La Dra. Saloni Dattani es investigadora, escritora, editora, presentadora de podcasts y visualizadora de datos. Entre otros, es cofundadora y editora de la revista Works in Progress centrada en ciencia, salud global e innovación médica. Su formación académica combina ciencias biomédicas, genética, epidemiología y psiquiatría. En 2023, obtuvo su doctorado, con una tesis centrada en las diferencias en el diseño de los estudios y cómo estas pueden influir en los resultados en el campo de la genética psiquiátrica.
En esta conferencia TED2026 (en inglés, con subtítulos en castellano) Saloni Dattani analiza la silenciosa revolución de la innovación médica que ha reducido drásticamente las tasas de mortalidad de enfermedades como las cardíacas y la malaria. También pone de manifiesto los incentivos erróneos que han retrasado durante décadas otros tratamientos que salvan vidas. «Las enfermedades no son una realidad ineludible», afirma. «Son problemas que podemos resolver».
Cuando el progreso se produce de forma gradual, rara vez se considera noticia. Y creo que es un problema. Creo que es parte de la razón por la que la gente no sabe lo importante que ha sido todo esto, la salud pública, las vacunas y todo lo demás, para mejorar la vida de las personas.
Las mujeres artistas han sido con frecuencia relegadas por la historia oficial. Muchas de sus obras permanecieron durante años ocultas, ignoradas o incluso atribuidas a hombres. Un ejemplo es Lady at the Tea Table (1883-1885), de la pintora impresionista estadounidense Mary Cassatt. Debido a las críticas de su familia, Cassatt conservó el cuadro en su colección privada durante décadas, hasta donarlo en 1923 al Museo Metropolitano de Nueva York, donde hoy se expone.
Mary Cassatt, Lady at the Tea Table (c. 1883-1885), Wikimedia Commons.
El artículo de Marlène Koffi y Matt Marx«Cassatts in the attic: Is there a gender gap in the commercialization of science?» estudia si a las contribuciones científicas realizadas por mujeres con potencial de comercialización les ocurre lo mismo que a las obras de arte realizadas por mujeres: ¿se quedan guardadas en un cajón o en el ático? El trabajo se pregunta si los descubrimientos científicos de investigadoras tienen la misma probabilidad que las realizadas por investigadores de convertirse en innovaciones comercialmente explotadas. ¿Afecta la desigualdad de género también al proceso mediante el cual el conocimiento científico se transforma en innovaciones comercialmente explotadas?
Datos y resultados principales
El trabajo utiliza información de 70 millones de artículos científicos publicados en múltiples disciplinas. Para medir la comercialización, vincula publicaciones científicas con patentes posteriores relacionadas con esos descubrimientos. De este modo se puede observar qué avances científicos terminan teniendo una aplicación concreta.
Para asegurarse de que las diferencias observadas no reflejan simplemente una mayor o menor calidad científica, el artículo compara investigaciones con características muy similares en cuanto a impacto académico, potencial comercial y composición de los equipos. De este modo, investiga si existe una brecha que se debe realmente al género y no a posibles diferencias en la calidad o relevancia de la investigación o al potencial económico de los descubrimientos.
El artículo identifica una brecha de género del 14 % en la comercialización de la ciencia. Es decir, los avances científicos realizados por mujeres tienen una menor probabilidad de llegar al mercado que los realizados por hombres.
Además, la brecha es especialmente pronunciada cuando la última autora del artículo (la investigadora principal o directora del laboratorio) es una mujer. Incluso entre trabajos de alta calidad, los resultados producidos bajo liderazgo femenino son comercializados con menor frecuencia. Ello es especialmente relevante porque indica que la desigualdad aumenta precisamente en los segmentos de investigación con mayor potencial de impacto.
Posibles explicaciones
Uno de los resultados más llamativos es que la brecha desaparece cuando los propios científicos o las propias científicas crean nuevas empresas para aplicar industrialmente sus descubrimientos. Es decir, las diferencias entre hombres y mujeres prácticamente no existen cuando las investigadoras participan directamente en la creación de empresas (startups) para llevar sus descubrimientos al mercado.
Este resultado sugiere que la brecha en la comercialización se debe a los intermediarios tradicionales del proceso de desarrollo empresarial (grandes empresas, departamentos de I+D o inversores). Estas organizaciones pueden no reconocer adecuadamente las contribuciones científicas femeninas o pueden valorarlas menos de lo que deberían.
El artículo también encuentra evidencia compatible con otro mecanismo bien conocido en economía y sociología: la homofilia de género, es decir, la tendencia de las personas a colaborar con otras de su mismo género. Como la mayoría de quienes toman decisiones sobre el desarrollo y la explotación comercial de nuevas tecnologías siguen siendo hombres, los descubrimientos realizados por científicos varones pueden beneficiarse de redes profesionales más favorables. De hecho, la brecha se reduce cuando la comercialización se realiza mediante empresas pequeñas o mediante organizaciones con una mayor presencia de inventoras. Esto refuerza la hipótesis de que la composición de género de las redes de innovación influye significativamente en qué descubrimientos reciben atención comercial.
