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¿Excelente o simplemente íntima? El sesgo de brillantez castiga a las directoras de cine

16 September 2026 at 09:00

Solemos pensar que la crítica especializada en cine evalúa cada película de manera puramente objetiva, midiendo el guion, la fotografía o la dirección de forma aislada. Sin embargo, el arte y la cultura no son inmunes a los prejuicios de género que permean el resto de la sociedad. Un reciente estudio llevado a cabo por la economista María Cubel y el también economista Santiago Sánchez-Pagés ha analizado cómo opera el sesgo de género en la crítica cinematográfica. El articulo, titulado “There Will Be Bias: Gender Patterns in Film Criticism”, revela que las películas dirigidas por mujeres sufren una sutil pero constante penalización en sus evaluaciones, en particular por parte de los críticos varones.

Rollo de película fotográfica utilizada en la cinematografía. Wikimedia Commons.

El análisis

El trabajo examina un corpus de dos mil reseñas publicadas entre 2021 y 2025 en dos medios de referencia en español: Fotogramas, la revista de cine más antigua de España, y El Antepenúltimo Mohicano, un portal español independiente especializado en cine de autor. Aproximadamente, una cuarta parte de las películas fueron dirigidas por mujeres. Al cruzar las puntuaciones y los textos de las reseñas con indicadores externos de calidad (como los premios obtenidos, las nominaciones y las puntuaciones del público en la base de datos IMDb), los autores logran aislar el peso real del género de quien dirige la película.

Los resultados estadísticos son contundentes: a igual calidad objetiva y características de producción, las películas dirigidas por mujeres reciben sistemáticamente peores notas y tienen menos probabilidades de alcanzar la máxima calificación de cinco estrellas. Pero lo verdaderamente revelador del estudio es que la menor puntuación media de las películas dirigidas por mujeres no se debe a una hostilidad abierta o a críticas destructivas. Las directoras no reciben más valoraciones pésimas (de 1 o 2 estrellas) que sus compañeros varones. Ocurre algo mucho más sutil: se les niega sistemáticamente la excelencia.

El estudio también revela diferencias notables en función del género de la persona que realiza la crítica de la película. Las mujeres son una clara minoría, ya que únicamente el 17 % de las críticas fueron escritas por mujeres. Y la nota media recibida por las películas dirigidas por mujeres es similar a la de las dirigidas por hombres en las críticas escritas por mujeres. Toda la diferencia en la valoración se encuentra en las críticas escritas por hombres.

El lenguaje de las críticas

A través de un exhaustivo análisis lingüístico de las reseñas mediante procesamiento de lenguaje natural, el artículo revela cómo se materializa la brecha entre directores y directoras en el texto. El sentimiento general de las críticas, cuando son positivas, es idéntico entre directores y directoras. Lo mismo ocurre si las críticas son negativas. Sin embargo, las palabras elegidas para describir el éxito revelan una gran asimetría. Cuando los críticos hombres evalúan el trabajo de un director varón, recurren con mucha mayor frecuencia al «lenguaje de la brillantez», utilizando adjetivos vinculados al genio, la maestría o el espectáculo (como genial, magistral, virtuoso o extraordinario). En contraste, ante el trabajo de una mujer, el marco interpretativo cambia radicalmente hacia lo subjetivo y lo emocional, empleando términos como íntimo, sensible, emocional o particular. Mientras el cine de ellos se analiza como universal y monumental, el de ellas se encasilla con frecuencia en lo doméstico y lo relacional.

Además, el estudio midió el «esfuerzo crítico» cognitivo y estilístico invertido en los textos. Los críticos masculinos dedican una mayor riqueza de vocabulario, textos más complejos y términos más originales cuando escriben sobre películas dirigidas por hombres, mostrando una mayor disposición a desentrañar la propuesta del autor. Cuando evalúan a las mujeres, este esfuerzo disminuye sensiblemente. Por su parte, las críticas mujeres que formaban parte de la muestra no mostraron ningún sesgo significativo a la hora de redactar sus evaluaciones según el género de la dirección.

Este fenómeno se alinea perfectamente con la teoría del «sesgo de brillantez», que documenta cómo socialmente tendemos a asociar el talento excepcional, innato y revolucionario con la masculinidad, mientras que el trabajo de las mujeres suele verse como el resultado del esfuerzo, la competencia o la mera expresión de lo personal.

Las implicaciones del estudio

Las implicaciones de la sutil discriminación lingüística y numérica detectada en el artículo son enormes. Los críticos y las críticas juegan un papel clave de intermediación: sus estrellas y sus palabras configuran la reputación a largo plazo de los cineastas, influyen en la programación de los festivales, determinan la distribución comercial y condicionan el acceso a financiación para futuros proyectos. Si a las directoras se les veta el vocabulario de la genialidad, difícilmente lograrán consolidarse en el canon histórico del cine.

El sesgo de brillantez detectado por Cubel y Sánchez-Pagés sugiere que la desigualdad en el cine no se limita a quién accede a la silla de dirección, sino también a cómo se juzga el resultado final. Romper este círculo vicioso en el que las creadoras quedan excluidas del canon de la genialidad requiere cambios estructurales en el sector cultural. En particular, es necesaria la diversificación de las plantillas de crítica, ya que la mirada de las mujeres equilibra las asimetrías en las evaluaciones. Además, las asociaciones de críticos y críticas y las redacciones culturales deberían promover la autoevaluación lingüística, animando a los profesionales a revisar si están encasillando las obras según el género de su autoría.

Referencia

Sánchez-Pagés, Santiago; María Cubel (2026). «There Will Be Bias: Gender Patterns in Film Criticism«. Accesible en SSRN 5296682

Sobre el autor

David Pérez Castrillo es doctor en Economía y profesor emérito de la Barcelona School of Economics.

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La paradoja antártica: nunca supimos tanto sobre el continente helado, pero quizá no sabemos lo necesario

11 September 2026 at 09:00

 

Virginia Morandini, Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC)

Base Antártica Española Juan Carlos I. UTM-CSIC.

