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La realidad del 'peticidio': la cara oculta de algunos casos de suicidio

 con (a manos de) la persona que se suicida. terminan siendo asesinadas también se ven afectadas... tanto, que muchas mascotas por ello. Y no solo eso. Las de su círculo que se ven afectadasaproximadamente 135 personas. Además, esta forma de morir tiene un efecto dominó: por cada persona que muere, hay muchas más lo intentan mueren por suicidio cada año. Y por cada persona que se quita la vida, 720.000 personas (OMS), más de Según la Organización Mundial de la Salud

Un hecho apenas explorado en la literatura

La combinación de suicidio y muerte de la mascota apenas se ha explorado en la literatura forense. Pero no es infrecuente. De hecho, se remonta al antiguo Egipto, y también se han encontrado animales momificados enterrados con restos humanos en América del Sur y Central, así como en Nepal. Actualmente, las mascotas son jurídicamente consideradas miembros de la familia en la mayoría de las culturas (en España, desde 2022) y la importancia de este acto no puede pasarse por alto.

Son circunstancias usualmente atravesadas por la emotividad. Sucesos cuyo objetivo suele ser una "eutanasia forzada", dada la inminente desaparición de la persona cuidadora y la pronta carencia de ese hogar conocido y habitual para la mascota. En muchos casos, el método para terminar con su vida es el mismo que ha utilizado quien se ha suicidado. Pero investigar estos casos es complejo. ¿Cómo analizar las circunstancias sin "retraumatizar" a las personas afectadas por esas muertes?

Es más, hay situaciones mucho más aberrantes. Casi inefables por su terror. Crímenes en los que una persona, habitualmente un hombre, perpetra el asesinato de su familia, e incluye en los hechos a las mascotas, antes de finalmente acabar con su propia vida. Son escenarios desconcertantes y extremos donde la psiquiatría y la psicología pueden tratar de comprender mejor la relación con los animales de compañía y las decisiones relacionadas con la muerte. 

Casos documentados de suicidio y muerte de la mascota

 (2022) identificó informe más reciente sobre estas desconcertantes historias. El pocos documentos profesionales y sistemáticosExisten 61 noticias publicadas entre 2010 y 2020 en seis países distintos (EE.UU., Reino Unido, Australia, India, Canadá y Tailandia). Este documento reporta un total de 106 muertes de animales no humanos, principalmente perros, pero también gatos, conejos y otras especies. Estos resultados complementan otros informes previos.

El horror no está solamente en la muerte, sino en la decisión de convertir otras vidas en algo prescindible

. Y no son solo animales de compañía. Uhabía matado a su perro también por intoxicación se quitó la vida por intoxicación aguda de drogas lícitas adyuvada por autoestrangulación; previamente Otra mujer y lo mató con ella. había introducido también allí a su perro dentro de su coche; inhalando monóxido de carbono de una mujer que se suicidó se encuentra el casoEntre esas historias, n granjero de 59 años mató a 51 vacas lecheras de las 100 que poseía y luego se suicidó.

Por otro lado, ni la imaginación soporta el horror cuando golpea la crueldad de la violencia machista. Se sabe de tres hombres, en Nueva Jersey, Massachusetts e Idaho, que asesinaron por disparos a sus esposas, también a sus mascotas y luego se suicidaron. , un hombre se suicidó y mató a su hija de 6 años y a su perro por inhalación de monóxido de carbono en una furgoneta. En FloridaEn Inglaterra, un hombre disparó a su esposa, a su hija de 15 años y a sus perros y caballos antes de suicidarse. , otro hombre usó una pistola de clavos para asesinar a su esposa, sus dos perros y, después, suicidarse. en Alemania, un hombre asesinó a su esposa y a dos gatos antes de suicidarse. Y En suiza

La propuesta de llamarlo "peticidio"

Sobre el asesinato de seres humanos, existen conceptos como h (asesinar a otra persona y luego suicidarse), omicidio-suicidio (asesinar a la familia y luego suicidarse). familicidio-suicidio (asesinar a los/las descendientes y luego suicidarse) y filicidio-suicidio. De hecho, si se usaran con animales no humanos, no capturarían adecuadamente las particularidades de estos actos.víctimas humanas de muertes diádicasSin embargo, estos términos solo se aplican con 

¿Qué clase de sociedad hemos construido si necesitamos leyes para recordarnos que la vida de otros seres no nos pertenece?

