❌

Normal view

Received — 11 September 2026 ⏭ Cuaderno de Cultura Científica

El decágono en las nubes de Saturno

11 September 2026 at 10:59
Mapa polar del hemisferio sur de Saturno obtenida en la longitude de onda de 763 nm el 29 agosto 2025 con el Telescopio Espacial Hubble. Imagen: NASA, ESA, A. Sánchez-Lavega / EHU

Un equipo de la EHU descubre una estructura en forma de decágono en las nubes de Saturno. La investigación liderada por el catedrático Agustín Sánchez-Lavega se ha apoyado en las imágenes obtenidas por el telescopio Hubble y una amplia red de astrónomos aficionados y permitirá avanzar en el conocimiento de los fenómenos atmosféricos en los planetas gaseosos.

Cuando las naves espaciales Voyager 1 y Voyager 2 sobrevolaron en los años 1980 y 1981 el planeta Saturno, entre sus muchos descubrimientos, destacó la presencia en sus nubes superiores de una formación con geometría hexagonal rodeando al polo norte del planeta. Dicha estructura, conocida como el hexágono de Saturno, ha sobrevivido hasta nuestros días, a lo largo de más de un año de ese planeta (que equivale a unos 30 años terrestres). Nunca se había observado nada semejante en ningún planeta del Sistema Solar y su naturaleza sigue siendo un desafío para los meteorólogos planetarios.

El hexágono de Saturno visto desde el polo norte. Fuente: NASA

Curiosamente, a pesar de la simetría en la distribución de los vientos y en la dinámica atmosférica en Saturno, durante todos los años transcurridos desde entonces, no se había observado una estructura semejante en el hemisferio sur, lo que desconcertaba a la comunidad investigadora. Pero en el año 2023, a medida que el hemisferio sur del planeta se iba haciendo más visible, las imágenes tomadas con el Telescopio Espacial Hubble (HST) mostraban no un hexágono sino una estructura decagonal (un polígono de diez lados) alrededor de la región polar sur del planeta. Las imágenes obtenidas posteriormente con el HST en los años 2024 y 2025, así como las obtenidas con telescopios en Tierra, confirmaron su existencia. Las imágenes muestran que algunos vértices del decágono están menos contrastados que otros, lo que sugiere que se trata de un fenómeno en desarrollo, quizás por ahora menos estable que el hexágono.

«Estamos realmente sorprendidos por este descubrimiento, totalmente inesperado, y que abre las puertas a una investigación detallada en los próximos años de esta peculiar estructura atmosférica y a su comparación con el hexágono», declara Agustín Sánchez-Lavega, profesor emérito de la EHU en la Escuela de Ingeniería de Bilbao, quien lidera el estudio que se publica en la revista de alto impacto Science Advances.

Localización del decágono, indicada por la flecha negra. Imagen: NASA, ESA, A. Sánchez-Lavega / EHU

Para poder seguir la evolución del decágono con regularidad, la investigación se ha apoyado en las imágenes obtenidas por una amplia red de astrónomos aficionados que con sus telescopios han sido capaces, a lo largo del año 2025, de observar los vértices del decágono, lo que ha permitido estudiar con precisión su movimiento. Al igual que el hexágono, el decágono se encuentra inmerso en una corriente en chorro cuya velocidad máxima es de unos 400 kilómetros por hora, si bien el propio decágono se mueve como un todo, lentamente con respecto a la rotación del planeta, a unos 10 kilómetros por hora. Simultáneamente, sus vértices avanzan realizando un movimiento oscilante, con un período de unos 32 días, algo no observado en el hexágono.

En paralelo, gracias a observaciones en el infrarrojo realizadas con el telescopio VLT del Observatorio Europeo Austral (ESO), realizadas por un equipo angloamericano, se ha podido estudiar la estructura térmica en la región del decágono y obtener medidas de los vientos que muestran cambios en su velocidad con la altura. Simultáneamente, las imágenes del HST obtenidas en diferentes rangos espectrales muestran una estratificación vertical en las nubes y nieblas superiores que conforman el decágono.

