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Received — 16 September 2026 ⏭ National Geographic España

Bienvenidos al cometa más grande del sistema solar: tiene 137 kilómetros de diámetro

15 September 2026 at 07:00

Los confines del espacio profundo ocultaban un secreto monumental que comenzó a desvelarse en octubre de 2014, cuando un equipo científico localizó un misterioso cuerpo celeste situado a una distancia equivalente a la de Neptuno. Aquel objeto hallado en el espacio exterior fue catalogado inicialmente como un planeta menor debido a su tamaño estimado cercano a los cien kilómetros. Sin embargo, las observaciones posteriores revelaron una naturaleza completamente distinta para este gigantesco viajero astronómico.

Aquel objeto registrado como 2014 UN271 mostró en 2021 una coma, la característica envoltura de gas y polvo que rodea a los núcleos cometarios. Este hallazgo confirmó que se trataba del cometa C/2014 UN271 Bernardinelli-Bernstein, un cuerpo helado detectado a una distancia récord del Sol jamás registrada para este tipo de objetos. El Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) participó activamente en las investigaciones que confirmaron la naturaleza única de este coloso espacial.

Características del gigante helado

Las precisas observaciones realizadas desde el radiotelescopio ALMA en Chile han permitido determinar que el núcleo cometario posee un diámetro de unos 137 kilómetros. Esta dimensión consolida al cuerpo como el mayor cometa activo conocido en la historia, duplicando casi la escala del famoso Hale-Bopp. Los astrofísicos destacan que solo lo supera el centauro 95P/Chiron, un cuerpo que comparte rasgos intermedios entre los asteroides y las estructuras cometarias.

La investigación publicada en la revista Astrophysical Journal Letters confirmó la presencia de chorros de monóxido de carbono que emergen de su interior helado. Estas mediciones térmicas captadas por ALMA revelaron datos sobre la masa de polvo a una distancia de 16.6 unidades astronómicas (UA) del Sol. Los científicos analizan esta temprana actividad molecular para comprender mejor los elementos primordiales que dieron origen a nuestro sistema solar hace 4.600 millones de años.

Origen y reflectividad de la superficie

La trayectoria calculada sitúa la procedencia del coloso en la remota nube de Oort, la gigantesca estructura esférica que envuelve nuestro entorno planetario. El análisis de la superficie indica que cuenta con un albedo extremadamente bajo, cercano al 5.3%, lo que hace a su corteza muy oscura. Las observaciones científicas señalan que su reflectividad es solo un poco superior a la del carbón vegetal, presentando un aspecto exterior similar al de otros núcleos cometarios.

El comportamiento de este cuerpo resulta inusual porque comenzó su actividad cometaria a una distancia aproximada de 35 UA del astro central. Los datos indican que desarrolló su envoltura de gas cinco unidades astronómicas más allá del planeta Neptuno, en zonas sumamente frías. Este fenómeno muestra que la sublimación temprana está impulsada por hielos supervolátiles, convirtiendo al cuerpo en el arquetipo representativo de los cometas lejanos que orbitan a enormes distancias.

Trayectoria y aproximación al Sol

El perihelio o máximo acercamiento a nuestra estrella se producirá en el año 2031, momento en que se ubicará a unas once unidades astronómicas del Sol. El cometa no llegará a cruzar la órbita del planeta Saturno, por lo que nunca atravesará las regiones más internas del sistema planetario. De este modo, mantendrá una trayectoria distante que protegerá gran parte de su estructura original frente a la radiación solar directa.

Los estudios dinámicos de su órbita revelan que en el pasado rozó una distancia mínima situable entre las 17 y 21 unidades astronómicas solares. Debido a que jamás ha visitado regiones más cálidas desde su expulsión original de la nube de Oort, se considera uno de los objetos más prístinos conservados.