En 1959, en plena Guerra Fría, doce naciones se sentaron a negociar el futuro de un continente en el extremo sur del planeta y casi completamente cubierto de hielo. El resultado fue el Tratado Antártico, un acuerdo internacional que estableció que la Antártida debía ser un continente dedicado a la paz y la ciencia.

Aquel tratado creó un sistema de gobernanza único para un lugar único. Décadas después, para reforzar su protección ambiental, se firmó en Madrid el llamado Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente o Protocolo de Madrid. En él se declaró la Antártida como una reserva natural dedicada a la paz y la ciencia, prohibiendo la explotación de recursos minerales, salvo con fines científicos.

En la actualidad, el tratado cuenta con 58 miembros y su conservación depende de la cooperación internacional y la capacidad de alcanzar acuerdos entre países. Durante más de 60 años, este sistema ha mantenido el continente helado como un espacio excepcional de cooperación científica internacional.

Hoy en día, la Antártida está más vigilada que nunca. Satélites, bases científicas, barcos oceanográficos, sensores remotos y campañas internacionales producen cada año una enorme cantidad de datos sobre el hielo, el océano, el clima y sus ecosistemas. Sabemos más que nunca sobre su fauna, el retroceso del hielo y la contaminación.

Sin embargo, más ciencia no significa necesariamente mejores decisiones.

En un estudio publicado recientemente en People and Nature, planteamos precisamente esta paradoja: la investigación actual en el continente helado produce una gran cantidad de información, pero no siempre genera el conocimiento necesario para guiar su protección.

Un caso reciente: la pesca de kril

La península antártica es una de las zonas donde coinciden con más intensidad la pesca de kril –pequeños crustáceos marinos– y la presencia de especies que dependen de él, como pingüinos, focas, peces y ballenas. Por eso, a la hora de regular la pesca no basta solo con fijar un límite total de capturas. Si una parte demasiado grande de esta actividad se concentra en una zona especialmente sensible, el riesgo ecológico puede aumentar aunque el cupo total no se haya superado.

Para reducir ese riesgo, desde 2009 la medida CM 51-07 distribuía espacialmente el límite precautorio de captura de kril entre varias subáreas de pesca. Por ejemplo, el límite total para el Área 48 era de 620 000 toneladas por temporada, pero la subárea 48.1, que abarca gran parte de la península antártica, tenía un cupo específico de 155 000. Ese reparto buscaba evitar que la presión pesquera se concentrara excesivamente en esta región a la vez frágil, productiva y codiciada por la actividad pesquera.

En 2024, la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos, el organismo internacional que regula la pesca en el océano Austral, se reunió para decidir si mantenía ese reparto espacial del cupo de kril. La medida expiró y no se renovó.

En consecuencia, desde la temporada de pesca de 2025, ya no está distribuido el límite de captura de kril entre esas subáreas de pesca. Su expiración se debió a la dificultad de alcanzar un acuerdo entre los países miembros del tratado con la información científica disponible. Este caso mostró hasta qué punto la gestión de la Antártida depende de contar con una base científica sólida, compartida y útil para apoyar decisiones colectivas.

Un pequeño crustáceo semitransparente flotando sobre una roca
Kril antártico. Tarpan/Shutterstock.

Una protección bajo presión

Cuando los datos no son suficientes, no son comparables o no se traducen en acuerdos sólidos, las decisiones pueden acabar reflejando más los bloqueos políticos y los intereses económicos que el principio de precaución.

Hoy, esto importa especialmente porque hay una fecha en el horizonte: 2048. El Protocolo de Madrid, que prohibió la explotación de recursos minerales salvo con fines científicos, podría ser revisado a partir de ese año. Se espera que en el futuro el continente sea físicamente más accesible que cuando se diseñó su actual marco de protección. Las proyecciones indican que las zonas libres de hielo podrían aumentar alrededor de un 25 % hacia finales de siglo, aumentando su accesibilidad y modificando los intereses geopolíticos y económicos sobre el territorio.

Si llegamos a posibles debates sobre recursos minerales, presencia humana o nuevas formas de explotación sin una ciencia integrada, sostenida y aceptada como base común, la protección de la Antártida podría depender más de negociaciones políticas que de una evaluación sólida de los riesgos.

La opacidad epistémica antártica

En nuestro trabajo usamos el concepto de «opacidad epistémica» para describir una situación aparentemente paradójica: puede haber muchos datos científicos y, aun así, faltar una visión clara, integrada y útil para tomar decisiones.

La opacidad surge cuando la información existe, pero está fragmentada. Cuando los estudios no son comparables entre regiones. Cuando los datos científicos disponibles no responden directamente a las preguntas que deben resolver quienes toman decisiones. O cuando la información científica existe, pero no llega de forma integrada, comprensible y útil a los espacios donde esas decisiones se toman.

En la Antártida, este problema no se debe a la falta de buena ciencia. La investigación antártica ha producido descubrimientos fundamentales para entender el planeta. El problema está en cómo se organiza, financia, coordina y utiliza esa ciencia. Un estudio reciente sobre seguimiento a largo plazo en la Antártida mostró, por ejemplo, que más del 60 % de las investigaciones se centran en megafauna carismática, como pingüinos y mamíferos marinos.

La solución no es simplemente producir más artículos científicos. Es generar conocimiento más integrado, mantenido en el tiempo y conectado con las necesidades de conservación y gobernanza. Esto implica reforzar los seguimientos a largo plazo, armonizar protocolos, coordinar observatorios, compartir datos y asegurar que las regiones y procesos menos visibles también formen parte de la agenda científica.

Afortunadamente, la comunidad científica antártica no es ajena a este problema. En los últimos años han surgido iniciativas internacionales que avanzan en esa dirección: mayor coordinación entre programas, integración de datos, identificación de prioridades comunes y esfuerzos para conectar mejor la ciencia antártica con la toma de decisiones. Son pasos importantes. Pero ¿serán suficientes y llegarán a tiempo?

Lo que ocurre en la Antártida no se queda allí

La Antártida no está tan aislada como solemos pensar. En la temporada 2024–25 recibió 118 491 turistas, una cifra impensable hace pocas décadas.

