❌

Reading view

Los elefantes podrían tener conversaciones en grupo

Un equipo de investigadores ha analizado cientos de vocalizaciones de elefantes salvajes y ha descubierto que aproximadamente el 60 % de estos sonidos aparece en lo que han llamado “coros grupales”. Y esos coros contienen información sobre lo que está haciendo la familia y sobre sus interacciones sociales.  Para estudiarlo, analizaron 902 grabaciones de 84 elefantes pertenecientes a 39 familias del parque nacional de Amboseli, en Kenia. Algunas grabaciones procedían de periodos separados por décadas, entre 1986 y 2022. 

© Michael Nichols

  •  

Cuatro fotógrafos españoles brillan en los Pano Awards

La fotografía española ha dejado una huella destacada en la edición de este año de los Epson International Pano Awards, uno de los certámenes más prestigiosos del mundo dedicados a la fotografía panorámica. Nada menos que cuatro fotógrafos españoles han sido reconocidos entre los ganadores de distintas categorías: Daniel Viñé García, Mikel Iraeta, Tomás Sánchez Ruiz y Sebastián Cantos Navalon, demostrando la enorme calidad y diversidad de la escena fotográfica nacional. 

Desde paisajes andinos y cielos estrellados hasta auroras boreales, arquitectura monumental y complejas composiciones aéreas, destacan tanto por su excelencia técnica como por su capacidad para transmitir emoción y contar historias.

© Daniel Viñé Garcia, España

  •  

La primera argentina candidata a astronauta: "Estar preparado puede cambiarlo todo"

Quizá sus nombres te resulten familiares. Ellen Ochoa, Diana Trujillo, Lili Villarreal o Adriana Ocampo forman parte de esa constelación de ingenieras latinoamericanas que, en las últimas décadas, han dejado su huella en algunas de las misiones espaciales más ambiciosas de la NASA y otras agencias internacionales. Con talento, perseverancia y una mirada puesta más allá del horizonte terrestre, ellas abrieron una senda inédita para que nuevas generaciones de mujeres se atrevieran a imaginarse entre la Luna, las estrellas y los planetas.

Hoy, esa historia podría estar a punto de sumar un nuevo capítulo. Si todo avanza según lo previsto, en los próximos años podríamos ver cómo alguien prepara un mate desde el espacio: esa persona es María Noel de Castro, quien, con apenas 29 años, es candidata a astronauta para una misión internacional que tendrá lugar a principios del año.

Su objetivo es representar con orgullo a su país, Argentina, y "abrir un nuevo camino para los jóvenes argentinos", aseguró en una entrevista para National Geographic España. Ingeniera biomédica y aeroespacial, lleva prácticamente toda la vida preparándose para esta oportunidad, y nos cuenta, en una llamada desde Cabo Cañaveral, cómo ha construido el largo viaje que podría llevarla de las montañas del norte argentino al espacio.

Pregunta: En diversas ocasiones, has hablado de aportar una "mirada latinoamericana" a la industria espacial. ¿Cuál es esa mirada?

Respuesta: Creo que cada país tiene un potencial específico que puede aprovechar. Argentina, por ejemplo, cuenta con una importante tradición agrícola y podría aplicar ese conocimiento a la agricultura espacial. No todas las agencias necesitan desarrollar todos los ámbitos de la exploración espacial: pueden especializarse en aquello en lo que su país destaca y, de esa forma, colaborar con otras agencias.

Cada país debe encontrar su propio nicho, teniendo en cuenta sus capacidades y su presupuesto. En el caso de Argentina, la tecnología agrícola podría contribuir a futuras misiones espaciales: la colaboración internacional permitiría aprovechar ese conocimiento y participar en proyectos más ambiciosos, como la exploración de la Luna.

P: ¿Qué es exactamente la agricultura espacial?

R: En las misiones de larga duración, especialmente las que se desarrollen en la Luna o Marte, será importante gestionar mejor los recursos y producir alimentos sin depender continuamente de los suministros desde la Tierra, y para ello habrá que desarrollar tecnologías que permitan cultivar en condiciones diferentes a las terrestres recreando artificialmente factores como el suelo. En ese sentido, creo que Argentina tiene mucho potencial en este ámbito por su experiencia agrícola y su capacidad productiva.

