La ardilla roja (Sciurus vulgaris) es autóctona de España y uno de los pequeños mamíferos más característica de España. Hace unos días, Gabriel González-Andrío quería observar cómo esta especie se adapta en Cantalejo (Segovia) a los bosques tras los incendios del verano. La destrucción de los bosques las obliga a buscar nuevos refugios y tener menos disponibilidad de piñones, bellotas, cortezas o frutos silvestres.
Finalmente, durante la tarde encontró a una escurridiza ardila de un pelaje rojizo a la que pudo identificar por su cola larga y tupida en una zona con poco acceso a lugares donde beber agua. Durante el invierno no la pasan mejor: la mortalidad entre los ejemplares jóvenes es muy alta durante los días de frío, por eso, algunas poblaciones locales están en peligro.
Mucho se ha hablado durante años de los peligros de la inteligencia artificial, pero nunca antes los principales referentes del sector se habían pronunciado con tanta claridad sobre el riesgo: “La industria debe ir más despacio”, afirmó Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic.
“Dario tiene razón”, opinó Elon Musk, que coincidió en su valoración con su rival Sam Altman, CEO de OpenAI, quien escribió: “Estoy de acuerdo con Dario en que necesitamos moderar el ritmo en la frontera del desarrollo. Este ha sido uno de los temas principales de las conversaciones que hemos mantenido en OpenAI durante las últimas semanas”.
En los días previos, las declaraciones de un exempleado de Anthropic situaron a ambas compañías en el centro de la polémica tras una publicación en X (antes Twitter) que superó los 170 millones de visualizaciones:
La semana trágica de la inteligencia artificial
“Hoy he renunciado a Anthropic. He pasado los últimos tres años realizando investigación de preentrenamiento tanto en OpenAI como en Anthropic. Ninguna de las dos compañías está actuando de manera responsable. Están avanzando directamente hacia una superinteligencia capaz de mejorarse a sí misma y están apostando con nuestras vidas”, publicó Jacob Coxon.
Posteriormente afirmó que parte de quienes desarrollan inteligencia artificial creen que podría acabar con nuestra civilización antes de que termine esta década. “En OpenAI, muchos no han asumido plenamente lo que está en juego a escala civilizatoria. En Anthropic sí son conscientes de ello, pero están atrapados en una carrera por llegar primero”, añadió Coxon.
Casi al mismo tiempo, Anthropic presentó un inquietante informe en el que indicaba que, durante los últimos meses, había bloqueado a investigadores que utilizaban Claude para el desarrollo de armas biológicas, es decir, para la creación de virus, organismos vivos o productos tóxicos capaces de causar la muerte. Aunque la compañía desconoce si el objetivo era científico o militar, la plataforma impidió ese uso. También restringió el acceso de científicos que intentaban utilizar sistemas de inteligencia artificial desarrollados por empresas estadounidenses desde regiones donde dicho acceso está limitado.
La preocupación de Amodei surge al comprobar que estos sistemas son capaces de actuar de forma autónoma e incluso de crear nuevos modelos más inteligentes. Esto incrementaría el potencial de la tecnología, pero dejaría fuera del control humano muchas de sus acciones, como ciberataques, ataques financieros, biológicos o agresiones contra infraestructuras físicas, como aeropuertos o sistemas críticos. El escenario resulta inquietante.
Repercusiones geopolíticas de la crisis
Volker Türk, Alto Comisionado de la ONU, ya manifestó su preocupación: “Los derechos humanos están en riesgo, incluidos los derechos a la vida, la alimentación, la privacidad, la salud y la seguridad (...) La IA agéntica podría paralizar servicios esenciales, fracturar las comunicaciones, desestabilizar infraestructuras críticas y golpear el corazón mismo de las instituciones democráticas”.
Sin embargo, algunos analistas sostienen que Amodei, Musk y Altman buscan transmitir una imagen de responsabilidad para avanzar hacia un modelo de autorregulación. En la carrera por llegar antes, tal y como señaló Coxon, las empresas siguen registrando pérdidas. El debate surge además en vísperas de una eventual salida a Bolsa de ambas compañías, aunque todavía no se han fijado fechas.
