Os óculos inteligentes da Meta podem parecer relativamente distantes da realidade brasileira no momento, mas já são um fenômeno (e tanto) lá fora, a tal ponto que o atual terceiro aplicativo pago mais baixado na App Store americana tem como proposta detectá-los; refiro-me ao Antizuck Smart Glasses Scanner.
O interessante é que nem mesmo a procedência desconhecida do utilitário foi capaz de conter a curiosidade dos usuários, interessados em descobrir se ele realmente funciona como anunciado.
A promessa do desenvolvedor Albert Pariente Cohen é de que a detecção ocorre por meio de sinais Bluetooth emitidos pelos óculos, sendo compatível com os Meta Glasses, Ray-Ban Meta, Snap Spectacles, Amazon Echo Frames e o RayNeo. Supostamente, o app também é capaz de estimar a proximidade dos óculos em relação ao iPhone/iPad.
Teoricamente, óculos inteligentes como os da Meta contam com um LED 1Light emitting diode, ou diodo emissor de luz. não removível na lateral, que permitiria às pessoas ao redor alguma ciência de que estão sendo gravadas. Já existem no mercado, no entanto, alternativas para coibir o funcionamento desse mecanismo, como tampas de plástico ou adesivos que inibem a visibilidade da luz de gravação. Varejistas como a Amazon ou a própria Meta trabalham para tirar esse tipo de produto de circulação, mas ainda é possível encontrá-los à venda.
A categoria de produtos levanta constantes debates sobre ética, visto que os casos de gravações não consentidas se tornam cada vez mais frequentes. Na semana passada, o diretor do Instagram, Adam Mosseri, declarou que vídeos contendo gravações de assédio com estranhos em lugares públicos — frequentemente gravados com o hardware da Meta — terão como consequência o banimento na rede social:
Se você está postando conteúdo que tira vantagem de pessoas e assedia elas, como muitos desse tipo de vídeo de cantadas que costumamos ver e ouvir falar, então nós vamos derrubar o conteúdo. […] Nós não queremos que pessoas sorrateiramente gravem vídeos de outras pessoas e as assediem e então postem na nossa plataforma. Então nós estamos tentando lutar de todo o jeito que conseguimos.
Una planta puede crecer torcida si recibe poca luz. También puede desarrollar hojas más pequeñas cuando le falta agua o sufrir deformaciones después de una enfermedad. Sin embargo, normalmente ninguna de esas características pasa a la siguiente generación. Otras, en cambio, sí pueden heredarse y aparecer después en los descendientes.
Hoy sabemos que la diferencia está en si el cambio afecta o no al material genético. Pero a comienzos del siglo XX nadie sabía todavía dónde residía exactamente la información hereditaria ni qué podía modificarla. Esa era una de las grandes preguntas de la nueva genética. Emmy Stein dedicó buena parte de su carrera a intentar responderla exponiendo plantas a fuentes de radiación para observar qué cambios sufrían y, sobre todo, cuáles de ellos aparecían también en la siguiente generación.
Emmy Stein nació en Düsseldorf, Alemania, el 21 de junio de 1879. En una época en la que las universidades alemanas apenas comenzaban a admitir mujeres, inició su formación en la Escuela de Horticultura para Mujeres de Berlin-Marienfelde y posteriormente completó los estudios que le permitieron acceder a la Universidad de Jena, donde obtuvo el doctorado en Botánica en 1913.
Antes incluso de doctorarse realizó un viaje científico a las entonces Indias Orientales Neerlandesas, hoy Indonesia, para estudiar la flora tropical del lugar. Tras participar como voluntaria de la Cruz Roja en la Primera Guerra Mundial, en 1919 se incorporó al Instituto Kaiser Wilhelm de Biología donde trabajó junto al genetista Erwin Baur, uno de los principales impulsores de la genética experimental en Alemania.
La genética era entonces una disciplina muy joven. Las leyes de Mendel acababan de consolidarse y los investigadores empezaban a comprender cómo se transmitían muchas características de una especie entre una generación y la siguiente, pero habiendo muchas cosas aún desconocidas. Por ejemplo, seguía sin saberse dónde residía esa herencia, esto es, qué era exactamente aquello que se heredaba ni de qué manera podía eso cambiar y por tanto aparecer características nuevas.
