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Received — 2 August 2026 ⏭ National Geographic España

Máxima expectativa por el eclipse en Navarra desde hace meses: "No se repetirá hasta 2180"

2 August 2026 at 16:00

Hacían poco más de 7 grados en Pamplona cuando, el 12 de enero de 2026, cientos de personas se reunieron en la Sala Principal de Baluarte, el Palacio de Congresos y Auditorio de Navarra, para hablar del eclipse solar total. Faltaban siete meses para la cita, pero la comunidad ya había dado el pistoletazo de salida a lo que muchos consideran el acontecimiento astronómico del siglo.

Aquel encuentro sirvió para recordar cómo se vivió el eclipse de 1905 y, en los siguientes días 12 de cada mes, las distintas conferencias abordaron también la relación de este fenómeno con el arte, el cine, el periodismo o el mundo animal. En total, más de 13.000 personas participaron de las actividades.

“Hemos construido mes a mes una mirada compartida de un acontecimiento que en Navarra no se va a volver a vivir hasta el 2180. Se trata de algo realmente extraordinario, histórico. Hay gente que piensa que cuando se habla de ciencia es algo elevado, pero también hemos visto cómo jóvenes acudían a las conferencias y el interés era tan grande al punto de que se agotaron absolutamente las entradas todos los meses”, cuenta Paula Noya, directora de Infraestructuras Culturales de NICDO, a National Geographic. Esta sociedad pública del Gobierno de Navarra integra, entre otros equipamientos, el Planetario de Pamplona.

La expectativa por el eclipse solar total

Una familia en Navarra observa el eclipse de 1905.

Bajo el nombre de Proyecto Eklipse, se diseñó una programación de actividades y talleres concebida como un gran ejercicio de divulgación científica para mantener vivo el interés del público durante todo el año. Uno de sus principales atractivos ha sido el simulador virtual del eclipse. En Navarra, además, se jactan de haber sido los primeros en sacar a licitación pública la adquisición de gafas homologadas para garantizar una observación segura en los puntos oficiales.

La red de 20 espacios habilitados para seguir el eclipse cuenta con capacidad para unas 50.000 personas. Las entradas, desde 6 euros, incluyen aparcamiento y gafas certificadas. Entre los lugares más singulares figuran las Bardenas Reales y el parque de naturaleza y ocio Senda Viva, que ofrecerá 22 actividades complementarias relacionadas con el eclipse, desde exposiciones científicas y talleres hasta espectáculos de magia, circo, clown, cuentacuentos y música. Además, permanecerá abierto hasta la una de la madrugada para que los visitantes puedan disfrutar también de la lluvia de estrellas de las Perseidas.

La enorme expectación que despierta el fenómeno no impide que existan preocupaciones.

“A pesar de que hemos estado trabajando muchísimo en la concienciación, todavía te cruzas con amigos o familiares que te preguntan ‘¿puedo ver el sol con gafas normales?’ Por eso seguimos repitiendo siempre el consejo de utilizar gafas homologadas”, señala Noya.

Las principales inquietudes para el 12 de agosto 

Otra de las inquietudes está relacionada con el riesgo de incendios al ser en pleno mes de agosto y ante la llegada masiva de visitantes a entornos rurales. Entre las recomendaciones difundidas por las autoridades figuran no aparcar sobre vegetación seca, ya que el calor del motor puede provocar su ignición; evitar hogueras, barbacoas y cualquier uso recreativo del fuego; no utilizar gas en zonas de camping; apagar correctamente las colillas; recoger los residuos y no dejar botellas de cristal expuestas al sol.

El gran desafío para Navarra será, sin embargo, la gestión de la movilidad y la logística. Noya explica:

“Sabemos que desde hace meses hay puntos en el sur que ya tienen el cartel colgado de ocupación al 100%, pero queda alguna habitación disponible en otras partes. Si tú sabes que desde tu municipio, tu pueblo o tu casita lo vas a poder ver, la recomendación es que no te muevas para verlo desde otro sitio”.

Como una ironía del destino, los habitantes de Pamplona tendrán que desplazarse para contemplar el eclipse total, ya que la capital quedó situada en la franja de parcialidad. Tampoco habrían podido seguirlo desde su emblemático planetario, cerrado por obras desde enero de 2025, cuando un incendio causó graves daños en las instalaciones. Desde entonces, el centro permanece cerrado mientras se somete a una remodelación.

“Con el incendio hemos convertido una catástrofe en una oportunidad, pues tenía 30 años y el proyecto de rehabilitación integral venía desde antes porque era el momento de reflexionar sobre su futuro para que siga siendo un centro de referencia. Vienen momentos muy ilusionantes”, concluye Noya. Tan ilusionantes como los que se esperan para el próximo 12 de agosto y como los que Navarra comenzó a vivir desde aquel frío día de enero.

© NICDO

Los simios nunca podrán hablar como los humanos y es por culpa de su nariz

Nuestras narices no nos gustan. O eso es lo que parece desprenderse del informe de la SECPRE (Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética), según la cual la rinoplastia es la quinta intervención quirúrgica más realizada en el planeta, y no precisamente por motivos de salud. De hecho, llega a representar hasta el 10 % de las cirugías estéticas practicadas en Europa y EE. UU., ocupando España uno de los primeros puestos en este ranquin. Los más de 1,08 millones de remodelados nasales practicados en 2024 nos dicen, claramente, que las naricillas pequeñas y respingonas parecen constituir un bien estético de lo más codiciado.

Sin embargo, si supiéramos la cantidad de funciones que desempeña una buena y prominente nariz, muy posiblemente contemplaríamos nuestro apéndice nasal con unos ojos más benevolentes. Especialmente si conociésemos su importancia en la revolución cultural que conllevó la aparición de los humanos.

A priori, podríamos pensar que respirar debería ser perfectamente viable, simplemente, teniendo un orificio de contacto de las vías respiratorias con el exterior. Así, en principio, podríamos tanto oxigenarnos como oler, las dos funciones básicas en las que interviene la nariz. Sin embargo, este vistoso apéndice hace algo importantísimo con el aire: lo acondiciona en temperatura y humedad, antes de que llegue a la nasofaringe.

Si no fuese así, se nos podrían desecar las vías respiratorias en ambientes muy áridos o congelar los epitelios que revisten tráquea, bronquios y pulmones en lugares polares. En ambas circunstancias, moriríamos por imposibilidad de difusión del oxígeno en los epitelios alveolares hacia nuestra sangre. Sin llegar a situaciones tan drásticas, las vías respiratorias resecas disminuyen la función mucociliar, lo que aumenta el riesgo de infecciones respiratorias. Pero la evolución de la nariz humana consiguió cosas mucho más sorprendentes.

Los primates tienen una nariz plana

¿Se ha preguntado alguna vez por qué nuestros “primos simiescos” lucen unas narices bastante chatas mientras nosotros paseamos en mitad de nuestros rostro un más que destacado promontorio nasal? En general, todos los primates suelen tener unas narices bastante planas y parece que les basta para realizar las funciones nasales. ¿No podríamos sobrevivir nosotros igualmente con narices más pequeñas?

En realidad, se trata de un trampantojo arquitectónico. No es que bonobos, chimpancés y gorilas apenas tengan nariz sino que su hocico prognato hace que ésta apenas sobresalga del plano. En otras palabras, gran parte de la nariz esta incluida en el morro.

La línea evolutiva que llevó a los humanos, que ya sabemos que revolucionó muchos aspectos anatómicos, también afectó a la forma de la nariz. Lo que en realidad ocurrió fue una revolución en la integración morfológica existente entre diferentes regiones del cráneo de nuestros ancestros (región nasal, maxilar, premaxilar, base del cráneo y mandíbula inferior). De hecho, esta integración desapareció y el maxilar se retrajo.

Como consecuencia de la drástica reducción del prognatismo, la apertura nasal quedó situada en un plano muy anterior de la cara. Los cartílagos laterales y el tabique nasal dejaron de estar embebidos en el perfil del tercio medio facial y terminaron quedándose “al aire”. Así, la nariz dejó de estar “escondida” y pasó a ocupar un indiscutible protagonismo en nuestra fisonomía facial.

Gracias a la nariz, nuestra voz es clara y profunda

Pero la aparición de una nariz novedosa como la nuestra supuso algo más que una cara nueva. Además de calentar, humidificar y filtrar el aire o servir de soporte al epitelio olfativo, aparecieron novedades funcionales inviables en nuestros antepasados “morrudos”.

Un artículo muy reciente revela que, en la cara de un Homo, se genera una interesantísima separación funcional entre la nariz y la laringe como consecuencia de un doble cambio anatómico. Por una parte, al quedar la cavidad nasal más verticalizada (más alta y estrecha), se establece una complejidad mayor en la vía aérea superior. Por otra, la nasofaringe se amplía y se acorta, lo que supone una separación entre la vía aérea y la oral no factible, por ejemplo, en chimpancés o gorilas.

Nuestro nuevo tracto, así configurado, es más “doble” que el rectilíneo de los simios. Esto no solo permite un flujo de aire más turbulento y eficiente para filtración y acondicionamiento, sino que posibilita más control de resonancias y mayor estabilidad acústica en la emisión de aire. En otras palabras, con esta carambola evolutiva se consiguió un sistema óptimo para modular sonidos complejos y contrastivos, entre ellos, el desarrollo de vocales claramente diferenciadas.

Pero la cosa no quedó aquí. La “independización” de nuestra nariz no solo contribuyó a resonar y modular elevando extraordinariamente nuestra potencialidad de generar sonidos variados, sino que el tracto nasal y los senos paranasales ayudaron a que nuestra voz fuese más clara y más profunda.

Hablamos por narices

Visto lo visto, El planeta de los simios es inviable. Por más que nos guste esta obra fantástica de la ciencia ficción (mucho mejor en su extraordinaria versión de Charlton Heston), la realidad es que orangutanes, chimpancés, gorilas y bonobos, por mucho que un supuesto desarrollo cerebral lo posibilitara, no podrían llegar a articular nunca los sonidos implicados en un lenguaje complejo como el nuestro.

Su nariz está integrada en un sistema facial adaptado a la masticación, no a la optimización acústica. Lo que se suponía antes algo anatómicamente monofactorial (que el habla humana fue resultado de la bajada evolutiva de la laringe), ha resultado ser una consecuencia de muchos elementos implicados. En realidad, fue una reorganización completa del cráneo que cambió las relaciones anatómicas entre tracto nasal, boca y faringe para crear un sistema acústico altamente modulable.

Nuestra protagonista, esta novedosa y protruyente nariz que tenemos, fue claramente trascendental en la adquisición de una fisiología vocal excepcionalmente flexible y acústicamente revolucionaria. Recuérdelo antes de minusvalorar la estética de su apéndice nasal.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

© BIOPARC Valencia

Verano en China

2 August 2026 at 08:00

Tangshan Happy Water World es uno de los parques acuátivos más populares de China. Cuenta con zona de olas, tobogantes gigantes y otros espacios de ocio. Tras una persistente ola de calor, miles de residentes llenan las piscinas, playas artificiales y atracciones acuáticas que les permiten un respiro al sofocante verano. Ubicada a 460 kilómetros de Wuhan, Nankín es conocida como una de las "ciudades horno" por sus temperaturas extremas y alta humedad.