P: Y no solo como representante de Argentina en el espacio, sino más bien como Noel de Castro, ¿cuál es tu rol como astronauta y qué puedes aportar tú?

R: Los astronautas somos los ojos y las manos de los científicos en el espacio. Representamos a equipos de investigación que necesitas realizar experimentos en condiciones de microgravedad y llevar a cabo tareas que no podrían desarrollar directamente desde la Tierra.

Mi especialidad es la bioastronáutica y la ingeniería biomédica: actualmente, estoy haciendo un doctorado sobre los efectos de la radiación en el músculo cardíaco, así que me interesa estudiar cómo puede afectar la radiación cósmica al corazón durante las misiones de larga duración. Sin embargo, el trabajo de un astronauta va mucho más allá de su propia especialidad: también debe aprender a realizar experimentos de otros ámbitos y ayudar a los científicos a desarrollar sus investigaciones. Y esta es precisamente una de las partes más interesantes de la profesión, porque te permite aprender de especialistas de disciplinas muy diferentes.

P: ¿Qué hay que tener para llegar a ser candidata a astronauta en una misión internacional?

R: Una de las cualidades fundamentales de un astronauta es saber escuchar, aprender y trabajar en equipo. Cuando empecé a prepararme, un astronauta de la NASA me recomendó disciplinas como la aviación y el buceo, pero también me enseñó la importancia de saber liderar y seguir a otros. El camino exige paciencia, resiliencia y sacrificios, como dejar Argentina y pasar largos periodos lejos de mi familia.

Cuando comencé a entrenar en Estados Unidos, las misiones espaciales aún no formaban parte de los planes argentinos. Allí establecí contactos con distintas organizaciones del sector, hasta que la Agencia Espacial Argentina me propuso explorar una misión junto a Axiom Space. Desde entonces trabajamos para hacerla realidad, en un proceso complejo que requiere tiempo.

Creo que mi experiencia demuestra la importancia de prepararse antes de que aparezca una oportunidad. Cuando surge la oportunidad, estar preparado puede cambiarlo todo. 

El camino exige paciencia, resiliencia y sacrificios.

P: ¿Pensaste en abandonar?

Respuesta: Sí, mil veces. A veces resulta frustrante sentir que existe una oportunidad enorme para tu país y que los trámites impiden avanzar al ritmo que te gustaría. Sin embargo, la pasión por la industria espacial y el amor por lo que hago siempre me ayudan a seguir adelante. Cuando algo se retrasa, continúo entrenando, estudiando, haciendo ciencia y preparándome para la siguiente oportunidad. Quizá, cuando llegue el momento, esté incluso mejor preparada de lo que habría estado si todo hubiera sucedido más rápido.

P: Desde una perspectiva externa, la industria espacial suele imaginarse como competitiva. ¿Cuál ha sido tu experiencia y qué apoyo encontraste en el camino?

R: Por mi experiencia, no es tan competitiva como mucha gente cree. Nos enseñan constantemente a trabajar en equipo y el compañerismo es fundamental. En el entrenamiento, se valora mucho más la capacidad de colaborar, aprender y progresar que ser el primero en todas las pruebas.

También me he encontrado con muchos argentinos y latinoamericanos en el sector espacial. Entre las personas que más admiro está en Pablo de León, un ingeniero argentino especializado en trajes espaciales que lleva muchos años trabajando en Estados Unidos. Es alguien que ha luchado mucho por la presencia de Argentina en la industria espacial y que me ha enseñado muchísimo sobre bioastronáutica.

Su historia me emociona porque, de alguna manera, siento que, si consigo viajar al espacio, también estaré llevando conmigo una parte de su trayectoria. Él empezó esa lucha y hoy me toca a mí continuarla, aunque estoy segura de que, si no soy yo, vendrá alguien más.

P: Y a propósito de esas generaciones futuras, ¿qué le dirías a una niña argentina que sueña con convertirse en astronauta?

R: Le diría que puede aspirar a grandes cosas, pero que también debe entender el esfuerzo que requieren. Soñar es importante, pero hay que acompañar esos sueños con estudio, responsabilidad, sacrificio y pasión por lo que se hace. En mi caso, el amor por mi trabajo es lo que me ha permitido seguir adelante a pesar de las dificultades.

