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Karla Ximena Vargas Berrones: «Mi meta es que mis investigaciones ayuden a sanar nuestros ríos y mares»

Karla Ximena Vargas Berrones es Licenciada en Química, Magister en Planeación Estratégica e Innovación y Doctora en Ciencias Ambientales. Es investigadora y docente en la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

Su línea de investigación se enfoca en el desarrollo tecnológico de compuestos químicos sustentables y bioinsumos para disminuir la exposición y efectos adversos a la salud humana y ecológica por la exposición a contaminantes emergentes, así como ofrecer alternativas sostenibles y seguras para el uso de productos químicos domésticos e industriales.  

Ha recibido varias distinciones por su trabajo; la más reciente, en 2024, es la beca L’Oréal-UNESCO para las Mujeres en la Ciencia en colaboración con la Asociación Mexicana de Ciencias. Este reconocimiento subraya su destacada contribución y compromiso con la investigación científica en el ámbito de la química y las ciencias ambientales.

Karla Ximena Vargas Berrones. Fotografía proporcionada por la investigadora.

1. ¿Cuál es tu área de investigación?
Mi trabajo se enfoca en la protección del medio ambiente a través de la ciencia y la tecnología. Investigo cómo restaurar ecosistemas dañados y cómo prevenir la contaminación antes de que ocurra. Actualmente, mi labor se divide en tres áreas clave: primero, identifico contaminantes peligrosos para evitar que afecten nuestra salud; segundo, desarrollo métodos para limpiar ríos, manglares y mares —especialmente tras derrames de petróleo— usando limpiadores orgánicos creados en mi laboratorio; y finalmente, diseño productos industriales seguros, como detergentes sustentables, que impulsan una economía más limpia y circular.

2. ¿Por qué te dedicas a ella?
Me apasiona innovar y crear soluciones reales que cuiden nuestro planeta. Para mí, la innovación no se trata solo de construir robots o viajar al espacio. Soy fiel creyente de que la innovación puede salvar al planeta desde lo cotidiano, no solo con grandes máquinas. Me motiva el reto de sacar los inventos del laboratorio y llevarlos a la industria, porque es ahí donde realmente transforman el mundo. Mi trabajo consiste en tender un puente entre el laboratorio y la industria para que los cambios lleguen a todos. Un ejemplo de esto son los detergentes que desarrollo: una respuesta directa a problemas globales como la contaminación del agua, protegiendo así nuestra salud y la naturaleza.

Al final del día, mi meta es crear soluciones que sanen nuestros ecosistemas y aseguren el bienestar de quienes habitamos en ellos.

3. ¿Has tenido alguna figura de referencia en tu trayectoria?
Mi familia es el pilar de mi trayectoria. De mis padres aprendí que construir una familia es el máximo trabajo en equipo: es sostener al otro cuando no puede y entender que, a veces, para lograr el 100 %, uno pone el 90 % y el otro el 10 % sin reclamos.

Ellos me enseñaron que, mientras la ciencia y los experimentos permiten segundas oportunidades, el tiempo en casa es irreversible. Mis hijos crecen solo una vez. He comprobado que cuando la vida personal está en equilibrio, la profesional despega; tener una red de apoyo sólida hace que cualquier desafío sea más fácil de superar.

4. ¿Qué te gustaría descubrir o solucionar en tu campo?
Creo firmemente que la contaminación del agua es uno de los desafíos más críticos de nuestra era. Aunque resolverlo por completo es una tarea compleja, atenderlo de forma integral puede generar cambios extraordinarios. Mi meta es que mis investigaciones ayuden a sanar nuestros ríos y mares desde dos frentes: primero, evitando la raíz del problema mediante la creación de detergentes sostenibles que no generen residuos tóxicos; y segundo, desarrollando técnicas naturales (biorremediación) para limpiar el agua que ya está dañada.

