre varias subáreas de pesca. Por ejemplo, el límite total para el Área 48 era de 620 000 toneladas por temporada, pero la subárea 48.1, que abarca gran parte de la península antártica, tenía un cupo específico de 155 000. Ese reparto buscaba evitar que la presión pesquera se concentrara excesivamente en esta región a la vez frágil, productiva y codiciada por la actividad pesquera.

En 2024, la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos, el organismo internacional que regula la pesca en el océano Austral, se reunió para decidir si mantenía ese reparto espacial del cupo de kril. La medida expiró y no se renovó.

En consecuencia, desde la temporada de pesca de 2025, ya no está distribuido el límite de captura de kril entre esas subáreas de pesca. Su expiración se debió a la dificultad de alcanzar un acuerdo entre los países miembros del tratado con la información científica disponible. Este caso mostró hasta qué punto la gestión de la Antártida depende de contar con una base científica sólida, compartida y útil para apoyar decisiones colectivas.

Un pequeño crustáceo semitransparente flotando sobre una roca
Kril antártico. Tarpan/Shutterstock.

Una protección bajo presión

Cuando los datos no son suficientes, no son comparables o no se traducen en acuerdos sólidos, las decisiones pueden acabar reflejando más los bloqueos políticos y los intereses económicos que el principio de precaución.

Hoy, esto importa especialmente porque hay una fecha en el horizonte: 2048. El Protocolo de Madrid, que prohibió la explotación de recursos minerales salvo con fines científicos, podría ser revisado a partir de ese año. Se espera que en el futuro el continente sea físicamente más accesible que cuando se diseñó su actual marco de protección. Las proyecciones indican que las zonas libres de hielo podrían aumentar alrededor de un 25 % hacia finales de siglo, aumentando su accesibilidad y modificando los intereses geopolíticos y económicos sobre el territorio.

Si llegamos a posibles debates sobre recursos minerales, presencia humana o nuevas formas de explotación sin una ciencia integrada, sostenida y aceptada como base común, la protección de la Antártida podría depender más de negociaciones políticas que de una evaluación sólida de los riesgos.

La opacidad epistémica antártica

En nuestro trabajo usamos el concepto de «opacidad epistémica» para describir una situación aparentemente paradójica: puede haber muchos datos científicos y, aun así, faltar una visión clara, integrada y útil para tomar decisiones.

La opacidad surge cuando la información existe, pero está fragmentada. Cuando los estudios no son comparables entre regiones. Cuando los datos científicos disponibles no responden directamente a las preguntas que deben resolver quienes toman decisiones. O cuando la información científica existe, pero no llega de forma integrada, comprensible y útil a los espacios donde esas decisiones se toman.

En la Antártida, este problema no se debe a la falta de buena ciencia. La investigación antártica ha producido descubrimientos fundamentales para entender el planeta. El problema está en cómo se organiza, financia, coordina y utiliza esa ciencia. Un estudio reciente sobre seguimiento a largo plazo en la Antártida mostró, por ejemplo, que más del 60 % de las investigaciones se centran en megafauna carismática, como pingüinos y mamíferos marinos.

La solución no es simplemente producir más artículos científicos. Es generar conocimiento más integrado, mantenido en el tiempo y conectado con las necesidades de conservación y gobernanza. Esto implica reforzar los seguimientos a largo plazo, armonizar protocolos, coordinar observatorios, compartir datos y asegurar que las regiones y procesos menos visibles también formen parte de la agenda científica.

Afortunadamente, la comunidad científica antártica no es ajena a este problema. En los últimos años han surgido iniciativas internacionales que avanzan en esa dirección: mayor coordinación entre programas, integración de datos, identificación de prioridades comunes y esfuerzos para conectar mejor la ciencia antártica con la toma de decisiones. Son pasos importantes. Pero ¿serán suficientes y llegarán a tiempo?

Lo que ocurre en la Antártida no se queda allí

La Antártida no está tan aislada como solemos pensar. En la temporada 2024–25 recibió 118 491 turistas, una cifra impensable hace pocas décadas.

No podemos seguir viviendo de espaldas a este continente. Lo que pasa en el resto del planeta llega hasta allí en forma de calentamiento, contaminación, presión pesquera, turismo o enfermedades emergentes. Y lo que ocurre allí puede repercutir en el resto del mundo a través del clima, el océano, el nivel del mar y la biodiversidad.

Mirar hacia la Antártida ya no es solo una cuestión científica o geográfica. Es una forma de preguntarnos si sabremos proteger algo antes de perderlo.The Conversation

Sobre la autora

Virginia Morandini, Investigadora Ramón y Cajal en Ecología Antártica y Cambio Global, Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC)

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Ir al artículo original.

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Nina Starr Braunwald, la cirujana que dio forma con sus manos a los recambios para el corazón

10 September 2026 at 09:00

El historiador griego Plutarco recogió en uno de sus textos lo que se conoce como la paradoja del barco de Teseo. Esa paradoja consiste en plantearse si un barco que sale de un puerto, y durante el viaje va reemplazando todas sus piezas sigue siendo el mismo barco, o si por el contrario no puede considerarse que sea la misma nave ya que no conserva ninguna de las partes que lo formaba cuando partió.

Es intrigante pensar, aunque no podamos saberlo, si cuando a mediados del siglo XX la cirugía cardíaca se encontraba a las puertas de la revolución que causaría el desarrollo, experimentación y finalmente generalización de prótesis cardíacas, sus protagonistas se plantearían esta paradoja, aplicada a su propio campo: ¿es un corazón al que se le van reemplazando distintas partes el mismo corazón que latía en origen en el pecho del paciente intervenido?

Nina Braunwald. Research Gate.

Nina Starr Braunwald, médica y cirujana, desarrolló su carrera en esa época, cuando operaciones de corazón que hoy resultan, si no rutinarias, al menos habituales, estaban empezando a concebirse como posibles gracias a nuevas técnicas quirúrgicas. Ella reunía en su perfil profesional y científico dos aspectos esenciales en este desarrollo: por un lado, evidentemente, el de una cirujana, pero por otro, y esto resultaba menos evidente de partida pero igual de esencial, el de una persona acostumbrada a construir cosas con sus propias manos, ya que ella misma diseñó y fabricó algunas prótesis que probó experimentalmente y finalmente implementó en sus pacientes.

De construir cosas a operar

Nina Starr nació el 2 de marzo de 1928 en Brooklyn, Nueva York. Hija de un médico, desde pequeña mostró habilidad para trabajar con las manos: construía objetos, pintaba y dibujaba. Estudió Medicina en la Universidad de Nueva York. Aquella combinación entre el interés por la medicina y el trabajo manual terminaría orientándola hacia la cirugía.

En 1952 comenzó sus prácticas y residencia en el Bellevue Hospital de Nueva York, donde fue una de las primeras mujeres que se formaron en cirugía general. Continuó después su preparación en el Georgetown University Medical Center y realizó una estancia posdoctoral en el laboratorio del cirujano Charles Hufnagel, uno de los pioneros en el desarrollo de válvulas cardíacas artificiales.

La cirugía del corazón era entonces un campo reciente. Las técnicas capaces de mantener artificialmente la circulación y la oxigenación de la sangre durante una operación permitían, desde hacía poco tiempo, trabajar dentro de un corazón temporalmente detenido sin perder la vida del paciente. Eso abría posibilidades que pocos años antes habían sido imposibles, como la de tratar válvulas dañadas y sustituirlas por dispositivos artificiales. Braunwald se incorporó al entonces llamado National Heart Institute y comenzó a trabajar en la Clínica de Cirugía.

Una pieza nueva dentro del corazón

Las válvulas cardíacas cumplen una función esencial en la circulación sanguínea: hacer que la sangre circule en la dirección correcta al contraerse el corazón, impidiendo que ésta retroceda cuando el corazón se expande de nuevo. La válvula mitral cumple esa función entre las dos cavidades izquierdas del órgano, y cuando está dañada, el mecanismo deja de funcionar correctamente y la salud del paciente se ve afectada. Hoy existen distintas opciones para reparar o reemplazar válvulas enfermas, pero a finales de los años cincuenta desarrollar una prótesis capaz de cumplir esa función seguía siendo un desafío técnico y quirúrgico.

Braunwald centró parte de su investigación en ese problema, trabajando para desarrollar una prótesis que pudiese sustituir completamente la válvula mitral. En 1959 publicó sus resultados, un dispositivo que utilizaba láminas flexibles de poliuretano y tiras de teflón para desempeñar la función de las cuerdas tendinosas, las estructuras que ayudan a controlar el movimiento de la válvula natural. Antes de utilizarlo en una persona, Braunwald lo probó en una serie de experimentos con perros.

El 11 de marzo de 1960 llegó el momento de utilizarlo en una paciente humana. Era una mujer de 44 años con insuficiencia mitral y fallo cardiaco muy avanzado. Braunwald y su equipo sustituyeron su válvula mitral por la prótesis que había diseñado. La intervención se realizó utilizando circulación cardiopulmonar artificial. La evolución posoperatoria fue buena y la paciente pudo abandonar el hospital. Murió de forma repentina cuatro meses después, probablemente a consecuencia de una arritmia.

Nina Braunwald operando. Research Gate.

La intervención no convirtió aquel primer diseño en una solución definitiva ni eliminó todos los problemas asociados a las prótesis valvulares, pero sí demostró que era posible sustituir por completo una válvula mitral humana por un dispositivo artificial y que una paciente podía recuperarse de la operación y regresar a casa. Aquella intervención es considerada el primer reemplazo exitoso de una válvula mitral.

Diseñar para que el cuerpo acepte una máquina

Entre 1965 y 1968 fue subdirectora de la Clínica de Cirugía del Instituto Nacional del Corazón. Braunwald continuó trabajando en el desarrollo de prótesis cardiacas. Uno de los principales problemas de introducir materiales artificiales en el sistema circulatorio es el riesgo de que favorezcan la formación de coágulos y trombos que causen graves daños al paciente, incluso la muerte.

A finales de los años sesenta, Braunwald comenzó a colaborar con los Laboratorios Cutter en una nueva válvula mecánica que intentaba reducir ese problema mediante el recubrimiento de partes de la prótesis con tejido sintético. La idea era favorecer que el tejido del propio paciente creciese sobre aquella superficie reduciendo así el riesgo de aparición de coágulos.

El resultado fue la válvula Braunwald-Cutter, una prótesis mecánica cuya utilización clínica comenzó en 1968 y que llegó a implantarse en miles de pacientes. No era simplemente una mejora de la primera válvula, sino que representaba otro intento de resolver uno de los problemas fundamentales de cualquier prótesis situada dentro del corazón: la interacción entre los materiales artificiales y la sangre.

Sin embargo, y aunque se utilizó ampliamente, esta válvula y la solución que proponía suponía sus propios problemas: con el tiempo el recubrimiento de la Braunwald-Cutter se iba deteriorando, y su utilización clínica acabó abandonándose. El Museo Smithsonian conserva ejemplares de estas válvulas y las presenta como un ejemplo de una idea de ingeniería puntera y razonable en su momento que, en la práctica, mostró limitaciones importantes.

