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Received — 11 August 2026 ⏭ Mujeres con ciencia

Zofia Szmydt, especialista en ecuaciones diferenciales

11 August 2026 at 09:00

En 1956, la matemática Zofia Szmydt se convirtió en la primera mujer en ganar el prestigioso Premio Stefan Banach otorgado por la Sociedad Matemática Polaca. Su investigación se centró en las áreas de ecuaciones diferenciales, teoría del potencial y teoría de distribuciones.

Zofia Szmydt. Fuente: Wikimedia Commons.

Zofia Szmydt nació el 29 de julio de 1923 en Varsovia (Polonia). Su madre, Zofia Wanda Gąsiorowska, era doctora en filología, investigadora y docente en la Universidad de Varsovia. Su padre, Józef Konstanty Szmydt, tenía estudios superiores y trabajaba como agricultor. Zofia tenía una hermana mayor, Maria Danuta.

Aprendiendo en la Universidad clandestina de Varsovia

Tras su educación primaria, Zofia asistió a una escuela secundaria antes de completar su educación en la Escuela preparatoria para niñas Cecylia Plater-Zyberkówna en Varsovia. Allí estudiaba cuando Alemania invadió Polonia en septiembre de 1939 y comenzó la Segunda Guerra Mundial. Las fuerzas alemanas de ocupación actuaron rápidamente para limitar la educación de la población polaca: se cerraron todas las instituciones secundarias, universitarias y profesionales, permitiendo únicamente una educación primaria muy restringida. Estas escuelas buscaban una instrucción elemental para formar obreros manuales (aprender a contar hasta 500, escribir el propio nombre, ser laborioso y obedecer a los alemanes, entre otros elementos de esta escasa formación), eliminando materias como la geografía, la historia o la lectura.

Como respuesta a estas restricciones, muchos profesores polacos organizaron cursos y exámenes clandestinos: Zofia aprobó el examen de acceso a la universidad en matemáticas y física en 1940. Aunque las fuerzas alemanas de ocupación habían cerrado la Universidad de Varsovia para convertir sus edificios en un cuartel, se continuaron impartiendo clases en secreto utilizando casas particulares y edificios religiosos. Gracias a este sistema universitario clandestino, Zofia consiguió una cuidada educación científica. De hecho, su propia madre fue una de esas profesoras que arriesgaron su vida para continuar formando a la juventud de su país.

De Varsovia a Cracovia

El 1 de agosto de 1944 comenzó el Levantamiento de Varsovia. Tras dos meses de batalla, la mayor parte de la ciudad quedó destruida y las fuerzas alemanas se ensañaron con la población civil. La familia de Zofia perdió sus propiedades y, tras la rendición de la resistencia polaca, los alemanes enviaron a la familia Szmydt (junto con muchas otras familias polacas supervivientes) a Cracovia.

El 17 de enero de 1945, las tropas alemanas abandonaron Cracovia y, dos días después, las fuerzas soviéticas entraron en la ciudad. La Universidad Jaguelónica reabrió sus puertas en marzo de 1945. Zofia se matriculó en la carrera de matemáticas; como ya contaba con una buena formación científica de la Universidad clandestina de Varsovia, pronto estuvo en condiciones de presentarse a los exámenes en Cracovia.

Obtuvo su diploma de Maestría en marzo de 1946, tras ser nombrada asistente sénior en la Facultad de Matemáticas y Ciencias Naturales de la Universidad Jaguelónica el 1 de enero de ese mismo año.

A finales de 1948, el gobierno polaco fundó el Instituto Estatal de Matemáticas (el actual Instituto de Matemáticas de la Academia Polaca de Ciencias) con Wacław Sierpiński (1882-1969) como director. Como en otras ciudades polacas, Cracovia consiguió una delegación: en marzo de 1949, Zofia Szmydt fue nombrada asistente sénior en el Departamento de Ecuaciones Diferenciales del Instituto Estatal de Matemáticas (conservando su puesto en la universidad).

Durante esa época también comenzó su trabajo de tesis doctoral bajo la dirección de Tadeusz Ważewski (1896-1972). Obtuvo su título de doctora en diciembre de 1949 con un trabajo sobre ecuaciones en derivadas parciales.

Contribuciones científicas

Zofia Szmydt fue autora o coautora de casi 60 publicaciones científicas y dirigió tres tesis doctorales.

En 1972 publicó el libro de texto Transformacja Fouriera i równania różniczkowe liniowe (traducido al inglés en 1977 bajo el título de Fourier Transformation and Linear Differential Equations); fue el primero sobre el tema en publicarse en polaco. En este manual, Zofia Szmydt presentaba los fundamentos de la teoría de ecuaciones en derivadas parciales, con especial énfasis en las distribuciones en problemas límite de las ecuaciones clásicas (la ecuación del calor, la ecuación de Schrödinger, la ecuación de Laplace y la ecuación de Poisson).

Una matemática premiada

En 1956, Zofia Szmydt recibió el Premio Stefan Banach de la Sociedad Matemática Polaca por su investigación sobre métodos topológicos para ecuaciones diferenciales no lineales ordinarias; fue la primera mujer en conseguirlo.

En 1958, obtuvo su habilitación, una cualificación postdoctoral adicional necesaria para impartir clases como profesora titular.

Los padres de Zofia habían regresado a Varsovia en febrero de 1945. La madre de Zofia fue nombrada catedrática en la Universidad de Varsovia; su padre falleció en 1960. En 1971, la salud de su madre se deterioró y Zofia solicitó al Instituto de Matemáticas que le permitiera trasladarse de la sede de Cracovia a la de Varsovia para poder cuidarla. Zofia Szmydt siguió viviendo en Varsovia tras el fallecimiento de su madre.

El 24 de septiembre de 1973, Szmydt recibió la Cruz de Comendadora de la Orden Polonia Restituta en reconocimiento a su labor docente y por la publicación del libro de texto Fourier Transformation and Linear Differential Equations.

Falleció el 6 de noviembre de 2010.

Referencias

  • John J. O’Connor and Edmund F. Robertson, Zofia Szmydt. MacTutor History of Mathematics archive, University of St Andrews
  • Zofia Szmydt, Giants of Science
  • Zofia Szmydt, Wikipedia

Sobre el artículo original

El artículo Zofia Szmydt, especialista en ecuaciones diferenciales se publicó en el blog Cuaderno de Cultura Científica el 29 de julio de 2026.

Sobre la autora

Marta Macho Stadler es doctora en matemáticas, profesora del Departamento de Matemáticas de la EHU y colaboradora en la Cátedra de Cultura Científica de la EHU.

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Longevidad humana

10 August 2026 at 09:00
Imagen de fondo: Wikimedia Commons.

Priorizar la biología femenina no es un área especializada ni un nicho dentro de la investigación sobre la longevidad. Es una oportunidad estratégica para descifrar mecanismos que la evolución ya ha perfeccionado para preservar la vida bajo condiciones de máximo estrés biológico, lo que nos ofrecerá herramientas para extender la etapa de vida saludable tanto en mujeres como en hombres.

Pankaj Kapahi, investigador en envejecimiento

Fuente de la cita

Antonio Villarreal, La biología femenina es la clave olvidada para comprender la longevidad humana, SINC, 6 agosto 2026

Para saber más

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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Received — 9 August 2026 ⏭ Mujeres con ciencia

La célula humana es tremendamente compleja. ¿Podrá la IA descifrarla?

9 August 2026 at 09:00

La Dra. Silvana Konermann es bioingeniera y neurocientífica. Profesora adjunta de bioquímica en la Universidad de Stanford, es cofundadora de Arc Institute, una organización de investigación sin ánimo de lucro que busca acelerar el progreso científico, comprender las causas profundas de las enfermedades complejas y reducir la brecha entre los descubrimientos y su impacto en los pacientes.

Su laboratorio de investigación se centra en comprender (mediante genómica funcional de última generación) las vías moleculares que impulsan el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer, con el objetivo a largo plazo de desarrollar terapias dirigidas de forma racional para los trastornos neurodegenerativos.

En esta conversación TED2026 (en inglés, con subtítulos en castellano) Silvana Konermann explica a Chris Anderson cómo su equipo del Arc Institute está intentando resolver uno de los problemas más difíciles de la ciencia: por qué enfermedades complejas (como el Alzheimer o el cáncer) siguen siendo tan difíciles de curar. Propone como solución una «célula virtual» universal, es decir, un modelo de IA entrenado con mil millones de experimentos biológicos que podría interpretar el lenguaje de las células humanas, predecir qué falla y revelar cómo solucionarlo.

Queremos crear un modelo predictivo, un modelo dinámico, capaz de predecir cambios en la célula. 

Transcripción del vídeo.

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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Seis problemas que la ciencia no puede resolver

8 August 2026 at 09:00

Título: Seis problemas que la ciencia no puede resolver
Autora: Sonia Contera
Editorial: Arpa Editores
Páginas: 280
Fecha de publicación: 2025
ISBN: 979-13-87833-09-1

Información editorial

La ciencia ha transformado nuestra vida más allá de lo imaginable. Nos ha llevado al espacio, ha descifrado el genoma humano y ha creado máquinas que aprenden. Pero, en su núcleo, persisten misterios que ningún avance ha conseguido despejar.

Sonia Contera, catedrática de Física en Oxford y una de las científicas más influyentes del panorama internacional, nos invita a explorar esas fronteras del conocimiento donde las ecuaciones se detienen y comienza el asombro. Desde los enigmas de la física cuántica, el origen de la vida y el misterio del envejecimiento, hasta los retos de la inteligencia artificial y la conciencia, Contera revela cómo cada intento de respuesta ha cambiado nuestra forma de entender el universo… y a nosotros mismos.

Un viaje fascinante y accesible por los desafíos más profundos de la ciencia contemporánea y por las preguntas que seguirán marcando el futuro de la humanidad.

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Evolución histórica del «efecto Matilda»

7 August 2026 at 09:00

El «efecto Matilda» es un sesgo que impide reconocer los logros de las científicas e inventoras, cuyo trabajo se atribuye a sus colegas masculinos. Este fenómeno fue descrito por primera vez por la sufragista y abolicionista Matilda Joslyn Gage en su ensayo (publicado como folleto en 1870 y posteriormente, en 1883, en la North American Review) La mujer como inventora. El término «efecto Matilda» fue acuñado en 1993 por la historiadora de la ciencia Margaret W. Rossiter. En 2021, la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) lanzó la exitosa campaña #NoMoreMatildas que buscaba denunciar las consecuencias de este tipo de discriminación.

«Efecto Matilda». Wikimedia Commons.

Recientemente el arqueobotánico Felix Bittmann y el sociólogo de la ciencia Lutz Bornmann han publicado en el repositorio arXiv el artículo titulado Female participation in science in the past 125 years: An analysis of the Matilda effect over time; en él estudian la evolución histórica de la participación femenina en la ciencia y la prevalencia del «efecto Matilda» a lo largo de los últimos 125 años.

Para realizar este estudio, utilizando la base de datos OpenAlex, han analizado más de 220 millones de artículos publicados entre los años 1900 y 2025, determinando el género binario de aproximadamente 60 millones de autores mediante una combinación de enfoques determinísticos y modelos de lenguaje a gran escala (LLM).

En el resumen del artículo explican: «Para cuantificar esta falta de reconocimiento, calculamos la relación entre la proporción total de autoras y la de autoras correspondientes. Como la autoría correspondiente denota el liderazgo intelectual y el mérito académico principal, la exclusión sistemática de este rol mide directamente el «efecto Matilda»».

Resultados obtenidos

Los autores explican que, durante la mayor parte del siglo XX, «la relación entre la proporción de participación femenina y la de autoras correspondientes se mantuvo por encima de 1, lo que confirma un «efecto Matilda» histórico en el que las mujeres están sistemáticamente infrarrepresentadas en puestos de liderazgo en relación con su participación global».

En el estudio se indica que esta proporción se sitúa en torno a 1,005 hasta la década de 1990; es decir, hasta ese momento (en media) había 5 autores correspondientes masculinos más de lo que cabría esperar por cada 1000 publicaciones, teniendo en cuenta la proporción de autoras. «Esto significa que las mujeres se veían en desventaja por partida doble: mientras que había muchas menos autoras científicas en general (solo en torno al 25 % a nivel mundial hasta la década de 1990), estas pocas autoras tenían aún menos posibilidades de ocupar un puesto de liderazgo».

El análisis realizado revela que, en las últimas dos décadas, esta tendencia ha cambiado: la participación femenina global aumentó de aproximadamente el 10 % en la década de 1910 a más del 40 % en los últimos años. Los autores explican que este crecimiento fue lento e irregular entre 1910 y 1960, pero se aceleró significativamente a partir de entonces. Las irregularidades a las que aluden se observan durante las guerras mundiales, en las que las mujeres ocuparon temporalmente puestos de investigación que habían dejado los hombres, seguidas de retrocesos temporales durante la desmovilización de la posguerra, cuando los hombres recuperaron sus puestos tras regresar de el frente.

