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Received — 9 September 2026 ⏭ National Geographic España

Caminar más rápido se asocia con una mayor inteligencia

Caminar nos parece una actividad muy sencilla. No necesitamos pensar conscientemente en cada paso ni recordar cómo hacerlo. Esto sucede porque ya lo practicamos en nuestra infancia y lo almacenamos en la memoria procedimental. Pero caminar es una extraordinaria proeza neurológica: requiere coordinar los sistemas musculoesquelético, nervioso central y periférico, la visión, la capacidad aeróbica, la aptitud cardiorrespiratoria y la producción y el suministro de energía. 

Para la evaluación geriátrica integral, la velocidad de la marcha es una medida importante: caminar lento . Uexiste una contraparte. Se asocia con una peor respuesta a la rehabilitación, enfermedades cardiovasculares, demencia y mayor mortalidad prematura. Afortunadamente, es un signo de envejecimienton estudio longitudinal ha encontrado que quienes caminan más rápido presentan mejor rendimiento cognitivo y varios indicadores de una mejor salud cerebral.

Una carrera de cinco décadas

Para llegar a esta conclusión, el estudio ha analizado a 904 participantes del Dunedin Multidisciplinary Health and Development Study, una investigación que ha seguido durante 5 décadas a una cohorte nacida en Nueva Zelanda. Al cumplir 45 años, valoraron sus capacidades cognitivas, escanearon sus cerebros y analizaron la velocidad caminando normalmente, mientras realizaban simultáneamente una tarea mental y a marcha máxima. Además disponían de algo excepcional: información sobre su funcionamiento cognitivo desde los 3 años.

El ritmo de envejecimiento se midió para cada participante con evaluaciones repetidas de 19 biomarcadores tomadas a los 26, 32, 38 y 45 años

Los resultados fueron sorprendentes. . marcha lenta a los 45 años se asociaron con una mala salud cerebral a los 3 añosLos indicios de Las personas que caminaban más despacio presentaban mayor número de limitaciones físicas, menor fuerza de agarre, peor equilibrio y peor coordinación visomotora. Y la neuroimagen reveló, además, un menor volumen cerebral, menor grosor y superficie cortical y mayor cantidad de hiperintensidades de la sustancia blanca.

¿La senda que conduce a la inteligencia?

Pero había algo todavía más llamativo con relación a la inteligencia y al cociente intelectual (CI), el cual obtuvieron con la Escala de Inteligencia para Adultos de Wechsler-IV: las personas con un CI más bajo a los 45 años tenían una marcha más lenta (había una diferencia media de 16 puntos en el CI). Es más, el deterioro cognitivo de estas personas : velocidad de procesamiento,evidente en múltiples dominios neuropsicológicosfue, además,  memoria de trabajo, razonamiento perceptivo y comprensión verbal.

Otras conclusiones fascinantes se relacionan con aquellos datos obtenidos cuatro décadas atrás. Presentar un peor funcionamiento cognitivo a los 3 años se relaciona significativamente con caminar más despacio a los 45 años. También, quienes experimentaron un mayor descenso de sus capacidades cognitivas desde la infancia hasta la edad adulta presentaban una marcha más lenta. Esto es, la relación entre cerebro y movimiento podría tener raíces más tempranas de lo que imaginábamos.

Pero estos resultados deben entenderse con cautela. No debe interpretarse que comenzar a caminar más rápido nos convertirá en personas más inteligentes. El estudio no demuestra una relación causal, sino una asociación. Lo que sí parece mostrar es que la velocidad con la que nos desplazamos puede funcionar como un indicador sencillo de algo mucho más complejo: el estado conjunto de nuestros sistemas físico, neurológico y cognitivo.

Un nuevo paso hacia la comprensión del envejecimiento

Estos hallazgos exigen repensar la velocidad de la marcha. Pasar de verlo como un índice geriátrico de declive funcional a un índice del papel del funcionamiento neurocognitivo a lo largo de la vida en los procesos de envejecimiento. Es decir, la asociación entre la velocidad de la marcha y la función física es evidente a mediana edad, no solo entre las personas mayores. Por tanto, podría ser más fácil prevenir el daño asociado al envejecimiento que revertirlo.

Estas interpretaciones invitan a reconsiderar la velocidad al caminar no solo como una cuestión motora, sino como una medida integral de la salud, ya que nuestro modo de pasear por el mundo conserva huellas del estado cerebral. Como defendía el filósofo francés Merleau-Ponty, no somos una mente que simplemente posee un cuerpo, sino que existimos y nos expresamos a través de él. Y, a veces, basta con andar para que el cuerpo hable por las neuronas.

© iStock

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