En 1968 dejó el NIH y se trasladó a la Universidad de California en San Diego, donde ocupó un puesto como profesora asociada de cirugía y creó un programa de cirugía cardiovascular. En 1972 se trasladó a Boston como profesora asociada de cirugía en Harvard Medical School y desarrolló su actividad en distintos hospitales de la zona, entre ellos Boston Children’s Hospital, Brigham and Women’s Hospital y el hospital de veteranos de West Roxbury.

Braunwald siguió investigando otras formas de reemplazar válvulas y de reducir la formación de coágulos alrededor de prótesis y dispositivos de asistencia circulatoria. Entre sus contribuciones estuvieron el desarrollo de injertos de la válvula aórtica de un donante (llamados homoinjertos) para utilizarlos como sustitutos de la válvula mitral y el empleo experimental de cultivos de tejidos sobre superficies artificiales.

Una cirujana donde casi no había mujeres

Todo aquello ocurrió además en una especialidad en la que la presencia femenina brillaba por su prácticamente completa ausencia. Braunwald fue la primera mujer certificada por el Consejo Estadounidense de Cirugía Torácica y también la primera elegida miembro de la Asociación Estadounidense de Cirugía Torácica.

Su trayectoria profesional convivió con una vida familiar igualmente intensa. Estuvo casada con el cardiólogo Eugene Braunwald y tuvieron tres hijas. Las biografías institucionales que reconstruyen su carrera señalan explícitamente el esfuerzo que supuso compatibilizar la maternidad con las exigencias de la cirugía cardiaca en una época en la que apenas había mujeres siguiendo ese camino profesional.

Nina Starr Braunwald murió en 1992, a los 64 años.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.

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Patricia Alvarado, sismóloga

10 September 2026 at 05:00
Patricia Alvarado. Konex.

La sismóloga Patricia Alvarado (1966-2022) nació un 10 de septiembre.

Fue investigadora principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Centro de Investigaciones de la Geósfera y Biósfera (CIGEOBIO, CONICET-UNSJ).

Fue la creadora del Observatorio Sismológico del CONICET y la primera mujer en dirigir el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES).

Desarrolló una tecnología para estudiar los sismos históricos de Argentina. Para ello se digitalizaron los registros impresos de terremotos históricos ocurridos en el territorio argentino, se generó un modelo probabilístico para la predicción de las zonas de peligro sísmico y la elaboración de un mapa de movimiento del suelo sobre la base de sismos que se produjeron anteriormente en su país. 

Más información

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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She Does Maths: Eugenia Malinnikova

9 September 2026 at 09:00

Es importante transmitir a las generaciones más jóvenes que no existe una única manera de construir una carrera profesional exitosa.

Eugenia Malinnikova. Imagen: Laura M. Iraola/ICMAT.

Eugenia Malinnikova es profesora visitante distinguida en el ICMAT desde 2024. Professor en la Universidad de Stanford (EE. UU.), su investigación, siempre en torno al estudio de funciones y ecuaciones, abarca el análisis armónico, las ecuaciones en derivadas parciales elípticas y la teoría del potencial. En el mes de junio, visitó el ICMAT e impartió un coloquio especial sobre el operador de Laplace en grafos, un objeto de gran interés dentro de las matemáticas que permite, por ejemplo, representar y estudiar las relaciones en una red social.

Laura M. Iraola (LMI) ¿Cómo comenzó su interés por la investigación en matemáticas?

Eugenia Malinnikova (EM) Empezó cuando era estudiante en San Petersburgo (Rusia). Tuve un profesor excelente que impartía análisis y que, además de las clases, organizaba reuniones para estudiantes de primer curso donde discutíamos problemas interesantes. Gracias a él, me introduje en la teoría del potencial, las formas diferenciales y algunas generalizaciones de las funciones analíticas a sistemas elípticos de primer orden.

Con el tiempo fui ampliando mis intereses hacia el análisis armónico, pero para mí, todos estos temas están profundamente conectados. Aunque desde fuera puedan parecer áreas diferentes, en realidad, forman parte de una misma investigación sobre funciones, ecuaciones y sus propiedades.

(LMI) ¿Qué es lo que más le atrae de estos campos?

(EM) Me gusta su carácter concreto. Yo no trabajo con objetos muy abstractos, sino con fenómenos que poseen una interpretación física clara. Las funciones armónicas, por ejemplo, describen numerosos procesos que encontramos en nuestro entorno. Aunque mi investigación es muy teórica y no busco aplicaciones inmediatas, me resulta estimulante saber que las matemáticas que estudio están relacionadas con conceptos tan familiares como los campos magnéticos o gravitatorios.

(LMI) ¿En qué está trabajando actualmente?

(EM) Tengo varios proyectos en marcha. Llevo varios años trabajando en un problema sobre el tamaño del conjunto crítico de las funciones armónicas. Junto con mis colaboradores, buscamos obtener estimaciones cuantitativas más precisas para entender mejor cuántos puntos presentan determinados comportamientos críticos. Es un problema en el que hemos invertido mucho esfuerzo y que creemos haber resuelto recientemente. Otro de mis proyectos actuales está relacionado con el operador de Laplace y sus propiedades en grafos, tema del que hablé en el coloquio especial que impartí durante mi visita al ICMAT.

Eugenia Malinnikova impartió un coloquio especial en el ICMAT en el mes de junio. Imagen: ICMAT.

(LMI) ¿Puede explicar algo más sobre las implicaciones de esta última investigación?

(EM) En este campo, estudiamos el espectro del operador de Laplace de un grafo, es decir, sus valores propios. Una forma sencilla de visualizarlo es pensar en una red social. Podemos representar las relaciones entre personas mediante un grafo y utilizar el espectro del laplaciano del mismo para identificar comunidades o grupos estrechamente conectados. Más allá de sus implicaciones en las redes sociales, este campo nos permite pensar en fenómenos discretos. Y muchos fenómenos del mundo real son discretos. Vivimos en un mundo formado por átomos y moléculas, pero no sabemos hasta qué punto la intuición desarrollada para fenómenos continuos sigue siendo válida cuando trabajamos con estructuras discretas, como los grafos.

(LMI) Echando la vista atrás, ¿hay algún resultado del que se sienta especialmente orgullosa?

(EM) No tengo uno en particular, pero recuerdo con mucho cariño un proyecto realizado junto a Aleksander Logunov, Lev Buhovsky y Mikhail Sodin sobre funciones armónicas en una retícula bidimensional. Imagina una cuadrícula en la que cada número de cada casilla es igual a la media de los números de las cuatro casillas vecinas. Eso es lo que llamamos una función armónica en ese contexto. Dimos respuesta a preguntas muy sencillas sobre este tipo de situaciones, que nadie había respondido antes. Fue uno de los trabajos con los que más me he divertido.

Trabajo reconocido a nivel internacional

(LMI) En julio se celebró el Congreso Internacional de Matemáticos 2026, que ha albergado Filadelfia (EE. UU.). Usted fue ponente invitada en el ICM de Río de Janeiro, en 2018. [También ha sido parte del comité científico de la edición de 2026, que fue secreto hasta la celebración del congreso]. ¿Cómo es el ICM desde dentro?

(EM) Fue un gran honor recibir la invitación para Río. Antes de estar allí, imaginaba que sería un evento enorme en el que apenas habría tiempo para hacer matemáticas. Sin embargo, me sorprendió, fue lo contrario, asistí a conferencias excelentes y aprendí mucho más de lo que esperaba. Fue una experiencia muy enriquecedora.

(LMI) Uno de sus trabajos también fue reconocido en 2017 con el Clay Research Award, que recibió junto a Aleksander Logunov, por “desarrollar un nuevo método geométrico para analizar las propiedades de los problemas de valores propios elípticos”. ¿En qué consistía?

(EM) Una analogía útil es pensar en un tambor. Imagina que no conocemos su forma y lo hacemos sonar. Al hacerlo vibrar, aparecen líneas sobre la membrana que permanecen inmóviles. Una de las cuestiones consiste en estimar el tamaño de esas líneas en función de la frecuencia de vibración. Algo parecido ocurre con la cuerda de un violín: sabemos cómo el número de puntos que permanecen inmóviles depende de la nota que se está tocando. Cuanto más aguda es la nota, mayor es la frecuencia y más puntos aparecen donde la cuerda no se mueve. Nosotros estudiamos fenómenos análogos en contextos mucho más complicados y en dimensiones superiores.

Este trabajo dio lugar a una serie de herramientas geométricas y combinatorias que Aleksander Logunov utilizó, posteriormente, para abordar la conocida conjetura de Yau sobre el tamaño de los conjuntos de ceros de determinadas funciones, para la que obtuvo un resultado parcial.

(LMI) Desde 2024 es una de las profesoras visitantes distinguidas del programa Severo Ochoa del ICMAT. ¿Cómo está siendo esta colaboración?

(EM) En este grupo de trabajo, que está coordinado a nivel local por Eva Gallardo [catedrática de la Universidad Complutense de Madrid e investigadora del ICMAT], estamos abordando un proyecto complejo sobre subespacios invariantes de ciertos operadores. Partimos de un operador del que conocemos prácticamente todas sus propiedades e introducimos una pequeña perturbación. Lo sorprendente es que, de repente, todo cambia y dejamos de entender qué está ocurriendo.

Lo que es más interesante para mí es que este problema se aleja bastante de mi área habitual de investigación. Estoy aprendiendo mucho porque toca cuestiones que pertenecen más directamente a los intereses de mis colaboradores. A veces, son precisamente esos problemas difíciles e inciertos los que resultan más estimulantes.

Eugenia Malinnikova trabaja en el ICMAT en un proyecto sobre subespacios invariantes de ciertos operadores, en el grupo coordinado de forma local por Eva Gallardo (ICMAT-UCM). Imagen: Laura M. Iraola/ICMAT.

Fomento de vocaciones

(LMI) Cuando era estudiante de secundaria, ganó tres veces la medalla de oro en la Olimpiada Matemática Internacional. ¿Cree que esa experiencia influyó en su carrera?

(EM) Sí, sin duda, aunque no tanto por ganar como por el placer de resolver problemas. Participar en círculos matemáticos y en competiciones me ayudó a descubrir que aquello era realmente lo que me apasionaba. También me dio confianza al llegar a la universidad. Al mismo tiempo, comprendí que las matemáticas no son un deporte. Ahora, lo que más me interesa es aprender, disfrutar y explorar ideas.

(LMI) ¿Cree que este tipo de iniciativas son importantes para atraer a los y las jóvenes a las matemáticas?