© Cordon Press

Algo no cuadra en el corazón de la Vía Láctea: “Esta sería la primera prueba de aniquilación extragaláctica”

2 August 2026 at 07:00

El corazón de la Vía Láctea, allá donde se encuentra el agujero negro supermasivo Sagitario A*, alberga un enigma que desconcierta a astrónomos de todo el mundo desde hace décadas. Hablamos, en concreto, de la profusión de flujos de positrones que colisionan contra electrones para aniquilarse en intensos destellos de rayos gamma, que ha generado un desfase cuantitativo imposible de cuadrar mediante los modelos convencionales. Ahora, gracias a un reciente artículo publicado en la revista Astronomy & Astrophysics, ha ido un paso más allá.

En concreto, lo que han hecho los investigadores es analizar el registro completo recogido por el telescopio espacial INTEGRAL de la Agencia Espacial Europea. Los físicos Thomas Siegert, de la Universidad Julius Maximilian de Würzburg, y Hiroki Yoneda, de la Universidad de Kioto, hallaron señales de aniquilación fuera de los límites de nuestra estructura estelar, sugiriendo un volumen de antimateria drásticamente mayor al previsto.

Los datos procesados en periodos acumulativos mostraron un patrón claro e inmune a las interferencias instrumentales del observatorio espacial. La emisión de 511 kiloelectronvoltios más destacada proviene del denominado Complejo C, una gigantesca nube de hidrógeno que cae hacia el disco galáctico. Asimismo, los expertos identificaron un tenue rastro en la Corriente de Magallanes, una franja de gas que acompaña a las Nubes de Magallanes en su trayectoria orbital.

Debido a que estas regiones no poseen las fuentes energéticas necesarias para generar tales partículas, los científicos concluyen que la antimateria viaja distancias enormes antes de destruirse. "Esta sería la primera detección de aniquilación de positrones extragalácticos", declaró Siegert al medio ScienceAlert. El investigador añadió que "eso en sí mismo significaría que el contenido de positrones de la Vía Láctea es mucho mayor que el que se observa actualmente 'en el interior'".

Escape de antimateria e implicaciones cosmológicas

Para que la aniquilación entre materia y antimateria ocurra de forma eficaz, los positrones deben desacelerarse enormemente en el medio interestelar. El hallazgo implica que una fracción importante de estas partículas de alta energía logra escapar del disco galáctico y reducir su velocidad en el gas exterior. Esta migración inesperada altera los cálculos actuales y sugiere una tasa de producción cercana a los 100 tredecillones de positrones por segundo.

Explicar semejanza cuantitativa pone contra las cuerdas los modelos astrofísicos tradicionales basados en explosiones estelares, agujeros negros o estrellas de neutrones. El propio Siegert reconoció la complejidad del escenario al señalar que "tenemos el problema de explicar la enorme cantidad de positrones en la Vía Láctea. Si resulta ser aún mayor, nos estamos quedando sin fuentes astrofísicas convencionales para explicarlos".

Misiones futuras para resolver el enigma

A pesar de la solidez del hallazgo, los autores mantienen la cautela al registrar una significación estadística de 4 sigma, ligeramente por debajo del umbral de 5 sigma requerido para un descubrimiento formal. Sobre el origen de la anomalía, el investigador remarcó que "en algún momento, necesitaríamos introducir modelos de materia oscura no convencionales para obtener esta cantidad de positrones, como partículas de materia oscura ligeras.".

El horizonte de la investigación cósmica se traslada ahora al lanzamiento previsto para 2027 del espectrómetro y telescopio de imágenes COSI de la NASA. Esta avanzada herramienta orbital permitirá verificar si estas señales fuera del plano galáctico son definitivas y rastrear con precisión los auténticos puntos de nacimiento de la antimateria. De confirmarse la hipótesis, la ciencia deberá reformular los principios que rigen la distribución de materia en el universo.

© Telescopio del Horizonte de Sucesos/CC BY 4.0

La pareja de periquitos que desafía la extinción: 55 crías para salvar una especie

1 August 2026 at 15:00

Sus nombres son Nacho y Trixie. Son una pareja de periquitos de una especie llamada maorí sontano (Cyanoramphus malherbi), endémica de Nueva Zelanda. Llevan juntos desde 2024 y hasta la fecha han criado 55 polluelos, 33 de ellos en solo una temporada. Algo inaudito en esta especie amenazada que solo cosecha unos 450 ejemplares en la vida salvaje. ¿A qué se debe esa alta tasa de reproducción? ¿Es simplemente fruto de una casualidad? ¿O es el resultado del éxito de una política de conservación? 

Estos peritos autóctonos fueron declarados extintos en la vida salvaje en dos ocasiones: en 1919 y 1965, aunque los volvieron a descubrir en la profundidad de valles montañosos. Es extraordinariamente raro de ver, por eso está críticamente amenazado, y es que solo pueden progresar en lugares en los que exista suficiente alimento, una contingencia extraordinariamente difícil para una especie que se enfrenta a una importante reducción de hábitat, explica Wayne Beggs, técnico del Departamento de Conservación de Australia (DOC), a National Geographic España a través del correo electrónico.

Y es que, para reproducirse con éxito, estas aves dependen en gran medida de episodios de fructificación masiva. En épocas de abundancia, se alimentan de las semillas que encuentran en las copas de las hayas, pero el resto del tiempo lo permanecen casi por completo cerca del suelo. 

"En los bosques de hayas en los que viven, las semillas parecen ser una fuente de alimento principal durante la temporada de cría, ya sea cuando permanecen en los árboles o cuando se encuentran en el suelo del bosque antes de germinar. Sin embargo, en épocas sin producción abundante, a menudo dejan de aparearse después de la primera anidada”, apunta.

Esta contingencia deja poco margen para prosperar en el mundo salvaje, pero no así en los centros de cría en cautividad, como Isaac Conservation and Wildlife Trust. “A las aves del programa  se les ofrece una amplia variedad de alimentos, incluyendo semillas, frutos secos y fruta”, afirma Beggs, quien explica que en el centro de cría se les alimenta con suficiente proteína en su dieta para garantizar su reproducción.

Solo hay un inconveniente: el exceso de proteína puede dar lugar a una mayor producción de polluelos machos. Por eso se les administran cantidades limitadas de semillas de haya a lo largo de la temporada de cría.

El caso de Trixie y Nacho no pudo ser más fructífero. A pesar de que la temporada de cría ya había terminado, ella seguía poniendo huevos y criando polluelos.  Lo ideal sería que descansase después de una anidada, pero no había tiempo para el reposo, a tenor del número de crías de la última pueta: 7 polluelos.

Por supuesto, no es el único protagonista de esta historia. Nacho también es infatigable, aunque su labor se centra en la búsqueda de alimento. ¿Qué factor explicaría esta devoción por perpetuar la especie? Según Beggs, la razón más probable es genética, aunque hasta la fecha no se ha llevado a cabo ningún estudio que corrobore esta hipótesis. 

 

El peligro oculto de la endogamia

Sea como fuere, el éxito de esta pareja de periquitos es indisoluble de las políticas de conservación de la especie. Desde Isaac Conservation and Wildlife Trust apuntan que  la clave está en las técnicas de autoselección llevadas a cabo por los conservacionistas. “Normalmente, las aves se colocan en un aviario en bandadas de entre 6 y 8 ejemplares, y los cuidadores observan cuáles muestran signos de emparejamiento.

Algunas aves pueden ser increíblemente exigentes a la hora de elegir pareja, aunque  una vez lo hacen, muchas de ellas permanecen juntas de por vida”, afirma el experto, quien señala que el punto más delicado de criar estas aves en cautividad es la supervivencia de los polluelos. “La manipulación prolongada de las aves puede acabar siendo letal, mientras que la supervivencia de los juveniles en cautividad disminuye aproximadamente tres meses después de que hayan abandonado el nido". 

En el caso de Trixie y Nacho, superaron el test sin problema, pues sus polluelos resultaron ser de promedio mucho más grandes que de costumbre. “Un tamaño mayor suele traducirse en una mayor envergadura durante la etapa juvenil y adulta. Además, aumenta la probabilidad de supervivencia tras la liberación, así como las tasas de supervivencia de la especie”, afirma Beggs. 

Una apuesta de futuro

Buenas noticias para estos periquitos amenazados, que, sin embargo, se enfrentan a otra amenaza invisible: la endogamia. La gestión de la diversidad genética de la especie es una parte fundamental del programa de recuperación. “Contamos con un genetista experto que ofrece asesoramiento experto sobre la gestión de la diversidad genética de la especie”, explica el conservacionista, quien alude a que se mantienen registros individuales de todas las aves en cautividad en los que se detallan su linaje y su parentesco y se realizan pruebas genómicas a todos los polluelos. No solo eso. También recogen huevos periódicamente de las poblaciones silvestres para reintroducir diversidad genética, y se llevan a cabo translocaciones de juveniles criados en cautividad a poblaciones aisladas para reducir el riesgo de depresión endogámica y mantener así la diversidad genética. 

Un esfuerzo titánico para recuperar a estas aves y devolverles a ser como mínimo una parte de lo que un día fueron en estado salvaje. “El objetivo final es que las poblaciones silvestres prosperen sin necesidad de cría en cautividad”, concluye Beggs, quien indica que para ello es necesario garantizar el crecimiento sostenido de las poblaciones salvajes. Trixie y Nacho ya están en ello, aunque es poco probable que puedan hacerlo solos.

© Foto: Wayne Beggs/ Isaac Conservation and Wildlife Trust

El Sol cambiará la luz de las estrellas durante el eclipse solar total de agosto

Mirar hacia arriba es un recurso fenomenal para ser conscientes de la gravedad. Su efectos sobre los cuerpos con masa se aprecia bien cuando seguimos el vuelo de una pelota o trazamos la órbita de un planeta. Pero la gravedad, sorprendentemente, también actúa sobre lo que no pesa, sobre la luz, nada más y nada menos. Tanto es así que puede curvarla. Muy pronto, un eclipse de Sol nos permitirá ser testigos de ese desconcertante efecto.

Las escurridizas partículas que componen la luz, los fotones, no escapan a la acción gravitatoria. Se debe a que, como nos dijo Einstein la gravedad es la manifestación de la curvatura del espacio-tiempo. Esa curvatura la producen y la acentúan la masa y la energía que contiene el propio tejido del universo.

Eso obliga a todas las partículas a seguir una suerte de trayectorias que no son exactamente rectas, como si viajaran entre raíles, las llamadas geodésicas. Son líneas que se pegan al espacio-tiempo tratando de hacer los caminos de las partículas lo más eficientes posibles. Curiosamente la gravedad es capaz de curvar cualquier fotón. Y esto abre un enorme abanico de posibilidades en astrofísica. Pero nos vamos a centrar en la luz visible.

El camino de la luz desde una estrella lejana

Pensemos en un fotón proveniente de una estrella lejana que, por fortuna, llega hasta nosotros sin toparse con ningún obstáculo. No es descabellado: el espacio típico entre estrellas es 10 trillones de veces menos denso que nuestra atmósfera. Además, sabemos que hay un número inconcebible de fuentes luminosas ahí fuera. Por esos dos motivos, existe una barbaridad de fotones en el universo capaces de recorrer (muchos) años luz (o billones de kilómetros) sin inmutarse.