Los autores afirman: «Si actualmente existiera un «efecto Matilda» pronunciado, cabría esperar una divergencia sustancial entre las dos trayectorias (proporción de mujeres entre los autores y proporción de mujeres entre los autores correspondientes). En cambio, la convergencia indica que esta manifestación específica del efecto ha disminuido en las publicaciones académicas. Hoy en día, las mujeres están ligeramente sobrerrepresentadas entre los autores correspondientes, en relación con la proporción global de mujeres que son autoras. Sin embargo, dado que el tamaño total del efecto es muy cercano a uno, según nuestros datos, parece que las influencias de género en los puestos de liderazgo están casi equilibradas en la actualidad. Esto es válido para todas las disciplinas y casi todas las regiones del mundo».

El análisis muestra que existen excepciones notables a estas tendencias generales. Por ejemplo, las ciencias físicas presentan de forma persistente la proporción más baja de autoras, «lo que puede reflejar factores institucionales, estereotipos históricos o un menor interés medio». Sin embargo, las ciencias de la salud se acercan a la paridad de género. A nivel geográfico, varios países asiáticos (entre ellos India, China, Japón y Corea del Sur) muestran tasas de participación femenina un 10 % inferiores a las de otras regiones, «lo que probablemente refleja tradiciones culturales y entornos académicos distintos». Sin embargo, en América Latina se acercan a la paridad de género.

Limitaciones del estudio

En el análisis final del artículo, los autores advierten que la interpretación de los resultados de este estudio puede tener limitaciones debido a diferentes factores que se citan a continuación.

En primer lugar, aunque OpenAlex ofrece una cobertura exhaustiva, ninguna base de datos es completa.

Un segundo factor a tener en cuenta es que la clasificación por género está condicionada por la falta de información, sobre todo cuando solo se dispone de las iniciales de autoras o autores.

En tercer lugar, una perspectiva exclusivamente bibliométrica proporciona una visión limitada de una realidad demasiado compleja. Como explican los autores, «los indicadores cuantitativos solo reflejan una parte de la producción investigadora total, especialmente en disciplinas como las ciencias sociales cualitativas, las humanidades y la ingeniería, en las que los artículos de revistas especializadas no son el único vehículo del conocimiento científico».

Por último, las publicaciones varían considerablemente en cuanto a su calidad instrínseca y su relevancia científica; así, los simples recuentos no representan completamente el peso de la investigación.

Los propios autores comentan que la bibliografía general proporciona un contexto para estas observaciones, y destaca que las vulnerabilidades estructurales (como las responsabilidades de cuidado o
los obstáculos en el avance profesional) siguen alejando a las mujeres de la itinerario académico y reduciendo la duración de su carrera investigadora.

Referencia

Felix Bittmann and Lutz Bornmann, Female participation in science in the past 125 years: An analysis of the Matilda effect over time, arXiv:2607.15059, 16 julio 2026

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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Mary Elvira Weeks, la científica que humanizó la historia de la química

6 August 2026 at 09:00
Mary Elvira Weeks. Springer.

La química estadounidense Mary Elvira Weeks (1892-1975) se especializó en Historia de la Ciencia y con su obra Discovery of the Elements transformó la manera en que entendemos el origen de los elementos químicos.

Mary Elvira Weeks nació el 10 de abril de 1892 en Lyons, Wisconsin, EE. UU, en el seno de una familia con vocación intelectual. Desde joven mostró interés por las ciencias, y obtuvo una licenciatura en el Ripon College en 1913. Apenas un año después, completó una maestría en la Universidad de Wisconsin-Madison, donde trabajó con Joseph Howard Mathews, pionero de la fotoquímica en Estados Unidos. Durante los siguientes siete años, Weeks se desempeñó como profesora de secundaria y técnica en la industria química, antes de dar el salto definitivo a la academia.

Pionera en la Universidad de Kansas

En 1921, se incorporó a la Universidad de Kansas como profesora ayudante de análisis cuantitativo, al tiempo que continuaba sus estudios de posgrado. Su llegada coincidió con un periodo difícil para las mujeres en el mercado laboral, ya que muchas estaban siendo desplazadas por veteranos que regresaban de la Primera Guerra Mundial. A pesar de estas presiones, Weeks perseveró bajo la tutela de Hamilton P. Cady, y fue la primera mujer en recibir un doctorado en química por la Universidad de Kansas en 1927. Su tesis doctoral versó sobre el papel de la concentración de iones de hidrógeno en la precipitación de calcio y magnesio.

Durante más de dos décadas, Weeks impartió docencia en química física y química analítica, disciplinas que exigían un elevado dominio experimental y matemático. Aunque publicó algunos artículos científicos en estas disciplinas, la elevada carga docente limitaba el tiempo que podía dedicar a la investigación de laboratorio. Poco a poco, la científica se sintió atraída por un área menos competitiva y más acorde con sus intereses humanísticos: la historia de la química. Mientras preparaba clases y materiales para sus estudiantes, comenzó a recopilar información sobre las personas y los caminos que habían conducido al descubrimiento de los diferentes elementos químicos. Aquella inquietud acabaría transformándose en el proyecto intelectual que marcaría su carrera.

Contar la historia de los elementos para entender la ciencia

Entre 1932 y 1933, Weeks publicó una serie de 21 artículos en el Journal of Chemical Education sobre el descubrimiento de los elementos. Debido a la enorme demanda de reimpresiones, estos artículos se recopilaron en 1933 en el libro Discovery of the Elements, obra que hoy se considera un clásico de la literatura química.

Página de Discovery of the Elements.

Weeks creó, por primera vez, una narración que explicaba de forma ordenada cómo había evolucionado el conocimiento sobre los elementos químicos a lo largo de la historia. Construyó su relato con un extraordinario rigor documental –podía leer alemán, francés, italiano, español, sueco, ruso y japonés, lo que le permitió acceder a fuentes primarias globales–. El éxito del libro se debió en gran parte a su capacidad para combinar datos científicos con detalles de las controversias y los errores que acompañaron a cada descubrimiento. El resultado fue una obra que muestra la ciencia como un proceso colectivo, lleno de avances graduales, rectificaciones y colaboraciones entre personal científico de distintos países. Lejos de presentar los descubrimientos como una sucesión de genialidades individuales, Weeks explica cómo cada generación se apoyó en el trabajo de la anterior para avanzar un poco más en la comprensión de la materia.

El libro tuvo un éxito enorme. Para 1968, había alcanzado su séptima edición y había sido traducido a varios idiomas –la propia Weeks participó activamente en las traducciones–. Con el tiempo se convertiría en uno de los textos de química más leídos del mundo.

Nueva etapa dedicada a preservar el conocimiento científico

En 1944, tras veintidós años en Kansas y sin haber alcanzado el rango de profesora titular, Weeks decidió trasladarse a Detroit para iniciar una nueva etapa profesional en la Biblioteca Científica Kresge-Hooker de la Universidad Estatal Wayne. Allí trabajó como investigadora asociada de literatura científica y jefa del departamento de traducción, un entorno que le permitió explotar al máximo su amor por los libros y los idiomas. Con su trabajo facilitaba el acceso de investigadores estadounidenses a conocimiento generado en otras partes del mundo, una responsabilidad especialmente importante en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando gran parte de la literatura científica más relevante se publicaba en lenguas distintas al inglés.

Paralelamente continuó desarrollando su faceta como historiadora de la química. Durante este periodo asumió otro reto: completar la historia de la Sociedad Estadounidense de Química (ACS, por sus siglas en inglés). El proyecto editorial había sido iniciado por Charles A. Browne pero, tras la muerte de este en 1947, Weeks asumió la responsabilidad de completarlo, para lo cual tuvo que escribir la mayoría de los capítulos restantes. A History of the American Chemical Society: Seventy-five Eventful Years se publicó en 1952 y fue un trabajo elogiado por evitar los escollos habituales de las obras por encargo.

Reconocimiento y legado

El reconocimiento formal a su carrera llegó en 1967, cuando la ACS le otorgó el prestigioso Premio Dexter a logros sobresalientes en la historia de la química. Fiel a su naturaleza humilde y retraída, Weeks expresó sentirse indigna del galardón y sugirió que se entregara a alguien más joven, aunque finalmente lo aceptó ante la insistencia de sus colegas.

Mary Elvira Weeks falleció el 20 de junio de 1975 en Detroit, a los 83 años. El legado de esta química no reside en sus descubrimientos de laboratorio, sino en su labor como historiadora, gracias a la cual construyó un relato necesario para humanizar la ciencia.

Referencias

Sobre la autora

Edurne Gaston Estanga es doctora en ciencia y tecnología de los alimentos. Actualmente se dedica a la gestión de proyectos en organizaciones que fomentan la difusión del conocimiento de la ciencia y la tecnología.

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Igual salario para trabajos similares: una política con efectos inesperados

5 August 2026 at 09:00

En las últimas décadas, la reducción de las desigualdades salariales, especialmente aquellas asociadas al género, ha motivado diversas políticas públicas. Muchas legislaciones se han basado en el principio de que dos personas que realizan la misma labor deben recibir el mismo pago. En particular, este principio implica que una mujer y un hombre que realizan el mismo trabajo deben recibir el mismo salario. Sin embargo, en la práctica es difícil encontrar trabajos exactamente idénticos. Por ello, se suele utilizar una variante más flexible que aboga por la igualdad salarial para trabajos “similares”.

Imagen: klimkin, Pixabay.

Por otro lado, las empresas no son agentes pasivos, sino que responden a las reglas que deben cumplir. Las políticas de igualdad salarial buscan corregir las diferencias salariales, pero su impacto real depende de cómo reaccionen las empresas.

¿Puede una ley diseñada para reducir la brecha salarial terminar aumentándola? Aunque parezca contradictorio, un reciente estudio muestra que este efecto puede producirse cuando las empresas toman ciertas decisiones para adaptarse a la nueva regulación.

El artículo “Equal Pay for Similar Work”, de Diego Gentile Passaro, Fuhito Kojima y Bobak Pakzad-Hurson analiza lo que ocurrió tras la implementación de una política de “igualdad salarial para trabajos similares» en Chile en 2009. Aunque se trata de un caso particular, su estudio puede dar pistas de las consecuencias que dicha política ha tenido o puede tener en otros países.

Qué ocurrió en Chile

A diferencia de normas anteriores, que exigían igualdad únicamente cuando dos personas realizaban exactamente el mismo trabajo, la ley chilena de 2009 amplió el criterio a tareas similares, haciendo mucho más difícil justificar diferencias salariales entre hombres y mujeres.

Esta reforma ofrece una oportunidad excepcional para estudiar qué ocurre cuando una medida de este tipo entra en vigor. Además, la ley solo afectaba a las empresas por encima de 10 personas con contratos de largo plazo. Ello permitió a los investigadores comparar la evolución de empresas similares; más exactamente, aquellas que contrataban entre 10 y 13 personas con las que contrataban entre 6 y 9 personas y que no estaban sujetas a la nueva regulación. Este tipo de comparación constituye uno de los métodos más sólidos para estimar el efecto causal de una política pública.

La reacción de las empresas

Las empresas no permanecieron pasivas ante la nueva legislación. Adaptaron su organización para reducir las restricciones que la ley imponía sobre su política salarial. En concreto, muchas empresas segregaron por género, es decir, pasaron a emplear solo hombres o solo mujeres. Para evitar pagar a las mujeres lo mismo que a los hombres, algunas empresas eligieron reemplazar mujeres por hombres, si las mujeres eran muy minoritarias. De la misma manera, si la mayoría de la fuerza laboral eran mujeres, aumentarles el sueldo era muy caro, por lo que hubo una reorganización en la que muchas empresas acabaron contratando solo mujeres (y otras, solo hombres).

Dada la reacción de las empresas, el efecto de la ley sobre la brecha salarial fue diferente en función del grupo mayoritario en cada mercado laboral local. En aquellos sectores y zonas donde predominaban los hombres, la nueva regulación terminó aumentando la diferencia salarial a favor de ellos, ya que las pocas mujeres que trabajaban en puestos mejor pagados fueron substituidas por hombres.

En los mercados donde las mujeres constituían la mayoría, ocurrió el efecto contrario. Sin embargo, la mayor parte del empleo chileno se concentraba en mercados laborales con mayoría masculina. Por ello, el efecto agregado fue un aumento de la brecha salarial favorable a los hombres, exactamente lo contrario de lo que pretendía la política.

¿Significa esto que las políticas de igualdad salarial no funcionan?

Sería un error extraer esa conclusión. El estudio analiza una política muy concreta, un contexto institucional determinado y un tipo de empresas. Sus resultados no implican que todas las medidas destinadas a reducir las desigualdades salariales estén condenadas al fracaso.

