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El decágono en las nubes de Saturno

11 September 2026 at 10:59
Mapa polar del hemisferio sur de Saturno obtenida en la longitude de onda de 763 nm el 29 agosto 2025 con el Telescopio Espacial Hubble. Imagen: NASA, ESA, A. Sánchez-Lavega / EHU

Un equipo de la EHU descubre una estructura en forma de decágono en las nubes de Saturno. La investigación liderada por el catedrático Agustín Sánchez-Lavega se ha apoyado en las imágenes obtenidas por el telescopio Hubble y una amplia red de astrónomos aficionados y permitirá avanzar en el conocimiento de los fenómenos atmosféricos en los planetas gaseosos.

Cuando las naves espaciales Voyager 1 y Voyager 2 sobrevolaron en los años 1980 y 1981 el planeta Saturno, entre sus muchos descubrimientos, destacó la presencia en sus nubes superiores de una formación con geometría hexagonal rodeando al polo norte del planeta. Dicha estructura, conocida como el hexágono de Saturno, ha sobrevivido hasta nuestros días, a lo largo de más de un año de ese planeta (que equivale a unos 30 años terrestres). Nunca se había observado nada semejante en ningún planeta del Sistema Solar y su naturaleza sigue siendo un desafío para los meteorólogos planetarios.

El hexágono de Saturno visto desde el polo norte. Fuente: NASA

Curiosamente, a pesar de la simetría en la distribución de los vientos y en la dinámica atmosférica en Saturno, durante todos los años transcurridos desde entonces, no se había observado una estructura semejante en el hemisferio sur, lo que desconcertaba a la comunidad investigadora. Pero en el año 2023, a medida que el hemisferio sur del planeta se iba haciendo más visible, las imágenes tomadas con el Telescopio Espacial Hubble (HST) mostraban no un hexágono sino una estructura decagonal (un polígono de diez lados) alrededor de la región polar sur del planeta. Las imágenes obtenidas posteriormente con el HST en los años 2024 y 2025, así como las obtenidas con telescopios en Tierra, confirmaron su existencia. Las imágenes muestran que algunos vértices del decágono están menos contrastados que otros, lo que sugiere que se trata de un fenómeno en desarrollo, quizás por ahora menos estable que el hexágono.

«Estamos realmente sorprendidos por este descubrimiento, totalmente inesperado, y que abre las puertas a una investigación detallada en los próximos años de esta peculiar estructura atmosférica y a su comparación con el hexágono», declara Agustín Sánchez-Lavega, profesor emérito de la EHU en la Escuela de Ingeniería de Bilbao, quien lidera el estudio que se publica en la revista de alto impacto Science Advances.

Localización del decágono, indicada por la flecha negra. Imagen: NASA, ESA, A. Sánchez-Lavega / EHU

Para poder seguir la evolución del decágono con regularidad, la investigación se ha apoyado en las imágenes obtenidas por una amplia red de astrónomos aficionados que con sus telescopios han sido capaces, a lo largo del año 2025, de observar los vértices del decágono, lo que ha permitido estudiar con precisión su movimiento. Al igual que el hexágono, el decágono se encuentra inmerso en una corriente en chorro cuya velocidad máxima es de unos 400 kilómetros por hora, si bien el propio decágono se mueve como un todo, lentamente con respecto a la rotación del planeta, a unos 10 kilómetros por hora. Simultáneamente, sus vértices avanzan realizando un movimiento oscilante, con un período de unos 32 días, algo no observado en el hexágono.

En paralelo, gracias a observaciones en el infrarrojo realizadas con el telescopio VLT del Observatorio Europeo Austral (ESO), realizadas por un equipo angloamericano, se ha podido estudiar la estructura térmica en la región del decágono y obtener medidas de los vientos que muestran cambios en su velocidad con la altura. Simultáneamente, las imágenes del HST obtenidas en diferentes rangos espectrales muestran una estratificación vertical en las nubes y nieblas superiores que conforman el decágono.

La naturaleza del fenómeno desafía los modelos atmosféricos. «No sabemos si tanto el hexágono como el decágono son estructuras enraizadas en profundidad en la atmósfera del planeta, bajo las capas de nubes superiores, o bien se trata de formaciones meteorológicas superficiales, que afectan solo a dichas nubes», explica Sánchez-Lavega. Para explorar estas ideas, en colaboración con investigadores de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), se han llevado a cabo simulaciones numéricas sobre un modelo simplificado de atmósfera que muestran, preliminarmente, que una onda con geometría decagonal puede generarse de diferentes formas y sobrevivir un tiempo sobre la corriente en chorro sobre la que se asienta.

La investigación abre muchas preguntas básicas sobre los fenómenos atmosféricos en los planetas gaseosos. ¿Por qué solo Saturno forma este tipo de ondas poligonales? ¿Guarda el fenómeno alguna relación con la disposición poligonal de cinco y ocho lados de los ciclones que rodean a los polos de Júpiter? Nuevas observaciones del fenómeno a lo largo de los próximos años, en los que la visibilidad del hemisferio sur del planeta se irá incrementando, ayudarán a su caracterización y a la realización de modelos avanzados que permitan resolver este curioso rompecabezas atmosférico.