Conclusión
Koffi y Marx muestran que existe una brecha del 14 % en la comercialización de la ciencia que no puede atribuirse a diferencias en calidad ni en potencial comercial. La desigualdad es especialmente marcada para investigaciones dirigidas por mujeres y para investigaciones de alta calidad. La desaparición de la brecha cuando las investigadoras comercializan directamente sus descubrimientos mediante nuevas empresas sugiere que los sesgos, las redes profesionales y las estructuras organizativas desempeñan un papel fundamental en la existencia de la brecha.
Si descubrimientos de igual calidad tienen distintas oportunidades de llegar al mercado según el género de quienes los producen, no solo se genera una desigualdad para las investigadoras. También se desperdician oportunidades de innovación que podrían beneficiar al conjunto de la sociedad.
Su línea de investigación se enfoca en el desarrollo tecnológico de compuestos químicos sustentables y bioinsumos para disminuir la exposición y efectos adversos a la salud humana y ecológica por la exposición a contaminantes emergentes, así como ofrecer alternativas sostenibles y seguras para el uso de productos químicos domésticos e industriales.
Ha recibido varias distinciones por su trabajo; la más reciente, en 2024, es la beca L’Oréal-UNESCO para las Mujeres en la Ciencia en colaboración con la Asociación Mexicana de Ciencias. Este reconocimiento subraya su destacada contribución y compromiso con la investigación científica en el ámbito de la química y las ciencias ambientales.
Karla Ximena Vargas Berrones. Fotografía proporcionada por la investigadora.
1. ¿Cuál es tu área de investigación?
Mi trabajo se enfoca en la protección del medio ambiente a través de la ciencia y la tecnología. Investigo cómo restaurar ecosistemas dañados y cómo prevenir la contaminación antes de que ocurra. Actualmente, mi labor se divide en tres áreas clave: primero, identifico contaminantes peligrosos para evitar que afecten nuestra salud; segundo, desarrollo métodos para limpiar ríos, manglares y mares —especialmente tras derrames de petróleo— usando limpiadores orgánicos creados en mi laboratorio; y finalmente, diseño productos industriales seguros, como detergentes sustentables, que impulsan una economía más limpia y circular.
2. ¿Por qué te dedicas a ella?
Me apasiona innovar y crear soluciones reales que cuiden nuestro planeta. Para mí, la innovación no se trata solo de construir robots o viajar al espacio. Soy fiel creyente de que la innovación puede salvar al planeta desde lo cotidiano, no solo con grandes máquinas. Me motiva el reto de sacar los inventos del laboratorio y llevarlos a la industria, porque es ahí donde realmente transforman el mundo. Mi trabajo consiste en tender un puente entre el laboratorio y la industria para que los cambios lleguen a todos. Un ejemplo de esto son los detergentes que desarrollo: una respuesta directa a problemas globales como la contaminación del agua, protegiendo así nuestra salud y la naturaleza.
Al final del día, mi meta es crear soluciones que sanen nuestros ecosistemas y aseguren el bienestar de quienes habitamos en ellos.
3. ¿Has tenido alguna figura de referencia en tu trayectoria?
Mi familia es el pilar de mi trayectoria. De mis padres aprendí que construir una familia es el máximo trabajo en equipo: es sostener al otro cuando no puede y entender que, a veces, para lograr el 100 %, uno pone el 90 % y el otro el 10 % sin reclamos.
Ellos me enseñaron que, mientras la ciencia y los experimentos permiten segundas oportunidades, el tiempo en casa es irreversible. Mis hijos crecen solo una vez. He comprobado que cuando la vida personal está en equilibrio, la profesional despega; tener una red de apoyo sólida hace que cualquier desafío sea más fácil de superar.
4. ¿Qué te gustaría descubrir o solucionar en tu campo?
Creo firmemente que la contaminación del agua es uno de los desafíos más críticos de nuestra era. Aunque resolverlo por completo es una tarea compleja, atenderlo de forma integral puede generar cambios extraordinarios. Mi meta es que mis investigaciones ayuden a sanar nuestros ríos y mares desde dos frentes: primero, evitando la raíz del problema mediante la creación de detergentes sostenibles que no generen residuos tóxicos; y segundo, desarrollando técnicas naturales (biorremediación) para limpiar el agua que ya está dañada.
Pero la ciencia no basta por sí sola; también quiero transformar la conciencia de las personas. Hoy en día, muchos desconocemos que productos tan cotidianos como los detergentes pueden afectar gravemente nuestra salud y el entorno. Compartir este conocimiento me llena de satisfacción, pues estoy convencida de que, si todos aportamos nuestro grano de arena, lograremos un impacto positivo real en la salud de nuestro planeta.
5. ¿Qué consejo darías a quien quiera adentrarse en el mundo de la investigación?
Como corredora, encuentro en el maratón la analogía perfecta para la ciencia. Correr un maratón y hacer ciencia tienen algo en común: el muro del kilómetro 30. Ese momento donde el entusiasmo del inicio desaparece, la meta se siente lejana y piensas seriamente en rendirte. Pero en la pista, como en el laboratorio, la meta no se mueve; ella te espera. Si sigues avanzando —aunque sea paso a paso— vas a llegar. Muchos creen que la ciencia es éxito tras éxito, pero en realidad es la suma de muchos fallos superados. Al final, lo que separa a un científico que transforma el mundo de los demás no es su brillantez absoluta, sino su capacidad de mantenerse en movimiento cuando otros deciden parar.