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El patrón de los animales en las pinturas rupestres

Partiendo de las asociaciones que se repiten en las pinturas rupestres, el investigador Iñaki Intxaurbe ha identificado los patrones estructurales y jerárquicos que siguen el arte figurativo prehistórico. Bisontes y cabras suelen aparecer orientados hacia la izquierda, mientras que los caballos se representaban mirando hacia la derecha; el resto de animales se distribuye a su alrededor. Aunque se desconocen las razones concretas, el estudio demuestra que las imágenes responden a una organización interna determinada.

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Localización de las cuevas objeto del estudio. Fuente: I. Intxaurbe (2026) Journal of Archaeological Method and Theory doi: 10.1007/s10816-026-09796-y  CC BY 4.0

El doctor Iñaki Intxaurbe desarrolla su labor investigadora en el Departamento de Expresión Gráfica y Proyectos de Ingeniería de la Universidad del País Vasco (EHU): «Trabajo con arte rupestre, concretamente con las imágenes que se dibujaban en las paredes de las cuevas. Hago copias digitales de esas figuras para luego realizar simulaciones y análisis estadísticos», explica. En concreto, ha analizado 500 motivos gráficos de nueve cuevas del entorno del Golfo de Vizcaya, realizados entre hace 16 000 y 14 000 años aproximadamente. «Quería comprobar si esas imágenes se trazaron al azar o si seguían algún tipo de patrón», añade.

La expresión gráfica puede definirse como la representación visual de ideas, conceptos o información. Si la actividad gráfica paleolítica contiene indicios de pensamiento colectivo o simbolismo, puede entenderse como un sistema estructurado de comunicación. «Dado que el arte rupestre constituye una expresión visual y gráfica, parecía razonable pensar que pudiera existir algún tipo de orden sintáctico tras él. La sintaxis determina la organización de palabras y frases, y su estudio permite comprender las estructuras utilizadas en una lengua», señala. Para llevar a cabo esta investigación, el autor ha empleado métodos estadísticos y análisis de redes sobre el conjunto de las imágenes, con el objetivo de describir los patrones de relación existentes entre sus distintos elementos.

Las imágenes no están organizadas al azar

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Foto: Iñaki Intxaurbe.

Los resultados muestran que el arte rupestre fue concebido de manera ordenada y no aleatoria. En términos generales, los bisontes, caballos y cabras ocupan posiciones centrales, mientras que las representaciones de otros animales desempeñan funciones secundarias pero significativas en torno a ellos. «Los bisontes suelen aparecer orientados hacia la izquierda y los caballos hacia la derecha. Salvo en algunos casos aislados, ocurre justamente lo contrario: los caballos aparecen mirando a la izquierda y el resto de animales a la derecha. Esto demuestra que el sistema no es aleatorio y que detrás de estas imágenes existe una idea general, un elemento relevante dentro de su simbología», subraya Intxaurbe. La investigación pone de manifiesto la existencia de un patrón estructural asociado a estos tres animales principales: «Los análisis estadísticos sugieren que todas las representaciones de las cuevas se organizaban en función de la presencia y orientación de estos animales, dentro de unos niveles de significación».

El estudio no ofrece explicaciones sobre las motivaciones de estas prácticas. Lo que sí demuestra es que detrás de los dibujos existe una estructura organizada, aunque todavía no sea posible determinar qué mensaje pretendían transmitir. Además, la investigación confirma algunas hipótesis formuladas ya en la década de 1950: «Por entonces se planteaba que el arte rupestre no era fortuito. Se sabía que la mayoría de los animales aparecían orientados hacia la izquierda. Algunos autores sugirieron que esto se debía a que los artistas eran mayoritariamente diestros y por ello dibujaban los animales mirando hacia ese lado. Sin embargo, nuestro trabajo demuestra que el caballo es uno de los animales más representados y que, estadísticamente, su orientación predominante es precisamente la contraria: hacia la derecha», explica el investigador de la EHU.

Según el investigador, «las pinturas rupestres no se hacían con fines de ocio. Sabemos que eran importantes para aquellas comunidades, ya que los dibujos solo se realizaban en determinadas cuevas, no en todas. Se seleccionaban cavidades concretas para ello. Ahora sabemos que el arte rupestre del final del Paleolítico poseía una estructura sintáctica y que detrás existe una idea o un código gráfico que nosotros no comprendemos, pero que para ellos era fundamental».

Código abierto

Para llevar a cabo esta investigación, Intxaurbe ha combinado distintas metodologías: «He utilizado análisis estadísticos multivariantes y análisis basados en redes, y los resultados son muy prometedores para realizar análisis comparativos de sistemas gráficos paleolíticos». El investigador ofrece una herramienta útil para estudiar la organización interna de sistemas simbólicos. De hecho, ha publicado tanto la metodología como la base de datos en código abierto para facilitar su utilización a otros especialistas: «En el futuro podrán aplicarse también a cuevas estudiadas por otros equipos. De este modo podremos ir ampliando la base de datos y comparar los resultados con cuevas de Francia, de la península ibérica o de cualquier otra parte del mundo».

