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Received — 9 September 2026 ⏭ National Geographic España

Lorenzo Roca: “Nos creemos superiores, pero somos una especie reciente”

9 September 2026 at 18:00

Hubo un paréntesis de largos años en la vida de Lorenzo Roca Moreno en los que se dedicó a crear empresas, trabajar como químico y vender productos a laboratorios. Pero al margen de su trayectoria profesional, lo que más lo define es su afición por la naturaleza. Aprendió a respetar a los animales de pequeño cuando vivía en el Pirineo, donde también salía a pescar o buscar setas. Los llama “mis amigos, los bichos”.

Con cierta holgura económica, en 2019 como entretenimiento decidió aportar algo que consideraba inexistente en el mundo de la divulgación: una enciclopedia sobre la comunicación de los animales. Dice que le ha dedicado 10.000 horas y ahora presenta el séptimo libro de la serie.

La parte técnica de la obra ha sido revisada por Luis Palomo Muñoz, doctor en Ciencias Biológicas de la Universidad de Málaga, el Dr. Antonio Román Muñoz Gallego, profesor titular de Biología Animal de la Universidad de Málaga; Alfonso López-Solano (investigador de CSIC); y Mario García Paris (biólogo del Museo Nacional de Ciencias Naturales). Roca define su trabajo de “escribano” de bibliografía sobre la que otros han investigado.

En el primer tomo reconstruyó la cronología de la comunicación del homo sapiens -de las pinturas rupestres hasta el fax-; en el segundo, se detuvo en los mamíferos; luego siguieron las aves, los anfibios, los reptiles, los peces y ahora está presentando el séptimo, dedicado a los invertebrados para finalizar la colección.

“Una araña macho cuando quiere comunicarse con la hembra para reproducirse mueve la patita que pesa 0,00001 gramo y la hembra, que es la tejedora, la observa desde un rinconcillo. Imagínate lo que pesa su pata y a pesar de ser tan pequeñito sabe qué especie es. Eso es espectacular, comunicación por ondas vibratorias”, cuenta Lorenzo Roca a National Geographic, absolutamente fascinado con su campo de estudio y argumentando que este último es su libro preferido. Luego añade:

“Las luciérnagas también son maravillosas. La hembra emite luz desde el abdomen para que el macho vaya a buscarlas. Se dice que hoy en día tienen problemas para procrear porque con las luces de las farolas ahora los machos tienen dificultades para encontrarlas”.

Pregunta. ¿Es cierto que el principal objetivo de comunicación de las especies es la reproducción?

Respuesta. Los animales tienen el único sentido importante que es conseguir la continuación de la especie. Primero, se comunican para reproducirse, pero también para defenderse de otras especies y sobrevivir. Nosotros nos creemos superiores, pero somos una especie reciente en comparación a las demás.

P. Siempre se habla de la comunicación de los cetáceos. ¿Con qué te has encontrado estudiándolo?

R. Me ha impresionado que las orcas entienden su comunicación en grupos concretos, pero si llega una desde otro sitio, no. No sólo han construido un sistema de comunicación como especie, sino un lenguaje dentro un grupo y lugar concreto. Lo mismo pasa con los orangutanes: los de Borneo del sur se comunican diferente a los del norte, pero puede haber cosas comunes como señales de alarma o miedo.

P. ¿Desarrollan mejor su comunicación los animales en mayor peligro?

R. Los peces han entendido que deben poner millones de huevos porque su descendencia está desprotegida. El pez luna produce 30 millones de huevos al año, pero la mayoría los comen otros peces, un pájaro o lo pescan. El objetivo es que sobreviva la especie.

P. ¿Has comprobado la comunicación interespecie?

R. Sí, hay casos, por ejemplo, entre aves y mamíferos. El cuervo negro tiene un pico enorme y robusto, que no es puntiagudo. Solo come las partes blandas porque no puede desgarrar la carne. Entonces cuando observan un animal muerto, busca lobos y el jefe de la manada de lobos capta el mensaje de su vuelo en círculos y lo sigue. Cuando llegan, el cuervo espera que los lobos coman y cuando se marchan, bajan a buscar las partes blandas.

R. Otro caso es el mero y la morena. La morena vive en agujeros, sale para cazar y vuelve a su sitio. El mero, que tiene una cabeza grande, a veces se pone en forma vertical y le envía un mensaje a la morena para llevarlo a coger una presa que él no puede.

P. Los loros tienen una comunicación muy desarrollada, pero no suele pensarse que son los más inteligentes. ¿Por qué?

R. Imitar palabras no quiere decir que sea su lenguaje. Cuando repiten “hola” no está asociado a lo que tú conoces. El lenguaje también son los gestos, la mirada y las expresiones. Algunas aves utilizan cánticos o cambios de plumas para anunciar el período reproductivo. Los delfines hacen bailes o movimientos con la cabeza y se comunican con ultrasonidos por el agua.

© Cedida

Lo curiosos estudios premiados en los IG Nobel 2026

9 September 2026 at 12:00

Lo que popularmente conocemos como cucarachas llevan en este planeta alrededor de 320 millones de años. Y durante ese tiempo la evolución ha hecho de las suyas, especialmente en su método de reproducción. Estos insectos, que no son del agrado de todo el mundo, pueden clasificarse en tres grandes grupos: las que ponen huevos, conocidas como cucarachas ovíparas; las ovovivíparas, que ponen los huevos en un saco especial de la hembra, y una especie muy concreta que es vivípara: Diploptera punctata.

Ser una cucaracha vivípara trae ventajas y desventajas. Por un lado, la hembra ha de invertir menos recursos a la hora de crear los huevos, ya que no han de almacenar tantos nutrientes. Pero mientras se están formando los embriones, estos, necesitan alimento hasta que pueden emerger al mundo exterior. Y ahí es donde entra en juego la leche de cucaracha o Lili-Mip.

La evolución ha dotado a D. punctata con un órgano capaz de almacenar proteínas, hidratos de carbono y lípidos y secretarlos en forma de leche. Pero lo curioso es que, cuando las proteínas de esta leche llegan al intestino del embrión cristalizan, algo muy poco habitual en el reino animal. Gracias a su composición y a este empaquetamiento, la Lili-Mip puede almacenar hasta tres veces más energía que la leche de vaca. Y ahí radica la importancia de este descubrimiento.

Tan solo entre 43 y 52 días tras el nacimiento, dependiendo de las condiciones ambientales, las cucarachas D. punctataalcanzan la madurez sexual. Se trata de un tercio del tiempo de otras cucarachas, como Rhyparobia maderae, ovovivípara, que tarda 160 días en alcanzar ese mismo estado. La clave de este extraordinario crecimiento son, como indican los investigadores, los cristales de Lili-Mip.

¿Por qué debería importarme la leche de cucaracha?

Tras este descubrimiento, se esconde también una forma de entender cómo la biología exprime los principios de la cinética y de la termodinámica para lograr una ventaja evolutiva. Algo que dejaron muy claro en la ceremonia de entrega de los premios, a los que acudieron vestidos con una gorra coronada con una cucaracha gigante y unas camisetas donde se podía leer “Cockroach is my spirit animal” (La cucaracha es mi animal espiritual).

Tras pasarse del tiempo establecido para la curiosa explicación de su proyecto, que incluía una canción acerca de la cristalización de la leche con guitarra y todo, fueron invitados a salir del escenario por varios investigadores vestidos de plátano.

Como ya habrán notado los lectores, los premios IgNobel no son premios científicos convencionales, sino que, a pesar de que la ciencia tras ellos es seria, tratan que no los acompañe la solemnidad (y dicho sea de paso, el aburrimiento) que se asocia a la investigación.

El poso que dejaron tras tan esperpéntica escena es, sin duda, el de la curiosidad. Tras millones de años de evolución, las cucarachas han logrado fabricar una leche más eficiente que la de los mamíferos para alimentar a su prole. Y, quizá, con suficiente investigación, esto podría inspirar nuevas estrategias para diseñar alimentos altamente nutritivos.

Los IgNobel de 2026, desde enterrar 1000 calzoncillos hasta sonarse la nariz

Los IgNobel se crearon en 1991 para premiar las investigaciones más extrañas, pero a su vez que dan que pensar. Al principio se tomaban incluso como una ofensa, pero poco a poco han ido transformándose en unos galardones que muestran la creatividad implícita en la ciencia. Por ello, en la actualidad se consideran una distinción más, y una forma fantástica de darse a conocer ante la comunidad científica. Las demás categorías (nada ortodoxas) premiadas en los IgNobel de 2026 fueron:

  • Biomecánica: A una nueva definición más precisa del acto de besar: Se trata de interacciones no agonísticas que implican un contacto oral-oral dirigido e intraespecífico, con cierto movimiento de los labios o las piezas bucales y sin transferencia de alimento. El estudio se hizo en hormigas, aves, osos polares y seres humanos.
  • Economía: A reunir pruebas de que las personas de clase alta son más propensas a robar caramelos de las provisiones de los niños y a participar en otros tipos de comportamientos poco éticos.
  • Medicina: Concedido al difunto Tokuji Unno, por el estudio titulado «Cómo sonarse la nariz: un estudio aerodinámico del acto de sonarse la nariz».
  • Biología: A una investigación acerca de pisar suavemente diversas partes de varias serpientes venenosas para intentar averiguar qué induce y qué no induce a una serpiente venenosa a morder a un ser humano.
  • Física: A una completísima investigación teórica y experimental cuyo fin era diseñar un urinario que no salpique.
  • Tecnología: Al “Necroprinting”. Es decir, a utilizar probóscides de los mosquitos (lo que emplean para picar) como boquillas de impresión 3D de alta resolución.
  • Olfato: A un estudio que consistía en recopilar pruebas de que los bebés huelen bien para sus padres, pero los adolescentes no.
  • Paz: A la demostración empírica de que valoramos a los amigos que se muestran despiadados con las personas que no nos caen bien.
  • Suelo: A un estudio que consistía en enterrar 1.000 pares idénticos de calzoncillos en más de 25 países y desenterrarlos dos meses después para observar cómo la calidad del suelo influye en la degradación de las fibras de algodón.