Sin embargo, también me gustaría transmitir un mensaje a las familias y a los adultos que acompañan a esos niños: es fundamental escucharles, orientarles y ayudarles a encontrar la manera de cumplir sus objetivos. Yo tuve la suerte de contar con una familia que siempre me apoyó y que nunca me hizo pensar que estaba persiguiendo algo inalcanzable. 

Debemos animar a los niños a perseguir sus sueños y, al mismo tiempo, ofrecerles las herramientas y el acompañamiento que necesitan. Quienes ya estamos en este camino también tenemos la responsabilidad de educar, compartir nuestra experiencia y ayudar a que las nuevas generaciones encuentren sus propias oportunidades.

© Cortesía

  •  

El universo no es negro. Tiene un color real, y hasta tiene nombre

Cuando miramos el cielo de noche vemos sobre todo oscuridad. Pero eso no es el color del universo, es simplemente la ausencia de luz cercana. Las estrellas y galaxias están muy separadas, y la luz que nos llega es débil y dispersa. Si en cambio recogemos y mezclamas toda la luz visible de todas las fuentes lejanas, ahí sí aparece un color medible.

A principios de los 2000, un grupo de astrónomos analizó la luz de más de doscientas mil galaxias, usando datos de un gran proyecto de mapeo del universo llamado 2dF Galaxy Redshift Survey. Combinaron toda esa luz en un único espectro cósmico, que mostraba cuánta luz hay en cada longitud de onda. Y de ahí calcularon el color medio del universo.

El resultado son las coordenadas cero coma tres, cuatro, cinco y cero coma tres cuatro, cinco, en el sistema de color CIE. Un tono que se describe como beige, o blanco roto. Por su parecido con el café con leche, los astrónomos lo bautizaron de forma informal como latte cósmico. Su código de color es el FFF8E7.

Antes de llegar a ese resultado, hubo un error de cálculo curioso. Los astrónomos describieron primero el color del universo como verde del espectro cósmico, un tono entre turquesa y aguamarina.

¿Por qué beige y no azul intenso? Porque hoy la mayoría de estrellas son de mediana edad y emiten luz rojiza. Cuando el universo era más joven, había muchas más estrellas azules y calientes, así que el color era más intenso. A medida que las estrellas envejecen y nacen menos nuevas, la luz combinada se va volviendo cada vez más roja.

© NSF–DOE Vera C. Rubin Observatory.

  •  

Tu perro podría saber si estás triste, enfadado o asustado

Los investigadores analizaron la actividad cerebral de 12 perros mientras observaban fotografías de personas felices, enfadadas, asustadas y tristes. Y sus cerebros no respondieron igual ante todas ellas. El análisis mostró patrones diferentes para el miedo, la ira y la tristeza. Es decir, los perros no parecen limitarse a distinguir entre una cara buena y una cara mala. Además, las caras felices provocaron una respuesta especialmente interesante. Activaron la corteza temporal y el núcleo caudado, una región relacionada con la recompensa. Y había un detalle importante: algunas de esas caras pertenecían a personas que los perros no conocían.

© Jane Thompson

  •  

Descubren una nueva especie de pez gracias a un vídeo viral en TikTok

Un equipo internacional de zoólogos vio esas imágenes y decidió ir a buscarlo, en un pozo del estado de Bihar, en el este de la India. La búsqueda no fue fácil. Extrajeron miles de litros de agua con bombas manuales, con la esperanza de que el pez apareciera. Tras sacar unos dos mil litros de una de esas bombas, encontró el primer ejemplar. Y quinientos litros después, apareció un segundo. El pez mide unos cuatro centímetros. No tiene costillas aparentes, pero sí vértebras y radios en las aletas. 

© National Geographic España

  •  

4 claves para entender la dimensión del terremoto de Colombia

El terremoto que sacudió el occidente de Colombia este lunes volvió a poner en primer plano una realidad que forma parte de la geografía del país: Colombia tiembla con frecuencia. El sismo tuvo su epicentro en el municipio de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, alcanzó una magnitud de 7,4 según el Servicio Geológico Colombiano (SGC) y tuvo una profundidad de 103 kilómetros. Se sintió en buena parte del territorio y provocó daños en ciudades como Cali, Pereira y Manizales.