Referencia:

Agustín Sánchez-Lavega, Amy A. Simon, Michael H. Wong, Leigh N. Fletcher, Arrate Antuñano, Ricardo Hueso, Peio Iñurrigarro, Aida Flix-Bellmunt, Arnau Miró, Enrique García-Melendo, Trevor Barry, Jean-Paul Oger, Glenn S. Orton, Itziar Garate-Lopez (2026) A decagon wave around Saturn’s south pole Science Advances doi: 10.1126/sciadv.aee4251

Edición realizada por César Tomé López a partir de materiales suministrados por UPV/EHU Komunikazioa

El artículo El decágono en las nubes de Saturno se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

¿Una vacuna contra el melanoma?

4 September 2026 at 10:59

“Una vacuna contra el melanoma supera con éxito un ensayo clínico en fase III”

Enunciado así, el avance que hicieron público las compañías Merck y Moderna el pasado agosto suena revolucionario. Podríamos pensar en una vacuna que nos protegerá del cáncer como otras nos evitan contraer enfermedades infecciosas, pero no funciona así. Veamos en qué consiste exactamente y cuál es el alcance del nuevo ensayo.

Una vacuna que no previene, sino que trata

Intismeran autogene (así se llama la nueva tecnología que se ha puesto a prueba) no se administra a personas sanas para reducir su riesgo de melanoma, sino que se trata de una vacuna terapéutica.

En el ensayo del que se han hecho eco los medios –y que disparó la cotización en bolsa de Merck y Moderna– participaron 1 137 personas con melanoma cutáneo de alto riesgo. Es decir, tenían una probabilidad elevada de que la enfermedad reapareciera o se extendiera a otras partes del cuerpo. A todas ellas se les había extirpado el tumor por completo mediante cirugía. Esto puede sonar extraño: si el tumor ya no está, ¿qué queda por tratar?

Una cirugía exitosa no garantiza que no queden células tumorales sueltas. Pueden ser demasiado escasas para detectarlas, pero capaces de causar una recaída con el tiempo. Por eso existen los tratamientos adyuvantes: se administran después del tratamiento principal —en este caso, la cirugía— para reducir ese riesgo.

melanoma
La capacidad de las celulas tumorales de desplazarse y diseminarse depende de estructuras como los podosomas, mostradas en esta imagen de células de melanoma en amarillo. Los podosomas son ricos en unas proteínas filamentosas llamadas actinas. También visibles son los núcleos celulares (azul), moléculas de actina libre (rojo) y reguladores de la actina (verde). Fuente: Julio C. Valencia / National Cancer Institute / Dominio Público / Wikimedia Commons

Así que en este ensayo la pregunta no era “¿podemos evitar el melanoma?”, sino “¿podemos ayudar al sistema inmunitario de alguien que ya lo ha tenido a eliminar las células que puedan haber quedado?”.

¿Por qué la llamamos vacuna?

Lo que define a una vacuna no es que se administre antes de enfermar, sino su estrategia. Se trata de enseñar al sistema inmunitario a reconocer y atacar algo concreto. En las vacunas frente a virus, ese “algo” son piezas del virus, mientras que aquí son piezas de las propias células tumorales.

La tecnología Intismeran autogene tiene una particularidad: cada vacuna se fabrica específicamente para cada paciente a partir de su propio tumor. Primero se analizan las mutaciones de sus células tumorales, y después se identifican las que podrían activar mejor al sistema inmunitario contra ellas. Son los llamados neoantígenos, que la vacuna lleva codificados en forma de ARN mensajero (ARNm).

Por tanto, no se trata exactamente de “una vacuna contra el melanoma”; es más bien una vacuna contra las características moleculares del melanoma de cada paciente. No obstante, enseñarle al sistema inmunitario qué debe reconocer es solo una parte del problema.

Encontrar a Wally… y poder actuar

Podemos imaginarlo como un enorme Buscando a Wally. El sistema inmunitario tiene que reconocer células tumorales entre millones de células sanas.

Sin embargo, los tumores pueden aprovechar mecanismos naturales que frenan la respuesta inmunitaria. Por eso, incluso un linfocito capaz de reconocer una célula tumoral puede tener dificultades para actuar contra ella.

Aquí entra en escena el medicamento llamado pembrolizumab, un tipo de inmunoterapia que ya se utiliza en melanoma y que bloquea uno de esos frenos. La pregunta entonces parece evidente: si combinamos la vacuna, que facilita el reconocimiento, con una inmunoterapia que libera la respuesta inmune, ¿obtendremos mejores resultados?

Para comprobarlo, los participantes del ensayo se dividieron en dos grupos: unos recibieron inmunoterapia más la vacuna personalizada y a los otros se les administró únicamente inmunoterapia.

¿Ha funcionado?

El estudio analizó principalmente cuánto tiempo permanecían los pacientes sin que el melanoma reapareciera. Es lo que se denomina “supervivencia libre de recurrencia”. Adicionalmente, los investigadores analizaron cuánto tiempo permanecían sin desarrollar metástasis a distancia; es decir, sin que el melanoma apareciera en lugares alejados del tumor original.

Y aquí llega la noticia: según Merck y Moderna, añadir la vacuna a pembrolizumab mejoró significativamente ambos resultados frente a utilizar solo pembrolizumab. Las compañías califican además esas diferencias como clínicamente relevantes.

Hasta aquí, suena muy bien. El siguiente interrogante es: ¿cuánto mejor? Aquí hay un matiz importante. Las empresas farmacéuticas han anunciado que el ensayo ha alcanzado esos objetivos, pero todavía no han publicado los resultados completos de la fase III. Es decir, sabemos que los pacientes tratados con la combinación permanecieron más tiempo sin recurrencia y sin metástasis a distancia, pero no cuánto más.

