Ana Pérez Ballesta: “Había un mito de que la copita de vino era buena para el corazón"
Especializada en Medicina Familiar y Comunitaria, la Dra. Ana Pérez Ballesta comenzó hace unos años su cuenta en redes sociales con un objetivo muy claro: responder las típicas preguntas que un paciente haría en una consulta de atención primaria. Rápidamente encontró que había un público interesado en su contenido y superó los 178 mil seguidores. Ahora traslada su formato a su nuevo libro que se llama “Doctora, una pregunta”.
Con rigurosidad científica, desmonta mitos, brinda consejos prácticos y ofrece una visión integral de la salud. Pero no pierde de vista que su contenido no debe considerarse un consejo médico: “Siempre que me llega un mensaje con alguna consulta personal intento explicar que las redes sociales no son una herramienta para atender problemas de salud y que es importante acudir a los médicos que lo valoran en consulta”, cuenta a National Geographic.
Pregunta. Dices en el libro que hay consultas que los pacientes no se atreven a hacer. ¿Cuáles son?
Respuesta. Los temas ginecológicos, escatológicos e intestinales. También a muchos les da vergüenza preguntar sobre alguna cosilla que dice el médico para no ser pesados o quedar mal. ¿Algo no te ha quedado claro? ¿Ha sido un poco técnico? ¿No lo has entendido?
P. ¿Qué perfil de usuario es el que más te escribe?
R. Mujeres de 35 a 55 años.
P. ¿Por qué crees que es?
R. Yo creo que es algo que nos queda de la sociedad de antes de que la mujer lleva todo en la casa: la salud de los niños y de sus padres y la receta del marido. La función de la cuidadora casi siempre ha sido una mujer y creo que seguimos un poco en esa tendencia. Sí hay hombres, pero el 75% del público son mujeres.
P. ¿Es positivo estar tan informado sobre temas de salud o puede llegar a convertirse en un problema?
R. Tengo claro que puede convertirse en un problema. Todos estamos intentando aportar algo positivo, pero si entras a las redes sociales y solo ves cosas de salud, cómo estar mejor, cómo optimizar tu longevidad y qué suplementos tomar, te puede terminar obsesionado o agobiando. Lo perfecto es enemigo de lo bueno. Es mucho mejor hacer tus cositas lo mejor que puedas antes que intentarlo perfecto y al final no hacerlo.
P. En el libro hablas de hábitos saludables que ayudan a prevenir muchas enfermedades. ¿Cuáles son los más importantes?
R. El que más beneficios aporta es el ejercicio. Nuestro cuerpo evolutivamente está hecho para el movimiento y no para estar sentado todo el día en la oficina, en el coche y en casa. Se han hecho estudios en que una persona con obesidad que hace ejercicio puede tener mejor salud que una persona sin obesidad que no se mueve. Luego, por supuesto, la alimentación. Hay opciones muy buenas que no requieren cocinar demasiado: una conserva de legumbres, una verdura congelada sin aditivos o reducir lo posible el alcohol y el tabaco.
P. En uno de tus últimos vídeos hablas del alcoholismo. ¿Es un problema oculto?
R. La ‘cervecita’ diaria está muy interiorizada y va sumando hasta que la sumatoria de litros por mes es una barbaridad. Puede empeorar nuestra salud más de lo que creemos. Hace años había un mito de que la copita de vino era buena para el corazón. Pues no es verdad. Porque, aunque tenga compuestos antioxidantes, para que hagan efecto habría que consumir muchísimos litros de vino al día. Y no lo compensaría por el daño que provoca al corazón o el riesgo de cáncer.
P. ¿Se ven más trastornos vinculados a los alimentos hoy en día?
R. Se observan trastornos mal definidos o cuyo diagnóstico resulta especialmente difícil de establecer. Una gran parte es el estilo de vida que llevamos: comemos corriendo y mal, vamos estresados a todas partes… al final, todo ese estrés se traduce en que nuestro cuerpo deja de prestar atención a funciones más básicas para gestionarlo, como puede ser la digestión. La digestión es algo muy básico, pero si nuestro cuerpo está en modo supervivencia todo el día, pues no está pensando en eso. Cuando vivimos la mayor parte del tiempo estresados, esas funciones que pasan de forma temporal a un segundo plano, pues quedan en un segundo plano de forma permanente. Eso genera muchos problemas.
R. También hay un tema con lo medicalizada que está la vida. Para cualquier problema queremos una pastillita o una solución rápida y eso puede tener un efecto secundario en nuestro cuerpo y sistema digestivo. Por ejemplo, con el Ozempic que es un tratamiento fantástico para la diabetes y la obesidad, pero si no está bien indicado puede tener un efecto rebote.
P. Lo planteas en el libro con el resfrío y los antibióticos.
R. Claro. El 90% de los catarros son causados por virus y los antibióticos son una respuesta a bacterias muy concretas. Pues no sirve de nada tratar un virus con un antibiótico porque el catarro se va a curar igual en una semana, que es el plazo normal en que una infección se resuelve.
P. ¿Hay muchas personas con malos hábitos?
R. Depende mucho de la población y cómo se viva. En mi experiencia cambia mucho según tu comunidad. Cuanto más accesible es el tema del deporte o si hay un tema de centro de mayores que promueve actividades, esa población va a tener hábitos mejores. La compañía también es muy importante. La población rural tendrá otros beneficios por el contacto con la naturaleza, pero a lo mejor no tiene acceso a eso.
P. En el desarrollo de las enfermedades, ¿qué peso tienen la genética y nuestros hábitos de vida?
R. El peso de la genética es menos importante de lo que pensamos. Nuestros hábitos llevan la mayor parte. Por ejemplo, una diabetes tipo 2 va muy influenciada por lo que hicimos a lo largo de la vida. Un niño con sobrepeso va a tener mucha más predisposición. A veces dicen ‘No, es que mi madre es diabética’ y en realidad es que tu madre tenía los mismos hábitos. Pero no siempre podemos explicarlas por hábitos o genética porque varía mucho según la enfermedad.
P. ¿Cuál es el bulo por el que más te consultan?
R. Uno típico es el protector del estómago. Me dicen ‘doctora, mándame uno porque tomo mucha medicación’. Hay mucho marketing detrás de estos productos que todo el mundo conoce y solo protegen en casos de algunas enfermedades concretas, como una úlcera en el estómago. En el resto de los casos, la utilidad es poca.

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