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Received — 25 July 2026 ⏭ National Geographic España

La paradoja de la dieta neandertal: se atiborraban de carne magra, pero nunca sufrieron el 'hambre del conejo'

25 July 2026 at 11:00

Hay un enigma sobre la nutrición de los neandertales que lleva mucho tiempo desconcertando a la comunidad científica. Ahora, un trabajo reciente publicado en la revista American Journal of Biological Anthropology por José Luis Guil-Guerrero, de la Universidad de Almería, ha tratado de darle respuesta analizando los marcadores químicos presentes en los restos de estos homínidos antiguos. Al parecer, los resultados cuestionan teorías previas sobre la supervivencia en la Europa del Pleistoceno.

El análisis de los isótopos de nitrógeno-15 hallados en el colágeno fosilizado indicaba una firma propia de hipercarnívoros extremos. En este sentido, los datos mostraban niveles situados entre el 12% y el 14%, cifras muy superiores al 7,9% o 8,4% registrado en depredadores como lobos grises o hienas manchadas. Consumir únicamente carne magra en tales proporciones habría provocado a la especie una intoxicación proteica letal, conocida como la inanición del conejo.

La inanición o hambre del conejo es una forma de desnutrición aguda que ocurre cuando una persona solo come carne muy magra, como la de este animal, que contiene muy escasas cantidades de carbohidratos y grasas. En este tipo de casos, el organismo no puede procesar el exceso de proteína, lo que da lugar a diarrea severa, fatiga y una sensación de hambre constante. Si no se añaden otras fuentes de energía, puede ser mortal.

Para justificar este fenómeno, considerado una anomalía trófica neandertal, una hipótesis planteó que ingerían larvas de insectos presentes en la materia orgánica en descomposición. Estas larvas, al alimentarse de tejido putrefacto, acumulaban altas concentraciones isotópicas que habrían pasado a los tejidos de los homínidos. Sin embargo, las simulaciones matemáticas actuales demuestran que dicho modelo resulta insostenible desde el punto de vista biológico y funcional.

Según los cálculos del estudio, los insectos habrían tenido que representar entre el 40% y el 100% de la dieta diaria para generar esa señal química. En determinados supuestos simulados, la ingesta requerida superaba incluso el 100% del aporte proteico total del individuo. Estas cantidades desproporcionadas invalida la opción de que los gusanos fuesen la fuente principal de su sustento diario en los yacimientos arqueológicos analizados.

La caza de megafauna como respuesta

Descartada la ingesta masiva de larvas, la explicación más plausible apunta hacia el consumo especializado de grandes mamíferos continentales. La carne de los grandes proboscídeos, como el mamut, posee de forma natural un elevado contenido en estos elementos químicos. La persecución sistemática de estas piezas gigantescas por parte de los grupos cazadores justifica los valores observados en el laboratorio sin necesidad de recurrir a dietas compuestas por insectos.

El autor del trabajo matiza la complejidad de la investigación al señalar que "la caza selectiva de megafauna, en particular de mamuts, sigue siendo una hipótesis principal para explicar estas elevaciones tróficas extremas". La estrategia cinegética orientada a presas de gran tamaño permitía obtener toneladas de grasa y proteína, evitando así las deficiencias metabólicas asociadas a la ingesta exclusiva de magro animal.

A pesar del avance que supone este hallazgo, la comunidad científica reconoce que no existe un modelo único capaz de resolver el rompecabezas en todos los territorios. Guil-Guerrero destaca que "hay que reconocer que ningún modelo explicativo, ya sea la caza de mamuts, la aridez, el estrés fisiológico o el consumo de larvas, ha demostrado ser universalmente aplicable", lo que deja la puerta abierta a condicionantes climáticos o de estrés fisiológico.

Las investigaciones futuras deberán examinar las variaciones geográficas y ambientales de cada región habitada por estos homínidos. El investigador concluye que "la causa última de estos valores elevados probablemente implique un mosaico complejo y regionalmente variable de comportamientos y entornos que aún estamos tratando de explicar completamente". El enigma sobre los hábitos alimenticios de nuestros parientes extintos continuará motivando nuevos análisis en la paleobiología internacional.

