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Melissa García Caballero: «Me interesa comprender por qué algunos tumores generan entornos vasculares que favorecen la metástasis o la resistencia a la inmunoterapia»

Melissa García Caballero es biología molecular e investigadora responsable del grupo BE-18 “Vascular Biology, Tumor Microenvironment & Target Discovery” del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga – IBIMA Plataforma BIONAND.

Con un enfoque integrador entre biología básica y aplicaciones biomédicas, realiza investigación traslacional centrada en la biología vascular, el microambiente tumoral y la identificación de nuevas dianas terapéuticas en cáncer.

Ha recibido numerosos premios y distinciones por su brillante trayectoria científica. En 2021, fue una de los cinco investigadores seleccionados por la Universidad de Málaga dentro del programa Beatriz Galindo. Un año más tarde fue reconocida con el Premio L’Oréal-UNESCO a Mujeres en Ciencia. En 2024 fue galardonada con el Premio Málaga de Investigación en la modalidad de Ciencias (otorgado por la Fundación Málaga junto a la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo y la Academia Malagueña de Ciencias) en reconocimiento a «su trabajo en el campo de la biología molecular, especializado en el estudio de la angiogénesis y su relación con el cáncer».

Melissa García Caballero. Fotografía proporcionada por la investigadora.

1. ¿Cuál es tu área de investigación?
Mi área de investigación se centra en la biología vascular del cáncer y, en particular, en comprender cómo los vasos sanguíneos y linfáticos que forman parte del microambiente tumoral contribuyen a la progresión de la enfermedad, la diseminación metastásica y la respuesta a los tratamientos. Durante muchos años, la investigación en cáncer se ha focalizado principalmente en las células tumorales, pero hoy sabemos que el tumor no actúa de manera aislada, sino que mantiene un diálogo constante con las células que lo rodean. Entre ellas, las células endoteliales que forman la vasculatura tumoral desempeñan un papel fundamental.

En mi grupo estudiamos la heterogeneidad de esa vasculatura y cómo las células endoteliales se reprograman dentro del tumor para favorecer su crecimiento, modular la respuesta inmunitaria o facilitar la metástasis, especialmente a través de los vasos linfáticos. Para ello combinamos modelos experimentales con tecnologías de vanguardia, como la transcriptómica de célula única, las ómicas espaciales y los análisis multi-ómicos, con el objetivo de identificar nuevas dianas terapéuticas y biomarcadores que puedan contribuir a mejorar el tratamiento de los pacientes con cáncer.

2. ¿Por qué te dedicas a ella?
Me dedico a la investigación porque, en mi caso, es algo profundamente vocacional. Desde pequeña he sentido una gran curiosidad y admiración por todo lo que me rodea: la naturaleza, el funcionamiento del cuerpo humano, las enfermedades que afectan a la humanidad y la posibilidad de comprender, aunque sea poco a poco, los mecanismos que explican la vida y también su alteración. Esa curiosidad inicial fue creciendo con los años y terminó convirtiéndose en la necesidad de dedicarme profesionalmente a generar conocimiento que pudiera tener un impacto real en la sociedad.

Dentro de la investigación biomédica, desde mis primeros años me atrajo especialmente la idea de que el cáncer no podía entenderse mirando únicamente a la célula tumoral. Me parecía fascinante que una enfermedad tan compleja dependiera también de cómo las células normales del organismo son “educadas” por el tumor para colaborar con él. Dentro de ese ecosistema, la vasculatura me pareció un componente especialmente interesante: por un lado, porque los vasos son esenciales para alimentar al tumor y permitir su crecimiento; por otro, porque constituyen una vía de comunicación con el sistema inmunitario y una ruta de diseminación metastásica.

Con el tiempo, mi interés se fue desplazando de la angiogénesis tumoral clásica hacia preguntas cada vez más específicas sobre la heterogeneidad del endotelio y, especialmente, sobre el papel de los vasos linfáticos en la progresión tumoral. La posibilidad de estudiar estas poblaciones celulares con una resolución antes inimaginable, gracias a las nuevas tecnologías de célula única y ómicas espaciales, ha abierto una etapa apasionante. Me motiva mucho pensar que entender mejor esos mecanismos puede traducirse en nuevas estrategias terapéuticas para tumores que todavía presentan un pronóstico desfavorable o una respuesta limitada a los tratamientos disponibles.