El director general del SGC, Julio Fierro Morales, lo describió como el "sismo más fuerte que se ha sentido en la última década en el país". La profundidad del terremoto ayudó además a explicar que el movimiento se percibiera a gran distancia. La institución señaló que el epicentro se encontraba dentro de la placa oceánica que ya se ha hundido bajo el continente.

Pero para entender por qué un terremoto de estas características puede ocurrir en Colombia y, sobre todo, por qué sus consecuencias son tan diferentes según el lugar, hay que seguir una cadena de causas. Primero está la tectónica; después, la compleja geología que ha construido el territorio; luego, la capacidad de sus edificios para resistir el movimiento; y, finalmente, las condiciones económicas y sociales que determinan cuánto puede protegerse una población.

Colombia es un territorio construido por movimientos geológicos prolongados. La subducción de la placa de Nazca bajo la Sudamericana está relacionada con la formación de las cordilleras y con el vulcanismo de los Andes.
Fotografía en Pereira (Risaralda).

1. Las placas tectónicas: Colombia tiembla muchas veces al mes

La primera clave está literalmente bajo los pies. La superficie terrestre está dividida en grandes bloques, las placas tectónicas, que se desplazan constantemente. Cuando chocan, se deslizan o una se introduce debajo de otra, pueden liberar la energía acumulada en forma de sismos.

En Colombia interactúan principalmente las placas de Nazca, Sudamericana y Caribe, una configuración que convierte al país en un territorio de elevada actividad geológica. El resultado es que los terremotos forman parte de la actividad cotidiana del territorio. Según el SGC, en Colombia se registran en promedio unos 2.500 sismos al mes, aproximadamente 80 al día. La inmensa mayoría son de baja magnitud y no son percibidos por la población: quedan registrados por la Red Sismológica Nacional de Colombia.

El terremoto del 10 de agosto, por tanto, no representa una anomalía en el sentido de que Colombia haya empezado repentinamente a ser un país sísmico. Lo excepcional es la magnitud y la capacidad de un evento concreto para transformar esa actividad geológica habitual en una emergencia humana. Y esa posibilidad está relacionada con la historia y la estructura geológica del país.

No todo lo que existe en Colombia fue construido bajo las mismas reglas. Hay edificios anteriores a la normativa que pueden presentar una vulnerabilidad diferente y que requieren evaluación, reparación o refuerzo. 
Fotografía de la Catedral de Manizales.

2. Un país con mucha actividad geológica

Colombia es un territorio construido por movimientos geológicos prolongados. La subducción de la placa de Nazca bajo la Sudamericana está relacionada con la formación de las cordilleras y con el vulcanismo de los Andes; el propio SGC sitúa gran parte de la actividad sísmica colombiana en el contexto del Cinturón de Fuego del Pacífico.

La historia reciente muestra qué significa vivir sobre este escenario. En la región afectada por el terremoto de agosto existen antecedentes importantes: un sismo de magnitud 7,2 afectó al Eje Cafetero en 1979; otro de 6,4 provocó daños considerables en San José del Palmar, Pereira y Dosquebradas en 1995; y el terremoto del Eje Cafetero de 1999, de magnitud 6,2 y con epicentro en Córdoba, Quindío, devastó buena parte de Armenia y dejó más de 1.000 muertos.

La actividad geológica tampoco se limita a los terremotos: se trata de un paisaje en el que la construcción de montañas, la actividad volcánica y los sismos forman parte de una misma historia geológica.

3. No se podía predecir, pero sí anticipar

Si Colombia sabe que los terremotos van a seguir ocurriendo, la estrategia pasa por prepararse para cuando lleguen. La idea de las normas sismorresistentes es sencilla: no evitar que un edificio se mueva, sino conseguir que pueda hacerlo sin colapsar y poner en riesgo la vida de quienes están dentro. Colombia empezó a desarrollar una normativa específica después de comprobar, terremoto tras terremoto, qué podía fallar en sus edificios.