No podemos seguir viviendo de espaldas a este continente. Lo que pasa en el resto del planeta llega hasta allí en forma de calentamiento, contaminación, presión pesquera, turismo o enfermedades emergentes. Y lo que ocurre allí puede repercutir en el resto del mundo a través del clima, el océano, el nivel del mar y la biodiversidad.

Mirar hacia la Antártida ya no es solo una cuestión científica o geográfica. Es una forma de preguntarnos si sabremos proteger algo antes de perderlo.The Conversation

Sobre la autora

Virginia Morandini, Investigadora Ramón y Cajal en Ecología Antártica y Cambio Global, Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC)

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Ir al artículo original.

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Evolución histórica del «efecto Matilda»

7 August 2026 at 09:00

El «efecto Matilda» es un sesgo que impide reconocer los logros de las científicas e inventoras, cuyo trabajo se atribuye a sus colegas masculinos. Este fenómeno fue descrito por primera vez por la sufragista y abolicionista Matilda Joslyn Gage en su ensayo (publicado como folleto en 1870 y posteriormente, en 1883, en la North American Review) La mujer como inventora. El término «efecto Matilda» fue acuñado en 1993 por la historiadora de la ciencia Margaret W. Rossiter. En 2021, la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) lanzó la exitosa campaña #NoMoreMatildas que buscaba denunciar las consecuencias de este tipo de discriminación.

«Efecto Matilda». Wikimedia Commons.

Recientemente el arqueobotánico Felix Bittmann y el sociólogo de la ciencia Lutz Bornmann han publicado en el repositorio arXiv el artículo titulado Female participation in science in the past 125 years: An analysis of the Matilda effect over time; en él estudian la evolución histórica de la participación femenina en la ciencia y la prevalencia del «efecto Matilda» a lo largo de los últimos 125 años.

Para realizar este estudio, utilizando la base de datos OpenAlex, han analizado más de 220 millones de artículos publicados entre los años 1900 y 2025, determinando el género binario de aproximadamente 60 millones de autores mediante una combinación de enfoques determinísticos y modelos de lenguaje a gran escala (LLM).

En el resumen del artículo explican: «Para cuantificar esta falta de reconocimiento, calculamos la relación entre la proporción total de autoras y la de autoras correspondientes. Como la autoría correspondiente denota el liderazgo intelectual y el mérito académico principal, la exclusión sistemática de este rol mide directamente el «efecto Matilda»».

Resultados obtenidos

Los autores explican que, durante la mayor parte del siglo XX, «la relación entre la proporción de participación femenina y la de autoras correspondientes se mantuvo por encima de 1, lo que confirma un «efecto Matilda» histórico en el que las mujeres están sistemáticamente infrarrepresentadas en puestos de liderazgo en relación con su participación global».

En el estudio se indica que esta proporción se sitúa en torno a 1,005 hasta la década de 1990; es decir, hasta ese momento (en media) había 5 autores correspondientes masculinos más de lo que cabría esperar por cada 1000 publicaciones, teniendo en cuenta la proporción de autoras. «Esto significa que las mujeres se veían en desventaja por partida doble: mientras que había muchas menos autoras científicas en general (solo en torno al 25 % a nivel mundial hasta la década de 1990), estas pocas autoras tenían aún menos posibilidades de ocupar un puesto de liderazgo».

El análisis realizado revela que, en las últimas dos décadas, esta tendencia ha cambiado: la participación femenina global aumentó de aproximadamente el 10 % en la década de 1910 a más del 40 % en los últimos años. Los autores explican que este crecimiento fue lento e irregular entre 1910 y 1960, pero se aceleró significativamente a partir de entonces. Las irregularidades a las que aluden se observan durante las guerras mundiales, en las que las mujeres ocuparon temporalmente puestos de investigación que habían dejado los hombres, seguidas de retrocesos temporales durante la desmovilización de la posguerra, cuando los hombres recuperaron sus puestos tras regresar de el frente.

Los autores afirman: «Si actualmente existiera un «efecto Matilda» pronunciado, cabría esperar una divergencia sustancial entre las dos trayectorias (proporción de mujeres entre los autores y proporción de mujeres entre los autores correspondientes). En cambio, la convergencia indica que esta manifestación específica del efecto ha disminuido en las publicaciones académicas. Hoy en día, las mujeres están ligeramente sobrerrepresentadas entre los autores correspondientes, en relación con la proporción global de mujeres que son autoras. Sin embargo, dado que el tamaño total del efecto es muy cercano a uno, según nuestros datos, parece que las influencias de género en los puestos de liderazgo están casi equilibradas en la actualidad. Esto es válido para todas las disciplinas y casi todas las regiones del mundo».

El análisis muestra que existen excepciones notables a estas tendencias generales. Por ejemplo, las ciencias físicas presentan de forma persistente la proporción más baja de autoras, «lo que puede reflejar factores institucionales, estereotipos históricos o un menor interés medio». Sin embargo, las ciencias de la salud se acercan a la paridad de género. A nivel geográfico, varios países asiáticos (entre ellos India, China, Japón y Corea del Sur) muestran tasas de participación femenina un 10 % inferiores a las de otras regiones, «lo que probablemente refleja tradiciones culturales y entornos académicos distintos». Sin embargo, en América Latina se acercan a la paridad de género.

Limitaciones del estudio

En el análisis final del artículo, los autores advierten que la interpretación de los resultados de este estudio puede tener limitaciones debido a diferentes factores que se citan a continuación.

En primer lugar, aunque OpenAlex ofrece una cobertura exhaustiva, ninguna base de datos es completa.

Un segundo factor a tener en cuenta es que la clasificación por género está condicionada por la falta de información, sobre todo cuando solo se dispone de las iniciales de autoras o autores.

En tercer lugar, una perspectiva exclusivamente bibliométrica proporciona una visión limitada de una realidad demasiado compleja. Como explican los autores, «los indicadores cuantitativos solo reflejan una parte de la producción investigadora total, especialmente en disciplinas como las ciencias sociales cualitativas, las humanidades y la ingeniería, en las que los artículos de revistas especializadas no son el único vehículo del conocimiento científico».