3. ¿Has tenido alguna figura de referencia en tu trayectoria?
He tenido muchos referentes a lo largo de mi trayectoria, y cada uno de ellos ha sido importante en las distintas etapas de mi vida y de mi carrera profesional. Desde algunas profesoras del instituto, que alimentaron mi interés innato por la ciencia, hasta mis supervisores de tesis doctoral y de la etapa postdoctoral, pasando por compañeras y compañeros con quienes he compartido trabajo, aprendizaje y crecimiento profesional. De todas esas personas he ido tomando enseñanzas diferentes, no solo sobre cómo hacer buena ciencia, sino también sobre cómo afrontar las dificultades, cómo trabajar en equipo y cómo construir una carrera investigadora con rigor y pasión.

Durante mi etapa postdoctoral en Bélgica, trabajar en el entorno científico del profesor Carmeliet fue especialmente inspirador. Su laboratorio ha sido una referencia internacional en biología vascular, y esa experiencia marcó profundamente mi manera de entender la investigación: la importancia de formular preguntas ambiciosas, de combinar aproximaciones mecanísticas con relevancia biomédica y de mantener siempre un alto nivel de exigencia científica.

Además de los grandes referentes científicos, también han sido fundamentales muchas personas cercanas que, quizá desde lugares menos visibles, han dejado una huella muy importante en mi forma de investigar y de entender esta profesión. A veces, una figura de referencia no es solo quien firma descubrimientos relevantes, sino también quien te enseña, te acompaña, confía en ti o te inspira con su manera de trabajar. En ese sentido, me considero muy afortunada por haber encontrado a lo largo del camino a tantas personas de las que aprender.

4. ¿Qué te gustaría descubrir o solucionar en tu campo?
Me gustaría contribuir a descifrar con mayor precisión cómo la vasculatura tumoral, y en especial el endotelio linfático, participa activamente en la progresión del cáncer y en la modulación de la respuesta inmunitaria. Durante mucho tiempo, los vasos se han considerado sobre todo estructuras de soporte o vías de transporte, pero cada vez tenemos más evidencias de que son poblaciones celulares dinámicas, heterogéneas y con funciones mucho más complejas de lo que pensábamos.

Uno de mis objetivos es identificar qué estados endoteliales aparecen de forma específica en los tumores, qué señales los inducen y cuáles de esos mecanismos pueden explotarse terapéuticamente. Me interesa especialmente comprender por qué algunos tumores generan entornos vasculares que favorecen la metástasis o la resistencia a la inmunoterapia, y si podemos intervenir sobre ellos para hacer los tratamientos más eficaces. En última instancia, me gustaría que nuestros hallazgos ayudaran a desarrollar nuevas estrategias que no se limiten a atacar la célula tumoral, sino que también reprogramen su microambiente para volverlo menos permisivo para la enfermedad.

5. ¿Qué consejo darías a quien quiera adentrarse en el mundo de la investigación?
Diría, en primer lugar, que la investigación requiere curiosidad, pero también mucha constancia y responsabilidad. No siempre se avanza en línea recta, y una parte importante del trabajo científico consiste en aprender a convivir con la incertidumbre, con los experimentos que no salen como esperábamos y con las preguntas que generan nuevas preguntas. Esa dificultad forma parte del proceso, pero también es lo que hace que investigar sea tan estimulante.

También aconsejaría contar con buenos mentores y con equipos donde se pueda aprender, preguntar y equivocarse. La ciencia no se hace en solitario, y rodearse de gente que comparta el entusiasmo por descubrir, pero también valores como el rigor y la colaboración, marca una gran diferencia.

