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Matilda Knowles, una destacada botánica en las costas de Irlanda

Matilda Knowles.

El 31 de enero de 1864 nació Matilda Cullen Knowles, considerada la fundadora de los estudios modernos sobre los líquenes en Irlanda. La comunidad especializada ha calificado su obra como «una importante contribución de referencia a la botánica criptogámica de Irlanda y de la Europa oceánica occidental». Recordemos que se llama criptógamas a las plantas sin flores.

La página web Ask About Ireland señala que Matilda Knowles nació en un pueblo cercano a Ballymena, perteneciente a Irlanda del Norte. Su padre, William James Knowles (1832-1927), aficionado a la botánica y a la arqueología estimuló el interés de su hija por la historia natural; asimismo, la introdujo en las reuniones y excursiones organizadas por el club de campo Belfast Naturalists’ Field Club, creado en 1863. Sus miembros constituían una ecléctica mezcla de aficionados y profesionales interesados por las ciencias naturales y, según podemos leer en Wikipedia, este club ha sido una parte importante del sistema educativo para los naturalistas británicos.

Nacimiento de una sólida amistad

En 1895, Matilda Knowles conoció a la acreditada botánica de campo Mary Leebody (1847-1911), amiga personal del respetado naturalista y escritor irlandés, Robert Lloyd Praeger (1865-1953), y activa socia del Belfast Naturalists’s Field Club. Dado que compartían numerosos intereses, optaron por trabajar juntas elaborando el primer suplemento (1895) del exitoso libro de Samuel Stewart y Thomas H. Corey, titulado Flora of the North-east of Ireland (1888); esta obra, editada por el Belfast Naturalists’ Field Club se convertiría en un libro de texto estándar desde su publicación.

Inicialmente, los trabajos de Matilda Knowles se centraron en las plantas con flores. El primero de ellos, dedicado al condado de Tyrone, se publicó en 1897 e incluía más de 500 especímenes. Con posterioridad, en 1901, se incorporaron a la prestigiosa revista Irish Topographical Botany, dirigida por Robert L. Praeger, hoy considerada un referente en la historia de la botánica irlandesa.

Mediada la década de 1890, Matilda y su hermana Catherine se trasladaron a Dublín y asistieron a clases de ciencias naturales en el Royal College of Science for Ireland, una destacada institución abierta desde 1865 con la particularidad de admitir en aquellas fechas a mujeres en igualdad con los hombres. Aquí, Matilda Knowles cursó sus estudios entre 1896 y 1900, tal como se describe en la afamada revista Irish Naturalists’ Journal, cuyo prestigio es debido a que cubre todos los aspectos de la historia natural de Irlanda a partir de su primera publicación en 1925.

Un excelente desarrollo profesional

En junio de 1902, Matilda Knowles se incorporó a la Sección de Botánica del Museo de las Ciencias y las Artes. Se trata de un conocido museo fundado en 1877 y abierto al público en 1890; en 1921 recibió al nombre actual de National Museum of Ireland.

La científica trabajó en estrecha colaboración con el profesor Thomas Johnson (1863-1954) en la organización del Herbario de la Nación, perteneciente al mencionado museo. Cinco años más tarde, en abril de 1907, Matilda Knowles fue contratada como Asistente Temporal, un empleo que mantuvo a lo largo de toda su vida. Tuvo a su cargo la tarea de adquirir, identificar y reunir miles de especímenes de Irlanda y del resto del mundo.

Además de su labor museística, fue coautora junto a Johnson, de un valioso listado de las plantas con flores y los helechos de Irlanda (Hand List of Irish Flowering Plants and Ferns) publicado en 1910, tal como apunta la citada página Ask About Ireland.

Cuando en 1923 el profesor Johnson se retiró, Knowles accedió al puesto de conservadora, estableciendo una estrecha colaboración con la farmacéutica inglesa Margaret Buchanan (1865-1940), fundadora de la National Association of Women Pharmacists. A partir de esas fechas, Knowles aumentó aún más sus esfuerzos por conseguir, identificar y reunir el mayor número posible de especímenes vegetales tanto de Irlanda como del resto del mundo.

