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Received — 16 September 2026 ⏭ National Geographic España

El chocolate es cada vez más caro, y la Universidad de Harvard quiere evitarlo

16 September 2026 at 11:50

No es sólo cosa tuya. Las tabletas de chocolate ahora o son más pequeñas, o más caras, o han cambiado ligeramente de sabor porque han reformulado sus ingredientes. La explicación de este fenómeno que afecta a los bolsillos de los más chocolateros es que, sólo en 2024, el cacao triplicó su precio debido a la escasez. Una escasez que, según investigadores de la Universidad de Harvard y de Ghana, tiene mucho que ver con los cambios recientes en el clima que han experimentado las regiones donde se cultiva.

Anna Lea Albright, que dirigió el estudio como investigadora posdoctoral en el Centro para el Medio Ambiente de la Universidad de Harvard, explica las dificultades a las que se enfrenta la planta del cacao: “La sequía es una amenaza real para el cacao, y eso está más que demostrado”, indica. La falta de agua afecta al ciclo vital de los árboles, que acaban produciendo menos frutos y de peor calidad. “Lo que no se ha explicado tan bien es el otro extremo: el exceso de lluvia”, explica la investigadora. “Las lluvias intensas que se producen mientras los árboles están en flor favorecen la propagación de enfermedades fúngicas durante la floración y las primeras fases de desarrollo de las vainas, y también afectan a la producción".

Según indican los datos, la combinación del exceso de precipitación durante la temporada de lluvias, junto con las sequías que han experimentado durante la temporada seca explica alrededor de dos tercios de los cambios en la producción que se han observado año tras año en las últimas dos décadas. Y esta incertidumbre en la producción aumenta la volatilidad del precio del cacao.

Adaptarse o quedarse sin chocolate

Para garantizar un futuro en el que el chocolate siga siendo accesible es menester adoptar medidas que protejan la planta cuando es más vulnerable. Por ejemplo, intensificar el control de enfermedades con fungicidas en los momentos en los que se espera mayor precipitación, o añadir hojarasca y otros sistemas de protección del suelo para evitar la erosión y la pérdida de minerales.

“Esperamos que estos hallazgos contribuyan a reducir los daños en las cosechas en el futuro” afirmó el autor principal, Peter Huybers, catedrático del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias de Harvard. Hasta ahora, la mayor preocupación de los agricultores era la sequía y el aumento de las temperaturas, que podían provocar una disminución en el área en el que se puede cultivar el cacao. Pero el efecto de las precipitaciones de gran intensidad podría ser tanto o más dañino para la producción de las plantaciones actuales.

“Las salpicaduras de las gotas de lluvia pueden transmitir microorganismos infecciosos del suelo a las mazorcas de cacao”, afirma Huybers. Afortunadamente existen estrategias que permiten distribuir la energía que llevan esas gotas al caer y disminuyen el radio de las salpicaduras. Árboles más frondosos o, de nuevo, dejar hojarasca u otros desechos de poda podría ayudar a romper las gotas antes de que choquen contra el suelo y disminuir la transmisión de enfermedades.

Predecir el tiempo en el largo plazo para estimar la producción

El equipo de investigación insiste que estas lluvias torrenciales están fuertemente ligadas a otros fenómenos atmosféricos de escala global, como El Niño que este año se espera que sea especialmente intenso. Por lo general, El Niño provoca lluvias intensas en Ecuador, uno de los grandes productores de cacao, mientras que vuelve el tiempo más seco en el oeste de África e Indonesia, otros de los dos mayores exportadores. Por tanto, instan a los productores a que se preparen en base a la nueva realidad climática.

Aunque los propios autores también indican que el estudio cuenta con ciertas limitaciones, ya que reducir toda la problemática en la producción del cacao a la climatología es un enfoque muy reduccionista. En Ghana, los árboles de muchas plantaciones están envejecidos, lo que disminuye su producción, y las mafias de contrabando de cacao, así como las crecientes industrias de extracción oro y de producción de caucho empujan a los productores tradicionales hacia negocios más rentables.