(EM) Sí, aunque no son el único camino. Hay estudiantes que disfrutan mucho compitiendo y para ellos las olimpiadas pueden ser una fuente enorme de motivación y confianza. Pero también hay personas que prefieren trabajar con calma en los problemas y pueden llegar a ser excelentes matemáticos y matemáticas. Lo importante es que existan distintos tipos de oportunidades para descubrir las matemáticas.

(LMI) ¿Sigue colaborando con esta u otra iniciativa de fomento de vocaciones matemáticas?

(EM) Actualmente formo parte del consejo de Omega, una nueva organización de Estados Unidos que ha puesto en marcha una competición matemática. Celebramos la primera edición el pasado mes de mayo en Denver y participaron alrededor de 180 estudiantes de todo el país. Lo más bonito fue ver cómo esos chicos y chicas que se sienten solos en sus colegios porque apenas conocen a otras personas interesadas por las matemáticas recibían una enorme dosis de energía y motivación al estar en contacto con otros jóvenes.

Además, en ocasiones, imparto charlas en California, especialmente en el contexto de competiciones y campamentos de verano dirigidos a chicas. También visito clubes de matemáticas en colegios. No creo demasiado en la idea de ser un modelo a seguir, pero sí pienso que es importante que las jóvenes vean a mujeres muy diferentes disfrutando de las matemáticas. Es importante transmitir a las generaciones más jóvenes que no existe una única manera de construir una carrera profesional exitosa.

(LMI) ¿Cómo cree que es la situación para las mujeres dentro de la investigación en matemáticas?

(EM) Tengo dos hijas y durante mucho tiempo pensé que no querría que desarrollaran una carrera académica porque puede ser muy exigente. Ahora ya no lo veo así. Creo que todas las profesiones presentan retos cuando se intenta equilibrar la vida personal y profesional. Hoy es posible construir una carrera satisfactoria y, al mismo tiempo, tener una familia. Aunque aún existen diferencias entre hombres y mujeres, la situación es mucho mejor de lo que era hace décadas y sigue avanzando en la dirección correcta.

Eugenia Malinnikova durante su visita al ICMAT. Imagen: Laura M. Iraola/ICMAT

(LMI) Y, por último, ¿qué le gusta hacer cuando no está haciendo matemáticas?

(EM) La verdad es que las matemáticas son, en cierto modo, también mi afición. A veces, después de dedicar el día a tareas administrativas o docentes, llego a casa con ganas de hacer matemáticas por placer. Aparte de eso, disfruto mucho haciendo senderismo en California y asistiendo a conciertos de música clásica.

Nota

Este artículo es una colaboración del Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT) con Mujeres con ciencia.

El artículo Eugenia Malinnikova (Universidad de Stanford, EE. UU., profesora visitante distinguida en el ICMAT): “Es importante transmitir a las generaciones más jóvenes que no existe una única manera de construir una carrera profesional exitosa” ha aparecido en las Entrevistas del ICMAT el 3 de septiembre de 2026.

Sobre la autora

Laura M. Iraola es doble graduada en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III de Madrid y Máster en Periodismo Cultural y Nuevas Tendencias por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es miembro de la oficina de comunicación y divulgación del Instituto de Ciencias Matemáticas (CSIC-UAM-UC3M-UCM).

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Mária Telkes y el arte de guardar el calor del Sol

8 September 2026 at 09:00

Cuando pensamos en almacenamiento de energía, solemos imaginar baterías de ion litio, vehículos eléctricos o grandes sistemas capaces de equilibrar la variabilidad de las renovables. Sin embargo, almacenar energía no significa necesariamente almacenar electricidad. También puede significar algo mucho más intuitivo: guardar calor.

Mucho antes de que la transición energética se convirtiera en un concepto global, una investigadora ya había entendido que captar la energía del Sol era solo la mitad del problema. La otra mitad, más compleja, consistía en conservarla cuando el Sol desaparecía.

Mária Telkes. Imagen proporcionada por la autora.

Esa investigadora era Mária Telkes, física, química e inventora húngaro-estadounidense, conocida como la “Reina del Sol”. Su trabajo anticipó los principios del almacenamiento térmico moderno: materiales capaces de absorber calor, retenerlo y liberarlo cuando fuera necesario. Desde calefacción doméstica hasta desalinizadores u hornos solares, Telkes dedicó su vida a convertir la radiación solar en soluciones prácticas.

Su historia no es solo la de una pionera de la energía solar. Es también la de una científica que intentó transformar ideas arriesgadas en tecnología real en un mundo donde la ingeniería estaba dominada por hombres. Sus experimentos no siempre funcionaron, pero incluso sus fallos ayudaron a construir el conocimiento actual sobre almacenamiento térmico.

Una científica entre biología, energía y materiales: el reto de aprovechar el Sol

Mária Telkes nació en Budapest en 1900. Estudió fisicoquímica y se doctoró en 1924. Desde el inicio mostró un interés poco habitual: la relación entre energía, materiales y sistemas vivos. Esa combinación la llevó a una carrera marcadamente interdisciplinar.

En 1925 emigró a Estados Unidos, donde trabajó en la Cleveland Clinic como biofísica. Allí investigó cómo medir la energía en sistemas biológicos. Más tarde se incorporó a Westinghouse Electric, donde trabajó con dispositivos termoeléctricos capaces de convertir diferencias de temperatura en electricidad. Esa etapa fue clave. Telkes comprendió que el calor no era un subproducto, sino una forma de energía con identidad propia: podía captarse, transformarse y, sobre todo, almacenarse.

En 1939 entró en el MIT, dentro del Solar Energy Conversion Project. En aquel momento, la energía solar era prometedora pero limitada: abundante, sí, pero intermitente. Podía calentar durante el día, pero no resolvía la noche ni el invierno. Telkes comprendió el problema central con claridad: el Sol no falla como fuente, falla como sistema continuo. La solución no era solo captarlo, sino desplazar su energía en el tiempo.

La Segunda Guerra Mundial dio a su trabajo una dimensión urgente. Pilotos y marineros podían sobrevivir en el océano, pero no sin agua potable. Beber agua salada aceleraba la deshidratación. Telkes diseñó un desalinizador solar portátil: un sistema que evaporaba agua de mar mediante calor solar y condensaba el vapor en agua dulce. Era simple, ligero y autónomo. No era aún almacenamiento térmico, pero sí contenía su lógica esencial: capturar energía, dirigirla y convertirla en un efecto útil sin depender de combustibles.

Tras la guerra, Telkes se centró en su gran objetivo: una vivienda capaz de calentarse exclusivamente con energía solar. El reto era evidente: la calefacción se necesita cuando el Sol no está. Para resolverlo, no bastaba con captar energía. Era necesario almacenarla.

La Dover Sun House: una casa que almacenaba calor

A finales de los años 40, Telkes colaboró con la arquitecta Eleanor Raymond y la filántropa Amelia Peabody. El resultado fue la Dover Sun House, construida en 1948 en Massachusetts. El proyecto era extraordinario no solo por su tecnología, sino por su autoría: tres mujeres liderando ciencia, arquitectura y financiación en una época en la que eso era excepcional.

Mária Telkes y Eleanor Raymond frente a la Dover Sun House (1948). Fuente: Architectuul. CC BY-SA.

La casa tenía una gran fachada orientada al sur. El aire caliente se dirigía a compartimentos con 21 toneladas de sulfato de sodio decahidratado, conocido como sal de Glauber. Este material no almacenaba calor solo por temperatura, sino mediante cambio de fase. Cuando se fundía, absorbía energía sin aumentar su temperatura. Cuando solidificaba, liberaba ese calor. En términos actuales, era un material de cambio de fase. La casa funcionaba como una batería térmica: no almacenaba electricidad, sino energía en forma de transformaciones físicas. La idea era profundamente moderna: integrar captación, almacenamiento y distribución de energía en la propia arquitectura.

Durante un tiempo, la casa funcionó. La prensa la presentó como el futuro de la vivienda. Parecía posible vivir solo con el Sol. Con el tiempo, el sistema empezó a fallar. La sal se separaba en fases, los contenedores se corroían y el rendimiento térmico disminuía. En periodos sin suficiente radiación, la casa necesitaba calefacción eléctrica. Finalmente, el sistema solar fue retirado.

Pero aquello no fue un fracaso, sino una lección. La idea funcionaba en principio, pero no en condiciones reales. El problema no era solo almacenar energía, sino hacerlo de forma estable, repetible y duradera. La Dover Sun House mostró algo fundamental: entre la teoría y la práctica hay un espacio donde la ciencia se vuelve ingeniería.

Mária Telkes y el origen del almacenamiento térmico

El apodo de “Reina del Sol” ayudó a popularizar su figura, pero también simplificó su trabajo. Telkes no fue solo una entusiasta de la energía solar, sino una investigadora con una carrera técnica profunda en materiales, termodinámica y transferencia de calor. Reducir su trayectoria a un apodo es ignorar la complejidad de una de las pioneras más completas del almacenamiento térmico.

A lo largo de su vida registró más de veinte patentes. Desarrolló hornos solares, sistemas de secado, refrigeración y nuevas aplicaciones de almacenamiento térmico. Su producción inventiva no fue puntual, sino sostenida y diversa, abarcando múltiples escalas de la energía solar aplicada.

Recibió reconocimientos importantes, como el premio de la Society of Women Engineers en 1952, pero su legado no se mide solo en premios, sino en conceptos. En ciencia, los conceptos que perduran suelen ser más influyentes que los galardones que los acompañan. Su idea central era simple y radical: la energía solar solo es útil si puede almacenarse. Esta afirmación, formulada décadas antes de la transición energética actual, anticipa uno de los grandes retos de la energía renovable contemporánea.

También es importante su dimensión humana. Cuando el sistema académico no respaldó sus ideas, buscó colaboraciones fuera de él. La Dover Sun House fue posible gracias a una red de mujeres que unieron ciencia, diseño y financiación. Ese proyecto no solo fue un experimento energético, sino también un ejemplo excepcional de colaboración interdisciplinar liderada por mujeres en la ciencia del siglo XX.

Hoy, el almacenamiento térmico es una pieza clave de la transición energética. No se trata solo de electricidad: gran parte de la energía que consumimos es calor. De hecho, el calor sigue siendo la forma dominante de consumo energético en edificios e industria a nivel global.

Los edificios necesitan calefacción y refrigeración. La industria necesita vapor y procesos térmicos. En todos estos casos, almacenar calor puede ser más eficiente que convertirlo en electricidad y volver a transformarlo. Esta eficiencia directa es una de las razones por las que el almacenamiento térmico está ganando protagonismo en la descarbonización.

Existen hoy materiales avanzados, sales fundidas, cerámicas y compuestos diseñados para almacenar energía térmica durante horas o días. Pero la lógica es la misma que en la Dover Sun House. La diferencia no está en el principio físico, sino en la sofisticación de los materiales y en la ingeniería de los sistemas.

El Departamento de Energía de EE. UU. y la Agencia Internacional de la Energía consideran el almacenamiento térmico una tecnología clave para integrar renovables, estabilizar redes y descarbonizar la industria. Su inclusión en las estrategias energéticas actuales confirma la vigencia de una idea formulada hace más de medio siglo.