Los conocimientos técnicos de esta activa botánica, junto al meticuloso y delicado trabajo que realizó durante el tiempo en que gestionó el herbario, han quedado reflejados, apunta el Irish Naturalists’ Journal, en las excelentes condiciones en que se encuentra hoy el material por ella conservado. Ciertamente, el herbario es testigo de su dedicación, y la presencia de una placa recordatoria colocada en su recuerdo es un claro testimonio de reconocimiento.

Un amplio proyecto en una pequeña isla

A comienzos del siglo XX, un destacado grupo de científicos irlandeses y extranjeros organizaron un importante proyecto de investigación llamado Clare Island Survey. Consistía en un ambicioso estudio multidisciplinar sobre una pequeña isla situada en la costa oeste de Irlanda, Clare Island.  La parte más importante de esta investigación estaba dedicada a zoología y botánica sistemáticas, aunque también se ponía especial atención en cuestiones como la distribución geográfica de plantas y animales, la ecología o la meteorología. Los resultados de este magno  proyecto fueron publicados en 68 partes entre 1911 y 1915 por la Real Academia Irlandesa (Royal Irish Academy).

Clare Island. Wikimedia Commons.

Colaboración con una destacada liquenóloga

Entre 1909 y 1910, Matilde Knowles participó en los trabajos de Clare Island como colaboradora de Annie Lorraine Smith (1854-1937), a instancias del citado botánico Robert L. Praeger. Tengamos presente que Annie L. Smith era en aquellos momentos la más importante especialista en líquenes británica; acerca de esta notable experta podemos leer una entrada en Mujeres con ciencia.

El trabajo junto a Smith despertó en Knowles un gran interés por profundizar en el estudio de los líquenes. Con notable presteza se dedicó a buscarlos, recogerlos, describirlos y clasificarlos, demostrando ser una diligente recolectora, una actividad que en aquellos momentos era nueva en Irlanda.

Gracias en gran parte a la positiva influencia de Annie Smith, la botánica irlandesa se involucró casi por completo en el estudio de los líquenes, que paulatinamente fueron generando en ella un creciente entusiasmo, lo que terminaría por establecer los cimientos para su posterior especialidad. Ciertamente, a partir de 1908, describe Ask About Ireland, estos pequeños organismos se convirtieron en el principal material de trabajo durante el resto de la carrera de Matilda Knowles.

Productivos trabajos con líquenes

El primer artículo importante de la científica sobre el tema fue un minucioso estudio sobre los líquenes de Howth Head, un bello cabo situado al noreste de la bahía de Dublin; se trata de un artículo publicado en 1913 por la Royal Dublin Society bajo el título The Maritime and Marine Lichens of Howth.

En dicha publicación, Matilda Knowlex manifestaba haber descubierto que los líquenes de la costa crecen en distintas zonas, llamadas tidal zones (zonas de marea), según su disposición con respecto a la marea; esto es, en relación al área que está por encima del nivel del agua cuando la marea está baja, y por debajo cuando la marea está alta; según esta distribución, los líquenes adquieren distintos colores. La escritora científica irlandesa Mary Mulvihill (1959-2015) ha destacado al respecto que Kowles «fue la primera persona en reconocer que, en la costa, los líquenes crecen en bandas o zonas distintas según fuera la marea».

En los años siguientes, y por petición de Robert L. Praeger y de la Royal Irish Academy, nuestra protagonista se dedicó a preparar una monografía sobre la sistemática de los líquenes de Irlanda. Finalmente, su trabajo quedó plasmado en un valioso libro de 255 páginas titulado The Lichens of Ireland, que salió a la luz en 1929.