La naturaleza del fenómeno desafía los modelos atmosféricos. «No sabemos si tanto el hexágono como el decágono son estructuras enraizadas en profundidad en la atmósfera del planeta, bajo las capas de nubes superiores, o bien se trata de formaciones meteorológicas superficiales, que afectan solo a dichas nubes», explica Sánchez-Lavega. Para explorar estas ideas, en colaboración con investigadores de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), se han llevado a cabo simulaciones numéricas sobre un modelo simplificado de atmósfera que muestran, preliminarmente, que una onda con geometría decagonal puede generarse de diferentes formas y sobrevivir un tiempo sobre la corriente en chorro sobre la que se asienta.

La investigación abre muchas preguntas básicas sobre los fenómenos atmosféricos en los planetas gaseosos. ¿Por qué solo Saturno forma este tipo de ondas poligonales? ¿Guarda el fenómeno alguna relación con la disposición poligonal de cinco y ocho lados de los ciclones que rodean a los polos de Júpiter? Nuevas observaciones del fenómeno a lo largo de los próximos años, en los que la visibilidad del hemisferio sur del planeta se irá incrementando, ayudarán a su caracterización y a la realización de modelos avanzados que permitan resolver este curioso rompecabezas atmosférico.

Referencia:

Agustín Sánchez-Lavega, Amy A. Simon, Michael H. Wong, Leigh N. Fletcher, Arrate Antuñano, Ricardo Hueso, Peio Iñurrigarro, Aida Flix-Bellmunt, Arnau Miró, Enrique García-Melendo, Trevor Barry, Jean-Paul Oger, Glenn S. Orton, Itziar Garate-Lopez (2026) A decagon wave around Saturn’s south pole Science Advances doi: 10.1126/sciadv.aee4251

Edición realizada por César Tomé López a partir de materiales suministrados por UPV/EHU Komunikazioa

El artículo El decágono en las nubes de Saturno se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

El Grito que surgió de un volcán

10 September 2026 at 10:59

La noche del pasado viernes 4 de septiembre entró en erupción el volcán indonesio Anak Krakatau, permitiendo que, de nuevo, la Geología copase los medios de comunicación y las redes sociales. Así que, aprovechando el momento y de manera similar a la curiosidad que os conté hace un par de semanas sobre la erupción del Tambora, hoy voy a centrarme en relataros las consecuencias más llamativas de una de las erupciones más importantes que sufrió el “padre volcánico” del Anak Krakatau, el Krakatoa.

Contorno de las islas presentes en el estrecho de Sonda (Indonesia) antes (A) y después (B) de la erupción del Krakatoa de 1883. A) Imagen de ChrisDHDR y B) imagen de Sémhur, ambas de Wikimedia Commons

El 27 de agosto de 1883, en una pequeña isla volcánica situada en el estrecho de Sonda, entre las islas de Java y Sumatra, tres volcanes que atravesaban la isla casi de norte a sur entraron en erupción. Se produjeron cuatro explosiones tremendas, convirtiéndose una de ellas en el sonido más fuerte jamás registrado por la historia de la humanidad, generando unas ondas expansivas que dieron la vuelta al mundo. Además, se expulsaron hacia la atmósfera toneladas de ceniza, fragmentos de rocas y gases de azufre en una enorme columna ardiente que, al colapsar, atravesó la isla a gran velocidad, destruyendo todo lo que pilló por delante. Hasta que alcanzó el mar, donde la descarga de ese enorme volumen de material volcánico generó un tsunami gigantesco, con olas de más de 40m de altura, que arrasó los pueblos costeros de las islas cercanas, incluidas Java y Sumatra.