Merck y Moderna presentarán esos datos en un próximo congreso médico internacional. Además, el ensayo continúa para estudiar otros resultados, entre ellos la supervivencia global.

Entonces, ¿de dónde salen los porcentajes de 49 % y 59 % de éxito que se han difundido en algunas noticias? Las cifras son reales, pero no pertenecen al nuevo ensayo. Proceden de uno Fase IIb, anterior y mucho más pequeño, con 157 pacientes. En él ya se había hecho la misma comparación con resultados prometedores.

Así, tras cinco años de seguimiento, añadir la vacuna se asoció con una reducción del 49 % en el riesgo de recurrencia o muerte y con una disminución de un 59 % en las probabilidades de metástasis a distancia o muerte. A continuación había que comprobar si aquella señal se mantenía en un ensayo mucho más grande, que es del que estamos hablando ahora.

Aunque sabemos que también ha dado un resultado positivo, la incógnita es cuánto beneficio ha supuesto realmente añadir la vacuna. Para despejarla tendremos que esperar a que se presenten los datos completos.

¿Estamos ante un hito en las vacunas contra el cáncer?

La idea de utilizar vacunas para tratar el cáncer no es nueva, ni tampoco lo es fabricar vacunas personalizadas contra las mutaciones de cada tumor. De hecho, este tipo de vacunas de ARN ya se probaba en pacientes de melanoma hace casi una década.

Lo que cambia ahora es la escala: por primera vez, una vacuna personalizada de ARN mensajero dirigida contra los neoantígenos de cada paciente ha alcanzado resultados positivos en un ensayo de fase III con más de mil participantes.

Si los datos completos confirman un beneficio clínicamente relevante, sería un paso importante para este tipo de tratamientos. No porque hayamos descubierto que podemos enseñar al sistema inmunitario a reconocer un tumor, sino porque una estrategia que llevaba años mostrando resultados prometedores en estudios más pequeños habría probado que puede funcionar también en un gran ensayo clínico.The Conversation

Sobre la autora: Cristina Penas Lago, Investigadora Postdoctoral en el Cancer and Traslational Medicine Group, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU)

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Artículo original.

El artículo ¿Una vacuna contra el melanoma? se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

La ingesta emocional como problema

ingesta emocional
Foto: Andriyko Podilnyk / Unsplash

El jefe nos ha echado la bronca, llegamos a casa y nos comemos varias galletas de chocolate. O quizá estemos estudiando para un examen, nerviosos o aburridos abrimos la nevera una y otra vez. O puede que estemos viviendo mucho estrés últimamente, por lo que compramos más snacks, dulces o comida rápida de lo habitual.

Estas situaciones tan familiares tienen algo en común: no comemos por hambre física, sino para gestionar lo que sentimos. Esto se conoce como ingesta emocional. ¿Puede convertirse en un problema? ¿Cómo evitarlo?

Ingesta emocional para afrontar emociones negativas

La ingesta emocional es un fenómeno bastante frecuente y no se considera, por sí misma, un trastorno psicológico. La investigación muestra que muchas personas recurren ocasionalmente a la comida para afrontar emociones negativas. Estamos hablando de entre el 40 y el 45 % de la población adulta y cerca del 30 % en adolescentes. Esto se da en situaciones de estrés, ansiedad y tristeza, y se observó de forma evidente durante la pandemia de covid-19.

Comer en relación a nuestras emociones forma parte de la experiencia cotidiana de muchas personas. De hecho, es habitual celebrar comidas y cenas con gente cercana en momentos importantes. El problema no es tanto recurrir de vez en cuando a la comida, sino que esta estrategia se vuelva habitual cuando nos sentimos mal. El alivio de la comida es pasajero y puede generar sentimientos de culpa.

Además, este patrón se asocia al consumo habitual de alimentos con muchas calorías, ricos en azúcar o grasa. Con el tiempo, esto podría dañar la salud. Por ejemplo, podría aumentar el riesgo de obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares. La ingesta emocional también aumenta la probabilidad de desarrollar trastornos de la conducta alimentaria.

¿Cómo manejamos las emociones y qué papel juega la comida?

Existen muchas estrategias para manejar las emociones. Por ejemplo, hablar con alguien, hacer ejercicio o distraernos para no pensar en nuestras preocupaciones. Comer también puede cumplir esa función, pero ¿qué pasa cuando la comida se convierte en nuestro recurso principal para gestionar el malestar?

La comunidad científica se ha interesado durante años por esa y otras preguntas. ¿Tienen más tendencia a esta ingesta las personas que no saben manejar sus emociones? ¿Esta relación aparece solo en quienes tienen problemas de alimentación?

No quedaba claro si la ingesta emocional existía en personas sin problemas y de distintas edades. Tampoco sabíamos hasta qué punto los estudios se podían extrapolar a la población general y en distintas etapas de la vida, porque muchos se han realizado en grupos muy concretos, como personas en tratamiento bariátrico.

Por eso realizamos un metaanálisis (un estudio de estudios), con el objetivo de unir resultados previos e hilar más fino. Así, extrajimos conclusiones más sólidas que las de un único trabajo. También nos permitió saber en qué condiciones el manejo emocional llevaba a usar la comida sin tener hambre.

