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China recuperó su primer cohete reutilizable y demuestra que hay una nueva forma de hacerlo

El pasado 10 de julio de 2026, a las 4:15 horas (UTC) desde el Complejo de Lanzamiento 2 del Sitio Comercial de Lanzamiento Espacial de Wenchang, tuvo lugar el lanzamiento del cohete Changzheng 10B (Larga Marcha 10B, en español); un vehículo de lanzamiento de 2 etapas y carga media parcialmente reutilizable. De 63,6 metros de altura e impulsado por siete motores de queroseno, China anunció el mismo día que lo recuperó con éxito, siendo esta la primera vez en recuperar un propulsor orbital reutilizable en el Mar de China Meridional.

A los diez minutos del lanzamiento, el Larga Macha 10B descendió del espacio y aterrizó en una estructura de cuatro patas fijada a un buque en alta mar. Una serie de cables tensados lo sujetaron mientras apagaba sus motores, dejando el propulsor humeante suspendido en el aire. Mientras tanto, la etapa superior del cohete continuó su trayectoria hacia la órbita y desplegó una carga útil conocida como CX-26. El lanzamiento, según las autoridades, fue un “éxito rotundo”.

El Larga Marcha 10B ha hecho historia, ya que se ha convertido en el cuarto cohete del mundo en ser recuperado con éxito, después del Falcon 9, Starship y New Glenn, de las empresas aeroespaciales privadas SpaceX (Elon Musk) y Blue Origin (Jeff Bezos). De hecho, es el primer cohete no estadounidense en lograr recuperarse, lo que reafirma que China es un fuerte rival en la nueva carrera espacial que se está disputando en el mundo.

China está un paso más cerca de pisar la Luna en 2030

El Larga Marcha 10B ha sido desarrollado por la Academia China de Tecnología de Vehículos de Lanzamiento (CALT) y lo opera su brazo comercial, Chinarocket (China Long March Rocket Co.). Su primera etapa, que es común a toda la serie Long March 10, va provista de siete motores YF-100K de queroseno y oxígeno líquido, mientras que la segunda tiene propulsión metalox con un único motor YF-219 alimentado por metano y oxígeno líquidos, entregando unas 140 toneladas de empuje.

El objetivo del Larga Marcha 10B es aportar capacidad de carga pesada a bajo coste para desplegar megaconstelaciones, pudiendo colocar hasta 16 toneladas en órbita baja y al menos 11 toneladas en una órbita de 900 kilómetros e inclinación de 50º; justo las necesidades de la constelación de Internet satelital Guowang, la cual tiene como objetivo crear un sistema de cobertura mundial de Internet. El proyecto, iniciado en 2022, es la alternativa a Starlink impulsada por SpaceX, y se prevé que esté formado por 13 mil satélites cuando finalice.

La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Directora General del Departamento de Prensa, Comunicación y Diplomacia Pública, Mao Ning, compartió a través de su perfil oficial en la red social X (anteriormente conocida como Twitter, y cuyo acceso está restringido en China, al igual que muchas otras redes sociales occidentales) su alegría por el éxito de la recuperación del Larga Marcha 10B:

A historic day in China’s space program!

China’s Long March-10B has successfully completed its maiden flight—and recovered its first stage via a sea-based net. This marks the country’s first-ever controlled rocket recovery. A major leap toward reusable launch capabilities.… pic.twitter.com/FWuQXLltaD

— Mao Ning 毛宁 (@SpoxCHN_MaoNing) July 10, 2026

“¡Un día histórico para el programa espacial de China! El Long Mach 10-B de China ha completado con éxito su primer vuelo y ha recuperado su primera etapa mediante una red colocada en el mar. Esto marca la primera recuperación controlada de un cohete en la historia del país. Un gran avance hacia capacidades de lanzamiento reutilizables”.

El Larga Marcha 10B emplea un método de recuperación distinto al de SpaceX y Blue Origin, combinando una embarcación en alta mar que se desplaza a cierta distancia con la técnica de captura, similar a la que utiliza SpaceX para Starship. Capturar el cohete de esta manera reduce el impacto de la reutilización en la capacidad de carga útil.