Por último, las publicaciones varían considerablemente en cuanto a su calidad instrínseca y su relevancia científica; así, los simples recuentos no representan completamente el peso de la investigación.

Los propios autores comentan que la bibliografía general proporciona un contexto para estas observaciones, y destaca que las vulnerabilidades estructurales (como las responsabilidades de cuidado o
los obstáculos en el avance profesional) siguen alejando a las mujeres de la itinerario académico y reduciendo la duración de su carrera investigadora.

Referencia

Felix Bittmann and Lutz Bornmann, Female participation in science in the past 125 years: An analysis of the Matilda effect over time, arXiv:2607.15059, 16 julio 2026

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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Igual salario para trabajos similares: una política con efectos inesperados

5 August 2026 at 09:00

En las últimas décadas, la reducción de las desigualdades salariales, especialmente aquellas asociadas al género, ha motivado diversas políticas públicas. Muchas legislaciones se han basado en el principio de que dos personas que realizan la misma labor deben recibir el mismo pago. En particular, este principio implica que una mujer y un hombre que realizan el mismo trabajo deben recibir el mismo salario. Sin embargo, en la práctica es difícil encontrar trabajos exactamente idénticos. Por ello, se suele utilizar una variante más flexible que aboga por la igualdad salarial para trabajos “similares”.

Imagen: klimkin, Pixabay.

Por otro lado, las empresas no son agentes pasivos, sino que responden a las reglas que deben cumplir. Las políticas de igualdad salarial buscan corregir las diferencias salariales, pero su impacto real depende de cómo reaccionen las empresas.

¿Puede una ley diseñada para reducir la brecha salarial terminar aumentándola? Aunque parezca contradictorio, un reciente estudio muestra que este efecto puede producirse cuando las empresas toman ciertas decisiones para adaptarse a la nueva regulación.

El artículo “Equal Pay for Similar Work”, de Diego Gentile Passaro, Fuhito Kojima y Bobak Pakzad-Hurson analiza lo que ocurrió tras la implementación de una política de “igualdad salarial para trabajos similares» en Chile en 2009. Aunque se trata de un caso particular, su estudio puede dar pistas de las consecuencias que dicha política ha tenido o puede tener en otros países.

Qué ocurrió en Chile

A diferencia de normas anteriores, que exigían igualdad únicamente cuando dos personas realizaban exactamente el mismo trabajo, la ley chilena de 2009 amplió el criterio a tareas similares, haciendo mucho más difícil justificar diferencias salariales entre hombres y mujeres.

Esta reforma ofrece una oportunidad excepcional para estudiar qué ocurre cuando una medida de este tipo entra en vigor. Además, la ley solo afectaba a las empresas por encima de 10 personas con contratos de largo plazo. Ello permitió a los investigadores comparar la evolución de empresas similares; más exactamente, aquellas que contrataban entre 10 y 13 personas con las que contrataban entre 6 y 9 personas y que no estaban sujetas a la nueva regulación. Este tipo de comparación constituye uno de los métodos más sólidos para estimar el efecto causal de una política pública.

La reacción de las empresas

Las empresas no permanecieron pasivas ante la nueva legislación. Adaptaron su organización para reducir las restricciones que la ley imponía sobre su política salarial. En concreto, muchas empresas segregaron por género, es decir, pasaron a emplear solo hombres o solo mujeres. Para evitar pagar a las mujeres lo mismo que a los hombres, algunas empresas eligieron reemplazar mujeres por hombres, si las mujeres eran muy minoritarias. De la misma manera, si la mayoría de la fuerza laboral eran mujeres, aumentarles el sueldo era muy caro, por lo que hubo una reorganización en la que muchas empresas acabaron contratando solo mujeres (y otras, solo hombres).

Dada la reacción de las empresas, el efecto de la ley sobre la brecha salarial fue diferente en función del grupo mayoritario en cada mercado laboral local. En aquellos sectores y zonas donde predominaban los hombres, la nueva regulación terminó aumentando la diferencia salarial a favor de ellos, ya que las pocas mujeres que trabajaban en puestos mejor pagados fueron substituidas por hombres.

En los mercados donde las mujeres constituían la mayoría, ocurrió el efecto contrario. Sin embargo, la mayor parte del empleo chileno se concentraba en mercados laborales con mayoría masculina. Por ello, el efecto agregado fue un aumento de la brecha salarial favorable a los hombres, exactamente lo contrario de lo que pretendía la política.

¿Significa esto que las políticas de igualdad salarial no funcionan?

Sería un error extraer esa conclusión. El estudio analiza una política muy concreta, un contexto institucional determinado y un tipo de empresas. Sus resultados no implican que todas las medidas destinadas a reducir las desigualdades salariales estén condenadas al fracaso.

Lo que sí muestran es algo fundamental: las personas y las empresas responden a los incentivos. Cuando una regulación modifica las reglas del juego, los agentes adaptan su comportamiento. Por ello, para evaluar una política pública no basta con analizar sus objetivos; también es necesario estudiar las respuestas que provoca.

Referencia

Gentile Passaro, Diego, Fuhito Kojima, and Bobak Pakzad-Hurson. “Equal Pay for Similar Work”. American Economic Review 116.3 (2026): 977-1013

Sobre el autor

David Pérez Castrillo es doctor en Economía y profesor emérito de la Barcelona School of Economics.

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El ‘pensamiento crítico’ está de moda: ¿qué significa realmente y cómo se enseña?

31 July 2026 at 09:00

 

Sara Kells, IE University

MalikNalik/Shutterstock.

En cualquier debate o reflexión acerca del impacto de la inteligencia artificial en la educación e inteligencia se acaba hablando de pensamiento crítico. Esta tecnología está cambiando la forma en que los alumnos aprenden y en que los docentes evalúan el aprendizaje, y ante esta transformación, el pensamiento crítico se presenta a menudo como la respuesta pedagógica adecuada.

Pero a medida que la IA cambia la forma en que aprendemos y enseñamos, es fácil pasar por alto una cuestión crucial: ¿qué significa realmente el pensamiento crítico en el mundo actual?