En ese sentido, Telkes no solo fue una pionera histórica. Fue una anticipadora conceptual. Su mayor aportación no fue un dispositivo concreto, sino una forma de entender la energía como algo que puede desplazarse en el tiempo.

Mária Telkes murió en 1995. Para entonces, la energía solar ya había cambiado de forma, pero no de problema: seguía siendo intermitente. La intermitencia, lejos de desaparecer, se ha convertido en el núcleo del desafío energético contemporáneo.

Su legado no es una tecnología concreta, sino una idea persistente: la energía no solo debe captarse, también debe conservarse en el tiempo. Esta idea atraviesa hoy toda la investigación en almacenamiento energético, desde baterías hasta sistemas térmicos.

La Dover Sun House no sobrevivió como sistema, pero sí como intuición científica. Demostró que una vivienda puede ser una máquina térmica, que los materiales pueden almacenar calor y que la arquitectura puede ser parte del sistema energético. Fue un experimento imperfecto, pero profundamente fundacional.

Hoy, cuando hablamos de transición energética, seguimos enfrentándonos a la misma pregunta que ella formuló hace más de setenta años:

¿Cómo guardamos el calor del Sol para cuando lo necesitemos?

Su respuesta fue una casa llena de sal, tubos y luz. No era perfecta, pero abrió un camino.

Porque a veces la ciencia no avanza resolviendo problemas, sino imaginando que el verano puede guardarse para el invierno.

Referencias

Sobre la autora

Tamara Cruz Tena es analista de estrategia en CIC energiGUNE.

Sobre el BRTA

Basque Research & Technology Alliance (BRTA) es una alianza que se anticipa a los retos socioeconómicos futuros globales y de Euskadi y que responde a los mismos mediante la investigación y el desarrollo tecnológico, proyectándose internacionalmente. Los centros de BRTA colaboran en la generación de conocimiento y su transferencia a la sociedad e industria vascas para que sean más innovadoras y competitivas. BRTA es una alianza de 17 centros tecnológicos y centros de investigación cooperativa y cuenta con el apoyo del Gobierno Vasco, SPRI y las Diputaciones Forales de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa.

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El objetivo es el conocimiento

7 September 2026 at 09:00
Imagen de fondo: Ada Yonath realizando una prueba de cristalización. UNESCO

La gente siempre habla de las implicaciones y las aplicaciones de un proceso, pero para mí el objetivo es, sencillamente, el conocimiento. El conocimiento puede tener una aplicación práctica hoy, dentro de 20 años o dentro de 500 años. Pregúntale a Newton. Él no sabía que habría investigación espacial basada en su «accidente» con la manzana.

Ada Yonath, cristalógrafa

Fuente de la cita

Ada Yonath Quotes, BrainyQuote

Para saber más

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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Hemos resuelto muchos misterios médicos. ¿Dónde están las curas?

6 September 2026 at 09:00

La Dra. Saloni Dattani es investigadora, escritora, editora, presentadora de podcasts y visualizadora de datos. Entre otros, es cofundadora y editora de la revista Works in Progress centrada en ciencia, salud global e innovación médica. Su formación académica combina ciencias biomédicas, genética, epidemiología y psiquiatría. En 2023, obtuvo su doctorado, con una tesis centrada en las diferencias en el diseño de los estudios y cómo estas pueden influir en los resultados en el campo de la genética psiquiátrica.

En esta conferencia TED2026 (en inglés, con subtítulos en castellano) Saloni Dattani analiza la silenciosa revolución de la innovación médica que ha reducido drásticamente las tasas de mortalidad de enfermedades como las cardíacas y la malaria. También pone de manifiesto los incentivos erróneos que han retrasado durante décadas otros tratamientos que salvan vidas. «Las enfermedades no son una realidad ineludible», afirma. «Son problemas que podemos resolver».

Cuando el progreso se produce de forma gradual, rara vez se considera noticia. Y creo que es un problema. Creo que es parte de la razón por la que la gente no sabe lo importante que ha sido todo esto, la salud pública, las vacunas y todo lo demás, para mejorar la vida de las personas.

Transcripción del vídeo.

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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Piedad Isla, etnóloga

6 September 2026 at 05:00
Piedad Isla. Palencia en la red.

La fotógrafa y etnóloga Piedad Isla (1626-2009) nació un 6 de septiembre.

Documentó la vida de la Montaña Palentina.

Consciente de un modo de vida que se transformaba rápidamente e iba abandonando muchas costumbres, se esforzó por retratar la vida social de su entorno, viajando en una motocicleta.

Durante esos viajes recogía todo tipo de utensilios y mobiliario: en 1980 fundó un Museo Etnográfico en su propio domicilio, en el centro de Cervera de Pisuerga (Palencia). Una parte importante del museo la forma su legado fotográfico, compuesto de más de 200 000 negativos, con una exposición permanente de 300 imágenes.

Más información

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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Marta Sánchez de la Torre: «Me apasiona tratar de conocer por dónde se movieron las comunidades cazadoras-recolectoras paleolíticas»

5 September 2026 at 09:00

Marta Sánchez de la Torre es Doctora en Historia con Mención Internacional por la Universitat de Barcelona (2015) y profesora agregada de Prehistoria en el Departamento de Historia y Arqueología de la Universitat de Barcelona. Es investigadora del grupo SERP y miembro del Institut d’Arqueologia de la Universitat de Barcelona (IAUB).

Su principal línea de investigación se centra en el estudio de la movilidad de las sociedades prehistóricas a través del análisis geoquímico de los materiales líticos y actualmente dirige el proyecto SPEGEOCHERT, financiado por el Consejo Europeo de Investigación a través de las acciones Starting Grant. Ha realizado estancias pre y postdoctorales en centros de investigación de prestigio en Francia, Italia y Canadá.

Desde 2023 es Académica de Número de la Academia Joven de España y en 2025 ha recibido el Premio Nacional de Investigación para Jóvenes “María Moliner” en el área de Humanidades.

Marta Sánchez de la Torre. Fotografía proporcionada por la investigadora.

1. ¿Cuál es tu área de investigación?
Mi área de investigación es la arqueología prehistórica. Y más específicamente, el análisis geoquímico de los materiales líticos para poder comprender mejor la territorialidad y la movilidad de los grupos prehistóricos.

2. ¿Por qué te dedicas a ella?
Porque me apasiona tratar de conocer por dónde se movieron las comunidades cazadoras-recolectoras paleolíticas, cómo interaccionaron con entornos de montaña y cómo lograron adaptarse a condiciones climáticas cambiantes.

3. ¿Has tenido alguna figura de referencia en tu trayectoria?
Sí, he tenido referentes, tanto masculinos como femeninos, que me han inspirado y animado a continuar en un camino que no siempre es sencillo.

4. ¿Qué te gustaría descubrir o solucionar en tu campo?
Me gustaría conocer cuáles fueron las rutas que utilizaron los grupos humanos paleolíticos para cruzar cordilleras montañosas como los Pirineos.

5. ¿Qué consejo darías a quien quiera adentrarse en el mundo de la investigación?
Mi consejo sería que sea constante en el día a día, y que no desista cuando el camino se complique, pues con esfuerzo y constancia logrará alcanzar su objetivo.

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Zofia Szmydt, especialista en ecuaciones diferenciales

11 August 2026 at 09:00

En 1956, la matemática Zofia Szmydt se convirtió en la primera mujer en ganar el prestigioso Premio Stefan Banach otorgado por la Sociedad Matemática Polaca. Su investigación se centró en las áreas de ecuaciones diferenciales, teoría del potencial y teoría de distribuciones.

Zofia Szmydt. Fuente: Wikimedia Commons.

Zofia Szmydt nació el 29 de julio de 1923 en Varsovia (Polonia). Su madre, Zofia Wanda Gąsiorowska, era doctora en filología, investigadora y docente en la Universidad de Varsovia. Su padre, Józef Konstanty Szmydt, tenía estudios superiores y trabajaba como agricultor. Zofia tenía una hermana mayor, Maria Danuta.

Aprendiendo en la Universidad clandestina de Varsovia

Tras su educación primaria, Zofia asistió a una escuela secundaria antes de completar su educación en la Escuela preparatoria para niñas Cecylia Plater-Zyberkówna en Varsovia. Allí estudiaba cuando Alemania invadió Polonia en septiembre de 1939 y comenzó la Segunda Guerra Mundial. Las fuerzas alemanas de ocupación actuaron rápidamente para limitar la educación de la población polaca: se cerraron todas las instituciones secundarias, universitarias y profesionales, permitiendo únicamente una educación primaria muy restringida. Estas escuelas buscaban una instrucción elemental para formar obreros manuales (aprender a contar hasta 500, escribir el propio nombre, ser laborioso y obedecer a los alemanes, entre otros elementos de esta escasa formación), eliminando materias como la geografía, la historia o la lectura.

Como respuesta a estas restricciones, muchos profesores polacos organizaron cursos y exámenes clandestinos: Zofia aprobó el examen de acceso a la universidad en matemáticas y física en 1940. Aunque las fuerzas alemanas de ocupación habían cerrado la Universidad de Varsovia para convertir sus edificios en un cuartel, se continuaron impartiendo clases en secreto utilizando casas particulares y edificios religiosos. Gracias a este sistema universitario clandestino, Zofia consiguió una cuidada educación científica. De hecho, su propia madre fue una de esas profesoras que arriesgaron su vida para continuar formando a la juventud de su país.

De Varsovia a Cracovia

El 1 de agosto de 1944 comenzó el Levantamiento de Varsovia. Tras dos meses de batalla, la mayor parte de la ciudad quedó destruida y las fuerzas alemanas se ensañaron con la población civil. La familia de Zofia perdió sus propiedades y, tras la rendición de la resistencia polaca, los alemanes enviaron a la familia Szmydt (junto con muchas otras familias polacas supervivientes) a Cracovia.

El 17 de enero de 1945, las tropas alemanas abandonaron Cracovia y, dos días después, las fuerzas soviéticas entraron en la ciudad. La Universidad Jaguelónica reabrió sus puertas en marzo de 1945. Zofia se matriculó en la carrera de matemáticas; como ya contaba con una buena formación científica de la Universidad clandestina de Varsovia, pronto estuvo en condiciones de presentarse a los exámenes en Cracovia.

Obtuvo su diploma de Maestría en marzo de 1946, tras ser nombrada asistente sénior en la Facultad de Matemáticas y Ciencias Naturales de la Universidad Jaguelónica el 1 de enero de ese mismo año.

A finales de 1948, el gobierno polaco fundó el Instituto Estatal de Matemáticas (el actual Instituto de Matemáticas de la Academia Polaca de Ciencias) con Wacław Sierpiński (1882-1969) como director. Como en otras ciudades polacas, Cracovia consiguió una delegación: en marzo de 1949, Zofia Szmydt fue nombrada asistente sénior en el Departamento de Ecuaciones Diferenciales del Instituto Estatal de Matemáticas (conservando su puesto en la universidad).