La metodología también puede resultar útil para el estudio de inscripciones históricas, la paleografía o la lingüística histórica, ya que se basa en el análisis de coocurrencias y estructuras combinatorias. «Por ejemplo, podría aplicarse a las inscripciones íberas o al vascónico para estudiar cómo se organizan secuencias que hoy todavía no comprendemos y comprobar si siguen algún tipo de estructura en red. Esto podría contribuir a determinar la sintaxis de otras lenguas aún no descifradas», concluye Intxaurbe.

Referencias:

Iñaki Intxaurbe (2026) Mapping the Symbolic Structure of Palaeolithic Rock Art Using Co-occurrence Network Analysis Journal of Archaeological Method and Theory doi: 10.1007/s10816-026-09796-y

Edición realizada por César Tomé López a partir de materiales suministrados por UPV/EHU Komunikazioa

El artículo El patrón de los animales en las pinturas rupestres se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

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Auge y caída de la diversidad lingüística

En la actualidad, la humanidad habla o signa alrededor de 7 500 lenguas. Sin embargo, esta cifra representa únicamente una instantánea dentro de una trayectoria en constante transformación. ¿Cuántas lenguas existían antes de la aparición de los testimonios escritos? ¿Contribuyó la agricultura a reducir la diversidad lingüística al permitir que las poblaciones agrícolas en expansión desplazaran a grupos más reducidos de cazadores-recolectores? ¿O fue el crecimiento demográfico inicial el que propició la emergencia de un mayor número de lenguas?

Un equipo de investigación ha reconstruido las trayectorias plausibles de la diversidad lingüística global durante los últimos 12 000 años. El estudio plantea que la diversidad lingüística aumentó durante la mayor parte del Holoceno, alcanzó un pico extraordinario hace entre 1 000 y 3 000 años aproximadamente, y sufrió un acelerado declive a partir de ese momento.

Ante la ausencia casi total de pruebas directas sobre el número de lenguas con anterioridad a la invención de la escritura —hace unos 6 000 años— y la naturaleza fragmentaria de los datos hasta fechas muy recientes, el equipo combinó información etnográfica, estimaciones sobre el tamaño de las poblaciones prehistóricas y modelos estadísticos y sociocomputacionales.

Mapa de las lenguas actuales y su riesgo de desaparición. Ilustración: © Claire Bowern (usada con permiso)

El punto de partida fueron los datos etnográficos de 171 sociedades cazadoras-recolectoras y pescadoras cuya subsistencia tradicional y patrones de movilidad no se habían visto alterados sustancialmente por el contacto con poblaciones agropastoriles. Estos datos permitieron estimar la distribución probable del tamaño de los grupos etnolingüísticos a comienzos del Holoceno.

A continuación, los investigadores integraron estas estimaciones con reconstrucciones demográficas que sitúan la población mundial de hace 12 000 años entre los 4,4 y los 7 millones de habitantes. Si se asume que, en ese período, los grupos etnolingüísticos se correspondían por lo general con lenguas diferenciadas, los modelos arrojaron para el Holoceno temprano una estimación central de entre 4 500 y 6 200 lenguas, si bien los márgenes plausibles más amplios oscilan entre las 3 300 y las 7 800.

Uno de los hallazgos más sorprendentes revela que el mundo inmediatamente anterior a la aparición de la agricultura no destacaba por una riqueza lingüística excepcional, y es muy probable que existieran menos lenguas que en la actualidad. A partir de ese momento, la diversidad lingüística se incrementó de forma paralela al crecimiento demográfico a lo largo de varios milenios.

Decenas de miles de lenguas

La agricultura, las innovaciones tecnológicas y una producción alimentaria más estable permitieron una expansión demográfica sin precedentes. Al mismo tiempo, las sociedades ganaron en dimensión, lo que significó que un número progresivamente mayor de personas pasara a compartir una misma lengua.

Para articular estos procesos contrapuestos, el equipo modelizó miles de posibles trayectorias evolutivas que conectaban las estimaciones del Holoceno temprano con la era contemporánea. Los modelos contemplaban que el promedio de hablantes por lengua aumentara con el tiempo, al tiempo que incorporaban reconstrucciones independientes del crecimiento de la población mundial.

Aunque la trayectoria exacta sigue albergando cierta incertidumbre, los modelos mostraron de forma consistente un patrón general muy marcado: la diversidad de lenguas aumentó durante la mayor parte del Holoceno hasta alcanzar su punto máximo, por lo general, hace entre 1 000 y 3 000 años. Muchas de las trayectorias apuntan a que la cifra de lenguas multiplicó por diez los valores del Holoceno temprano, situando ese pico en el orden de las decenas de miles.

