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Received — 17 September 2026 ⏭ National Geographic España

Comenzó el invierno

17 September 2026 at 08:00

En algunos lugares del mundo el frío ya ha llegado hace varias semanas. Es el caso de las Islas Lofoten, uno de los paisajes más espectaculares de Noruega, ubicado por encima del Círculo Polar Ártico.  Las cabañas rojas, conocidas como rubuer, están ubicadas en los pequeños pueblos de pescadores que tienen unas de las mejores vistas del mundo. Montañas, auroras boreales y naturaleza salvaje son algunos de los atractivos de un rincón del mundo que invita al aislamiento y a disfrutar de la belleza.

© iStock

Alejandro Rivera, ingeniero aeroespacial: "Newton no estaba equivocado, estaba incompleto"

17 September 2026 at 07:00

Durante más de un siglo, la física ha ido ampliando los límites de aquello que creemos comprender del universo. Y, sin embargo, cuanto más precisa se vuelven nuestros datos y nuestros ojos espaciales, más evidente resulta todo lo que todavía ignoramos. La materia oscura, que no emite ni refleja luz y cuya existencia solo podemos inferir por sus efectos gravitatorios, es quizá uno de los mayores recordatorios de esa paradoja: sabemos que está ahí, pero todavía no sabemos qué es.

El Nancy Grace Roman Space Telescope nace precisamente para ayudarnos a resolver algunas de estas incógnitas. Su capacidad para observar enormes regiones del cielo permitirá estudiar cómo se distribuye la materia a escala cósmica y buscar las huellas que la materia oscura deja en el universo.

Detrás de una misión de esta magnitud hay, además, décadas de trabajo y una enorme acumulación de conocimiento.Alejandro Rivera ha dedicado 26 años de su carrera a la NASA, participando desde dentro en ese proceso, por lo que hablar con él es, por tanto, adentrarse en algunas de las preguntas más profundas de la física contemporánea, pero también en el futuro de la exploración espacial. En National Geographic hemos conversado con él y, entre otras cosas dilucidaremos... ¿qué esperamos descubrir sobre la materia oscura? o ¿hasta dónde podrá llegar Roman en la comprobación de las teorías de Einstein?

Pregunta. Hablemos de la materia oscura, la otra gran incógnita. ¿Cómo va a estudiar el Roman algo que, por definición, no se puede ver?

Respuesta. Con un truco elegante: no podemos ver la materia oscura, pero su gravedad deforma lo que vemos a través de ella. Es como mirar por un cristal antiguo, de esos con ondulaciones: el cristal es transparente, pero las pequeñas distorsiones de lo que hay detrás te dicen dónde está y qué forma tiene. La materia oscura hace eso con la luz de las galaxias lejanas — es el efecto de lente gravitacional.

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Midiendo esas deformaciones diminutas en las imágenes de cientos de millones de galaxias, el Roman construirá el mapa más preciso jamás hecho de dónde se acumula la materia oscura y de cómo sus estructuras han crecido a lo largo de la historia cósmica. Y ese mapa es doblemente valioso, porque el crecimiento de esas estructuras depende del tira y afloja entre la gravedad y la energía oscura: un mismo rastreo pone a prueba a las dos incógnitas a la vez. Conviene recordar la magnitud del misterio: la materia oscura es unas cinco veces más abundante que toda la materia ordinaria. Todo lo que vemos — estrellas, planetas, nosotros — es la excepción del universo, no la regla.

A veces pienso que la materia y la energía oscuras son nuestro «éter» del siglo XXI. Desde los griegos hasta los físicos del XIX, cuando algo no se entendía se le ponía un nombre — el éter que supuestamente llenaba los cielos y transportaba la luz — hasta que una teoría mejor lo hizo innecesario. «Materia oscura» y «energía oscura» también son nombres que le hemos puesto a nuestra ignorancia, y la historia nos enseña a llevarlos con humildad: puede que algún día se disuelvan en una física más profunda. Con una diferencia importante: las observaciones que hay detrás son reales y no van a desaparecer, se llame como se llame la explicación. El Roman va justamente a eso — a convertir el misterio en medidas.

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P. Einstein formuló la relatividad general hace más de un siglo y ha superado todas las pruebas a las que la hemos sometido. ¿Podrían los descubrimientos del Roman obligarnos a revisar la propia teoría de la gravedad?