Pero la ciencia no basta por sí sola; también quiero transformar la conciencia de las personas. Hoy en día, muchos desconocemos que productos tan cotidianos como los detergentes pueden afectar gravemente nuestra salud y el entorno. Compartir este conocimiento me llena de satisfacción, pues estoy convencida de que, si todos aportamos nuestro grano de arena, lograremos un impacto positivo real en la salud de nuestro planeta.

5. ¿Qué consejo darías a quien quiera adentrarse en el mundo de la investigación?
Como corredora, encuentro en el maratón la analogía perfecta para la ciencia. Correr un maratón y hacer ciencia tienen algo en común: el muro del kilómetro 30. Ese momento donde el entusiasmo del inicio desaparece, la meta se siente lejana y piensas seriamente en rendirte. Pero en la pista, como en el laboratorio, la meta no se mueve; ella te espera. Si sigues avanzando —aunque sea paso a paso— vas a llegar. Muchos creen que la ciencia es éxito tras éxito, pero en realidad es la suma de muchos fallos superados. Al final, lo que separa a un científico que transforma el mundo de los demás no es su brillantez absoluta, sino su capacidad de mantenerse en movimiento cuando otros deciden parar.

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Dormir bien para envejecer mejor

 

Paula Núñez, Universidad de Oviedo

shutterstock.

Dormir bien es fundamental para mantener una buena salud y resulta especialmente importante en las personas mayores. Mantener un ritmo de vida matutino puede favorecer la movilidad en la vejez, siempre que vaya acompañado de una vida activa. Sin embargo, factores como la contaminación lumínica o el uso de somníferos pueden dificultar un descanso verdaderamente reparador.

En un estudio reciente con 151 personas de entre 62 y 92 años, todas ellas estudiantes del Programa Universitario para Mayores de la Universidad de Oviedo (PUMUO), observamos que incluso en personas físicamente activas, con una intensa vida social y altas puntuaciones en pruebas cognitivas, los ritmos biológicos internos siguen desempeñando un papel determinante en la salud.

En concreto, los sujetos del estudio encarnaban el perfil del envejecimiento activo, realizaban ejercicio físico regular –como caminar, gimnasia de mantenimiento o pilates– y obtenían puntuaciones excelentes en todas las pruebas físicas y cognitivas.

En los test de movilidad, sus medias se situaron en el rango de “bajo riesgo de caídas”, lo que indica una agilidad envidiable. De igual forma, en los test cognitivos sus resultados rozaron el máximo de la escala, lo que demuestra una lucidez y una capacidad mental sobresalientes.

Pero a pesar del envidiable nivel de actividad de los participantes, el sueño seguía siendo el gran talón de Aquiles para muchos de ellos.

¿Alondras o búhos?

Todos conocemos a alguien que salta de la cama con energía al amanecer (llamados “alondras”) y a quien rinde mejor cuando cae el sol (los “búhos”). Esta preferencia natural se llama cronotipo y no es un simple hábito: es la predisposición biológica de nuestro cuerpo para estar alerta o descansar a determinadas horas del día.

Es muy común que, con el paso de los años, las personas experimenten un avance de fase. Esto significa que nuestro reloj biológico se adelanta, empezamos a sentir sueño antes por la noche y nos despertamos de forma natural de madrugada.

Por este motivo, los resultados con nuestros participantes fueron los esperables: casi la mitad de ellos eran del tipo matutino. Lo más revelador es que estas personas demostraron un equilibrio y una movilidad superiores a los de perfil vespertino. Los búhos del grupo obtuvieron puntuaciones satisfactorias, pero más bajas en las pruebas de estabilidad.

Esto sugiere que vivir en sintonía con la luz natural favorece una mejor coordinación motora. En las personas mayores, ese pequeño margen de estabilidad puede ser clave para prevenir caídas.

El sueño no es igual para todos

Dormir bien no es solo un placer: es el “taller” de reparación de nuestro organismo. Durante la noche, el cerebro se limpia de toxinas y los músculos se regeneran para mantenernos ágiles. Sin embargo, este proceso no se desarrolla de la misma manera en todas las personas.