El resultado más imprevisto radica precisamente en lo reciente que resulta este máximo histórico. La época de mayor diversidad lingüística de la humanidad no habría tenido lugar en el remoto Paleolítico, sino durante la fase de expansión de los primeros Estados e imperios. Los autores califican esta etapa como una «edad de oro» lingüística, un fenómeno que apenas se había debatido con anterioridad debido a que la gran mayoría de los registros históricos conservados fueron elaborados por las propias sociedades expansionistas cuyas lenguas terminaron por volverse dominantes.

La pérdida de diversidad lingüística antes del colonialismo moderno

A esa edad de oro lingüística le sucedió un vertiginoso declive, acentuado en particular durante los últimos dos milenios. Por lo tanto, estos resultados cuestionan la idea de que la crisis actual de sustitución y desaparición de lenguas se iniciara únicamente con la expansión colonial europea hace unos 500 años.

Si bien no cabe duda de que el colonialismo europeo intensificó la sustitución lingüística a una escala masiva, los nuevos modelos sugieren que este proceso hunde sus raíces en la expansión de Estados e imperios multinacionales más antiguos. Dichas expansiones pusieron en contacto continuado a poblaciones antes aisladas y propagaron las lenguas dominantes a la par que sus instituciones políticas, tecnologías, prácticas culturales y agentes patógenos.

Aunque el modelo no precisa qué imperios, regiones o acontecimientos históricos concretos desencadenaron el declive a escala global, sí evidencia que con anterioridad a la época contemporánea tuvo que producirse una drástica contracción en el número de lenguas.

Las lenguas actuales superaron un tamiz

Esta pérdida implica que el conjunto de lenguas habladas en el presente no constituye una muestra representativa de las que existieron en el pasado. Las lenguas vinculadas a poblaciones en expansión tuvieron una probabilidad desproporcionadamente mayor de sobrevivir, mientras que las de los grupos absorbidos, desplazados o en declive acabaron por extinguirse.

Este tamiz histórico podría haber alterado asimismo la frecuencia global de determinadas estructuras gramaticales, inventarios fonológicos y otros rasgos lingüísticos. A menudo, la investigación lingüística explica la presencia recurrente de ciertos rasgos aduciendo que resultan más fáciles de aprender, más eficientes en la comunicación o mejor adaptados a la cognición humana. Sin embargo, el presente estudio pone de manifiesto que las dinámicas de expansión demográfica y extinción son factores que deben tenerse en cuenta.

Las lenguas que han llegado hasta hoy son las supervivientes de un tamiz histórico masivo y fuertemente selectivo. De este modo, un rasgo lingüístico puede ser común hoy no por ser intrínsecamente superior, sino porque dio la casualidad de que lo portaban poblaciones que se expandieron demográficamente, lo que sugiere que los procesos de extinción han modelado la diversidad lingüística de forma mucho más profunda de lo que se estimaba hasta ahora.

Dado que la transmisión de las lenguas suele ser connatural a la de las prácticas religiosas, los sistemas de parentesco, las instituciones sociales y otras formas de acervo cultural, los autores sostienen que este cuello de botella rebasó el plano estrictamente lingüístico, provocando que numerosas tradiciones culturales desaparecieran sin dejar pruebas históricas directas.

Un modelo teórico, no un censo prehistórico

Los investigadores enfatizan que el estudio ofrece una reconstrucción global de trazo grueso y no un cómputo directo de las lenguas de la prehistoria. Las estimaciones dependen de premisas sobre el tamaño de los grupos etnolingüísticos primigenios y sobre la relación a largo plazo entre la demografía y el número de lenguas. Las historias regionales diferirán sin duda de este patrón general, y el modelo no puede reconstruir de forma individualizada los colapsos a corto plazo provocados por conflictos bélicos, epidemias o alteraciones medioambientales.

No obstante, la tendencia central se mantiene constante bajo una amplia variedad de condiciones de modelización y premisas alternativas. Los resultados indican que la historia de la diversidad lingüística no consistió en un declive lineal e ininterrumpido desde un Paleolítico altamente diverso, sino que aumentó a la par que la población humana, alcanzó un cénit extraordinario aunque efímero, y sufrió posteriormente una severa contracción a escala planetaria.

Referencias:

Damian E. Blasi, Marcus J. Hamilton, Russell D. Gray y Claire L. Bowern (2026) The rise and fall of language diversity through the Holocene Science doi: 10.1126/science.adx4343
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The lost golden age of language diversity Max Planck Gesellschaft (2026)
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Sobre el autor: César Tomé López es divulgador científico y editor de Mapping Ignorance

El artículo Auge y caída de la diversidad lingüística se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

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