El punto de llegada del fotón puede ser un sofisticado telescopio haciendo complejas tareas de investigación astronómica. Pero también puede jugar ese papel nuestro propio ojo al desnudo. Pensemos ahora en una estrella que manda directamente hacia nosotros fotones que nos llegan cada noche. La fuente estelar emite en todas direcciones. No obstante, una pequeña desviación angular, una mínima apertura, condenaría al fotón a escapar hacia otros lugares del universo y no nos alcanzaría. Esa estrella pasaría a ser invisible para nosotros.

Pero ¿y si la gravedad consigue rectificar esa desviación inicial y dobla la trayectoria del fotón? Para que eso suceda, el fotón debe pasar cerca de una concentración de masa lo suficientemente densa y compacta. El efecto es como si un cuerpo con mucha masa tirase de la luz, a la manera de una fuerza. Aunque ya hemos dicho que en realidad es la curvatura del espacio-tiempo y no una fuerza la que causa esa desviación. En el escenario del próximo eclipse, esa concentración de masa es el Sol.

Necesitamos oscuridad

Es obvio, por otro lado, que para ver bien las estrellas necesitamos que el cielo esté oscuro, y eso generalmente ocurre de noche. En ese momento del día, el Sol no está en medio de la línea de visión que nos une con la estrella que queremos observar. Por tanto, la luz que nos llega de esa fuente en principio no se ha torcido por efecto de la masa del Sol. Esa luz habrá seguido una línea de esas relativistas que reemplazan a las rectas. 

Entonces, ¿es posible conjugar esas dos condiciones, es decir, tener el Sol frente a nosotros y un cielo oscuro? ¡Sí lo es! De hecho, eso sucede justamente durante un eclipse. La Luna, al interponerse entre el Sol y nosotros con precisión sideral, oscurece el cielo de forma significativa. Esto nos permite registrar la posición aparente y momentánea de la estrella y estimar la desviación. Y así podremos concluir que la luz se ha doblado de verdad. Pero para ello se necesita completar una tarea previa: averiguar dónde se encontraba la estrella antes del eclipse.

Ya sabemos que no se nos da muy bien determinar de día la posición de fuentes luminosas como las estrellas. Sencillamente no podemos distinguir la luz que nos llega de ellas de la que nos llega de nuestro Sol. Así que, con anterioridad, hay que medir la posición habitual de la estrella de noche y volver a “cazarla” durante el eclipse. Por supuesto, ese registro inicial de posición se habrá hecho previamente en una noche con buena visibilidad para hacer observaciones astrofísicas.

Qué ocurre durante el eclipse

Durante el eclipse, el astro rey, con su significativa masa, curva el espacio tiempo en su vecindad. Esa curvatura hace que el fotón que viaja desde la estrella situada detrás describa una trayectoria que asemeja un arco. Pero nuestro ojo no sabe que el fotón procede de detrás del Sol: interpreta que ha seguido un camino recto como el de cualquier otro cuanto de luz. Así que el astrónomo –amateur o no– encargado de cartografiar la posición de la estrella emisora dirá que está desplazada hacia un lado respecto a su posición habitual.

Conviene retomar la idea de que todos los fotones pueden sufrir desviaciones de su trayectoria por efecto de objetos compactos que se interpongan en su camino. Bajo el paraguas de ese efecto, el de lente gravitacional, surge una astrofísica muy potente.

Las lentes gravitacionales van más allá de reposicionar o incluso duplicar galaxias o estrellas: revelan también cómo está distribuida la materia, incluida la materia oscura. Además, funcionan como gigantescos telescopios cósmicos que magnifican el universo lejano. Así nos permiten ver objetos que sin ellas permanecerían invisibles y también dan acceso a etapas del universo admirablemente tempranas.

La primera vez que se observó durante un eclipse que la desviación de la luz era perfectamente compatible con la predicción de Einstein, hace más de un siglo, se produjo un histórico momento wow y comenzó una revolución científica. En el próximo eclipse de agosto de 2026, nos corresponde a nosotros escribir nuestra historia, una con eclipses y luces fantásticas.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

© NASA/JPL-Caltech/Harvard-Smithsonian CfA

Por qué los nutricionistas recomiendan comer más pescado en conserva

Los expertos en nutrición suelen recomendar los alimentos frescos y sin procesar frente a los procesados, pero hacen una excepción en el caso del pescado en conserva. «En lugar de aportar micronutrientes aislados, se trata de un alimento completo», afirma el nutricionista colegiado Colin Robertson, destacando los ácidos grasos omega-3 y las vitaminas B12 y D que se encuentran en pescados grasos como las sardinas, la caballa y las anchoas.

Junto con el atún, el salmón y el arenque, estas variedades en conserva, ricas en proteínas y bajas en calorías, también son una opción práctica, afirma Sonal Haerter, profesora adjunta y médica especialista en medicina interna de la Universidad de Creighton. «Están disponibles todo el año y, si se comparan con el pescado fresco, resultan más asequibles».

Anteriormente considerados como algo que un cocinero desesperado sacaría del fondo de la despensa cuando se quedara sin opciones frescas, estos productos imprescindibles de la despensa se han convertido en una gran tendencia en las redes sociales, donde los amantes de la gastronomía preocupados por la salud comparten recetas virales como las sardinas ahumadas flambeadas y las tablas de «seacuterie». Como resultado, el mercado mundial del pescado en conserva se valoró en aproximadamente 9.500 millones de dólares en 2022 y se prevé que aumente hasta los 17.200 millones de dólares en 2033.

Sin embargo, hay algunas advertencias importantes que hay que tener en cuenta a la hora de elegir y cocinar pescado en conserva. Aquí tienes todo lo que necesitas saber.

Los beneficios para la salud del pescado en conserva

La razón principal por la que el pescado azul en conserva es tan rico en nutrientes es que contiene altos niveles de ácidos grasos esenciales omega-3, que el cuerpo no puede producir por sí mismo y, por lo tanto, deben obtenerse a través de la alimentación. «Los omega-3 son las grasas buenas que nos ayudan a prevenir las enfermedades cardíacas, reducir el riesgo de diabetes y bajar la presión arterial», afirma Haerter. «Dos raciones de pescado y marisco a la semana es lo que la Asociación Americana del Corazón recomienda para un consumo saludable de omega-3».

Los efectos pueden ser aún mayores para las personas que ya padecen alguna afección cardiovascular, añade Haerter. «Si ya presentan signos de enfermedad cardíaca, siguen teniendo el colesterol elevado a pesar de tomar medicamentos para reducirlo, o tienen un tipo de colesterol llamado triglicéridos, estos pacientes pueden beneficiarse de los omega-3». Los ácidos grasos también ofrecen un componente neuroprotector, señala Robertson, y un pequeño estudio de 2023 demuestra que los suplementos de aceite de pescado retrasaron el deterioro cognitivo en pacientes con la enfermedad de Alzheimer en fase muy leve.

Además de aportar vitamina D (necesaria para la salud ósea, la función cerebral y la inmunidad), vitamina B12 (que favorece el sistema nervioso y el funcionamiento metabólico) y selenio (para la defensa antioxidante y la salud inmunitaria), el pescado en conserva es una buena fuente de calcio y de un aminoácido llamado taurina, señala Haerter. La taurina tiene propiedades antiinflamatorias y antioxidantes y «ayuda en la síntesis de proteínas y es muy útil para la salud cerebral y celular», señala. «Las sardinas son muy ricas en taurina».

¿Qué pescado en conserva es el mejor?

Hay un acrónimo muy útil que te ayudará a recordar qué pescados en conserva son los más nutritivos. «SMASH son las siglas de salmón, caballa, anchoas, sardinas y arenque», explica la nutricionista Phoebe Wareham. «Estos tienen un mayor contenido en omega-3 y un menor contenido en mercurio».

Recomienda las sardinas como las más ricas en nutrientes de entre los cinco principales porque «a menudo se comen las espinas y la piel, por lo que son una gran fuente de calcio y vitamina K2, que son excelentes para la salud ósea». Además, tienen un contenido muy elevado de vitamina B12. Un estudio de 2026 reveló que solo se necesitan 15 gramos de sardinas en conserva para aportar la cantidad diaria recomendada de dos omega-3 fundamentales.

«Si lo que buscas son proteínas, yo siempre optaría por el atún», afirma Robertson. Sin embargo, al encontrarse en un nivel superior de la cadena alimentaria, el atún suele contener más mercurio que otros pescados en conserva. Consumir una cantidad excesiva puede resultar tóxico y «a corto plazo, puede provocar náuseas, pero la acumulación de mercurio con el tiempo es realmente perjudicial para la salud», explica. Los síntomas a largo plazo pueden incluir hormigueo o entumecimiento en las manos o los pies, fatiga y confusión mental, aunque Robertson calcula que la mayoría de las personas tendrían que comer unas 10 latas al día para correr el riesgo de un consumo excesivo.

«Un análisis global de más de 138.000 registros reveló que alrededor del 97,6 % de los productos acuáticos cumplen las normas de seguridad, y que los beneficios para la salud de los omega-3 superan con creces cualquier pequeño contaminante metálico que podamos encontrar», afirma Haerter. Sin embargo, hay una excepción: «Las mujeres embarazadas y las madres lactantes deberían limitar el consumo de atún claro en conserva a menos de 12 onzas a la semana», señala.

El aceite, la salmuera, el agua y las salsas aromatizadas son los medios de conservación más habituales para el pescado en conserva, algunos de los cuales pueden tener un alto contenido en sodio, señala Wareham. «Intenta optar por variedades bajas en sodio y busca pescado en aceite de oliva; esa es la opción más saludable para el corazón y con mayores propiedades antiinflamatorias».

Cómo incorporar el pescado en conserva a tu dieta

La forma más sencilla de comer pescado en conserva es sobre una tostada, ya sea entero o triturado y sazonado con sal y pimienta. «Si te gusta tomar una tostada de aguacate para desayunar, ponle unas sardinas por encima», aconseja Haerter.

En verano, es fácil convertir el pescado en conserva en el protagonista de las ensaladas, añade Wareham. «Una ensalada asiática de atún es una de mis formas favoritas de comerlo, con mayonesa, sriracha, arroz, aguacate y láminas de nori. También puedes prepararla al estilo niçoise con patatas, judías verdes, huevos cocidos y aceitunas, y puedes utilizar el aceite de oliva de la lata para hacer una vinagreta francesa». Las anchoas se pueden picar y añadir a aderezos para ensaladas o salsas, y servir con pasta o cereales como el cuscús o el trigo bulgur.

Hay que tener cuidado de no calentar en exceso el pescado en conserva. Aunque su contenido en proteínas, minerales y vitaminas es relativamente estable, ya que se ha cocinado durante el proceso de enlatado, si los omega-3 se calientan a altas temperaturas, los nutrientes pueden degradarse.

Gran parte de la investigación sobre los omega-3 se basa en los suplementos de aceite de pescado y, aunque estas cápsulas diarias pueden resultar prácticas, consumir pescado en conserva es más beneficioso. «Normalmente recomiendo dar prioridad a los alimentos siempre que sea posible», afirma Wareham. «Cuando se consume el pescado entero, se obtienen todas las proteínas —que son la parte más saciante— y los micronutrientes de las espinas».

© Rebecca Hale, National Geographic

Las buenas noticias de la semana, según National Geographic

1 August 2026 at 09:00

Aunque el ensordecedor ruido del mundo parece seguir empeñándose en lo contrario con llamas que no cesan, cada semana aparecen noticias capaces de hacernos sonreír y aportarnos un poco o mucho de optimismo.