La postura favorable a una desaceleración no ha gustado en absoluto a Donald Trump, que habló de una “conspiración enfermiza contra la IA y los centros de datos” para beneficiar a China. “Quien gane la carrera de la IA, gana”, afirmó el presidente de Estados Unidos. A través de sus medios oficiales, el Gobierno chino también rechazó la posibilidad de sumarse a una ralentización tecnológica, que considera una capacidad estratégica de relevancia mundial.
Entre los riesgos de un escenario potencialmente apocalíptico, el debate sobre el futuro de la inteligencia artificial ha derivado en una discusión geopolítica. Pero lo más inquietante es que recién empieza.
Merece la pena detenerse en esta imagen cenital para entender el comportamiento de la ballena jorobada y su espectacular irrupción a solo 300 metros de la costa de Nueva York. La fotógrafa Joanna Steilde hizo una serie de fotografías con un dron sobre esta maniobra conocida alimentación por embestida. De esta forma, la ballena abre su enorme boca, expande los pliegues de la garganta y en un solo movimiento engulle una gran cantidad de peces. La maravilla de los animales acuáticos vista desde el cielo.
Al psicólogo social y profesor de la Universidad de California, Paul Piff, le interesa investigar el comportamiento de las personas en relación con la moralidad y la desigualdad económica. Hace unos años, uno de sus estudios causó sensación en el mundo académico y acumula más de 1.600 citas, según PNAS (Actas de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos).
Mientras realizaban distintos experimentos, los investigadores dejaron un frasco con 40 caramelos identificado con la insignia de “un laboratorio de investigación para niños”, aunque los participantes podían coger alguno. Durante 30 segundos permanecían a solas en la sala antes de pasar a otra fase del estudio. Después, les preguntaban cuántos habían cogido.
Los participantes de clase alta cogieron, de media, 1,17 caramelos frente a 0,60 en la condición de clase baja. La medición de esta conducta no permitía extraer conclusiones definitivas, por lo que el estudio de Piff planteó otros escenarios. En un cruce de cuatro calles con una señal de STOP observaron quiénes eran más propensos a saltarse el turno de paso. El 12% de los conductores incurrieron en esta conducta y quienes conducían coches más caros la repetían con mayor frecuencia. Un resultado similar se observó al analizar quiénes cedían el paso.
¿Influye la clase social en la ética de las personas?
El resto de los experimentos consistió en cuestionarios destinados a medir la predisposición de los participantes a aprovecharse de otras personas, ocultar información u obtener ventajas, como mayores ingresos económicos. Tras completar las siete pruebas, el estudio liderado por Piff concluyó: “Los individuos de clase alta se comportan de manera menos ética que los de clase baja. Las tendencias poco éticas de los individuos de clase alta se explican, en parte, por sus actitudes más favorables hacia la codicia”.
El estudio, original e inédito, fue revolucionario en 2012 y hace unos días recibió el Premio Ig Nobel de Economía 2026, un reconocimiento a trabajos académicos que “primero hacen reír y después, pensar” (Higher social class predicts increased unethical behavior).
Los resultados no estuvieron exentos de polémica. El investigador de la Universidad del Sur de Dinamarca Gregory Francis publicó una carta en la que argumentaba que el estudio presentaba un sesgo de publicación y que la probabilidad de que los hallazgos fueran significativos era del 2%.
Nuevos estudios abren el interrogante
La investigación sobre comportamientos según la clase social ha continuado. En 2025, un metaanálisis liderado por Junhui Wu estudió 471 investigaciones con más de dos millones de participantes para analizar la actitud prosocial; es decir, conductas como donar, cooperar, compartir o realizar actividades benéficas. En este caso, quienes mostraron ser “mejores personas” fueron los integrantes de la clase alta. Los autores hablaron de la “perspectiva de los recursos”, una idea que sostiene que disponer de más recursos, ya sean materiales o de tiempo, reduce el coste de ayudar a los demás.