La obra, que Knowles dirigió con gran eficiencia, se llevó a cabo con la colaboración de treinta naturalistas profesionales y aficionados, quienes consiguieron registrar la distribución de unas 800 especies, de las cuales alrededor de veinte eran nuevas para Irlanda. La perspicaz botánica tuvo el mérito de describir varias especies por primera vez; recordemos que para una bióloga o biólogo dar el nombre a un nuevo organismo es uno de los logros más valorados.

Volviendo al citado libro, hay que añadir que este texto representa el legado intelectual más notable de Matilda Knowles, pues hoy se considera, según afirma la página Ask About Ireland, «una de las piezas de trabajo de más calidad nunca realizada antes en ninguna sección de la flora irlandesa».

Según ha señalado al respecto la escritora Mary Mulvigil, el libro de Knowles fue un estudio pionero que se convirtió en un clásico para la literatura botánica irlandesa, precisando que «se trata de un gran trabajo ya que los líquenes suelen pasar desapercibidos (para el público en general), y sus detalles son a menudo microscópicos, lo cual demuestra que Knowles fue claramente una naturalista hábil con mucho talento».

Una inagotable actividad especializada

Además de su obra magna, entre 1897 y 1933, subraya la página Ask About Ireland, «Matilda publicó más de 30 artículos científicos sobre un amplio rango de materias sobre botánica». De hecho, debido a su profundo conocimiento sobre los temas relacionados con la botánica sistemática, Knowles tuvo gran influencia en esta especialidad. Mientras fue conservadora del Museo Nacional, un número elevado de personas locales y procedentes de distintas partes del mundo, tanto especialistas como aficionados, acudió a ver y a consultar el herbario del centro; conjuntamente, la científica mantuvo una intensa correspondencia con diversos expertos y expertas e intercambió cuantiosos especímenes con otras instituciones.

Haciendo referencia a cómo Knowles enriqueció el herbario del museo, Mulvihill ha relatado que «entre quienes donaron especímenes se encuentra Roger Casement, [un afamado diplomático irlandés] quien trajo diversas plantas procedentes del Congo en 1904. Casement conocía a la científica desde que eran niños: tenían la misma edad, nacidos en 1864, y crecieron en Ballymena donde Knowles había venido al mundo y donde Casement fue a la escuela. Las plantas que el diplomático donó aún se encuentran en el herbario con las etiquetas descriptivas que Knowles redactó».

Acerca de la personalidad de la botánica, Mulvihil ha anotado que «en persona Matilda era decidida e independiente, nunca se mostró dispuesta a soportar tonterías o frivolidades. En sus últimos años sufrió sordera y se ayudaba de una trompetilla, usándola para cortar discusiones colocándola con firmeza sobre su escritorio».

Pese a la gran tarea realiza por Matilda Knowles en el herbario del Museo Nacional, no recibió claramente el reconocimiento que merecía (¡cuántas veces en la historia!). Hubo que esperar hasta octubre de 2014 para que la científica fuese reconocida con una placa conmemorativa. Se trata de un recordatorio donado por el Irish National Committee for Science and Engineering para conmemorar los 150 años desde su nacimiento.

Placa en honor de Matilda Knowles en el National Botanic Gardens de Irlanda. Wikimedia Commons.

Con respecto a los memorándums, Mary Mulvihill ha ironizado que «el problema con las placas conmemorativas es que la persona tiene que estar muerta para que le otorguen una. Alguien que mereció este honor durante su vida fue Matilda Knowles».

El 27 de abril de 1933, Matilda Knowles fallecía en Dublín como consecuencia de una neumonía; fue enterrada en el cementerio de la misma ciudad, donde hoy su tumba está poblada de líquenes, hongos y otras plantas nativas de Irlanda. En su recuerdo, dos especies de líquenes llevan su nombre: Lecidia matildae y Verrucaria knowlesiae.

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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Angela Hartley Brodie: pionera contra el cáncer de mama

El cáncer de mama. Por desgracia a todas nos ha tocado más o menos cerca. Una madre, una tía, una amiga… incluso nosotras mismas lo hemos podido padecer. Se ha llevado a muchas, pero gracias a científicas como Angela Harley Brodie, cada día son menos.