Nuestro estudio mostró una serie de resultados interesantes:

  1. La gente con mayor dificultad para gestionar emociones negativas recurre más a menudo a la comida.
  2. La relación entre la falta de gestión de las emociones y la ingesta se da tanto en personas con problemas psicológicos como sin ellos.
  3. Esta relación se ve por igual en personas de todas las edades y géneros.
  4. La relación se mantiene igual para cualquier emoción negativa (tristeza, ansiedad, aburrimiento). Sin embargo, no aparece en las emociones positivas.

Aprender a gestionar las emociones es clave

Estos resultados sugieren que aprender a gestionar de manera más adecuada las emociones negativas podría tener efectos beneficiosos en varios ámbitos de la salud, y no solo en la relación que mantenemos con la comida. También deja claro el valor positivo de aprender desde edades tempranas.

Podríamos pensar erróneamente que recurrir al picoteo por no dominar las emociones es algo que les ocurre sobre todo a las mujeres. Es cierto que las mujeres tienden más a la ingesta emocional, pero nuestros hallazgos muestran que la correlación entre la desregulación emocional y el uso de la comida se da de manera similar tanto en ellas como en ellos.

Entonces, ¿qué podemos hacer?

Las intervenciones psicológicas que son eficaces para la gestión de las emociones incorporan elementos que han demostrado ser útiles para la salud mental y para los hábitos de vida. Estas estrategias incluyen aprender a identificar las emociones y a distinguir qué situaciones las desencadenan. También aportan herramientas que ayudan a desarrollar estrategias más adaptativas ante el estrés y a practicar la atención plena.

Esto es relevante porque la regulación emocional no influye solo en nuestra relación con la comida: también se ha visto asociada a problemas como la ansiedad y la depresión. Es lo que en psicología se conoce como “efecto transdiagnóstico”, por lo que influir en algunas variables permite prevenir problemas diferentes. Por lo tanto, mejorar la capacidad de gestionar las emociones podría tener un impacto positivo más amplio sobre la salud y el bienestar.

Si estamos en un punto en el que sentimos que no podemos mantener a raya las emociones hay solución. La evidencia científica muestra que la terapia cognitivo-conductual, el protocolo unificado, la terapia de la conducta dialéctica, y el mindfulness mejoran la gestión emocional. Además, las tres últimas también lo mejoran incluso en el seguimiento. Es decir, provocan un efecto sostenido.

En definitiva, tenemos mucho que ganar sabiendo cómo lidiar con nuestras emociones. Nos puede ahorrar problemas futuros de diverso tipo. La próxima vez que venga el impulso de comer sin hambre, preguntémonos: ¿sé lo que estoy sintiendo en este momento? ¿Puedo hacer alguna otra cosa distinta para sentirme mejor?The Conversation

Sobre las autoras: Itziar Alonso Arbiol, Catedrática de Psicología, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU); Aitziber Pascual Jimeno, Profesora agregada universitaria (EHU); Jara Mendia, Doctoranda en Psicología (EHU); José J. Pizarro Carrasco, Profesor e Investigador en Psicología Social (EHU), y Susana Conejero López, Profesora de Psicología (EHU)

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Artículo original.

El artículo La ingesta emocional como problema se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

El patrón de los animales en las pinturas rupestres

Partiendo de las asociaciones que se repiten en las pinturas rupestres, el investigador Iñaki Intxaurbe ha identificado los patrones estructurales y jerárquicos que siguen el arte figurativo prehistórico. Bisontes y cabras suelen aparecer orientados hacia la izquierda, mientras que los caballos se representaban mirando hacia la derecha; el resto de animales se distribuye a su alrededor. Aunque se desconocen las razones concretas, el estudio demuestra que las imágenes responden a una organización interna determinada.

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Localización de las cuevas objeto del estudio. Fuente: I. Intxaurbe (2026) Journal of Archaeological Method and Theory doi: 10.1007/s10816-026-09796-y  CC BY 4.0

El doctor Iñaki Intxaurbe desarrolla su labor investigadora en el Departamento de Expresión Gráfica y Proyectos de Ingeniería de la Universidad del País Vasco (EHU): «Trabajo con arte rupestre, concretamente con las imágenes que se dibujaban en las paredes de las cuevas. Hago copias digitales de esas figuras para luego realizar simulaciones y análisis estadísticos», explica. En concreto, ha analizado 500 motivos gráficos de nueve cuevas del entorno del Golfo de Vizcaya, realizados entre hace 16 000 y 14 000 años aproximadamente. «Quería comprobar si esas imágenes se trazaron al azar o si seguían algún tipo de patrón», añade.

La expresión gráfica puede definirse como la representación visual de ideas, conceptos o información. Si la actividad gráfica paleolítica contiene indicios de pensamiento colectivo o simbolismo, puede entenderse como un sistema estructurado de comunicación. «Dado que el arte rupestre constituye una expresión visual y gráfica, parecía razonable pensar que pudiera existir algún tipo de orden sintáctico tras él. La sintaxis determina la organización de palabras y frases, y su estudio permite comprender las estructuras utilizadas en una lengua», señala. Para llevar a cabo esta investigación, el autor ha empleado métodos estadísticos y análisis de redes sobre el conjunto de las imágenes, con el objetivo de describir los patrones de relación existentes entre sus distintos elementos.

Las imágenes no están organizadas al azar

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Foto: Iñaki Intxaurbe.