Uno de los hallazgos más llamativos es que las mujeres presentan peor calidad de sueño que los hombres, con más despertares nocturnos asociados, por ejemplo, a dolores físicos o sofocos. Además, se identificaron dos grandes enemigos del descanso:

  1. La luz nocturna. Dormir con claridad en la habitación o usar dispositivos electrónicos antes de acostarse empeora drásticamente la calidad del sueño. Un descanso reparador debe ser ininterrumpido y profundo, permitiendo que el cuerpo complete sus ciclos naturales. Si hay luz, el sueño se vuelve ligero y fragmentado, lo que provoca que nos despertemos con una sensación de agotamiento, como si no hubiéramos descansado.
  2. Los fármacos para dormir. El uso de esta medicación se asocia con un menor rendimiento cognitivo. En términos sencillos, estas pastillas podrían estar nublando la agilidad mental y la memoria de quienes las consumen. Por ello es fundamental que cualquier ajuste o cambio en la medicación se realice siempre bajo supervisión médica.

Claves para un envejecimiento activo

Para que nuestro cuerpo sepa que es hora de dormir, necesitamos mantener una “higiene de luz” un par de horas antes de acostarnos. Lo ideal es usar luces tenues y cálidas en casa y evitar las pantallas de móviles y tablets. En caso de despertarnos a medianoche es importante mantenernos a oscuras lo máximo posible. Esto ayuda a que el cerebro fabrique melatonina, la hormona que regula el ciclo del sueño y facilita el descanso.

En el caso de los adultos mayores, las guías médicas son claras: las pastillas para dormir deben ser la última opción. Si se usan, debe ser por periodos breves y a dosis muy bajas. Lo más recomendable es apostar por estrategias naturales, como rutinas fijas y terapia especializada, que ataquen la raíz del insomnio sin generar dependencia.

Sin duda, para valernos por nosotros mismos –incluso a edades avanzadas– no basta con estudiar y mantenernos activos: también hay que escuchar al reloj biológico y cuidar la calidad del sueño.The Conversation

Sobre la autora

Paula Núñez, Profesora de Fisiología, Universidad de Oviedo

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Ir al artículo original.

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Tanya Atwater, la geofísica que ayudó a reconstruir la historia de la costa oeste de Norteamérica

Cuando Tanya Atwater comenzó a estudiar Geología en la década de 1960, la mayor parte del conocimiento sobre la Tierra seguía interpretándose como si continentes y océanos hubieran estado siempre más o menos donde están ahora. Se conocían las montañas, los volcanes y el magma que tienen debajo, los terremotos y sus mecanismos, las grandes fallas en las que se divide la corteza terrestre…, pero no había una explicación general que justificara todos esos fenómenos.

Tanya Atwater. AMACAD.

Cuando llevaba ya varios años de formación, y aún tenía otros cuantos por delante, la disciplina sufrió un auténtico terremoto, esta vez intelectual. La acumulación de pruebas procedentes del fondo de los océanos, del estudio del magnetismo de las rocas y de la actividad sísmica terminó consolidando la llamada teoría de la tectónica de placas: la superficie terrestre estaba formada por enormes fragmentos rígidos “flotando” sobre otras capas no del todo sólidas y que por tanto se desplazaban lentamente unos respecto a otros.

Aquella nueva idea obligó a reinterpretar prácticamente toda la historia geológica conocida. Atwater estaba entonces en primera fila de esta revolución científica y contribuyó a demostrar cómo esa nueva teoría permitía explicar la evolución del oeste de Norteamérica y el origen de una de las estructuras geológicas más estudiadas del planeta, la falla de San Andrés.

Formarse en mitad de una revolución científica

Tanya Atwater nació en Los Ángeles (California) en 1942 y creció en una región donde terremotos, volcanes y grandes cordilleras forman parte del paisaje cotidiano. Aquellos fenómenos despertaban desde hacía décadas el interés de los geólogos, aunque todavía no existía un marco teórico capaz de explicar por qué aparecían precisamente allí. Quizá porque creció rodeada de estos fenómenos eligió estudiar Geología en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), donde se licenció en 1965 y se doctoró en 1972.