.muerte causada de forma innecesaria y cruel. Así, se evita usar directamente conceptos humanos a la vez que se conceptualiza semánticamente como una homicidio (homicide) y de mascota (pet)", la unión de peticide", en inglés "peticidio es "término actualmente propuesto". Pero resulta contradictorio: quitarse la vida intencionalmente no puede lógicamente extenderse a otros seres. Por ello, el suicidio extendidoPara evitar el antropomorfismo, se ha utilizado "

«Obra como si la máxima de tu acción debiera convertirse por tu voluntad en ley universal de la naturaleza». Inmanuel Kant.

sobre si ese vínculo puede afectar la ideación suicida y de qué manera. poca información disponible. Pero hay vínculo entre humanos y animales de compañía destacan los beneficios potenciales del Muchas investigacionesEn general, este es un área compleja que requiere más investigación para comprender plenamente el papel de las mascotas en estos actos. El suicidio es triste, pero el "peticidio" (y, por supuesto, el homicidio) es una atrocidad injusta. 

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Caminar más rápido se asocia con una mayor inteligencia

Caminar nos parece una actividad muy sencilla. No necesitamos pensar conscientemente en cada paso ni recordar cómo hacerlo. Esto sucede porque ya lo practicamos en nuestra infancia y lo almacenamos en la memoria procedimental. Pero caminar es una extraordinaria proeza neurológica: requiere coordinar los sistemas musculoesquelético, nervioso central y periférico, la visión, la capacidad aeróbica, la aptitud cardiorrespiratoria y la producción y el suministro de energía. 

Para la evaluación geriátrica integral, la velocidad de la marcha es una medida importante: caminar lento . Uexiste una contraparte. Se asocia con una peor respuesta a la rehabilitación, enfermedades cardiovasculares, demencia y mayor mortalidad prematura. Afortunadamente, es un signo de envejecimienton estudio longitudinal ha encontrado que quienes caminan más rápido presentan mejor rendimiento cognitivo y varios indicadores de una mejor salud cerebral.

Una carrera de cinco décadas

Para llegar a esta conclusión, el estudio ha analizado a 904 participantes del Dunedin Multidisciplinary Health and Development Study, una investigación que ha seguido durante 5 décadas a una cohorte nacida en Nueva Zelanda. Al cumplir 45 años, valoraron sus capacidades cognitivas, escanearon sus cerebros y analizaron la velocidad caminando normalmente, mientras realizaban simultáneamente una tarea mental y a marcha máxima. Además disponían de algo excepcional: información sobre su funcionamiento cognitivo desde los 3 años.

El ritmo de envejecimiento se midió para cada participante con evaluaciones repetidas de 19 biomarcadores tomadas a los 26, 32, 38 y 45 años

Los resultados fueron sorprendentes. . marcha lenta a los 45 años se asociaron con una mala salud cerebral a los 3 añosLos indicios de Las personas que caminaban más despacio presentaban mayor número de limitaciones físicas, menor fuerza de agarre, peor equilibrio y peor coordinación visomotora. Y la neuroimagen reveló, además, un menor volumen cerebral, menor grosor y superficie cortical y mayor cantidad de hiperintensidades de la sustancia blanca.

¿La senda que conduce a la inteligencia?

Pero había algo todavía más llamativo con relación a la inteligencia y al cociente intelectual (CI), el cual obtuvieron con la Escala de Inteligencia para Adultos de Wechsler-IV: las personas con un CI más bajo a los 45 años tenían una marcha más lenta (había una diferencia media de 16 puntos en el CI). Es más, el deterioro cognitivo de estas personas : velocidad de procesamiento,evidente en múltiples dominios neuropsicológicosfue, además,  memoria de trabajo, razonamiento perceptivo y comprensión verbal.

