Bienvenidos al cometa más grande del sistema solar: tiene 137 kilómetros de diámetro
Los confines del espacio profundo ocultaban un secreto monumental que comenzó a desvelarse en octubre de 2014, cuando un equipo científico localizó un misterioso cuerpo celeste situado a una distancia equivalente a la de Neptuno. Aquel objeto hallado en el espacio exterior fue catalogado inicialmente como un planeta menor debido a su tamaño estimado cercano a los cien kilómetros. Sin embargo, las observaciones posteriores revelaron una naturaleza completamente distinta para este gigantesco viajero astronómico.
Aquel objeto registrado como 2014 UN271 mostró en 2021 una coma, la característica envoltura de gas y polvo que rodea a los núcleos cometarios. Este hallazgo confirmó que se trataba del cometa C/2014 UN271 Bernardinelli-Bernstein, un cuerpo helado detectado a una distancia récord del Sol jamás registrada para este tipo de objetos. El Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) participó activamente en las investigaciones que confirmaron la naturaleza única de este coloso espacial.
Características del gigante helado
Las precisas observaciones realizadas desde el radiotelescopio ALMA en Chile han permitido determinar que el núcleo cometario posee un diámetro de unos 137 kilómetros. Esta dimensión consolida al cuerpo como el mayor cometa activo conocido en la historia, duplicando casi la escala del famoso Hale-Bopp. Los astrofísicos destacan que solo lo supera el centauro 95P/Chiron, un cuerpo que comparte rasgos intermedios entre los asteroides y las estructuras cometarias.
La investigación publicada en la revista Astrophysical Journal Letters confirmó la presencia de chorros de monóxido de carbono que emergen de su interior helado. Estas mediciones térmicas captadas por ALMA revelaron datos sobre la masa de polvo a una distancia de 16.6 unidades astronómicas (UA) del Sol. Los científicos analizan esta temprana actividad molecular para comprender mejor los elementos primordiales que dieron origen a nuestro sistema solar hace 4.600 millones de años.
Origen y reflectividad de la superficie
La trayectoria calculada sitúa la procedencia del coloso en la remota nube de Oort, la gigantesca estructura esférica que envuelve nuestro entorno planetario. El análisis de la superficie indica que cuenta con un albedo extremadamente bajo, cercano al 5.3%, lo que hace a su corteza muy oscura. Las observaciones científicas señalan que su reflectividad es solo un poco superior a la del carbón vegetal, presentando un aspecto exterior similar al de otros núcleos cometarios.
El comportamiento de este cuerpo resulta inusual porque comenzó su actividad cometaria a una distancia aproximada de 35 UA del astro central. Los datos indican que desarrolló su envoltura de gas cinco unidades astronómicas más allá del planeta Neptuno, en zonas sumamente frías. Este fenómeno muestra que la sublimación temprana está impulsada por hielos supervolátiles, convirtiendo al cuerpo en el arquetipo representativo de los cometas lejanos que orbitan a enormes distancias.
Trayectoria y aproximación al Sol
El perihelio o máximo acercamiento a nuestra estrella se producirá en el año 2031, momento en que se ubicará a unas once unidades astronómicas del Sol. El cometa no llegará a cruzar la órbita del planeta Saturno, por lo que nunca atravesará las regiones más internas del sistema planetario. De este modo, mantendrá una trayectoria distante que protegerá gran parte de su estructura original frente a la radiación solar directa.
Los estudios dinámicos de su órbita revelan que en el pasado rozó una distancia mínima situable entre las 17 y 21 unidades astronómicas solares. Debido a que jamás ha visitado regiones más cálidas desde su expulsión original de la nube de Oort, se considera uno de los objetos más prístinos conservados.

© NRAO/Melissa Weiss


