Lo que sí muestran es algo fundamental: las personas y las empresas responden a los incentivos. Cuando una regulación modifica las reglas del juego, los agentes adaptan su comportamiento. Por ello, para evaluar una política pública no basta con analizar sus objetivos; también es necesario estudiar las respuestas que provoca.

Referencia

Gentile Passaro, Diego, Fuhito Kojima, and Bobak Pakzad-Hurson. “Equal Pay for Similar Work”. American Economic Review 116.3 (2026): 977-1013

Sobre el autor

David Pérez Castrillo es doctor en Economía y profesor emérito de la Barcelona School of Economics.

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Kadambini Ganguly: la doctora que cambió conciencias en la India

4 August 2026 at 09:00

La historia de la médica india Kadambini Ganguly está jalonada de hitos profesionales y sociales en un país en el que las mujeres, también las de casta alta, a la que pertenecía su familia, estaban sometidas a las presiones patriarcales y a severas restricciones que las aislaban del mundo y las constreñían al ámbito familiar. No fue su caso. Ganguly se convirtió en la primera en la India en ejercer la medicina occidental como profesional, tras ser también pionera en conseguir titularse para ello. Llegó a ser la médica oficial de la Reina de Nepal y, además, una gran reformadora social. En su camino, como el de otras muchas, se encontró con piedras que tuvo que saltar en un mundo colonial que estaba organizado por estrictas clases sociales, hasta convertirse en un referente de la lucha por la igualdad cuando aún se consideraba una quimera.

Kadambini Ganguly. Wikimedia Commons.

Kadambini Bose, su apellido de nacimiento, vino al mundo el 18 de julio de 1861 en la ciudad de Bhagalpur, en el estado de Bengala (hoy Bihar). Su padre era director de la escuela de la localidad y, junto a Abhay Charan Mallick, había iniciado un adelantado movimiento por la emancipación de las mujeres, creando en 1863 la primera organización femenina india. Fue él quien la matriculó en sus primeros años en una institución educativa progresista de su municipio para que pudiera recibir su formación en inglés. Esos valores progresistas que vivió desde la infancia marcarían su vida.

Tras licenciarse en Artes en el Bethune College, asociado a la Universidad de Calcuta, donde con Chandramukhi Basu fueron las primeras graduadas de todo el Imperio Británico, Kadambini decidió estudiar medicina, obteniendo con 25 años su título de Graduada en el College Médico de Bengala (GBMC). Para entonces se había casado con Dwarkanath Ganguly, un viudo 17 años mayor que ella que era un ferviente defensor de la emancipación femenina y se convirtió en su mejor aliado. De hecho, fue él quien amenazó con denunciar públicamente al Calcutta Medical College porque en un principio se negó a admitirla por ser mujer. Al final tuvieron que dar su brazo a torcer, pero eso no impidió que la joven se encontrara con un ambiente hostil de profesores y alumnos, hasta el punto que uno de sus docentes la reprobó en una de las materias claves de la carrera. Aun así, logró un nuevo hito al conseguir el título y ser la primera en la India a la que se le permitió ejercer la medicina occidental.

La olvidada salud de las mujeres, su prioridad

No tardó en iniciar su carrera profesional. Para 1888, por un sueldo de 300 rupias, logró trabajo en el Hospital Lady Dufferin, lo que fue otro reto: en aquel lugar, fundado por la Marquesa de Dufferin, solo trabajaban mujeres europeas. Tuvo que intervenir la pionera de la enfermería moderna, la británica Florence Nightingale, que conocía su brillante expediente, para que le dieran un puesto como “asistente médica”, y por tanto sin responsabilidad. Y es que para sus colegas británicas era una profesional inferior por tener un título indio, una discriminación que Kadambini denunció públicamente en medios locales por ser racista, aunque con escaso éxito.

Pese a estos problemas, solo un año después, tanto su trabajo como su defensa de la atención a la salud de las mujeres había trascendido y en 1889 se la eligió como una de las seis delegadas de toda la India que acudirían a la 5ª Sesión del Congreso Nacional Indio, el órgano que promovía la independencia de los británicos. Repitió al año siguiente, siendo la primera mujer en poder hablar en un podio político. Como es de imaginar, aquella visibilidad no era bien vista socialmente. En 1891, una revista conservadora publicó un artículo satírico donde se la insultaba y calificaba de «cortesana» (es decir, de moralidad depravada) por trabajar fuera del hogar. Kadambini no se amilanó: puso una demanda por difamación y ganó un juicio que condenó al editor a seis meses de prisión.

Visto que la institucionalidad británica no la iba a dejar prosperar, y deseosa de una mayor especialización en ginecología y obstetricia, en 1892 decidió viajar sola hasta el Reino Unido, dejando temporalmente a sus hijos con su esposo. Y, por cierto, tuvo ocho hijos, dos de ellos del matrimonio anterior de él. Fue una estancia en Edimburgo que aprovechó al máximo: allí obtuvo el prestigioso «Triple Diploma» en medicina, cirugía y ginecología. A su regreso a la India, ya como una de las profesionales más cualificadas del continente asiático, fundó su propio centro privado de medicina, desde el que realizó importantes contribuciones al campo de la salud femenina, abordando problemas médicos que tradicionalmente se habían pasado por alto debido a los tabúes sociales que la rodeaban. Tan alto llegó a ser su prestigio profesional que en 1895 la familia real de Nepal la contrató para que viajara al país del Himalaya y tratara de una grave enfermedad a la Reina Madre, lo que logró con éxito.

Pero todo este trabajo en el ámbito de la medicina no le bastó. También se implicó activamente en la lucha por la igualdad y los derechos de las mujeres. La doctora Ganguly, como se la conocía, gran defensora de la reforma social, se implicó en el movimiento Brahmo Samaj, que buscaba modernizar la sociedad hindú y promovía la abolición del matrimonio infantil, la dote, la opresión de las viudas y la educación de las mujeres. Para ella, era fundamental formar a las niñas para que tuvieran una posibilidad de empoderamiento. De hecho, también formó parte de la Asociación de Mujeres de Bengala, muy centrada en este objetivo. Además, fue la primera presidenta de la Asociación India de Transvaal, fundada por el Henry Polak, gran colega de Gandhi, así como miembro de la Conferencia de Mujeres celebrada en Calcuta en 1907. La lucha por la independencia y la igualdad eran un todo para ella.

Para poder organizar su trabajo, su hogar y su activismo social y político, cuentan sus biografías que Kakambini tenía su rutina diaria meticulosamente planeada. Ella se encargaba personalmente de las tareas domésticas y de la educación de sus hijos antes de salir a trabajar al hospital. Esa educación progresista, que compartía con su esposo, dio sus frutos: su hija Jyotirmayee Ganguly fue una reconocida luchadora por la libertad y su  hijastra se casó con el escritor Upendrakishore Ray Chowdhury, abuelo del famoso cineasta Satyajit Ray. En general, todos sus hijos e hijas pasaron a formar parte de la élite intelectual del país.

Los últimos años de su vida estuvieron marcados por problemas de salud, sobre todo una hipertensión crónica. Pese a ello, ni quería jubilarse ni reducir su carga de trabajo. En 1922, ya con su salud muy frágil, hizo un complejo viaje a Bihar y Odisha para inspeccionar las deplorables condiciones en las que vivían las mujeres en las minas de carbón. También seguía liderando campañas en aras de mejorar la salud femenina.

Finalmente, su cuerpo dijo basta en 3 de octubre de 1923, cuando tenía 62 años. A las pocas horas de realizar una operación muy complicada con éxito, sufrió un derrame cerebral que le causó un colapso fulminante.

Kadambini Ganguly. Google Doodles.

El historiador estadounidense David Kopf señala que la doctora Ganguly «fue la mujer Brahmo más liberada de su tiempo», una figura singular incluso entre las mujeres emancipadas de la sociedad bengalí contemporánea. Su figura es recordada y reconocida en toda la India, hasta el punto que se han hecho dos series en televisión sobre su vida en 2020. El 18 de julio de 2021 también Google le rindió homenaje: celebró el 160 aniversario de su nacimiento con un doodle en su página en India.

Referencias

Sobre la autora

Rosa M. Tristán es periodista especializada en la divulgación científica y ambiental desde hace más de 20 años. Colabora de forma habitual en diferentes medios de prensa y radio de difusión nacional.

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Received — 2 August 2026 ⏭ Mujeres con ciencia

Sopa de letras con efemérides de agosto

2 August 2026 at 09:00

Hoy te proponemos una sopa de letras en la que aparecen escondidos los apellidos de diez científicas que han nacido en el mes de agosto. De todas ellas hemos hablado en el blog (¡busca sus nombres usando las pistas!). Los apellidos pueden estar escritos en horizontal, en vertical o en diagonal (en cualquier dirección y sentido).

Generado desde puzzel.

Para facilitar la tarea, vamos a darte una pista sobre cada una de estas científicas, y mostrarte una imagen de cada una de ellas, aunque no están dispuestas necesariamente en el mismo orden.

Sobre las científicas

  1. Esta astrogeóloga eligió en 1969 el lugar en el que debía alunizar el Apolo 11.
  2. El trabajo de esta viróloga fue clave en la cadena de investigación hacia una vacuna contra la poliomielitis, que finalizó en 1955 con la aprobación de la vacuna de Jonas Salk.
  3. Fue una de las personas que lideró el esfuerzo criptoanalítico contra el contrabando internacional y el narcotráfico por radio y mensajes codificados.
  4. Esta matemática es conocida por su gran precisión en la navegación astronómica. Calculó la trayectoria para el Proyecto Mercury (1961) y para el vuelo del Apolo 11 (1969).
  5.  La investigación de esta ictióloga se centró en el análisis del impacto de contaminantes sobre la vida marina y el agua potable a través del análisis de huevos de peces fertilizados.
  6. Fue una pionera en el estudio de la arquitectura de ordenadores en Francia.
  7. Esta arqueóloga jugó un papel clave en la comprensión de los jeroglíficos hititas al descubrir una tableta con alfabeto fenicio.
  8.  Esta bioquímica fue la persona encargada de coordinar la comisión creada por el Gobierno Español para la resolución del problema del síndrome del aceite tóxico (1981).
  9.  Esta astrónoma fue una pionera en espectroscopia, publicando el «Atlas of Representative Stellar Spectra» (1899).
  10.  El trabajo de esta patóloga incluyó estudios sobre infecciones por virus y la vacunación preventiva contra la fiebre tifoidea en los soldados.
Las diez científicas (imágenes extraídas del blog).

Por si no has identificado a alguna de ellas, en este enlace puedes ver la solución.

Sobre la autora

Marta Macho Stadler es doctora en matemáticas, profesora del Departamento de Matemáticas de la EHU y colaboradora en Cátedra de Cultura Científica de la EHU.

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De parteras a profesoras de partos

1 August 2026 at 09:00

Título: De parteras a profesoras de partos. Abecedario de las primeras alumnas de la Facultad de Medicina de Granada
Autora: Enriqueta Barranco Castillo
Editorial: Universidad de Granada
Páginas: 276
Fecha de publicación: 2025
ISBN: 978-84-338-7530-3

Información editorial

En esta obra se detalla la evolución de la profesión de parteras a matronas y profesoras en partos en Granada durante el siglo XIX. Se enfoca en la formación académica de las primeras mujeres que asistieron a la Facultad de Medicina de Granada, destacando sus desafíos y logros. La profesión de partera se transformó significativamente en el siglo XIX, pasando de ser una práctica empírica a una formación académica formal en la Facultad de Medicina de Granada. Las primeras mujeres que asistieron a la Facultad de Medicina de Granada enfrentaron numerosos desafíos, incluyendo la necesidad de contar con la autorización marital y superar prejuicios sociales. La formación académica fue crucial para profesionalizar la práctica de las matronas, permitiéndoles adquirir conocimientos teóricos y prácticos necesarios para asistir partos de manera segura. Las matronas enfrentaron desafíos administrativos y legislativos, como la necesidad de legalizar su documentación y pagar tasas elevadas para obtener sus títulos. Algunos médicos y cirujanos jugaron un papel importante en la formación de las matronas, apoyando su educación y contribuyendo a mejorar la salud materno-infantil. La universidad libre de Córdoba tuvo un impacto temporal en la formación de matronas, permitiendo a algunas mujeres obtener su título antes de su cierre en 1874. La legislación sobre la enseñanza de matronas evolucionó, estableciendo requisitos como la necesidad de tener más de 20 años, estar casadas o viudas, y contar con la licencia de sus maridos. En la obra se describe un abecedario detallado de las primeras alumnas de la Facultad de Medicina de Granada, con información sobre sus vidas y carreras. La investigación se basó en el archivo de la universidad de Granada, la diputación provincial y el archivo general de la administración. Se resalta la importancia de reconocer el esfuerzo y la dedicación de las matronas, quienes contribuyeron significativamente a la seguridad de las mujeres en el momento de alumbrar a sus hijas e hijos.