Fueron años excepcionales para esta rama de la ciencia. Gracias al desarrollo de nuevas técnicas de exploración del fondo oceánico, las campañas oceanográficas estaban revelando que los océanos escondían largas cordilleras submarinas, profundas fosas y un registro magnético que solo podía explicarse si el suelo oceánico se estaba creando y desplazando continuamente. Aquellas observaciones terminaron por consolidar una idea que hasta entonces había sido recibida con escepticismo: los continentes no eran estructuras inmóviles, sino que viajaban lentamente sobre placas tectónicas en movimiento.

Atwater recordaría años después que tuvo la suerte de formarse precisamente cuando muchas de las grandes preguntas seguían abiertas y era posible participar directamente en la construcción de las respuestas.

Un rompecabezas geológico

Su tesis doctoral abordó uno de los problemas más complejos de la geología norteamericana: reconstruir la evolución tectónica de la costa oeste del continente durante los últimos millones de años.

Hasta entonces, muchos de los rasgos geológicos de California parecían difíciles de relacionar entre sí. Existían grandes fallas, cordilleras, cuencas donde se habían depositado y compactado sedimentos durante miles de años, volcanes y fragmentos de antigua corteza oceánica cuya distribución no se había podido explicar de forma completa y satisfactoria hasta entonces. La nueva teoría de la tectónica de placas ofrecía un punto de partida para conseguirlo, pero sin una demostración basada en evidencias no era más que una hipótesis.

Atwater reconstruyó los movimientos de las placas del Pacífico, Norteamérica y Farallón a lo largo del tiempo (hablamos de eras geológicas, esto es, miles y millones de años) y demostró cómo la desaparición progresiva de esta última explicaba la formación de la falla de San Andrés y buena parte de la evolución tectónica del oeste de Norteamérica. Su trabajo permitió integrar en un único modelo fenómenos que hasta entonces se habían estudiado por separado.

La falla de San Andrés y la larga historia que cuenta

La falla de San Andrés aparece en la conversación pública cada vez que un terremoto sacude California, algo que ocurre con cierta frecuencia. Sin embargo, pensar en ella simplemente como una grieta es quedarse en la superficie de su naturaleza, ya que esa falla es en realidad el punto donde dos placas tectónicas que llevan millones de años desplazándose se encuentran, se chocan y se rozan continuamente.

Falla de San Andrés en la llanura de Carrizo. Wikimedia Commons.

Para entender y confirmar esto fue necesario reconstruir océanos desaparecidos, trazar el movimiento de placas ya desaparecidas, consumidas en el interior de la Tierra, y calcular cómo ha cambiado la posición de los continentes actuales durante millones de años.

Atwater llevó a cabo esas reconstrucciones, cálculos y proyecciones, y gracias a eso pudo contar la historia de forma coherente. Sus mapas mostraban que la geología de California no era el resultado de procesos aislados, sino el capítulo más reciente de procesos que llevan en marcha desde mucho antes de que existieran los seres humanos. Aquellos trabajos se convirtieron en una referencia para generaciones de geólogos y geólogas y siguen utilizándose para explicar la evolución tectónica de la región.

Enseñando la nueva teoría

Tras completar el doctorado, Atwater desarrolló la mayor parte de su carrera en la Universidad de California en Santa Bárbara, donde continuó investigando sobre la evolución tectónica del océano Pacífico y la costa oeste norteamericana.

Con el tiempo dedicó una atención creciente a la divulgación científica. Era consciente de que uno de los mayores obstáculos para comprender la tectónica de placas reside en la enorme escala temporal sobre la que actúan estos procesos: desde la perspectiva del tiempo que tenemos los seres humanos, procesos tan gigantescos y tan lentos (las placas se desplazan unos pocos centímetros al año, como mucho) resultan difícilmente aprehensibles. Para superar esa dificultad trabajó en el desarrollo de animaciones y reconstrucciones digitales capaces de mostrar el movimiento de continentes y océanos a lo largo de millones de años. Aquellas herramientas han terminado utilizándose tanto en investigación como en enseñanza y permitieron visualizar procesos que hasta entonces solo podían imaginarse a partir de mapas estáticos.