Son pequeñas victorias que, juntas, dibujan un mapa más amable de la actualidad. En este recorrido, National Geographic reúne algunas de las historias más reconfortantes de los últimos días.

Nace un gecko de dos cabezas que prospera con éxito

En el fascinante mundo de la herpetología, la supervivencia de animales con policefalia (múltiples cabezas) es extremadamente rara, pero un diminuto gecko crestado nacido en Pensilvania está rompiendo todos los esquemas. Bautizado cariñosamente como 'Simon y Garfunkel', este pequeño reptil de apenas 1,8 gramos ha logrado superar su primer mes de vida en perfectas condiciones.

A diferencia de otros casos documentados donde los dos cerebros "discuten" o incluso se atacan, las dos cabezas de este gecko han aprendido a coordinar sus movimientos en un mismo cuerpo, y su disposición anatómica impide que puedan morderse entre sí. Este gecko crestado, una especie arbórea fascinante conocida por su resistencia y adaptabilidad ofrece una oportunidad de oro para que los biólogos estudien la plasticidad neurológica y motora en casos de bicefalia.

Un dron graba por primera vez el nacimiento de una ballena jorobada

Viajamos a las costas de Nueva Gales del Sur, en Australia, para celebrar un hito histórico en la observación marina. Por primera vez, un piloto de drones ha logrado capturar el nacimiento completo de una ballena jorobada (Megaptera novaeangliae), siendo apenas el cuarto registro fílmico de un parto de esta especie a nivel mundial. Las inéditas imágenes, tomadas en aguas tranquilas, documentan el instante en que el recién nacido toma su primer aliento y se une a su madre.

Las ballenas jorobadas, famosas por sus complejos y melancólicos cantos, así como por realizar algunas de las migraciones más largas del reino animal, siguen siendo una especie vulnerable que requiere toda nuestra atención. Este extraordinario documento será también muy valioso para la ciencia.

Vuelven las famosas cámaras para observar a los imponentes osos pardos de Katmai

Acaba de inaugurarse la 14ª temporada de las famosas "bear cams" en el Parque Nacional Katmai (Alaska), una fantástica iniciativa que nos permite observar en tiempo real uno de los mayores espectáculos biológicos del planeta.

A través de estas cámaras, es posible ver el comportamiento de los osos pardos costeros (Ursus arctos) mientras se congregan en las cascadas del río Brooks para pescar salmones. Esta población de osos, notablemente más grande que la de sus parientes los grizzlies del interior gracias a su rica dieta marina, es capaz de devorar hasta 30 salmones al día durante esta época. Todo este frenesí alimenticio tiene un objetivo vital: acumular las reservas de grasa necesarias para sobrevivir a la hibernación. Contamos de nuevo con una ventana abierta a la vida salvaje en estado puro.

Descubren una nueva especie de víbora que "engañó" a la ciencia durante años

En los inexplorados bosques monzónicos del condado de Medog (Tíbet), un equipo de científicos ha logrado identificar una nueva especie de serpiente venenosa:Ovophis medogensis. Durante años, este reptil pasó desapercibido al ser confundido con una especie pariente más común (Ovophis monticola), pero los recientes análisis de ADN y un riguroso estudio morfológico han revelado que estamos ante un linaje evolutivo completamente único.

Esta nueva víbora de foseta destaca por sus singulares escamas, un dorso marrón oscuro adornado con manchas en forma de mariposa, una llamativa raya naranja tras los ojos y unas inéditas manchas blancas que recorren la punta de su cola. Una nueva prueba de que el este del Himalaya es un auténtico "punto caliente" de biodiversidad repleto de especies crípticas por descubrir.

Graban por primera vez a un raro calamar ártico cuidando de sus huevos en el mayor parque nacional del mundo

En las gélidas aguas del Parque Nacional del Noreste de Groenlandia -el más grande del planeta y uno de los ecosistemas marinos menos estudiados-, un equipo de biólogos ha logrado un hito extraordinario gracias a un vehículo submarino operado por control remoto (ROV).A 50 metros de profundidad y en aguas a -1.6 °C, han filmado por primera vez en su hábitat natural a una rara especie de calamar de cola corta ártico (Rossia moelleri).

Pero la sorpresa fue mayúscula al descubrir que la hembra estaba custodiando tres racimos de cápsulas adheridos a la roca, uno de ellos con hasta 50 huevos. Este hallazgo biológico es la primera evidencia directa de que esta esquiva especie se reproduce en un entorno tan extremo. Estas criaturas son muy sensibles a los cambios ambientales, de ahí al relevancia de este hallazgo. 

© Instagram/Rockstar Geckos

Otra semana trágica

1 August 2026 at 08:00

Todavía no ha comenzado agosto y ya se han quemado la mitad de las hectáreas de 2025. Esta semana, el incendio de Ávila marcó un triste récord al ser el más devastador en la historia de España con 55.000 hectáreas calcinadas en los primeros cinco días. Se ha decretado la emergencia climática y se registró la mayor movilización internacional por un incendio en el país. El esfuerzo de bomberos y protección civil no llega a ser necesario para combatir la virulencia de las llamas.

© Cordon Press

Los huevos orgánicos podrían tener un impacto climático peor que los de gallinas enjauladas

1 August 2026 at 07:00

Durante años se ha mantenido la firme creencia de que consumir alimentos procedentes de la ganadería ecológica y el pastoreo libre constituía la opción más sostenible y respetuosa con el medioambiente. Sin embargo, un controvertido análisis publicado en la revista Royal Society Open Science por la investigadora Harriet Bartlett ha desmontado aparentemente esta premisa al revelar que la producción avícola ecológica puede duplicar las emisiones de carbono frente a los modelos intensivos. Un hallazgo que altera el debate tradicional sobre el impacto de nuestra cesta de la compra.

Los datos recopilados por expertos de la Universidad de Oxford en granjas del Reino Unido indican que transformar toda la producción británica a un modelo campero ecológico generaría 2.316.000 toneladas de dióxido de carbono equivalente (tCO2e). En cambio, mantener una infraestructura orientada íntegramente a jaulas implicaría emitir 1.184.000 tCO2e de emisiones de gases de efecto invernadero. Esta diferencia radical radica en que las aves confinadas presentan una mayor eficiencia metabólica para convertir el pienso en alimento final.

No obstante, la evidencia de una menor huella climática en los sistemas intensivos no significa que sea ético o recomendable priorizar el consumo de productos procedentes de aves enjauladas. Las gallinas ponedoras sujetas al confinamiento severo experimentan graves deficiencias en materia de bienestar animal y salud física. Además, la producción ecológica ofrece beneficios indirectos no contemplados en esta medición de carbono, como la reducción de plaguicidas o la preservación de la biodiversidad en los suelos.

La investigación precisa que los modelos camperos y ecológicos también presentaron métricas desfavorables en el uso del terreno, la acidificación del suelo y la eutrofización del agua. Por otra parte, la tasa de mortalidad en las granjas ecológicas resultó ser superior, aunque resulte paradójico. Las cifras globales estiman que la combinación actual de métodos avícolas británicos, que incluye jaulas, suelo y gallinas camperas, genera un total de 1.439.000 tCO2e al año dentro del balance nacional.

Dilemas éticos y límites de la sostenibilidad avícola

Las gallinas ponedoras constituyen el grupo animal más numeroso alojado en jaulas en todo el planeta, una situación crítica ante la creciente demanda global de proteína. La citada Harriet Bartlett, especialista adjunta en la Smith School of Enterprise and the Environment, señaló sobre la producción en The Guardian que "quizá sea un punto ciego cuando hablamos de sostenibilidad", al considerar que este sector recibe menos atención mediática que la industria cárnica o láctea.

Al evaluar los resultados del trabajo de campo, la científica británica hizo hincapié en el desequilibrio existente entre la ética animal y la huella ecológica. "Encontramos un compromiso importante", afirmó Harriet Bartlett. "Resulta que los tipos de granjas que generalmente se consideran mejores para el bienestar animal, como las ecológicas y camperas, pueden requerir más aves para producir la misma cantidad debido a su menor eficiencia y mayor impacto ambiental", explicó la experta.

Por su parte, el responsable de asuntos normativos en Soil Association Certification, Lee Holdstock, aportó una visión crítica sobre las conclusiones alcanzadas por el equipo de Oxford. "Si bien los sistemas intensivos pueden tener menores emisiones por unidad de producto porque las aves aprovechan el pienso de forma más eficiente, esto refleja solo una parte de la realidad", declaró Lee Holdstock al valorar la complejidad global del modelo agrícola.

El experto en normativas ecológicas defendió la necesidad de contextualizar la huella del carbono sin penalizar las prácticas que benefician la naturaleza y el suelo. "Un sistema alimentario verdaderamente sostenible también debe considerar los impactos en la naturaleza, la salud del suelo, la calidad del agua, el uso de insumos sintéticos y el bienestar animal", añadió Lee Holdstock.

© Huey Freeman para Pexels

El fantasma del 94: el recuerdo del peor año de nuestra historia reciente

1 August 2026 at 07:00

No recuerdo que fuese un verano especial. Tampoco parecía que hiciese un calor insoportable. Sí que hacía viento. Mucho viento. Un viento cálido que disipaba algo el bochorno insufrible del litoral barcelonés. Sin embargo, aquel aire tórrido acababa impregnando los pulmones hasta provocar una indescriptible sensación de ahogo que me acompañó hasta bien entrado septiembre.

De repente, el aire empezó a hacerse más denso, casi irrespirable. Me asomé al balcón y atisbé a lo lejos lo que parecía una demoníaca lengua de fuego que descendía desde lo alto de una ladera. Eran alrededor de las 5 de la tarde del 11 de agosto de 1994. Lo peor estaba por llegar.

Han pasado más de 30 años desde aquel fatídico verano, el que cosechó los peores registros de incendios forestales registrados hasta la fecha, en el que se produjeron ocho de los 21 fuegos más devastadores contabilizados desde 1968.

El balance habla por sí solo: más de 400.000 hectáreas quemadas y hasta 33 víctimas mortales, una de ellas en aquel incendio de Barcelona. Una vez extinguidas las llamas, recuerdo que aquel verano empezamos a usar un neologismo al que hoy nos hemos habituado, por desgracia: superincendios.

El fuego que tanto me aterró aquel nefasto verano de 1994 no fue tan demoledor, pero lo recuerdo con mucha nitidez, pues fue la primera vez que sentí tan de cerca el terror de un bosque en llamas. Aquel era solo uno de los varios focos que atenazaban la Ciudad Condal desde varios flancos. Uno en el norte, desde Badalona hacia los pueblos de Tiana y Alella. Otro en el sur, en la zona residencial de La Floresta, en Sant Cugat. Dos lenguas de fuego que ahogaban la capital catalana en aquel verano postolímpico.

Recuerdo como si fuera ayer aquella imagen del monte ardiendo, el humo negro que avanzaba implacable, cual quimera irreductible que engullía todo a su paso. Las cenizas que llovían del cielo. Las llamas que avanzaban hacia las zonas residenciales, hacia nuestros barrios.

Y de repente, aquel horror despertó una llamarada de solidaridad más viva que la del incendio, aunque, por desgracia, mucho menos eficaz. Hileras de vecinos que trataban de organizarse para enfrentarse a las llamas con lo único que tenían: cubos de agua.