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El ‘pensamiento crítico’ está de moda: ¿qué significa realmente y cómo se enseña?

31 July 2026 at 09:00

 

Sara Kells, IE University

MalikNalik/Shutterstock.

En cualquier debate o reflexión acerca del impacto de la inteligencia artificial en la educación e inteligencia se acaba hablando de pensamiento crítico. Esta tecnología está cambiando la forma en que los alumnos aprenden y en que los docentes evalúan el aprendizaje, y ante esta transformación, el pensamiento crítico se presenta a menudo como la respuesta pedagógica adecuada.

Pero a medida que la IA cambia la forma en que aprendemos y enseñamos, es fácil pasar por alto una cuestión crucial: ¿qué significa realmente el pensamiento crítico en el mundo actual?

Existe un peligro real de que se convierta en una palabra de moda vacía de contenido, un antídoto excesivamente simplificado y supuestamente universal contra esta nueva realidad en la que la información, las explicaciones y los resultados cada vez más sofisticados están a solo un clic de distancia.

Ampliando las definiciones

El pensamiento crítico se entiende, en términos generales, como un conjunto complejo y valioso de habilidades y hábitos. Incluye la capacidad de evaluar pruebas, valorar argumentos, identificar supuestos, distinguir las afirmaciones más sólidas de las más débiles y extraer conclusiones razonadas.

Estas habilidades siguen siendo vitales, pero no abarcan por completo lo que los estudiantes necesitan para hacer frente a los retos cognitivos de un mundo impulsado por la IA.

Investigaciones recientes han comenzado a explorar esta distinción a través de conceptos como el pensamiento crítico digital, que incorpora la idea de que los entornos en línea, moldeados por algoritmos opacos, la personalización y la información de las plataformas, exigen que las personas interpreten no solo el contenido con el que se encuentran, sino también cómo han llegado a verlo en primer lugar.

A medida que evolucionan los entornos en los que aprendemos y vivimos, también debería hacerlo nuestra comprensión del pensamiento crítico. Como investigadora en educación cívica, creo que las respuestas no residen en abandonar las definiciones tradicionales del pensamiento crítico, sino en ampliarlas.

Reflexión y juicio

El pensamiento crítico se desarrolla en dos pasos. El primero es la reflexión, ese micromomento vital de pausa y consideración que precede al segundo paso: la formación de un juicio.

La reflexión exige que las personas cuestionen las pruebas, examinen las suposiciones, comparen interpretaciones contrapuestas, reconozcan los límites de su propia perspectiva y estén dispuestas a revisar sus conclusiones a la luz de argumentos más sólidos o de nueva información.

Pero los espacios digitales modernos moldean agresivamente nuestra atención. Las plataformas digitales deciden qué es visible, fiable y digno de atención, y luego ofrecen contenido a los usuarios en forma de vídeos breves, reseñas cortas y feeds que se pueden desplazar sin fin.

El pensamiento crítico resulta difícil en estos espacios digitales porque desaparece el tiempo y el espacio necesarios para la reflexión. En su lugar, es probable que los usuarios pasen directamente del consumo al juicio.

La reflexión, intermedio necesario entre consumo y juicio

Sin embargo, aún podemos fomentar la crucial primera etapa de la reflexión fuera de estos entornos digitales. Y, al igual que cualquier objetivo educativo significativo, este hábito no se adquiere únicamente a través de la enseñanza. Se cultiva gradualmente mediante la práctica repetida, la retroalimentación, la reflexión y la revisión a lo largo de todo el plan de estudios.

Aunque el pensamiento crítico comienza con una reflexión disciplinada, no termina ahí. La reflexión nos prepara para ejercer el juicio.

El juicio es donde el pensamiento comienza a orientar la acción. Es donde decidimos qué merece nuestra atención, cuánta confianza depositar en nuestro conocimiento y qué responsabilidades se derivan de ello. Determina cómo participamos en última instancia junto a los demás en situaciones en las que no podemos estar seguros al 100 % de lo que sabemos.

El ingrediente clave: la humildad intelectual

Uno de los logros menos publicitados de la educación es que ayuda a los alumnos a descubrir los límites de su propia comprensión. Luchar con ideas difíciles, construir argumentos, cometer errores y revisar el propio razonamiento hacen mucho más que simplemente producir conocimiento. Estos procesos calibran gradualmente el juicio al enseñar a los estudiantes la diferencia entre llegar a una respuesta y comprender un tema de forma significativa.

Con las herramientas basadas en la IA, es más fácil que nunca producir trabajos que, a primera vista, parezcan reflexivos, persuasivos y sofisticados. Una persona puede parecer informada y elocuente sin haber realizado nunca el difícil trabajo cognitivo de desarrollar una comprensión real.

Por lo tanto, hay que enseñar a los estudiantes a distinguir entre una respuesta y la comprensión real. La capacidad de escribir un texto fluido y bien construido es una habilidad totalmente distinta a la de elaborar un argumento sólido. De hecho, una prosa ingeniosa a menudo puede enmascarar o distraer la atención de la falta de una comprensión clara.

Apariencia frente a profundidad

Pero el riesgo no es que el uso de la IA genere estudiantes incapaces de pensar. El riesgo es que cada vez resulte más fácil confundir una ejecución pulida con profundidad intelectual, tanto en nosotros mismos como en los demás.

Aquí es donde entra en juego la humildad intelectual. No se trata ni de modestia ni de falta de confianza, sino de la capacidad de reconocer los límites de la propia comprensión, estar abierto a la revisión y calibrar la confianza en función de lo que realmente se sabe. La humildad intelectual es lo que evita que el juicio se endurezca hasta convertirse en una certeza ciega.

Esta capacidad hace que el pensamiento crítico sea algo más que un conjunto de habilidades cognitivas. Se convierte en parte de un proyecto educativo más amplio, que prepara a los estudiantes para ejercer su juicio de forma responsable en relación con otras personas y con el mundo compartido en el que viven.

Proteger la democracia

Las sociedades democráticas dependen de personas capaces de sopesar argumentos contrapuestos, reconocer la incertidumbre sin dejarse paralizar por ella y revisar sus opiniones cuando sea necesario.

Aunque estas capacidades no surgen por sí solas, pueden desarrollarse a través de experiencias educativas que pregunten repetidamente a los estudiantes no solo qué piensan, sino también cómo han llegado a una conclusión concreta, qué pruebas podrían llevarles a reconsiderarla y cuánta confianza merece realmente.

Más allá de una habilidad aislada

Desde esta perspectiva más amplia, el pensamiento crítico no puede reducirse a una habilidad aislada, integrarse en una sola asignatura ni medirse mediante una única evaluación. Se cultiva en todas las disciplinas, a través de experiencias que obligan a los estudiantes a revisar sus conclusiones a la luz de nuevas pruebas, a defender interpretaciones contrapuestas, a explicar el razonamiento que subyace a sus decisiones y a reflexionar con honestidad sobre los límites de su propio entendimiento.

En la práctica, esto se traduce en un experimento científico que refuta la hipótesis de un alumno, una clase de historia en la que se comparan interpretaciones contradictorias de un mismo acontecimiento o un debate literario que explora múltiples lecturas de un texto.

Este tipo de tareas exigen a los alumnos que pongan en práctica el mismo hábito: ejercer el juicio con humildad intelectual. El objetivo no es simplemente llegar a la respuesta correcta, sino aprender a reconocer cuándo su propio razonamiento debe cuestionarse, refinarse o modificarse.

En última instancia, este hábito prepara a los alumnos para el mundo real actual, donde los retos rara vez tienen respuestas claras o información completa. Al igual que todos los adultos, los alumnos tendrán que lidiar con afirmaciones contradictorias y debates públicos, a menudo en plataformas gestionadas mediante algoritmos llenas de contenido generado por IA.

En estos espacios, la confianza tiende a ir por delante de la comprensión.

Cuestionar y reconsiderar

Las sociedades democráticas necesitan ciudadanos que hayan practicado la difícil tarea de revisar sus opiniones. El aula ofrece un entorno seguro y sin grandes riesgos para entrenar esta habilidad antes de ponerla en práctica en el mundo real.

Los colegios y las universidades tienen el deber de enseñar a los alumnos a ejercer un juicio sensato ante la incertidumbre, el desacuerdo y la complejidad. Esa labor no comienza enseñando el pensamiento crítico como una habilidad aislada, sino diseñando experiencias de aprendizaje que inviten repetidamente a los estudiantes a cuestionar, revisar, justificar y reconsiderar su propio pensamiento en todas las disciplinas.

Al hacerlo, la humildad intelectual se convierte no solo en un ejercicio académico, sino en un hábito cívico profundamente arraigado.The Conversation

Sobre la autora

Sara Kells, Director of Program Management at IE Digital Learning and Adjunct Professor of Humanities, IE University

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Ir al artículo original.

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Lilian Edith Hawker (1908-1991), respetada micóloga inglesa

30 July 2026 at 09:00

En 1970, la Facultad de Ciencias de la Universidad de Bristol elegía por primera vez a una científica especializada en hongos como decana. Se trataba de Lilian Edith Hawker (1908-1991), conocida por su gran dinamismo como investigadora y entusiasmo por la docencia. Sus excelentes trabajos en la fisiología de los hongos y sus contribuciones a la formación del alumnado la convirtieron en una figura altamente valorada y querida entre quienes la conocieron.

Lilian Edith Hawker. Mycologia.

Lilian E. Hawker nació en un pueblo de Inglaterra llamado Reading en 1908; su padre era maestro de escuela y su madre ama casa. Tras cursar el bachillerato, en 1925 se matriculó en la Universidad de Reading (University of Reading), donde cuatro años después se graduaba con honores en botánica. El micólogo británico Michael Francis Madelin (1931–2007), ha destacado que durante su último curso de carrera Lilian Hawker realizó un trabajo de investigación basado en la reproducción de un árbol conocido con el nombre de tejo (Taxus baccata), que publicó en 1930 siendo su primer artículo científico.

Brillante carrera investigadora

Una vez graduada, la joven comenzó inmediatamente sus estudios de posgrado en Reading, los que culminaron con una tesis de máster sobre el geotropismo de las plantas terrestres. Señalemos que el geotropismo hace referencia al efecto estimulante de la fuerza de gravedad que permite a las plantas dirigir las raíces en la dirección correcta.

El citado botánico Michael F. Madelin ha recordado que «esta fue también la época en que obtuvo su primera experiencia como profesora universitaria, ya que durante sus últimos años en Reading fue ayudante estudiantil». Además, añade el científico, por esas fechas «realizó su primer contacto formal con la ciudad en la que posteriormente pasaría la mayor parte de su carrera, ya que en 1931 recibió un premio por leer su trabajo en un encuentro científico en Bristol».

Cuando Hawker dejó Reading, pasó un año (1931-1932) en el Departamento de Botánica de la Universidad de Manchester (University of Manchester), gracias a una beca de investigación; aquí continuó con su trabajo sobre geotropismo estudiando cómo un grupo de hormonas vegetales llamadas auxinas regulan el crecimiento en las plantas.

Hasta entonces, continúa relatando el profesor Madelin, «en su carrera había muy pocos antecedentes sugiriendo que su futuro campo de trabajo sería la micología. Sus cuatro artículos sobre el geotropismo, publicados en 1932 y 1933, constituyeron contribuciones significativas a lo que se sabía sobre la percepción de la gravedad por las plantas, y claramente sugerían que la fisiología vegetal sería su profesión».

Fue la asistencia en 1932 a un curso avanzado para estudiantes de investigación sobre micología, patología vegetal y bacteriología, organizado en el Imperial College of Science and Technology de Londres, lo que despertó su interés en los hongos. Bajo la influencia del profesor William Brown (1888-1975), se sintió «fascinada por la fisiología de los hongos, y se propuso investigar sobre el tema», rememora Madelin. Y así fue, pues a partir de esas fechas Hawker cambió el foco de su investigación consagrándose a la micología, tanto en sus estudios de laboratorio como en la recolección de hongos silvestres, propósitos que mantuvo durante el resto de su vida.

La emprendedora joven se incorporó al equipo de Brown en el Departamento de Botánica del Imperial College, donde la contrataron como ayudante de investigación en 1933. Centró sus esfuerzos en investigar los factores, como por ejemplo los carbohidratos, que afectan al crecimiento y la fisiología de los hongos, así como a la producción de esporas. Recordemos que en biología, el término espora hace referencia a unas estructuras microscópicas unicelulares o pluricelulares que se forman con fines de dispersión y supervivencia por largo tiempo en condiciones adversas.