Su trayectoria ha sido reconocida con algunos de los principales galardones de la geología internacional, entre ellos la medalla Penrose de la Sociedad Geológica de Estados Unidos o la medalla Wollaston de la Sociedad Geológica de Londres.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.

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Lady Nazca

Lady Nazca es un drama histórico franco-alemán dirigido por Damien Dorsaz, estrenado en Alemania y Francia en 2025, y en otros países el pasado 3 de julio de 2026.

Perú, 1936. María, una joven maestra alemana instalada en Lima, intenta encontrar su lugar lejos de casa. Su vida cambia cuando conoce a Paul d’Harcourt, un arqueólogo francés que la introduce en un mundo desconocido y fascinante: el desierto de Nazca.

Allí, bajo la inmensidad de la pampa peruana, María descubre unas misteriosas figuras milenarias trazadas sobre la tierra. Lo que comienza como una revelación inesperada se convierte poco a poco en una obsesión, una vocación y, finalmente, en la gran obra de su vida.

Inspirada en la historia real de María Reiche, Lady Nazca narra el viaje extraordinario de una mujer adelantada a su tiempo que, guiada por la curiosidad, la pasión y una determinación inquebrantable, dedicó su vida a estudiar y proteger uno de los enigmas arqueológicos más fascinantes de la humanidad.

Sinopsis

Damien Dorsaz conoció personalmente a Maria Reiche, cuya vida inspiró Lady Nazca; fue en 1996, en su primer viaje a Perú, dos años antes del fallecimiento de la arqueóloga. Aunque Lady Nazca está inspirada en la vida de la verdadera Maria Reiche, el cineasta comenta:

No es en absoluto un biopic, y mucho menos una recreación histórica. Es una búsqueda existencial, un viaje de autodescubrimiento. También podría resumir la película así: una persona descubre qué quiere hacer con su vida y encuentra una conexión profunda con el mundo.

Actualmente, la teoría más aceptada del significado de las figuras del desierto de Nazca (patrimonio de la Humanidad de la UNESCO) es la que propuso en su momento Maria Reiche: se trataría de un gigantesco calendario astronómico, el más grande de la historia, realizado para medir los ciclos agrícolas.

Lo que intenté transmitir con Lady Nazca es un personaje europeo que, por una vez, no solo viene a llevarse cosas de un país o a vivir una historia exótica, sino que llega para servir a esta cultura y termina dedicándole su vida. […] Lo que me gustó del personaje de María es que es extremadamente humilde. No impone nada a los peruanos de la región; se enamora de su cultura. Se sumerge profundamente en su mundo.

Damien Dorsaz

Más información

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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Alwine Bertels-Psotka, respetada micropaleontóloga argentina

Entre las especialistas en el estudio de los microfósiles nacidas en Sudamérica, a lo largo de gran parte del siglo XX ha destacado la figura de Alwine Bertels-Psotka. Durante casi 40 años de ininterrumpida actividad, sus originales contribuciones sobre diminutos organismos que vivieron hace unos 60 millones de años lograron ampliar y enriquecer los conocimientos de la comunidad especializada.

Alwine Bertels. «Mujeres de las piedras».

Su legado ha sido altamente valorado tanto en su país como en el extranjero, razón por la cual la Asociación Paleontológica Argentina instituyó y comenzó a otorgar un premio en su nombre a partir del año 2022, dedicado a «profesionales en investigaciones paleontológicas o disciplinas relacionadas». Asimismo, el acreditado laboratorio de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde pasó largas jornadas de trabajo, lleva el título de «Laboratorio de Micropaleontología Dra. Alwine Bertels-Psotka».