Volviendo al presente, esta semana hemos visto cómo los incendios vuelven a arrasar la geografía española. Ya lo hizo el año pasado, cuando se cosecharon de nuevo datos desgarradores. Ardieron un total de 393.079 hectáreas, lo que hizo de 2025 el año más fatídico desde aquel nefasto 1994. Sin embargo, hay un dato alarmante: este año ya se han quemado unas 170.000 hectáreas, unas seis veces más de las que arrasó el fuego en 2025 por estas fechas. Datos, no elucubraciones, que no presagian nada bueno para este verano.

La historia la conocemos de sobra. Sabemos que la península Ibérica es un polvorín para el fuego. Pero además, este año hemos comprado más boletos de esta nefasta lotería.

Por un lado, la situación de sequía prolongada durante el mes de julio, según datos del Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico (Miteco).

Por otro, la enorme masa forestal que se extiende por la geografía española y que actúa como combustible perfecto. Según datos de Inventario Forestal Nacional, ha crecido un 33% desde 1990.

Por si fuera poco, este año hay un invitado inesperado: las tempranas olas de calor, que, tal y como explica a la Agencia SINC Cristina Santín, investigadora del IMIB-CSIC y experta en incendios forestales, están llegando antes que el año pasado. Todo esto es una combinación perfecta para que todo arda.

Este año ya se han quemado unas 180.000 hectáreas, unas seis veces más de las que arrasó el fuego en 2025 por estas fechas.

Ha pasado mucho tiempo desde aquellos fatídicos incendios, y, sin embargo, el miedo que sentí entonces no ha envejecido: solo ha cambiado de escenario. Aviones de nuevo cuño, ayudas de la UME y medios llegados de toda Europa sofocan los incendios de hoy. Pero los fuegos reiterados que ahogan la geografía española nos recuerdan que, en materia de prevención de incendios, nuestros bosques queman sobre quemado.

De aquellas cenizas arden nuevas brasas, con un combustible que es hoy más abundante que antaño. El fuego llega antes, quema más terreno y más rápido, arrasando un territorio que parece abonado a su propia destrucción.

No es únicamente un tema de hectáreas quemadas, sino de vidas trastocadas: pueblos evacuados, veranos interrumpidos, un país entero que aprende a vivir con el humo como telón de fondo. Y acabamos de empezar el mes de agosto… ¡Feliz verano!

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© Foto: AP Photo/Javier Torres/Cordon Press

Cómo sobrevivir a una tormenta eléctrica: protocolo, refugios y el error más frecuente

31 July 2026 at 18:00

Más del 70% de los fallecimientos por rayos en España ocurren entre junio y agosto, según la Asociación Española de Agentes Forestales y Medioambientales. Sin previo aviso, la lluvia llega acompañada de un relámpago que ilumina el cielo y un trueno que retumba en los oídos. Recuerda la advertencia: si lo has oído, la Agencia Estatal de Meteorología sugiere buscar refugio inmediatamente.

Según un estudio de la Aemet publicado en 2019, entre 1941 y 1981, fallecieron 1.981 personas por impacto de rayos en España, es decir, casi 50 personas por año. El día más recordado es el 7 de agosto de 1992, cuando se registraron 32.000 rayos. La media de muertes disminuyó considerablemente entre 1995 y 2015, período durante el cual hubo 52 víctimas mortales. Las herramientas de previsión y el autocuidado han tenido un papel fundamental.

La regla de oro en prevención de tormentas eléctricas

Como se puede ver en las estadísticas, las probabilidades de ser alcanzado por un rayo son bajas. Sin embargo, eso no quita que se deba cumplir con un protocolo para minimizar aún más el riesgo. La regla de oro es evitar permanecer al aire libre. Lo primero que se debe saber es que la peligrosidad es mayor en ámbitos rurales o zonas despobladas que en la ciudad. Protección Civil de España sugiere entrar a un coche o un edificio y alejarse de alambradas, vías de tren u otros metales.

Hay dos técnicas habituales que están muy desaconsejadas. Sentarse en el suelo es un riesgo porque aumenta el volumen para el contacto de la descarga y refugiarse bajo un árbol también es peligroso porque las tormentas suelen estar acompañadas de fuertes vientos que pueden provocar la caída de alguna rama.

En la ciudad, Protección Civil recomienda evitar la calle, cerrar las ventanas y puertas de tu casa y desenchufar los electrodomésticos por si hay cortes de tensión. Es preferible evitar ducharse o tomar un baño porque el agua es un conductor de la electricidad.

Existe una explicación física de por qué el coche con partes metálicas es un refugio seguro y los metales al aire libre son tan peligrosos. Se trata de la Jaula de Faraday, un fenómeno mediante el cual se anula el campo eléctrico y las ondas de radio al estar cerrado. Es el mismo proceso por el que los aviones no se ven afectados por los rayos o por el que el móvil no funciona dentro de un ascensor. Durante una tormenta, la descarga que cae sobre el coche se desplaza por la superficie exterior de la carrocería y se dirige al suelo, no lo atraviesa.

El tiempo de espera de la tormenta eléctrica

Para la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) de los Estados Unidos, el refugio se puede abandonar 30 minutos después del registro de la última descarga eléctrica. Su protocolo también destaca que las tiendas de campaña y los refugios abiertos de picnic o en la playa no son seguros y es preferible ir en busca de un vehículo o una casa, aunque esté unos metros más lejos.

Hay un truco sencillo para saber si una tormenta eléctrica se encuentra cerca: basta con contar los segundos que transcurren entre el relámpago y el trueno. Si el intervalo es inferior a 30 segundos significa que la tormenta está lo suficientemente próxima como para necesitar refugio de inmediato.

El US Centers for Disease Control and Prevention (CDC) identifica que el riesgo es mayor para personas que trabajan al aire libre en espacios abiertos sobre objetos altos o con materiales que conducen electricidad. Por tanto, se deben evitar andamios, tejados, torres de telefonía móvil, árboles, grúas, excavadoras, tuberías o líneas de servicio de agua. El personal de tierra del aeropuerto o los socorristas de playas y piscinas también deben tomar medidas urgentes.

© Ricky Forbes

Estudian momias chilenas y descubren restos de viruela europea: esto es lo que significa

La viruela mayor era una enfermedad terrorífica. Las personas que se contagiaban comenzaban a sentir un fuerte dolor de cabeza, fiebre alta y, a veces, vómitos. Después, una pequeña erupción empezaba a extenderse por la piel. Un indicativo de que todo iba a ir a peor. Poco a poco, la erupción se transformaba en dolorosas pústulas que desfiguraban el rostro y las extremidades, lo que podía provocar desde ceguera hasta infecciones graves por bacterias oportunistas. Tras varias semanas de tormento, las pústulas se transformaban en costras que, al caerse, dejaban en su lugar terribles cicatrices. Pero, aunque no lo parezca, pasar por todo el proceso era una buena noticia, porque al menos un tercio de las personas no vacunadas que se contagiaban de la viruela no llegaban a contarlo.

Por fortuna, el párrafo anterior está escrito en pasado porque desde el 26 de octubre de 1977, en Somalia, no ha habido casos de contagio natural de viruela. Por ello, desde 1980, la OMS la considera la única enfermedad infecciosa completamente erradicada de la Tierra. Uno de los logros más notables de las vacunas.

Sin embargo, en los siglos XV y XVI, cuando los europeos descubrieron que había más territorios en ultramar, los conocimientos microbiológicos eran mucho más limitados. Por ello, siempre se ha asumido que, en sus barcos, viajaban como polizones diversas enfermedades y, entre ellas, debía encontrarse el virus Orthopoxvirus variola, causante de la viruela. Pero hasta ahora no había pruebas empíricas, sólo evidencias en forma de documentos y relatos.

Dos momias, una misma cepa de viruela

No ha sido hasta recientemente que los investigadores del Trinity College de Londres han hallado restos del virus de la viruela en dos momias chilenas que datan de la época colonial. Estos resultados, publicados en un artículo de la revista Science, muestran una pieza clave de aquella época truculenta, puesto que son una prueba sólida de que la enfermedad provino del Viejo Continente. Según explican los autores, los virus encontrados en las momias corresponden a un linaje de viruela que emergió en Europa en 1296, previo a los linajes más modernos.

“Este descubrimiento ofrece la primera confirmación molecular de que la viruela fue introducida en América durante el periodo colonial”, afirma el Dr. Shigeki Nakagome, autor del estudio. Concretamente, los autores apuntan a tres vías distintas que están recogidas en documentos de la época. La primera vez que se reportó un brote de viruela fue en 1518, en el Caribe, que se expandió rápidamente por las poblaciones y llegó a México en 1520.

Como relatan las crónicas, la enfermedad llegó a las puertas del Imperio Inca en 1525 y siguió expandiéndose por los territorios hasta llegar a Chile a mediados del siglo XVI. En dicho territorio, la primera epidemia bien documentada data del 1561, pero se cree que pudo llegar varios años antes. Tras esto, el virus siguió causando estragos en oleadas, y se estima que, en pocos años, pudo causar entre tres y cuatro millones de muertos. Las muertes ocurrieron mayoritariamente entre las poblaciones indígenas que no habían tenido exposición previa a la enfermedad.

La viruela fue evolucionando a lo largo del tiempo

“Más allá de rastrear la llegada de la enfermedad, nuestro estudio también arroja nueva luz sobre cómo evolucionó la viruela”, explica Nakagome, y da paso a la Dra. Lara Cassidy, de la Facultad de Genética y Microbiología. “Descubrimos que el virus sufrió un largo periodo de cambios genéticos hasta el siglo XVI, pero que su evolución se ralentizó notablemente durante el apogeo de la expansión colonial y las grandes epidemias de viruela de los siglos XVII y XVIII”, indica la Dra.

El hallazgo sugiere que la viruela pudo alcanzar lo que los investigadores llaman un óptimo evolutivo. Este término se refiere a una configuración en la que el virus puede propagarse con éxito sin adaptarse, por lo que su genética se mantiene estable durante un largo periodo de tiempo. Probablemente, dicho óptimo fue posible gracias a que las poblaciones americanas no tenían ningún tipo de inmunidad natural contra el virus.

Como indican en el artículo, el periodo de estabilidad genómica de la viruela acabó en el siglo XIX, cuando comenzaron las campañas masivas de vacunación. Debido a que la población estaba más protegida, el virus tuvo que evolucionar para tratar de escapar del sistema inmunitario y seguir infectando, pero su ADN no pudo cambiar suficientemente rápido como para encontrar una nueva forma de infectar.

Bruno Romero González, primer autor del estudio, pone de relieve la importancia de esta unión entre historia y ciencia: “En conjunto, los hallazgos muestran cómo es probable que acontecimientos históricos importantes, como la colonización, los cambios demográficos y la vacunación, hayan influido en la evolución de una de las enfermedades infecciosas más devastadoras de la humanidad. A su vez, demuestran el potencial escondido en el ADN antiguo para resolver cuestiones históricas que llevan mucho tiempo sin respuesta”.

Una importante reflexión sobre la integridad en la investigación

Además de su dimensión científica, el artículo reabre un debate sobre la investigación con ADN antiguo, especialmente de países con menor inversión en financiación. La coautora de correspondencia del estudio, la Dra. Constanza de la Fuente Castro, de la Universidad de Chile, explica que el problema radica en que, para obtener las muestras necesarias para realizar los análisis, se ha de destruir parte de los restos arqueológicos, que son únicos e irremplazables. “Esto plantea dudas acerca del consentimiento, la gestión responsable y la conservación futura de dichos restos”, afirma.