© IgNobel

La naturaleza late al mismo ritmo: científicos descubren un “tempo universal”

9 September 2026 at 10:00

Un equipo de científicos ha confirmado que muchos animales separados por millones de años de evolución se comunican con ritmos de entre 0,5 y 4 Hz, una coincidencia que podría estar relacionada con la manera en que sus cerebros procesan las señales.

La pista apareció casi por accidente. Durante una expedición en Tailandia, investigadores de la Universidad Northwestern observaron que unas luciérnagas parpadeaban mientras los grillos cercanos parecían cantar prácticamente al mismo compás: ambos rondaban los 2,4 ciclos por segundo. No estaban verdaderamente sincronizados, pero aquella semejanza abrió una pregunta mucho mayor: ¿y si buena parte de la naturaleza hubiera convergido hacia un mismo “tempo” para comunicarse?

Publicado en PLOS Biology, el trabajo amplió la búsqueda a insectos, crustáceos, anfibios, peces, aves y mamíferos. El resultado apunta a una especie de “zona caliente” entre 0,5 y 4 Hz, un intervalo que aparece una y otra vez pese a las enormes diferencias de tamaño, hábitat, anatomía y forma de emitir las señales. Y hay un detalle especialmente intrigante: esa misma franja coincide con ritmos lentos presentes en la actividad cerebral.

Un compás que aparece desde una luciérnaga hasta un primate

Los autores no estudiaron cualquier sonido animal. Se concentraron en señales isócronas, es decir, eventos que se repiten con intervalos aproximadamente regulares, como los golpes de un metrónomo. Esto permite comparar fenómenos tan diferentes como un destello luminoso, una llamada acústica o determinados movimientos corporales utilizando una misma medida: cuántas veces ocurre la señal cada segundo.

Cuando reunieron ejemplos procedentes de trabajos científicos previos, apareció una regularidad inesperada. Animales que difieren en hasta 8 órdenes de magnitud de masa corporal utilizaban con frecuencia tempos comprendidos entre 0,5 y 4 Hz. Allí figuraban luciérnagas, grillos, crustáceos, ranas, aves, peces, simios, humanos y leones marinos. La coincidencia atravesaba incluso los sentidos: algunas especies se comunicaban mediante sonido; otras, mediante luz o movimiento.

Pero los investigadores eran conscientes de un problema: podrían haber seleccionado, sin pretenderlo, ejemplos que encajaran demasiado bien con la hipótesis. Para reducir ese riesgo recurrieron también a xeno-canto, una gran base de datos de sonidos de fauna salvaje, y escogieron aleatoriamente 50 señales isócronas pertenecientes a aves, murciélagos, ranas, saltamontes y mamíferos terrestres.

La distribución volvió a señalar hacia el mismo territorio temporal. El máximo se situaba aproximadamente alrededor de los 3 Hz, y la mediana observada alcanzaba 3,45 Hz. Para llegar a esas 50 muestras válidas tuvieron que examinar 124 grabaciones. El patrón, por tanto, no dependía únicamente de los ejemplos elegidos inicialmente por los autores.

Pero aquí comienza el verdadero misterio. Un grillo y un primate no producen señales con los mismos músculos, ni poseen el mismo tamaño, ni viven sometidos a las mismas presiones ambientales. Entonces, ¿por qué tantos organismos distintos parecen reunirse en una franja temporal relativamente estrecha?

El cerebro podría ser el metrónomo oculto

Una posibilidad evidente sería que el cuerpo impusiera ese ritmo. Sin embargo, los autores consideran difícil explicar toda la coincidencia mediante restricciones mecánicas porque los sistemas utilizados para generar las señales son extraordinariamente distintos. Además, muchas de esas especies pueden producir estímulos más rápidos y, naturalmente, también podrían espaciarlos mucho más.

La explicación propuesta cambia entonces de protagonista: en lugar de mirar al animal que envía la señal, mira al que la recibe. Todos esos receptores, por diferentes que sean, terminan procesando la información mediante neuronas. Quizá la evolución haya favorecido señales que se encuentran dentro de una ventana temporal especialmente fácil de detectar y procesar para pequeños circuitos neuronales.

La franja de 0,5 a 4 Hz coincide además con la denominada banda delta en neurociencia. Esto no significa que una luciérnaga, una rana y una persona posean cerebros equivalentes, ni que sus señales activen exactamente los mismos mecanismos. La hipótesis es más sutil: ciertas propiedades biofísicas elementales de las neuronas podrían imponer escalas temporales semejantes incluso en sistemas nerviosos muy diferentes.

Para comprobar si esa idea era físicamente plausible, los científicos construyeron modelos computacionales de pequeños circuitos formados por cinco osciladores neuronales. Probaron 1.665 configuraciones diferentes de conexión y analizaron cómo respondían cuando recibían una señal periódica externa. En la mayoría de las topologías, el circuito podía dejarse arrastrar por el estímulo sin necesitar una arquitectura extraordinariamente afinada.

El modelo mostró además una propiedad decisiva: la respuesta era máxima cuando el ritmo externo se acercaba a la frecuencia natural del propio circuito. Esa resonancia proporciona un mecanismo teórico capaz de explicar por qué una señal situada en determinada franja temporal podría resultar especialmente eficaz para capturar la actividad coordinada de las neuronas receptoras.

Dicho de otra forma: quizá muchos animales no hayan convergido hacia ese tempo porque resulte sencillo producirlo, sino porque resulta ventajoso escucharlo, verlo o percibirlo.

De los grillos a nosotros: una pista sobre el origen del ritmo

La idea tiene una consecuencia fascinante para nuestra propia especie. Un tempo de 2 Hz equivale aproximadamente a 120 pulsaciones por minuto, una velocidad extraordinariamente familiar en la música humana. Tradicionalmente se ha relacionado nuestra preferencia por tempos cercanos a esa cifra con movimientos corporales como caminar, pero el nuevo estudio plantea que la explicación podría hundir sus raíces mucho más profundamente en la evolución de los sistemas nerviosos.

Ya existían pistas compatibles con esa posibilidad. Experimentos con ratas mostraron que estos animales pueden sincronizar espontáneamente movimientos con pulsos musicales y que determinadas respuestas neuronales son especialmente intensas alrededor de los 2 Hz, un resultado citado por los autores como apoyo a la hipótesis de una ventana temporal privilegiada.

También sabemos que las fronteras rítmicas entre especies pueden influir en la comunicación cotidiana. Un estudio de PLOS Biology sobre perros y humanos encontró que los perros vocalizan aproximadamente a 2 emisiones por segundo, mientras que el habla humana dirigida a adultos ronda las 4 sílabas por segundo. Cuando hablamos a nuestros perros, reducimos espontáneamente el ritmo hacia unos 3 Hz, como si buscáramos un terreno temporal intermedio que resulte más accesible para ambos.

Eso no demuestra la existencia de un “idioma universal de la naturaleza”. El trabajo de Amichay, Balasubramanian y Abrams es exploratorio, su recopilación no es exhaustiva y existen especies cuyos tempos quedan claramente fuera de los 0,5–4 Hz. Los propios investigadores reconocen posibles sesgos tanto en la literatura disponible como en nuestra capacidad humana para detectar determinadas señales.

Lo extraordinario, por tanto, no es imaginar que un grillo pueda conversar con una luciérnaga. Es algo quizá más profundo: que cerebros y sistemas nerviosos separados por vastas distancias evolutivas puedan compartir una ventana temporal especialmente favorable para recibir información. Si futuros experimentos demuestran que esa resonancia neuronal ha moldeado realmente la evolución de las señales, el pulso de la comunicación animal podría revelar una regla biológica que hasta ahora permanecía escondida a plena vista.

© iStock

Últimos días para tomar el sol

9 September 2026 at 08:00

Esta tropa de lémures parece que ya saben que quedan pocos días de verano y quieren aprovechar para tomar el sol. Apiñados sobre una roca, la fotógrafa Leslie Poulson los encontró en la Reserva Comunitaria de Anja, en Madagascar durante una mañana. Según observó, se turnaban para ocupar el lugar más soleado durante 10 o 15 minutos y luego continuar sus actividades. Permaneció oculta a unos 20 o 30 metros sin interrumpir y presenció la escena durante casi una hora. Los lémures de cola anillada son una especie exclusiva de la isla y son conocidos porque, a diferencia de muchos primates, les gusta tomar el sol y acostumbran a hacerlo al amanecer para calentarse tras el frío de la noche.

© Cordon Press

La Luna podría esconder la primera prueba de vida inteligente extraterrestre

9 September 2026 at 07:00

La respuesta a si estamos solos en el universo podría estar a la vuelta de la esquina. La búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI, por sus siglas en inglés) se ha basado tradicionalmente en escuchar el cosmos. Hemos apuntado gigantescas antenas parabólicas hacia el abismo, esperando captar una señal de radio o un destello láser que nos confirme que no estamos solos.

Sin embargo, la famosa Ecuación de Drake y la Paradoja de Fermi hacen hincapié en que las civilizaciones nacen y mueren, y nuestra ventana para coincidir con ellas es irrisoria. Pero este reciente trabajo mira en otra dirección. La clave podría llevar millones de años acumulándose en nuestro propio patio trasero. En la Luna.

La investigación, liderada por Lewis J. Pinault y un equipo de investigadores del Instituto SETI sin fines de lucro y el Birkbeck College, expone que nuestro satélite natural, la Luna, podría ser una especie de "placa de recolección" cósmica, salpicada de artefactos extraterrestres microscópicos.