Primeros pasos de una notable investigadora

Nacida el 10 de enero de 1930 en la provincia de Santa Fe, Alwine Bertels-Psotka no tuvo una vida sencilla. Como ha descrito el doctor en microbiología del Museo Argentino de Ciencias Naturales, Horacio H. Camacho, «Alwine, dotada de un carácter firme decidido y luchador, supo afrontar con entereza todas las situaciones surgidas a lo largo de su recorrido vital».

Comencemos apuntando que, una vez completada su formación primaria y secundaria, la joven Alwine optó por matricularse en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, para estudiar Ciencias Geológicas. Muy pronto se despertó su vocación por el estudio de los foraminíferos fósiles, y formó parte del primer curso de micropaleontología impartido en su universidad.

Señalemos que los foraminíferos son pequeños organismos unicelulares que generan una concha externa propia de cada especie. Son muy útiles en los estudios paleontológicos porque muestran fielmente su continuo desarrollo evolutivo, de modo que las especies más antiguas se encuentran en los yacimientos más viejos. De esta manera, identificando los foraminíferos hallados en un sustrato determinado se puede calcular su antigüedad.

Alwine Bertels-Psotka, tras finalizar la licenciatura en 1968 defendió su Tesis Doctoral centrada en la micropaleontología y estratigrafía de diminutos organismos fósiles. Tal como se informa en el libro Mujeres de las piedras, se trata de un excelente trabajo sobre foraminíferos con unos 60 millones de años de antigüedad procedentes de la provincia de Neuquén, sita en el noroeste de la Patagonia.

El citado experto Horacio Camacho, ha especificado en relación a dicha tesis que «en aquel tiempo, uno de los problemas estratigráficos más discutidos se relacionaba con el límite Cretácico–Terciario, al que no se podía identificar a través del estudio de las megafaunas [esto es, animales «gigantes», «muy grandes» o «grandes», hoy extinguidos], por lo que el conocimiento de las microfaunas [o sea, organismos microscópicos, de tamaño inferior a 0,1 mm], alentaba grandes esperanzas en la búsqueda de una posible solución». Fue este contexto el que impulsó a Alwine Bertels-Psotka a dedicar sus esfuerzos a los microorganismos. «Al hacer suyo este desafío, continúa el profesor Camacho, convirtió la investigación de los foraminíferos en el tema medular y predominante de su vida».

Desarrollo de una excelente carrera profesional

Tras doctorase, ha descrito el mencionado microbiólogo, «fue muy importante para su formación científica posterior recibir una beca externa otorgada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, CONICET, que en 1965 le permitió ampliar estudios en Alemania, concretamente en Frankfurt y en Hannover».  Posteriormente, en 1967 acudió al prestigioso laboratorio oceanográfico Woods Hole (Woods Hole Oceanographic Institution) en los Estados Unidos.

Tal como informa Wikipedia, a partir del año 1970, Alwine Bertels-Psotka estableció vínculos con instituciones científicas brasileñas, particularmente con la Universidad Federal de Río Grande do Sul. Nació entonces una fructífera colaboración que le ofreció la oportunidad de realizar interesantes publicaciones relacionadas con la fauna fósil de la región sur de Brasil. En esas fechas, también llevó a cabo investigaciones en el Atlántico Sur, incluyendo microfaunas del litoral bonaerense y del Plateau de Malvinas, una gran meseta submarina ubicada al suroeste del océano Atlántico Sur.

En cuanto a la capacidad investigadora de Alwine, el experto Horacio Camacho ha dejado escrito que era una «trabajadora incansable, no detenía el ritmo de sus actividades ni durante los días festivos, y las exigencias que ella misma se imponía las trasladaba a quienes dirigía en los trabajos de investigación. Sin embargo, detrás de la aparente dureza que parecía caracterizar algunos de sus actos, se escondía una personalidad extremadamente humana y generosa, dispuesta en todo momento a brindar ayuda desinteresadamente. Quienes, a través de los años tratamos a Magda (como afectuosamente la nombrábamos) con mayor asiduidad, siempre observamos en ella una conducta leal y sincera».