Y, por último, recomendaría no perder nunca de vista por qué se empezó. En los momentos más exigentes, recordar la pregunta que te mueve, el problema que quieres ayudar a resolver o el impacto que tu trabajo puede llegar a tener es lo que permite mantener la motivación. La investigación es una carrera larga y de fondo, pero también una profesión extraordinariamente bonita para quien disfruta aprendiendo, creando conocimiento y contribuyendo a mejorar la vida de los demás.

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Economía de Género

La economía de género es una rama de la economía que estudia las desigualdades sistemáticas entre mujeres y hombres en resultados económicos, los procesos que generan esas desigualdades, y el papel que desempeñan las instituciones, normas sociales y políticas públicas en su persistencia o mitigación.

La Fundación Ramón Areces acaba de publicar el handbook titulado Economía de Género que está coordinado por las Dras. Lídia Farré (Instituto de Análisis Económico (IAE-CSIC) y Barcelona School of Economics) y Judit Vall Castelló (Universidad de Barcelona, IEB, ICREA Academia y Presidenta de la Sociedad Catalana de Economía).

Sinopsis

La economía de género ha transformado el análisis económico tradicional al visibilizar las desigualdades sistemáticas entre mujeres y hombres y cuestionar la supuesta neutralidad de los modelos clásicos. Esta obra examina cómo las instituciones, las normas sociales y las políticas públicas influyen en la persistencia o mitigación de las brechas de género en múltiples dimensiones de la actividad económica. Lejos de ser únicamente un problema de justicia social, la marginación del talento femenino representa una pérdida fundamental de eficiencia y productividad para la economía en su conjunto, un hecho reconocido internacionalmente con hitos como la concesión del Premio Nobel de Economía a Claudia Goldin en 2023.

Este handbook sintetiza el conocimiento empírico y teórico acumulado en esta consolidada área de investigación. A través del análisis del mercado laboral, la penalización por maternidad, las aspiraciones educativas, la economía del cuidado y el impacto de la violencia de genero, el volumen ofrece una panorámica exhaustiva de los mecanismos que perpetúan la desigualdad. Esta obra será de gran utilidad para académicos, estudiantes y profesionales que busquen una base sólida sobre cómo el enfoque de género enriquece la disciplina económica y resulta indispensable para el diseño de políticas públicas más equitativas y eficientes.

Organización del texto

El handbook se organiza en once capítulos con diferentes temáticas y autoría:

Capítulo 1. Brechas de género en el marcado laboral (por Jaime Arellano-Bover y Barbara Biasi)

Capítulo 2. Empresas, flexibilidad y natalidad (por Nezih Guner, Alessandro Ruggieri, Ezgi Kaya y Virginia Sánchez-Marcos)

Capítulo 3. La penalización por maternidad (por Alicia de Quinto, Laura Hospido y Belén Rodríguez-Moro)

Capítulo 4. Brechas de género en el sistema educativo español (por Cristina Bellés-Obrero y Anastasia Terskaya)

Capítulo 5. Normas y brechas de género (por Pilar Cuevas Ruiz, José Ignacio Giménez-Nadal y Almudena Sevilla)

Capítulo 6.  Brechas de género en aspiraciones, expectativas y estereotipos: evidencia empírica y restos pendientes (por Rosa Ferrer y Belén Rodríguez Moro)

Capítulo 7. Diferencias de género en preferencias, actitudes y habilidades cognitivas medidas a través de experimentos (por Jaume García Segarra, Iñigo Hernández Arenaz y Pedro Rey Biel)

Capítulo 8. Políticas familiares y brechas de género (por Lídia Farré, Libertad González, Claudia Hupkau y Jenifer Ruiz-Valenzuela)

Capítulo 9. Las cuotas de género (por Manuel Bagues y Natalia Zinovyeva)

Capítulo 10. Las desigualdades de género en salud (por Laia Maynou y Judit Vall)

Capítulo 11. Empoderamiento de la mujer y violencia de pareja (por Elisabetta Calabresi y Núria Rodríguez-Planas)

Nota

El handbook puede consultarse y descargarse libremente en formato pdf en este enlace.