En un comunicado, el CASC afirmó que el vuelo de prueba del Larga Marcha 10B “validó tecnologías centrales clave” para una arquitectura de lanzamiento reutilizable, como el reinicio múltiple de motores con encendido a gran altitud, la navegación y el control de alta precisión, y la primera captura y recuperación mediante un sistema de red en una plataforma marítima. Gracias a pruebas como esta, China se está preparando para aterrizar en la Luna con configuraciones más pesadas que lleven a los astronautas chinos y sus módulos al satélite de la Tierra. El plan es que llegan a la Luna para 2030.

© CCTV

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La simple hipótesis que podría explicar el silencio de los extraterrestres

En este 2026, Steven Spielberg ha vuelto a los cines con el estreno de su última película: ‘El día de la revelación’. No es la primera vez que el director, guionista y productor de cine estadounidense hace una película sobre extraterrestres; en 1977, con ‘Encuentros en la tercera fase’, contó la historia de un reparador de líneas eléctrica que ve un objeto volador no identificado. Poco después, en 1982, encandiló al mundo con ‘E.T., el extraterrestre’, hasta el punto de ser uno de los largometrajes más taquilleros de su dilatada carrera.

La trama de ‘El día de la revelación’ gira en torno a dos protagonistas que intentan destapar un secreto gubernamental oculto durante décadas: los extraterrestres llevan mucho tiempo viviendo en la Tierra. Una revelación (valga la redundancia) que podría cambiar para siempre el mundo tal y como lo conocemos. La película no ha podido llegar en un mejor momento: hace unos meses, el Departamento de Defensa de Estados Unidos empezó a desclasificar documentos con información sobre Fenómenos Aéreos No Identificados.

Algunas personas creen que es una técnica de distracción para desviar la atención de la población de problemas como el caso Epstein. Otras opinan que ya es hora de que se sepa la verdad, y que las autoridades confirmen que el incidente OVNI de Roswell (Nuevo México) del 2 de julio de 1947 ocurrió realmente. Sea como sea, lo que está claro es que con lo avanzados que estamos tecnológicamente, resulta extraño que ninguna raza extraterrestre se haya puesto en contacto con nosotros. Los científicos creen saber el motivo.

Las civilizaciones extraterrestres podrían no ser tan avanzadas como la nuestra

Las películas clásicas de Hollywood han hecho que creamos que los astronautas son hombrecillos verdes escuálidos con ojos negros muy grandes y vestidos con trajes espaciales plateados. Pero lo cierto es que de existir vida extraterrestre (lo que es casi innegable, ya que el universo es extensísimo y tiene casi 14 mil años, por lo que alguna forma de vida inteligente aparte de la humana debe haber), no tendría por qué parecerse físicamente a nosotros.

Películas más actuales como ‘La llegada’ (2016) o ‘Proyecto Salvación’ (2026) nos han presentado seres extraterrestres muy distintos a los ya muy manidos hombrecillos verdes, destacando especialmente a Rocky de ‘Proyecto Salvación’, que es una especie de araña rocosa a la que se le da muy bien construir cosas. Justamente en estas dos películas, una de las cosas más importantes no es precisamente el contacto, sino la comunicación entre humanos y estos seres extraños.

Nuestros telescopios de observación espacial emiten señales de radio que podrían ser interceptadas por otra civilización y saber que existimos, pero si saben que estamos aquí, prefieren no establecer contacto. Lo que creen algunos expertos es que dichas ondas de radio pasarían “desapercibidas” para otras civilizaciones galácticas, que podrían ser miles de millones de años más antiguas que la nuestra y, por tanto, más avanzadas tecnológicamente.

Un estudio publicado en The Open Journal of Astrophysics en 2024 explora la posibilidad de que los extraterrestres se comuniquen entre sí mediante ondas gravitacionales. Estas ondas son perturbaciones en el espacio-tiempo que los físicos aún no han logrado comprender del todo. Los avances científicos que hemos logrado no son capaces de distinguir entre las ondas gravitacionales naturales y las que podrían ser artificiales.

Y aunque llegáramos a discernirlas, es posible que nunca pudiéramos descifrarlas. Hace unos años, en 2021, un grupo de investigadores utilizó un modelo de simulación galáctica para estimar la posibilidad de inteligencia extraterrestre a lo largo del tiempo en la Vía Láctea, con el objetivo de determinar la antigüedad de cualquier civilización alienígena, ayudando a saber si alguna podría viajar por el espacio o establecer contactos intergalácticos.