Además, afirma que existe una relación asimétrica en la investigación entre los países del hemisferio norte y del sur. “Las muestras viajan desde el Sur Global, mientras que la financiación, el análisis y la toma de decisiones (así como la autoría principal y la de los autores correspondientes que se derivan de ello) siguen concentradas en instituciones del Norte Global”, apunta.

Por tanto, aunque en la actualidad existen ciertas directrices sobre la participación comunitaria que incluyen una rendición de cuentas, la realidad es que su cumplimiento sigue siendo voluntario. Por ello, “Me gustaría que las revistas científicas y los organismos financiadores exigieran un liderazgo conjunto local documentado, una procedencia transparente y registros de consentimiento, además de una inversión sostenida en la capacidad de los laboratorios de los lugares de donde proceden los restos”, concluye la investigadora.

© Trinity College Dublin

Cómo la ecolocalización permite a los animales orientarse mediante el sonido

La ecolocalización, el sistema de sonar propio de la naturaleza, se produce cuando un animal emite una onda sonora que rebota en un objeto, devolviendo un eco que proporciona información sobre la distancia y el tamaño de dicho objeto.

Más de mil especies utilizan la ecolocalización, entre ellas la mayoría de los murciélagos, todas las ballenas dentadas y pequeños mamíferos. Muchos son animales nocturnos, que viven en madrigueras o en el océano, y que dependen de la ecolocalización para encontrar alimento en un entorno con poca o ninguna luz. Los animales disponen de varios métodos de ecolocalización, desde hacer vibrar la garganta hasta batir las alas.

Los pájaros de aceite nocturnos y algunas salanganas, algunas de las cuales cazan en entornos oscuros de cuevas, «emiten chasquidos cortos con su siringe, el órgano vocal de las aves», explica por correo electrónico Kate Allen, investigadora posdoctoral del Departamento de Estudios Psicológicos y Cerebrales de la Universidad John Hopkins.

Algunas personas también pueden utilizar la ecolocalización chasqueando la lengua, un comportamiento que solo comparten unos pocos animales más, entre elloslos tenrecs, un animal parecido a una musaraña de Madagascar, y el lirón pigmeo vietnamita, que es prácticamente ciego.

Señales de murciélago

Los murciélagos son el animal por excelencia de la ecolocalización, ya que utilizan su sonar natural para perseguir presas que vuelan a gran velocidad por la noche.

La mayoría de los murciélagos, como el diminuto murciélago de Daubenton, contraen los músculos de la laringe para emitir sonidos por encima del rango audible para el oído humano —el equivalente murciélago a un grito—, explica Allen.

Los sonidos de los murciélagos varían enormemente entre especies, lo que les permite distinguir sus voces entre las de otros murciélagos de la zona. Sus sonidos también son específicos para un entorno y un tipo de presa concretos: el murciélago europeo«susurra» en presencia de polillas para evitar ser detectado.

Sin embargo, algunas polillas han desarrollado sus propias defensas contra los murciélagos que utilizan la ecolocalización. La polilla tigre flexiona el órgano timpánico situado a ambos lados de su tórax para producir chasquidos,que interfieren en el sonar de los murciélagos y mantienen a raya a los depredadores.

Como expertos en ecolocalización, algunos murciélagos pueden localizar objetos tan pequeños como 0,007 pulgadas, aproximadamente el grosor de un cabello humano. Dado que los insectos están siempre en movimiento, los murciélagos tienen que emitir chasquidos continuamente, a veces llegando a realizar 190 llamadas por segundo. Incluso con una presa tan difícil, estos depredadores pueden llegar a comer la mitad de su peso en insectos cada noche.

Los murciélagos de nariz foliar emiten llamadas de ecolocalización a través de sus grandes narices, con pliegues intrincados, lo que les ayuda a enfocar los sonidos que rebotan. Algunas especies también pueden cambiar rápidamente la forma de sus orejas para captar con precisión las señales entrantes.

Algunos murciélagos frugívoros, como el murciélago menor del amanecer del sur de Asia, inclusoemiten chasquidos batiendo las alas, un descubrimiento reciente.

Ondas sonoras oceánicas

La ecolocalización es una estrategia lógica en el océano, donde el sonido viaja cinco veces más rápido que en el aire.

Los delfines y otras ballenas dentadas, como la beluga, se orientan mediante ecolocalización a través de un órgano especializado llamado «bolsa dorsal», situado en la parte superior de la cabeza, cerca del espiráculo.

Un depósito de grasa en esta zona, denominado «melón», reduce la impedancia —o resistencia a las ondas sonoras— entre el cuerpo del delfín y el agua, lo que hace que el sonido sea más nítido, explica Wu-Jung Lee, oceanógrafo sénior del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad de Washington.

Otro depósito de grasa, que se extiende desde la mandíbula inferior de la ballena hasta su oreja, aclara el eco que le llega de sus presas, como peces o calamares.

Las marsopas comunes, una de las presas favoritas de las orcas,emiten chasquidos de ecolocalización extremadamente rápidos y de alta frecuencia que sus depredadores no pueden oír, lo que les permite pasar desapercibidas.

La mayoría de los sonidos de ecolocalización de los mamíferos marinos son demasiado agudos para que los humanos los oigan, con la excepción de los cachalotes, las orcas y algunas especies de delfines, añade Lee.

Navegar por el sonido

Además de para cazar o defenderse, algunos animales utilizan la ecolocalización para orientarse en sus hábitats.

Por ejemplo, los murciélagos grandes marrones, muy extendidos por toda América, utilizan su sonar para abrirse paso a través de entornos ruidosos, como bosques llenos del bullicio de los sonidos de otros animales. Los delfines del río Amazonas también pueden utilizar la ecolocalización para sortear ramas de árboles y otros obstáculos creados por las crecidas estacionales, afirma Lee.

La mayoría de las personas que utilizan la ecolocalización son ciegas o tienen discapacidad visual y emplean esta habilidad para realizar sus actividades cotidianas. Algunas emiten chasquidos, ya sea con la lengua o con un objeto, como un bastón, y luego se orientan mediante el eco resultante. Las exploraciones cerebrales de personas que utilizan la ecolocalización muestran que, durante este proceso, se activa la parte del cerebro que procesa la visión.

«Al cerebro no le gustan las áreas sin desarrollar», afirma Allen, por lo que «resulta demasiado costoso desde el punto de vista metabólico mantener» la ecolocalización en personas que no la necesitan.

Aun así, los seres humanos somos extraordinariamente adaptables, y las investigaciones demuestran que, con paciencia,podemos aprender por nosotros mismos a utilizar la ecolocalización.

© Fotografía de Paul Nicklen, colección de imágenes de National Geographic.

El eclipse más largo no será el de 2026: 6 minutos de oscuridad y un espectáculo irrepetible

31 July 2026 at 09:00

El eclipse total de Sol del 2 de agosto de 2027 alcanzará una duración máxima de 6 minutos y 23 segundos en Egipto, convirtiéndose en uno de los eclipses más largos del siglo XXI, aunque no será el de mayor duración. En España, la franja de totalidad atravesará el estrecho de Gibraltar y permitirá disfrutar de casi cinco minutos de oscuridad en algunos puntos, un acontecimiento excepcional que no volverá a repetirse en nuestro país hasta 2053.

El fenómeno forma parte de la histórica tríada de eclipses visibles desde España entre 2026 y 2028, una secuencia extraordinariamente infrecuente que situará a nuestro país como uno de los mejores lugares del mundo para contemplar estos espectáculos celestes. Tras el eclipse total de 2026, el de 2027 promete ofrecer condiciones aún más espectaculares en el sur peninsular.

Un eclipse excepcional... pero no el más largo del siglo

Durante meses ha circulado la idea de que el eclipse de 2027 será el más largo entre los años 2001 y 3000, pero esa afirmación no es correcta. Con una duración máxima de 6 minutos y 23 segundos, sí se sitúa entre los más prolongados de las próximas décadas, pero será superado ampliamente por el eclipse total del 16 de julio de 2186, cuya totalidad alcanzará 7 minutos y 29 segundos, según la NASA.

Aun así, el eclipse de 2027 reúne una combinación difícil de igualar: una larga duración, una trayectoria que atraviesa zonas densamente pobladas y unas excelentes condiciones de observación. La totalidad comenzará sobre el océano Atlántico, cruzará el estrecho de Gibraltar, recorrerá el norte de África, atravesará el mar Rojo y continuará por Arabia Saudí, Yemen y el océano Índico.

Pero hay un detalle que lo hace especialmente atractivo para Europa: la totalidad únicamente será visible desde España dentro del continente europeo. El resto de Europa únicamente contemplará un eclipse parcial, mientras que la sombra completa se desplazará rápidamente hacia África y Oriente Medio.

España vivirá uno de los mayores espectáculos astronómicos del siglo

La franja de totalidad recorrerá Ceuta, Melilla, casi toda la provincia de Cádiz, buena parte de Málaga y las zonas más meridionales de Granada y Almería. El fenómeno se producirá durante la mañana, alrededor de las 10:50 (hora peninsular española), cuando el Sol ya estará suficientemente alto sobre el horizonte para facilitar su observación.

Ceuta será el lugar privilegiado de España, con 4 minutos y 48 segundos de oscuridad total. Muy cerca quedará Melilla, con 4 minutos y 34 segundos, mientras que Cádiz disfrutará de casi tres minutos y Málaga de aproximadamente un minuto y 48 segundos.

Incluso fuera de la franja de totalidad, el eclipse será espectacular. En cualquier punto de España el Sol quedará oculto al menos en un 70 %, permitiendo contemplar un oscurecimiento muy notable del cielo. En numerosas ciudades será el eclipse parcial más impresionante visible en décadas.

Y existe otro factor que entusiasma a los astrónomos. El eclipse tendrá lugar en pleno verano, una época con mayores probabilidades de cielos despejados en gran parte del país, aumentando las posibilidades de disfrutar del fenómeno.

La histórica tríada de eclipses que no volverá a repetirse en décadas

El eclipse de 2027 no llega solo. Forma parte de una secuencia extraordinaria de tres eclipses solares consecutivos visibles desde España entre 2026 y 2028, un hecho extremadamente poco frecuente desde el punto de vista astronómico.

El primero llegará el 12 de agosto de 2026, con un eclipse total que cruzará el norte peninsular. Apenas un año después llegará el gran eclipse de 2027, y la serie culminará el 26 de enero de 2028 con un eclipse anular visible desde buena parte del territorio español.

No volverá a producirse un eclipse total visible desde España hasta el año 2053, por lo que millones de personas tendrán una oportunidad única para contemplar uno de los fenómenos naturales más impresionantes que existen.

Más allá del espectáculo visual, los eclipses totales siguen siendo eventos de enorme interés científico. Durante los pocos minutos en que la Luna cubre completamente el disco solar, los investigadores pueden estudiar con mayor detalle la corona del Sol, las eyecciones de masa coronal y otros procesos fundamentales de la física solar.