Conociendo las diferentes posturas sobre la relación entre ética y clase social, quien quiso aportar nuevas evidencias al debate fue, en 2023, la investigadora Minah Jung, de New York University, que diseñó una réplica del estudio de Piff. Su mensaje fue concluyente: “A diferencia de los hallazgos originales, no encontramos evidencia de una relación positiva entre el nivel socioeconómico y el comportamiento poco ético o egoísta en los dos estudios de réplica de campo”.
La búsqueda de evidencias, especialmente en ciencias sociales, rara vez resulta concluyente a partir de un único estudio. Casi quince años después, la línea de investigación que abrió Piff sigue siendo objeto de debate, pero invita a reflexionar sobre esta relación, tal como plantean los Ig Nobel 2026. Mientras tanto, lo único seguro es que, frente a un frasco de caramelos, es mejor no quitárselos a los niños.
En las redes sociales se habla de proteínas y en el supermercado cada vez hay más “alimentos proteicos”. De pronto, parecería que todo debe tener proteína. Esa preocupación también la observan los profesionales. Ismael Galancho, nutricionista especializado en deporte y salud, quiso desmontar esa idea desde el punto de la ciencia, pero con un enfoque práctico. Así lo cuenta en su nuevo libro “Alto en proteína”.
El dietista se ha convertido en una voz escuchada en redes sociales y trabajó -o aún lo hace- con pacientes conocidos como el futbolista Lionel Messi, el streamer Ibai Llanos y el jugador de pádel Momo González. En los días de presentación de su nuevo libro, conversa con National Geographic España.
Pregunta. ¿Qué está pasando con las proteínas?
Respuesta. La industria alimentaria no es ajena a las modas y quiere aprovecharse de ello. Si ahora todo el mundo habla de proteínas, pues van a “meterle” proteína a todos sus productos. Lo han convertido en un sello de venta cuando en países desarrollados casi toda la población llega a la cantidad de proteína necesaria con su dieta tradicional. Entonces pagar más por consumir una cosa que ya consumes de sobra no tiene mucho sentido.
P. En redes sociales muchos gurús afirman que cuantas más proteínas, mejor…
R. Consumir más proteína de la que necesitas no tiene mucho sentido. Si tú tienes un cubo lleno de agua, por más que eches más agua no se va a llenar más porque no puede. Es más, hay un punto en el que empieza a jugar en contra porque si consumes mucho dejarás de consumir otros alimentos que sí necesitas.
P. ¿Tan fácil es llegar a la proteína diaria necesaria?
R. Depende del contexto. Los alimentos ricos en proteína son carnes de ave, pescado blanco o azul, lácteos desgrasados, lácteos fermentados como yogures naturales y proteínas vegetales. Con esto casi seguro llegas a la proteína necesaria diaria que es lo más importante. Después está la distribución durante el día que sería sacarse un 10 sobre 10 en vez de un 9.
P. ¿Cuál es el cálculo para saber si una persona llega a la cantidad necesaria?
R. Si tú pesas 70 kilos, con 70 gramos de proteína al día estará bien, salvo que seas un deportista de élite o quieras ganar mucha masa muscular. Esto equivale a tres filetes grandes de pollo. Pero en tu día tienes otras fuentes de proteína (arroz, patatas, avena, cereales, legumbres). El problema es que mucha gente solo cuenta como proteína a la carne, el pescado y los huevos. En mi libro cuento el caso de un deportista que sin comer ningún alimento proteico llegaba a la cantidad de proteína necesaria.
P. ¿Qué pasa con lo que se pierde al entrenar?
R. Cuando eres deportista, si quieres ganar músculo o perder grasa hay que aumentar la ingesta de proteína. Eso es cierto. Pero de ahí se ha extrapolado a que cuanta más proteína, mejor. Y ese es el error porque esto es como una campana gaussiana. Elevar la dieta proteica es interesante para deportistas, personas que quieren ganar músculo, personas que quieren perder grasa, mujeres embarazadas, niños en crecimiento, mujeres en menopausia o mujeres en lactancia. Pero en vez de un gramo por kilo, como te había dicho antes, hay que duplicarlo como mucho. Hay estudios que ven que con 1,2 gramos por kilo ya es suficiente.