Aun así, no hay que minimizar el efecto de la amenaza climática. El futuro del cacao, y de otras plantaciones no depende únicamente de que el mundo sea cada vez más cálido. También depende de cuándo llueve, con qué intensidad y de si los agricultores pueden adaptar sus cultivos a esos fenómenos extremos.

© National Geographic España

¿Sienten los animales al interactuar con personas?

15 September 2026 at 11:00

“Me di cuenta de que los mini-equinos de nuestro laboratorio reaccionaban de forma diferente según cómo los acariciara, y que me hacía sentir bien hacer que se sintieran bien”, explicaba Claire Short. Short es gerente del Green Care Lab, un equipo de investigación centrado en analizar cómo el contacto con la naturaleza afecta a la salud humana. Pero entonces le vino a la cabeza una idea. Puede ser que, durante años, los artículos científicos acerca del impacto de los animales de terapia en la salud hayan ido arrastrando un grave problema metodológico.

El problema que encuentra Short es la consistencia. Los experimentos previos muestran tanto que los animales de terapia pueden ayudar a pacientes en los momentos más crudos de un tratamiento, o todo los contrario, que pueden incluso ser contraproducentes. Y ahí fue cuando se le encendió la bombilla: “Me pregunté si eso se debía, en parte, a que cada persona interactuaba con los animales de una manera diferente”.

“No puedes estar en un prado observando cómo interactúan un niño y un burro y fingir que sólo uno de los dos está experimentando una sensación”, afirma la Dra. Rebeca Calisi Rodríguez, directora del laboratorio. “Ambos se miran uno al otro, responden a los estímulos, y ambos toman decisiones” explica. Pero como la ciencia se ha centrado principalmente en lo que afecta a los humanos, puede que hasta ahora sólo se hayan medido la mitad de los datos, lo que impide comprender el todo. “Darme cuenta de eso se convirtió en el núcleo de mi trabajo y en el núcleo de este artículo”, explica Calisi.

Los adolescentes que susurraban a los ponis

Para comprender este complejo sistema de reciprocidad, las investigadoras trajeron a 61 adolescentes y a cuatro equinos procedentes de protectoras. Dos de los equinos eran caballos ponis, llamados Olivia y Randy, y los otros dos eran burros miniatura llamados Mary y Memphis. La idea era simple, los adolescentes pasarían un total de tres minutos con la manada. Ahora bien, la diferencia con otros experimentos es que aquí había normas para acariciarlos.

La mitad de los adolescentes acariciarían suavemente el lomo de los animales, mientras que a la otra mitad se les pidió que fuesen un poco más vigorosos y les rascaran enérgicamente el cuello. Esta última forma se asemeja más a cómo los equinos se acicalan entre sí. Además, también se les mostró a los adolescentes a reconocer dos señales de comportamiento equino que indicarían si el animal lo estaba pasando bien o no. El primero era el movimiento de los labios, que indica placer o disfrute, y el segundo la acción de alejarse, que indica que el animal quiere un poco de espacio.

Basados en la información de los adolescentes, los caballos y los burros preferían que se les rascara el cuello, ya que tendían a mover más los labios durante esas interacciones. Además, los equinos mostraron incomodidad en el 89 % de las interacciones en las que se les acariciaba el lomo, frente al 42 % de las interacciones que implicaban rascar. Por su parte, todos los adolescentes se sintieron mejor tras las interacciones, especialmente cuando veían que los equinos movían los labios. Pero también reportaron menos tristeza cuando los caballos se alejaban, un resultado inesperado.

Saber que lo hacen porque quieren

A Calisi Rodríguez esta intervención le parece muy interesante. En sus propias palabras: “Me encanta que este resultado inesperado cuestione la suposición de que una mayor interacción con los animales es siempre mejor”. Según su suposición, todo parte de cómo comprendemos la relación con el animal. “Es posible que una interacción significativa no requiera que un animal interactúe con nosotros de forma continua. Ver cómo un animal ejerce su libre albedrío, al acercarse a ti, al quedarse contigo o al alejarse puede hacer que la interacción resulte más auténtica”, explica la investigadora.