Los resultados muestran que el arte rupestre fue concebido de manera ordenada y no aleatoria. En términos generales, los bisontes, caballos y cabras ocupan posiciones centrales, mientras que las representaciones de otros animales desempeñan funciones secundarias pero significativas en torno a ellos. «Los bisontes suelen aparecer orientados hacia la izquierda y los caballos hacia la derecha. Salvo en algunos casos aislados, ocurre justamente lo contrario: los caballos aparecen mirando a la izquierda y el resto de animales a la derecha. Esto demuestra que el sistema no es aleatorio y que detrás de estas imágenes existe una idea general, un elemento relevante dentro de su simbología», subraya Intxaurbe. La investigación pone de manifiesto la existencia de un patrón estructural asociado a estos tres animales principales: «Los análisis estadísticos sugieren que todas las representaciones de las cuevas se organizaban en función de la presencia y orientación de estos animales, dentro de unos niveles de significación».

El estudio no ofrece explicaciones sobre las motivaciones de estas prácticas. Lo que sí demuestra es que detrás de los dibujos existe una estructura organizada, aunque todavía no sea posible determinar qué mensaje pretendían transmitir. Además, la investigación confirma algunas hipótesis formuladas ya en la década de 1950: «Por entonces se planteaba que el arte rupestre no era fortuito. Se sabía que la mayoría de los animales aparecían orientados hacia la izquierda. Algunos autores sugirieron que esto se debía a que los artistas eran mayoritariamente diestros y por ello dibujaban los animales mirando hacia ese lado. Sin embargo, nuestro trabajo demuestra que el caballo es uno de los animales más representados y que, estadísticamente, su orientación predominante es precisamente la contraria: hacia la derecha», explica el investigador de la EHU.

Según el investigador, «las pinturas rupestres no se hacían con fines de ocio. Sabemos que eran importantes para aquellas comunidades, ya que los dibujos solo se realizaban en determinadas cuevas, no en todas. Se seleccionaban cavidades concretas para ello. Ahora sabemos que el arte rupestre del final del Paleolítico poseía una estructura sintáctica y que detrás existe una idea o un código gráfico que nosotros no comprendemos, pero que para ellos era fundamental».

Código abierto

Para llevar a cabo esta investigación, Intxaurbe ha combinado distintas metodologías: «He utilizado análisis estadísticos multivariantes y análisis basados en redes, y los resultados son muy prometedores para realizar análisis comparativos de sistemas gráficos paleolíticos». El investigador ofrece una herramienta útil para estudiar la organización interna de sistemas simbólicos. De hecho, ha publicado tanto la metodología como la base de datos en código abierto para facilitar su utilización a otros especialistas: «En el futuro podrán aplicarse también a cuevas estudiadas por otros equipos. De este modo podremos ir ampliando la base de datos y comparar los resultados con cuevas de Francia, de la península ibérica o de cualquier otra parte del mundo».

La metodología también puede resultar útil para el estudio de inscripciones históricas, la paleografía o la lingüística histórica, ya que se basa en el análisis de coocurrencias y estructuras combinatorias. «Por ejemplo, podría aplicarse a las inscripciones íberas o al vascónico para estudiar cómo se organizan secuencias que hoy todavía no comprendemos y comprobar si siguen algún tipo de estructura en red. Esto podría contribuir a determinar la sintaxis de otras lenguas aún no descifradas», concluye Intxaurbe.

Referencias:

Iñaki Intxaurbe (2026) Mapping the Symbolic Structure of Palaeolithic Rock Art Using Co-occurrence Network Analysis Journal of Archaeological Method and Theory doi: 10.1007/s10816-026-09796-y

Edición realizada por César Tomé López a partir de materiales suministrados por UPV/EHU Komunikazioa

El artículo El patrón de los animales en las pinturas rupestres se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

Instituciones científicas internacionales entre la guerra y la paz: Cien años de la IUPAP (1)

Tras la invasión de Ucrania por parte del ejército ruso, muchas instituciones científicas se vieron impelidas a publicar declaraciones públicas en contra de esa guerra. Por aquel entonces, yo era presidente de la Comisión de Historia de la Física dentro de la Unión Internacional de Física Pura y Aplicada (IUPAP, por sus siglas en inglés) y, como tal, participé en las discusiones que llevaron a la declaración final. Los historiadores de la ciencia teníamos una buena oportunidad para hacer una contribución, pequeña pero significativa, a la conversación: mi comisión llevaba un tiempo trabajando en un proyecto académico internacional para estudiar con profundidad los orígenes y el desarrollo de la IUPAP, la cual estaba a punto de celebrar su centenario. La historia proporcionaba elementos interesantes a la hora de articular la declaración, evitando errores del pasado e incorporando experiencias positivas de los cien años de vida de la Unión. Y es que, como tantas uniones científicas internacionales, la IUPAP nació con la idea de fomentar la paz, pero tuvo que aprender a navegar en tiempos de guerra, tanto de conflictos bélicos reales como de guerra fría.

Tras la tragedia de la Gran Guerra (1914-1918) hubo una nueva ola de internacionalismo en las ciencias. La idea era que, si el nacionalismo exacerbado había conducido al continente europeo a la peor masacre de su historia, las instituciones internacionalistas podían ser elementos clave en la construcción de la paz. La colaboración —y no tanto la competición— en la investigación científica, entendida esta como práctica cultural, era uno de los elementos que podía desempeñar un papel central en este proyecto. La ironía fue, sin embargo, que esta búsqueda de la paz tenía como premisa la de excluir a los científicos del bando perdedor (Alemania, Austria, Hungría y lo que quedaba del Imperio otomano), tanto a nivel individual como colectivo. Así, pues, las nuevas uniones científicas no solo excluyeron a las academias nacionales de dichos países, sino que también prohibieron que científicos de esos lugares participaran a título individual en reuniones o proyectos impulsados o avalados por las uniones. Esto fue especialmente doloroso en el caso de la física.