P. ¿En qué ha cambiado de la evidencia científica sobre la nutrición?
R. El 70 u 80% de las recomendaciones son las mismas que hace 15 o 20 años, pero hay tantos gurús que parece que ha evolucionado. Yo siempre digo que nuestras abuelas sabían más de nutrición que lo que escuchamos hoy. A lo mejor sí ha cambiado lo que se pensaba de la proteína vegetal, que ahora sabemos que es muy importante. O que la carne roja se debe consumir puntualmente.
P. ¿Y respecto a los carbohidratos?
R. Muchas personas piensan que son los responsables de que engordemos o que nos hacen enfermar. Algunos dicen que la patata y la pasta son veneno. Pero no. Simplemente se debe consumir en relación con la actividad física que se haga.
P. Hay más conciencia de nutrición, pero ¿también circula más desinformación?
R. Es la paradoja de la sobreinformación. Todo el mundo cree que sabe de fútbol, política y nutrición. Llevo años dedicándome a la nutrición y estoy en redes sociales desde 2012, pero jamás he visto tanta desinformación como ahora.
P. ¿Cuál es la desinformación más instalada?
R. Ahora está de moda decir que el agua deshidrata y que sí o sí debes debes beber con electrolitos. Esto me da vergüenza hasta mencionarlo. También hay gente que dice que la fruta es mala porque tiene azúcares. Eso es aberrante.
P. ¿Qué se puede aprender de la nutrición de Messi?
R. Cada deportista tiene sus condiciones. No puedo contar mucho, pero una de las cosas que hicimos fue intentar reducir la proteína animal y aumentar la proteína vegetariana. Él siempre ha tenido un compromiso muy alto y sigue muy bien los parámetros. Evaluamos un montón de marcadores con analíticas completas y pusimos todo en su sitio para, por ejemplo, garantizar que llegase al Mundial de la mejor manera posible. Cuando hablo de parámetros me refiero a que si la ferritina tiene que estar entre 200 y 300, nosotros buscábamos que estuviera en 250 para optimizarlo al máximo. Su compromiso durante estos cuatro años ha sido altísimo.
P. ¿Qué pasa con la proteína y el sobrepeso?
R. Cuando más proteína hay que consumir es cuando buscas perder peso porque necesitas generar un déficit calórico que se reducirá de carbohidratos y grasas para, entre otras cosas, mantener la masa muscular. Por eso también es importante el entrenamiento de fuerza.
No se trata de una coreografía entre osos polares, sino en un enfrentamiento que se prolongó durante varios minutos ante la mirada Jonathan Hayward, fotógrafo de vida salvaje, en la provincia canadiense de Manitoba. Erguidos sobre sus patas traseras, los combates entre machos son una forma de medir sus fuerzas y ejercer la dominancia. Pueden pesar más de 600 kilos. En la foto están a la espera de que se vuelva a congelar la bahía de Hudson tras el verano, para desplazarse sobre el hielo marino y cazar su principal alimento: las focas.
La microbiota se conoce informalmente como el punto de contacto entre el cerebro y nuestro intestino. La investigación científica sobre su influencia en nuestra salud se ha iniciado a partir del siglo XXI y aunque queda mucho por saber, los expertos ya tienen en claro algunas conclusiones.