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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Hilda Pérez Carvajal, la científica que desveló la relevancia del sistema inmunitario frente a los parásitos

Las enfermedades parasitarias son infecciones causadas por organismos (parásitos) que viven y se alimentan dentro otro ser vivo (huésped). Cada año afectan a millones de personas en todo el mundo, especialmente en regiones tropicales. Comprender cómo se comportan los parásitos y cómo el cuerpo humano se defiende de ellos ha sido un gran desafío para la medicina contemporánea.

La inmunoparasitóloga Hilda Pérez Carvajal (1945-2019) destaca entre quienes contribuyeron decisivamente a construir ese conocimiento. Su carrera de más de cinco décadas combinó el estudio de enfermedades tropicales como la leishmaniasis y la malaria, la formación de nuevas generaciones de especialistas y un firme compromiso con la salud pública en América Latina.

Hilda Pérez Carvajal. Imagen creada a partir de la original de Cazadores de microbios.

Hilda Antonieta Pérez Carvajal nació el 11 de mayo de 1945 en Cumaná, Venezuela. Su interés por la biología comenzó a manifestarse desde temprano, y su afán por entender los mecanismos de la vida la llevó a ingresar en la Escuela de Biología de la Universidad Central de Venezuela, donde se graduó en 1967. Su trabajo de fin de carrera, dedicado al análisis químico de un bacteriófago, fue premiado por su excelencia, un reconocimiento que anunciaba el talento investigador que Hilda desarrollaría en las décadas siguientes.

Gracias a una beca del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de su país, en 1971 cruzó el océano para realizar un doctorado en el prestigioso Instituto Nacional de Investigaciones Médicas de Londres. Bajo la tutela de expertos mundiales, Hilda se especializó en la inmunología de la esquistosomiasis, una enfermedad causada por gusanos parásitos que afecta a millones de personas en regiones tropicales. Aquella etapa le permitió adquirir una formación robusta que la convirtió en la primera persona venezolana con formación de posgrado en las áreas combinadas de inmunología y parasitología. De regreso a su país en 1975, decidió aplicar el conocimiento adquirido al estudio de enfermedades parasitarias relevantes en Venezuela.

Comprender la leishmaniasis para mejorar su tratamiento

Pérez se incorporó al Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, donde desarrollaría gran parte de su carrera. Comenzó centrando su trabajo en la leishmaniasis, una enfermedad causada por protozoos del género Leishmania y transmitida por la picadura de pequeños insectos, que puede provocar desde lesiones cutáneas hasta formas mucho más graves y potencialmente mortales.

Ciclo vital de los parásitos del género Leishmania, responsables de la leismaniasis.
Wikimedia Commons.

Hasta ese momento, se desconocían los mecanismos que explicaban por qué unas personas desarrollaban cuadros leves y otras cuadros más severos, y se creía que las diferentes manifestaciones clínicas de la enfermedad dependían únicamente de la variedad del parásito. Sin embargo, Hilda y su equipo demostraron que la respuesta dependía en gran medida de la susceptibilidad genética del huésped, es decir, de la manera en que el sistema inmunitario de cada individuo reaccionaba frente al parásito. Para llegar a esa conclusión, emplearon un diseño experimental innovador que utilizaba modelos animales genéticamente idénticos, y se convirtieron en pioneros –y referentes mundiales– en este tipo de investigaciones.

Su trabajo contribuyó a comprender mejor la interacción entre el parásito y el sistema inmunitario, un conocimiento imprescindible para diseñar tratamientos más eficaces y orientar futuras investigaciones sobre vacunas.

Frente a la malaria: ciencia al servicio de la comunidad

A finales de la década de 1980, la malaria volvía a convertirse en un problema de salud pública en Venezuela, e Hilda decidió orientar su investigación hacia esta enfermedad. Lejos de escoger el camino más sencillo, centró sus esfuerzos en Plasmodium vivax, el parásito responsable de la mayoría de los casos de esta enfermedad en América Latina y, al mismo tiempo, uno de los más difíciles de estudiar en el laboratorio por su compleja biología.