Hawker demostró ser una infatigable y original investigadora, y en el año 1937 fue ascendida al cargo de profesora de Micología y Patología. En 1940 recibió la valorada Huxley Medal por su innovador trabajo, que daría lugar a la publicación de valiosos artículos. Poco después, sin embargo, su carrera se vio entorpecida debido a la Segunda Guerra Mundial. En ese tiempo permaneció el Imperial College dando clases bajo condiciones muy difíciles. Finalmente, en 1944 leyó una sobresaliente tesis doctoral en la Universidad de Londres (University of London).

Pese a que Hawker era muy activa tanto en la investigación como en la enseñanza, en el Imperial experimentó una promoción notablemente más lenta de la merecida. El micólogo y escritor Michael J. Carlile ha especulado que tal lentitud podría deberse a que sus contactos eran escasos, aunque también las circunstancias propias de los años de guerra podrían haber sido las responsables del retraso de en su ascenso profesional. No queremos olvidar que el hecho de ser mujer e investigadora destacada, a muchos parecía «poco natural», puesto que por esas fechas la tópica frase de «la ciencia no es cosa de mujeres», representaba «lo natural».

En cualquier caso, Madelin ha apuntado al respecto que «debido a la falta de progreso en su carrera académica, Hawker solicitó con éxito en 1945 una plaza de profesora en el Departamento de Botánica de la Universidad de Bristol».

Una buena decisión: el traslado a la Universidad de Bristol

En la década de 1940, en su nuevo centro la científica participó activamente en el comité de investigación de la British Mycological Society. Su trabajo fue «muy pronto reconocido y premiado con su promoción a profesora de micología en 1948». Años más tarde, a partir de 1965, alcanzó el cargo de catedrática, convirtiéndose en una de las primeras mujeres en ocupar una cátedra universitaria en esta materia.

Cabe apuntar que por esa época, concretamente en 1948, también comenzó a investigar la distribución de las trufas, hongos con cuerpos subterráneos, en el Reino Unido. Según el micólogo e historiador de la ciencia Geoffrey Ainsworth (1905-1998) «[Hawker] revivió el estudio de las trufas en Inglaterra, [ya que] antes de su trabajo este grupo no se había estudiado desde la época Victoriana, y se creía que eran raros en el país». La joven científica halló entre 1948 y 1959, a 1200 especímenes de al menos 60 especies alrededor de 1,5 Km de Bristol. Su investigación tuvo como resultado la publicación en 1954 de una monografía, que en 2005 fue descrita como «todavía inigualable».

Tuber macrosporum, una de las especies de trufas que Hawker identificó en Inglaterra. Wikimedia Commons.

Las valiosas investigaciones de Lilian Hawker sobre la fisiología del crecimiento y reproducción de los hongos avanzaron exitosamente, y sus interesantes resultados le permitieron escribir un libro de texto sobre la fisiología de los hongos titulado Physiology of Fungi, que salió publicado en 1950. Tuvo un éxito inmediato y fue extensamente usado por los estudiantes no graduados, así como por investigadores de todo el mundo. Le siguió en 1957 otro libro sobre la fisiología de la reproducción de los hongos, Physiology of Reproduction in Fungi, que le proporcionó un gran reconocimiento entre sus colegas.

A finales de la década de 1950, Hawker modificó su línea de trabajo dirigiendo su atención al estudio de los cambios internos que tienen lugar en las células fúngicas antes de la reproducción. Con tal fin empleó principalmente una combinación de técnicas citológicas y el microscopio electrónico (Madelin, 1991). Apuntemos, aunque sin entrar en detalles técnicos, que el microscopio electrónico es de considerable utilidad para la ciencia gracias a su gran poder de aumento. Debido a que usa electrones en lugar de la luz visible, puede formar imágenes de objetos diminutos hasta un millón de veces aumentadas. El primero fue diseñado entre los años 1922 y 1935, y unos años más tarde empezó a usarse para la investigación científica.

Alrededor de 1960 la Universidad de Bristol adquirió un microscopio electrónico (m.e.), y Lilian Hawker figura entre los primeros investigadores, hombres y mujeres, en usar este novedoso instrumento como herramienta para elucidar problemas micológicos específicos. Las posibilidades que el microscopio ofrecía despertó un creciente entusiasmo en la investigadora. Con su empleo alcanzó inapreciables logros, que en 1965 plasmó en una extensa revisión sobre la ultraestructura de los hongos (se llama ultraestructura a los aspectos de los organismos que solamente pueden observase con un m.e.). El estudio de Hawker se convirtió en un referente de considerable importancia en ese nuevo campo en rápida expansión.

Desde 1963 hasta su jubilación, la inagotable investigadora se dedicó a estudiar los cambios ultraestructurales que tienen lugar en los hongos durante la producción y germinación de las esporas. Sus fructíferos resultados dieron lugar a que publicara prolíficamente sobre el tema y alcanzara reconocimiento en su país y a nivel internacional.

En 1965 fue nombrada Directora del Departamento de Micología de la Universidad de Bristol, distinción que, según Madelin, le proporcionó gran satisfacción, sobre todo porque tales nombramientos de mujeres en Bristol eran una novedad. Unos años más tarde, fue la primera mujer elegida decana de una facultad, cargo que desempeñó hasta su retiro en 1973.

Profesora respetada y querida por su alumnado

Tras el relevante recorrido de Lilian Hawker como investigadora, había una gran profesora comprometida y entusiasta. El citado micólogo Michael Carlile ha recordado que el nivel de las contribuciones de esta científica a la educación universitaria ha sido descrito como «impresionante». Ayudó a fundar el Grado de Microbiología en la Universidad de Bristol, que bajo su influencia incluyó estudios sobre micología.

Este último aspecto alimentaba un acalorado debate, ya que había quienes discrepaban abiertamente de tal inclusión. Hawker se involucró en las discusiones, pues el tema constituía una parte importante de su pensamiento; ella siempre había insistido en que «la microbiología no debía ser meramente otro nombre para la bacteriología y la virología», sino que debía igualmente contener a la micología. En tal sentido, consiguió coeditar dos importantes libros de texto de microbiología que incluían también a los hongos, lo que reflejaba claramente su visión y autoridad en la materia.

Por otra parte, con el fin de realizar indagaciones sobre la manera de adaptar las prácticas de laboratorio a un buen nivel universitario, en 1965 visitó diversos centros de los Estados Unidos. Las pesquisas resultantes, según apuntaba Madelin, despertaron en ella un notable entusiasmo, porque estaba profundamente convencida de la importancia del trabajo práctico en la formación del alumnado. De hecho, sus clases de laboratorio eran muy apreciadas, particularmente por la riqueza de especímenes frescos que la propia profesora recolectaba durante sus incursiones por los campos vecinos en los fines de semana.

Cabe también recordar, como han señalado gran parte de sus colegas, que Hawker siempre mostró un claro interés por sus antiguos estudiantes, cuyos éxitos en sus carreras micológicas le proporcionaban un especial placer que nunca pretendió ocultar.

Justos reconocimientos a una gran científica

Entre los múltiples reconocimientos que Lilian E. Hawker recibió, valga comentar a título de ejemplo, que cuando se jubiló en el año 1973, se acordó por unanimidad nombrarla profesora emérita de la Universidad de Bristol. Asimismo, en 1975 fue elegida miembro honoraria de la British Mycological Society, de la que había sido presidenta en 1955. Sus méritos fueron también reconocidos por la Mycological Society of America, que la incluyó entre sus miembros.

Tras su muerte en 1991, Bristol nombró un moderno laboratorio en su honor, lo cual afortunadamente ha servido para que su nombre como científica no cayese en el profundo olvido que históricamente ha acompañado a valiosas figuras femeninas. Las jóvenes estudiantes pudieron tener conocimiento de sus notables aportaciones, y algunas se sintieron estimuladas a seguir su senda.

 Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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Isabella Cortese y sus «secretos»

29 July 2026 at 09:00

Isabella Cortese fue una alquimista y escritora italiana del Renacimiento. Todo lo que se sabe de su vida y obra procede de su libro I secreti della signora Isabella Cortese. El libro contenía desde consejos para cuidar la casa hasta una discusión sobre la conversión de metales en oro.

Frontispicio de I secreti della signora Isabella Cortese. Digitalic.

Isabella Cortese estuvo activa hacia 1560. Declaró haber estudiado alquimia durante treinta años; entre otras consultó las obras de alquimistas consagrados como Geber (721-815), Ramon Llull (1232-1316) y Arnau de Vilanova (1238-1311). Isabella rechazaba abiertamente su trabajo, calificándolo de «un completo disparate, lleno de fábulas y recetas descabelladas que solo te hacen perder tiempo y dinero». Pensaba que no había ganado nada estudiando estas obras, salvo un «aumento en la probabilidad de una muerte prematura». Así, se piensa que Cortese aprendió sobre alquimia fundamentalmente viajando (visitó Moravia, Polonia o Hungría, entre otros países), sin limitarse a la mera lectura de algunos libros antiguos que trataban el tema.

I secreti della signora Isabella Cortese

En aquella época, un «secreto» era un conocimiento que alguien poseía sobre las propiedades de una cosa o de un procedimiento útil en medicina o en otra ciencia, arte u oficio (significado que sigue definiendo a las palabra).

I secreti della signora Isabella Cortese apareció impreso por primera vez en Venecia en 1561.

Los «secretos» de Cortese en su libro eran recetas con distintos fines cosméticos y medicinales; hoy en día los calificaríamos como remedios caseros. Se mostraban las instrucciones paso a paso para realizar estas recetas, de manera sencilla y concisa. Las recetas proporcionadas estaban distribuidas en cuatro libros que se centraban en puntos de vista diferentes dirigidos tanto a hombres como a mujeres.

El primer libro se centra en recetas medicinales y detalla formas de tratar las principales enfermedades que se propagaban por Europa en ese momento, como la sífilis o la peste común. Esta parte también incluye una forma general de curar heridas mediante la alquimia, con procesos como la destilación.

El segundo libro se centra más en cómo producir sustancias como oro. Cortese realiza algunas sugerencias antes de explicar los procedimientos; entre otros, invita a sus lectoras y lectores a trabajar solos, a usar recipientes, a familiarizarse con los experimentos alquímicos, a prepararse en el uso de tenazas, a mantener el secreto en todo el trabajo, a encontrar aliados confiables y a… alabar a Dios después del éxito de un experimento. Una vez establecidas estas «maneras de trabajar», en el texto se dan las instrucciones sobre cómo alterar las propiedades de los metales, como transformar el cobre en oro.

El tercer libro engloba contenidos más amplios, incluyendo temas como la manera de construir espejos, teñir el cabello o tejidos, eliminar manchas… o «hacerle una estrella en la frente a un caballo blanco».

El cuarto libro está dirigido a las mujeres, centrándose en la manera de realzar la belleza a través de cremas, polvos, tintes para el cabello y diferentes aceites y perfumes. Ilustramos el tono de sus consejos con el siguiente ejemplo que, supuestamente, ayuda a limpiar y desintoxicar el rostro:

Primero, reúna algunas vainas de limón; asegúrese de que las vainas estén secas. Luego, una vez que haya mezclado los dos, agregue la mezcla a un recipiente lleno de vino blanco. Cuando esté listo, reúna un poco de miel, algunos huevos y un par de onzas de leche de cabra. Combine todos estos ingredientes y luego comience a destilar la mezcla. Este compuesto final se puede aplicar para ayudar a eliminar el rostro de toxinas y químicos dañinos que generalmente lo resecan o lo hacen excesivamente graso.

El libro de Cortese fue muy popular; para 1599 ya tenía siete ediciones y se publicaron once impresiones entre 1561 y 1677, además de dos ediciones de una traducción al alemán. Parte de este éxito puede atribuirse a la insistencia de Cortese en que sus lectoras y lectores guardaran los secretos de su libro para sí mismos. Como ya hemos comentado antes, les aconsejaba que mantuvieran a otras personas alejadas de su «lugar de trabajo alquímico» para preservar sus propios descubrimientos y que quemaran su libro una vez que hubieran aprendido todos sus secretos…

Este libro situó el nombre de Isabella Cortese entre los Professori di Segreti (Profesores de Secretos) enumerados por el escritor Tomaso Garzoni (1549-1589) en su enciclopedia La piazza universale di tutte le professioni del mondo.

Al no existir ningún registro documental sobre la autora (a excepción del libro), algunas personas especulan que Isabella Cortese era el seudónimo de Timotheo Rosselló, quien publicó el libro Della summa de’secreti uniuersali in ogni materia parte prima di Don Timotheo Rosselló en la misma editorial que el de Cortese en 1559 y 1561. Además, dedicaba su escrito, como Isabella, a Mario Chaboga, archidiácono de Ragusa. Quizás sea cierto que, para vender sus «secretos» fundamentalmente a mujeres, Rosselló prefirió esconderse bajo una identidad femenina. En contra de esta hipótesis, otros autores argumentan que el estilo de ambos textos es muy diferente. Nunca sabremos la verdad, aunque este no debería quedar como otro caso más de apropiación de saberes de las mujeres.