Durante esa época también comenzó su trabajo de tesis doctoral bajo la dirección de Tadeusz Ważewski (1896-1972). Obtuvo su título de doctora en diciembre de 1949 con un trabajo sobre ecuaciones en derivadas parciales.

Contribuciones científicas

Zofia Szmydt fue autora o coautora de casi 60 publicaciones científicas y dirigió tres tesis doctorales.

En 1972 publicó el libro de texto Transformacja Fouriera i równania różniczkowe liniowe (traducido al inglés en 1977 bajo el título de Fourier Transformation and Linear Differential Equations); fue el primero sobre el tema en publicarse en polaco. En este manual, Zofia Szmydt presentaba los fundamentos de la teoría de ecuaciones en derivadas parciales, con especial énfasis en las distribuciones en problemas límite de las ecuaciones clásicas (la ecuación del calor, la ecuación de Schrödinger, la ecuación de Laplace y la ecuación de Poisson).

Una matemática premiada

En 1956, Zofia Szmydt recibió el Premio Stefan Banach de la Sociedad Matemática Polaca por su investigación sobre métodos topológicos para ecuaciones diferenciales no lineales ordinarias; fue la primera mujer en conseguirlo.

En 1958, obtuvo su habilitación, una cualificación postdoctoral adicional necesaria para impartir clases como profesora titular.

Los padres de Zofia habían regresado a Varsovia en febrero de 1945. La madre de Zofia fue nombrada catedrática en la Universidad de Varsovia; su padre falleció en 1960. En 1971, la salud de su madre se deterioró y Zofia solicitó al Instituto de Matemáticas que le permitiera trasladarse de la sede de Cracovia a la de Varsovia para poder cuidarla. Zofia Szmydt siguió viviendo en Varsovia tras el fallecimiento de su madre.

El 24 de septiembre de 1973, Szmydt recibió la Cruz de Comendadora de la Orden Polonia Restituta en reconocimiento a su labor docente y por la publicación del libro de texto Fourier Transformation and Linear Differential Equations.

Falleció el 6 de noviembre de 2010.

Referencias

  • John J. O’Connor and Edmund F. Robertson, Zofia Szmydt. MacTutor History of Mathematics archive, University of St Andrews
  • Zofia Szmydt, Giants of Science
  • Zofia Szmydt, Wikipedia

Sobre el artículo original

El artículo Zofia Szmydt, especialista en ecuaciones diferenciales se publicó en el blog Cuaderno de Cultura Científica el 29 de julio de 2026.

Sobre la autora

Marta Macho Stadler es doctora en matemáticas, profesora del Departamento de Matemáticas de la EHU y colaboradora en la Cátedra de Cultura Científica de la EHU.

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Longevidad humana

10 August 2026 at 09:00
Imagen de fondo: Wikimedia Commons.

Priorizar la biología femenina no es un área especializada ni un nicho dentro de la investigación sobre la longevidad. Es una oportunidad estratégica para descifrar mecanismos que la evolución ya ha perfeccionado para preservar la vida bajo condiciones de máximo estrés biológico, lo que nos ofrecerá herramientas para extender la etapa de vida saludable tanto en mujeres como en hombres.

Pankaj Kapahi, investigador en envejecimiento

Fuente de la cita

Antonio Villarreal, La biología femenina es la clave olvidada para comprender la longevidad humana, SINC, 6 agosto 2026

Para saber más

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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La célula humana es tremendamente compleja. ¿Podrá la IA descifrarla?

9 August 2026 at 09:00

La Dra. Silvana Konermann es bioingeniera y neurocientífica. Profesora adjunta de bioquímica en la Universidad de Stanford, es cofundadora de Arc Institute, una organización de investigación sin ánimo de lucro que busca acelerar el progreso científico, comprender las causas profundas de las enfermedades complejas y reducir la brecha entre los descubrimientos y su impacto en los pacientes.

Su laboratorio de investigación se centra en comprender (mediante genómica funcional de última generación) las vías moleculares que impulsan el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer, con el objetivo a largo plazo de desarrollar terapias dirigidas de forma racional para los trastornos neurodegenerativos.

En esta conversación TED2026 (en inglés, con subtítulos en castellano) Silvana Konermann explica a Chris Anderson cómo su equipo del Arc Institute está intentando resolver uno de los problemas más difíciles de la ciencia: por qué enfermedades complejas (como el Alzheimer o el cáncer) siguen siendo tan difíciles de curar. Propone como solución una «célula virtual» universal, es decir, un modelo de IA entrenado con mil millones de experimentos biológicos que podría interpretar el lenguaje de las células humanas, predecir qué falla y revelar cómo solucionarlo.

Queremos crear un modelo predictivo, un modelo dinámico, capaz de predecir cambios en la célula. 

Transcripción del vídeo.

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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Seis problemas que la ciencia no puede resolver

8 August 2026 at 09:00

Título: Seis problemas que la ciencia no puede resolver
Autora: Sonia Contera
Editorial: Arpa Editores
Páginas: 280
Fecha de publicación: 2025
ISBN: 979-13-87833-09-1

Información editorial

La ciencia ha transformado nuestra vida más allá de lo imaginable. Nos ha llevado al espacio, ha descifrado el genoma humano y ha creado máquinas que aprenden. Pero, en su núcleo, persisten misterios que ningún avance ha conseguido despejar.

Sonia Contera, catedrática de Física en Oxford y una de las científicas más influyentes del panorama internacional, nos invita a explorar esas fronteras del conocimiento donde las ecuaciones se detienen y comienza el asombro. Desde los enigmas de la física cuántica, el origen de la vida y el misterio del envejecimiento, hasta los retos de la inteligencia artificial y la conciencia, Contera revela cómo cada intento de respuesta ha cambiado nuestra forma de entender el universo… y a nosotros mismos.

Un viaje fascinante y accesible por los desafíos más profundos de la ciencia contemporánea y por las preguntas que seguirán marcando el futuro de la humanidad.

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Evolución histórica del «efecto Matilda»

7 August 2026 at 09:00

El «efecto Matilda» es un sesgo que impide reconocer los logros de las científicas e inventoras, cuyo trabajo se atribuye a sus colegas masculinos. Este fenómeno fue descrito por primera vez por la sufragista y abolicionista Matilda Joslyn Gage en su ensayo (publicado como folleto en 1870 y posteriormente, en 1883, en la North American Review) La mujer como inventora. El término «efecto Matilda» fue acuñado en 1993 por la historiadora de la ciencia Margaret W. Rossiter. En 2021, la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) lanzó la exitosa campaña #NoMoreMatildas que buscaba denunciar las consecuencias de este tipo de discriminación.

«Efecto Matilda». Wikimedia Commons.

Recientemente el arqueobotánico Felix Bittmann y el sociólogo de la ciencia Lutz Bornmann han publicado en el repositorio arXiv el artículo titulado Female participation in science in the past 125 years: An analysis of the Matilda effect over time; en él estudian la evolución histórica de la participación femenina en la ciencia y la prevalencia del «efecto Matilda» a lo largo de los últimos 125 años.

Para realizar este estudio, utilizando la base de datos OpenAlex, han analizado más de 220 millones de artículos publicados entre los años 1900 y 2025, determinando el género binario de aproximadamente 60 millones de autores mediante una combinación de enfoques determinísticos y modelos de lenguaje a gran escala (LLM).

En el resumen del artículo explican: «Para cuantificar esta falta de reconocimiento, calculamos la relación entre la proporción total de autoras y la de autoras correspondientes. Como la autoría correspondiente denota el liderazgo intelectual y el mérito académico principal, la exclusión sistemática de este rol mide directamente el «efecto Matilda»».

Resultados obtenidos

Los autores explican que, durante la mayor parte del siglo XX, «la relación entre la proporción de participación femenina y la de autoras correspondientes se mantuvo por encima de 1, lo que confirma un «efecto Matilda» histórico en el que las mujeres están sistemáticamente infrarrepresentadas en puestos de liderazgo en relación con su participación global».

En el estudio se indica que esta proporción se sitúa en torno a 1,005 hasta la década de 1990; es decir, hasta ese momento (en media) había 5 autores correspondientes masculinos más de lo que cabría esperar por cada 1000 publicaciones, teniendo en cuenta la proporción de autoras. «Esto significa que las mujeres se veían en desventaja por partida doble: mientras que había muchas menos autoras científicas en general (solo en torno al 25 % a nivel mundial hasta la década de 1990), estas pocas autoras tenían aún menos posibilidades de ocupar un puesto de liderazgo».

El análisis realizado revela que, en las últimas dos décadas, esta tendencia ha cambiado: la participación femenina global aumentó de aproximadamente el 10 % en la década de 1910 a más del 40 % en los últimos años. Los autores explican que este crecimiento fue lento e irregular entre 1910 y 1960, pero se aceleró significativamente a partir de entonces. Las irregularidades a las que aluden se observan durante las guerras mundiales, en las que las mujeres ocuparon temporalmente puestos de investigación que habían dejado los hombres, seguidas de retrocesos temporales durante la desmovilización de la posguerra, cuando los hombres recuperaron sus puestos tras regresar de el frente.

Los autores afirman: «Si actualmente existiera un «efecto Matilda» pronunciado, cabría esperar una divergencia sustancial entre las dos trayectorias (proporción de mujeres entre los autores y proporción de mujeres entre los autores correspondientes). En cambio, la convergencia indica que esta manifestación específica del efecto ha disminuido en las publicaciones académicas. Hoy en día, las mujeres están ligeramente sobrerrepresentadas entre los autores correspondientes, en relación con la proporción global de mujeres que son autoras. Sin embargo, dado que el tamaño total del efecto es muy cercano a uno, según nuestros datos, parece que las influencias de género en los puestos de liderazgo están casi equilibradas en la actualidad. Esto es válido para todas las disciplinas y casi todas las regiones del mundo».

El análisis muestra que existen excepciones notables a estas tendencias generales. Por ejemplo, las ciencias físicas presentan de forma persistente la proporción más baja de autoras, «lo que puede reflejar factores institucionales, estereotipos históricos o un menor interés medio». Sin embargo, las ciencias de la salud se acercan a la paridad de género. A nivel geográfico, varios países asiáticos (entre ellos India, China, Japón y Corea del Sur) muestran tasas de participación femenina un 10 % inferiores a las de otras regiones, «lo que probablemente refleja tradiciones culturales y entornos académicos distintos». Sin embargo, en América Latina se acercan a la paridad de género.

Limitaciones del estudio

En el análisis final del artículo, los autores advierten que la interpretación de los resultados de este estudio puede tener limitaciones debido a diferentes factores que se citan a continuación.

En primer lugar, aunque OpenAlex ofrece una cobertura exhaustiva, ninguna base de datos es completa.

