El cometa del que nacen las Oriónidas: 15 km de largo y 220.000 millones de toneladas de peso
Cada otoño, los entusiastas del cosmos aguardan la llegada de una de las más impresionantes lluvias de estrellas del año. Hablamos, cómo no, de las Oriónidas, que en 2026 se pueden apreciar desde el 2 de octubre hasta el 7 de noviembre y que destacan por su notable rapidez al ingresar en la atmósfera terrestre a unos 66 kilómetros por segundo. Este espectáculo astronómico alcanza una tasa de actividad moderada, pero muy llamativa, registrando habitualmente entre 15 y 70 meteoros por hora a lo largo de sus noches más activas.
Para aquellos que buscan disfrutar de esta lluvia de estrellas desde latitudes cercanas a los 40º norte, el radiante se ubica sobre el horizonte a partir de la medianoche. El pico máximo de mayor intensidad transcurre durante la jornada del 21 de octubre, si bien se pueden apreciar picos secundarios en las noches anteriores y posteriores. El momento más propicio se da en la segunda mitad de la noche, aprovechando que la Luna se oculta hacia las 3:00 horas tras haber cruzado la fase de creciente.
Ahora bien, detrás de este destello nocturno se encuentra una estructura celeste verdaderamente colosal que ejerce como cuerpo progenitor. Las Oriónidas nacen de los fragmentos desprendidos por el legendario cometa Halley, denominado oficialmente como 1P/Halley por la comunidad científica. Este astro helado de 15 km de largo por 8 km de ancho y alto, con una peculiar silueta en forma de cacahuete, va liberando polvo y material a medida que completa su recorrido por el espacio interestelar.
A pesar de su brillo aparente al contemplarse desde nuestro planeta, el núcleo presenta un comportamiento de cuerpo negro con un albedo del 4%, similar al carbón. Su masa alcanza unos 220.000 millones de toneladas (2.2 × 1014 kg) y cuenta con una densidad aproximada de 0.6 g/cm³. Al aproximarse al perihelio, la radiación solar eleva las temperaturas superficiales hasta rozar los 77 °C, desencadenando la sublimación de los hielos y generando una gigantesca coma de gas y polvo que se despliega por millones de kilómetros.
Historia y órbita del cometa Halley
El registro histórico de este objeto se remonta a épocas antiguas, existiendo crónicas documentadas por astrónomos desde al menos el año 239 a. C. Diversos anales realizados por observadores chinos, babilónicos y europeos medievales en 1066 dejaron constancia de sus pasos. Sin embargo, no fue hasta 1705 cuando el astrónomo británico Edmund Halley calculó su órbita periódica de 76 años en promedio, prediciendo su retorno tras verificar coincidencias en los avistamientos de 1531, 1607 y 1682.
La trayectoria de este cuerpo celeste resulta sumamente elíptica, variando desde un perihelio cercano a 0.6 UA hasta un afelio distante de 35.3 UA, en las inmediaciones de Plutón. Adicionalmente, posee una órbita retrógrada con una inclinación de 18° respecto a la eclíptica, desplazándose en sentido opuesto al resto de los planetas. Su núcleo completa una rotación cada 52 horas, liberando emanaciones compuestas principalmente por un 80% de vapor de agua, un 17% de monóxido de carbono y trazas de hidrocarburos.
Exploración espacial del núcleo cometario
La aproximación registrada en 1986 marcó un hito histórico al convertirse en el primer cometa estudiado de cerca por flotillas espaciales. La bautizada como Halley Armada, integrada por sondas internacionales como Giotto, Vega 1 y 2, Suisei, Sakigake e ISEE-3/ICE, obtuvo las primeras imágenes directas de su núcleo. Dichas observaciones revolucionaron la astronomía al confirmar parcialmente la hipótesis del modelo de bola de nieve sucia planteada por Fred Lawrence Whipple.
Estos análisis permitieron comprender que la superficie exterior está cubierta predominantemente por una capa oscura de polvo y material no volátil que retiene el calor. Tras este último paso cercano en el siglo XX, la astronomía moderna ya anticipa el siguiente encuentro con el interior del sistema solar. La próxima reaparición del astro frente a la Tierra está prevista para el año 2061, cuando volverá a ofrecer un espectáculo único observable a simple vista.

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