“Es muy importante que no quede la sensación de que esta es una historia sobre la mejor forma de acariciar a un burro, por muy bonito que pueda parecer. Se trata de un estudio sobre la reciprocidad”, afirmó Calisi Rodríguez. Y este tipo de investigaciones son necesarios si se va a confiar cada vez más terreno a los animales para apoyar en cuestiones de salud humana. Al final, comprender el bienestar por parte del animal es una responsabilidad ética, y además permite comprender más a fondo cómo funcionan estas intervenciones.

“En definitiva, lo que queremos saber es si podemos predecir las condiciones en las que una interacción resulta beneficiosa para ambas especies”, indica la investigadora. “Me encantaría que los programas de terapia asistida con animales se convirtieran en lugares donde las personas no solo reciban cuidados de los animales, sino que también aprendan a devolverles esos cuidados”, concluye.

© Gregory Urquiaga, UC Davis

La Primera y Segunda Guerra Mundial siguen cobrándose víctimas

14 September 2026 at 11:00

La profesora de geofísica marina Katrine Juul Andresen jamás se imaginó dirigiendo a un grupo de buzos militares de la marina de Dinamarca. Y, sin embargo, allí estaba, explicando exactamente lo que esperaba de esta misión. Normalmente sería ella la que se enfundaría en un traje seco y se ataviaría con todos los dispositivos necesarios para sumergirse en las frías profundidades del Mar del Norte. Pero hoy no. El buceo recreativo está estrictamente prohibido en los alrededores del pecio del submarino alemán UC-30.

“Tras recibir instrucciones, [los buzos militares] se sumergieron y recogieron muestras de sedimentos, de agua y de fauna marina en distintos puntos del pecio y del lecho marino circundante”, explica Andresen. “También grabaron vídeos y tomaron fotografías, que posteriormente utilizamos para evaluar la exposición de las minas y el estado del pecio”. Porque sí, el riesgo de explosión es real, en el momento en el que el submarino se hundió portaba en su interior 18 minas y 6 torpedos. Por ello no conviene que se acerquen buzos civiles y agiten las aguas más de lo necesario.

Aunque tras más de un siglo sumergido, la corrosión ha hecho mella en el duro metal en gran parte de este armamento, lo que ha causado que el material explosivo se esté filtrando lentamente en los océanos. En parte, esto es una buena noticia, ya que reduce el riesgo de explosión, pero supone un problema con un impacto a largo plazo: La contaminación marina.

Para medir con precisión los niveles de contaminación se toparon con un problema, ya que necesitaban filtrar durante varios meses miles de litros de agua y observar los daños en vida marina circundante. La respuesta ante dicha tesitura no vino de parte de una máquina, sino del mejillón común, ya que gracias a su alimentación por filtración y a que se trata de un ser vivo, podrían obtener ambos datos con un único animal y sin un gran coste económico.

Por ello, prepararon 50 cajas de cría de mejillón y las colocaron en distintos lugares del pecio del UC-30 con la idea de recuperarlos varios meses después. Además, también realizaron estas mismas siembras en otros pecios de otros dos buques hundidos conocidos como KW-58 y SMS MAINZ. Con esto, esperaban obtener los suficientes datos para comprender cómo podía afectar la presencia de explosivos a la vida marina.

Explosivos en la vida marina

Los resultados de los análisis son claros, explica la Dra. Andresen. “Hemos encontrado rastros de TNT en la fauna silvestre, el lecho marino y la columna de agua. Sin duda, el pecio del UC-30 es una fuente de contaminación”. Pero la pregunta es, cuánto afecta esta contaminación a la fauna marina y cuánto se expande por el medio. “Probablemente se trate de una fuente de contaminación relativamente localizada, pero la situación empeorará a medida que el pecio siga deteriorándose y quede al descubierto una mayor cantidad del material explosivo que contienen las minas”, afirma Andresen.