© NASA/Keegan Barber

La singularidad de un agujero negro es una superficie 3D que contradice a Einstein

31 July 2026 at 07:00

Un exhaustivo análisis de las leyes físicas que gobiernan el interior de los misteriosos agujeros negros ha revelado que la clásica concepción de la singularidad como un simple punto infinitamente denso podría estar equivocada. El hallazgo, aceptado para su publicación en la prestigiosa revista científica Physical Review D, plantea un cambio de paradigma radical sobre lo que ocurre tras cruzar el denominado horizonte de sucesos.

Los investigadores Andrew J. S. Hamilton, de la Universidad de Colorado Boulder, junto a Tyler McMaken, de la Universidad de Mary, sugieren que este límite insondable se comporta en realidad como una estructura tridimensional totalmente plana. Esta investigación replantea las bases de la relatividad general formulada por Albert Einstein, la cual colapsa por completo al intentar describir la física extrema de estos objetos celestes.

Hasta la fecha, los manuales académicos simplificaban el interior del conocido como agujero negro de Schwarzschild representando su centro con dimensiones nulas. Sin embargo, este nuevo cálculo teórico indica que la materia entrante no converge en una única coordenada espacial, transformando nuestra visión de la gravedad cuántica y resolviendo paradojas causales que han desconcertado a los astrofísicos durante décadas de estudio continuado.

Estructura tridimensional en el horizonte

El origen de esta formulación matemática surgió cuando los expertos analizaron el comportamiento de dos observadores hipotéticos cayendo simultáneamente hacia el centro desde direcciones opuestas. Siguiendo los principios de la física teórica moderna, el espacio-tiempo extremadamente deformado impide que cualquier señal lumínica o de información transite entre ambos viajeros, dejándolos completamente desconectados desde el punto de vista causal durante la trayectoria.

Dado que ambos sujetos no pueden intercambiar datos ni interactuar antes de alcanzar el colapso final, resulta matemáticamente imposible que terminen coincidiendo en el mismo evento espacio-temporal. Por esta razón precisa, la masa debe distribuirse a lo largo de un límite espacial extenso de tres dimensiones, permitiendo que cada observador alcance una localización física completamente diferente al final de su destructivo viaje cósmico.

El propio Hamilton admitió el impacto que tuvo el hallazgo durante el desarrollo de sus modelos informáticos al declarar que "los agujeros negros siempre desafían mi intuición", señalando además que "fue una sorpresa, pero al mismo tiempo tenía sentido con la apariencia plana de la singularidad de Schwarzschild". Esta confirmación requirió décadas de simulación para comprender visualmente cómo se deforma la luz.

El dilema de la gravedad cuántica

Este trabajo no se limita de manera exclusiva a los objetos estáticos, sino que extiende sus conclusiones a los modelos con rotación o agujeros negros de Kerr. Los autores sostienen que estos colapsarían igualmente en una superficie singular dentro de su horizonte interno, unificando el comportamiento teórico de ambos tipos de estructuras cósmicas bajo un mismo patrón físico y geométrico unificado.

La importancia del descubrimiento radica en que ofrece un punto de partida renovado para desarrollar la ansiada teoría de la gravedad cuántica, la cual busca reconciliar la mecánica cuántica con la física macroscópica. Como explicó de forma categórica el propio Hamilton sobre la trascendencia del estudio: "La singularidad no es un punto; más bien es una frontera espacial tridimensional donde la relatividad general se suicida".

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Así se preparan los animales antes de un enfrentamiento

Algunos permanecen en silencio para no ser detectados. Otros vigilan más su entorno o se mueven con mucha más cautela. Y cuanto mayor es la amenaza, más intensa es esa preparación. También hay estrategias sorprendentes. Las mangostas refuerzan las marcas de olor de su territorio. Algunas especies evitan las zonas ocupadas por sus rivales. En cambio, los chimpancés machos llegan a entrar en silencio y en fila india en territorios vecinos, aparentemente preparándose para atacar.

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Se acerca un avance decisivo en el ámbito de la pérdida de audición

Durante décadas, los investigadores especializados en audición han estado tratando de resolver una peculiar contradicción biológica. Una vez que mueren suficientes células ciliadas sensoriales del oído interno, ya sea por la edad o por una lesión, la pérdida suele ser permanente. Los audífonos pueden amplificar el sonido y los implantes cocleares pueden sortear las estructuras dañadas, pero ninguno de los dos restaura las propias células.

Y, sin embargo, en otros animales, esta limitación no existe. Las aves pueden regenerar las células sensoriales que les permiten oír. Los peces también pueden hacerlo. Cuando esas células se dañan, otras nuevas ocupan su lugar. Los seres humanos no pueden.

O al menos eso parecía. En la última década, una serie de experimentos con ratones ha empezado a cambiar ese panorama, demostrando que, durante un breve periodo tras el nacimiento, el oído interno de un mamífero conserva una capacidad limitada de reparación. En un principio, los investigadores esperaban que existiera un único «interruptor maestro» capaz de reactivar esa capacidad.

En cambio, la respuesta parece ser más bien una «receta molecular», que recurre a una fuente inesperada de células de sustitución: las propias células de soporte de la cóclea. Con la combinación adecuada de señales de desarrollo, estas células pueden empezar a adoptar la identidad de las células ciliadas sensoriales. El reto ahora es conseguir que completen la transformación.

Por qué el oído interno no puede repararse por sí mismo

Todo sonido comienza con un fenómeno mecánico. En el interior de la cóclea, un órgano en forma de espiral situado en lo más profundo del cráneo, unas 15 000 células ciliadas sensoriales convierten las vibraciones en señales eléctricas. Cada célula está coronada por un haz de proyecciones microscópicas similares a pelos llamadas estereocilios. Cuando las ondas sonoras entran en el oído, esas proyecciones se doblan.

Este movimiento abre diminutos canales en la célula, lo que genera señales eléctricas en el nervio auditivo. El cerebro las interpreta como sonido. De principio a fin, el proceso es sorprendentemente frágil. Las células ciliadas pueden destruirse tras años de exposición acumulada al ruido. Los fármacos de quimioterapia y ciertos antibióticos pueden dañarlas. Pueden desaparecer gradualmente con la edad. Las mutaciones genéticas pueden hacer que sean incapaces de funcionar correctamente desde el nacimiento.

A diferencia de la piel, la sangre o el tejido hepático, la cóclea de los mamíferos casi no tiene capacidad para reemplazar las células dañadas. Cuando las células ciliadas mueren, las células de soporte que las rodean no producen sustitutos de forma natural, una limitación que los científicos consideraron durante mucho tiempo un hecho fundamental de la biología.

Entonces, los investigadores descubrieron que los ratones recién nacidos conservan una breve capacidad para regenerar las células ciliadas perdidas, una capacidad que desaparece en cuestión de días. «Antes de eso, el dogma era que la regeneración solo se producía en especies no mamíferas», afirma Brandon Cox, biólogo del desarrollo de la Facultad de Medicina de la Universidad del Sur de Illinois.

El hallazgo revolucionó el campo, ya que sugería que los mamíferos —al menos los ratones— no habían perdido por completo la capacidad de regenerarse. En cambio, parecía que habían perdido el acceso a ella. Parte de la respuesta podría estar en la epigenética, el mecanismo molecular que controla qué partes del ADN puede utilizar realmente una célula. «Cuando las células son jóvenes, el ADN está abierto y disponible», explica Cox. «A medida que maduran, la cromatina se cierra».

En la práctica, esto significa que los genes necesarios para formar una célula ciliada siguen presentes en el tejido adulto, pero a la célula le resulta físicamente más difícil acceder a ellos y activarlos. Las instrucciones siguen estando escritas, pero bloqueadas tras capas de regulación. Los científicos comenzaron a preguntarse si podrían reabrir esos programas de desarrollo y persuadir a las células maduras para que volvieran a comportarse como las jóvenes. Esa búsqueda llevó finalmente a los investigadores a tres proteínas.

El avance de los tres factores

Las proteínas se denominan Atoh1, Gfi1 y Pou4f3. Las tres son factores de transcripción: moléculas que activan redes de genes y, durante el desarrollo, ayudan a dirigir a las células inmaduras para que se conviertan en células ciliadas. Las células tienen, en esencia, el mismo mapa genético; lo que las distingue es qué instrucciones están activas y cuáles permanecen inactivas.

Durante años, los investigadores se centraron principalmente en Atoh1. La estrategia tenía sentido. Atoh1 funciona como una de las primeras señales implicadas en la formación de las células ciliadas. Si los científicos pudieran reactivarla en los oídos dañados, tal vez surgirían nuevas células ciliadas.

Algunas células regeneradas expresaban genes característicos de las células ciliadas, pero muchas seguían siendo inmaduras desde el punto de vista del desarrollo. Carecían de haces de estereocilios completamente formados, de muchas de las características que distinguen a las células ciliadas internas y externas especializadas, o de las conexiones neuronales necesarias para la audición. Aun así, los experimentos abrieron a los investigadores un nuevo y prometedor camino.

«Abrió el camino para que otros consideraran la terapia génica», afirma Alan Cheng, cirujano y catedrático de otorrinolaringología en la Universidad de Stanford. La experiencia reveló una lección importante: las células ciliadas no se crean mediante una única instrucción de desarrollo. Los investigadores comenzaron a añadir otros factores.

Un estudio de 2020 demostró que múltiples factores de transcripción podían reprogramar las células para que alcanzaran estados similares a los de las células ciliadas. Ese trabajo ayudó a centrar la atención en la combinación, ahora ampliamente estudiada, de Atoh1, Gfi1 y Pou4f3.

Juntos, estos tres factores produjeron un número sustancialmente mayor de células similares a las células ciliadas que el Atoh1 por sí solo y aumentaron la eficiencia de la reprogramación celular. Otros estudios recientes también han demostrado que añadir reguladores del desarrollo adicionales puede impulsar a algunas células regeneradas hacia identidades más maduras de células ciliadas internas o externas.

«Los factores de transcripción suelen actuar de forma coordinada, igual que un equipo de baloncesto», afirma Cheng. «Son más potentes cuando trabajan juntos». Los tres factores parecen activar programas genéticos superpuestos implicados en el desarrollo de las células ciliadas. En lugar de actuar de forma independiente, se refuerzan mutuamente, activando cascadas de genes que ayudan a orientar a las células hacia una identidad de célula ciliada.

Así han avanzado las investigaciones

Hace una década, los investigadores tenían dificultades para generar un número significativo de células ciliadas de sustitución dentro de la cóclea. Mientras que los primeros experimentos solo generaban células de sustitución dispersas, estudios más recientes han producido cerca de 2 000 células regeneradas similares a las células ciliadas dentro de la cóclea de ratón, lo que se aproxima a las aproximadamente 3 000 células ciliadas que se encuentran normalmente en ese órgano. «Si tuviera que resumir el mayor avance de los últimos cinco años», afirma Cheng, «diría que podemos regenerar células ciliadas de forma más eficiente, no solo unas pocas, sino las que se necesitan en los órganos nativos». 

Gran parte de ese trabajo se basa en las células de soporte, que rodean a las células ciliadas en el interior de la cóclea y ayudan a mantener el entorno que estas necesitan para sobrevivir. Dado que ya ocupan la ubicación adecuada, los investigadores las consideran cada vez más como materia prima para la regeneración. Con la combinación adecuada de factores de transcripción, se puede inducir a algunas a cambiar de identidad y convertirse en células similares a las ciliadas, un proceso conocido como reprogramación celular.