Isabella Cortese es una de las 39 + 999 mujeres homenajeadas en The Dinner Party de Judy Chicago: acompaña en el segundo lado de la mesa a la comensal Isabel de Este, noble italiana.

En Venus, el cráter Cortese recuerda su figura.

Referencias

Sobre la autora

Marta Macho Stadler es doctora en matemáticas, profesora del Departamento de Matemáticas de la EHU y colaboradora en la Cátedra de Cultura Científica de la EHU.

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Emmy Stein, la botánica que ayudó a entender qué cambios se pasan a las siguientes generaciones

28 July 2026 at 09:00

Una planta puede crecer torcida si recibe poca luz. También puede desarrollar hojas más pequeñas cuando le falta agua o sufrir deformaciones después de una enfermedad. Sin embargo, normalmente ninguna de esas características pasa a la siguiente generación. Otras, en cambio, sí pueden heredarse y aparecer después en los descendientes.

Hoy sabemos que la diferencia está en si el cambio afecta o no al material genético. Pero a comienzos del siglo XX nadie sabía todavía dónde residía exactamente la información hereditaria ni qué podía modificarla. Esa era una de las grandes preguntas de la nueva genética. Emmy Stein dedicó buena parte de su carrera a intentar responderla exponiendo plantas a fuentes de radiación para observar qué cambios sufrían y, sobre todo, cuáles de ellos aparecían también en la siguiente generación.

Una botánica en los inicios de la genética

Emmy Stein. Der Züchter.

Emmy Stein nació en Düsseldorf, Alemania, el 21 de junio de 1879. En una época en la que las universidades alemanas apenas comenzaban a admitir mujeres, inició su formación en la Escuela de Horticultura para Mujeres de Berlin-Marienfelde y posteriormente completó los estudios que le permitieron acceder a la Universidad de Jena, donde obtuvo el doctorado en Botánica en 1913.

Antes incluso de doctorarse realizó un viaje científico a las entonces Indias Orientales Neerlandesas, hoy Indonesia, para estudiar la flora tropical del lugar. Tras participar como voluntaria de la Cruz Roja en la Primera Guerra Mundial, en 1919 se incorporó al Instituto Kaiser Wilhelm de Biología donde trabajó junto al genetista Erwin Baur, uno de los principales impulsores de la genética experimental en Alemania.

La genética era entonces una disciplina muy joven. Las leyes de Mendel acababan de consolidarse y los investigadores empezaban a comprender cómo se transmitían muchas características de una especie entre una generación y la siguiente, pero habiendo muchas cosas aún desconocidas. Por ejemplo, seguía sin saberse dónde residía esa herencia, esto es, qué era exactamente aquello que se heredaba ni de qué manera podía eso cambiar y por tanto aparecer características nuevas.

¿Podía la radiación cambiar una planta… y a sus descendientes?

A finales del siglo XIX el descubrimiento del radio había abierto un campo completamente nuevo de investigación. Los físicos sabían que emitía una radiación invisible capaz de atravesar distintos materiales, impresionar placas fotográficas y provocar cambios físicos y químicos sin necesidad de calor ni luz. Sus efectos sobre los organismos vivos, sin embargo, apenas empezaban a explorarse.

Stein decidió utilizar esa nueva herramienta para intentar dar respuesta a esas preguntas fundamentales para la genética que aún no tenían respuesta. Trabajó con plantas del género Antirrhinum, popularmente llamadas bocas de dragón, muy convenientes para esta rama científica ya que muchas de las características hereditarias son visibles a simple vista. Las expuso a radiación y observó cuidadosamente su desarrollo. El objetivo no consistía únicamente en comprobar si las plantas cambiaban por efecto de la radiación, sino si los cambios que se observaban se limitaban a esa planta o si se transmitían también a sus descendientes.

Un resultado correcto pero aún sin explicación

Antirrhinum normal y tres especímenes tras
ser sometidos a radiación. Fuente: Untersuchungen
über die Radiomorphosen von Antirrhinum.

En 1921 Stein presentó sus resultados ante la Sociedad Alemana de Genética. Las plantas irradiadas desarrollaban características nuevas que permanecían estables y reaparecían cuando se obtenían nuevas generaciones a partir de ellas. Pero para Stein la pregunta decisiva seguía abierta. ¿Qué era exactamente lo que había cambiado dentro de la planta para que esa nueva característica pudiera heredarse?

En la actualidad responderíamos que la radiación había alterado el ADN contenido en el núcleo de algunas células reproductoras y que esa modificación genética pasó después a la descendencia. Sin embargo, en la década de 1920 nadie sabía todavía que el ADN era lo que contenía la herencia genética de los seres vivos (en este caso, de la planta) y por eso ella interpretó inicialmente sus resultados como modificaciones permanentes de las células de la planta, en general, más que como alteraciones del material hereditario en concreto.

Es decir, Stein había observado esos cambios estables y heredables de una generación a otra, pero todavía no sabía, porque no lo sabía nadie por entonces, era qué parte de la célula conservaba y transmitía esa información.

Nuevas interpretaciones para experimentos antiguos

En 1927 Hermann Joseph Muller demostró que los rayos X podían inducir mutaciones hereditarias en la mosca de la fruta (otra especie muy utilizada en el campo de la genética, en este caso porque debido a sus cortos ciclos de vida se pueden observar distintas generaciones en poco tiempo). Aquellos experimentos confirmarían definitivamente que la radiación podía modificar el material biológico responsable de la herencia y abrirían una nueva etapa en la genética experimental.

Las investigaciones de Stein pudieron ser interpretadas entonces bajo otro prisma distinto, uno con mucha más información. Sus observaciones seguían siendo las mismas, pero ahora podían interpretarse dentro de un marco teórico mucho más sólido. En los años siguientes continuó trabajando sobre los efectos biológicos de la radiación y acuñó el término fitocarcinoma para describir determinados crecimientos extraños y en ocasiones malignos provocados experimentalmente en las plantas.

Desarrolló prácticamente toda su carrera en el Instituto Kaiser Wilhelm de Biología, donde también investigó sobre hormonas vegetales e injertos, permaneciendo vinculada a la institución incluso después de su reorganización tras la Segunda Guerra Mundial como parte de la Sociedad Max Planck.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.

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Received — 25 July 2026 ⏭ Mujeres con ciencia

Melissa García Caballero: «Me interesa comprender por qué algunos tumores generan entornos vasculares que favorecen la metástasis o la resistencia a la inmunoterapia»

25 July 2026 at 09:00

Melissa García Caballero es biología molecular e investigadora responsable del grupo BE-18 “Vascular Biology, Tumor Microenvironment & Target Discovery” del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga – IBIMA Plataforma BIONAND.

Con un enfoque integrador entre biología básica y aplicaciones biomédicas, realiza investigación traslacional centrada en la biología vascular, el microambiente tumoral y la identificación de nuevas dianas terapéuticas en cáncer.

Ha recibido numerosos premios y distinciones por su brillante trayectoria científica. En 2021, fue una de los cinco investigadores seleccionados por la Universidad de Málaga dentro del programa Beatriz Galindo. Un año más tarde fue reconocida con el Premio L’Oréal-UNESCO a Mujeres en Ciencia. En 2024 fue galardonada con el Premio Málaga de Investigación en la modalidad de Ciencias (otorgado por la Fundación Málaga junto a la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo y la Academia Malagueña de Ciencias) en reconocimiento a «su trabajo en el campo de la biología molecular, especializado en el estudio de la angiogénesis y su relación con el cáncer».

Melissa García Caballero. Fotografía proporcionada por la investigadora.

1. ¿Cuál es tu área de investigación?
Mi área de investigación se centra en la biología vascular del cáncer y, en particular, en comprender cómo los vasos sanguíneos y linfáticos que forman parte del microambiente tumoral contribuyen a la progresión de la enfermedad, la diseminación metastásica y la respuesta a los tratamientos. Durante muchos años, la investigación en cáncer se ha focalizado principalmente en las células tumorales, pero hoy sabemos que el tumor no actúa de manera aislada, sino que mantiene un diálogo constante con las células que lo rodean. Entre ellas, las células endoteliales que forman la vasculatura tumoral desempeñan un papel fundamental.

En mi grupo estudiamos la heterogeneidad de esa vasculatura y cómo las células endoteliales se reprograman dentro del tumor para favorecer su crecimiento, modular la respuesta inmunitaria o facilitar la metástasis, especialmente a través de los vasos linfáticos. Para ello combinamos modelos experimentales con tecnologías de vanguardia, como la transcriptómica de célula única, las ómicas espaciales y los análisis multi-ómicos, con el objetivo de identificar nuevas dianas terapéuticas y biomarcadores que puedan contribuir a mejorar el tratamiento de los pacientes con cáncer.

2. ¿Por qué te dedicas a ella?
Me dedico a la investigación porque, en mi caso, es algo profundamente vocacional. Desde pequeña he sentido una gran curiosidad y admiración por todo lo que me rodea: la naturaleza, el funcionamiento del cuerpo humano, las enfermedades que afectan a la humanidad y la posibilidad de comprender, aunque sea poco a poco, los mecanismos que explican la vida y también su alteración. Esa curiosidad inicial fue creciendo con los años y terminó convirtiéndose en la necesidad de dedicarme profesionalmente a generar conocimiento que pudiera tener un impacto real en la sociedad.

Dentro de la investigación biomédica, desde mis primeros años me atrajo especialmente la idea de que el cáncer no podía entenderse mirando únicamente a la célula tumoral. Me parecía fascinante que una enfermedad tan compleja dependiera también de cómo las células normales del organismo son “educadas” por el tumor para colaborar con él. Dentro de ese ecosistema, la vasculatura me pareció un componente especialmente interesante: por un lado, porque los vasos son esenciales para alimentar al tumor y permitir su crecimiento; por otro, porque constituyen una vía de comunicación con el sistema inmunitario y una ruta de diseminación metastásica.

Con el tiempo, mi interés se fue desplazando de la angiogénesis tumoral clásica hacia preguntas cada vez más específicas sobre la heterogeneidad del endotelio y, especialmente, sobre el papel de los vasos linfáticos en la progresión tumoral. La posibilidad de estudiar estas poblaciones celulares con una resolución antes inimaginable, gracias a las nuevas tecnologías de célula única y ómicas espaciales, ha abierto una etapa apasionante. Me motiva mucho pensar que entender mejor esos mecanismos puede traducirse en nuevas estrategias terapéuticas para tumores que todavía presentan un pronóstico desfavorable o una respuesta limitada a los tratamientos disponibles.

3. ¿Has tenido alguna figura de referencia en tu trayectoria?
He tenido muchos referentes a lo largo de mi trayectoria, y cada uno de ellos ha sido importante en las distintas etapas de mi vida y de mi carrera profesional. Desde algunas profesoras del instituto, que alimentaron mi interés innato por la ciencia, hasta mis supervisores de tesis doctoral y de la etapa postdoctoral, pasando por compañeras y compañeros con quienes he compartido trabajo, aprendizaje y crecimiento profesional. De todas esas personas he ido tomando enseñanzas diferentes, no solo sobre cómo hacer buena ciencia, sino también sobre cómo afrontar las dificultades, cómo trabajar en equipo y cómo construir una carrera investigadora con rigor y pasión.

Durante mi etapa postdoctoral en Bélgica, trabajar en el entorno científico del profesor Carmeliet fue especialmente inspirador. Su laboratorio ha sido una referencia internacional en biología vascular, y esa experiencia marcó profundamente mi manera de entender la investigación: la importancia de formular preguntas ambiciosas, de combinar aproximaciones mecanísticas con relevancia biomédica y de mantener siempre un alto nivel de exigencia científica.

Además de los grandes referentes científicos, también han sido fundamentales muchas personas cercanas que, quizá desde lugares menos visibles, han dejado una huella muy importante en mi forma de investigar y de entender esta profesión. A veces, una figura de referencia no es solo quien firma descubrimientos relevantes, sino también quien te enseña, te acompaña, confía en ti o te inspira con su manera de trabajar. En ese sentido, me considero muy afortunada por haber encontrado a lo largo del camino a tantas personas de las que aprender.

4. ¿Qué te gustaría descubrir o solucionar en tu campo?
Me gustaría contribuir a descifrar con mayor precisión cómo la vasculatura tumoral, y en especial el endotelio linfático, participa activamente en la progresión del cáncer y en la modulación de la respuesta inmunitaria. Durante mucho tiempo, los vasos se han considerado sobre todo estructuras de soporte o vías de transporte, pero cada vez tenemos más evidencias de que son poblaciones celulares dinámicas, heterogéneas y con funciones mucho más complejas de lo que pensábamos.

