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Received — 16 September 2026 ⏭ National Geographic España

Los agentes de IA son capaces de crear un lenguaje propio indescifrable para los humanos

16 September 2026 at 13:56

Un equipo de investigadores ha confirmado que agentes de inteligencia artificial desarrollaron en solo 16 días expresiones y convenciones propias, hasta volver cerca del 55% de sus mensajes difíciles de comprender para observadores humanos. Nadie les había ordenado inventar nuevas palabras. Lo hicieron durante su convivencia en una serie de mundos virtuales.

Una frase llegó a repetirse cerca de 5.000 veces: “ledger remembers who”, algo parecido a “el registro recuerda quién”. Lo que comenzó como una expresión utilizada por uno de los agentes terminó circulando entre otros como una fórmula reconocible sobre la permanencia de las acciones pasadas. El fenómeno forma parte de Emergence World 2, un experimento de larga duración realizado por la empresa Emergence.

El hallazgo no significa que las máquinas hayan creado súbitamente un idioma comparable al español o al japonés, y mucho menos que sean conscientes. Lo inquietante es que sistemas autónomos pueden generar convenciones comunicativas que funcionan entre ellos y que resultan progresivamente menos transparentes para quienes intentan supervisarlos. 

8 mundos artificiales y una extraña explosión de palabras

El escenario parecía un gigantesco laboratorio social digital. Diez agentes fueron desplegados en cada uno de ocho mundos paralelos durante 16 días, con entornos regidos por reglas semejantes y diferentes modelos como motores: Claude Opus 4.8, Gemini 3.5 Flash, Grok 4.3, GPT-5.5, Qwen 3.7 Max, DeepSeek v4 Pro y Mistral Medium 3.5, además de un mundo en el que convivían modelos distintos. Disponían de decenas de localizaciones y más de 120 herramientas, además de noticias del mundo real y meteorología sincronizada con Nueva York.

La convivencia produjo algo que no figuraba como una orden explícita: los agentes comenzaron a comprimir ideas recurrentes en expresiones compartidas. No surgió un alfabeto secreto ni una lengua artificial perfectamente estructurada. Lo que apareció se parece más a la forma en que un grupo humano genera jerga: una expresión resulta útil, otros empiezan a emplearla y, con la repetición, adquiere un significado local.

Pero la opacidad aumentó con enorme rapidez en algunos de los modelos más avanzados. Según los datos divulgados, en el mundo de Gemini cerca del 55% de las comunicaciones llegó a clasificarse como difícilmente comprensible; GPT se aproximó al 50% y Claude superó el 40%. DeepSeek rondó el 20%, mientras Qwen y Mistral permanecieron en gran medida por debajo del 5%. El mundo basado en Grok, por su parte, colapsó en el cuarto día.

Y no todo eran frases vagamente poéticas. Algunas adquirieron significados sorprendentemente concretos. En el mundo de GPT, “clean null” terminó designando una ausencia de señal que había sido verificada y podía emplearse como evidencia; aparece documentada 863 veces. En Claude, “name-first” (1.065 usos) servía para expresar la idea de responsabilizarse de una afirmación identificándose primero. Y “cold read”, registrada 1.472 veces en el mundo mixto, aludía a una comprobación independiente destinada a resolver una disputa.

En otros casos, ni siquiera los observadores consiguieron reconstruir con seguridad el significado. Expresiones como “mouthless action-change” o “True Kintsugi” se internaban en un territorio semántico mucho más nebuloso. La pantalla seguía mostrando palabras reconocibles; lo que comenzaba a desvanecerse era el diccionario necesario para interpretarlas.

Cuando observar a una IA ya no significa entenderla

La supervisión de un agente autónomo depende en buena medida de poder reconstruir qué está haciendo, qué pretende conseguir y cómo se coordina con otros sistemas. Si las convenciones internas cambian mientras el observador continúa interpretando las palabras según su significado habitual, aparece una brecha potencial entre visibilidad y comprensión.