Con una visión interdisciplinaria, el laboratorio de Pérez incorporó técnicas de biología molecular y biotecnología que eran avanzadas e innovadoras para la época. Estas herramientas les permitieron caracterizar proteínas del parásito y avanzar en el desarrollo de métodos de diagnóstico temprano y en la identificación de posibles candidatos para futuras vacunas. Además de producir resultados científicos de gran impacto, Pérez impulsó una forma de trabajar basada en la cooperación entre laboratorios, favoreciendo así la creación de redes de investigación que fortalecieron la capacidad científica del país.

El trabajo de Hilda tuvo un impacto directo en las zonas rurales y comunidades indígenas al sur del río Orinoco, donde la transmisión era alta y el acceso a la salud era limitado. Gracias a sus contribuciones, fue posible orientar tratamientos más efectivos frente a la creciente resistencia del parásito a los medicamentos convencionales, demostrando que la ciencia de vanguardia puede y debe ser una herramienta de justicia social.

Formación de nuevas generaciones

Más allá de sus más de cien publicaciones científicas y su papel como asesora experta de la Organización Mundial de la Salud, esta mujer tuvo un gran impacto como docente de la Universidad de Los Andes, la Universidad Central de Venezuela y el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. Allí formó a generaciones de estudiantes que posteriormente continuarían investigando en inmunología, microbiología y parasitología. También participó activamente en la creación de programas de posgrado y sociedades científicas, como la Sociedad Venezolana de Parasitología, de la que fue presidenta en dos ocasiones.

A lo largo de su trayectoria recibió diversos reconocimientos, entre ellos la Orden Rafael Rangel al Mérito Científico en 1995 y el Premio Mujeres en Ciencia, en su primera edición (2013), concedido por la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela.

Hilda Pérez Carvajal falleció el 19 de julio de 2019 en Caracas, a los 74 años.

Referencias

Sobre la autora

Edurne Gaston Estanga es doctora en ciencia y tecnología de los alimentos. Actualmente se dedica a la gestión de proyectos en organizaciones que fomentan la difusión del conocimiento de la ciencia y la tecnología.

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Mujeres, ciencia y mercado: evidencia sobre la brecha de género en la innovación tecnológica

Las mujeres artistas han sido con frecuencia relegadas por la historia oficial. Muchas de sus obras permanecieron durante años ocultas, ignoradas o incluso atribuidas a hombres. Un ejemplo es Lady at the Tea Table (1883-1885), de la pintora impresionista estadounidense Mary Cassatt. Debido a las críticas de su familia, Cassatt conservó el cuadro en su colección privada durante décadas, hasta donarlo en 1923 al Museo Metropolitano de Nueva York, donde hoy se expone.

Mary Cassatt, Lady at the Tea Table (c. 1883-1885), Wikimedia Commons.

El artículo de Marlène Koffi y Matt Marx «Cassatts in the attic: Is there a gender gap in the commercialization of science?» estudia si a las contribuciones científicas realizadas por mujeres con potencial de comercialización les ocurre lo mismo que a las obras de arte realizadas por mujeres: ¿se quedan guardadas en un cajón o en el ático? El trabajo se pregunta si los descubrimientos científicos de investigadoras tienen la misma probabilidad que las realizadas por investigadores de convertirse en innovaciones comercialmente explotadas. ¿Afecta la desigualdad de género también al proceso mediante el cual el conocimiento científico se transforma en innovaciones comercialmente explotadas?

Datos y resultados principales

El trabajo utiliza información de 70 millones de artículos científicos publicados en múltiples disciplinas. Para medir la comercialización, vincula publicaciones científicas con patentes posteriores relacionadas con esos descubrimientos. De este modo se puede observar qué avances científicos terminan teniendo una aplicación concreta.

Para asegurarse de que las diferencias observadas no reflejan simplemente una mayor o menor calidad científica, el artículo compara investigaciones con características muy similares en cuanto a impacto académico, potencial comercial y composición de los equipos. De este modo, investiga si existe una brecha que se debe realmente al género y no a posibles diferencias en la calidad o relevancia de la investigación o al potencial económico de los descubrimientos.