En el desván del sistema solar

Esta circunstancia puede darse porque, a diferencia de la Tierra, nuestro satélite carece de atmósfera, de clima y de tectónica de placas. No hay lluvia que erosione la roca, ni viento que barra el polvo, ni magma que recicle la corteza. Durante unos 4.000 millones de años, la Luna ha ido acumulando pasivamente todo lo que el viento estelar y la dinámica galáctica han arrojado sobre ella. Por eso las míticas pisadas de los astronautas que han pisado la Luna no se han borrado. No hay nada que pueda erosionar o borrar esas marcas en la superficie.

De esta manera, la superficie lunar ha estado recogiendo micrometeoritos, polvo cósmico y, según esta nueva hipótesis, posibles tecnomarcadores (firmas tecnológicas) de civilizaciones alienígenas extintas.

Partículas Arkhipov y Bracewell: la "basura" alienígena

Pero, ¿qué estamos buscando exactamente? Buscamos algo sutil y abundante: polvo cósmico.

El astrofísico Brian C. Lacki de Oxford y los investigadores del SETI sugieren que las civilizaciones avanzadas podrían haber construido megaestructuras, como enjambres de esferas Dyson para capturar la energía de sus estrellas y, con el paso del tiempo, el desgaste y sin mantenimiento, estas estructuras tecnológicas teorizadas colisionarían entre sí (un efecto similar al síndrome de Kessler en nuestra órbita), moliéndose una y otra vez hasta convertirse en polvo a escala micrométrica. Estas partículas, impulsadas por los vientos estelares a través de miles de años luz, habrían viajado por la galaxia hasta aterrizar en la Luna.

Los científicos clasifican este tipo de partículas en dos tipos: las partículas Arkhipov (basadas en el trabajo del investigador ucraniano Alexey Arkhipov), que serían los equivalentes espaciales de nuestros microplásticos (desechos no intencionados desprendidos de naves o infraestructuras), y las partículas Bracewell (en honor al físico estadounidense Ronald Bracewell), sondas microscópicas diseñadas deliberadamente para la exploración.

Un metro cúbico de respuestas

El plan propuesto en el artículo (disponible en el servidor de preimpresión arXiv y enviado para su revisión al International Journal of Astrobiology) es metódico y a la par factible gracias al inminente regreso humano a la Luna con el programa Artemis de la NASA. Los científicos proponen excavar y tamizar un solo metro cúbico de regolito lunar para este propósito.

Utilizando herramientas de visión artificial, espectroscopía de alta resolución, microtomografía y análisis isotópico, los investigadores buscarían metales, aleaciones o formas geométricas que sean inconsistentes con la geología lunar natural.

Si no encontráramos absolutamente nada, también obtendríamos información de ello. Significaría que habría límites estrictos a la cantidad de "basura tecnológica" que las civilizaciones pueden esparcer por la galaxia (menos de 0,09 equivalentes de masa terrestre, según sus modelos). No sería un trabajo en vano, ya que le pondría números reales a la Paradoja de Fermi.

En el caso positivo de encontrar un solo grano alienígena confirmado, estaríamos ante una nueva etapa de la historia de la humanidad. Demostraría que la inteligencia tecnológica es común o que, al menos, existió en el pasado (aunque fuese muy lejano).

© iStock

Descubren una nueva especie de pez gracias a un vídeo viral en TikTok

Un equipo internacional de zoólogos vio esas imágenes y decidió ir a buscarlo, en un pozo del estado de Bihar, en el este de la India. La búsqueda no fue fácil. Extrajeron miles de litros de agua con bombas manuales, con la esperanza de que el pez apareciera. Tras sacar unos dos mil litros de una de esas bombas, encontró el primer ejemplar. Y quinientos litros después, apareció un segundo. El pez mide unos cuatro centímetros. No tiene costillas aparentes, pero sí vértebras y radios en las aletas. 

© National Geographic España

Caminar más rápido se asocia con una mayor inteligencia

Caminar nos parece una actividad muy sencilla. No necesitamos pensar conscientemente en cada paso ni recordar cómo hacerlo. Esto sucede porque ya lo practicamos en nuestra infancia y lo almacenamos en la memoria procedimental. Pero caminar es una extraordinaria proeza neurológica: requiere coordinar los sistemas musculoesquelético, nervioso central y periférico, la visión, la capacidad aeróbica, la aptitud cardiorrespiratoria y la producción y el suministro de energía. 

Para la evaluación geriátrica integral, la velocidad de la marcha es una medida importante: caminar lento . Uexiste una contraparte. Se asocia con una peor respuesta a la rehabilitación, enfermedades cardiovasculares, demencia y mayor mortalidad prematura. Afortunadamente, es un signo de envejecimienton estudio longitudinal ha encontrado que quienes caminan más rápido presentan mejor rendimiento cognitivo y varios indicadores de una mejor salud cerebral.

Una carrera de cinco décadas

Para llegar a esta conclusión, el estudio ha analizado a 904 participantes del Dunedin Multidisciplinary Health and Development Study, una investigación que ha seguido durante 5 décadas a una cohorte nacida en Nueva Zelanda. Al cumplir 45 años, valoraron sus capacidades cognitivas, escanearon sus cerebros y analizaron la velocidad caminando normalmente, mientras realizaban simultáneamente una tarea mental y a marcha máxima. Además disponían de algo excepcional: información sobre su funcionamiento cognitivo desde los 3 años.

El ritmo de envejecimiento se midió para cada participante con evaluaciones repetidas de 19 biomarcadores tomadas a los 26, 32, 38 y 45 años

Los resultados fueron sorprendentes. . marcha lenta a los 45 años se asociaron con una mala salud cerebral a los 3 añosLos indicios de Las personas que caminaban más despacio presentaban mayor número de limitaciones físicas, menor fuerza de agarre, peor equilibrio y peor coordinación visomotora. Y la neuroimagen reveló, además, un menor volumen cerebral, menor grosor y superficie cortical y mayor cantidad de hiperintensidades de la sustancia blanca.

¿La senda que conduce a la inteligencia?

Pero había algo todavía más llamativo con relación a la inteligencia y al cociente intelectual (CI), el cual obtuvieron con la Escala de Inteligencia para Adultos de Wechsler-IV: las personas con un CI más bajo a los 45 años tenían una marcha más lenta (había una diferencia media de 16 puntos en el CI). Es más, el deterioro cognitivo de estas personas : velocidad de procesamiento,evidente en múltiples dominios neuropsicológicosfue, además,  memoria de trabajo, razonamiento perceptivo y comprensión verbal.

Otras conclusiones fascinantes se relacionan con aquellos datos obtenidos cuatro décadas atrás. Presentar un peor funcionamiento cognitivo a los 3 años se relaciona significativamente con caminar más despacio a los 45 años. También, quienes experimentaron un mayor descenso de sus capacidades cognitivas desde la infancia hasta la edad adulta presentaban una marcha más lenta. Esto es, la relación entre cerebro y movimiento podría tener raíces más tempranas de lo que imaginábamos.

Pero estos resultados deben entenderse con cautela. No debe interpretarse que comenzar a caminar más rápido nos convertirá en personas más inteligentes. El estudio no demuestra una relación causal, sino una asociación. Lo que sí parece mostrar es que la velocidad con la que nos desplazamos puede funcionar como un indicador sencillo de algo mucho más complejo: el estado conjunto de nuestros sistemas físico, neurológico y cognitivo.

Un nuevo paso hacia la comprensión del envejecimiento

Estos hallazgos exigen repensar la velocidad de la marcha. Pasar de verlo como un índice geriátrico de declive funcional a un índice del papel del funcionamiento neurocognitivo a lo largo de la vida en los procesos de envejecimiento. Es decir, la asociación entre la velocidad de la marcha y la función física es evidente a mediana edad, no solo entre las personas mayores. Por tanto, podría ser más fácil prevenir el daño asociado al envejecimiento que revertirlo.

Estas interpretaciones invitan a reconsiderar la velocidad al caminar no solo como una cuestión motora, sino como una medida integral de la salud, ya que nuestro modo de pasear por el mundo conserva huellas del estado cerebral. Como defendía el filósofo francés Merleau-Ponty, no somos una mente que simplemente posee un cuerpo, sino que existimos y nos expresamos a través de él. Y, a veces, basta con andar para que el cuerpo hable por las neuronas.

© iStock

Descubren que las galaxias pueden tener crecimientos explosivos

8 September 2026 at 14:00

Un equipo de científicos ha confirmado que la galaxia Messier 74 prácticamente ha duplicado el tamaño conocido de su disco, pasando de unos 14 a 30 kilopársecs, y que buena parte de esa gigantesca extensión podría haberse formado en menos de 1.000 millones de años. La edad estimada de sus estrellas ronda, de hecho, los 640 millones de años.

El descubrimiento, publicado en Astronomy & Astrophysics, ofrece una extraordinaria fotografía de algo que normalmente contemplamos a cámara lenta: el crecimiento de una galaxia casi en pleno proceso de construcción. Messier 74 (también denominada M74 o NGC 628) se encuentra a unos 9,3 megapársecs de nosotros y posee una masa estelar estimada de entre 15.000 y 22.000 millones de masas solares.

Hasta ahora, los modelos sostenían que las galaxias de disco crecen fundamentalmente «de dentro hacia fuera»: nuevo gas llega a sus regiones externas y allí alimenta nuevas generaciones de estrellas. La gran incógnita era si esta expansión ocurre suavemente durante miles de millones de años o mediante episodios mucho más violentos y rápidos. M74 apunta hacia la segunda posibilidad.

Un disco invisible que llevaba años delante de nuestros ojos

Para encontrarlo había que mirar mucho más profundamente de lo habitual. El equipo encabezado por Ignacio Ruiz Cejudo, del Instituto de Astrofísica de Canarias y la Universidad de La Laguna, utilizó el Transient Survey Telescope (TST), un telescopio de 1 metro situado en el Observatorio del Teide, y acumuló varias horas de observación en tres bandas ópticas.

El resultado permitió alcanzar niveles extraordinariamente débiles de brillo superficial: hasta 31,44 magnitudes por segundo de arco cuadrado en la banda g. Esa sensibilidad hizo visible una estructura que observaciones menos profundas, como las del Sloan Digital Sky Survey, prácticamente borraban del paisaje.