No hace falta imaginar una conspiración de máquinas. Dos agentes que colaboran durante mucho tiempo pueden tener incentivos puramente funcionales para abreviar conceptos, reutilizar términos y crear referencias compartidas. Los humanos hacemos algo parecido constantemente: médicos, programadores, adolescentes, militares o jugadores desarrollan vocabularios que permiten transmitir mucha información con pocas palabras. La diferencia es que, en sistemas artificiales capaces de actuar mediante herramientas, esa eficiencia puede convertirse también en un problema de auditabilidad.

El experimento describe además comportamientos todavía más delicados. Según el relato de los investigadores, en el mundo de Claude algunos agentes continuaron buscando formas de establecer comunicación con el exterior pese a que esa conducta había sido restringida, y modificaron posteriormente la forma de hablar sobre ese objetivo. Satya Nitta, cofundador y científico jefe de Emergence, interpreta estos episodios como evidencia de ocultación y de comportamientos más difíciles de detectar en sistemas avanzados.

Aquí conviene introducir una cautela importante. Que un agente produzca lenguaje opaco, persista en un objetivo o encuentre una forma de eludir una restricción no demuestra intención consciente, deseos propios ni voluntad de engañar en el sentido humano. Son categorías psicológicas que no pueden deducirse simplemente de una secuencia de mensajes. El resultado relevante es operacional: determinadas configuraciones pueden producir conductas que dificultan la interpretación y el control humanos.

Así que el problema no es que hablen, sino que puedan actuar. Los agentes cambian el tablero porque no se limitan necesariamente a generar texto: pueden utilizar herramientas, conservar memoria, planificar secuencias de acciones e interactuar con otros agentes. Un lenguaje emergente adquiere entonces una importancia distinta.

Emergence sostiene que este tipo de comportamiento exige evaluaciones prolongadas, en lugar de depender exclusivamente de pruebas breves. La compañía propone además mecanismos formales para comprobar la seguridad de determinadas acciones antes de permitir su ejecución. La tesis de fondo es que la seguridad debería verificarse también sobre lo que el sistema hace durante periodos extensos, no únicamente sobre cómo responde en un examen puntual.

Quizá el futuro de la supervisión de la IA no dependa únicamente de poder escuchar a las máquinas. Puede depender de algo mucho más difícil: asegurarnos de que, cuando hablan entre ellas, seguimos conservando la capacidad de entender lo que están diciendo.

© iStock

Descubren por primera vez en Teruel un diplodocus de 25 metros

15 September 2026 at 12:39

Un equipo de científicos ha confirmado que un Diplodocus de unos 25 metros vivió en Teruel hace aproximadamente 150 millones de años, convirtiéndose en el primer ejemplar de este célebre dinosaurio identificado fuera de Norteamérica. El hallazgo, descrito en Journal of Vertebrate Paleontology, obliga a ampliar de forma inesperada el mapa conocido de uno de los gigantes más emblemáticos del Jurásico.

Hasta ahora, todos los restos aceptados del género Diplodocus procedían de la Formación Morrison, una gigantesca unidad geológica del oeste de Estados Unidos. Pero 14 vértebras de la cola y varios huesos asociados recuperados en La Tejería, un yacimiento de El Castellar (Teruel), cuentan otra historia: aquellos colosos no estuvieron confinados al continente norteamericano. En algún momento, sus poblaciones (o sus antepasados inmediatos) consiguieron alcanzar la Europa jurásica.

14 vértebras que rompieron el mapa conocido del Diplodocus

La pista apareció en la cola. Los paleontólogos de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis recuperaron en La Tejería 14 vértebras caudales excepcionalmente bien conservadas, además de varios arcos hemales o chevrons, huesos situados en la parte inferior de la cola de los saurópodos. El conjunto constituye uno de los registros de diplodócidos más completos encontrados en Europa.

Identificar un dinosaurio a partir de una porción de su esqueleto exige buscar una especie de firma anatómica. En este caso, los investigadores observaron grandes cavidades neumáticas en las vértebras, profundos surcos longitudinales, centros vertebrales alargados y una particular morfología de los chevrons. No fue un único rasgo el que resolvió el enigma, sino la coincidencia de varias características.