Otras conclusiones fascinantes se relacionan con aquellos datos obtenidos cuatro décadas atrás. Presentar un peor funcionamiento cognitivo a los 3 años se relaciona significativamente con caminar más despacio a los 45 años. También, quienes experimentaron un mayor descenso de sus capacidades cognitivas desde la infancia hasta la edad adulta presentaban una marcha más lenta. Esto es, la relación entre cerebro y movimiento podría tener raíces más tempranas de lo que imaginábamos.

Pero estos resultados deben entenderse con cautela. No debe interpretarse que comenzar a caminar más rápido nos convertirá en personas más inteligentes. El estudio no demuestra una relación causal, sino una asociación. Lo que sí parece mostrar es que la velocidad con la que nos desplazamos puede funcionar como un indicador sencillo de algo mucho más complejo: el estado conjunto de nuestros sistemas físico, neurológico y cognitivo.

Un nuevo paso hacia la comprensión del envejecimiento

Estos hallazgos exigen repensar la velocidad de la marcha. Pasar de verlo como un índice geriátrico de declive funcional a un índice del papel del funcionamiento neurocognitivo a lo largo de la vida en los procesos de envejecimiento. Es decir, la asociación entre la velocidad de la marcha y la función física es evidente a mediana edad, no solo entre las personas mayores. Por tanto, podría ser más fácil prevenir el daño asociado al envejecimiento que revertirlo.

Estas interpretaciones invitan a reconsiderar la velocidad al caminar no solo como una cuestión motora, sino como una medida integral de la salud, ya que nuestro modo de pasear por el mundo conserva huellas del estado cerebral. Como defendía el filósofo francés Merleau-Ponty, no somos una mente que simplemente posee un cuerpo, sino que existimos y nos expresamos a través de él. Y, a veces, basta con andar para que el cuerpo hable por las neuronas.

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El tipo de síndrome de Down heredable sin trisomía cromosómica

El síndrome de Down fue descrito por primera vez como entidad clínica por el médico británico John Langdon Down en 1866. Casi 100 años después, el médico y profesor francés Jérôme Lejeune, junto a la investigadora Marthe Gautier y al investigador Raymond Turpin, descubrieron en 1959 que las células de las personas que compartían ese mismo fenotipo (los rasgos visibles) presentaban un cromosoma extra.

En concreto, presentaban por triplicado el autosoma humano más pequeño, el cromosoma 21. Debido a ello, el síndrome de Down también se nombra como trisomía del 21 (a veces, incluso, se le colocan apellidos, como trisomía del 21 “libre”, “completa” o “primaria”). Gracias a su trabajo, Lejeune, Gautier y Turpinprimeras personas en establecer  entraron en la historia por ser las un vínculo entre la discapacidad intelectual y una anomalía cromosómica.

Desde entonces, los estudios han indicado que el síndrome de Down es la causa genética más común de discapacidad intelectual y del desarrollo, una condición que afecta a personas de todos los grupos étnicos y ancestrales sin distinción (originalmente, Lejeune y su equipo asociaron los rasgos faciales del síndrome con las personas de Mongolia, surgiendo así el término mongolismo). Eso sí, la prevalencia por nacimientos es diferente entre países como resultado de variables socioculturales y económicas: entre 1 de 700 y 1 de 1000.

Sin embargo, el descubrimiento que puede resultar más sorprendente es que la trisomía del 21 no es la única forma de presentar síndrome de Down; esta representa alrededor del 95% de los casos. Es decir, que existen formas genéticas menos usuales de vivir con dicha condición. En concreto, son dos. Una es por mosaicismo. La otra, quizás más peculiar, se adquiere por translocación y es la única forma de síndrome de Down que se puede adquirir por herencia. 