Más allá del disco conocido, cuyo borde se situaba alrededor de 14 kilopársecs, apareció una población estelar azul y extremadamente tenue que llega aproximadamente hasta los 30 kilopársecs. Es decir, el radio estelar conocido de M74 prácticamente se duplica.

Pero hay un detalle aún más revelador. Ese nuevo componente óptico coincide aproximadamente con la extensión que previamente se había observado en hidrógeno neutro y ultravioleta. Lo que parecía un gigantesco depósito gaseoso alrededor de M74 contiene también estrellas jóvenes extremadamente difíciles de detectar.

El nuevo disco apenas añade masa. Los investigadores calculan alrededor de 12.500 millones de masas solares dentro de los primeros 14 kilopársecs y unos 12.800 millones dentro de los 28 kilopársecs. La galaxia, por tanto, habría aumentado espectacularmente su extensión sin incrementar de forma comparable su masa estelar. Es como extender una ciudad construyendo una periferia gigantesca, pero extraordinariamente poco poblada.

Estrellas de 640 millones de años: la pista de un crecimiento explosivo

La auténtica sorpresa llegó cuando los investigadores estudiaron los colores de aquella periferia. Las estrellas exteriores son notablemente azules, precisamente el aspecto esperado en una población estelar joven.

Combinando las observaciones ópticas con datos ultravioletas de GALEX y comparándolas con modelos de evolución estelar, los autores estimaron para una metalicidad baja una edad media de 640 millones de años, aunque con incertidumbres importantes. Al probar diferentes metalicidades, las estimaciones cambian, pero siguen siendo compatibles con una población de menos de aproximadamente 1.000 millones de años.

Eso cambia la interpretación de la galaxia. M74 podría haber extendido recientemente su disco desde unos 14 hasta aproximadamente 30 kilopársecs: unos 16 kilopársecs adicionales en menos de 1.000 millones de años.

Y semejante transformación importa más allá de esta galaxia concreta. Cuando se considera únicamente su antiguo disco, M74 ocupa una zona relativamente baja de la relación entre masa y tamaño de las galaxias. Cuando se incorpora el nuevo componente, salta hacia el extremo superior: se convierte en una galaxia excepcionalmente extensa para su masa. Podríamos estar viendo, por tanto, una recién llegada al grupo de las grandes galaxias de disco actuales.

Un encuentro hace 1.000 millones de años pudo encender la galaxia

Queda la pregunta inevitable: ¿qué provocó semejante estallido de crecimiento? Los autores plantean varias posibilidades, pero existe un sospechoso especialmente interesante: UGC 1176, una pequeña galaxia que pudo pasar cerca de M74 hace alrededor de 1.000 millones de años. No habría sido necesariamente una colisión frontal. Un sobrevuelo suficientemente próximo podría haber perturbado el enorme reservorio de hidrógeno situado en las afueras de M74 y desencadenado allí la formación de estrellas.

Las escalas temporales encajan de manera sugerente. Los investigadores calculan que un objeto situado actualmente a unos 130 kilopársecs podría haber interactuado con M74 hace aproximadamente 930 millones de años. Una perturbación de ese tipo podría haberse propagado por las regiones exteriores del disco en unos 530 millones de años.

UGC 1176 presenta además una morfología irregular y colores azulados, características compatibles con un episodio de formación estelar que también hubiera sido estimulado por aquel encuentro. Aun así, los investigadores presentan esta explicación como un escenario plausible, no como una demostración definitiva.

Y ahí reside quizá la cuestión más fascinante del hallazgo. Si M74 constituye una excepción, estaremos ante un extraordinario accidente cósmico. Pero si observaciones igualmente profundas encuentran discos jóvenes semejantes alrededor de muchas otras galaxias, habrá que reconsiderar hasta qué punto su crecimiento es realmente lento y continuo.

© Telescopio Espacial James Webb de la NASA

Una IA decodifica el lenguaje con el que se comunican tus células

8 September 2026 at 12:00

Cuando se juntan el óvulo y el espermatozoide se forma el zigoto, una única célula de la que, si todo va bien, acabará formándose un ser humano. El zigoto es, por tanto, lo que se conoce como una célula totipotente, a partir de la cual se puede formar cualquier tejido. Cuando se divide, las dos células resultantes también son totipotentes, y cuando estas siguen dividiéndose, las cuatro que quedan también lo serán. Pero poco a poco, las células pierden su totipotencia y van especializándose en tejidos concretos. Y esto plantea una de las cuestiones más interesantes de la embriología: ¿Cómo sabe una célula de un embrión que ha de transformarse en una célula muscular? ¿O en un adipocito? ¿O en una neurona?

Para acabar transformándose en los tejidos finales, las células siguen las instrucciones que les dictan sus genes. Aunque tienen truco, puesto que todas las células de un mismo cuerpo humano contienen la misma información genética en su interior. Ergo la clave está en cómo y cuándo se activan las instrucciones codificadas en dichos genes. Y ese es el verdadero misterio.

La respuesta a estas preguntas parece estar más cerca gracias a un nuevo estudio liderado por Pulin Li y Nicholas Hutchins, del Instituto Whitehead y publicado en la revista Nature Methods. Según indican los investigadores, la clave no está en las células en sí, sino en las conversaciones que mantienen unas con otras. Gracias a esto, las células “entienden” en qué lugar y en qué momento del desarrollo se encuentran y qué camino deberían tomar.

Entendiendo un lenguaje químico

Los mensajes en las células se transmiten en lo que se llaman cascadas de señalización. Esto quiere decir que cuando la célula detecta un componente químico o una hormona en su superficie, esta produce una modificación en un componente de la membrana y transmite a su interior una serie de reacciones químicas que van sucediéndose una tras otra. El proceso se asemeja a lo que ocurre cuando activamos un interruptor. Al darle al botón, cerramos un circuito eléctrico y dejamos que fluyan los electrones. Los electrones, después, calientan el filamento de una bombilla, que se vuelve incandescente y por tanto, nos da luz.

En la célula, la información que transmite la sustancia activa un interruptor similar, pero que, en el caso del desarrollo, acaba con la activación o desactivación de ciertos genes. Aunque lo importante del descubrimiento es que han podido estudiar estos mensajes a la inversa. Es decir, han detectado que cada cascada de señalización deja una huella única que muestra exactamente qué señales ha recibido la célula y cómo ha reaccionado. Así también han podido averiguar que las células reaccionan de forma similar a estas cascadas independientemente de en qué tejido se encuentren.

Todo esto ha sido posible gracias a un modelo de aprendizaje automático (machine learning) llamado IRIS que ha sido entrenado específicamente en miles de datos procedentes de las distintas cascadas de señalización. “Piensa en los sistemas de reconocimiento de voz como Siri, que se entrenan principalmente en inglés, pero que luego utilizan ese entrenamiento para reconocer otros idiomas”, explica Li, que también es profesor adjunto de biología en el MIT. “A esto se le llama aprendizaje por transferencia, y es la razón por la que IRIS puede funcionar en muchos tipos de células diferentes”.

Qué significa que IRIS entienda a las células

IRIS es un modelo de inteligencia artificial diseñado para reconocer patrones en datos muy complejos. Para ello, está entrenado específicamente en células embrionarias humanas en las que Li y Hutchins activaban o desactivaban de forma artificial las seis cascadas de señalización principales. Tras miles de combinaciones y réplicas, los investigadores crearon un enorme mapa de carreteras que permitía detectar la ruta que tomaría cada célula dependiendo de la cascada que activasen. Así, sabiendo la situación inicial y las señales que iban a mandar, en teoría IRIS podría predecir si la célula se transformaría en una neurona o en una célula del corazón.

Pero una cosa es la teoría y otra la práctica, así que el siguiente paso fue lanzar a IRIS al mundo real. Para ello, lo probaron en células embrionarias de ratón durante el proceso conocido como gastrulación. Durante ese momento del desarrollo las células empiezan a transformarse en los principales tejidos del cuerpo, así que era el terreno ideal para las pruebas. IRIS pudo predecir con precisión cuándo se activaría cada cascada de señalización que llevaría a las células a formar parte del tejido cardíaco, intestinal, muscular y de la médula espinal.

“IRIS nos está ayudando a descifrar el lenguaje que utilizan las células para comunicarse entre sí a un ritmo mucho más rápido del que podríamos alcanzar de forma realista mediante experimentos”, afirma Hutchins. De este modo, también podrían comprender exactamente qué sucede cuando la comunicación no es como debería. Estos modelos permitirían comprender el origen de enfermedades como el asma o la fibrosis pulmonar, en el que las células pulmonares se transforman en tejido cicatrizal sin que haya una causa conocida detrás.

Por otro lado, también especulan con la posibilidad de utilizar estos modelos para diseñar tratamientos basados en regeneración de tejidos. Aunque para ello, necesitan seguir aprendiendo el idioma de las células, y así seguir viendo qué mensajes se mandan unas con otras para acabar formando el cuerpo humano.

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El perro más raro del mundo

8 September 2026 at 08:00

Conocido como perros vinagre o perros venaderos, este cachorro recién nacido forma parte de la especie Speothos venaticus, una de las menos comunes del mundo. La fotografía fue tomada en el zoológico de Chester, Reino Unido, donde se ha registrado el nacimiento de cinco pequeños que pesaron menos de 150 gramos. La especie es originaria de Sudamérica, pero como su población es muy vulnerable ante la pérdida de hábitad, en Europa existen programas de conservación. Este pequeño cachorro pronto se convertirá en un hábil nadador de extraordinarias destrezas para la caza.

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¿Cuándo es la migración de la mariposa monarca?

8 September 2026 at 07:00

La mariposa monarca (Danaus plexippus) pesa menos que un clip de papel (apenas un gramo) y su envergadura no supera los 10 centímetros; sin embargo, este insecto protagoniza cada año uno de los fenómenos naturales más curiosos de nuestro planeta. Un auténtico viaje transcontinental de hasta 5.000 kilómetros.