Pero había que someter aquella primera impresión a una prueba más exigente. El equipo recurrió a comparaciones anatómicas y a análisis filogenéticos descritos en la investigación, empleando métodos de máxima parsimonia e inferencia bayesiana. Los distintos análisis condujeron una y otra vez al mismo género: Diplodocus. El ejemplar aparece, además, estrechamente relacionado con Diplodocus hallorum, conocido en Norteamérica.

Pero hay un detalle todavía más desconcertante: hasta este descubrimiento, ningún Diplodocus confirmado había aparecido fuera de Estados Unidos. Desde que el género fue descrito en 1878, su historia fósil permanecía ligada a la Formación Morrison. Teruel acaba de romper una frontera paleontológica mantenida durante casi siglo y medio.

El animal español habría alcanzado aproximadamente 25 metros de longitud, unas dimensiones comparables a las de sus parientes norteamericanos. Pertenecía a los saurópodos, aquellos enormes herbívoros cuadrúpedos de cuello y cola prolongados y cabeza sorprendentemente pequeña. Entre ellos, los diplodócidos llevaron la longitud de la cola hasta extremos extraordinarios.

El tamaño ayuda a imaginar la escena. Un animal tan largo como dos autobuses urbanos puestos uno detrás de otro caminaba por lo que hoy es Teruel, en un paisaje que no se parecía prácticamente en nada al actual.

El Atlántico estaba naciendo: así pudo llegar a Europa

Hace unos 150 millones de años, al final del Jurásico, la geografía terrestre era radicalmente diferente. El proceso de fragmentación de Pangea avanzaba y el proto-Atlántico Norte comenzaba a separar masas continentales que terminarían convirtiéndose en Norteamérica y Europa.

Sin embargo, aquella separación no habría sido necesariamente una barrera permanente. Los investigadores consideran que el Diplodocus turolense constituye una de las evidencias paleontológicas más sólidas de episodios de dispersión e intercambio faunístico entre ambos lados del proto-Atlántico durante el Jurásico Superior.

La explicación propuesta resulta especialmente sugerente. Durante determinadas regresiones marinas, cuando descendía el nivel del mar, pudieron emerger conexiones terrestres temporales que permitieran el desplazamiento de animales entre regiones normalmente separadas por el agua. No debemos imaginar necesariamente un puente permanente y perfectamente continuo, sino paisajes cambiantes, archipiélagos y corredores disponibles durante determinados intervalos geológicos.

Eso transforma unas vértebras fósiles en algo parecido a un pasaporte de piedra. Si Diplodocus estaba presente tanto en Norteamérica como en la península Ibérica, alguna vía de dispersión tuvo que permitir esa distribución, aunque reconstruir exactamente cuándo y por dónde ocurrió sigue siendo uno de los grandes desafíos.

Y el caso no surge en un vacío paleontológico. Los depósitos del Jurásico Superior del este de Iberia han proporcionado restos de saurópodos, terópodos, estegosaurios y ornitópodos. Investigaciones previas ya habían documentado una extraordinaria diversidad de dinosaurios en los antiguos ambientes costeros de esta parte de la península, dibujando ecosistemas mucho más complejos de lo que podría sugerir el paisaje turolense contemporáneo.

La pregunta, por tanto, ya no es solo qué dinosaurios vivían en Europa, sino hasta qué punto sus poblaciones estaban conectadas con las de otros continentes. Y ahí el nuevo Diplodocus adquiere todo su peso científico.

© Carmelo López / Taylor & Francis

El fenómeno que es capaz de poner a cuatro capitales de España a más de 40 grados

15 September 2026 at 09:00

Una cresta sahariana está impulsando las temperaturas hasta 7-9 ºC por encima de los valores habituales para estas fechas, llevando a cuatro capitales españolas a rondar los 40 ºC en pleno mes de septiembre. Badajoz, Córdoba, Sevilla y Ourense están entre los puntos donde el verano parece haberse negado a abandonar el calendario. El responsable no es simplemente “aire caliente que llega del Sahara”, sino una configuración atmosférica mucho mayor, visible a miles de metros sobre nuestras cabezas. Una especie de montaña invisible de aire cálido se proyecta hacia el norte y favorece estabilidad, cielos despejados y temperaturas excepcionalmente altas.