Y aquí aparece la posibilidad de que la civilización más cercana sea tan joven como para no disponer de los recursos necesarios para comunicarse, con una tecnología más “rudimentaria” que la nuestra. Este caso llama bastante la atención porque, justamente por culpa de Hollywood, creemos que los extraterrestres disponen de naves espaciales avanzadísimas, teletransportarse y comunicarse telepáticamente, pero podría no ser así.

© National Geographic España

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Esta cámara 3D es única en el mundo de la tecnología: imita los ojos de una araña y consume menos de lo que piensas

Millones de personas tienen miedo a los insectos (entomofobia). Estas criaturas suelen despertar cierto sentimiento de “asco” al verlas, además de incomodidad ante su presencia por ser impredecibles a la hora de moverse y tener un aspecto “extraño”. Esto se debe principalmente a nuestra evolución como especie, que nos ha enseñado a evitar a los insectos para prevenir el contagio de enfermedades o directamente la muerte, ya que algunos son venenosos y letales tras su mordedura/picadura.

Lógicamente, no todos los insectos dan el mismo miedo. Las hormigas, mariquitas, luciérnagas y mariposas no suelen ser tan temibles como una avispa que no para de perseguirte, una mantis religiosa en postura de ataque, un escorpión con el aguijón alzado o una araña que parece que está a punto de saltar desde su telaraña en la esquina de la pared. Sin duda, la aracnofobia (miedo a las arañas) es una de las fobias más comunes, y su origen es, en parte, evolutivo, aunque mucha gente lo desarrolla en la infancia.

Sus ocho patas, múltiples ojos, movimientos impredecibles y la falta de un rostro expresivo son algunas de las cosas por las que las arañas generan tanto rechazo. Sin embargo, son seres fascinantes, ya que producen una seda más fuerte que el acero con la que construyen estructuras únicas diseñadas para capturar a sus presas, y algunas especies tienen una visión sorprendentemente buena, como la araña saltadora (también conocidas comúnmente como caza moscas). Un grupo de investigadores se ha inspirado en ellas para crear un innovador sistema de visión 3D.

La SpiderCam apenas consume 624 milivatios

La araña saltarina destaca sobre el resto por sus ojos frontales desproporcionadamente grandes, una inteligencia inusualmente alta para un arácnido y la capacidad de saltar distancias enormes para su propio cuerpo. En total, cuentan con ocho ojos, los dos principales frontales (que son enormes), que les otorgan visión binocular con una agudeza excepcional, y cuatro ojos laterales que complementan el sistema, con una visión casi periférica de 360 grados para la detección de movimiento.

No solo dependen de la visión estereoscópica para calcular distancias, sino que sus ojos contienen múltiples capas retinianas que capturan simultáneamente imágenes con diferentes niveles de enfoque. Al comparar las sutiles diferencias de enfoque, pueden determinar la distancia a los objetos antes de saltar. Los investigadores de la Universidad de Northwestern, inspirándose en la visión de estas arañas, han construido la SpiderCam, que es un sistema de visión 3D pasivo que puede generar mapas de profundidad completos consumiendo tan solo 624 milivatios; menos que una bombilla de noche.

La cámara diseñada por los investigadores captura dos imágenes de la misma escena con ajustes de enfoque ligeramente diferentes mediante un divisor de haz y un par de sensores de imagen de baja potencia. Después, un algoritmo especializado de profundidad a partir del desenfoque diferencia (DfDD) analiza las diferencias entre las imágenes y convierte esas variaciones de desenfoque en mediciones de profundidad.

Para mantener el consumo energético tan bajo, los investigadores implementaron todo el proceso directamente en un FPGA e bajo consumo en lugar de un procesador convencional. Un FPGA (Field-Programmable Gate Array) es un circuito integrado que puede ser programado y reprogramado por el usuario después de u fabricación. Permiten construir circuitos físicos personalizados en el propio silicio para realizar tareas específicas, a diferencia de los procesadores tradicionales.

Aparte de usar un FPGA de bajo consumo, el equipo también rediseñó partes del algoritmo DfDD para reducir la carga computacional, minimizar el uso de memoria y mejorar la robustez al trabajar con sensores de imagen ruidosos. El prototipo de la SpiderCam puede generar mapas de profundidad dispersos con una resolución de 480 x 400 píxeles a 32,5 fotogramas por segundo, operando en un rango de aproximadamente 5 centímetros.