El artículo identifica una brecha de género del 14 % en la comercialización de la ciencia. Es decir, los avances científicos realizados por mujeres tienen una menor probabilidad de llegar al mercado que los realizados por hombres.

Además, la brecha es especialmente pronunciada cuando la última autora del artículo (la investigadora principal o directora del laboratorio) es una mujer. Incluso entre trabajos de alta calidad, los resultados producidos bajo liderazgo femenino son comercializados con menor frecuencia. Ello es especialmente relevante porque indica que la desigualdad aumenta precisamente en los segmentos de investigación con mayor potencial de impacto.

Posibles explicaciones

Uno de los resultados más llamativos es que la brecha desaparece cuando los propios científicos o las propias científicas crean nuevas empresas para aplicar industrialmente sus descubrimientos. Es decir, las diferencias entre hombres y mujeres prácticamente no existen cuando las investigadoras participan directamente en la creación de empresas (startups) para llevar sus descubrimientos al mercado.

Este resultado sugiere que la brecha en la comercialización se debe a los intermediarios tradicionales del proceso de desarrollo empresarial (grandes empresas, departamentos de I+D o inversores). Estas organizaciones pueden no reconocer adecuadamente las contribuciones científicas femeninas o pueden valorarlas menos de lo que deberían.

El artículo también encuentra evidencia compatible con otro mecanismo bien conocido en economía y sociología: la homofilia de género, es decir, la tendencia de las personas a colaborar con otras de su mismo género. Como la mayoría de quienes toman decisiones sobre el desarrollo y la explotación comercial de nuevas tecnologías siguen siendo hombres, los descubrimientos realizados por científicos varones pueden beneficiarse de redes profesionales más favorables. De hecho, la brecha se reduce cuando la comercialización se realiza mediante empresas pequeñas o mediante organizaciones con una mayor presencia de inventoras. Esto refuerza la hipótesis de que la composición de género de las redes de innovación influye significativamente en qué descubrimientos reciben atención comercial.

Conclusión

Koffi y Marx muestran que existe una brecha del 14 % en la comercialización de la ciencia que no puede atribuirse a diferencias en calidad ni en potencial comercial. La desigualdad es especialmente marcada para investigaciones dirigidas por mujeres y para investigaciones de alta calidad. La desaparición de la brecha cuando las investigadoras comercializan directamente sus descubrimientos mediante nuevas empresas sugiere que los sesgos, las redes profesionales y las estructuras organizativas desempeñan un papel fundamental en la existencia de la brecha.

Si descubrimientos de igual calidad tienen distintas oportunidades de llegar al mercado según el género de quienes los producen, no solo se genera una desigualdad para las investigadoras. También se desperdician oportunidades de innovación que podrían beneficiar al conjunto de la sociedad.

Referencia

KOFFI, Marlène y MARX, Matt, 2026, «Cassatts in the attic: Is there a gender gap in the commercialization of science?». American Economic Journal: Applied Economics 18 (2), 266-298

Sobre el autor

David Pérez Castrillo es doctor en Economía y profesor emérito de la Barcelona School of Economics.

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Janet Taylor, la brújula matemática del siglo XIX

Janet Taylor.

Son pocas las mujeres que han tenido protagonismo en la historia de la navegación. Sus contribuciones se han ignorado de forma constante, destacándose solo los inventos hechos por hombres, sus grandes gestas y descubrimientos. Pero en este panorama hay una figura femenina que en el siglo XIX, justo el momento en el que el Europa expandía sus tentáculos por el océano global, supuso una revolución en el arte y la ciencia de navegar. Se trata de la británica Janet Taylor, que aplicó el hallazgo de Isaac Newton de que la Tierra es esferoidal, es decir, que está achatada por los polos, a los cálculos de navegación. Aquello aumentó la precisión y la seguridad de los navegantes, siendo reconocida por ello en un mundo regido por el género masculino.