Una de ellas es que el estilo de vida y, principalmente, la alimentación son factores clave en las bacterias intestinales. Los científicos no saben hasta qué punto: hay estudios en curso sobre su vinculación con el cáncer y otros con enfermedades mentales como la depresión. En lo que seguro influye es en la inflamación intestinal. Con más de veinte años de trayectoria, Chaysavanh Manichanh es doctora en Bioquímica y Microbiología y jefa del grupo de Investigación en Microbioma del Hospital Vall d'Hebron Institut de Recerca, en Barcelona. En conversación con National Geographic España, lo cuenta:
“Estamos intentando profundizar la relación mecánica entre la microbiota y la enfermedad. Eso todavía cuesta mucho”, dice. Uno de los hallazgos es que los pacientes con la enfermedad inflamatoria intestinal tienen una menor calidad de dieta, lo que se traduce en menor diversidad de bacterias en la microbiota. Esto puede aumentar con una dieta rica en fibra, fruta, verduras y nueces y disminuir con mayor consumo de comidas procesadas o bebidas azucaradas.
"Sin embargo, no solo depende de la dieta. Es multifactorial", aclara Manichanh. En otros de los estudios que lideró, recolectaron 2.000 perfiles de dieta y muestras de heces para analizar la microbiota intestinal y establecer el vínculo con el lugar de residencia. Alíl ídentificaron que en las zonas del interior de España las personas tenían un patrón de dieta más sana, sobre todo con un mayor consumo de legumbres. Esto tienen beneficios para la salud porque son ricas en nutrientes y compuestos como proteínas, fibra, vitaminas y minerales.
También observaron que las personas de edad más avanzada tenían una mejor dieta (más consumo de pan integral, nueces y frutas, entre otros) y que las mujeres, mejor que los hombres, quienes son más propensos a consumir comidas preparadas y bebidas alcohólicas.
El antecedente al estudio era uno publicado en Nature por Adriel Latorre-Pérez, que había tomado 530 muestras de heces de voluntarios para evaluar el comportamiento de poblaciones adultas sanas. Los resultados ya habían indicado que en Navarra y La Rioja presentaron la mayor riqueza microbiana media y en las Islas Baleares, el más bajo:
“A nivel poblacional no se ha comparado la microbiota de España con otros países, pero sí se ha visto que en el interior tienen índices de una dieta más saludable que en las costas. La tendencia es a comer más sano y tradicional. No está muy claro por qué, pero se puede imaginar que es porque comen más legumbres y tienen cercanía al acceso de alimentos. También hemos visto que las chicas tienen índices más altos que los hombres y los estudios enseñan que en las zonas rurales siguen dietas más saludables que en las ciudades”, amplía Manichanh.
En general, admite la doctora, los alimentos saludables para la microbiota son los que el sentido común indica. Además de las bebidas azucaradas, menciona al chocolate y carbohidratos fáciles como pasta o pizza entre los negativos; mientras que la reducción de la inflamación destaca especialmente al tomate y al brócoli. Como excepción, diferentes estudios han identificado que el café -muchas veces relacionado con un impacto negativo en la salud- beneficia a la microbiota. Lo que también han comprobado es que los cambios en la dieta pueden tener un impacto directo:
“La microbiota es muy resiliente. Si un vegetariano vuelve a comer carne, cambiará su estado. Son como los antibióticos: cuando dejas de tomarlos, la microbiota ya ha sido afectado entonces puedes dejarlos. Esto quiere decir que a través de la dieta se podría intentar evitar enfermedades”, dice Manichanh.
Entre los diferentes investigadores a nivel mundial de microbiota actualmente trabajan en agrupar los datos para cohortes poblacionales de hasta 100.000 personas. De esta manera, podrían reducir la variabilidad individual y acceder a resultados más concluyentes. En ese aspecto, se estima que el uso de la inteligencia artificial sea un aliado clave en la gestión de grandes volúmenes de datos. Para la jefa de investigación del Hospital Vall d’Hebron, el próximo desafío será incorporarlo en los estudios médicos de todos los días:
“Todavía necesitamos pasar el análisis de la microbiota a la rutina del hospital. Eso todavía no se ha hecho y podría ayudar al diagnóstico. Nosotros hemos colaborado con clínicos que hacen trasplantes de órganos para evaluar el estado de los pacientes tras un trasplante, el estado de infección y han utilizado nuestro método, que es más rápido. Pero todavía falta para cambiar el chip del sistema y que los análisis de rutina lo acepten”.