De hecho, la colaboración internacional tenía una cierta tradición en áreas como la astronomía o la geodesia debido al carácter global de muchos de sus proyectos. Pero las academias nacionales de física, a pesar de ser la reina de las ciencias en el siglo XIX, no habían tenido experiencias de colaboración internacional al mismo nivel. Eso explica que, con la creación en julio de 1919 del Consejo Internacional de Investigación (IRC) por parte de delegados de doce países, inmediatamente se aprobaran los estatutos de las uniones de astronomía (IAU), geodesia y geofísica (IUGG) y química pura y aplicada (IUPAC). En pocos meses también verían la luz la Unión Internacional de Matemáticas (IMU) y la de Radiotelegrafía (URSI). Pero una unión de física todavía tendría que esperar, tanto a nivel formal como, sobre todo, a nivel práctico.

En 1922, un grupo de físicos de Francia, Bélgica, Gran Bretaña, los EE. UU. y algunos otros países se reunieron en París y redactaron un primer esbozo de estatutos para una posible unión de física. El joven experimentalista y premio nobel estadounidense Robert A. Millikan forzó a que la Unión explicitara en su nombre que se trataba tanto de física teórica como aplicada. Los principales objetivos de la Unión serían la promoción de bibliografías científicas actualizadas, la coordinación internacional de las unidades fundamentales de física y la organización o el apoyo de congresos internacionales. Finalmente, y aprovechando un congreso organizado en París en diciembre de 1923 para celebrar el cincuentenario de la Sociedad Francesa de Física, se aprobaron los estatutos y se nombró presidente al británico y premio nobel William H. Bragg, mientras que Henri Abraham, catedrático de física en la École Normale Supérieure, ocupó el cargo de secretario general. Aun así, se acordó informalmente que la Unión permanecería inactiva hasta que pudiera ser plenamente internacional; es decir, hasta que incluyera a los físicos alemanes.

Henri Abraham (1868-1943) en 1935. Fuente: Estudio Harcourt / Public Domain / Wikimedia Commons

En 1924 empezaron a surgir voces contrarias a la filosofía revanchista del IRC contra las Potencias Centrales. El Consejo había crecido y ahora incluía academias de una veintena de países, la mayoría de los cuales habían permanecido neutrales durante la guerra y que, por tanto, no veían la necesidad de seguir con esa política excluyente. A la vez, un número creciente de científicos clamaba, a título personal, por un internacionalismo más conciliador e inclusivo. Los franceses y los belgas eran los más reticentes a introducir cambios en los estatutos del IRC para acabar con la exclusión fundacional. Tal fue así que los cambios formales en este sentido no se materializaron hasta 1931, cuando el IRC se disolvió y se creó el nuevo Consejo Internacional de Uniones Científicas (ICSU). A partir de entonces el internacionalismo fue una posibilidad real y cada Unión ganó una independencia para organizarse como mejor quisiera, de la que carecía con el IRC.

Más allá de la IUPAP, en la década de 1920 el internacionalismo en física se materializó en otros foros, los más conocidos de los cuales fueron los Congresos Solvay y el Instituto de Física Teórica de Niels Bohr en Copenhague. Los primeros fueron una iniciativa del industrial belga Ernest Solvay para organizar encuentros científicos de alto nivel, relativamente pequeños, que trataran cuestiones punteras tanto en física como en química. Los primeros congresos de física, de 1911 y 1913, tuvieron un gran éxito, no así los de 1921 y 1924, que participaron del boicot a los físicos alemanes. En 1927, sin embargo, y ante el cambio de la opinión mayoritaria, el quinto Congreso Solvay en Bruselas invitó a cinco físicos alemanes (Max Planck, Albert Einstein, Wolfgang Pauli, Werner Heisenberg y Max Born), y resultó ser un momento crucial para la transformación de la primera física cuántica en la nueva mecánica cuántica. De algún modo, ese éxito se debió, en parte, a la tradición que Niels Bohr había conseguido imprimir en su instituto de Copenhague. Y es que Dinamarca, que había mantenido la neutralidad durante la Gran Guerra, había conseguido retener a Niels Bohr, una de sus mentes más brillantes, para que dirigiera un instituto de física teórica generosamente financiado por la Fundación Carlsberg. Con estos dos elementos (la neutralidad y la financiación), Copenhague se convirtió en el punto central donde físicos y matemáticos de todas partes podían reunirse e intercambiar libremente ideas acerca de la nueva física cuántica.

Pero volvamos a la historia inicial de la IUPAP porque, aunque Bohr estaba desempeñando un papel significativo reuniendo a físicos procedentes de ambos lados de la guerra, también fue parcialmente responsable del fracaso inicial de la Unión. En 1931, Bragg dimitió y Millikan ocupó la presidencia. Sus objetivos eran, primero, utilizar su nombramiento como catapulta para que los físicos norteamericanos ocuparan un lugar más prominente en la escena internacional; y, segundo, conseguir finalmente la inclusión de la sociedad alemana de física en la IUPAP. Imaginó que ambos objetivos se podían cumplir organizando un gran congreso internacional en Chicago en 1933, año en el que dicha ciudad celebraba por todo lo alto el centenario de su fundación. Invitando a un gran número de físicos alemanes, Millikan imaginaba que sería la ocasión perfecta para la formalización de Alemania como parte de la Unión.

