Lo curiosos estudios premiados en los IG Nobel 2026
Lo que popularmente conocemos como cucarachas llevan en este planeta alrededor de 320 millones de años. Y durante ese tiempo la evolución ha hecho de las suyas, especialmente en su método de reproducción. Estos insectos, que no son del agrado de todo el mundo, pueden clasificarse en tres grandes grupos: las que ponen huevos, conocidas como cucarachas ovíparas; las ovovivíparas, que ponen los huevos en un saco especial de la hembra, y una especie muy concreta que es vivípara: Diploptera punctata.
Ser una cucaracha vivípara trae ventajas y desventajas. Por un lado, la hembra ha de invertir menos recursos a la hora de crear los huevos, ya que no han de almacenar tantos nutrientes. Pero mientras se están formando los embriones, estos, necesitan alimento hasta que pueden emerger al mundo exterior. Y ahí es donde entra en juego la leche de cucaracha o Lili-Mip.
La evolución ha dotado a D. punctata con un órgano capaz de almacenar proteínas, hidratos de carbono y lípidos y secretarlos en forma de leche. Pero lo curioso es que, cuando las proteínas de esta leche llegan al intestino del embrión cristalizan, algo muy poco habitual en el reino animal. Gracias a su composición y a este empaquetamiento, la Lili-Mip puede almacenar hasta tres veces más energía que la leche de vaca. Y ahí radica la importancia de este descubrimiento.
Tan solo entre 43 y 52 días tras el nacimiento, dependiendo de las condiciones ambientales, las cucarachas D. punctataalcanzan la madurez sexual. Se trata de un tercio del tiempo de otras cucarachas, como Rhyparobia maderae, ovovivípara, que tarda 160 días en alcanzar ese mismo estado. La clave de este extraordinario crecimiento son, como indican los investigadores, los cristales de Lili-Mip.
¿Por qué debería importarme la leche de cucaracha?
Tras este descubrimiento, se esconde también una forma de entender cómo la biología exprime los principios de la cinética y de la termodinámica para lograr una ventaja evolutiva. Algo que dejaron muy claro en la ceremonia de entrega de los premios, a los que acudieron vestidos con una gorra coronada con una cucaracha gigante y unas camisetas donde se podía leer “Cockroach is my spirit animal” (La cucaracha es mi animal espiritual).
Tras pasarse del tiempo establecido para la curiosa explicación de su proyecto, que incluía una canción acerca de la cristalización de la leche con guitarra y todo, fueron invitados a salir del escenario por varios investigadores vestidos de plátano.
Como ya habrán notado los lectores, los premios IgNobel no son premios científicos convencionales, sino que, a pesar de que la ciencia tras ellos es seria, tratan que no los acompañe la solemnidad (y dicho sea de paso, el aburrimiento) que se asocia a la investigación.
El poso que dejaron tras tan esperpéntica escena es, sin duda, el de la curiosidad. Tras millones de años de evolución, las cucarachas han logrado fabricar una leche más eficiente que la de los mamíferos para alimentar a su prole. Y, quizá, con suficiente investigación, esto podría inspirar nuevas estrategias para diseñar alimentos altamente nutritivos.
Los IgNobel de 2026, desde enterrar 1000 calzoncillos hasta sonarse la nariz
Los IgNobel se crearon en 1991 para premiar las investigaciones más extrañas, pero a su vez que dan que pensar. Al principio se tomaban incluso como una ofensa, pero poco a poco han ido transformándose en unos galardones que muestran la creatividad implícita en la ciencia. Por ello, en la actualidad se consideran una distinción más, y una forma fantástica de darse a conocer ante la comunidad científica. Las demás categorías (nada ortodoxas) premiadas en los IgNobel de 2026 fueron:
- Biomecánica: A una nueva definición más precisa del acto de besar: Se trata de interacciones no agonísticas que implican un contacto oral-oral dirigido e intraespecífico, con cierto movimiento de los labios o las piezas bucales y sin transferencia de alimento. El estudio se hizo en hormigas, aves, osos polares y seres humanos.
- Economía: A reunir pruebas de que las personas de clase alta son más propensas a robar caramelos de las provisiones de los niños y a participar en otros tipos de comportamientos poco éticos.
- Medicina: Concedido al difunto Tokuji Unno, por el estudio titulado «Cómo sonarse la nariz: un estudio aerodinámico del acto de sonarse la nariz».
- Biología: A una investigación acerca de pisar suavemente diversas partes de varias serpientes venenosas para intentar averiguar qué induce y qué no induce a una serpiente venenosa a morder a un ser humano.
- Física: A una completísima investigación teórica y experimental cuyo fin era diseñar un urinario que no salpique.
- Tecnología: Al “Necroprinting”. Es decir, a utilizar probóscides de los mosquitos (lo que emplean para picar) como boquillas de impresión 3D de alta resolución.
- Olfato: A un estudio que consistía en recopilar pruebas de que los bebés huelen bien para sus padres, pero los adolescentes no.
- Paz: A la demostración empírica de que valoramos a los amigos que se muestran despiadados con las personas que no nos caen bien.
- Suelo: A un estudio que consistía en enterrar 1.000 pares idénticos de calzoncillos en más de 25 países y desenterrarlos dos meses después para observar cómo la calidad del suelo influye en la degradación de las fibras de algodón.

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