Existe un peligro real de que se convierta en una palabra de moda vacía de contenido, un antídoto excesivamente simplificado y supuestamente universal contra esta nueva realidad en la que la información, las explicaciones y los resultados cada vez más sofisticados están a solo un clic de distancia.

Ampliando las definiciones

El pensamiento crítico se entiende, en términos generales, como un conjunto complejo y valioso de habilidades y hábitos. Incluye la capacidad de evaluar pruebas, valorar argumentos, identificar supuestos, distinguir las afirmaciones más sólidas de las más débiles y extraer conclusiones razonadas.

Estas habilidades siguen siendo vitales, pero no abarcan por completo lo que los estudiantes necesitan para hacer frente a los retos cognitivos de un mundo impulsado por la IA.

Investigaciones recientes han comenzado a explorar esta distinción a través de conceptos como el pensamiento crítico digital, que incorpora la idea de que los entornos en línea, moldeados por algoritmos opacos, la personalización y la información de las plataformas, exigen que las personas interpreten no solo el contenido con el que se encuentran, sino también cómo han llegado a verlo en primer lugar.

A medida que evolucionan los entornos en los que aprendemos y vivimos, también debería hacerlo nuestra comprensión del pensamiento crítico. Como investigadora en educación cívica, creo que las respuestas no residen en abandonar las definiciones tradicionales del pensamiento crítico, sino en ampliarlas.

Reflexión y juicio

El pensamiento crítico se desarrolla en dos pasos. El primero es la reflexión, ese micromomento vital de pausa y consideración que precede al segundo paso: la formación de un juicio.

La reflexión exige que las personas cuestionen las pruebas, examinen las suposiciones, comparen interpretaciones contrapuestas, reconozcan los límites de su propia perspectiva y estén dispuestas a revisar sus conclusiones a la luz de argumentos más sólidos o de nueva información.

Pero los espacios digitales modernos moldean agresivamente nuestra atención. Las plataformas digitales deciden qué es visible, fiable y digno de atención, y luego ofrecen contenido a los usuarios en forma de vídeos breves, reseñas cortas y feeds que se pueden desplazar sin fin.

El pensamiento crítico resulta difícil en estos espacios digitales porque desaparece el tiempo y el espacio necesarios para la reflexión. En su lugar, es probable que los usuarios pasen directamente del consumo al juicio.

La reflexión, intermedio necesario entre consumo y juicio

Sin embargo, aún podemos fomentar la crucial primera etapa de la reflexión fuera de estos entornos digitales. Y, al igual que cualquier objetivo educativo significativo, este hábito no se adquiere únicamente a través de la enseñanza. Se cultiva gradualmente mediante la práctica repetida, la retroalimentación, la reflexión y la revisión a lo largo de todo el plan de estudios.

Aunque el pensamiento crítico comienza con una reflexión disciplinada, no termina ahí. La reflexión nos prepara para ejercer el juicio.

El juicio es donde el pensamiento comienza a orientar la acción. Es donde decidimos qué merece nuestra atención, cuánta confianza depositar en nuestro conocimiento y qué responsabilidades se derivan de ello. Determina cómo participamos en última instancia junto a los demás en situaciones en las que no podemos estar seguros al 100 % de lo que sabemos.

El ingrediente clave: la humildad intelectual

Uno de los logros menos publicitados de la educación es que ayuda a los alumnos a descubrir los límites de su propia comprensión. Luchar con ideas difíciles, construir argumentos, cometer errores y revisar el propio razonamiento hacen mucho más que simplemente producir conocimiento. Estos procesos calibran gradualmente el juicio al enseñar a los estudiantes la diferencia entre llegar a una respuesta y comprender un tema de forma significativa.

Con las herramientas basadas en la IA, es más fácil que nunca producir trabajos que, a primera vista, parezcan reflexivos, persuasivos y sofisticados. Una persona puede parecer informada y elocuente sin haber realizado nunca el difícil trabajo cognitivo de desarrollar una comprensión real.

Por lo tanto, hay que enseñar a los estudiantes a distinguir entre una respuesta y la comprensión real. La capacidad de escribir un texto fluido y bien construido es una habilidad totalmente distinta a la de elaborar un argumento sólido. De hecho, una prosa ingeniosa a menudo puede enmascarar o distraer la atención de la falta de una comprensión clara.

Apariencia frente a profundidad

Pero el riesgo no es que el uso de la IA genere estudiantes incapaces de pensar. El riesgo es que cada vez resulte más fácil confundir una ejecución pulida con profundidad intelectual, tanto en nosotros mismos como en los demás.

Aquí es donde entra en juego la humildad intelectual. No se trata ni de modestia ni de falta de confianza, sino de la capacidad de reconocer los límites de la propia comprensión, estar abierto a la revisión y calibrar la confianza en función de lo que realmente se sabe. La humildad intelectual es lo que evita que el juicio se endurezca hasta convertirse en una certeza ciega.

Esta capacidad hace que el pensamiento crítico sea algo más que un conjunto de habilidades cognitivas. Se convierte en parte de un proyecto educativo más amplio, que prepara a los estudiantes para ejercer su juicio de forma responsable en relación con otras personas y con el mundo compartido en el que viven.

Proteger la democracia

Las sociedades democráticas dependen de personas capaces de sopesar argumentos contrapuestos, reconocer la incertidumbre sin dejarse paralizar por ella y revisar sus opiniones cuando sea necesario.

Aunque estas capacidades no surgen por sí solas, pueden desarrollarse a través de experiencias educativas que pregunten repetidamente a los estudiantes no solo qué piensan, sino también cómo han llegado a una conclusión concreta, qué pruebas podrían llevarles a reconsiderarla y cuánta confianza merece realmente.

Más allá de una habilidad aislada

Desde esta perspectiva más amplia, el pensamiento crítico no puede reducirse a una habilidad aislada, integrarse en una sola asignatura ni medirse mediante una única evaluación. Se cultiva en todas las disciplinas, a través de experiencias que obligan a los estudiantes a revisar sus conclusiones a la luz de nuevas pruebas, a defender interpretaciones contrapuestas, a explicar el razonamiento que subyace a sus decisiones y a reflexionar con honestidad sobre los límites de su propio entendimiento.