Angela Hartley Brodie. University of Maryland.
Esta bioquímica también lo tuvo cerca y se empeñó en buscar un tratamiento. Uno distinto a lo que se había planteado hasta entonces. Uno que no requería únicamente extirpar. Uno basado en la inhibición de la aromatasa, una enzima responsable de la síntesis de estrógeno, el que induce en cáncer estrogénico, el tipo más común de cáncer de mama en mujeres postmenopáusicas. Y lo consiguió. El primer tratamiento específico contra este tipo de cáncer. Según algunos expertos, uno de los mayores avances obtenidos hasta la fecha contra esta enfermedad.

Angela Hartley Brodie nació en Oldham, Inglaterra, el 28 de septiembre de 1934. Era hija de un ama de casa culta, inteligente y educada que le enseñó a no dejarse amedrentar, y de un químico orgánico que la animó a dedicarse a la ciencia en una época en la que no solía ser habitual alentar a las mujeres a dedicarse a cosas que no fueran su familia… Gracias al apoyo recibido en casa, se graduó en Bioquímica por la Universidad de Sheffield en 1956 y obtuvo su Máster en 1959.

En busca de un inhibidor

Estuvo trabajando en un banco de sangre antes de obtener un puesto de asistente de investigación del bioquímico Raymond Clayton en el Departamento de Investigación Hormonal del Hospital Christie de Manchester. Allí trabajó en el estudio del cáncer de mama dependiente de hormonas, más concretamente, de estrógeno, pilar fundamental en su trabajo futuro con la aromatasa. Según sus propias palabras:

En aquella época, nadie sabía nada sobre los receptores de estrógeno y su efecto en el cáncer. El tratamiento estándar consistía en la ovariectomía, la adrenalectomía y la hipofisectomía. Me parecía que tenía que haber una forma mejor de hacerlo.

Otros miembros del Christie Hospital compartían esa misma opinión. De hecho, fue una estrecha colaboradora suya allí, la oncóloga Moya Cole, quien más tarde llevó a cabo los primeros ensayos clínicos con tamoxifeno, un fármaco que bloquea los receptores de estrógeno presentes en los tumores y que también se aplicó en el tratamiento del cáncer de mama.

Obtuvo su doctorado en Patología Química por la Universidad de Manchester en 1961 gracias a un trabajo centrado en otra hormona, la aldosterona. Fue este trabajo el que le permitió mudarse a Estados Unidos en 1962, gracias a una beca de formación postdoctotal patrocinada por el National Institute of Health en el Worcester Foundation for Experimental Biology, una entidad de investigación bioquímica sin ánimo de lucro situada en Shrewsbury, Massachusetts. Allí, algunos investigadores estaban trabajando en el uso de la aldosterona como método anticonceptivo oral y fertilización in vitro. Dos de aquellos investigadores marcaron la vida de Angela; el químico orgánico Harry Brodie, que además de su colega acabaría siendo su marido, y la bioquímica Mika Hayano, compañera de laboratorio que falleció de cáncer de mama con tan solo 44 años. El cáncer se asomo cerca de ella. Después de estar un año fuera del laboratorio debido al nacimiento de su primer hijo, Angela volvió al equipo de Harry con la firme intención de investigar sobre la aromatasa, una enzima crucial en la biosíntesis de estrógeno, hormona que alimenta el crecimiento de células cancerosas. Buscaba un inhibidor, algo que bajara los niveles de estrógeno del cuerpo y que frenara el avance del cáncer. Algo que ayudara a salvar vidas como la de Mika. En aquel periodo, desarrollaron varios inhibidores esteroideos de la aromatasa, y uno en especial, el 4-hidroxiandrostenediona (4-OHA), resultó ser particularmente efectivo. Ya había candidato.

La lucha por los ensayos clínicos

Angela Hartley Brodie. University of Maryland.