El punto de inflexión llegó con el terremoto de Popayán de 1983, que dejó unos 200 muertos en una ciudad de unos 200.000 habitantes y llevó a la primera legislación nacional sobre construcción sismorresistente. En 1984 entró en vigor el primer código colombiano y, desde entonces, la normativa se ha actualizado: primero con la NSR-98, en 1998, y después con la NSR-10, vigente desde 2010. La norma empezó así a incorporarse a la manera en que se diseñan y construyen los edificios del país.

"La norma es de defensa de la vida"

Su objetivo no es garantizar que una construcción salga de un terremoto sin daños: y es que, ante un movimiento fuerte, puede haber desperfectos. Lo fundamental es que la estructura conserve la capacidad de proteger a las personas. Como explica el ingeniero Luis Enrique García, autor del estudio sobre la evolución de la normativa, "la norma es de defensa de la vida".

Y aquí aparece una cuestión importante: no todo lo que existe en Colombia fue construido bajo las mismas reglas. Hay edificios anteriores a la normativa que pueden presentar una vulnerabilidad diferente y que requieren evaluación, reparación o refuerzo. Por eso, anticiparse a los terremotos implica tanto construir mejor como intervenir sobre lo que ya está construido.

Los chocoanos enfrentan dificultades para acceder a servicios básicos como agua potable y saneamiento y unas condiciones de bienestar que sitúan al departamento entre los territorios más desfavorecidos del país.
Fotografía de un miembro de la Cruz Roja Colombiana partiendo hacia el Chocó tras el terremoto.

4. El terremoto ocurre en el suelo, pero el daño también depende de la economía

El epicentro del terremoto del 10 de agosto estuvo en San José del Palmar, en el departamento del Chocó. El movimiento se sintió a cientos de kilómetros y provocó daños en ciudades como Cali, Pereira y Manizales. En el propio Chocó, las autoridades confirmaron afectaciones importantes, con heridos y daños graves en edificaciones de Quibdó. Todavía es pronto para conocer el alcance completo de lo ocurrido en el departamento, pero el lugar donde se encuentra el epicentro importa.

El Chocó es uno de los territorios con mayores dificultades socioeconómicas de Colombia.Un estudio de la Universidad del Valle (Cali), publicado en Prospectiva, analiza precisamente las desigualdades sociales, ambientales y territoriales del departamento y describe unas condiciones materiales marcadas por la pobreza, la desigualdad y el abandono estructural. Los datos permiten hacerse una idea de esa situación: en 2018, la pobreza monetaria alcanzaba el 61,1 % de la población, frente al 27 % del promedio nacional.

Los chocoanos enfrentan dificultades para acceder a servicios básicos como agua potable y saneamiento y unas condiciones de bienestar que sitúan al departamento entre los territorios más desfavorecidos del país. Esto importa porque la magnitud de un terremoto es un dato físico, pero la dimensión del desastre depende también de la vulnerabilidad: una misma sacudida puede tener consecuencias muy distintas dependiendo de cómo sean las viviendas, de la calidad de las infraestructuras, del acceso a servicios básicos y de la capacidad de respuesta y recuperación de las instituciones y de la población.

En el Chocó, por tanto, la pregunta no es únicamente cuánto ha temblado el suelo. También habrá que saber qué condiciones había sobre ese suelo cuando empezó a moverse. La geología determina dónde y con qué fuerza puede producirse un terremoto; la prevención determina cuánto puede resistir una construcción; y las condiciones sociales y económicas ayudan a explicar quién queda más expuesto cuando todo lo anterior falla.

© Cordon Press

  •  

Uno de los eclipses más importantes de la historia sirvió para demostrar que Einstein tenía razón

Si esa teoría era correcta, la luz de las estrellas también debía curvarse al pasar cerca del Sol. Había un problema: el brillo del Sol impedía observar ese efecto. Y ahí entró en escena un eclipse total. El 29 de mayo de 1919, la Luna ocultó por completo al Sol durante unos minutos. Ese breve instante permitió fotografiar las estrellas situadas muy cerca del disco solar y comprobar si su luz aparecía desplazada justo como Einstein había predicho.