En la práctica, esto se traduce en un experimento científico que refuta la hipótesis de un alumno, una clase de historia en la que se comparan interpretaciones contradictorias de un mismo acontecimiento o un debate literario que explora múltiples lecturas de un texto.

Este tipo de tareas exigen a los alumnos que pongan en práctica el mismo hábito: ejercer el juicio con humildad intelectual. El objetivo no es simplemente llegar a la respuesta correcta, sino aprender a reconocer cuándo su propio razonamiento debe cuestionarse, refinarse o modificarse.

En última instancia, este hábito prepara a los alumnos para el mundo real actual, donde los retos rara vez tienen respuestas claras o información completa. Al igual que todos los adultos, los alumnos tendrán que lidiar con afirmaciones contradictorias y debates públicos, a menudo en plataformas gestionadas mediante algoritmos llenas de contenido generado por IA.

En estos espacios, la confianza tiende a ir por delante de la comprensión.

Cuestionar y reconsiderar

Las sociedades democráticas necesitan ciudadanos que hayan practicado la difícil tarea de revisar sus opiniones. El aula ofrece un entorno seguro y sin grandes riesgos para entrenar esta habilidad antes de ponerla en práctica en el mundo real.

Los colegios y las universidades tienen el deber de enseñar a los alumnos a ejercer un juicio sensato ante la incertidumbre, el desacuerdo y la complejidad. Esa labor no comienza enseñando el pensamiento crítico como una habilidad aislada, sino diseñando experiencias de aprendizaje que inviten repetidamente a los estudiantes a cuestionar, revisar, justificar y reconsiderar su propio pensamiento en todas las disciplinas.

Al hacerlo, la humildad intelectual se convierte no solo en un ejercicio académico, sino en un hábito cívico profundamente arraigado.The Conversation

Sobre la autora

Sara Kells, Director of Program Management at IE Digital Learning and Adjunct Professor of Humanities, IE University

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Ir al artículo original.

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Economía de Género

24 July 2026 at 09:00

La economía de género es una rama de la economía que estudia las desigualdades sistemáticas entre mujeres y hombres en resultados económicos, los procesos que generan esas desigualdades, y el papel que desempeñan las instituciones, normas sociales y políticas públicas en su persistencia o mitigación.

La Fundación Ramón Areces acaba de publicar el handbook titulado Economía de Género que está coordinado por las Dras. Lídia Farré (Instituto de Análisis Económico (IAE-CSIC) y Barcelona School of Economics) y Judit Vall Castelló (Universidad de Barcelona, IEB, ICREA Academia y Presidenta de la Sociedad Catalana de Economía).

Sinopsis

La economía de género ha transformado el análisis económico tradicional al visibilizar las desigualdades sistemáticas entre mujeres y hombres y cuestionar la supuesta neutralidad de los modelos clásicos. Esta obra examina cómo las instituciones, las normas sociales y las políticas públicas influyen en la persistencia o mitigación de las brechas de género en múltiples dimensiones de la actividad económica. Lejos de ser únicamente un problema de justicia social, la marginación del talento femenino representa una pérdida fundamental de eficiencia y productividad para la economía en su conjunto, un hecho reconocido internacionalmente con hitos como la concesión del Premio Nobel de Economía a Claudia Goldin en 2023.

Este handbook sintetiza el conocimiento empírico y teórico acumulado en esta consolidada área de investigación. A través del análisis del mercado laboral, la penalización por maternidad, las aspiraciones educativas, la economía del cuidado y el impacto de la violencia de genero, el volumen ofrece una panorámica exhaustiva de los mecanismos que perpetúan la desigualdad. Esta obra será de gran utilidad para académicos, estudiantes y profesionales que busquen una base sólida sobre cómo el enfoque de género enriquece la disciplina económica y resulta indispensable para el diseño de políticas públicas más equitativas y eficientes.

Organización del texto

El handbook se organiza en once capítulos con diferentes temáticas y autoría:

Capítulo 1. Brechas de género en el marcado laboral (por Jaime Arellano-Bover y Barbara Biasi)

Capítulo 2. Empresas, flexibilidad y natalidad (por Nezih Guner, Alessandro Ruggieri, Ezgi Kaya y Virginia Sánchez-Marcos)

Capítulo 3. La penalización por maternidad (por Alicia de Quinto, Laura Hospido y Belén Rodríguez-Moro)

Capítulo 4. Brechas de género en el sistema educativo español (por Cristina Bellés-Obrero y Anastasia Terskaya)

Capítulo 5. Normas y brechas de género (por Pilar Cuevas Ruiz, José Ignacio Giménez-Nadal y Almudena Sevilla)

Capítulo 6.  Brechas de género en aspiraciones, expectativas y estereotipos: evidencia empírica y restos pendientes (por Rosa Ferrer y Belén Rodríguez Moro)

Capítulo 7. Diferencias de género en preferencias, actitudes y habilidades cognitivas medidas a través de experimentos (por Jaume García Segarra, Iñigo Hernández Arenaz y Pedro Rey Biel)

Capítulo 8. Políticas familiares y brechas de género (por Lídia Farré, Libertad González, Claudia Hupkau y Jenifer Ruiz-Valenzuela)

Capítulo 9. Las cuotas de género (por Manuel Bagues y Natalia Zinovyeva)

Capítulo 10. Las desigualdades de género en salud (por Laia Maynou y Judit Vall)

Capítulo 11. Empoderamiento de la mujer y violencia de pareja (por Elisabetta Calabresi y Núria Rodríguez-Planas)

Nota

El handbook puede consultarse y descargarse libremente en formato pdf en este enlace.

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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Mujeres, ciencia y mercado: evidencia sobre la brecha de género en la innovación tecnológica

22 July 2026 at 09:00

Las mujeres artistas han sido con frecuencia relegadas por la historia oficial. Muchas de sus obras permanecieron durante años ocultas, ignoradas o incluso atribuidas a hombres. Un ejemplo es Lady at the Tea Table (1883-1885), de la pintora impresionista estadounidense Mary Cassatt. Debido a las críticas de su familia, Cassatt conservó el cuadro en su colección privada durante décadas, hasta donarlo en 1923 al Museo Metropolitano de Nueva York, donde hoy se expone.