Un segundo factor a tener en cuenta es que la clasificación por género está condicionada por la falta de información, sobre todo cuando solo se dispone de las iniciales de autoras o autores.

En tercer lugar, una perspectiva exclusivamente bibliométrica proporciona una visión limitada de una realidad demasiado compleja. Como explican los autores, «los indicadores cuantitativos solo reflejan una parte de la producción investigadora total, especialmente en disciplinas como las ciencias sociales cualitativas, las humanidades y la ingeniería, en las que los artículos de revistas especializadas no son el único vehículo del conocimiento científico».

Por último, las publicaciones varían considerablemente en cuanto a su calidad instrínseca y su relevancia científica; así, los simples recuentos no representan completamente el peso de la investigación.

Los propios autores comentan que la bibliografía general proporciona un contexto para estas observaciones, y destaca que las vulnerabilidades estructurales (como las responsabilidades de cuidado o
los obstáculos en el avance profesional) siguen alejando a las mujeres de la itinerario académico y reduciendo la duración de su carrera investigadora.

Referencia

Felix Bittmann and Lutz Bornmann, Female participation in science in the past 125 years: An analysis of the Matilda effect over time, arXiv:2607.15059, 16 julio 2026

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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Mary Elvira Weeks, la científica que humanizó la historia de la química

6 August 2026 at 09:00
Mary Elvira Weeks. Springer.

La química estadounidense Mary Elvira Weeks (1892-1975) se especializó en Historia de la Ciencia y con su obra Discovery of the Elements transformó la manera en que entendemos el origen de los elementos químicos.

Mary Elvira Weeks nació el 10 de abril de 1892 en Lyons, Wisconsin, EE. UU, en el seno de una familia con vocación intelectual. Desde joven mostró interés por las ciencias, y obtuvo una licenciatura en el Ripon College en 1913. Apenas un año después, completó una maestría en la Universidad de Wisconsin-Madison, donde trabajó con Joseph Howard Mathews, pionero de la fotoquímica en Estados Unidos. Durante los siguientes siete años, Weeks se desempeñó como profesora de secundaria y técnica en la industria química, antes de dar el salto definitivo a la academia.

Pionera en la Universidad de Kansas

En 1921, se incorporó a la Universidad de Kansas como profesora ayudante de análisis cuantitativo, al tiempo que continuaba sus estudios de posgrado. Su llegada coincidió con un periodo difícil para las mujeres en el mercado laboral, ya que muchas estaban siendo desplazadas por veteranos que regresaban de la Primera Guerra Mundial. A pesar de estas presiones, Weeks perseveró bajo la tutela de Hamilton P. Cady, y fue la primera mujer en recibir un doctorado en química por la Universidad de Kansas en 1927. Su tesis doctoral versó sobre el papel de la concentración de iones de hidrógeno en la precipitación de calcio y magnesio.

Durante más de dos décadas, Weeks impartió docencia en química física y química analítica, disciplinas que exigían un elevado dominio experimental y matemático. Aunque publicó algunos artículos científicos en estas disciplinas, la elevada carga docente limitaba el tiempo que podía dedicar a la investigación de laboratorio. Poco a poco, la científica se sintió atraída por un área menos competitiva y más acorde con sus intereses humanísticos: la historia de la química. Mientras preparaba clases y materiales para sus estudiantes, comenzó a recopilar información sobre las personas y los caminos que habían conducido al descubrimiento de los diferentes elementos químicos. Aquella inquietud acabaría transformándose en el proyecto intelectual que marcaría su carrera.

Contar la historia de los elementos para entender la ciencia

Entre 1932 y 1933, Weeks publicó una serie de 21 artículos en el Journal of Chemical Education sobre el descubrimiento de los elementos. Debido a la enorme demanda de reimpresiones, estos artículos se recopilaron en 1933 en el libro Discovery of the Elements, obra que hoy se considera un clásico de la literatura química.

Página de Discovery of the Elements.

Weeks creó, por primera vez, una narración que explicaba de forma ordenada cómo había evolucionado el conocimiento sobre los elementos químicos a lo largo de la historia. Construyó su relato con un extraordinario rigor documental –podía leer alemán, francés, italiano, español, sueco, ruso y japonés, lo que le permitió acceder a fuentes primarias globales–. El éxito del libro se debió en gran parte a su capacidad para combinar datos científicos con detalles de las controversias y los errores que acompañaron a cada descubrimiento. El resultado fue una obra que muestra la ciencia como un proceso colectivo, lleno de avances graduales, rectificaciones y colaboraciones entre personal científico de distintos países. Lejos de presentar los descubrimientos como una sucesión de genialidades individuales, Weeks explica cómo cada generación se apoyó en el trabajo de la anterior para avanzar un poco más en la comprensión de la materia.

El libro tuvo un éxito enorme. Para 1968, había alcanzado su séptima edición y había sido traducido a varios idiomas –la propia Weeks participó activamente en las traducciones–. Con el tiempo se convertiría en uno de los textos de química más leídos del mundo.

Nueva etapa dedicada a preservar el conocimiento científico

En 1944, tras veintidós años en Kansas y sin haber alcanzado el rango de profesora titular, Weeks decidió trasladarse a Detroit para iniciar una nueva etapa profesional en la Biblioteca Científica Kresge-Hooker de la Universidad Estatal Wayne. Allí trabajó como investigadora asociada de literatura científica y jefa del departamento de traducción, un entorno que le permitió explotar al máximo su amor por los libros y los idiomas. Con su trabajo facilitaba el acceso de investigadores estadounidenses a conocimiento generado en otras partes del mundo, una responsabilidad especialmente importante en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando gran parte de la literatura científica más relevante se publicaba en lenguas distintas al inglés.

Paralelamente continuó desarrollando su faceta como historiadora de la química. Durante este periodo asumió otro reto: completar la historia de la Sociedad Estadounidense de Química (ACS, por sus siglas en inglés). El proyecto editorial había sido iniciado por Charles A. Browne pero, tras la muerte de este en 1947, Weeks asumió la responsabilidad de completarlo, para lo cual tuvo que escribir la mayoría de los capítulos restantes. A History of the American Chemical Society: Seventy-five Eventful Years se publicó en 1952 y fue un trabajo elogiado por evitar los escollos habituales de las obras por encargo.

Reconocimiento y legado

El reconocimiento formal a su carrera llegó en 1967, cuando la ACS le otorgó el prestigioso Premio Dexter a logros sobresalientes en la historia de la química. Fiel a su naturaleza humilde y retraída, Weeks expresó sentirse indigna del galardón y sugirió que se entregara a alguien más joven, aunque finalmente lo aceptó ante la insistencia de sus colegas.

Mary Elvira Weeks falleció el 20 de junio de 1975 en Detroit, a los 83 años. El legado de esta química no reside en sus descubrimientos de laboratorio, sino en su labor como historiadora, gracias a la cual construyó un relato necesario para humanizar la ciencia.

Referencias

Sobre la autora

Edurne Gaston Estanga es doctora en ciencia y tecnología de los alimentos. Actualmente se dedica a la gestión de proyectos en organizaciones que fomentan la difusión del conocimiento de la ciencia y la tecnología.

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Igual salario para trabajos similares: una política con efectos inesperados

5 August 2026 at 09:00

En las últimas décadas, la reducción de las desigualdades salariales, especialmente aquellas asociadas al género, ha motivado diversas políticas públicas. Muchas legislaciones se han basado en el principio de que dos personas que realizan la misma labor deben recibir el mismo pago. En particular, este principio implica que una mujer y un hombre que realizan el mismo trabajo deben recibir el mismo salario. Sin embargo, en la práctica es difícil encontrar trabajos exactamente idénticos. Por ello, se suele utilizar una variante más flexible que aboga por la igualdad salarial para trabajos “similares”.

Imagen: klimkin, Pixabay.

Por otro lado, las empresas no son agentes pasivos, sino que responden a las reglas que deben cumplir. Las políticas de igualdad salarial buscan corregir las diferencias salariales, pero su impacto real depende de cómo reaccionen las empresas.

¿Puede una ley diseñada para reducir la brecha salarial terminar aumentándola? Aunque parezca contradictorio, un reciente estudio muestra que este efecto puede producirse cuando las empresas toman ciertas decisiones para adaptarse a la nueva regulación.

El artículo “Equal Pay for Similar Work”, de Diego Gentile Passaro, Fuhito Kojima y Bobak Pakzad-Hurson analiza lo que ocurrió tras la implementación de una política de “igualdad salarial para trabajos similares» en Chile en 2009. Aunque se trata de un caso particular, su estudio puede dar pistas de las consecuencias que dicha política ha tenido o puede tener en otros países.

Qué ocurrió en Chile

A diferencia de normas anteriores, que exigían igualdad únicamente cuando dos personas realizaban exactamente el mismo trabajo, la ley chilena de 2009 amplió el criterio a tareas similares, haciendo mucho más difícil justificar diferencias salariales entre hombres y mujeres.

Esta reforma ofrece una oportunidad excepcional para estudiar qué ocurre cuando una medida de este tipo entra en vigor. Además, la ley solo afectaba a las empresas por encima de 10 personas con contratos de largo plazo. Ello permitió a los investigadores comparar la evolución de empresas similares; más exactamente, aquellas que contrataban entre 10 y 13 personas con las que contrataban entre 6 y 9 personas y que no estaban sujetas a la nueva regulación. Este tipo de comparación constituye uno de los métodos más sólidos para estimar el efecto causal de una política pública.

La reacción de las empresas

Las empresas no permanecieron pasivas ante la nueva legislación. Adaptaron su organización para reducir las restricciones que la ley imponía sobre su política salarial. En concreto, muchas empresas segregaron por género, es decir, pasaron a emplear solo hombres o solo mujeres. Para evitar pagar a las mujeres lo mismo que a los hombres, algunas empresas eligieron reemplazar mujeres por hombres, si las mujeres eran muy minoritarias. De la misma manera, si la mayoría de la fuerza laboral eran mujeres, aumentarles el sueldo era muy caro, por lo que hubo una reorganización en la que muchas empresas acabaron contratando solo mujeres (y otras, solo hombres).

Dada la reacción de las empresas, el efecto de la ley sobre la brecha salarial fue diferente en función del grupo mayoritario en cada mercado laboral local. En aquellos sectores y zonas donde predominaban los hombres, la nueva regulación terminó aumentando la diferencia salarial a favor de ellos, ya que las pocas mujeres que trabajaban en puestos mejor pagados fueron substituidas por hombres.

En los mercados donde las mujeres constituían la mayoría, ocurrió el efecto contrario. Sin embargo, la mayor parte del empleo chileno se concentraba en mercados laborales con mayoría masculina. Por ello, el efecto agregado fue un aumento de la brecha salarial favorable a los hombres, exactamente lo contrario de lo que pretendía la política.

¿Significa esto que las políticas de igualdad salarial no funcionan?