© Institute for Advanced Study

  •  

Así se preparan los animales antes de un enfrentamiento

Algunos permanecen en silencio para no ser detectados. Otros vigilan más su entorno o se mueven con mucha más cautela. Y cuanto mayor es la amenaza, más intensa es esa preparación. También hay estrategias sorprendentes. Las mangostas refuerzan las marcas de olor de su territorio. Algunas especies evitan las zonas ocupadas por sus rivales. En cambio, los chimpancés machos llegan a entrar en silencio y en fila india en territorios vecinos, aparentemente preparándose para atacar.

© iStock

  •  

Creíamos conocer al conejo ibérico. Estábamos equivocados

Los conejos parecen animales imposibles de confundir. Saltan entre matorrales, excavan madrigueras y forman parte del paisaje ibérico desde hace miles de años. Sin embargo, la ciencia acaba de revelar que uno de los mamíferos más conocidos de la Península escondía un secreto a plena vista: donde creíamos ver una única especie, en realidad había dos.

Un equipo internacional liderado por investigadores del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC) propone reconocer formalmente una nueva especie: el conejo ibérico (Oryctolagus algirus), diferente del conejo europeo (Oryctolagus cuniculus).

El hallazgo, publicado en la revista Biological Conservation, supone una revisión profunda de la historia evolutiva de uno de los animales más emblemáticos de los ecosistemas mediterráneos. Aunque ambos son prácticamente idénticos a simple vista, décadas de investigaciones genéticas, ecológicas, reproductivas y morfológicas muestran que siguieron caminos evolutivos distintos durante cerca de dos millones de años. Hasta ahora eran considerados dos subespecies del conejo europeo, pero los autores sostienen que la evidencia acumulada justifica reconocerlas como especies independientes.

Dos conejos separados por millones de años de evolución

La historia comenzó durante las oscilaciones climáticas del Pleistoceno. Los ancestros de ambos conejos quedaron aislados en refugios glaciares situados en extremos opuestos de la Península Ibérica: uno en el valle del Ebro y otro en la zona del golfo de Cádiz. Ese aislamiento permitió que cada linaje evolucionara por su cuenta hasta convertirse en entidades biológicas diferenciadas.

Hoy, el conejo ibérico ocupa de forma natural Portugal y buena parte del oeste y sur de España, mientras que el conejo europeo se distribuye principalmente por el este peninsular. Este último es además el linaje que fue domesticado y posteriormente introducido por el ser humano en gran parte del planeta, desde Europa hasta Oceanía y Sudamérica. Las diferencias van más allá del ADN.

El conejo ibérico suele ser más pequeño, alcanza menores densidades de población y tiene camadas menos numerosas. También presenta variaciones en comportamiento, crecimiento, microbioma intestinal, comunidades de parásitos e incluso en las características de su carne. En conjunto, estas evidencias dibujan el retrato de dos especies que han desarrollado estrategias de vida distintas pese a su enorme parecido externo.

Un descubrimiento clave para la conservación

Reconocer al conejo ibérico como especie independiente no es solo una cuestión de nomenclatura. Los investigadores advierten de que tratar ambos linajes como si fueran uno solo puede ocultar problemas de conservación urgentes. Mientras las poblaciones del conejo europeo se mantienen estables o incluso aumentan en algunas regiones, las del conejo ibérico atraviesan un acusado declive en numerosos territorios de Portugal y del oeste y sur de España.

Esa diferencia implica que las evaluaciones actuales pueden estar ofreciendo una imagen engañosa. Según el estudio, si ambas especies se analizaran por separado, el conejo europeo probablemente sería considerado de preocupación menor, mientras que el conejo ibérico podría reunir criterios para ser catalogado como especie amenazada. Las consecuencias van más allá del propio animal.

El conejo constituye una pieza fundamental de los ecosistemas mediterráneos y es la presa principal de numerosos depredadores, entre ellos el lince ibérico y el águila imperial ibérica. Por eso, los autores reclaman un cambio de enfoque. “No podemos seguir gestionando como una sola especie dos conejos que han evolucionado por separado durante casi dos millones de años”, señala Miguel Delibes-Mateos, investigador del IESA-CSIC. Reconocer al conejo ibérico permitiría diseñar programas de seguimiento, conservación y gestión más precisos, adaptados a las necesidades reales de cada especie.

© IESA-CSIC

  •  
❌