Mary Cassatt, Lady at the Tea Table (c. 1883-1885), Wikimedia Commons.

El artículo de Marlène Koffi y Matt Marx «Cassatts in the attic: Is there a gender gap in the commercialization of science?» estudia si a las contribuciones científicas realizadas por mujeres con potencial de comercialización les ocurre lo mismo que a las obras de arte realizadas por mujeres: ¿se quedan guardadas en un cajón o en el ático? El trabajo se pregunta si los descubrimientos científicos de investigadoras tienen la misma probabilidad que las realizadas por investigadores de convertirse en innovaciones comercialmente explotadas. ¿Afecta la desigualdad de género también al proceso mediante el cual el conocimiento científico se transforma en innovaciones comercialmente explotadas?

Datos y resultados principales

El trabajo utiliza información de 70 millones de artículos científicos publicados en múltiples disciplinas. Para medir la comercialización, vincula publicaciones científicas con patentes posteriores relacionadas con esos descubrimientos. De este modo se puede observar qué avances científicos terminan teniendo una aplicación concreta.

Para asegurarse de que las diferencias observadas no reflejan simplemente una mayor o menor calidad científica, el artículo compara investigaciones con características muy similares en cuanto a impacto académico, potencial comercial y composición de los equipos. De este modo, investiga si existe una brecha que se debe realmente al género y no a posibles diferencias en la calidad o relevancia de la investigación o al potencial económico de los descubrimientos.

El artículo identifica una brecha de género del 14 % en la comercialización de la ciencia. Es decir, los avances científicos realizados por mujeres tienen una menor probabilidad de llegar al mercado que los realizados por hombres.

Además, la brecha es especialmente pronunciada cuando la última autora del artículo (la investigadora principal o directora del laboratorio) es una mujer. Incluso entre trabajos de alta calidad, los resultados producidos bajo liderazgo femenino son comercializados con menor frecuencia. Ello es especialmente relevante porque indica que la desigualdad aumenta precisamente en los segmentos de investigación con mayor potencial de impacto.

Posibles explicaciones

Uno de los resultados más llamativos es que la brecha desaparece cuando los propios científicos o las propias científicas crean nuevas empresas para aplicar industrialmente sus descubrimientos. Es decir, las diferencias entre hombres y mujeres prácticamente no existen cuando las investigadoras participan directamente en la creación de empresas (startups) para llevar sus descubrimientos al mercado.

Este resultado sugiere que la brecha en la comercialización se debe a los intermediarios tradicionales del proceso de desarrollo empresarial (grandes empresas, departamentos de I+D o inversores). Estas organizaciones pueden no reconocer adecuadamente las contribuciones científicas femeninas o pueden valorarlas menos de lo que deberían.

El artículo también encuentra evidencia compatible con otro mecanismo bien conocido en economía y sociología: la homofilia de género, es decir, la tendencia de las personas a colaborar con otras de su mismo género. Como la mayoría de quienes toman decisiones sobre el desarrollo y la explotación comercial de nuevas tecnologías siguen siendo hombres, los descubrimientos realizados por científicos varones pueden beneficiarse de redes profesionales más favorables. De hecho, la brecha se reduce cuando la comercialización se realiza mediante empresas pequeñas o mediante organizaciones con una mayor presencia de inventoras. Esto refuerza la hipótesis de que la composición de género de las redes de innovación influye significativamente en qué descubrimientos reciben atención comercial.

Conclusión

Koffi y Marx muestran que existe una brecha del 14 % en la comercialización de la ciencia que no puede atribuirse a diferencias en calidad ni en potencial comercial. La desigualdad es especialmente marcada para investigaciones dirigidas por mujeres y para investigaciones de alta calidad. La desaparición de la brecha cuando las investigadoras comercializan directamente sus descubrimientos mediante nuevas empresas sugiere que los sesgos, las redes profesionales y las estructuras organizativas desempeñan un papel fundamental en la existencia de la brecha.

Si descubrimientos de igual calidad tienen distintas oportunidades de llegar al mercado según el género de quienes los producen, no solo se genera una desigualdad para las investigadoras. También se desperdician oportunidades de innovación que podrían beneficiar al conjunto de la sociedad.

Referencia

KOFFI, Marlène y MARX, Matt, 2026, «Cassatts in the attic: Is there a gender gap in the commercialization of science?». American Economic Journal: Applied Economics 18 (2), 266-298

Sobre el autor

David Pérez Castrillo es doctor en Economía y profesor emérito de la Barcelona School of Economics.

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Dormir bien para envejecer mejor

17 July 2026 at 09:00

 

Paula Núñez, Universidad de Oviedo

shutterstock.

Dormir bien es fundamental para mantener una buena salud y resulta especialmente importante en las personas mayores. Mantener un ritmo de vida matutino puede favorecer la movilidad en la vejez, siempre que vaya acompañado de una vida activa. Sin embargo, factores como la contaminación lumínica o el uso de somníferos pueden dificultar un descanso verdaderamente reparador.

En un estudio reciente con 151 personas de entre 62 y 92 años, todas ellas estudiantes del Programa Universitario para Mayores de la Universidad de Oviedo (PUMUO), observamos que incluso en personas físicamente activas, con una intensa vida social y altas puntuaciones en pruebas cognitivas, los ritmos biológicos internos siguen desempeñando un papel determinante en la salud.

En concreto, los sujetos del estudio encarnaban el perfil del envejecimiento activo, realizaban ejercicio físico regular –como caminar, gimnasia de mantenimiento o pilates– y obtenían puntuaciones excelentes en todas las pruebas físicas y cognitivas.

En los test de movilidad, sus medias se situaron en el rango de “bajo riesgo de caídas”, lo que indica una agilidad envidiable. De igual forma, en los test cognitivos sus resultados rozaron el máximo de la escala, lo que demuestra una lucidez y una capacidad mental sobresalientes.