Sería un error extraer esa conclusión. El estudio analiza una política muy concreta, un contexto institucional determinado y un tipo de empresas. Sus resultados no implican que todas las medidas destinadas a reducir las desigualdades salariales estén condenadas al fracaso.

Lo que sí muestran es algo fundamental: las personas y las empresas responden a los incentivos. Cuando una regulación modifica las reglas del juego, los agentes adaptan su comportamiento. Por ello, para evaluar una política pública no basta con analizar sus objetivos; también es necesario estudiar las respuestas que provoca.

Referencia

Gentile Passaro, Diego, Fuhito Kojima, and Bobak Pakzad-Hurson. “Equal Pay for Similar Work”. American Economic Review 116.3 (2026): 977-1013

Sobre el autor

David Pérez Castrillo es doctor en Economía y profesor emérito de la Barcelona School of Economics.

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Kadambini Ganguly: la doctora que cambió conciencias en la India

4 August 2026 at 09:00

La historia de la médica india Kadambini Ganguly está jalonada de hitos profesionales y sociales en un país en el que las mujeres, también las de casta alta, a la que pertenecía su familia, estaban sometidas a las presiones patriarcales y a severas restricciones que las aislaban del mundo y las constreñían al ámbito familiar. No fue su caso. Ganguly se convirtió en la primera en la India en ejercer la medicina occidental como profesional, tras ser también pionera en conseguir titularse para ello. Llegó a ser la médica oficial de la Reina de Nepal y, además, una gran reformadora social. En su camino, como el de otras muchas, se encontró con piedras que tuvo que saltar en un mundo colonial que estaba organizado por estrictas clases sociales, hasta convertirse en un referente de la lucha por la igualdad cuando aún se consideraba una quimera.

Kadambini Ganguly. Wikimedia Commons.

Kadambini Bose, su apellido de nacimiento, vino al mundo el 18 de julio de 1861 en la ciudad de Bhagalpur, en el estado de Bengala (hoy Bihar). Su padre era director de la escuela de la localidad y, junto a Abhay Charan Mallick, había iniciado un adelantado movimiento por la emancipación de las mujeres, creando en 1863 la primera organización femenina india. Fue él quien la matriculó en sus primeros años en una institución educativa progresista de su municipio para que pudiera recibir su formación en inglés. Esos valores progresistas que vivió desde la infancia marcarían su vida.

Tras licenciarse en Artes en el Bethune College, asociado a la Universidad de Calcuta, donde con Chandramukhi Basu fueron las primeras graduadas de todo el Imperio Británico, Kadambini decidió estudiar medicina, obteniendo con 25 años su título de Graduada en el College Médico de Bengala (GBMC). Para entonces se había casado con Dwarkanath Ganguly, un viudo 17 años mayor que ella que era un ferviente defensor de la emancipación femenina y se convirtió en su mejor aliado. De hecho, fue él quien amenazó con denunciar públicamente al Calcutta Medical College porque en un principio se negó a admitirla por ser mujer. Al final tuvieron que dar su brazo a torcer, pero eso no impidió que la joven se encontrara con un ambiente hostil de profesores y alumnos, hasta el punto que uno de sus docentes la reprobó en una de las materias claves de la carrera. Aun así, logró un nuevo hito al conseguir el título y ser la primera en la India a la que se le permitió ejercer la medicina occidental.

La olvidada salud de las mujeres, su prioridad

No tardó en iniciar su carrera profesional. Para 1888, por un sueldo de 300 rupias, logró trabajo en el Hospital Lady Dufferin, lo que fue otro reto: en aquel lugar, fundado por la Marquesa de Dufferin, solo trabajaban mujeres europeas. Tuvo que intervenir la pionera de la enfermería moderna, la británica Florence Nightingale, que conocía su brillante expediente, para que le dieran un puesto como “asistente médica”, y por tanto sin responsabilidad. Y es que para sus colegas británicas era una profesional inferior por tener un título indio, una discriminación que Kadambini denunció públicamente en medios locales por ser racista, aunque con escaso éxito.

Pese a estos problemas, solo un año después, tanto su trabajo como su defensa de la atención a la salud de las mujeres había trascendido y en 1889 se la eligió como una de las seis delegadas de toda la India que acudirían a la 5ª Sesión del Congreso Nacional Indio, el órgano que promovía la independencia de los británicos. Repitió al año siguiente, siendo la primera mujer en poder hablar en un podio político. Como es de imaginar, aquella visibilidad no era bien vista socialmente. En 1891, una revista conservadora publicó un artículo satírico donde se la insultaba y calificaba de «cortesana» (es decir, de moralidad depravada) por trabajar fuera del hogar. Kadambini no se amilanó: puso una demanda por difamación y ganó un juicio que condenó al editor a seis meses de prisión.

Visto que la institucionalidad británica no la iba a dejar prosperar, y deseosa de una mayor especialización en ginecología y obstetricia, en 1892 decidió viajar sola hasta el Reino Unido, dejando temporalmente a sus hijos con su esposo. Y, por cierto, tuvo ocho hijos, dos de ellos del matrimonio anterior de él. Fue una estancia en Edimburgo que aprovechó al máximo: allí obtuvo el prestigioso «Triple Diploma» en medicina, cirugía y ginecología. A su regreso a la India, ya como una de las profesionales más cualificadas del continente asiático, fundó su propio centro privado de medicina, desde el que realizó importantes contribuciones al campo de la salud femenina, abordando problemas médicos que tradicionalmente se habían pasado por alto debido a los tabúes sociales que la rodeaban. Tan alto llegó a ser su prestigio profesional que en 1895 la familia real de Nepal la contrató para que viajara al país del Himalaya y tratara de una grave enfermedad a la Reina Madre, lo que logró con éxito.

Pero todo este trabajo en el ámbito de la medicina no le bastó. También se implicó activamente en la lucha por la igualdad y los derechos de las mujeres. La doctora Ganguly, como se la conocía, gran defensora de la reforma social, se implicó en el movimiento Brahmo Samaj, que buscaba modernizar la sociedad hindú y promovía la abolición del matrimonio infantil, la dote, la opresión de las viudas y la educación de las mujeres. Para ella, era fundamental formar a las niñas para que tuvieran una posibilidad de empoderamiento. De hecho, también formó parte de la Asociación de Mujeres de Bengala, muy centrada en este objetivo. Además, fue la primera presidenta de la Asociación India de Transvaal, fundada por el Henry Polak, gran colega de Gandhi, así como miembro de la Conferencia de Mujeres celebrada en Calcuta en 1907. La lucha por la independencia y la igualdad eran un todo para ella.

Para poder organizar su trabajo, su hogar y su activismo social y político, cuentan sus biografías que Kakambini tenía su rutina diaria meticulosamente planeada. Ella se encargaba personalmente de las tareas domésticas y de la educación de sus hijos antes de salir a trabajar al hospital. Esa educación progresista, que compartía con su esposo, dio sus frutos: su hija Jyotirmayee Ganguly fue una reconocida luchadora por la libertad y su  hijastra se casó con el escritor Upendrakishore Ray Chowdhury, abuelo del famoso cineasta Satyajit Ray. En general, todos sus hijos e hijas pasaron a formar parte de la élite intelectual del país.

Los últimos años de su vida estuvieron marcados por problemas de salud, sobre todo una hipertensión crónica. Pese a ello, ni quería jubilarse ni reducir su carga de trabajo. En 1922, ya con su salud muy frágil, hizo un complejo viaje a Bihar y Odisha para inspeccionar las deplorables condiciones en las que vivían las mujeres en las minas de carbón. También seguía liderando campañas en aras de mejorar la salud femenina.

Finalmente, su cuerpo dijo basta en 3 de octubre de 1923, cuando tenía 62 años. A las pocas horas de realizar una operación muy complicada con éxito, sufrió un derrame cerebral que le causó un colapso fulminante.

Kadambini Ganguly. Google Doodles.

El historiador estadounidense David Kopf señala que la doctora Ganguly «fue la mujer Brahmo más liberada de su tiempo», una figura singular incluso entre las mujeres emancipadas de la sociedad bengalí contemporánea. Su figura es recordada y reconocida en toda la India, hasta el punto que se han hecho dos series en televisión sobre su vida en 2020. El 18 de julio de 2021 también Google le rindió homenaje: celebró el 160 aniversario de su nacimiento con un doodle en su página en India.

Referencias

Sobre la autora

Rosa M. Tristán es periodista especializada en la divulgación científica y ambiental desde hace más de 20 años. Colabora de forma habitual en diferentes medios de prensa y radio de difusión nacional.

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Sopa de letras con efemérides de agosto

2 August 2026 at 09:00

Hoy te proponemos una sopa de letras en la que aparecen escondidos los apellidos de diez científicas que han nacido en el mes de agosto. De todas ellas hemos hablado en el blog (¡busca sus nombres usando las pistas!). Los apellidos pueden estar escritos en horizontal, en vertical o en diagonal (en cualquier dirección y sentido).

Generado desde puzzel.

Para facilitar la tarea, vamos a darte una pista sobre cada una de estas científicas, y mostrarte una imagen de cada una de ellas, aunque no están dispuestas necesariamente en el mismo orden.

Sobre las científicas

  1. Esta astrogeóloga eligió en 1969 el lugar en el que debía alunizar el Apolo 11.
  2. El trabajo de esta viróloga fue clave en la cadena de investigación hacia una vacuna contra la poliomielitis, que finalizó en 1955 con la aprobación de la vacuna de Jonas Salk.
  3. Fue una de las personas que lideró el esfuerzo criptoanalítico contra el contrabando internacional y el narcotráfico por radio y mensajes codificados.
  4. Esta matemática es conocida por su gran precisión en la navegación astronómica. Calculó la trayectoria para el Proyecto Mercury (1961) y para el vuelo del Apolo 11 (1969).
  5.  La investigación de esta ictióloga se centró en el análisis del impacto de contaminantes sobre la vida marina y el agua potable a través del análisis de huevos de peces fertilizados.
  6. Fue una pionera en el estudio de la arquitectura de ordenadores en Francia.
  7. Esta arqueóloga jugó un papel clave en la comprensión de los jeroglíficos hititas al descubrir una tableta con alfabeto fenicio.
  8.  Esta bioquímica fue la persona encargada de coordinar la comisión creada por el Gobierno Español para la resolución del problema del síndrome del aceite tóxico (1981).
  9.  Esta astrónoma fue una pionera en espectroscopia, publicando el «Atlas of Representative Stellar Spectra» (1899).
  10.  El trabajo de esta patóloga incluyó estudios sobre infecciones por virus y la vacunación preventiva contra la fiebre tifoidea en los soldados.
Las diez científicas (imágenes extraídas del blog).

Por si no has identificado a alguna de ellas, en este enlace puedes ver la solución.

Sobre la autora

Marta Macho Stadler es doctora en matemáticas, profesora del Departamento de Matemáticas de la EHU y colaboradora en Cátedra de Cultura Científica de la EHU.