Pero las células de soporte también desempeñan funciones estructurales y fisiológicas esenciales dentro de la cóclea. Convertir demasiadas podría privar al tejido de células que aún necesita. Por lo tanto, los investigadores esperan no solo reprogramar las células de soporte, sino también, con el tiempo, estimularlas para que se dividan primero, creando así suficientes células para preservar la población de células de soporte y, al mismo tiempo, generar células de sustitución. Los científicos ya no se preguntan si se pueden crear células de sustitución. Se preguntan si esas células pueden realmente restaurar la audición.

Este artículo es un extracto de la edición digital de National Geographic Estados Unidos. Puedes leer el artículo completo en este enlace.

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El hallazgo que confirma, tras años de búsqueda, que esta famosa estrella no está sola

30 July 2026 at 13:00

Un equipo de astrónomos ha confirmado la evidencia más sólida hasta la fecha de que Betelgeuse, una de las estrellas más brillantes y conocidas del cielo nocturno, está acompañada por otra estrella. La imagen, obtenida con el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO), pone fin a casi un siglo de búsqueda de una compañera capaz de explicar parte del extraño comportamiento de esta supergigante roja.

El hallazgo ha sorprendido incluso a quienes lo protagonizaron. "Salté de mi silla cuando vi las imágenes procesadas", recuerda Miguel Montargès, investigador del Observatorio de París y autor principal del estudio publicado en Astronomy & Astrophysics. Lo que durante décadas fue una hipótesis cuenta ahora con la mejor evidencia obtenida hasta el momento.

Betelgeuse, situada en la constelación de Orión, es una de las estrellas más observadas de la historia. Visible a simple vista y famosa por sus cambios de brillo, ha sido objeto de innumerables investigaciones. Sin embargo, desde hace aproximadamente cien años algunos astrónomos sospechaban que esos cambios podían deberse, al menos en parte, a la presencia de una compañera muy cercana.

Durante décadas nadie consiguió verla. El enorme brillo y tamaño de Betelgeuse ocultaban cualquier objeto que orbitara a su alrededor. Todo cambió gracias a dos estudios publicados en 2024, que calcularon que diciembre de ese año sería el momento ideal para intentar localizarla, ya que la separación aparente entre ambas estrellas alcanzaría un máximo favorable para las observaciones.

El equipo de Montargès aprovechó esa ventana excepcional utilizando el instrumento SPHERE del VLT, instalado en el desierto chileno de Atacama. Tras meses de un complejo procesamiento de imágenes, apareció finalmente un tenue punto luminoso donde las predicciones indicaban que debía encontrarse Betelgeuse B.

La imagen que cambia lo que sabíamos sobre Betelgeuse

El descubrimiento no solo confirma la existencia de la compañera: también revela que es mucho más masiva de lo esperado. Los modelos anteriores sugerían una estrella similar al Sol, pero las nuevas observaciones indican que podría tener entre dos y tres masas solares. "Sinceramente, pensé que no teníamos la sensibilidad suficiente para detectarla", explica Montargès. El resultado fue tan inesperado como emocionante. "Es más masiva de lo que se predijo, por eso podemos verla".

La detección se logró captando directamente la luz emitida por la propia estrella, un reto extraordinario teniendo en cuenta que Betelgeuse es miles de veces más brillante. Las técnicas de procesado desarrolladas originalmente para buscar exoplanetas han resultado decisivas para distinguir a la compañera entre el resplandor de la supergigante. Anthony Boccaletti, también investigador del Observatorio de París, destaca que el instrumento SPHERE demuestra así una versatilidad extraordinaria, al permitir descubrir objetos extremadamente difíciles de observar incluso alrededor de algunas de las estrellas más estudiadas del firmamento.

Qué significa este hallazgo

Hace apenas unos años Betelgeuse protagonizó titulares en todo el mundo cuando sufrió una espectacular disminución de brillo. Muchos llegaron a especular con la posibilidad de que estuviera a punto de explotar como supernova. Las investigaciones posteriores demostraron que aquella pérdida de luminosidad se debía a una enorme nube de polvo expulsada por la propia estrella, descartando una explosión inminente. Sin embargo, el descubrimiento de Betelgeuse B abre ahora nuevas preguntas mucho más profundas.

Los astrónomos quieren averiguar hasta qué punto esta compañera influye en la evolución de la supergigante roja y si modificará la futura explosión que, dentro de decenas o cientos de miles de años, convertirá a Betelgeuse en una espectacular supernova visible desde la Tierra. Aunque el equipo desea obtener una nueva observación dentro de aproximadamente un año para confirmar definitivamente la órbita de la compañera, Montargès reconoce que "queda muy poco espacio para la duda".

Como sucede a menudo en la ciencia, el mayor descubrimiento no consiste únicamente en responder una pregunta centenaria, sino en abrir muchas otras. Allí donde parecía que apenas quedaban secretos por descubrir en una de las estrellas más famosas del firmamento, una diminuta compañera ha demostrado que el universo aún guarda sorpresas capaces de hacer saltar de la silla incluso a quienes dedican su vida a observar el cielo.

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Hábitos buenos, malos y obsesivos: lo que desvela la neurociencia

Cada día repetimos multitud de gestos sin pensar. Automáticamente. Hay personas que cierran la puerta de casa y la empujan un par de veces. Otras, al pararse en un semáforo, se llevan las manos a los bolsillos en busca del teléfono, y otras tienen una serie de pautas para preparar el café que no pueden saltarse de ninguna de las maneras. Estos movimientos, vistos desde fuera, parecen completamente voluntarios, pero están guiados por regiones cerebrales que funcionan en silencio. Las que se encargan de los hábitos.

Durante décadas, la ciencia ha descrito los hábitos como el resultado de una transición. Es decir, comenzamos con una conducta, como puede ser cerrar la puerta de la habitación antes de dormir, y poco a poco, al repetirla, iremos formando un hábito. Una vez creado este hábito, cada vez que entremos al cuarto, cerraremos la puerta automáticamente, sin dedicarle el más mínimo pensamiento. Hasta ahora se pensaba que bastaba con repetir esa acción una y otra vez hasta que se grabara en nuestras neuronas. Pero un nuevo estudio publicado en Nature Communications propone una visión más compleja y reveladora de cómo cambia el cerebro mientras se crea un hábito.

Según explican los investigadores de la Universidad de Kioto, un hábito estaría formado por dos dimensiones distintas. Un mecanismo que decide cómo realizamos el hábito, y otro, cada cuánto tiempo lo llevaremos a cabo. Y para comprender su hipótesis han llevado a cabo un experimento en ratones con el que ver cómo se crean estos hábitos. “Al descubrir cómo funcionan los hábitos, quizá lleguemos a encontrar formas de controlarlos en lugar de dejar que ellos nos controlen a nosotros”, explica Nozomi Asaoka, autor correspondiente del estudio.

Aunque vale la pena aclarar que los hábitos son una forma muy eficiente de ahorrar energía mental. Durante estas acciones nuestro cerebro entra en una suerte de “modo automático” y eso ayuda a ahorrar recursos que tendrá que emplear en otras situaciones más demandantes. Pero también nos pueden hacer caer en conductas dañinas, especialmente cuando la frecuencia del hábito es muy elevada, como puede ser el número de desbloqueos de la pantalla del móvil a lo largo del día.

Cómo crear un hábito en un ratón

El corazón del estudio es un entrenamiento en dos fases realizado en ratones. Primero los investigadores enseñaron a los ratones que tenían que presionar una palanca para obtener una recompensa. En este caso, alimento. Al principio, con que la pulsaran en una ocasión era suficiente, y después tendrían que pulsarla varias veces antes de recibir la recompensa. Tras un tiempo, el ratón entiende que accionar la palanca, tarde o temprano, le dará comida.

Después, los investigadores cambiaron los parámetros del comedero para que diese igual cuántas veces pulsen la palanca, la comida caía al cabo de un tiempo establecido. Es decir, la acción ya no tenía ningún valor, no importaba cuánto se esfuercen los ratones en mover la palanca.

Lo curioso es que, llegados a este punto, los ratones seguían pulsando la palanca, pero ahora ya no lo hacían por un objetivo concreto, sino porque se habían habituado a ello. Irremediablemente, esta acción recuerda a las que realizan millones de personas en su día a día, cuando entran cada pocos minutos en redes sociales para ver si tienen alguna notificación, o revisan constantemente el teléfono en busca de un correo nuevo.

Y al igual que sucede en humanos, en el experimento no todos los ratones ejecutaban el hábito con la misma intensidad. Algunos seguían pulsando la palanca compulsivamente, mientras que otros reducían las pulsaciones porque se daban cuenta que no importa cuánto lo hiciesen. Y esa diferencia no dependía de la motivación, ni de un aprendizaje distinto. Sino del cerebro.

Creando y deshaciendo un hábito de forma artificial

Durante todo el proceso, los ratones tenían dispositivos de medida y optogenéticos colocados directamente en el cerebro. Estos dispositivos permiten controlar qué áreas cerebrales están en funcionamiento en cada momento y, mediante pulsos de luz, activar o desactivar grupos de neuronas a voluntad de los investigadores.

Como pudieron observar, al principio, cuando los ratones estaban creando el hábito, se activaba una región del cerebro llamada córtex cingulado anterior y su conexión con la corteza retrosplenial. En humanos, estas zonas son claves para regular las emociones y controlar cómo realizamos las acciones. Es decir, nos permiten realizar una acción de forma consciente y mejorar su ejecución. Pero una vez creado el hábito, esta región se desactiva.

Ahora bien, si los científicos manipulaban el cerebro del ratón y desactivaban la región cuando los ratones todavía le daban a la palanca sólo si caía comida, creaban brevemente un hábito. En cambio, cuando ya le daban a la palanca por hábito y activaban esa zona, los ratones dejaban de pulsar la palanca si no había recompensa. Es decir, los deshabituaban.

Por otro lado, también han observado otras dos regiones distintas que controlan cuántas veces le daban a la palanca una vez formado el hábito: la corteza orbitofrontal lateral y el estriado central. En los ratones que más la pulsaban, la conexión entre ambas regiones era más fuerte, en los que menos, más débil. Pero cuando los investigadores desactivaban la unión neuronal en los ratones que más accionaban la palanca, de pronto pasaban a darle muchas menos veces. También observaron el efecto contrario.

Una nueva visión del hábito

El hallazgo cambia la forma que tenemos de entender los hábitos, ya que no se tratan de copias automáticas de acciones del pasado, sino que transforman profundamente el cerebro. Además, también muestra que la acción y la frecuencia con la que la hacemos son dimensiones distintas y están controladas por mecanismos cerebrales diferentes. Por tanto, esta visión abre una nueva vía de estudio para comprender cómo funcionan los hábitos, y, sobre todo, cuándo se convierten en obsesiones como las que aparecen en el Trastorno Obsesivo Compulsivo. En las personas que lo sufren el problema no suele ser el hábito en sí, pero sí su ejecución excesiva.

Quizá la parte más inquietante del estudio es que hay una parte de nuestra vida que ocurre sin que seamos plenamente conscientes. Esas acciones automáticas que realizamos todos los días y que nos ocupan, en ocasiones, más tiempo del que deberían. Por fortuna, este estudio muestra que, al menos en ratones, se pueden cambiar, y los investigadores esperan que sus descubrimientos se materialicen en futuras estrategias con las que “hackear” al cerebro de los hábitos dañinos.

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