Pero a pesar del envidiable nivel de actividad de los participantes, el sueño seguía siendo el gran talón de Aquiles para muchos de ellos.

¿Alondras o búhos?

Todos conocemos a alguien que salta de la cama con energía al amanecer (llamados “alondras”) y a quien rinde mejor cuando cae el sol (los “búhos”). Esta preferencia natural se llama cronotipo y no es un simple hábito: es la predisposición biológica de nuestro cuerpo para estar alerta o descansar a determinadas horas del día.

Es muy común que, con el paso de los años, las personas experimenten un avance de fase. Esto significa que nuestro reloj biológico se adelanta, empezamos a sentir sueño antes por la noche y nos despertamos de forma natural de madrugada.

Por este motivo, los resultados con nuestros participantes fueron los esperables: casi la mitad de ellos eran del tipo matutino. Lo más revelador es que estas personas demostraron un equilibrio y una movilidad superiores a los de perfil vespertino. Los búhos del grupo obtuvieron puntuaciones satisfactorias, pero más bajas en las pruebas de estabilidad.

Esto sugiere que vivir en sintonía con la luz natural favorece una mejor coordinación motora. En las personas mayores, ese pequeño margen de estabilidad puede ser clave para prevenir caídas.

El sueño no es igual para todos

Dormir bien no es solo un placer: es el “taller” de reparación de nuestro organismo. Durante la noche, el cerebro se limpia de toxinas y los músculos se regeneran para mantenernos ágiles. Sin embargo, este proceso no se desarrolla de la misma manera en todas las personas.

Uno de los hallazgos más llamativos es que las mujeres presentan peor calidad de sueño que los hombres, con más despertares nocturnos asociados, por ejemplo, a dolores físicos o sofocos. Además, se identificaron dos grandes enemigos del descanso:

  1. La luz nocturna. Dormir con claridad en la habitación o usar dispositivos electrónicos antes de acostarse empeora drásticamente la calidad del sueño. Un descanso reparador debe ser ininterrumpido y profundo, permitiendo que el cuerpo complete sus ciclos naturales. Si hay luz, el sueño se vuelve ligero y fragmentado, lo que provoca que nos despertemos con una sensación de agotamiento, como si no hubiéramos descansado.
  2. Los fármacos para dormir. El uso de esta medicación se asocia con un menor rendimiento cognitivo. En términos sencillos, estas pastillas podrían estar nublando la agilidad mental y la memoria de quienes las consumen. Por ello es fundamental que cualquier ajuste o cambio en la medicación se realice siempre bajo supervisión médica.

Claves para un envejecimiento activo

Para que nuestro cuerpo sepa que es hora de dormir, necesitamos mantener una “higiene de luz” un par de horas antes de acostarnos. Lo ideal es usar luces tenues y cálidas en casa y evitar las pantallas de móviles y tablets. En caso de despertarnos a medianoche es importante mantenernos a oscuras lo máximo posible. Esto ayuda a que el cerebro fabrique melatonina, la hormona que regula el ciclo del sueño y facilita el descanso.

En el caso de los adultos mayores, las guías médicas son claras: las pastillas para dormir deben ser la última opción. Si se usan, debe ser por periodos breves y a dosis muy bajas. Lo más recomendable es apostar por estrategias naturales, como rutinas fijas y terapia especializada, que ataquen la raíz del insomnio sin generar dependencia.

Sin duda, para valernos por nosotros mismos –incluso a edades avanzadas– no basta con estudiar y mantenernos activos: también hay que escuchar al reloj biológico y cuidar la calidad del sueño.The Conversation

Sobre la autora

Paula Núñez, Profesora de Fisiología, Universidad de Oviedo

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Ir al artículo original.

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Lady Nazca

15 July 2026 at 09:00

Lady Nazca es un drama histórico franco-alemán dirigido por Damien Dorsaz, estrenado en Alemania y Francia en 2025, y en otros países el pasado 3 de julio de 2026.

Perú, 1936. María, una joven maestra alemana instalada en Lima, intenta encontrar su lugar lejos de casa. Su vida cambia cuando conoce a Paul d’Harcourt, un arqueólogo francés que la introduce en un mundo desconocido y fascinante: el desierto de Nazca.

Allí, bajo la inmensidad de la pampa peruana, María descubre unas misteriosas figuras milenarias trazadas sobre la tierra. Lo que comienza como una revelación inesperada se convierte poco a poco en una obsesión, una vocación y, finalmente, en la gran obra de su vida.

Inspirada en la historia real de María Reiche, Lady Nazca narra el viaje extraordinario de una mujer adelantada a su tiempo que, guiada por la curiosidad, la pasión y una determinación inquebrantable, dedicó su vida a estudiar y proteger uno de los enigmas arqueológicos más fascinantes de la humanidad.

Sinopsis

Damien Dorsaz conoció personalmente a Maria Reiche, cuya vida inspiró Lady Nazca; fue en 1996, en su primer viaje a Perú, dos años antes del fallecimiento de la arqueóloga. Aunque Lady Nazca está inspirada en la vida de la verdadera Maria Reiche, el cineasta comenta:

No es en absoluto un biopic, y mucho menos una recreación histórica. Es una búsqueda existencial, un viaje de autodescubrimiento. También podría resumir la película así: una persona descubre qué quiere hacer con su vida y encuentra una conexión profunda con el mundo.

Actualmente, la teoría más aceptada del significado de las figuras del desierto de Nazca (patrimonio de la Humanidad de la UNESCO) es la que propuso en su momento Maria Reiche: se trataría de un gigantesco calendario astronómico, el más grande de la historia, realizado para medir los ciclos agrícolas.

Lo que intenté transmitir con Lady Nazca es un personaje europeo que, por una vez, no solo viene a llevarse cosas de un país o a vivir una historia exótica, sino que llega para servir a esta cultura y termina dedicándole su vida. […] Lo que me gustó del personaje de María es que es extremadamente humilde. No impone nada a los peruanos de la región; se enamora de su cultura. Se sumerge profundamente en su mundo.

Damien Dorsaz

Más información

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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