Del saltamontes al ser humano

Una translocación es una anomalía en la estructura de los cromosomas que se produce cuando un fragmento de cromosoma se rompe y se fusiona con otro cromosoma distinto (no homólogo). En esta línea de investigación, el doctor americano W. Rees B. Robertson describió en 1916 una peculiar forma de traslocación en la que se fusionaban dos cromosomas. El objeto de su investigación fueron los saltamontes, pero posteriormente se documentó en muchas más especies. A esta anomalía se le conoce como translocación robertsoniana.

La translocación robertsoniana representa el principal mecanismo de evolución cromosómica en mamíferos

Esta particularidad ocurre mayoritariamente entre cromosomas que poseen el centrómero muy cercano a uno de sus extremos; ambos quedarían fusionados (pegados) por ese lugar. Estos son los denominados cromosomas acrocéntricos, los pares 13, 14, 15, 21 y 22. Por ejemplo, la fusión de un cromosoma 14 con el cromosoma 21 (solo se unen sus brazos largos) produce un rob(14;21). , rob(13;14) y rob(14;21) se clasifican como “comunes” y las 8 combinaciones no homólogas restantes se clasifican como raras.Según la prevalencia

De esta manera, si el brazo largo de un cromosoma del par 21 se fusiona con el brazo largo de cualquiera de los otros cromosomas acrocéntricos (normalmente el 14), acabarían formando un único cromosoma (los genes de los brazos cortos, los cuales se pierden, no son esenciales). La longitud del cromosoma resultante será mayor, la correspondiente a la suma de ambos brazos largos. Y contendrá información genética que, de manera habitual, estaría repartida en dos cromosomas separados. 

Casos "translocados" de síndrome de down

Si en el proceso que da origen a las células germinales (supongamos que es un espermatozoide) se produce el fenómeno de translocación antes descrito entre el cromosoma 21 y el 14, este espermatozoide contendrá un cromosoma menos (22 cromosomas, pero prácticamente el mismo material genético). Al unirse al óvulo (que supongamos que no tiene ninguna alteración estructural y cuenta con 23 cromosomas "libres"), el feto resultante contendrá 45 cromosomas. Entre ellos, un "gran cromosoma" 14+21 del espermatozoide junto a uno 14 libre y uno 21 libre del óvulo. Esta modificación se denomina «translocación equilibrada» y el desarrollo será clínicamente normal.

Las personas portadoras de translocaciones equilibradas tienen mayores riesgos de infertilidad, aborto espontáneo y descendencia desequilibrada

Ahora bien, si la persona resultante decide tener descendencia, habrá posibilidades de transmitir ese "gran cromosoma" 14+21 (como si fuera el cromosoma 14) junto al cromosoma 21 libre. En total, transmitiría 23 cromosomas. Si esto ocurre, y es esta célula germinal la que se une con la célula germinal del otro sexo (que supongamos que tampoco tiene ninguna alteración estructural y cuenta con 23 cromosomas libres), el resultado ahora es un feto con 46 cromosomas, pero con el material genético del cromosoma 21 por triplicado. Es decir, tendría síndrome de Down por translocación robertsoniana. 

Pero esto no es todo. Otro caso que también puede ser heredado, aunque se presenta con menos frecuencia, se produce cuando uno de los dos cromosomas 21 se fusiona consigo mismo durante la replicación. Por otro lado, también existen casos de síndrome de Down por translocación robertsoniana de novo, es decir, que no han sido heredados, sino adquiridos por mutación estructural propia. Finalmente, también se puede presentar síndrome de Down con trisomía del 21 pero contando con 46 cromosomas; en esta ocasión, es porque existe translocación robertsoniana entre, por ejemplo, un cromosoma 13 y uno 14.

La ética de la genética

Cada avance en genética amplía nuestra capacidad para comprender la herencia y ofrecer un asesoramiento adecuado a las familias. Como defiende el filósofo Hans Jonas, todo nuevo conocimiento conlleva una mayor responsabilidad; en este caso, permite tomar decisiones reproductivas más informadas. También, como argumenta la filósofa Martha Nussbaum, el valor de una vida nunca depende de su constitución biológica ni de sus capacidades, sino de su dignidad intrínseca. La genética explica cómo se transmite una condición, nunca determina el «valor» de quienes viven con ella.

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