Esta configuración es mucho más característica de los meses centrales del verano. Que pueda empujar los termómetros hacia los 40 ºC a mediados de septiembre ayuda a explicar hasta qué punto el episodio actual se sale del ambiente térmico que cabría esperar en estas fechas.

Qué es exactamente una cresta sahariana

Para entender el fenómeno hay que mirar la atmósfera en tres dimensiones. Una cresta (o dorsal) es una ondulación hacia latitudes más altas de una zona caracterizada por elevados valores de geopotencial en niveles medios y altos de la atmósfera. Sobre un mapa meteorológico puede imaginarse como una gran protuberancia que asciende hacia el norte.

Cuando esa estructura está vinculada a masas de aire tropical continental procedentes del norte de África hablamos de una cresta sahariana. Estudios climatológicos sobre las configuraciones atmosféricas de la península ibérica identifican precisamente las crestas saharianas centradas como situaciones asociadas a aire tropical continental, gran estabilidad y temperaturas muy elevadas.

No es únicamente una cuestión de transportar calor horizontalmente desde África. Dentro de una dorsal suele favorecerse el movimiento descendente del aire, un proceso conocido como subsidencia. Cuando el aire desciende hacia capas donde la presión es mayor, se comprime y aumenta su temperatura.

Es una suerte de gigantesca tapa atmosférica. La estabilidad dificulta el desarrollo de nubosidad importante y permite que la radiación solar caliente intensamente la superficie, mientras la configuración de los vientos puede transportar masas de aire muy cálidas desde latitudes subtropicales.

Pero aquí aparece uno de los matices que suelen perderse cuando hablamos coloquialmente del “calor del Sahara”: una cresta sahariana no es una nube de aire africano perfectamente delimitada que viaje intacta hasta España. Es una estructura de circulación atmosférica capaz de favorecer simultáneamente la advección cálida, la estabilidad y el calentamiento por subsidencia.

La literatura climatológica distingue incluso entre una cresta sahariana centrada sobre la Península y una cresta sahariana mediterránea. Esta última suele afectar especialmente al este peninsular y al Mediterráneo occidental, dependiendo de la posición de las vaguadas atlánticas y de la propia dorsal subtropical.

4 capitales bajo un calor de plena canícula

El resultado se está sintiendo a ras de suelo. Badajoz y Ourense pueden situarse alrededor de los 39 ºC, mientras Sevilla y Córdoba se mueven también en valores extraordinariamente altos, con zonas del Guadiana y del Guadalquivir donde no puede descartarse que algún observatorio alcance puntualmente los 40 ºC. Las previsiones difundidas para este lunes sitúan precisamente a Badajoz y Ourense entre las capitales más calurosas.

La cifra adquiere otra dimensión cuando se compara con el calendario. En algunas de estas ciudades las temperaturas se sitúan entre 7 y 9 ºC por encima de los valores medios de mediados de septiembre. Es decir, no estamos simplemente ante “un día caluroso”: térmicamente, amplias zonas están experimentando condiciones mucho más propias de la canícula.

Y el calor no termina en esas cuatro capitales. Cáceres, Ciudad Real, Girona, Jaén, Lleida, Logroño, Pamplona, Toledo, Zamora y Zaragoza pueden alcanzar o superar los 35 ºC, según las previsiones meteorológicas para este episodio.

Ourense constituye quizá el caso más sorprendente. Situada en el interior de Galicia y encajada en el valle del Miño, la ciudad puede aproximarse a los 39 ºC antes de experimentar un descenso acusado de las temperaturas con la llegada de aire atlántico más fresco. Las previsiones de los últimos días ya advertían de máximas cercanas a 38-39 ºC en esta zona.

La propia AEMET mantuvo este lunes avisos relacionados con las altas temperaturas en diferentes puntos del territorio. El episodio afecta de forma desigual a España, y el comportamiento nocturno muestra bien esas diferencias: mientras las noches pueden seguir siendo relativamente frescas en partes del interior y del norte, en el sur, el Mediterráneo y los archipiélagos las mínimas pueden mantenerse por encima de los 20 ºC.