A diferencia de la mayoría de los insectos de climas templados, las monarcas no pueden sobrevivir a los gélidos inviernos del norte. Por ello, su migración otoñal está dictada por el ritmo o reloj de las estaciones.

Ese largo periplo hacia el sur comienza a finales de agosto en las regiones más septentrionales de su área de distribución (que son el sur de Canadá y el norte de EE. UU.); así que, a medida que los días se acortan y las temperaturas descienden, la gran ola migratoria avanza durante los meses de septiembre y octubre.

Cuando llega finales de octubre y principios de noviembre, millones de estas mariposas logran alcanzar su destino invernal: los bosques de abetos oyamel en las montañas del centro de México (para la población del este) y la costa de California (para la población del oeste). Allí todas estas hermosas mariposas de tonos ocre hibernarán hasta que, en marzo, emprendan el viaje de regreso hacia el norte para reproducirse.

Una vida muy corta, a no ser que seas de la 'súper generación'

Las mariposas monarcas que vemos revolotear en primavera y verano tienen una esperanza de vida efímera, pues apenas viven de dos a seis semanas. Sin embargo, las que nacen a finales del verano son distintas en este sentido. Conocida por los científicos como la "súper generación" o Generación Matusalén, estas mariposas entran en un estado llamado diapausa reproductiva o implantación diferida que tiene consecuencias en su longevidad. Al no gastar energía en reproducirse de inmediato, su esperanza de vida se multiplica por ocho, logrando vivir hasta ocho o nueve meses. Son únicamente ellas las que realizan el viaje completo de ida hacia México, sobreviven al invierno y comienzan el viaje de vuelta en primavera.

¿Cómo logran orientarse sin GPS?

Los animales cuentan con una especie de GPS interno. De esta manera, las mariposas que viajan a México, a pesar de que nunca han estado allí antes, pues son las tataranietas de las que partieron el año anterior, saben exactamente dónde ir porque poseen un sofisticado sistema de navegación integrado. Utilizan una brújula solar compensada por el tiempo. Combinan la posición del Sol con un reloj biológico interno alojado en sus diminutas antenas.

Además, durante los días más nublados, sus ojos cuentan con células especiales que detectan la luz polarizada, e incluso se cree que pueden percibir el campo magnético de la Tierra como sistema de respaldo. Es un instinto heredado, un mapa genético que guía a estas mariposas con una precisión milimétrica hacia los mismos árboles que cobijaron a sus ancestros.

Un santuario en peligro: la importancia del algodoncillo

A pesar de su proeza evolutiva, la migración de la mariposa monarca pende de un hilo. En las últimas décadas, sus poblaciones han sufrido caídas drásticas. Sin ir más lejos, en 2025 pasaron de 1,2 millones a menos de 10.00 ejemplares. El cambio climático, el uso indiscriminado de pesticidas y la deforestación de sus santuarios invernales son amenazas críticas para estas pequeñas voladoras. Los registros son de los más bajos desde que se cuentan oficialmente (desde 1997).

Pero el mayor peligro en su ruta es la erradicación del algodoncillo (Asclepias). Esta planta es el único alimento que consumen sus orugas y el único lugar donde las hembras depositan sus huevos. Además, los adultos necesitan flores ricas en néctar para repostar energía durante su largo viaje, ganando peso en lugar de perderlo mientras vuelan (ya que pueden llegar a recorrer hasta 120 kilómetros en un solo día durante su migración).

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Chaysavanh Manichanh: “El café está asociado a una reducción de la inflamación”

7 September 2026 at 18:00

En los últimos años, la investigación médica ha profundizado en el conocimiento del cuerpo humano a través de de la microbiota, que ha se ganado el rótulo de una verdadera revolución. El estudio de nuestras bacterias, impulsado por los avances de la biología molecular, abre la puerta a un sinfín de nuevos interrogantes.

¿Puede nuestra microbiota afectar a nuestra salud, funcionar como tratamiento o mejorar nuestro bienestar? Si así fuera, ¿cómo se podría gestionar? En busca de respuestas, en National Geographic hemos conversado con Chaysavanh Manichanh, doctora en Bioquímica y Microbiología que comenzó a estudiar el tema hace 24 años cuando pocos sabían de qué se trataba.

Actualmente es jefa del grupo de Investigación en Microbioma del Hospital Vall d'Hebron Institut de Recerca, en Barcelona, y se atreve a hacer un diagnóstico de la situación actual. “Al principio éramos muy pocos estudiando la microbiota y ahora no tenemos tiempo de leer todos los artículos científicos que se hacen. Hemos pasado diez años caracterizándola y gracias a la evolución de la secuenciación masiva, los siguientes diez fueron para relacionarlo con enfermedades. Ahora estamos intentando usarlo como terapia o como método de diagnóstico más preciso. La idea es profundizar la relación mecánica entre la microbiota y enfermedad, que todavía cuesta mucho”, dice.

Más cautelosa que la mayoría de quienes hablan en los medios de comunicación sobre microbiota, prefiere limitar sus respuestas a lo que se ha comprobado científicamente, aunque reconoce que el comportamiento tiene mucho de sentido común.

Pregunta. ¿Qué está investigando actualmente?

Respuesta. Yo estoy trabajando con expertos de la enfermedad de Crohn y colitis, que han desarrollado sepas para curarla. Todavía estamos en clinical trials con pocos pacientes y resultados que no son al 100%. Es un poco mejor que el tratamiento actual, pero no funciona para todos los casos. Estamos intentando correlacionar la enfermedad con la microbiota en grandes grupos poblacionales, de 10.000 o 100.000 personas para poder minimizar la variabilidad. El esfuerzo continúa por agrupar a todos los grupos de investigación y tener grandes cohortes.

P. Es más cautelosa de que muchas otras personas que hablan públicamente de la microbiota.

R. El interés ha sido exponencial por lo bueno y lo malo dentro de la comunidad científica. Hay gente que ha visto una oportunidad y es más fácil proponer una solución rápida a la población que hacer una investigación. No estoy muy al tanto, pero sé que se han montado startups diciendo que curaban enfermedades mirando tu microbiota.

P. ¿Eso es imposible?

R. Poder predecir para ayudar al diagnóstico es lo que estamos intentando hacer desde hace casi 25 años con la enfermedad de Crohn y la colitis, pero todavía no lo tenemos.

P. ¿Cuánto de nuestra microbiota depende de la alimentación, la genética o el estilo de vida?

R. Necesitamos cohortes más grandes, que es lo que estamos haciendo. Hay mucha variabilidad por las personas y es difícil determinar el impacto. Es verdad que la alimentación es uno de los aspectos más importantes y se han visto efectos muy rápidos en cambios de dieta.

P. Ha estudiado el caso de quienes siguen una dieta vegetariana o vegana. ¿Qué han encontrado?

R. Que cambia totalmente la composición. Al sacar la proteína animal van a quitar algunas bacterias, pero comerán más fruta, verduras y legumbres, por lo tanto, la tendencia es que tengan una microbiota con mayor diversidad. No sabemos qué ocurre a largo plazo.

P. ¿Y qué pasa si vuelven a comer carne?

R. La microbiota es muy resiliente. Si vuelve a comer carne, cambiará su estado. Son como los antibióticos: cuando paras de tomarlos, la microbiota ya ha sido afectado entonces puedes dejar de tomarlo. Esto quiere decir que a través de la dieta se podría intentar evitar enfermedades.

P. ¿Cuánto influye el consumo de ultraprocesados?

R. Hay diferentes tipos de comidas que pueden influir en el estado de la inflamación, pero el problema que tenemos es que es difícil evaluar qué es ultraprocesado porque no puedes ver qué come la gente uno por uno. Lo que sí hemos visto es que los ultraprocesados están relacionados con una reducción de la diversidad de microbiota. Otra cosa que hemos visto es que los pacientes que tienen estas enfermedades comen peor sabiendo que lo tienen.

P. Esto suena contraintuitivo. ¿No se deberían cuidar más?

R. No, eso es lo que nos ha sorprendido. Ahora queda estudiar si es la causa de la enfermedad y ver si cambiando la dieta, cambia su estado de inflamación. El próximo paso es intervenir la dieta de los pacientes y ver si mejoran sus síntomas.

P. ¿Cuál es el proceso molecular por el cual una alimentación saludable genera una mejor microbiota?

R. Comiendo más fruta, verduras y fibra, en general, aumenta la diversidad de la microbiota porque llegan hasta las bacterias del colon sin ser procesados por nuestras células. Es como un alimento. Y también la microbiota produce vitaminas que pueden servir a nuestras células del intestino.

P. ¿Hay algún alimento que actuaba diferente a lo que esperaban?

R. Hay estudios de que el café está asociado a una reducción de la inflamación y, al final, es bueno para la microbiota porque lo metabolizan unas bacterias.

© Vall d'Hebron, Institut de Recerca

James Hansen, científico : "El fenómeno de El Niño se ha intensificado enormemente"

7 September 2026 at 15:00

El actual El Niño ya supera al gigantesco episodio de 1997-1998 en el calor acumulado en los primeros 300 metros del Pacífico ecuatorial. Y lo más inquietante es que, cuando James Hansen y sus colaboradores publicaron su análisis el 21 de agosto de 2026, todavía faltaban varios meses para que llegaran sus efectos máximos.

Las métricas habituales han rebasado los máximos registrados durante la era de observaciones fiables. Sin embargo, Hansen, Pushker Kharecha, Dylan Morgan y Jasen Vest advierten de algo todavía más importante: el auténtico problema no sería únicamente El Niño, sino el planeta extraordinariamente caliente sobre el que está desarrollándose. 

Hay además una paradoja que convierte el fenómeno en una señal mucho más inquietante. El Niño de 2023-2024 fue relativamente moderado y, aun así, coincidió con un salto excepcional de la temperatura planetaria. Una investigación anterior encabezada por Hansen calculó que la temperatura global aumentó más de 0,4 °C en apenas dos años y alcanzó temporalmente alrededor de +1,6 °C respecto al promedio de 1880-1920. 