Nacida como Jane Ionn el 13 de mayo de 1804, en el condado de Durham (Inglaterra),  tuvo la fortuna de que su padre, profesor de navegación, la permitiera estudiar de niña en una escuela de varones donde enseguida destacó por su precoz inteligencia. La base matemática que logró allí, le facilitó obtener a los 9 años una beca de la Reina Carlota para continuar sus estudios en la Escuela Real de Bordado para Mujeres donde, pese a eses nombre, pudo cultivar su pasión por los globos terráqueos, los mapas y la geometría. Cuando la escuela cerró, se trasladó a un internado a las afueras de Londres, donde comenzó siendo adolescente a trabajar como tutora.

Al salir, con solo 16 años, Janet se colocó como institutriz en una familia, a cuyos hijos fascinaba con sus clases de astronomía. Al morir su padre un año después, se encontró con una importante herencia, si bien optó por ayudar a su hermano, que había abierto un negocio y necesitaba apoyo con sus finanzas, una experiencia que le sirvió para más adelante para abrir sus empresas, como mujer emprendedora que era. Fueron años en los que, por su cuenta, empezó a resolver enigmas de navegación cada vez más complejos, más por inquietud personal que por pensar en vivir de su talento.

Cuando su hermano se arruinó, la joven se fue a vivir a Amberes con un familiar, donde conoció al que sería su esposo, George Taylor, que regentaba un pub. Juntos, en 1831, decidieron abrir la primera Academia de Náutica George Taylor, nombrada así por su esposo aunque era ella la que aportaba el conocimiento. Su idea era obtener ingresos con la publicación de libros, la venta de cartas náuticas y el desarrollo de instrumentos, hasta lograr fondos para ofrecer formación con el plan de estudios diseñado por Janet.

Para su primer libro, la joven se puso a recalcular las ecuaciones de navegación, que aún se basaban en que la Tierra era una bola esférica cuando se sabía desde Newton que no era así. Tras numerosos y laboriosos cálculos, elaboró ​​nuevas tablas de posición, que publicó en 1833 como Tablas Luni-Solares y Horarias, una obra que tuvo siete ediciones en los siguientes 20 años. Un año después publicó Principios de Navegación Simplificados, que permitían enseñar cómo utilizar tanto sus tablas como otros métodos usados por los marineros para determinar su posición y rumbo en el mar. Si bien al principio estos avances no eran muy conocidos, la crítica furibunda que recibió por sus tablas en 1835 en The Nautical Magazine, fue un golpe de timón. El artículo ponía en entredicho sus datos, destacando que era una mujer quien los hacía para quitarles valor. Pero Janet no se amilanó y en el siguiente número de la revista respondió con argumentos que demostraban que había decenas de millas de diferencia entre sus posiciones y las usadas hasta entonces para navegar. Fue tan contundente que el respeto de la comunidad náutica aumentó exponencialmente y sus libros se convirtieron en lectura obligada.

Algunas de las publicaciones de Janet Taylor.

La cuestión es que estas investigaciones no le daban suficiente para vivir y emprender. Ya en 1834 había patentado un instrumento de su invención –para algunos su gran aportación– en el que invirtió su herencia, una calculadora de navegación, que unía varios instrumentos en uno permitiendo medir a la vez ángulos, altitud, tiempo real y acimut. De hecho, fue la primera mujer en patentar un invento para navegar de la historia. Y de nuevo tropezó con dificultades: el Almirantazgo británico no la autorizó oficialmente porque consideró que era demasiado sofisticada para los marineros. Curiosamente en tiempos recientes se reprodujo y se calificó como “una genialidad adelantada a su tiempo”, aunque las autoridades navales de su tiempo llegaron a decir que era algo “indigno del patrocinio de los lores”.

El nuevo revés, lejos de hundirla, la animó a iniciar nuevas aventuras. En 1835 abrió otro negocio con su nombre: la Academia Náutica de Mrs. Janet Taylor, donde vendía instrumentos necesarios para enfrentarse al océano. Trabajaba para ella un fabricante que hacía sus diseños y que, para su disgusto, acabó por independizarse y abrir un local cerca del suyo. Por supuesto, también vendía sus publicaciones: en 1842, Taylor publicó un segundo libro, Epítome de Navegación y Astronomía Náutica, con las Tablas Lunares Mejoradas, que alcanzó las 12 ediciones. Novedad suya fue también una guía para navegar por la costa brasileña. Cada vez más conocida, eran muchos los que antes de iniciar un viaje se pasaban por su academia para llevarse cartas de navegación que ella modificaba a mano con información mucho más precisa que la que venía del Almirantazgo, muy retrasado a la hora de actualizarla.