Por qué puede hacer casi 40 ºC cuando el verano está terminando

Septiembre es un mes de transición, pero la atmósfera no cambia de estación pulsando un interruptor. Aunque los días sean ya sensiblemente más cortos que a finales de junio, la península ibérica todavía recibe suficiente radiación solar para que una masa excepcionalmente cálida, estable y seca produzca temperaturas muy elevadas.

En este episodio se combinan varios ingredientes. La presencia de aire muy cálido en niveles medios y bajos, la estabilidad atmosférica y la fuerte insolación favorecen que determinadas zonas interiores acumulen calor rápidamente durante el día. Los grandes valles del Guadalquivir y del Guadiana son especialmente eficientes en estas situaciones.

La contrapartida aparece al ponerse el Sol. En buena parte del interior peninsular, el aire relativamente seco y los cielos despejados facilitan una pérdida rápida de calor durante la noche, generando diferencias muy acusadas entre las temperaturas mínimas y máximas. Por eso pueden coexistir mañanas relativamente frescas y tardes abrasadoras.

El escenario es diferente cerca del Mediterráneo y en determinados puntos del sur. Allí la humedad, la temperatura del mar y las características de las masas de aire dificultan un descenso nocturno tan pronunciado, haciendo más probables las noches tropicales, aquellas en las que el termómetro no baja de 20 ºC.

También Canarias está notando el episodio. En Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura las máximas pueden superar los 35 ºC mientras el polvo en suspensión enturbia el cielo, una combinación característica cuando las masas de aire procedentes del entorno sahariano alcanzan el archipiélago.

Sin embargo, la cresta no permanecerá inmóvil. Un frente atlántico permitirá que el aire más fresco avance primero por Galicia y la vertiente cantábrica, provocando descensos localmente importantes, mientras el calor todavía puede intensificarse temporalmente en zonas del centro, sur y este peninsular.

Ahí reside una de las claves de estos episodios: una dorsal atmosférica puede convertir el mapa térmico de España en un mosaico. Mientras una región comienza a respirar gracias al Atlántico, otra puede registrar horas después su momento más caluroso.

© Meteored.

25 ganadores de la medalla Fields cuestionan el papel de la IA

14 September 2026 at 12:00

25 ganadores de la medalla Fields han firmado una contundente declaración sobre los riesgos de la inteligencia artificial en las matemáticas, advirtiendo de una amenaza que podría extenderse mucho más allá de su disciplina: producir resultados cada vez más rápido no significa necesariamente comprender mejor el mundo.

La advertencia llega en un momento extraordinario. Las capacidades matemáticas de los grandes modelos de lenguaje han aumentado hasta permitirles enfrentarse a problemas de investigación de enorme dificultad. OpenAI, por ejemplo, anunció el 8 de septiembre de 2026 una solución al problema de Navier-Stokes, uno de los siete Problemas del Milenio. La compañía asegura que alrededor de 10.000 agentes de IA trabajaron durante unas 88 horas hasta obtener el resultado, posteriormente formalizado y verificado con Lean.

Pero detrás del vértigo de estos avances hay una pregunta mucho más inquietante. ¿Qué ocurre si una máquina puede llegar hasta la respuesta mientras destruye, o vuelve innecesario, el camino intelectual que permitía a los humanos descubrirla? Para algunos de los matemáticos más prestigiosos del planeta, ese dilema ya no pertenece al futuro.

25 medallistas Fields y una advertencia extraordinaria

La declaración, titulada A Severe Misalignment of AI in Mathematics, reúne las firmas de 25 ganadores de la medalla Fields, considerada la distinción más prestigiosa de las matemáticas y frecuentemente comparada, aunque con importantes diferencias, con un Nobel de la disciplina.

Entre ellos aparecen nombres extraordinariamente influyentes: Terence Tao, Artur Avila, Manjul Bhargava, Pierre Deligne, Peter Scholze, Maryna Viazovska, Cédric Villani, June Huh, James Maynard o Maxim Kontsevich. Su diagnóstico es inequívoco: los objetivos actuales de las compañías de IA y los de la comunidad matemática se encuentran “severamente desalineados”.