Con la intención de llevar a cabo ensayos clínicos con su inhibidor y animada por Cornelia Channing, una reputada profesora de Fisiología, Angela se fue a la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland en 1979. Desafortunadamente se encontró con dos malas noticias; la primera era que la universidad estaba sin director, lo que impidió llevar a cabo los ensayos; la segunda, que la propia Cornelia se estaba sometiendo a una mastectomía el mismo día que Angela llegó al campus. Otra vez la enfermedad rondaba cerca.

Con los ensayos clínicos como objetivo, y ya como profesora de Farmacología y Terapias Experimentales e investigadora en el University of Maryland Greenebaum Cancer Center, se dedicó a fabricar su inhibidor en su propio laboratorio y a contactar con compañías farmacéuticas que llevaran a cabo los ensayos. Pero ninguna se interesó. Según sus palabras:

Me puse en contacto con varias empresas farmacéuticas, pero o bien no les impresionó que se hubiera curado el cáncer de mama en ratas, o bien consideraban que el tamoxifeno, era más que suficiente.

Fue en 1980, en una conferencia en Roma, cuando finalmente se abrió la puerta a los ensayos clínicos con el 4-OHA. Y es que allí conoció al oncólogo británico Charles Coombes, médico en el Royal Marsden Hospital de Londres. Un kilo de 4-OHA fue enviado al hospital y administrado a once mujeres con cáncer de mama en estadio avanzado. Cuatro de ellas mostraron una mejora inmediata en su diagnostico, con una reducción del tamaño de los tumores de en torno al 50 %, y una quinta vio como su tumor se estabilizó. Según las propias palabras de Hartley:

Teníamos una fotografía de una mujer cuyo tumor le había erosionado una costilla, pero tras cinco meses tomando el inhibidor de la aromatasa, el hueso se había curado. Antes de eso, había sido muy difícil conseguir que las empresas farmacéuticas se interesaran por seguir desarrollando el compuesto, pero una vez que vieron los datos clínicos, logramos que Ciba-Geigy (ahora Novartis) se interesara en ampliar los ensayos y hacerse cargo del compuesto.

Así, el primer inhibidor de la aromatasa, el formestano, se comercializó en 1994. De aquel 4-OHA inicial se desarrollaron otros tratamientos. De hecho, en la actualidad existen tres inhibidores de la aromatasa para el tratamiento del cáncer de mama y todo gracias al trabajo pionero de Hartley.

Angela fue la primera mujer en ganar el prestigioso Kettering Prize en 2005 y en 2023 pasó a formar parte del National Inventors Hall of Fame junto con otras grandes científicas como Katalin Karikó o Emmanuelle Charpentier, ente otras. Murió el 7 de junio de 2017 a la edad de 82 años.

Referencias

Sobre la autora

Aitziber Lopez es doctora en química e investigadora en el ámbito de las biociencias.

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Tebello Nyokong, química

Tebello Nyokong. TWAS.

La química Tebello Nyokong (1951) cumple hoy años.

Es reconocida por su investigación en nanotecnología , así como por su trabajo en terapia fotodinámica, un método alternativo de tratamiento del cáncer a la quimioterapia. Su investigación pionera en esta última está allanando el camino hacia una detección y un tratamiento del cáncer más seguros, sin los efectos secundarios debilitantes de la quimioterapia.

Su grupo de investigación colabora en el desarrollo de nanofármacos multifuncionales para diagnóstico y terapia mediante la unión química de nanopartículas metálicas, magnéticas o semiconductoras a fotosensibilizadores de ftalocianina fotoactivos.