La academia creció en fama porque no solo enseñaba a oficiales de la marina mercante las técnicas para navegar (incluyendo trigonometría, geometría, matemáticas, astronomía, mecánica, meteorología, etcétera), sino que facilitaba que los barcos surcaran los mares con mucha más seguridad. De todas sus actividades, la más lucrativa era ajustar las brújulas que llevaban los buques, que se desajustaban debido al hierro con el que se hacían. Para ello, formó a uno de sus trabajadores como experto en estos ajustes.

Más trabas en el camino por ser mujer

Todo ello lo compaginaba con una gran familia: entre 1831 y 1844 dio a luz a ocho hijos. Cuentan sus biografías que Janet se negaba a descansar y recuperarse entre parto y parto porque le preocupaba que su inactividad pusiera en peligro vidas de marineros. Este compromiso sería valorado por gobiernos extranjeros –desde los monarcas holandeses y prusianos hasta el Papa–, que le otorgaron medallas de oro en reconocimiento a sus contribuciones.

Tarjeta promocional de Janet Taylor (1850).

Los que tardaron en reconocer su mérito fueron los gobernantes de su propio país, a los que Taylor solicitó repetidamente una pensión anual, como las 300 libras anuales que si le concedían a la astrónoma Mary Somerville, pero se la negaron repetidamente hasta que murió George y entonces le dieron el mínimo: 50 libras al año. Además, cuando murió su esposo también el ajustador de brújulas que ella formó se fue con la competencia, lo que la generó un importante agujero.

Aún así, trató de mantener su negocio con sus innovaciones. En la Gran Exposición de 1851, presentó una bitácora de bronce con brújula como un objeto especial y en los años siguientes siguió haciendo experimentos –como balancear barcos de un lado a otro del Támesis para registrar el movimiento de la brújula–, probando sus inventos (como un accesorio para sextantes y cuadrantes, llamado ‘horizonte artificial marino’)  y diseñando innovadoras brújulas y sextantes, que presentó en 1862 en la Exposición Universal de Londres. Al año siguiente, aún publicaría una edición de su popular obra Directions to the Planisphere of the Stars, su guía detallada del cielo nocturno.

Nada de ello fue suficiente para cambiar el rumbo financiero de la empresa. Además, ninguno de sus hijos tenía el más mínimo interés de seguir sus pasos, así que finalmente la declaró en bancarrota en 1864. En 1866, con 62 años de edad, Janet Taylor abandonó Londres definitivamente para irse con sus familiares, con quienes vivió los últimos cuatro años, afectada por una grave bronquitis que acabaría con su vida.

Cuentan que poco antes de morir, el 26 de enero de 1870, una de sus últimas peticiones fue poder contemplar Polaris, la Estrella Polar que guía a los marineros. A ellos les dejó un revolucionario legado para su época, tanto en la navegación marítima como en la astronomía. Y Janet, sobre todo, rompió los esquemas de una opresiva sociedad victoriana que intentó invisibilizarla, pero que no lo consiguió. Hoy es considerada una de las mentes técnicas más brillantes de su época.

Referencias

Sobre la autora

Rosa M. Tristán es periodista especializada en la divulgación científica y ambiental desde hace más de 20 años. Colabora de forma habitual en diferentes medios de prensa y radio de difusión nacional.

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La caza de meteoritos

Imagen de fondo: Wikipedia.

Cuando cae un meteorito, empieza una carrera frenética. Tienes que correr mucho, comprar el vuelo el mismo día para ir a buscarlo y llegar el primero.

Maria Elizabeth Zucolotto, astrónoma

Fuente de la cita

Naiara Galarraga Gortázar, Meteoríticas, las científicas que cazan meteoritos en Brasil, El País, 33 julio 2026

Para saber más

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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