R. Podrían, y esa es quizá la posibilidad más fascinante de toda la misión. La relatividad general ha aprobado con matrícula de honor todos los exámenes que le hemos puesto, desde la órbita de Mercurio hasta las ondas gravitacionales; pero, cosmológicamente hablando, todos han sido exámenes de andar por casa. La aceleración del universo admite dos lecturas: o existe una energía oscura que empuja, o la propia gravedad se comporta de otra manera a escalas de miles de millones de años luz. Y aquí está la elegancia del Roman: puede distinguir entre ambas. La relatividad predice una relación muy precisa entre la velocidad a la que el universo se expande y la velocidad a la que crecen sus estructuras — los cúmulos, la gran telaraña cósmica. El Roman medirá las dos cosas por separado, con las supernovas por un lado y las lentes gravitacionales por otro. Si los dos números encajan, Einstein gana otra vez. Si no encajan, estaremos ante el comienzo de una revolución como la de hace un siglo.

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Y conviene recordar que a Einstein no habría que protegerlo de ese desenlace: él fue precisamente quien completó a Newton. Newton no estaba equivocado, estaba incompleto, y puede que a la relatividad le aguarde ese mismo destino honorable: ser un capítulo de una teoría más profunda. Si el Roman lo desencadena, no será un fracaso de la ciencia, sino su forma más pura de triunfar.

P. ¿Qué campos de estudio recomendaría a un joven interesado en seguir una carrera similar a la suya?

R. Los caminos clásicos son la ingeniería aeroespacial y la mecánica, la física y las matemáticas — esa fue mi ruta. Pero me gustaría que se supiera algo: una misión espacial necesita de todo. Programadores, ingenieros electrónicos, expertos en materiales, en robótica, en óptica, en comunicaciones, en propulsión; y también médicos, geólogos, biólogos. Detrás del Webb hay miles de profesionales de decenas de disciplinas. Así que mi consejo es doble: asegúrate una base sólida de matemáticas y física, que son el idioma común, y después elige la rama que de verdad te apasione, porque la excelencia solo crece donde hay pasión. Al espacio se llega desde muchas puertas.

Nancy Grace Roman frente a una maqueta del telescopio Hubble. El nuevo observatorio ahora lleva su nombre.

P. ¿Existe también una carrera espacial en estos momentos entre agencias espaciales por poner telescopios en el espacio? Hay más proyectos que nunca en curso...

R. Más que una carrera, yo lo llamaría una edad de oro, y con más colaboración que rivalidad. El Webb es obra conjunta de la NASA, la ESA y Canadá. El europeo Euclid ya está cartografiando el universo oscuro, y sus datos se complementarán con los del Roman: juntos verán lo que ninguno vería solo. En tierra, el Extremely Large Telescope europeo y el observatorio Vera Rubin en Chile están a punto de transformar la astronomía. Es cierto que hay competencia — China, por ejemplo, prepara su propio telescopio espacial de gran campo — pero la astronomía tiene una particularidad hermosa: los datos acaban siendo de la humanidad entera. En esta carrera, cuando alguien gana, ganamos todos.

Parte 1 Entrevista a Alejandro Rivera

Parte 2 Entrevista a Alejandro Rivera

© Alejandro Rivera

¿No consigues dar 10.000 pasos? Quizá no sea lo más importe

Los 10.000 pasos se han convertido en el sinónimo de un día saludable, y en un objetivo abrumador cuando el tiempo, la movilidad o las circunstancias de la vida se interponen. Pero un nuevo estudio sugiere otra forma de aprovechar los beneficios de caminar: dar menos pasos, pero acelerar el ritmo.

La investigación, publicada en la revista British Journal of Sports Medicine, reveló que diferentes combinaciones de número de pasos e intensidad al caminar se asociaban con un menor riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares o por cualquier causa. «Lo que me gusta de este estudio es que nos aleja de la idea de que existe un número mágico de pasos que todo el mundo tiene que alcanzar», afirma Denice Ichinoe, médica de atención primaria especializada en medicina deportiva de la Universidad de Nevada, Las Vegas.

«Los resultados sugieren que tanto la cantidad como el ritmo al que se camina son importantes, y que puede haber más de una forma de obtener un beneficio significativo para la salud». La conclusión, afirma, es que un paseo más largo y pausado no es la única opción. Uno más corto y enérgico también puede ser eficaz.

¿Cantidad o velocidad?

En el estudio, los investigadores analizaron los datos de los monitores de actividad de más de 64.000 participantes del UK Biobank, con una edad media de 62 años, y los siguieron durante unos ocho años. Descubrieron que las personas que caminaban menos de 5.000 pasos al día, pero se movían con mayor brío durante sus períodos de mayor actividad, presentaban un menor riesgo de mortalidad que aquellas que acumulaban un número similar de pasos a un ritmo más lento.

Su riesgo era comparable al de las personas que caminaban entre 5.000 y 7.500 pasos al día a un ritmo más lento. Sin embargo, en general, las personas que caminaban entre 7.500 y 10.000 pasos al día presentaban el menor riesgo de mortalidad.