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De parteras a profesoras de partos

1 August 2026 at 09:00

Título: De parteras a profesoras de partos. Abecedario de las primeras alumnas de la Facultad de Medicina de Granada
Autora: Enriqueta Barranco Castillo
Editorial: Universidad de Granada
Páginas: 276
Fecha de publicación: 2025
ISBN: 978-84-338-7530-3

Información editorial

En esta obra se detalla la evolución de la profesión de parteras a matronas y profesoras en partos en Granada durante el siglo XIX. Se enfoca en la formación académica de las primeras mujeres que asistieron a la Facultad de Medicina de Granada, destacando sus desafíos y logros. La profesión de partera se transformó significativamente en el siglo XIX, pasando de ser una práctica empírica a una formación académica formal en la Facultad de Medicina de Granada. Las primeras mujeres que asistieron a la Facultad de Medicina de Granada enfrentaron numerosos desafíos, incluyendo la necesidad de contar con la autorización marital y superar prejuicios sociales. La formación académica fue crucial para profesionalizar la práctica de las matronas, permitiéndoles adquirir conocimientos teóricos y prácticos necesarios para asistir partos de manera segura. Las matronas enfrentaron desafíos administrativos y legislativos, como la necesidad de legalizar su documentación y pagar tasas elevadas para obtener sus títulos. Algunos médicos y cirujanos jugaron un papel importante en la formación de las matronas, apoyando su educación y contribuyendo a mejorar la salud materno-infantil. La universidad libre de Córdoba tuvo un impacto temporal en la formación de matronas, permitiendo a algunas mujeres obtener su título antes de su cierre en 1874. La legislación sobre la enseñanza de matronas evolucionó, estableciendo requisitos como la necesidad de tener más de 20 años, estar casadas o viudas, y contar con la licencia de sus maridos. En la obra se describe un abecedario detallado de las primeras alumnas de la Facultad de Medicina de Granada, con información sobre sus vidas y carreras. La investigación se basó en el archivo de la universidad de Granada, la diputación provincial y el archivo general de la administración. Se resalta la importancia de reconocer el esfuerzo y la dedicación de las matronas, quienes contribuyeron significativamente a la seguridad de las mujeres en el momento de alumbrar a sus hijas e hijos.

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El ‘pensamiento crítico’ está de moda: ¿qué significa realmente y cómo se enseña?

31 July 2026 at 09:00

 

Sara Kells, IE University

MalikNalik/Shutterstock.

En cualquier debate o reflexión acerca del impacto de la inteligencia artificial en la educación e inteligencia se acaba hablando de pensamiento crítico. Esta tecnología está cambiando la forma en que los alumnos aprenden y en que los docentes evalúan el aprendizaje, y ante esta transformación, el pensamiento crítico se presenta a menudo como la respuesta pedagógica adecuada.

Pero a medida que la IA cambia la forma en que aprendemos y enseñamos, es fácil pasar por alto una cuestión crucial: ¿qué significa realmente el pensamiento crítico en el mundo actual?

Existe un peligro real de que se convierta en una palabra de moda vacía de contenido, un antídoto excesivamente simplificado y supuestamente universal contra esta nueva realidad en la que la información, las explicaciones y los resultados cada vez más sofisticados están a solo un clic de distancia.

Ampliando las definiciones

El pensamiento crítico se entiende, en términos generales, como un conjunto complejo y valioso de habilidades y hábitos. Incluye la capacidad de evaluar pruebas, valorar argumentos, identificar supuestos, distinguir las afirmaciones más sólidas de las más débiles y extraer conclusiones razonadas.

Estas habilidades siguen siendo vitales, pero no abarcan por completo lo que los estudiantes necesitan para hacer frente a los retos cognitivos de un mundo impulsado por la IA.

Investigaciones recientes han comenzado a explorar esta distinción a través de conceptos como el pensamiento crítico digital, que incorpora la idea de que los entornos en línea, moldeados por algoritmos opacos, la personalización y la información de las plataformas, exigen que las personas interpreten no solo el contenido con el que se encuentran, sino también cómo han llegado a verlo en primer lugar.

A medida que evolucionan los entornos en los que aprendemos y vivimos, también debería hacerlo nuestra comprensión del pensamiento crítico. Como investigadora en educación cívica, creo que las respuestas no residen en abandonar las definiciones tradicionales del pensamiento crítico, sino en ampliarlas.

Reflexión y juicio

El pensamiento crítico se desarrolla en dos pasos. El primero es la reflexión, ese micromomento vital de pausa y consideración que precede al segundo paso: la formación de un juicio.

La reflexión exige que las personas cuestionen las pruebas, examinen las suposiciones, comparen interpretaciones contrapuestas, reconozcan los límites de su propia perspectiva y estén dispuestas a revisar sus conclusiones a la luz de argumentos más sólidos o de nueva información.

Pero los espacios digitales modernos moldean agresivamente nuestra atención. Las plataformas digitales deciden qué es visible, fiable y digno de atención, y luego ofrecen contenido a los usuarios en forma de vídeos breves, reseñas cortas y feeds que se pueden desplazar sin fin.

El pensamiento crítico resulta difícil en estos espacios digitales porque desaparece el tiempo y el espacio necesarios para la reflexión. En su lugar, es probable que los usuarios pasen directamente del consumo al juicio.

La reflexión, intermedio necesario entre consumo y juicio

Sin embargo, aún podemos fomentar la crucial primera etapa de la reflexión fuera de estos entornos digitales. Y, al igual que cualquier objetivo educativo significativo, este hábito no se adquiere únicamente a través de la enseñanza. Se cultiva gradualmente mediante la práctica repetida, la retroalimentación, la reflexión y la revisión a lo largo de todo el plan de estudios.

Aunque el pensamiento crítico comienza con una reflexión disciplinada, no termina ahí. La reflexión nos prepara para ejercer el juicio.

El juicio es donde el pensamiento comienza a orientar la acción. Es donde decidimos qué merece nuestra atención, cuánta confianza depositar en nuestro conocimiento y qué responsabilidades se derivan de ello. Determina cómo participamos en última instancia junto a los demás en situaciones en las que no podemos estar seguros al 100 % de lo que sabemos.

El ingrediente clave: la humildad intelectual

Uno de los logros menos publicitados de la educación es que ayuda a los alumnos a descubrir los límites de su propia comprensión. Luchar con ideas difíciles, construir argumentos, cometer errores y revisar el propio razonamiento hacen mucho más que simplemente producir conocimiento. Estos procesos calibran gradualmente el juicio al enseñar a los estudiantes la diferencia entre llegar a una respuesta y comprender un tema de forma significativa.

Con las herramientas basadas en la IA, es más fácil que nunca producir trabajos que, a primera vista, parezcan reflexivos, persuasivos y sofisticados. Una persona puede parecer informada y elocuente sin haber realizado nunca el difícil trabajo cognitivo de desarrollar una comprensión real.

Por lo tanto, hay que enseñar a los estudiantes a distinguir entre una respuesta y la comprensión real. La capacidad de escribir un texto fluido y bien construido es una habilidad totalmente distinta a la de elaborar un argumento sólido. De hecho, una prosa ingeniosa a menudo puede enmascarar o distraer la atención de la falta de una comprensión clara.

Apariencia frente a profundidad

Pero el riesgo no es que el uso de la IA genere estudiantes incapaces de pensar. El riesgo es que cada vez resulte más fácil confundir una ejecución pulida con profundidad intelectual, tanto en nosotros mismos como en los demás.

Aquí es donde entra en juego la humildad intelectual. No se trata ni de modestia ni de falta de confianza, sino de la capacidad de reconocer los límites de la propia comprensión, estar abierto a la revisión y calibrar la confianza en función de lo que realmente se sabe. La humildad intelectual es lo que evita que el juicio se endurezca hasta convertirse en una certeza ciega.

Esta capacidad hace que el pensamiento crítico sea algo más que un conjunto de habilidades cognitivas. Se convierte en parte de un proyecto educativo más amplio, que prepara a los estudiantes para ejercer su juicio de forma responsable en relación con otras personas y con el mundo compartido en el que viven.

Proteger la democracia

Las sociedades democráticas dependen de personas capaces de sopesar argumentos contrapuestos, reconocer la incertidumbre sin dejarse paralizar por ella y revisar sus opiniones cuando sea necesario.

Aunque estas capacidades no surgen por sí solas, pueden desarrollarse a través de experiencias educativas que pregunten repetidamente a los estudiantes no solo qué piensan, sino también cómo han llegado a una conclusión concreta, qué pruebas podrían llevarles a reconsiderarla y cuánta confianza merece realmente.

Más allá de una habilidad aislada

Desde esta perspectiva más amplia, el pensamiento crítico no puede reducirse a una habilidad aislada, integrarse en una sola asignatura ni medirse mediante una única evaluación. Se cultiva en todas las disciplinas, a través de experiencias que obligan a los estudiantes a revisar sus conclusiones a la luz de nuevas pruebas, a defender interpretaciones contrapuestas, a explicar el razonamiento que subyace a sus decisiones y a reflexionar con honestidad sobre los límites de su propio entendimiento.

En la práctica, esto se traduce en un experimento científico que refuta la hipótesis de un alumno, una clase de historia en la que se comparan interpretaciones contradictorias de un mismo acontecimiento o un debate literario que explora múltiples lecturas de un texto.

Este tipo de tareas exigen a los alumnos que pongan en práctica el mismo hábito: ejercer el juicio con humildad intelectual. El objetivo no es simplemente llegar a la respuesta correcta, sino aprender a reconocer cuándo su propio razonamiento debe cuestionarse, refinarse o modificarse.

En última instancia, este hábito prepara a los alumnos para el mundo real actual, donde los retos rara vez tienen respuestas claras o información completa. Al igual que todos los adultos, los alumnos tendrán que lidiar con afirmaciones contradictorias y debates públicos, a menudo en plataformas gestionadas mediante algoritmos llenas de contenido generado por IA.

En estos espacios, la confianza tiende a ir por delante de la comprensión.

Cuestionar y reconsiderar

Las sociedades democráticas necesitan ciudadanos que hayan practicado la difícil tarea de revisar sus opiniones. El aula ofrece un entorno seguro y sin grandes riesgos para entrenar esta habilidad antes de ponerla en práctica en el mundo real.

Los colegios y las universidades tienen el deber de enseñar a los alumnos a ejercer un juicio sensato ante la incertidumbre, el desacuerdo y la complejidad. Esa labor no comienza enseñando el pensamiento crítico como una habilidad aislada, sino diseñando experiencias de aprendizaje que inviten repetidamente a los estudiantes a cuestionar, revisar, justificar y reconsiderar su propio pensamiento en todas las disciplinas.

Al hacerlo, la humildad intelectual se convierte no solo en un ejercicio académico, sino en un hábito cívico profundamente arraigado.The Conversation

Sobre la autora

Sara Kells, Director of Program Management at IE Digital Learning and Adjunct Professor of Humanities, IE University

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Ir al artículo original.

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