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La ciencia revela cómo tu cerebro sí puede hacer varias cosas a la vez

Procesar varias tareas de forma simultánea ha sido considerado durante años un desafío casi imposible para el cerebro humano, pues la capacidad de atención se satura con facilidad. Un novedoso trabajo publicado en la revista Journal of Cognitive Neuroscience acaba de demostrar que el órgano cerebral posee un mecanismo adaptativo capaz de reconfigurar sus conexiones neuronales para asumir múltiples actividades cognitivas mediante el entrenamiento continuo.

Investigadores del Centro Médico de la Universidad de Georgetown recurrieron a técnicas de resonancia magnética funcional (fMRI) y electroencefalograma (EEG) con el objetivo de monitorizar la actividad cerebral de once participantes. A lo largo de varias semanas, los voluntarios completaron más de 30.000 desafíos de clasificación visual mientras los científicos registraban los cambios estructurales producidos en sus redes neuronales antes y después del proceso.

Los datos obtenidos revelaron que, en las etapas iniciales del experimento, las acciones demandaban una elevada carga de trabajo en la corteza prefrontal, la zona encargada de las funciones ejecutivas de alto nivel. No obstante, tras la práctica intensa, la carga cognitiva se derivó de forma progresiva hacia el lóbulo temporal, área especializada en el reconocimiento de objetos y la memoria a largo plazo.

La reconfiguración de la corteza cerebral

Esta transferencia de información actúa como una vía alternativa de circulación que evita el cuello de botella habitual de la mente, liberando recursos esenciales para la ejecución paralela de otras órdenes. "Hemos subido otro peldaño en la comprensión de cómo aprende nuestro cerebro", explicó Maximilian Riesenhuber, neurocientífico y autor principal del análisis, para resaltar el notable nivel de plasticidad que exhibe la arquitectura cerebral humana.

El hallazgo confirma que la práctica repetida permite automatizar tareas complejas en regiones secundarias para habilitar un procesamiento simultáneo real en la vida cotidiana. "La parte alentadora es que realmente se puede aprender a hacer multitarea. De hecho, existe una forma de remodelar la arquitectura cerebral y utilizar otras partes del cerebro", añadió el propio Maximilian Riesenhuber sobre los resultados finales alcanzados.

Para comprobar la efectividad de esta reordenación, los expertos sometieron a los voluntarios a pruebas duales combinadas. Quienes lograron desviar mayor volumen de procesamiento hacia la región temporal mostraron un rendimiento muy superior al resolver el segundo desafío, demostrando que la práctica extensiva crea áreas de categorización especializadas que no existían anteriormente a la experiencia previa.

Aplicaciones prácticas en la medicina y la ciencia

Tales mecanismos de optimización neurológica resultan comparables a la labor que realizan los especialistas médicos durante el diagnóstico por imagen de alta precisión. "Esto tiene implicaciones para escenarios críticos del mundo real, como cuando un radiólogo puede clasificar con precisión las masas en una radiografía como benignas o malignas de forma bastante automática, a menudo sin una deliberación prolongada, gracias a años de entrenamiento", declaró Patrick Cox, primer autor del trabajo.

Aunque se trata de una investigación a pequeña escala que requerirá análisis posteriores con muestras más amplias, sus conclusiones abren vías prometedoras para comprender conductas compulsivas o desarrollar inteligencia artificial. "Lo que mostramos es que los circuitos realmente cambian para que el cerebro pueda hacer dos cosas a la vez", concluyó Maximilian Riesenhuber al certificar que este fenómeno representa una multitarea auténtica.

© Ilustración: Zephyr/SPL/ Age Fotostock

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El secreto del camuflaje de los tigres está en cómo los ven sus presas

Todos lo hemos pensado alguna vez al ver un documental de animales: si los tigres de Bengala (Panthera tigris tigris) son naranjas, es fácil distinguirlos entre la maleza de las selvas que habitan. Ahora bien, eso no quiere decir que tuviésemos la más mínima posibilidad de sobrevivir si el felino más grande del mundo decidiese atacarnos, si bien es cierto que los seres humanos no contamos con las herramientas que sí han desarrollado para escaparsus presas potenciales. En cualquier caso, si son tan fáciles de ver, ¿cómo es posible que sean depredadores tan efectivos? Por sorprendente que parezca, porque todo depende de los ojos con los que se mira.

A esa conclusión llegó un equipo de investigadores del Laboratorio de Camuflaje de la Universidad de Bristol, que en 2019 publicó un interesantísimo artículo en la revista Journal of the Royal Society. En él se demuestra que las presas potenciales de los tigres de Bengala ven el mundo de manera radicalmente distinta a la nuestra. Algo que, yendo un paso más allá, revela cómo la percepción cromática de los animales condiciona por completo las estrategias de supervivencia de las especies en el medio salvaje.

Pero comencemos por el principio. Los investigadores británicos emplearon potentes algoritmos de aprendizaje profundo para analizar cómo interactúan los patrones de color en ecosistemas tan variados como el bosque o el desierto. A través del procesamiento de datos psicofísicos, el equipo logró identificar las tonalidades exactas que maximizan o reducen la visibilidad de una criatura ante un observador concreto. Esta innovadora metodología permite probar miles de combinaciones visuales rápidamente, ofreciendo valiosas respuestas sobre la evolución morfológica de la fauna silvestre y su capacidad para ocultarse.

La visión dicromática en los mamíferos

La clave de este fenómeno evolutivo radica en las limitaciones biológicas del sistema visual de los animales. Mientras que los seres humanos poseemos una visión tricromática capaz de detectar tres colores primarios (rojo, verde y azul), la inmensa mayoría de los mamíferos no primates presentan un sistema de visión dicromática. Para especies como los ciervos, la capacidad de distinguir el espectro rojo y verde no existe, por lo que el brillante tono anaranjado del gran felino se transforma visualmente en una tonalidad predominantemente verde entre la vegetación. Es decir, para ellos, los tigres de Bengala son prácticamente imperceptibles en su entorno natural.

Debido a que sus presas habituales no pueden discernir eficazmente entre el naranja y el verde, las especies depredadoras no han necesitado evolucionar hacia un pelaje verdoso. Tal como detallan las conclusiones del estudio, "basándonos en nuestros resultados, y dado que la mayoría de los mamíferos no humanos tienen una visión dicromática que no es capaz de diferenciar de forma fiable el naranja y el verde, parece que hay poco beneficio en volverse verde si el receptor es dicromático". De este modo, al tigre le basta con parecer verde a los ojos de su presa.

Mecanismos de supervivencia en la naturaleza

Este hallazgo científico explica por qué no encontramos mamíferos con pelaje verde de manera natural en la Tierra. En el reino animal, la única excepción conocida la constituye el perezoso, aunque su característico tono verdoso no procede de su propia pigmentación corporal, sino de la presencia del alga Trichophilus welckeri que habita en su pelo. Para las criaturas que buscan pasar desapercibidas ante ojos dicromáticos, adaptar la química de su pelaje hacia tonos verdes no supone ninguna ventaja evolutiva real ni rentable.

Las aplicaciones de este descubrimiento de la Universidad de Bristol trascienden la propia biología del camuflaje animal. El desarrollo de estas herramientas computacionales de simulación visual ofrece nuevas vías para optimizar sistemas de visibilidad y ocultación en las sociedades modernas, incluyendo las técnicas de supervivencia militar. La investigación demuestra que la eficacia del camuflaje no depende del color real del organismo, sino de la capacidad exacta de procesamiento visual que posee el individuo que lo observa.

© Andy Rouse / naturepl.com / Cordon Press / Cordon Press

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