En el KW58, los resultados fueron similares, ya que los mejillones mostraban un crecimiento anómalo y una mayor presencia de moléculas relacionadas con el estrés celular. Además, apenas tenían enzimas con las que limpiar las toxinas, algo que, apuntan, puede que se deba a que se les habían agotado. En cambio, en el SMS MAINZ no se detectó presencia de TNT, y los mejillones crecían completamente sanos.

Este problema no es único de los pecios del UC-30 y el KW58, ni mucho menos. Según un documento previo elaborado por la propia Katrine, en 2024 se podían contabilizar 10,127 barcos hundidos en las aguas danesas. Alrededor del 15 % de dichos pecios datan de los periodos de las Guerras Mundiales y, por tanto, es de esperar que portasen armamento que podría estar causando los mismos problemas que en los alrededores del submarino y el patrullero alemanes.

Entre esos pecios se encuentran los de la batalla de Jutlandia, la última gran confrontación entre dos naciones en la que han participado cientos de barcos de guerra. Durante las 4 horas en las que llovieron proyectiles, más de 100.000 toneladas de material bélico, entre los que se incluyen 25 buques, acabaron en las profundidades del océano, y 10.000 marineros perdieron la vida. Con el hundimiento de los grandes navíos, también se sumergieron cientos de miles de proyectiles sin detonar, que ahora pueden estar contaminando los fondos en los que reposan los restos de la batalla.

Por otro lado, además de barcos, indica la Dra. Andresen, durante la Primera Guerra Mundial también se desplegaron alrededor de 190.000 minas. Una de ellas, presumiblemente de la Marina Real británica, provocó el hundimiento del UC-30, y otras tantas impactaron contra otros buques. Pero muchas de estas minas sólo quedaron en el océano, esperando un encuentro fortuito, hasta que se desgastaron y acabaron hundiéndose en las profundidades.

La idea de aquel documento era una llamada de acción para la Agencia de Protección Medioambiental Danesa, ya que todo apunta que se podrían requerir medidas concretas de descontaminación. “No tengo constancia de si la agencia ha seguido trabajando en este asunto desde que se publicó el informe en 2024”, indica Andresen. “Mientras tanto, las investigaciones indican que los pecios y el armamento constituyen una fuente de contaminación para el medio marino local”.

No hay forma sencilla de limpiar los océanos

“Los alemanes están más avanzados en este tema que nosotros en Dinamarca”, continúa Andresen. “A veces recuperan explosivos de los pecios y los neutralizan, pero hacerlo resulta muy costoso”. Por ello, según explica, han destinado partidas enormes para tratar de identificar, recoger y neutralizar algunos de los pecios más peligrosos. Entre ellos, se encuentran varios lugares en los que las fuerzas aliadas arrojaron miles de toneladas de munición para evitar que cayeran en las manos equivocadas.

El problema es que no es tan sencillo como llegar al lugar, detonarlo y dejar que la naturaleza siga su curso. Estas detonaciones subacuáticas podrían dispersar la contaminación y agravar el problema. “Depende de la zona en la que se encuentren los restos del naufragio y las municiones. Las corrientes y la morfología del lecho marino desempeñan un papel fundamental”, afirma Katrine.

De hecho, por este mismo motivo no todos los pecios contaminan por igual. Algunos de ellos están parcial o completamente enterrados bajo la arena, lo que contiene la contaminación. Por ello, la clave de estas medidas es la identificación de los pecios más contaminantes y buscar la solución más adecuada para cada caso.

Y de eso mismo se encargan en el programa REMARCO, financiado por la Unión Europea, donde han logrado diseñar robots que son capaces de desplazarse por el fondo marino, tomar muestras de munición, y neutralizarla. Pero todavía queda mucho trabajo por delante, concluye la Dra. Andresen: “Estamos intentando encontrar las soluciones más respetuosas para este problema, ya que, lamentablemente, no hay una forma fácil de solucionarlo”.

© iStock - MR1805

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