Más información

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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25 años de sexismo publicitario

Título: Del 2000 al 2025: 25 años de sexismo publicitario
Autor: Pablo Vidal Vanaclocha
Editorial: Diputación Foral de Bizkaia
Páginas: 182
Fecha de publicación: 2026
Depósito legal: LG BI1082-2026

Información editorial

Inspirado en la exposición Sexismo en la publicidad, presentada en 2023 por el Departamento de Empleo, Cohesión Social e Igualdad de la Diputación Foral de Bizkaia, el presente libro se plantea como una prolongación de la misma que, con mayor profundidad, pretende evidenciar cómo esta problemática que preocupa a la sociedad es una realidad omnipresente en la mayoría de los mensajes publicitarios que recibimos. Visitar la muestra y analizar su clasificación de anuncios sexistas, ha facilitado que muchas personas tomen conciencia de la injusticia que genera esta publicidad.

Descargable de manera gratuita en formato pdf aquí.

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Cómo criar hijos que cuestionen la IA

Randi Williams es profesora asistente de investigación en el Human-Computer Interaction Institute (Instituto de Interacción Humano-Computadora) de la Universidad Carnegie Mellon. Obtuvo su doctorado en el MIT Media Lab en el Grupo de Robots Personales en 2023. Trabaja en la intersección de la IA para la educación, la interacción de robots y agentes humanos, y la computación responsable. Es miembro fundadora de Day of AI, que busca democratizar el acceso al conocimiento sobre cómo funciona la IA, sus beneficios y limitaciones potenciales.

En esta conferencia Play@TED (en inglés, con subtítulos en castellano) Randi Williams revela cómo, a medida que las empresas tecnológicas integran la IA en los juguetes, los niños establecen fuertes vínculos emocionales con las máquinas. Explica además qué implica esto para su desarrollo y por qué una solución basada en el juego podría comenzar por enseñar a los niños a romper aquello que tanto quieren.

Existe un peligro real de que los niños dependan demasiado de sus juguetes inteligentes o se encariñen de manera inapropiada con ellos. Dicho esto, si los adultos tomamos algunas decisiones intencionadas, podemos ayudar a los niños a ver la tecnología como lo que realmente es, objetos con los que pueden jugar o incluso programar, en lugar de entidades en las que deberían buscar todas las respuestas.

Transcripción del vídeo.

Edición realizada por Marta Macho Stadler

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Bibiana Vilá: «Trabajamos en coproducciones con los pobladores andinos y en pos de la conservación y la sustentabilidad, además de hacer “buena ciencia”»

Bibiana Vilá es Doctora en Ciencias Biológicas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (1990) y Licenciada en Ciencias Biológicas de la misma Universidad (1985). Realizó estudios posdoctorales en la Wildlife Conservation Research Unit de la Universidad de Oxford, Inglaterra (1990-1993). Actualmente se desempeña como investigadora superior del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) y como Profesora Titular del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Luján. Es Directora del grupo interdisciplinario VICAM (Vicuñas, camélidos y ambiente). Forma parte del nodo de Argentina en la Red Latinoamericana de Mujeres en Ciencia.

Es autora de un centenar de publicaciones entre trabajos científicos internacionales, nacionales y libros de consulta sobre camélidos y educación ambiental.

Entre los numerosos reconocimientos recibidos, los más recientes son el Diploma de Honor del Senado de la Nación Argentina (2020, “En reconocimiento por su valioso compromiso ecofeminista en la defensa de la armonía con la naturaleza; en el marco del homenaje a la figura y legado de Berta Cáceres organizado por la Red de Defensoras del Ambiente y el Buen Vivir”); el Premio Eugenia Sacerdote de Lustig (2022) otorgado por el 6to Foro Nacional Interdisciplinario «Mujer en Ciencia, Tecnología y Sociedad» de la Fundación Balseiro o el primer premio en la Categoría Trayectoria del Premio “Científicas que cuentan” (2023) del Centro Cultural de la Ciencia, junto con el Programa Nacional para la Igualdad en Géneros del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la República Argentina, el Consejo Nacional  de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), el Institut Français d’Argentine y la Embajada de Francia.

Bibiana Vilá. Fotografía proporcionada por la investigadora. Crédito: Yanina Arzamendia.

1. ¿Cuál es tu área de investigación?