Un El Niño que ha roto la escala del Pacífico

Para medir la potencia de El Niño solemos mirar la temperatura superficial del Pacífico tropical, especialmente la denominada región Niño 3.4. Hansen y sus colegas prefieren añadir otra ventana: la anomalía térmica almacenada en los primeros 300 metros del océano ecuatorial, entre aproximadamente 180° y 100° oeste. Esa masa de agua funciona como una enorme batería de calor capaz de alimentar la interacción entre océano y atmósfera durante meses.

La curva de 2026 ya ha sobrepasado la correspondiente al “super-El Niño” de 1997-1998, uno de los episodios más potentes documentados instrumentalmente. En la figura 2 del informe, la trayectoria actual asciende con una pendiente extraordinariamente pronunciada y supera los máximos de los otros grandes eventos comparados desde 1980. En el índice Niño 3.4, mostrado en el apéndice del documento, 2026 también se separa claramente de los años anteriores.

Hansen no interpreta esta intensidad como una simple rareza natural aislada del cambio climático. Los autores plantean que el calentamiento provocado por las actividades humanas probablemente está contribuyendo a la anomalía del propio El Niño. Es una interpretación de los autores (no una atribución definitiva demostrada por este breve informe), pero encaja con su argumento más amplio: la variabilidad natural está actuando ahora sobre un sistema climático con mucha más energía acumulada. El Niño es el protagonista más visible, pero el escenario térmico que lo rodea es global.

El calor no se queda en el océano

Este fondo cálido importa porque las olas de calor marinas ya son más frecuentes y prolongadas que hace un siglo. Un estudio publicado en Nature Communications encontró que, entre los períodos 1925-1954 y 1987-2016, su frecuencia media mundial aumentó un 34 %, su duración un 17 % y el número anual de días sometidos a estos episodios creció un 54 %. Buena parte de la tendencia se explica por el incremento de la temperatura media del océano.

En tierra firme, el problema adquiere una dimensión todavía más humana. Según las series reproducidas por Hansen, la temperatura sobre los continentes está aumentando aproximadamente el doble que sobre los océanos. Durante el episodio de 2023-2024, la anomalía terrestre llegó a unos +2,4 °C respecto al promedio de 1880-1920. Los autores consideran posible que ronde los +2,7 °C en 2027, cuando el actual El Niño haya desplegado plenamente su influencia.

El peligro térmico no es igual para todas las edades. Una investigación reciente ha incorporado límites fisiológicos de tolerancia al calor específicos para adultos jóvenes, personas de mediana edad y mayores de 60 años, en lugar de aplicar el mismo umbral a toda la población. 

El “problema mayor”: un planeta que acumula cada vez más energía

El Niño extraordinario sería el acontecimiento inmediato; el desequilibrio energético de la Tierra sería el problema de fondo. Nuestro planeta recibe radiación solar y devuelve energía al espacio en forma de radiación térmica. Cuando entra persistentemente más energía de la que sale, el sistema climático continúa calentándose.

Según la interpretación de los autores, el desequilibrio energético terrestre aproximadamente se ha duplicado y no muestra todavía una disminución sostenida. Pero conviene distinguir aquí evidencia y debate científico. La existencia del calentamiento antropogénico está sólidamente establecida; la magnitud exacta de su aceleración reciente y algunos mecanismos que propone el grupo de Hansen continúan siendo objeto de investigación y discusión. 

El propio equipo sostiene, por ejemplo, que la sensibilidad climática sería mayor que la estimación central utilizada por el IPCC y que ciertos cambios en aerosoles han reforzado el calentamiento reciente. Son hipótesis cuantitativas importantes, pero no todas poseen todavía el mismo grado de consenso.

Lo que sí convierte al episodio de 2026 en algo excepcional es la coincidencia de señales: un El Niño que ya supera registros anteriores, océanos sometidos a olas de calor crecientes, continentes calentándose con mayor rapidez y una humanidad envejecida especialmente vulnerable a los extremos térmicos. No se trata solamente de contemplar una nueva marca en un gráfico climático. Se trata de averiguar qué ocurre cuando la variabilidad natural pulsa el acelerador de una Tierra que ya circula mucho más caliente.

© Columbia Climate School

Viaja al Londres victoriano con la colección completa y exclusiva de Sherlock Holmes en edición vintage

"No confíe nunca en las impresiones generales, amigo mío. Concéntrese en los detalles"

Aseveraciones como estas son inconfundibles. Pero, si necesitas más pistas, piensa en un Londres victoriano, en una pipa que nunca se apaga y en un sombrero a la moda de la época. El método deductivo te llevará, de inmediato, a Sherlock Holmes. Sir Arthur Conan Doyle se inspiró en el cirujano Joseph Bell, de quien era alumno, para crear al "primer detective consultor del mundo". Con la voz narradora de su inseparable John Watson, se nos relatan todo tipo de casos que envuelven a los caballeros y damas de la aristocracia y burguesía británica.

Los textos de Conan Doyle crean un fresco de la sociedad londinense del momento y denuncian injusticias sociales, lo que sumado a la originalidad de las tramas y las increíbles dotes de Sherlock Holmes, llevaron a la serie publicada en The Strand Magazine a ser un fenómeno superventas y a su creador, a convertirse en el escritor mejor pagado del mundo. ¿Quieres viajar al Londres victoriano y descubrir esta saga al completo? Tenemos una gran noticia.

Todo Sherlock Holmes reunido en una preciosa edición coleccionista

Las historias clásicas y casos inéditos

The Sherlock Holmes Collection reúne, como nunca antes, todas las aventuras del "rey de los detectives" y el doctor Watson. Por supuesto, están los textos clásicos de Arthur Conan Doyle, pero también casos inéditos e incluso las parodias de otros grandes autores como Mark Twain o Maurice Leblanc, creador del también célebre Arsène Lupin.

De esta manera, la colección recoge la edad de oro de Sherlock Holmes (1887-1927) y, además, recupera la estética de la revista donde se publicó la mayoría de historias: la mencionada The Strand Magazine. Las cubiertas tienen diseño victoriano, con estampación en oro sobre géltex, pero además en cada libro encontrarás las ilustraciones originales coloreadas y grabados facsímil.

Este auténtico viaje al Londres victoriano de Sherlock Holmes recoge, entre otros, los siguientes casos:

  • El sabueso de los Baskerville
  • Estudio escarlata
  • El signo de los cuatro
  • Escándalo en Bohemia
  • El carbunclo azul
  • Estrella de plata
  • El problema final 
  • La casa vacía
  • Charles Augustus Milverton
  • El pabellón Wisteria

Estas son solo las primeras entregas de la colección: seguro que ya tienes ganas de empezar a resolver todos estos casos junto a Holmes y Watson. Además, no importa si alguna vez has leído alguna de las historias o solo conoces al detective por sus adaptaciones en películas o en series: en cuanto tengas uno de estos cuidados ejemplares entre las manos, se te abrirá un mundo de misterios que te atrapará para siempre.

The Sherlock Holmes Collection es un tesoro que ofrece una experiencia inmersiva en los casos del detective más icónico. Con su estética vintage, querrás seguir añadiendo cada nueva entrega y, además, podrás conseguir casos inéditos que harán las delicias de todo coleccionista. Cuando juntes los libros, lograrás una biblioteca única por su contenido y apariencia.

La colección exclusiva y completa de Sherlock Holmes ya está en quioscos, pero puedes aprovechar la oferta de suscripción de RBA Coleccionables y recibirla en casa (sin costes extra): el primer envío incluye El sabueso de los Baskerville, Estudio escarlata y El signo de los cuatro (gratis) por solo 6,98 euros. Además, como regalos recibirás 6 puntos de libro, un set de láminas, bloc de notas y taza coleccionista, todos ellos a juego.

Si ya eres fan de Sherlock Holmes y la literatura de misterio, de sus numerosas adaptaciones o historias que ha inspirado (entre ellas, series como House MD) o bien te atrae el Londres victoriano y la sociedad inglesa de la época, no puedes dejar pasar esta colección. Además, te harás con una biblioteca que querrás lucir y que será el centro de todas las miradas.

* Algún precio puede haber cambiado desde la última revisión

© RBA

El innovador método español para evitar la sumisión química

7 September 2026 at 12:30

En el año 2021, el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses realizó 950 análisis a víctimas de presuntos delitos sexuales con sospecha de haber sido sometidas a sumisión química. No hay datos posteriores, pero casi en simultáneo a esa fecha surgió Narxcup, una startup que busca dar respuesta a esta problemática con una solución tecnológica 100% española. Este verano presentó su primer producto: unos curiosos cubos que se ponen en los vasos.

Tras años en los que tuvo que conformar un equipo científico, llevar adelante la investigación y realizar las pruebas experimentales, las pruebas piloto fueron satisfactorias. La empresa, constituida en 2025, tiene su laboratorio en el Parque Científico de Madrid y forma parte de Madrid Innova.

Pruebas piloto en fiestas municipales

Este verano se ha utilizado en las fiestas de Pozuelo y Alcorcón, en la Comunidad de Madrid, y en El Casar y Alovera, en Castilla-La Mancha. Los cubos, que a simple vista parecen hielos, se deben colocar en el vaso y el dispositivo actúa de forma inmediata. El objetivo es que las personas puedan disfrutar de sus bebidas con total normalidad, pero el cubo reaccionará si entra en contacto con determinadas sustancias. La membrana inteligente está en la parte exterior y fue diseñada para detectar las principales drogas que se utilizan en la sumisión química: burundanga, GHB, éxtasis líquido y MDMA, entre otras.

En caso de que el vaso contenga alguna de estas sustancias, la membrana se rompe y el cubo absorbe el líquido en su interior, donde hay un polímero absorbente que, en pocos segundos, cambia el color de la bebida a un tono azul y la gelifica. Además de la dificultad para consumirla, esto constituye una prueba forense clave para combatir este delito, de muy difícil identificación, ya que la sustancia actúa y desaparece del organismo de la víctima a las pocas horas.