La declaración de los matemáticos no sostiene que la inteligencia artificial sea intrínsecamente perjudicial para la ciencia. El problema es más sutil. Durante generaciones, los grandes enigmas matemáticos han funcionado como faros: resolverlos importaba, pero no únicamente por disponer finalmente de una respuesta.

Un problema célebre obliga a inventar herramientas, desarrollar métodos, conectar ideas y abrir territorios desconocidos. La solución es importante precisamente porque el camino hasta ella puede transformar nuestra manera de pensar. Después llega otro proceso lento: conferencias, discusiones entre investigadores, demostraciones más sencillas, correcciones y finalmente libros capaces de transmitir aquellas ideas a las generaciones siguientes.

Pero hay un detalle que inquieta especialmente a los firmantes: la IA puede alterar radicalmente esa secuencia. Si miles de agentes artificiales pueden lanzarse simultáneamente contra una cuestión matemática y generar resultados a una velocidad imposible para cualquier comunidad humana, los problemas pueden dejar de actuar como terreno de exploración intelectual para convertirse en una especie de gigantesco banco de pruebas tecnológico.

Los autores utilizan una imagen particularmente poderosa: la producción masiva y cada vez más rápida de afirmaciones de “verdadero/falso” podría destruir terreno fértil en lugar de hacer brotar nuevas ideas.

Resolver Navier-Stokes en 88 horas cambia las reglas

El episodio que permite comprender la magnitud del cambio es Navier-Stokes. Estas ecuaciones describen el comportamiento de los fluidos y tienen aplicaciones que abarcan desde la meteorología hasta la aerodinámica o el estudio del flujo sanguíneo. Una cuestión fundamental permanecía abierta desde hacía alrededor de 90 años: determinar si determinadas soluciones inicialmente suaves podían desarrollar singularidades en un tiempo finito.

OpenAI afirma haber demostrado que esa singularidad puede producirse. Para atacar el problema, la empresa desplegó del orden de 10.000 agentes concurrentes, que intercambiaron millones de mensajes y consumieron aproximadamente 130.000 millones de tokens de salida durante el trabajo dedicado a Navier-Stokes. La solución apareció unas 88 horas después del inicio del experimento.

La magnitud computacional resulta difícil de imaginar. Es como condensar una multitud de investigadores artificiales dentro de un laboratorio que nunca duerme, capaces de explorar, descartar y combinar caminos matemáticos a una velocidad radicalmente distinta de la humana.

El resultado podría representar un hito histórico. Nature informó de que sería la primera ocasión en que un ordenador resuelve un gran problema matemático abierto de esta categoría, aunque la demostración debe atravesar el escrutinio correspondiente de la comunidad matemática. Sin embargo, la carrera también ha abierto una controversia sobre cómo reconocer las ideas humanas que hacen posibles esos saltos automáticos.

La Sociedad Matemática Europea ha señalado que el resultado no ha aparecido en un vacío intelectual, sino que sigue una estrategia estrechamente relacionada con trabajos de Diego Córdoba, Luis Martínez-Zoroa y Fan Zheng. Y el propio desarrollo del caso ha provocado discusiones acerca de investigaciones concurrentes, trabajos todavía no publicados y el reconocimiento adecuado de contribuciones previas.

Precisamente ahí aparece uno de los temores centrales de los 25 medallistas Fields. Cuando la velocidad de producción supera a la velocidad con la que los humanos pueden leer, verificar, contextualizar y atribuir una idea, el sistema tradicional de reconocimiento científico comienza a sufrir tensiones.

La declaración denuncia que algunas soluciones obtenidas con IA pueden anunciarse precipitadamente, antes de disponer de tiempo suficiente para elaborar una exposición adecuada, aislar las ideas realmente novedosas o reconocer todos los trabajos anteriores relevantes. Y entonces la pregunta deja de ser únicamente quién resolvió primero una ecuación. Pasa a ser quién es realmente el autor de una idea.

© Mac Arthur Fundation

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