Ampliando horizontes

El conocimiento de los foraminíferos característicos de otras regiones del mundo, permitió que nuestra protagonista estableciese con bastante precisión las características principales de los nuevos yacimientos objeto de su investigación. Ciertamente, sus contribuciones centradas en microorganismos de la región austral fueron de gran trascendencia, ya que sus resultados no solo enriquecieron el estado de la cuestión del momento con el aporte de nuevas especies y datos, sino que, además estimularon y sirvieron de modelo para numerosos proyectos originales en trabajos posteriores.

A lo expuesto hay que añadir que, paralelamente a sus actividades de investigación científica, a partir de 1969 Alwine Bertels-Psotka inició una intensa y meritoria carrera docente en el Departamento de Ciencias Geológicas de la UBA; primero como profesora ayudante hasta alcanzar casi diez años más tarde, en 1978, el máximo nivel docente: Profesora Titular de Micropaleontología, según se describe en el citado libro Mujeres de las piedras.

Alwine Bertels. Wikimedia Commons.

Cabe asimismo apuntar que esta inagotable científica no limitó su docencia a la UBA, sino que desde comienzos de los años setenta, también impartió clases y conferencias en la Universidad de la Plata. A todo ello, agregó su participación en la formación de mi­cropaleontólogos brasileños, principalmente a través de la Universidad Federal de Río Grande do Sul. Igualmente, colaboró con el Centro de Investigaciones Petroecuador de Guayaquil en varias ocasiones.

Logros y reconocimientos

Las múltiples aportaciones de notable valor con las que Alwine Bertels-Psotka enriqueció la micropaleontología, la hicieron merecedora de diversas distinciones y honores. A título de ejemplo, cabe recordar que fue la primera mujer elegida para ocupar cargos de relevancia. Entre 1975 y 1977, fue Presidenta de la Asociación Paleontológica Argentina. Por esas fechas, en 1976, la nombraron directora del reconocido laboratorio de Micropaleontología de la Facultad de Ciencias Exactas (UBA). En 1978 presidió el Primer Congreso Latinoamericano de Paleontología, celebrado en la ciudad de Buenos Aires, como se explicita en Mujeres de las piedras.

Los reconocimientos, sin embargo, no procedieron solo de su país natal. Internacionalmente, fue escogida para coordinar y asesorar importantes proyectos de investigación, gran parte de ellos instaurados por la acreditada y famosa Organización de las Naciones Unidas, UNESCO.  Por otra parte, tuvo el honor de formar parte activa del Comité Editor de la reconocida publicación científica de micropaleontología Stereo-atlas of Ostracod Shells, creada en 1973 en la Universidad de Leicester por destacados expertos del Reino Unido y del resto del mundo. Como se apunta en Wikipedia, a lo largo de sus 25 años de historia la serie de esta publicación, que concluyó en 1998, incluyó a figuras notorias de la comunidad micropaleontológica.

El citado paleontólogo Horacio Camacho ha enfatizado que la científica «expuso los resultados de sus investigaciones en numerosas conferencias, reuniones nacionales e internacionales y en aproximadamente 65 publicaciones en libros y revistas del país y del extranjero».

Ante tan buen currículo, hay que subrayar que en ningún momento Alwine Bertels-Psotka abandonó su labor como docente. De hecho, puso gran interés en la formación de sus discípulos, dirigiendo diez Trabajos Finales de Licenciatura y ocho Tesis Doctorales en la Universidad de Buenos Aires. Además, tuteló a cuatro Doctorandos de las Universidades de La Plata, del Comahue (provincia de Neuquén) y del Noreste (Corrientes). Y por si esto fuera poco, hay que sumar las cinco Maestrías y el asesoramiento a dos Doctorados que cumplió con entusiasmo en instituciones brasileñas.