Sumisión química, un problema de salud pública

A nivel mundial, se trata de la primera patente diseñada para resolver esta problemática. El equipo multidisciplinar científico-tecnológico está integrado por químicos, expertos en investigación biosanitaria y farmacéuticos. En esta prueba piloto, los cubos se repartieron de forma gratuita en eventos municipales, donde también se ofreció material educativo y recomendaciones sanitarias y de seguridad.

Otro de los dispositivos de Narxcup son vasos de plástico que actúan directamente como detectores, sin necesidad de cubos ni de ningún elemento adicional. En este caso, el detector es el propio recipiente.

La Cruz Roja considera la sumisión química un "problema de salud pública", en el que las personas más vulnerables son principalmente las mujeres jóvenes. En la mayoría de los casos registrados se han empleado pequeñas dosis que se disuelven en medios acuosos, apenas tienen sabor u olor y actúan en el organismo de manera inmediata. Los efectos pueden ser amnesia, sedación, alucinaciones y desinhibición, entre otros.

© Narxcup

Cómo los minerales del suelo terminan en tus células

7 September 2026 at 10:00

Hace cientos de millones de años el viento y la lluvia comenzaron a erosionar una cordillera. Las duras rocas iban cediendo poco a poco, y de ellas se desprendían pequeñas partículas que se deslizaban lentamente hasta el suelo de un valle. Allí se iban acumulando, dando lugar a un terreno fértil hasta que un día, en ese mismo lugar, una persona plantó arroz. En los meses venideros el arroz creció y formó su grano, para ello, absorbió el CO₂ del aire, pero también los minerales del suelo. Así, aquellos átomos procedentes de rocas pasaron a formar parte de su estructura biológica. Tras cosecharlo y cocinarlo en una buena paella, aquel arroz, en el que estaban aquellos minerales que formaron parte de aquella cordillera se convirtió en parte de tu cuerpo.

Es, cuanto menos, curioso, pensar que los átomos de nuestro cuerpo un día formaron parte de las montañas que dibujaban el paisaje. Pero así lo muestra la geología médica, una disciplina científica que estudia las relaciones entre los factores geoambientales y la salud de las plantas, los animales y las personas. Específicamente, trata de hallar la relación entre la composición mineral del ambiente y cómo esto impacta en la salud y la enfermedad.

No es una sorpresa pensar que el entorno natural puede influir en la salud de maneras muy dispares. Los minerales presentes en las rocas que nos rodean están presentes en los alimentos, en el agua y en el aire. Y los humanos nos beneficiamos de ello. La transferencia de minerales y oligoelementos de la tierra es, por lo general, beneficiosa, ya que de ella depende la incorporación del calcio, hierro, magnesio, potasio y alrededor de una docena de elementos más que el cuerpo necesita para llevar a cabo su función.

Cómo los minerales pueden acabar provocando enfermedades

No todos los minerales que hay en el ambiente deben entrar en el organismo. El arsénico, por ejemplo, tiene un origen natural, pero su acumulación en las aguas subterráneas supone un grave problema para poblaciones en todo el mundo. Como muestra la Organización Mundial de la Salud, entre 94 y 220 millones de personas en la actualidad consumen agua con niveles de arsénico superiores al límite de 10 μg/L que se considera seguro.

A dichas concentraciones, el arsénico puede causar lesiones en la piel y aumentar el riesgo de padecer cáncer. Además, su exposición también está asociada a resultados adversos en el embarazo y a un aumento de la mortalidad infantil.

Ese mismo arsénico también comenzó sus días formando parte de minerales como la arsenopirita o el oropimente, pero por el paso del tiempo ha acabado entrando en la cadena alimentaria. Y lo mismo sucede con otros minerales que, en laboratorios de salud de todo el mundo, tratan de mantener vigilados.

Como indican en las publicaciones de la International Medical Geology Association, los ejemplos más preocupantes relacionados con las actividades humanas son las emisiones de mercurio procedentes de la combustión del carbón y su bioacumulación en el medio ambiente, así como los efectos de la movilización de mercurio, arsénico y plomo en las aguas superficiales y subterráneas en regiones donde se practica la minería artesanal del oro.+

La geología médica, mucho más que contaminantes

Sin embargo, además de buscar amenazas, la geología médica también trata de comprender qué características del entorno favorecen una buena salud. Con esos datos, el sector primario puede optimizar la composición del suelo para influir en la calidad nutricional de los alimentos y volverlos más saludables, ya que gracias a estudios recientes se ha podido observar que los suelos empobrecidos pueden dar lugar a déficits en la población. El ejemplo más claro de esta carencia es el magnesio, ya que se estima que en torno el 75 % y el 80 % de la población no consume las cantidades diarias recomendadas.

Por ello, esta disciplina obliga a mirar el paisaje de una forma distinta. Trata a los accidentes geográficos como reservorios de los elementos químicos que acabarán formando parte de nuestros cuerpos. En esas montañas hay calcio que fortalece el esqueleto, hierro que transporta el oxígeno o potasio, que permite que las neuronas envíen pulsos eléctricos.

Así pues, cuando la geología médica estudia una roca, en realidad también está estudiando nuestra salud. Al fin y al cabo, parte de lo que somos hoy empezó su viaje hace millones de años en el interior de una montaña.

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La edad de crecimiento

7 September 2026 at 08:00

Las jirafas nacen con aproximadamente 1,8 metros de altura, pero en poco tiempo son capaces de alcanzar los tres metros. La etapa de mayor crecimiento es en los primeros meses de vida, como se puede observar en estos ejemplares nacidos durante 2026 en Whipsnade Zoo. A los 7 u 8 años superan los 5 metros de altura. Durante su juventud aprenden a identificar amenazas, desarrollan habilidades sociales y perfeccionan los movimientos de su cuello.

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Bienvenidos a la estrella más rápida del universo: es capaz de viajar al 8% de la velocidad de la luz

7 September 2026 at 06:00

Un deslumbrante hallazgo astronómico ha revolucionado la comprensión actual sobre las dinámicas extremas en el corazón de la Vía Láctea. Un equipo internacional de investigadores ha detectado un cuerpo celeste que se desplaza a velocidades jamás registradas dentro de nuestro vecindario galáctico. La investigación científica, publicada en la prestigiosa revista Nature, detalla cómo este objeto viaja en las inmediaciones del centro galáctico desafiando los límites conocidos de la astrofísica moderna.

El astro en cuestión ha sido bautizado como S301 y destaca por alcanzar una velocidad máxima de 25.000 km/s, lo que equivale a más del 8% de la velocidad de la luz. Esta vertiginosa trayectoria se produce mientras orbita alrededor de Sagitario A*, el agujero negro supermasivo central que posee una masa equivalente a 4,3 millones de soles. La tremenda atracción gravitatoria del gigante oscuro acelera a este cuerpo celeste durante su punto de máxima aproximación o pericentro.

Durante ese paso cercano, la estrella se sitúa a solo 1.780 millones de kilómetros del abismo gravitatorio, una distancia correspondiente a apenas 12 veces la separación entre la Tierra y el Sol. Completar un giro entero alrededor del monstruo cósmico le toma tan solo 8,7 años, pulverizando las marcas de otros objetos conocidos.

Tecnología de precisión en el desierto chileno

La detecciónse realizó desde el desierto de Atacama y fue posible gracias al Interferómetro del Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral, empleando el avanzado instrumento GRAVITY+. Esta herramienta logra combinar la luz captada por cuatro telescopios individuales de 8 metros, generando una capacidad de resolución virtual 15 veces superior a la de una sola lente. Mediante este despliegue técnico, los científicos pudieron rastrear la débil luz de un objeto miles de millones de veces menos brillante que las estrellas comunes del cielo nocturno.

El valor científico de este hallazgo radica en su capacidad para actuar como una sonda natural que ponga a prueba la teoría de la relatividad general de Albert Einstein. La proximidad del objeto al agujero negro permite estudiar el fenómeno conocido como arrastre de marco o efecto Lense-Thirring. Según los modelos teóricos, la rápida rotación del agujero negro arrastra consigo la estructura del propio espacio-tiempo, alterando gradualmente la órbita de la estrella que navega en ese entorno de extrema gravedad.

"Lo que tiene de especial esta estrella es que orbita a Sagitario A* en una órbita muy estrecha y se acerca al agujero negro a apenas 12 veces la distancia de la Tierra al Sol", explicó Felix Mang, investigador del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre y autor principal del trabajo. Por su parte, el coinvestigador Stefan Gillessen destacó: "Por primera vez, seremos realmente capaces de medir muy directamente el giro de un agujero negro masivo, lo que sería una prueba clave de la teoría de Einstein".

El misterio sobre un origen violento

La existencia de esta estrella en una región tan hostil plantea enigmas sobre su formación, ya que las fuerzas de marea habrían destruido cualquier nube de gas antes de condensarse. Los astrónomos sugieren que el objeto llegó allí mediante el Mecanismo de Hills, formando parte de un sistema binario ancestral. Al aproximarse demasiado al centro, la gravedad del abismo separó a las dos compañeras, expulsando a una fuera de la galaxia y atrapando a S301 en esta órbita extrema.

La comunidad científica aguarda con gran entusiasmo el próximo paso cercano del astro hacia el agujero negro, previsto para el año 2031. Para esa fecha, los astrónomos planean utilizar el instrumento MICADO en el futuro Extremely Large Telescope para medir con mayor precisión el giro de Sagitario A*. Confirmar estas desviaciones orbitales permitirá probar además el teorema de no pelo de los agujeros negros, marcando una nueva era en el estudio de la física del espacio-tiempo.