Soy Dra. en Biología especialista en camélidos sudamericanos, especialmente las vicuñas (Vicugna vicugna) y algunos aspectos de las llamas (Lama glama). Este trabajo involucra a las comunidades del altiplano andino principalmente a sus mujeres, por lo cual el trabajo tiene aspectos etnobiológicos. Trabajamos desde la transdisciplinariedad, en coproducciones con los pobladores andinos y en pos de la conservación y la sustentabilidad, además de hacer “buena ciencia” para que las decisiones ambientales estén basadas en evidencia.

2. ¿Por qué te dedicas a ella?

Amo la naturaleza, disfruto de estar en desiertos de altura. Me encanta pensar. Los camélidos no son animales aislados, están fuertemente imbricados en una cultura local riquísima que es muy interesante.

Tuve una abuela muy amorosa con quien vivíamos aventuras de verano en las vacaciones en las sierras y que me enseñaba mucho sobre plantas y animales. Tuve unos padres muy de vida en la naturaleza. Desde chica fui muy curiosa e intrépida.

3. ¿Has tenido alguna figura de referencia en tu trayectoria?

Mi abuela Memé y muchos de los profesores de la universidad. Acá en Argentina estamos orgullosas/os de nuestra universidad pública, gratuita, laica y de calidad. Fui muy feliz mientras estudiaba biología en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. Muchos de los profesores y ayudantes de allí fueron guías en la formación.

4. ¿Qué te gustaría descubrir o solucionar en tu campo?

Hemos logrado realizar las primeras capturas y esquilas de vicuñas silvestres (chakus), hemos publicado un manual para la conservación y manejo de las vicuñas y no solo en Argentina, sino que también hemos sido invitados a capacitar en Lauca, Chile.

A pesar del alto valor económico de la fibra de la vicuña, existen numerosas dificultades para que genere el desarrollo sostenido tan ansiado en el altiplano. Muchos de estos problemas tienen que ver con las asimetrías entre las posibilidades de negociación de las comunidades y el mercado suntuario y monopsónico de la fibra de vicuñas. Me gustaría, por lo tanto, poder encontrar mecanismos para sanear este sistema y beneficiar fuertemente a los pobladores locales.

Cada vez más, aumenta la caza furtiva de las vicuñas, ese es un tema que hay que resolver con colaboraciones entre instituciones y fuerzas de seguridad.

Me parece además, que hay que trabajar fuerte en las comunidades escolares locales muy permeables a valores hegemónicos, en la valorización muy fuerte de su patrimonio biocultural.

5. ¿Qué consejo darías a quien quiera adentrarse en el mundo de la investigación?

Me pone súper triste escribir esto, pero la respuesta hoy es “depende de qué lado del planeta vivís”. En Argentina, hoy no hay presupuesto para ciencia ni valorización del saber, todo lo contrario, estamos pasándola horrible. Los sueldos de los jóvenes investigadores están por debajo de la línea de pobreza. Hoy mi consejo es que si se quieren adentrar en el mundo de la investigación, es muy hermoso y vale la pena pero tiene el costo del desarraigo: deben emigrar al norte global, a países con el PIB en ciencia mayor del 1 %, o algunos de Latinoamérica que todavía conserven su dignidad.

En un país con un gobierno que lleva a cabo un proyecto negacionista, cruel, autoritario, desalmado y extractivista, la gente que piensa y desarrolla ciencia y tecnología es algo que no vale (al contrario, estorba) y de lo que hay que deshacerse, la manera más fácil, bajar el presupuesto de ciencia del 0,55 % del PIB al 0,14 %, así nos quedamos sin forma de investigar y con sueldos de miseria.

Hasta hace poco tiempo era muchísimo más optimista y proponía a las y los jóvenes iniciar carreras, de hecho, dirigía tesis de grado y postgrado (y algunas todavía están en etapas de finalización).

Pero más allá de las vicisitudes locales actuales, no me olvido de que la carrera científica es hermosa, desafiante, no es simplemente un modo de ganar el salario sino que es parte identitaria de la propia vida.

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