© NRAO/Melissa Weiss

Las pruebas nucleares de la Guerra Fría revelaron una anomalía de 700 km en el núcleo de la Tierra

14 September 2026 at 07:00

Seísmos provocados por antiguas detenciones militares han revelado un fenómeno inédito a miles de kilómetros bajo la superficie terrestre. Los datos recopilados durante décadas de ensayos atómicos subterráneos permitieron identificar una gigantesca fluctuación en la estructura interna del planeta. Este sorprendente hallazgo, detallado por la geofísica Ying Zhou en la revista Journal of Geophysical Research, muestra variaciones dinámicas dentro del núcleo externo de la Tierra que desafían los modelos geológicos tradicionales sostenidos hasta el presente.

La investigación analizó minuciosamente las ondas acústicas generadas por explosiones atómicas en el atolón de Mururoa entre 1977 y 1995. Dichas vibraciones atravesaron las profundidades continentales hasta ser detectadas en una estación receptora situada en Kazajistán. Al proceder de un punto geográfico prácticamente idéntico, los pulsos mecánicos recorrieron trayectorias idénticas a través del globo. Esta precisión instrumental funcionó como una serie de capturas fotográficas repetidas sobre la evolución del interior terrestre a lo largo del tiempo.

Los registros mostraron cambios significativos en los tiempos de tránsito a través de la masa fluida interior. Las ondas aceleraron hasta 0,1 segundos entre 1982 y 1983, incrementando su velocidad a 0,15 segundos entre 1988 y 1990. Sin embargo, para el año 1995 el trayecto se volvió entre 0,15 y 0,2 segundos más lento. Estos desfases temporales confirman la existencia de componentes heterogéneos en constante desplazamiento dentro de esa capa metálica.

Para aislar este trayecto, la científica descubrió un tipo inédito de pulso sísmico denominado PKrKP, el cual rebota en mitad del sector líquido. La comparación directa de estas señales con las ondas tipo PP, que viajan exclusivamente por el manto superior, permitió examinar un total de 112 pares de explosiones controladas. Las detonaciones de cada pareja ocurrieron a distancias inferiores a 0,05 grados, garantizando una exactitud analítica sin precedentes hasta la fecha.

Estructura del núcleo terrestre

El estudio determina que una enorme perturbación física de gran escala explicaría las desviaciones detectadas en los tiempos de viaje. La investigadora plantea la presencia de una vasta masa flotante con una extensión lateral superior a 700 km y un espesor cercano a 100 km en el Pacífico sur de baja latitud. Este bloque atípico respondería a material sólido en suspensión navegando activamente dentro del fluido exterior, alterando la homogeneidad que la ciencia daba por sentada.

Esta densa mezcla de materiales incandescentes en continuo movimiento sugiere que el sector externo no es un simple océano de metal fundido. La dinámica descrita demuestra la existencia de procesos de mezcla extremadamente vigorosos que suceden en plazos de tiempo muy breves. El desplazamiento continuo de estas anomalías internas resulta fundamental para comprender los cambios que afectan a la dinámica profunda del planeta.

Comprender estas fluctuaciones resulta clave para la geofísica actual, puesto que estas masas en movimiento influyen directamente en la generación del campo magnético terrestre. Investigaciones previas desarrolladas en la University of Southern California ya habían sugerido que las deformaciones en la capa interna líquida podían alterar la morfología del núcleo profundo. Por consiguiente, cualquier alteración en el flujo metálico repercute directamente en el escudo protector que envuelve el planeta.

El empleo de detonaciones militares ha ofrecido una fuente de datos mucho más precisa que los terremotos naturales tradicionales. Los seísmos convencionales presentan incertidumbres sobre su localización exacta que dificultan la obtención de lecturas limpias en periodos prolongados. Mediante estas explosiones del pasado, la comunidad científica ha logrado escuchar los mecanismos más recónditos de la Tierra para desentrañar los enigmas ocultos bajo la corteza.

© iStock

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