© National Geographic España

Así se salvó al primer elefante huérfano rescatado en Nigeria

Una mañana de domingo a finales de noviembre, Tunde Morakinyo recibió una llamada inesperada y urgente. «El elefante bebé estará aquí en dos horas», le dijo su compañero de la Fundación ANI, Peter Abanyam, que trabaja en el Parque Nacional de Okomu, en Nigeria. «Tenemos que pensar qué hacer para mantenerlo con vida».

Morakinyo, que dirige la Fundación ANI, una organización sin ánimo de lucro nigeriana dedicada a la protección de la biodiversidad, no daba crédito a lo que oía.

«¿Un elefante bebé?»

Esa misma mañana, un trabajador de la plantación de palma aceitera de Okomu, que linda con el parque, había visto al elefante bebé deambulando solo, algo muy inusual. Lo que vino a continuación fue un vertiginoso proceso de aprendizaje para todos los que participaron en el cuidado del primer elefante bebé huérfano que ha sobrevivido en Nigeria, el cual se ha convertido desde entonces en un símbolo nacional de esperanza para la conservación.

«Nunca, ni por un momento, había imaginado que me convertiría en padre de un elefante», afirma Abanyam. «Este es el primer caso de rescate de un elefante en Nigeria. Cuando ocurrió, no teníamos ningún tipo de experiencia». El trabajo previo de su equipo en el parque consistía en patrullar contra la caza furtiva y frenar la tala ilegal, no en el cuidado de animales.

«Pero la vida nos plantea retos inesperados, y debemos estar a la altura para afrontarlos», añade. La cría era un elefante africano de bosque en peligro crítico de extinción; son más pequeños que los elefantes de la sabana, con orejas más redondeadas y colmillos más cortos y rectos, y su hábitat es mucho más reducido. Hoy en día, se estima que en Nigeria habitan unos 400 elefantes del bosque, de los cuales entre 30 y 40 viven en el Parque Nacional de Okomu, una franja protegida de selva tropical en el sur de Nigeria gestionada conjuntamente por el Servicio de Parques Nacionales de Nigeria y la Fundación ANI.

«Okomu es uno de los últimos fragmentos de hábitat forestal que quedan para los elefantes del bosque y muchas especies amenazadas», afirma Morakinyo. Aún no está claro cómo el elefante bebé —que entonces tenía unos ocho meses y aún no había sido destetado— se separó de su familia, pero Morakinyo sospecha que el grupo pudo haberse topado con cazadores y se dispersó al oír los disparos de escopeta, los golpes de machete y el ruido de las trampas de hierro. «Ver a un elefante bebé vagando solo es muy triste», afirma.

Tras no conseguir encontrar a la familia del elefante bebé en la densa selva tropical, el equipo lo puso bajo cuidado humano. A esa edad, no habría sobrevivido ni encontrado comida suficiente por sí solo, explica Abanyam, a quien le preocupaba la amenaza de los cazadores furtivos de carne de animales silvestres.

Transportaron al elefante bebé, que apenas alcanzaba la altura de un neumático de coche, en la parte trasera de una camioneta. «Nuestras vidas aquí, en el puesto avanzado, cambiaron drásticamente tras la llegada del elefantito», dice Abanyam. «Pasamos muchas noches en vela».

Los primeros días del pequeño fueron muy delicados. Veterinarios especializados en fauna silvestre con amplia experiencia advirtieron a los cuidadores novatos que aún no le pusieran nombre, por miedo a agravar la angustia de una posible pérdida. Al cabo de unos días, el elefantito tenía muy poca energía para moverse o comer. «Estábamos muy asustados», recuerda Abanyam.

Cuando los elefantitos «se derrumban», explica Liz O’Brien, una consultora de Zambia especializada en el cuidado de elefantes huérfanos que se unió a la operación de rescate como asesora, suele deberse a uno o varios factores: el agotamiento, la pérdida de su madre y de su leche, y los niveles de adrenalina que se disparan y caen repentinamente. «Es como si al animal se le acabara la gasolina: no tiene energía para mantenerse en pie, para comer, para hacer nada».

En un momento dado, después de que los análisis de azúcar en sangre revelaran hipoglucemia, el equipo envió un camión a buscar a los veterinarios más cercanos, que se encontraban a una hora en coche, en la plantación de palma aceitera. Le administraron líquidos por vía intravenosa y dextrosa para elevar el nivel de azúcar en sangre del elefante bebé. «Durante dos días, estuvimos controlando constantemente su glucosa en sangre y ajustando sin cesar los goteos intravenosos», recuerda O’Brien.

El equipo de Okomu también aprendió a alimentar al bebé con una mezcla de leche en polvo, coco, avena cocida y otros ingredientes para proporcionarle una nutrición específica, así como a brindarle apoyo social para reconfortarlo y ayudarlo a desarrollarse sin su familia original. «Un elefante bebé en libertad nunca suele estar solo», afirma O’Brien. «Siempre tiene a su familia a su alrededor».

Unos cuidadores de animales muy comprometidos se turnaban para permanecer con el elefante las 24 horas del día dentro de un espacio vallado improvisado cerca del puesto principal de guardabosques, arropándolo con cuidado bajo una manta de algodón marrón para mantener estable su temperatura mientras dormía.

Tras varias semanas, el elefante empezó a comer más rápido y se volvió más juguetón y seguro de sí mismo. «Entonces vimos que había esperanza: nos dimos cuenta de que este pequeño estaba listo para sobrevivir», dice Abanyam. Y así le pusieron un nombre: Agbaibor (que se pronuncia Ah–gba–ibow), que significa «valentía», «fuerza» o «el superviviente» en ijaw, una lengua nigeriana.

Hoy en día, la actividad favorita de Agbaibor es darse un baño lanzándose barro a la espalda con la trompa para refrescarse. «Es muy juguetón y un poco travieso», afirma Joshua Aribasoye, un cuidador de 29 años que actualmente ejerce de cuidador jefe de Agbaibor, trabajando junto a otros cuatro cuidadores.

Ha sido un proceso de aprendizaje intenso para Aribasoye, que anteriormente había trabajado con animales domésticos como vacas, cabras y perros. Ha solicitado consejo con frecuencia y en detalle a O’Brien cuando ella visita Okomu y también a través de un chat de grupo de WhatsApp muy activo que comparten.

Agbaibor es básicamente un «niño pequeño» ahora, con unos 17 meses de edad: mide tres pies de alto y cuatro pies y medio de largo. (El equipo no dispone de una báscula lo suficientemente grande como para pesarlo.) «Hoy intentaba sentarse en mi pierna y poner la cabeza en mi regazo», cuenta Aribasoye. «Ahora es demasiado grande y pesado, pero a veces todavía lo intenta».

Una de las características favoritas de Aribasoye es la carrera de «saludo» del pequeño elefante: «Tiene esa forma alegre de correr cuando te ve», dice Aribasoye, «arrastrando una pata, levantando la cabeza, con la trompa hacia atrás y las orejas erguidas, y viniendo hacia ti».

Esos vínculos tan fuertes son algo natural, afirma O’Brien. «La cría de elefante necesita una madre a la que acudir», explica. «Y el caso es que, en este momento, esa madre es un hombre nigeriano de 30 años».

El objetivo a largo plazo no es mantener a Agbaibor en cautividad, sino liberarlo de nuevo en la naturaleza una vez que haya superado la edad de destete de los elefantes del bosque, que ronda los dos o tres años. Aunque es poco probable que una cría de elefante huérfana sea adoptada y amamantada por una nueva madre, los cuidadores esperan que, al ser un elefante un poco mayor, Agbaibor pueda algún día reincorporarse a la sociedad de los elefantes y reunirse con otros machos errantes en el Parque Nacional de Okomu.

Pero el propio parque necesita protección. Okomu abarca menos de 80 millas cuadradas, un oasis de naturaleza salvaje en un paisaje moldeado en su mayor parte por la agricultura y la urbanización. El parque también se ve amenazado por el desbroce ilegal de terrenos para la agricultura, que provoca la deforestación, y por los cazadores furtivos que colocan trampas para obtener carne de animales silvestres, afirma Abanyam.

Los cuidadores de Agbaibor esperan que su difícil situación contribuya a reforzar el apoyo a la conservación, incluido el apoyo económico a las comunidades cercanas al parque. «No tiene sentido salvar a ningún elefante bebé para liberarlo en la sabana si ya no queda sabana», afirma O’Brien.

El objetivo final es ayudar tanto a un elefante concreto como a su especie en peligro de extinción. «Los elefantes del bosque están en peligro crítico de extinción, por lo que debemos intentar salvar a cada uno de ellos», afirma Amos Hamman, conservador de parques de Nigeria. «Ya quedan muy pocos».

Recientemente, Agbaibor y tres de sus cuidadores partieron a las 6 de la mañana, en un día de llovizna, para recorrer cinco millas a pie a través de la selva tropical hasta llegar a un recinto recién construido y más amplio, llamado «boma». El nuevo hogar de Agbaibor, rodeado por una valla de madera, le permitirá moverse con mayor libertad por el bosque, alimentarse de plantas autóctonas y, tal vez, encontrarse con otros elefantes salvajes, aunque los cuidadores sigan alimentándolo y supervisándolo.

«Esperamos que, con el tiempo, vuelva con su propia familia», afirma O’Brien. «Están ahí fuera, en algún lugar». Dentro de un año más o menos, cuando Agbaibor pase de las mezclas lácteas a los alimentos sólidos, el equipo del parque reducirá progresivamente el contacto con los humanos. Ya no se le dará de comer con biberón, sino que encontrará comida en su boma. O’Brien espera que, poco a poco, deje de volver al boma con tanta frecuencia. Con el tiempo, espera que el pequeño elefante «se olvide de los humanos».

Los cuidadores afirman que, hasta entonces, el equipo está preparado para proporcionarle comida y velar por su pequeño superviviente. Cuando por fin esté listo para marcharse, Abanyam espera sentir una mezcla de orgullo, alivio y tristeza. «Entiendes que tienes que dejar marchar a alguien que te llega tan al corazón», afirma. «Estoy seguro de que va a ser un momento difícil para todos nosotros».

© Jack Devlin

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