Dado que el estudio fue observacional, no puede demostrar que caminar más rápido o dar más pasos prevenga las muertes. No obstante, los resultados se suman a investigaciones anteriores que muestran que no hacen falta 10.000 pasos al día para mejorar la salud. Esa cifra tiene su origen en una campaña de marketing japonesa de podómetros de la década de 1960, y no en datos científicos. El último estudio sugiere que el recuento de pasos es importante, pero que la intensidad al caminar también puede desempeñar un papel importante en la salud y la longevidad.

Hábitos básicos para evitar riesgos

Aumentar la intensidad del ejercicio, incluido el ritmo al caminar, puede aportar numerosos beneficios para la salud. Por un lado, aumenta la frecuencia cardíaca y la respiración, lo que, con el tiempo, mejora la capacidad cardiorrespiratoria y potencia la salud cardiovascular y la longevidad, afirma Ichinoe.

A medida que el corazón se fortalece, puede bombear sangre y oxígeno de forma más eficiente por todo el cuerpo, afirma Matthew Bowman, profesor clínico asociado de fisioterapia en la Universidad de Binghamton, perteneciente a la Universidad Estatal de Nueva York. Favorecer la circulación sanguínea también puede reducir la presión arterial, ya que ayuda a dilatar los vasos sanguíneos y a mantenerlos flexibles.

«Me gusta verlo así: el recuento de pasos nos indica cuánto te has movido, mientras que la intensidad nos indica con qué intensidad ha trabajado tu sistema cardiovascular», afirma Rosy Thachil, cardióloga de NYC Health+Hospitals/Elmhurst. Afirma que los resultados del nuevo estudio son «alentadores», ya que demuestran que «incluso las personas que no pueden alcanzar un recuento diario elevado de pasos pueden beneficiarse de hacer que parte de su caminata sea más intencionada e intensa».

Siguiendo «la prueba de habla»

Los expertos recomiendan una combinación de caminar más y hacerlo a un ritmo más rápido, pero hacen hincapié en que cualquier ejercicio es beneficioso para la salud. «Yo daría prioridad a cualquier actividad que haga que una persona se mueva de forma constante», afirma Ichinoe.

Caminar más rápido puede resultar especialmente útil para las personas que disponen de poco tiempo para recorrer largas distancias, pero que pueden aumentar su ritmo, señala Ichinoe. Aumentar la intensidad al caminar puede suponer una mayor exigencia para el sistema cardiovascular y, con el tiempo, puede ayudar a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, añade Bowman.

Pero «no es necesario fijarse en una cifra concreta del reloj», afirma Ichinoe, ya sea contar pasos o medir el ritmo. La combinación ideal de cada persona depende de la edad, la forma física, el nivel de movilidad y el grado de disfrute. Bowman recomienda consultar con el médico antes de aumentar la intensidad de la caminata, sobre todo si se padece alguna afección de salud.

Empieza por recorrer tu ruta habitual un poco más rápido, aconseja Thachil. Alterna entre tu ritmo habitual y breves ráfagas de marcha rápida, o añade cuestas o escaleras para aumentar la intensidad. A continuación, incrementa gradualmente tus pasos, tu ritmo o ambos.

Comprueba tu ritmo con la «prueba del habla», aconseja Thachil. «A una intensidad moderada, normalmente puedes hablar, pero quizá no seas capaz de cantar con comodidad». Ichinoe añade que deberías notar cómo aumentan tu respiración y tu frecuencia cardíaca, pero que aún así seas capaz de «hablar en frases completas».

Bowman afirma que escuchar música con un ritmo más rápido también puede ayudar a aumentar la velocidad al caminar. Lo mismo ocurre con mover los brazos rápidamente mientras caminas, lo cual sugiere hacer a intervalos si te resulta difícil. En general, analiza tu nivel habitual de actividad y busca formas realistas de ponerte a prueba, dice Ichinoe, «ya sea acumulando gradualmente más caminatas a lo largo del día, añadiendo periodos de marcha enérgica o haciendo ambas cosas».

© shutterstock

Roser Gort: “No utilizo dispositivos para monitorizar el sueño y no suelo recomendar”

16 September 2026 at 16:00

La psicóloga Roser Gort combina el tiempo que dedica a los pacientes en su consultorio con la tarea de divulgación, especialmente en redes sociales. Ahora presenta “El sueño lo cura todo”, su nuevo libro sobre la temática en la que se ha especializado: el buen dormir.

Graduada en la Universidad Autónoma de Barcelona y la Arctic University of Norway, también participa en proyectos de investigación. En conversación con National Geographic España le hemos consultado sobre este campo de la salud en el que la ciencia está dando sus primeros pasos.