Uno de mis objetivos es identificar qué estados endoteliales aparecen de forma específica en los tumores, qué señales los inducen y cuáles de esos mecanismos pueden explotarse terapéuticamente. Me interesa especialmente comprender por qué algunos tumores generan entornos vasculares que favorecen la metástasis o la resistencia a la inmunoterapia, y si podemos intervenir sobre ellos para hacer los tratamientos más eficaces. En última instancia, me gustaría que nuestros hallazgos ayudaran a desarrollar nuevas estrategias que no se limiten a atacar la célula tumoral, sino que también reprogramen su microambiente para volverlo menos permisivo para la enfermedad.

5. ¿Qué consejo darías a quien quiera adentrarse en el mundo de la investigación?
Diría, en primer lugar, que la investigación requiere curiosidad, pero también mucha constancia y responsabilidad. No siempre se avanza en línea recta, y una parte importante del trabajo científico consiste en aprender a convivir con la incertidumbre, con los experimentos que no salen como esperábamos y con las preguntas que generan nuevas preguntas. Esa dificultad forma parte del proceso, pero también es lo que hace que investigar sea tan estimulante.

También aconsejaría contar con buenos mentores y con equipos donde se pueda aprender, preguntar y equivocarse. La ciencia no se hace en solitario, y rodearse de gente que comparta el entusiasmo por descubrir, pero también valores como el rigor y la colaboración, marca una gran diferencia.

Y, por último, recomendaría no perder nunca de vista por qué se empezó. En los momentos más exigentes, recordar la pregunta que te mueve, el problema que quieres ayudar a resolver o el impacto que tu trabajo puede llegar a tener es lo que permite mantener la motivación. La investigación es una carrera larga y de fondo, pero también una profesión extraordinariamente bonita para quien disfruta aprendiendo, creando conocimiento y contribuyendo a mejorar la vida de los demás.

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Economía de Género

24 July 2026 at 09:00

La economía de género es una rama de la economía que estudia las desigualdades sistemáticas entre mujeres y hombres en resultados económicos, los procesos que generan esas desigualdades, y el papel que desempeñan las instituciones, normas sociales y políticas públicas en su persistencia o mitigación.

La Fundación Ramón Areces acaba de publicar el handbook titulado Economía de Género que está coordinado por las Dras. Lídia Farré (Instituto de Análisis Económico (IAE-CSIC) y Barcelona School of Economics) y Judit Vall Castelló (Universidad de Barcelona, IEB, ICREA Academia y Presidenta de la Sociedad Catalana de Economía).

Sinopsis

La economía de género ha transformado el análisis económico tradicional al visibilizar las desigualdades sistemáticas entre mujeres y hombres y cuestionar la supuesta neutralidad de los modelos clásicos. Esta obra examina cómo las instituciones, las normas sociales y las políticas públicas influyen en la persistencia o mitigación de las brechas de género en múltiples dimensiones de la actividad económica. Lejos de ser únicamente un problema de justicia social, la marginación del talento femenino representa una pérdida fundamental de eficiencia y productividad para la economía en su conjunto, un hecho reconocido internacionalmente con hitos como la concesión del Premio Nobel de Economía a Claudia Goldin en 2023.

Este handbook sintetiza el conocimiento empírico y teórico acumulado en esta consolidada área de investigación. A través del análisis del mercado laboral, la penalización por maternidad, las aspiraciones educativas, la economía del cuidado y el impacto de la violencia de genero, el volumen ofrece una panorámica exhaustiva de los mecanismos que perpetúan la desigualdad. Esta obra será de gran utilidad para académicos, estudiantes y profesionales que busquen una base sólida sobre cómo el enfoque de género enriquece la disciplina económica y resulta indispensable para el diseño de políticas públicas más equitativas y eficientes.

Organización del texto

El handbook se organiza en once capítulos con diferentes temáticas y autoría:

Capítulo 1. Brechas de género en el marcado laboral (por Jaime Arellano-Bover y Barbara Biasi)

Capítulo 2. Empresas, flexibilidad y natalidad (por Nezih Guner, Alessandro Ruggieri, Ezgi Kaya y Virginia Sánchez-Marcos)

Capítulo 3. La penalización por maternidad (por Alicia de Quinto, Laura Hospido y Belén Rodríguez-Moro)

Capítulo 4. Brechas de género en el sistema educativo español (por Cristina Bellés-Obrero y Anastasia Terskaya)

Capítulo 5. Normas y brechas de género (por Pilar Cuevas Ruiz, José Ignacio Giménez-Nadal y Almudena Sevilla)

Capítulo 6.  Brechas de género en aspiraciones, expectativas y estereotipos: evidencia empírica y restos pendientes (por Rosa Ferrer y Belén Rodríguez Moro)

Capítulo 7. Diferencias de género en preferencias, actitudes y habilidades cognitivas medidas a través de experimentos (por Jaume García Segarra, Iñigo Hernández Arenaz y Pedro Rey Biel)

Capítulo 8. Políticas familiares y brechas de género (por Lídia Farré, Libertad González, Claudia Hupkau y Jenifer Ruiz-Valenzuela)

Capítulo 9. Las cuotas de género (por Manuel Bagues y Natalia Zinovyeva)

Capítulo 10. Las desigualdades de género en salud (por Laia Maynou y Judit Vall)

Capítulo 11. Empoderamiento de la mujer y violencia de pareja (por Elisabetta Calabresi y Núria Rodríguez-Planas)

Nota

El handbook puede consultarse y descargarse libremente en formato pdf en este enlace.

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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Hilda Pérez Carvajal, la científica que desveló la relevancia del sistema inmunitario frente a los parásitos

23 July 2026 at 09:00

Las enfermedades parasitarias son infecciones causadas por organismos (parásitos) que viven y se alimentan dentro otro ser vivo (huésped). Cada año afectan a millones de personas en todo el mundo, especialmente en regiones tropicales. Comprender cómo se comportan los parásitos y cómo el cuerpo humano se defiende de ellos ha sido un gran desafío para la medicina contemporánea.

La inmunoparasitóloga Hilda Pérez Carvajal (1945-2019) destaca entre quienes contribuyeron decisivamente a construir ese conocimiento. Su carrera de más de cinco décadas combinó el estudio de enfermedades tropicales como la leishmaniasis y la malaria, la formación de nuevas generaciones de especialistas y un firme compromiso con la salud pública en América Latina.

Hilda Pérez Carvajal. Imagen creada a partir de la original de Cazadores de microbios.

Hilda Antonieta Pérez Carvajal nació el 11 de mayo de 1945 en Cumaná, Venezuela. Su interés por la biología comenzó a manifestarse desde temprano, y su afán por entender los mecanismos de la vida la llevó a ingresar en la Escuela de Biología de la Universidad Central de Venezuela, donde se graduó en 1967. Su trabajo de fin de carrera, dedicado al análisis químico de un bacteriófago, fue premiado por su excelencia, un reconocimiento que anunciaba el talento investigador que Hilda desarrollaría en las décadas siguientes.

Gracias a una beca del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de su país, en 1971 cruzó el océano para realizar un doctorado en el prestigioso Instituto Nacional de Investigaciones Médicas de Londres. Bajo la tutela de expertos mundiales, Hilda se especializó en la inmunología de la esquistosomiasis, una enfermedad causada por gusanos parásitos que afecta a millones de personas en regiones tropicales. Aquella etapa le permitió adquirir una formación robusta que la convirtió en la primera persona venezolana con formación de posgrado en las áreas combinadas de inmunología y parasitología. De regreso a su país en 1975, decidió aplicar el conocimiento adquirido al estudio de enfermedades parasitarias relevantes en Venezuela.

Comprender la leishmaniasis para mejorar su tratamiento

Pérez se incorporó al Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, donde desarrollaría gran parte de su carrera. Comenzó centrando su trabajo en la leishmaniasis, una enfermedad causada por protozoos del género Leishmania y transmitida por la picadura de pequeños insectos, que puede provocar desde lesiones cutáneas hasta formas mucho más graves y potencialmente mortales.

Ciclo vital de los parásitos del género Leishmania, responsables de la leismaniasis.
Wikimedia Commons.

Hasta ese momento, se desconocían los mecanismos que explicaban por qué unas personas desarrollaban cuadros leves y otras cuadros más severos, y se creía que las diferentes manifestaciones clínicas de la enfermedad dependían únicamente de la variedad del parásito. Sin embargo, Hilda y su equipo demostraron que la respuesta dependía en gran medida de la susceptibilidad genética del huésped, es decir, de la manera en que el sistema inmunitario de cada individuo reaccionaba frente al parásito. Para llegar a esa conclusión, emplearon un diseño experimental innovador que utilizaba modelos animales genéticamente idénticos, y se convirtieron en pioneros –y referentes mundiales– en este tipo de investigaciones.

Su trabajo contribuyó a comprender mejor la interacción entre el parásito y el sistema inmunitario, un conocimiento imprescindible para diseñar tratamientos más eficaces y orientar futuras investigaciones sobre vacunas.

Frente a la malaria: ciencia al servicio de la comunidad

A finales de la década de 1980, la malaria volvía a convertirse en un problema de salud pública en Venezuela, e Hilda decidió orientar su investigación hacia esta enfermedad. Lejos de escoger el camino más sencillo, centró sus esfuerzos en Plasmodium vivax, el parásito responsable de la mayoría de los casos de esta enfermedad en América Latina y, al mismo tiempo, uno de los más difíciles de estudiar en el laboratorio por su compleja biología.

Con una visión interdisciplinaria, el laboratorio de Pérez incorporó técnicas de biología molecular y biotecnología que eran avanzadas e innovadoras para la época. Estas herramientas les permitieron caracterizar proteínas del parásito y avanzar en el desarrollo de métodos de diagnóstico temprano y en la identificación de posibles candidatos para futuras vacunas. Además de producir resultados científicos de gran impacto, Pérez impulsó una forma de trabajar basada en la cooperación entre laboratorios, favoreciendo así la creación de redes de investigación que fortalecieron la capacidad científica del país.

El trabajo de Hilda tuvo un impacto directo en las zonas rurales y comunidades indígenas al sur del río Orinoco, donde la transmisión era alta y el acceso a la salud era limitado. Gracias a sus contribuciones, fue posible orientar tratamientos más efectivos frente a la creciente resistencia del parásito a los medicamentos convencionales, demostrando que la ciencia de vanguardia puede y debe ser una herramienta de justicia social.

Formación de nuevas generaciones

Más allá de sus más de cien publicaciones científicas y su papel como asesora experta de la Organización Mundial de la Salud, esta mujer tuvo un gran impacto como docente de la Universidad de Los Andes, la Universidad Central de Venezuela y el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. Allí formó a generaciones de estudiantes que posteriormente continuarían investigando en inmunología, microbiología y parasitología. También participó activamente en la creación de programas de posgrado y sociedades científicas, como la Sociedad Venezolana de Parasitología, de la que fue presidenta en dos ocasiones.

A lo largo de su trayectoria recibió diversos reconocimientos, entre ellos la Orden Rafael Rangel al Mérito Científico en 1995 y el Premio Mujeres en Ciencia, en su primera edición (2013), concedido por la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela.

Hilda Pérez Carvajal falleció el 19 de julio de 2019 en Caracas, a los 74 años.

Referencias

Sobre la autora

Edurne Gaston Estanga es doctora en ciencia y tecnología de los alimentos. Actualmente se dedica a la gestión de proyectos en organizaciones que fomentan la difusión del conocimiento de la ciencia y la tecnología.

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Mujeres, ciencia y mercado: evidencia sobre la brecha de género en la innovación tecnológica

22 July 2026 at 09:00

Las mujeres artistas han sido con frecuencia relegadas por la historia oficial. Muchas de sus obras permanecieron durante años ocultas, ignoradas o incluso atribuidas a hombres. Un ejemplo es Lady at the Tea Table (1883-1885), de la pintora impresionista estadounidense Mary Cassatt. Debido a las críticas de su familia, Cassatt conservó el cuadro en su colección privada durante décadas, hasta donarlo en 1923 al Museo Metropolitano de Nueva York, donde hoy se expone.

Mary Cassatt, Lady at the Tea Table (c. 1883-1885), Wikimedia Commons.

El artículo de Marlène Koffi y Matt Marx «Cassatts in the attic: Is there a gender gap in the commercialization of science?» estudia si a las contribuciones científicas realizadas por mujeres con potencial de comercialización les ocurre lo mismo que a las obras de arte realizadas por mujeres: ¿se quedan guardadas en un cajón o en el ático? El trabajo se pregunta si los descubrimientos científicos de investigadoras tienen la misma probabilidad que las realizadas por investigadores de convertirse en innovaciones comercialmente explotadas. ¿Afecta la desigualdad de género también al proceso mediante el cual el conocimiento científico se transforma en innovaciones comercialmente explotadas?