Los galardones recibidos por Bertels-Psotka sumaron numerosas distinciones significativas, aunque aquí solo citaremos un par de ellas: el Premio Eduardo L. Holmberg (respetado médico, naturalista y escritor argentino), concedido en 1985 por la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Otro premio fue el distinguido Mérito Paleontológico, otorgado en 1996 por la Asociación Paleontológica Argentina. Destaquemos, además, que el Centro Biográfico Internacional de Cambridge (Inglaterra) la eligió Mujer del Año 1992-1993, en reconocimiento a su dilatada trayectoria científica.

Para concluir, nos hacernos eco de un párrafo escrito por el Dr. Camacho en la nota necrológica dedicada a su colega y amiga:

La desaparición física de la Dra. Alvine Bertels ha privado a la comunidad paleontológica argentina de una investigadora ejemplar, pero nos queda su obra como prolongación de su fructífera y exitosa existencia, la que ya constituye un capítulo insustituible de la historia del conocimiento micropaleontológico del Cretácico superior y del Terciario de la región austral sudamericana.

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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Emmy Noether

Emmy Noether

Imagen de fondo: 4E858.06 EMMY NOETHER (1882-1935). Crédito: The Granger Collection, New York.

Tu teorema
conquistó el corazón de
las ciencias físicas.

Para saber más sobre Emmy Noether y su investigación

Nota de la autora

Un sciku consiste en una tapa de ciencia, elaborada con una breve pieza poética y servida en tres líneas. Tal y como indica su nombre, está inspirado en el haiku japonés y, como este, suele componerse de tres versos con cinco, siete y cinco sílabas, respectivamente, sin ningún tipo de rima. En español, debido a la longitud de la mayoría de las palabras, también puede emplearse la combinación 8/11/8.

Sobre la autora

Laura Morrón Ruiz de Gordejuela es licenciada en Física por la Universidad de Barcelona especializada en el campo de la protección radiológica, con un máster en Ingeniería y Gestión de Energías Renovables por IL3. Técnica de apoyo del Secretariado de Divulgación Científica y Cultural de la Universidad de Sevilla. Autora del libro A hombros de gigantas, obra que ha tenido continuidad en esta sección.

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Tus preguntas sobre las vacunas merecen respuestas reales

Kizzmekia Corbett es una inmunóloga viral estadounidense del Centro de Investigación de Vacunas  en el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (Institutos Nacionales de Salud) donde actualmente lidera el Equipo de Coronavirus. Su trabajo se centra en nuevas vacunas contra coronavirus, incluyendo la vacuna contra el COVID-19. Codesarrolló la primera vacuna contra la COVID-19 que entró en ensayos clínicos.

En esta conferencia TED2026 (en inglés, con subtítulos en castellano) Kizzmekia Corbett afirma que crear la vacuna contra la COVID-19 nunca fue la parte más difícil. El verdadero obstáculo, según ella,  es la brecha entre los científicos y las personas que tienen dudas legítimas sobre las vacunas que se les pide que reciban. La inmunóloga comparte un enfoque renovador para abordar las inquietudes sobre la vacunación y garantizar que estemos preparados para la próxima pandemia.

La tecnología de las vacunas va a seguir y seguir, pero me gusta creer que la reticencia a vacunarse no tiene por qué seguir y seguir adelante.

Transcripción del vídeo.

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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Nancy Farley Wood, física

Nancy Farley Wood. AHF.

La física y empresaria Nancy Farley Wood (1903-2003) nació un 12 de julio.

Durante la Segunda Guerra Mundial,  enseñó cálculo a militares de la Armada de los Estados Unidos en Chicago. También fue reclutada para el Proyecto Manhattan, donde diseñó y desarrolló detectores de radiación ionizante con el físico John Alexander Simpson en la división de instrumentación del Laboratorio Metalúrgico de la Universidad de Chicago.

En 1949 fundó el N. Wood Counter Laboratory, empresa fundada para desarrollar, fabricar y suministrar detectores de radiación gamma y detectores de radiación de neutrones llenos de gas. 

Más información

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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