Pregunta. ¿Las personas duermen mal, en general?

R. Las personas han tenido preocupaciones que les quitaban el sueño en todas las épocas. Hoy están las nuevas tecnologías que influyen en cómo procesamos la información y cómo utilizamos nuestra atención a lo largo del día. No pondría tanto la culpa en la revolución industrial o la invención de la luz como sí en los contenidos que nuestra generación ha empezado a consumir. Parte de los problemas con el sueño son por el ritmo de vida que llevamos, que es la hiperproductividad.

P. ¿Cuál es el mal hábito más frecuente?

R. Hay muchos, pero uno que tenemos muy normalizado es que rellenamos con cosas productivas los momentos de transición entre una escena de nuestra vida y la siguiente. Por ejemplo, cuando sales del trabajo y te desplazas. Eso no permite pequeñas desconexiones e impide estar en el presente, por tanto, perjudica a la actividad cerebral. Parece una tontería, pero ir en transporte público y mirar por la ventana te permite desconectar. Uno de los motivos por los que se duerme mal es que al encadenar tanta productividad llega la noche y no sabemos cómo desconectar.

P. Tienes un abordaje psicológico, pero también hay otra corriente que apunta a lo fisiológico, por ejemplo, a través del uso de dispositivos que monitorizan todo. ¿Son compatibles?

R. Cuando utilizamos dispositivos para el sueño pretendemos evaluar el proceso del sueño con objetividad reemplazando a nuestra percepción. Estamos cortando el feedback de interacción, que es algo muy subjetivo. A través del uso de los datos nos distanciamos de las sensaciones más corporales. Si únicamente estamos mirando el reloj, no estamos conectando y aprendiendo el lenguaje de las sensaciones corporales.

P. ¿No recomiendas dispositivos para monitorizar el sueño?

R. Los profesionales que nos dedicamos al sueño no utilizamos dispositivos y no lo solemos promocionar.

P. ¿Las medicaciones para dormir son un problema?

R. Hemos desarrollado culturalmente una idea de consultar al profesional para que nos dé una solución rápida y preferimos el fármaco antes que replantearnos cosas de nuestra vida. Está mal medicado cuando lo que hace es sedarte sin incorporar estrategias que te permitan ir a la raíz del problema. Si no estás pudiendo dormir bien no es tanto por la noche, sino porque haces algo mal durante el día que entorpece y acumula esa tensión.

R. ¿Qué se debe hacer o dejar de hacer en las horas previas a dormir?

P. En las comidas se debe encontrar el punto justo para no pasar hambre durante el sueño, pero tampoco hacer la digestión al dormir. Cuando preparas el plato de la cena debes pensar más en lo que conviene que en lo que apetece. El alcohol facilita la transición al sueño, pero es un poco engañoso porque rompe la arquitectura de los ciclos, es decir, entorpece las fases. Y en cuanto al tabaco podríamos decir que es un activador, así que puede estimular de cierta manera. Pero depende mucho de los hábitos de cada uno. Si te genera ansiedad no fumar el último cigarro del día te va a costar más dormir.

P. ¿Cuándo debería una persona preocuparse por su calidad del sueño?

R. No me gusta hablar de la cantidad de horas porque hay personas que necesitan siete y otras nueve. Se debería aplicar algún cambio si al despertarse, no siente energía o ánimo para seguir el día. Evidentemente se tiene que revisar en qué momento de la vida se encuentra. Hay que guiarse por las propias señales: por ejemplo, si tiene somnolencia durante el día (excepto a las 3 o 4 de la tarde, que es normal).

P. ¿Cuál es el horario recomendado para irse a dormir?

R. Se habla mucho de la hora que deberíamos ir a dormir, pero muy poco de la hora en la que deberías despertarte y es lo más importante. Deberíamos tener una única alarma de lunes a domingo porque cuando nos despertamos segregamos hormonas y al cabo de 14 o 16 horas ese engranaje produce la sensación de sueño. Despertar cada día a la misma hora regula nuestro reloj biológico, que influye en el ciclo menstrual, los niveles de temperatura corporal, etcétera. Está el concepto de jet lag social, para el que no hace falta viajar, simplemente es la diferencia de los horarios entre la expectativa social y la necesidad biológica. Esta recomendación es cuando quieres prevenir los problemas.

P. Hay personas que creen que en el sueño influyen los astros, la luna, etcétera. ¿Qué se sabe?

R. No tenemos evidencia científica de que los elementos del espacio condicionen nuestros ritmos. Se han hecho experimentos con voluntarios en cuevas sin estimulación externa de sonido ni luz. Los elementos que se perciben como más importantes son la luz, la comida y la actividad física. No se ha establecido relación con los astros.

© © MaymoPhotography

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