¿Podía la radiación cambiar una planta… y a sus descendientes?
A finales del siglo XIX el descubrimiento del radio había abierto un campo completamente nuevo de investigación. Los físicos sabían que emitía una radiación invisible capaz de atravesar distintos materiales, impresionar placas fotográficas y provocar cambios físicos y químicos sin necesidad de calor ni luz. Sus efectos sobre los organismos vivos, sin embargo, apenas empezaban a explorarse.
Stein decidió utilizar esa nueva herramienta para intentar dar respuesta a esas preguntas fundamentales para la genética que aún no tenían respuesta. Trabajó con plantas del género Antirrhinum, popularmente llamadas bocas de dragón, muy convenientes para esta rama científica ya que muchas de las características hereditarias son visibles a simple vista. Las expuso a radiación y observó cuidadosamente su desarrollo. El objetivo no consistía únicamente en comprobar si las plantas cambiaban por efecto de la radiación, sino si los cambios que se observaban se limitaban a esa planta o si se transmitían también a sus descendientes.
Un resultado correcto pero aún sin explicación
Antirrhinum normal y tres especímenes tras ser sometidos a radiación. Fuente: Untersuchungen über die Radiomorphosen von Antirrhinum.
En 1921 Stein presentó sus resultados ante la Sociedad Alemana de Genética. Las plantas irradiadas desarrollaban características nuevas que permanecían estables y reaparecían cuando se obtenían nuevas generaciones a partir de ellas. Pero para Stein la pregunta decisiva seguía abierta. ¿Qué era exactamente lo que había cambiado dentro de la planta para que esa nueva característica pudiera heredarse?
En la actualidad responderíamos que la radiación había alterado el ADN contenido en el núcleo de algunas células reproductoras y que esa modificación genética pasó después a la descendencia. Sin embargo, en la década de 1920 nadie sabía todavía que el ADN era lo que contenía la herencia genética de los seres vivos (en este caso, de la planta) y por eso ella interpretó inicialmente sus resultados como modificaciones permanentes de las células de la planta, en general, más que como alteraciones del material hereditario en concreto.
Es decir, Stein había observado esos cambios estables y heredables de una generación a otra, pero todavía no sabía, porque no lo sabía nadie por entonces, era qué parte de la célula conservaba y transmitía esa información.
Nuevas interpretaciones para experimentos antiguos
En 1927 Hermann Joseph Muller demostró que los rayos X podían inducir mutaciones hereditarias en la mosca de la fruta (otra especie muy utilizada en el campo de la genética, en este caso porque debido a sus cortos ciclos de vida se pueden observar distintas generaciones en poco tiempo). Aquellos experimentos confirmarían definitivamente que la radiación podía modificar el material biológico responsable de la herencia y abrirían una nueva etapa en la genética experimental.
Las investigaciones de Stein pudieron ser interpretadas entonces bajo otro prisma distinto, uno con mucha más información. Sus observaciones seguían siendo las mismas, pero ahora podían interpretarse dentro de un marco teórico mucho más sólido. En los años siguientes continuó trabajando sobre los efectos biológicos de la radiación y acuñó el término fitocarcinoma para describir determinados crecimientos extraños y en ocasiones malignos provocados experimentalmente en las plantas.
Desarrolló prácticamente toda su carrera en el Instituto Kaiser Wilhelm de Biología, donde también investigó sobre hormonas vegetales e injertos, permaneciendo vinculada a la institución incluso después de su reorganización tras la Segunda Guerra Mundial como parte de la Sociedad Max Planck.
Ute Deichmann, Women and Genetics in Germany: Research and Careers until 1950. En Nürnberg, Reiner; Höxtermann, Ekkehard; Voigt, Martina (eds.). Elisabeth Schiemann 1881–1972: Vom AufBruch der Genetik und der Frauen in den UmBrüchen des 20. Jahrhunderts (2016) 26–53