 

Días después, cuando el caos cesó, se pudieron evaluar sus consecuencias. Dos tercios de la isla original desaparecieron y se contabilizaron más de 40.000 personas muertas entre todas las islas de alrededor, debido tanto al flujo ardiente de materiales volcánicos como al tsunami posterior. Pero el principal efecto de esta erupción, tal y como sucedió con el Tambora, se encontraba en la atmósfera. Todas esas cenizas y gases de azufre formaron una especie de escudo que impidió la entrada de los rayos del Sol, provocando un descenso de aproximadamente 1ºC en la temperatura promedio en todo el Hemisferio Norte el año siguiente a la erupción. Bajada térmica que duró entre 2 y 5 años, afectando a las cosechas de toda Europa y América del Norte.

Litografía de la erupción del Krakatoa realizada en 1888. Imagen de la litográfica Parker & Coward / Wikimedia Commons

Pero las más afectadas por esta erupción fueron las islas de Java, Sumatra y todos los pequeños islotes desperdigados entre ambas. Gran parte de sus litorales quedaron arrasados por el tsunami, sus terrenos se cubrieron de ceniza y el cambio en las condiciones climáticas acabó con su precaria agricultura. A las muertes directas provocadas por el volcán, se sumaron las generadas por el hambre y las enfermedades en los meses siguientes.

 

Por aquel entonces, esta zona formaba parte del territorio colonial de los Países Bajos bajo la denominación de las Indias Orientales Neerlandesas. Pero, ante la catástrofe volcánica, los colonizadores no respondieron con la ayuda necesaria y solicitada por la población, sino que mantuvieron sus exigencias económicas. Esta respuesta neerlandesa provocó un descontento generalizado entre la población que culminó con numerosos disturbios tanto en Java como en Sumatra, como la Revuelta Campesina de Banten. Así que, aunque Indonesia no consiguió su independencia completa hasta después de la Segunda Guerra Mundial, la erupción del Krakatoa fue la mecha que encendió la liberación del dominio colonial en toda esta zona que forma el límite entre los océanos Índico y Pacífico.

 

Sin embargo, la cobertura atmosférica de gases y cenizas volcánicas expulsadas por el Krakatoa no sólo produjo el descenso generalizado de las temperaturas, también nos trajo el alarido más famoso del arte pictórico. En 1892, casi una década después de la erupción, un joven que paseaba por la ciudad noruega de Oslo se quedó mirando perplejo el atardecer ante un espectáculo visual que le impresionó tanto como para dejar constancia en su diario personal con las siguientes palabras: “De repente el cielo se tiñó de rojo. Había sangre y lenguas de fuego sobre el azul y negro del fiordo y la ciudad. Mis amigos se fueron y me quede solo, temblando de ansiedad. Sentí un gran e interminable grito atravesando la naturaleza”. Ese joven era Edvuard Munch, y justo un año después de dejar por escrito ese texto, presentó uno de sus cuadros más famosos, El Grito.

El Grito (1893). Oleo temple y pastel sobre cartón.  de Edvuard Munch. Fuente: National Gallery de Oslo / Wikimedia Commons

Ese cielo rojizo y anaranjado que caracteriza la obra de Munch se debe al efecto óptico provocado por los aerosoles que aún persistían en la atmósfera mundial. En concreto, los cielos contaminados por cenizas volcánicas dispersan más la luz solar, generando atardeceres más rojizos de lo habitual. De manera idéntica a lo que podemos apreciar cuando se acumula mucho polvo procedente del desierto o demasiada contaminación antrópica en la atmósfera.

 

Si de la erupción del volcán Tambora en 1815 nació un monstruo, de la erupción de 1883 del Krakatoa surgieron una revolución anticolonial y un desgarrador grito que aún nos sigue conmocionando cada vez que lo vemos. Vamos, que un par de erupciones en Indonesia transformaron la literatura gótica inglesa, cambiaron la concepción artística en la pintura noruega y desestabilizaron los cimientos coloniales del poderoso imperio neerlandés. ¡Menudo efecto mariposa geológico!

 

Sobre la autora: Blanca María Martínez es doctora en geología, investigadora de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y colaboradora externa del departamento de Geología de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la UPV/EHU

El artículo El Grito que surgió de un volcán se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

❌