Fuente: Weimer Pursell/ Neely Printing Co., Chicago (1933) / Dominio público / Wikimedia Commons

El plan de Millikan fracasó. Primero, la recesión tras el crack de 1929 afectó al presupuesto para la organización de eventos durante las celebraciones del «Siglo del Progreso», especialmente a la posibilidad de invitar a científicos europeos. Pero, además, estaba la cuestión de qué sociedad nacional podía representar a Alemania. Efectivamente, la IUPAP estaba formada por la unión de academias nacionales de física; pero Alemania tenía dos sociedades que podían representar a los físicos del país: la Deutsche Physikalische Gesellschaft (DPG) y la Gesellschaft für Technische Physik (GTP); y los intentos de Millikan, y especialmente de Abraham —que seguía ejerciendo de secretario—, en la correspondencia con Planck y otros representantes alemanes no conseguían zanjar la cuestión de cómo se podía formalizar la representación del país. Por último, el clima político en Alemania estaba cambiando y la ideología nazi no era precisamente favorable al internacionalismo.

Al final, Millikan solo pudo organizar un pequeño encuentro de físicos en Chicago, fundamentalmente con delegados nacionales, lejos del anhelado gran evento internacional que había imaginado para consolidar y expandir la IUPAP. Los promotores de la Unión siguieron intentándolo y aprovecharon un gran congreso de física organizado en Londres y Cambridge por el Instituto Británico de Física y la Royal Society en octubre de 1934 para intentar formalizar la inclusión de Alemania en la IUPAP. Y para subrayar que, finalmente, la institución alcanzaría su deseado carácter plenamente internacional, se propuso que Bohr fuera el presidente. Las cartas y telegramas entre Millikan, Abraham, Bohr, Schrödinger y otros físicos nos muestran una sucesión cómica de malentendidos que dejaron a la IUPAP descabezada durante tres años: Abraham y Millikan malinterpretaron un telegrama de Bohr y pensaban que este había aceptado la presidencia; pero este no quería comprometerse hasta que la presencia alemana estuviese plenamente ratificada, y no simplemente prometida. Y, de hecho, esto último nunca sucedió.

Así, pues, tras la dimisión de Millikan y el rechazo de Bohr a ser presidente, el alma de la Unión seguía siendo Abraham, quien no desfalleció hasta conseguir encontrar a un nuevo presidente. En 1937, el físico sueco y también premio nobel de física Manne Siegbahn accedió a presidir la IUPAP, aunque la Unión seguía sin tener una misión clara, ni una presencia activa en foros científicos, ni suficiente coherencia interna. El infatigable Abraham no cesaba en sus intentos por mantener viva la institución: propuso sin éxito congresos en Copenhague en 1938, esperando el apoyo de Bohr, o en Estocolmo, organizado por Siegbahn; e incluso en mayo de 1939 tenía la esperanza de que quizás en 1940 pudiese haber un gran encuentro en París. Ninguno de estos planes se materializó. El estallido de la nueva guerra no solo acabó con el sueño de tener una Unión Internacional de Física Pura y Aplicada plenamente funcional e internacional, sino que, peor todavía, acabó con la vida de su gran defensor: Abraham fue asesinado en Auschwitz en 1943. Como veremos en la segunda parte, la Unión se reinventó totalmente después de la guerra y tuvo que aprender a navegar la nueva paz de la guerra fría.

Referencia bibliográfica

Lalli, R. y Navarro, J. (2024). Globalizing Physics: One Hundred Years of the International Union of Pure and Applied Physics. Oxford University Press. [Acceso abierto]
Sobre el autor: Jaume Navarro es Profesor de Investigación Ikerbasque en el Grupo de investigación Praxis de la Universidad del País Vasco (EHU)

 

Una versión de este texto en inglés fue publicada originalmente en Mapping Ignorance.

El artículo Instituciones científicas internacionales entre la guerra y la paz: Cien años de la IUPAP (1) se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

Eritrulosa, primer azúcar identificado en el medio interestelar

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Imagen del centro galáctico obtenida a partir de las observaciones realizadas con distintos telescopios. Fuente: Ashley Barnes / Izaskun Jiménez-Serra / Juan García de la Concepción

Los azúcares son biomoléculas esenciales para la vida: forman parte de la estructura de los ácidos nucleicos, como el ADN y el ARN, y participan en procesos metabólicos fundamentales. Sin embargo, una de las grandes preguntas sobre el origen de la vida es cómo se formaron los primeros azúcares en la Tierra primitiva, ya que los experimentos de laboratorio muestran que no se generan fácilmente en condiciones prebióticas. La detección de eritrulosa en el medio interestelar aporta una nueva pieza a este rompecabezas: algunos de estos compuestos pudieron formarse previamente en el espacio y llegar después a la Tierra incorporados en meteoritos, cometas o asteroides.

El trabajo ha sido liderado por el Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA) y ha contado con la participación de un amplio equipo internacional. Por parte de la EHU han participado Emilio J. Cocinero y Aran Insausti, investigadores del Departamento de Química Física de la Facultad de Ciencia y Tecnología y del Instituto Biofisika (CSIC, EHU).