La SpiderCam puede capturar superficies reflectantes, objetos transparentes y escenas en movimiento que suelen suponer un reto para los sistemas de detección de profundidad activos, eliminando la necesidad de hardware de iluminación de alto consumo energético, lo que la hace muy interesante para plataformas móviles. Los investigadores planean usar las próximas versiones en dispositivos portátiles, tecnologías de asistencia, pequeños robots y drones.

© National Geographic España

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Utilizan agua de mar para crear vehículos de carreras

A los amantes de la velocidad y las carreras de coches les sonará el nombre de Lola Cars. Este fabricante británico, fundado en 1958 por Eric Broadley en Inglaterra, fue durante décadas un referente en el sector. La compañía empezó construyendo pequeños coches deportivos, pero más tarde se diversificó hacia los autos de Fórmula Junior y luego a una gama más amplia de vehículos. A diferencia de Ferrari o Porsche, el modelo de Lola Cars era construir coches de carreras de primer nivel para equipos cliente en casi cualquier disciplina.

A pesar de su éxito y la experiencia cosechada durante más de 50 años, quebró, cesando sus operaciones en 2012. El declive comenzó tras fracasar en su intento de entrar a la Fórmula 1 como equipo en 1997 (Mastercard Lola). El diseño del vehículo dejaba mucho que desear y no logró clasificarse, acumulando deudas que casi hundieron a la compañía, ya que un empresario la rescató. Una década después de entrar en liquidación financiera, la empresa resurgió.

En junio de 2022, volvió a la vida con un objetivo claro: consolidarse como líder en diseño e ingeniería. El empresario y piloto de carreras germano-estadounidense Till Bechtolsheimer compró la marca y todos sus derechos de propiedad intelectual. Desde entonces, el enfoque es apostar por la tecnología de vanguardia y la sostenibilidad.

la huella de carbono del coche es de tan solo 4,6 toneladas de CO₂e

La compañía ha mirado en su archivo histórico y se ha basado en modelos anteriores para la nueva serie T70, la cual debutó originalmente en 1965, fabricándose más de 100 unidades. La compañía contará con 16 coches nuevos, configurados para carreras históricas con la homologación FIA necesaria como el T70S, o como una versión homologada para carretera en el Reino Unido, el T70S GT.

En Ars Technica han podido hablar con Matt Faulks, el director ejecutivo de innovación de Lola Cars, sobre la nueva serie T70. Aunque de por sí los vehículos ya son interesantes, es el uso de los materiales lo que los diferencia de la competencia. Hace años, era habitual usar mucha aleación de magnesio, pero el proceso para convertirlo en piezas utilizables era bastante “sucio”, ya que la tecnología empleada era muy contaminante, con altas emisiones de carbono.

Así que en lugar de obtener el magnesio fundido mediante el proceso de Pidgeon (que consiste en calentar dolomita triturada y calcinada junto con ferrosilicio al vacío extremo, extrayendo los vapores de magnesio puro que luego se condensan de forma cristalina), Lola Cars lo extrae del agua de mar mediante electrólisis alimentada por energía solar. Con este cambio, la huella de carbono y contaminación es mucho menor.

Respecto a la carrocería, usan un nuevo material compuesto desarrollado internamente, en lugar de la fibra de vidrio que empleaba en la década de 1960. "Es un sistema de fibra combinado con capas exteriores de basalto, capas interiores de lino, que actúa como una especie de aramida, y un sistema de resina PFA derivado de la caña de azúcar. Así que, más que un simple material, es un sistema con el que se pueden fabricar piezas, y ya lo estamos utilizando en coches”, explicó Faulks.

El informe de análisis del ciclo de vida del T70S de Lola Cars indicaría que la compañía ha logrado reducir la huella de carbono del vehículo en un 54 % en comparación con uno fabricado con materiales tradicionales. Desde su fabricación hasta su salida de fábrica, la huella de carbono es de tan solo 4,6 toneladas de CO₂e.

Faulks, además, explicó que “tenía en mente la idea de que todo lo digital debía integrarse discretamente en lo analógico. No quería que fuera obviamente digital. Hay algunos elementos que debemos digitalizar, como el control del motor y demás, porque no se pueden pasar las pruebas de emisiones sin ello, pero no quería que resultara obvio. No quería un panel de control lleno de gráficos de barras. Así que lo analizamos y llegamos a la conclusión de que la única forma de lograrlo era mediante un selector electrónico en H. Es decir, un selector en H, pero sin conexión mecánica a la caja de cambios”.

© Lola Cars

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