Datos y resultados principales

El trabajo utiliza información de 70 millones de artículos científicos publicados en múltiples disciplinas. Para medir la comercialización, vincula publicaciones científicas con patentes posteriores relacionadas con esos descubrimientos. De este modo se puede observar qué avances científicos terminan teniendo una aplicación concreta.

Para asegurarse de que las diferencias observadas no reflejan simplemente una mayor o menor calidad científica, el artículo compara investigaciones con características muy similares en cuanto a impacto académico, potencial comercial y composición de los equipos. De este modo, investiga si existe una brecha que se debe realmente al género y no a posibles diferencias en la calidad o relevancia de la investigación o al potencial económico de los descubrimientos.

El artículo identifica una brecha de género del 14 % en la comercialización de la ciencia. Es decir, los avances científicos realizados por mujeres tienen una menor probabilidad de llegar al mercado que los realizados por hombres.

Además, la brecha es especialmente pronunciada cuando la última autora del artículo (la investigadora principal o directora del laboratorio) es una mujer. Incluso entre trabajos de alta calidad, los resultados producidos bajo liderazgo femenino son comercializados con menor frecuencia. Ello es especialmente relevante porque indica que la desigualdad aumenta precisamente en los segmentos de investigación con mayor potencial de impacto.

Posibles explicaciones

Uno de los resultados más llamativos es que la brecha desaparece cuando los propios científicos o las propias científicas crean nuevas empresas para aplicar industrialmente sus descubrimientos. Es decir, las diferencias entre hombres y mujeres prácticamente no existen cuando las investigadoras participan directamente en la creación de empresas (startups) para llevar sus descubrimientos al mercado.

Este resultado sugiere que la brecha en la comercialización se debe a los intermediarios tradicionales del proceso de desarrollo empresarial (grandes empresas, departamentos de I+D o inversores). Estas organizaciones pueden no reconocer adecuadamente las contribuciones científicas femeninas o pueden valorarlas menos de lo que deberían.

El artículo también encuentra evidencia compatible con otro mecanismo bien conocido en economía y sociología: la homofilia de género, es decir, la tendencia de las personas a colaborar con otras de su mismo género. Como la mayoría de quienes toman decisiones sobre el desarrollo y la explotación comercial de nuevas tecnologías siguen siendo hombres, los descubrimientos realizados por científicos varones pueden beneficiarse de redes profesionales más favorables. De hecho, la brecha se reduce cuando la comercialización se realiza mediante empresas pequeñas o mediante organizaciones con una mayor presencia de inventoras. Esto refuerza la hipótesis de que la composición de género de las redes de innovación influye significativamente en qué descubrimientos reciben atención comercial.

Conclusión

Koffi y Marx muestran que existe una brecha del 14 % en la comercialización de la ciencia que no puede atribuirse a diferencias en calidad ni en potencial comercial. La desigualdad es especialmente marcada para investigaciones dirigidas por mujeres y para investigaciones de alta calidad. La desaparición de la brecha cuando las investigadoras comercializan directamente sus descubrimientos mediante nuevas empresas sugiere que los sesgos, las redes profesionales y las estructuras organizativas desempeñan un papel fundamental en la existencia de la brecha.

Si descubrimientos de igual calidad tienen distintas oportunidades de llegar al mercado según el género de quienes los producen, no solo se genera una desigualdad para las investigadoras. También se desperdician oportunidades de innovación que podrían beneficiar al conjunto de la sociedad.

Referencia

KOFFI, Marlène y MARX, Matt, 2026, «Cassatts in the attic: Is there a gender gap in the commercialization of science?». American Economic Journal: Applied Economics 18 (2), 266-298

Sobre el autor

David Pérez Castrillo es doctor en Economía y profesor emérito de la Barcelona School of Economics.

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Janet Taylor, la brújula matemática del siglo XIX

21 July 2026 at 09:00
Janet Taylor.

Son pocas las mujeres que han tenido protagonismo en la historia de la navegación. Sus contribuciones se han ignorado de forma constante, destacándose solo los inventos hechos por hombres, sus grandes gestas y descubrimientos. Pero en este panorama hay una figura femenina que en el siglo XIX, justo el momento en el que el Europa expandía sus tentáculos por el océano global, supuso una revolución en el arte y la ciencia de navegar. Se trata de la británica Janet Taylor, que aplicó el hallazgo de Isaac Newton de que la Tierra es esferoidal, es decir, que está achatada por los polos, a los cálculos de navegación. Aquello aumentó la precisión y la seguridad de los navegantes, siendo reconocida por ello en un mundo regido por el género masculino.

Nacida como Jane Ionn el 13 de mayo de 1804, en el condado de Durham (Inglaterra),  tuvo la fortuna de que su padre, profesor de navegación, la permitiera estudiar de niña en una escuela de varones donde enseguida destacó por su precoz inteligencia. La base matemática que logró allí, le facilitó obtener a los 9 años una beca de la Reina Carlota para continuar sus estudios en la Escuela Real de Bordado para Mujeres donde, pese a eses nombre, pudo cultivar su pasión por los globos terráqueos, los mapas y la geometría. Cuando la escuela cerró, se trasladó a un internado a las afueras de Londres, donde comenzó siendo adolescente a trabajar como tutora.

Al salir, con solo 16 años, Janet se colocó como institutriz en una familia, a cuyos hijos fascinaba con sus clases de astronomía. Al morir su padre un año después, se encontró con una importante herencia, si bien optó por ayudar a su hermano, que había abierto un negocio y necesitaba apoyo con sus finanzas, una experiencia que le sirvió para más adelante para abrir sus empresas, como mujer emprendedora que era. Fueron años en los que, por su cuenta, empezó a resolver enigmas de navegación cada vez más complejos, más por inquietud personal que por pensar en vivir de su talento.

Cuando su hermano se arruinó, la joven se fue a vivir a Amberes con un familiar, donde conoció al que sería su esposo, George Taylor, que regentaba un pub. Juntos, en 1831, decidieron abrir la primera Academia de Náutica George Taylor, nombrada así por su esposo aunque era ella la que aportaba el conocimiento. Su idea era obtener ingresos con la publicación de libros, la venta de cartas náuticas y el desarrollo de instrumentos, hasta lograr fondos para ofrecer formación con el plan de estudios diseñado por Janet.

Para su primer libro, la joven se puso a recalcular las ecuaciones de navegación, que aún se basaban en que la Tierra era una bola esférica cuando se sabía desde Newton que no era así. Tras numerosos y laboriosos cálculos, elaboró ​​nuevas tablas de posición, que publicó en 1833 como Tablas Luni-Solares y Horarias, una obra que tuvo siete ediciones en los siguientes 20 años. Un año después publicó Principios de Navegación Simplificados, que permitían enseñar cómo utilizar tanto sus tablas como otros métodos usados por los marineros para determinar su posición y rumbo en el mar. Si bien al principio estos avances no eran muy conocidos, la crítica furibunda que recibió por sus tablas en 1835 en The Nautical Magazine, fue un golpe de timón. El artículo ponía en entredicho sus datos, destacando que era una mujer quien los hacía para quitarles valor. Pero Janet no se amilanó y en el siguiente número de la revista respondió con argumentos que demostraban que había decenas de millas de diferencia entre sus posiciones y las usadas hasta entonces para navegar. Fue tan contundente que el respeto de la comunidad náutica aumentó exponencialmente y sus libros se convirtieron en lectura obligada.

Algunas de las publicaciones de Janet Taylor.

La cuestión es que estas investigaciones no le daban suficiente para vivir y emprender. Ya en 1834 había patentado un instrumento de su invención –para algunos su gran aportación– en el que invirtió su herencia, una calculadora de navegación, que unía varios instrumentos en uno permitiendo medir a la vez ángulos, altitud, tiempo real y acimut. De hecho, fue la primera mujer en patentar un invento para navegar de la historia. Y de nuevo tropezó con dificultades: el Almirantazgo británico no la autorizó oficialmente porque consideró que era demasiado sofisticada para los marineros. Curiosamente en tiempos recientes se reprodujo y se calificó como “una genialidad adelantada a su tiempo”, aunque las autoridades navales de su tiempo llegaron a decir que era algo “indigno del patrocinio de los lores”.

El nuevo revés, lejos de hundirla, la animó a iniciar nuevas aventuras. En 1835 abrió otro negocio con su nombre: la Academia Náutica de Mrs. Janet Taylor, donde vendía instrumentos necesarios para enfrentarse al océano. Trabajaba para ella un fabricante que hacía sus diseños y que, para su disgusto, acabó por independizarse y abrir un local cerca del suyo. Por supuesto, también vendía sus publicaciones: en 1842, Taylor publicó un segundo libro, Epítome de Navegación y Astronomía Náutica, con las Tablas Lunares Mejoradas, que alcanzó las 12 ediciones. Novedad suya fue también una guía para navegar por la costa brasileña. Cada vez más conocida, eran muchos los que antes de iniciar un viaje se pasaban por su academia para llevarse cartas de navegación que ella modificaba a mano con información mucho más precisa que la que venía del Almirantazgo, muy retrasado a la hora de actualizarla.

La academia creció en fama porque no solo enseñaba a oficiales de la marina mercante las técnicas para navegar (incluyendo trigonometría, geometría, matemáticas, astronomía, mecánica, meteorología, etcétera), sino que facilitaba que los barcos surcaran los mares con mucha más seguridad. De todas sus actividades, la más lucrativa era ajustar las brújulas que llevaban los buques, que se desajustaban debido al hierro con el que se hacían. Para ello, formó a uno de sus trabajadores como experto en estos ajustes.

Más trabas en el camino por ser mujer

Todo ello lo compaginaba con una gran familia: entre 1831 y 1844 dio a luz a ocho hijos. Cuentan sus biografías que Janet se negaba a descansar y recuperarse entre parto y parto porque le preocupaba que su inactividad pusiera en peligro vidas de marineros. Este compromiso sería valorado por gobiernos extranjeros –desde los monarcas holandeses y prusianos hasta el Papa–, que le otorgaron medallas de oro en reconocimiento a sus contribuciones.

Tarjeta promocional de Janet Taylor (1850).

Los que tardaron en reconocer su mérito fueron los gobernantes de su propio país, a los que Taylor solicitó repetidamente una pensión anual, como las 300 libras anuales que si le concedían a la astrónoma Mary Somerville, pero se la negaron repetidamente hasta que murió George y entonces le dieron el mínimo: 50 libras al año. Además, cuando murió su esposo también el ajustador de brújulas que ella formó se fue con la competencia, lo que la generó un importante agujero.

Aún así, trató de mantener su negocio con sus innovaciones. En la Gran Exposición de 1851, presentó una bitácora de bronce con brújula como un objeto especial y en los años siguientes siguió haciendo experimentos –como balancear barcos de un lado a otro del Támesis para registrar el movimiento de la brújula–, probando sus inventos (como un accesorio para sextantes y cuadrantes, llamado ‘horizonte artificial marino’)  y diseñando innovadoras brújulas y sextantes, que presentó en 1862 en la Exposición Universal de Londres. Al año siguiente, aún publicaría una edición de su popular obra Directions to the Planisphere of the Stars, su guía detallada del cielo nocturno.

Nada de ello fue suficiente para cambiar el rumbo financiero de la empresa. Además, ninguno de sus hijos tenía el más mínimo interés de seguir sus pasos, así que finalmente la declaró en bancarrota en 1864. En 1866, con 62 años de edad, Janet Taylor abandonó Londres definitivamente para irse con sus familiares, con quienes vivió los últimos cuatro años, afectada por una grave bronquitis que acabaría con su vida.

Cuentan que poco antes de morir, el 26 de enero de 1870, una de sus últimas peticiones fue poder contemplar Polaris, la Estrella Polar que guía a los marineros. A ellos les dejó un revolucionario legado para su época, tanto en la navegación marítima como en la astronomía. Y Janet, sobre todo, rompió los esquemas de una opresiva sociedad victoriana que intentó invisibilizarla, pero que no lo consiguió. Hoy es considerada una de las mentes técnicas más brillantes de su época.

Referencias

Sobre la autora

Rosa M. Tristán es periodista especializada en la divulgación científica y ambiental desde hace más de 20 años. Colabora de forma habitual en diferentes medios de prensa y radio de difusión nacional.

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La caza de meteoritos

20 July 2026 at 09:00
Imagen de fondo: Wikipedia.

Cuando cae un meteorito, empieza una carrera frenética. Tienes que correr mucho, comprar el vuelo el mismo día para ir a buscarlo y llegar el primero.

Maria Elizabeth Zucolotto, astrónoma

Fuente de la cita

Naiara Galarraga Gortázar, Meteoríticas, las científicas que cazan meteoritos en Brasil, El País, 33 julio 2026

Para saber más

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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