La aportación del equipo de la EHU se ha centrado en la espectroscopía rotacional en fase gas, una técnica imprescindible para identificar moléculas en el espacio. Antes de buscar una molécula en una nube interestelar, es necesario conocer en el laboratorio su espectro puro: un conjunto de señales único para cada compuesto, que funciona como una huella dactilar molecular. Esa referencia permite buscar después la misma molécula en los espectros obtenidos por los radiotelescopios, donde aparecen mezcladas las señales de muchas especies químicas presentes en el medio interestelar.

En el caso de los azúcares, obtener esa huella espectroscópica ha sido durante años un reto experimental especialmente complejo. Son moléculas térmicamente frágiles y muy higroscópicas, lo que dificulta su manipulación y su vaporización mediante métodos convencionales. El equipo de la EHU ha contribuido al desarrollo y aplicación de estrategias basadas en vaporización láser ultrarrápida que han permitido superar esa limitación y caracterizar en fase gas azúcares como la ribosa, la 2-desoxirribosa y la eritrulosa. Estos datos de laboratorio han abierto la puerta a buscarlos de forma sensible en el medio interestelar.

“En este tipo de detecciones, el trabajo de laboratorio es esencial. Primero hay que medir la molécula aislada y conocer con precisión sus señales características; solo después se pueden buscar esas señales en los datos astronómicos, donde aparecen mezcladas las huellas de muchas moléculas distintas”, explica Emilio J. Cocinero.

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Espectros observados (histogramas), perfil de la eritrulosa (línea roja) y ajustes (línea azul) teniendo en cuenta todas los tipos de moléculas detectadas en la señal.  En el centro, modelo de barras y bolas de la eritrulosa. Fuente: Jiménez-Serra, I. et al. (2026) Nat Astron  doi: 10.1038/s41550-026-02905-7

La detección se ha realizado mediante observaciones ultrasensibles y de banda ancha obtenidas con el radiotelescopio de 40 metros del Observatorio de Yebes, en Guadalajara, y el radiotelescopio de 30 metros del Instituto de Radioastronomía Milimétrica, IRAM, en Pico Veleta, Granada. En total, el equipo identificó 12 conjuntos de señales compatibles con el espectro de la eritrulosa. En palabras de Izaskun Jimenez-Serra, primera autora del trabajo: “Este resultado fue inesperado, puesto que la idea más aceptada en astroquímica es que las moléculas interestelares crecen en tamaño por la adición consecutiva de átomos de carbono. Por ello, teníamos que continuar investigando.”

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Rediotelescopio de 30 metros en el Pico Veleta (Granada, España). Fuente: IRAM

“La eritrulosa pertenece a la familia de los monosacáridos, o azúcares simples, y es la única cetosa de cuatro átomos de carbono. Su detección supone un avance relevante para la astroquímica y la astrobiología, ya que hasta ahora no se había identificado ningún azúcar en el medio interestelar. Además, se trata de una molécula quiral, es decir, puede existir en dos formas que son imágenes especulares entre sí, como la mano izquierda y la derecha. La quiralidad es una propiedad central en muchas biomoléculas, y la eritrulosa es solo la segunda molécula quiral detectada hasta ahora en el medio interestelar”, explica Aran Insausti.

Uno de los resultados más llamativos del estudio es que la eritrulosa aparece como una molécula más abundante que otros azúcares más simples, de tres átomos de carbono, que no han sido detectados en la misma región. En concreto, el análisis astronómico muestra que la eritrulosa es al menos ocho veces más abundante que esos azúcares más pequeños. Este resultado es inesperado y sugiere que algunos procesos químicos del medio interestelar pueden favorecer la formación de moléculas más complejas de lo que se pensaba.

El equipo investigador también ha estudiado cómo podría formarse esta molécula en el espacio. Los resultados indican que la eritrulosa puede generarse de manera eficiente en hielos interestelares, sobre la superficie de granos de polvo, a partir de moléculas más sencillas como alcoholes y aldehídos de dos átomos de carbono. Esto refuerza la idea de que el medio interestelar no es solo un lugar donde se encuentran moléculas orgánicas, sino también un entorno capaz de construir compuestos cada vez más complejos antes de la formación de planetas.

A partir de la cantidad de eritrulosa medida en la nube G+0.693−0.027, el estudio estima que entre 0,5 y 50 millones de toneladas de este azúcar podrían haber alcanzado la superficie de la Tierra durante el periodo de bombardeo masivo tardío, hace entre 4.100 y 3.800 millones de años. Aunque esta estimación debe interpretarse con cautela, refuerza la posibilidad de que el medio interestelar actuara como una fuente de moléculas orgánicas de interés prebiótico.

“Lo más relevante no es solo haber detectado un azúcar en el espacio, sino demostrar que moléculas de este tipo pueden formarse en condiciones interestelares. Esto amplía el escenario en el que pensamos el origen molecular de la vida: parte de la química necesaria pudo empezar mucho antes de la formación de planetas como la Tierra”, señala Cocinero.

La detección de eritrulosa abre nuevas líneas de investigación sobre la formación de moléculas prebióticas en el universo y sobre cómo estos compuestos pudieron incorporarse a planetas jóvenes como la Tierra primitiva.

Referencia:

Jiménez-Serra, I., García de la Concepción, J., Cuppen, H.M. et al. (2026) Detection of a four-carbon sugar in interstellar space. Nat Astron  doi: 10.1038/s41550-026-02905-7

 

Edición realizada por César Tomé López a partir de materiales suministrados por UPV/EHU Komunikazioa

El artículo Eritrulosa, primer azúcar identificado en el medio interestelar se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

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