© Foto: iStock

Las probabilidades de que el 'Súper El Niño' se produzca crecen y con ello también aumenta el riesgo de una crisis global

25 July 2026 at 07:00

Modelos meteorológicos y análisis climáticos advierten sobre la creciente posibilidad de que el El Niño alcance intensidades nunca registradas. Diversas proyecciones científicas asignan hasta un 90% de probabilidades a que el calentamiento anómalo de las aguas en el océano Pacífico rompa todas las marcas históricas durante el ciclo actual, desencadenando un escenario de alerta global por sus profundas repercusiones socioeconómicas.

Los análisis realizados por Zeke Hausfather, investigador en Berkeley Earth y autor del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, indican que las anomalías térmicas marinas podrían situarse hasta 3,6 °C por encima de la media. Este calentamiento extremo influiría directamente en la circulación de la atmósfera terrestre, alterando de manera drástica el patrón global de precipitaciones y temperaturas en múltiples continentes.

Fuerzas meteorológicas globales interactúan ahora con un planeta significativamente más cálido debido al cambio climático de origen antrópico. Según ha explicadoEmily Black, profesora de procesos terrestres y clima en la Universidad de Reading e investigadora del National Centre for Atmospheric Science, "El Niño es un fenómeno climático natural, pero ahora ocurre en el contexto de un planeta mucho más cálido".

Impactos socioeconómicos y alteración del clima mundial

"Esto no significa que cada impacto pueda atribuirse simplemente a El Niño o simplemente al cambio climático", añadió Black sobre la interacción de ambos factores. La especialista enfatizó que "los pronósticos de El Niño siempre conllevan incertidumbre, pero el nivel de acuerdo entre modelos en esta época del año, combinado con el calentamiento observado ya en marcha en el Pacífico tropical, significa que esto debe tomarse muy en serio".

Organismos internacionales como la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de EEUU y la Organización Meteorológica Mundial coinciden en que la intensidad del evento podría situarse entre las más severas del registro histórico. Esta alteración del sistema oceánico desplaza la corriente en chorro hacia el sur, incrementando el riesgo de inundaciones en algunas regiones y sequías extremas en otras.

Entidades de ayuda humanitaria como el International Rescue Committee advierten de que las condiciones meteorológicas extremas amenazan con desencadenar graves sequías e inundaciones en el este de África y Asia. Las comunidades con mayor vulnerabilidad social y económica podrían enfrentar severos reveses en su seguridad alimentaria y medios de subsistencia ante la violencia de las precipitaciones y la falta de cosechas.

Lecciones del registro histórico y la variabilidad marina

"Las predicciones son preocupantes, pero también son útiles: dan a las sociedades tiempo para anticipar posibles impactos y actuar antes de que se sientan los peores efectos", destacó Emily Black. La científica recordó que, aunque las marcas térmicas sean llamativas, las consecuencias reales sobre las poblaciones son el aspecto más crítico de este tipo de eventos climáticos.

Episodios históricos similares han demostrado que la combinación de perturbaciones atmosféricas e inestabilidad socioeconómica puede agravar crisis humanas a gran escala. Las simulaciones sugieren que las temperaturas mundiales del periodo 2026-2027 podrían marcar nuevos récords absolutos, superando los techos térmicos observados durante los anteriores eventos registrados entre 2023 y 2024.

© NOAA

Los atunes se convirtieron en grandes cazadores gracias al asteroide que aniquiló a los dinosaurios. O eso creíamos hasta ahora

24 July 2026 at 07:00

Durante décadas, la comunidad científica ha mantenido una teoría fascinante sobre el origen de ciertos depredadores marinos modernos. Tras el impacto del asteroide que acabó con los dinosaurios hace aproximadamente 66 millones de años, la desaparición repentina de las grandes criaturas del Cretácico dejó enormes vacíos ecológicos en los océanos. Hasta ahora, se asumía que los ancestros de los peces escómbridos aprovecharon esta vacante para evolucionar con rapidez hacia especies gigantescas.

Esta narrativa tradicional sugería que la extinción masiva impulsó de forma directa la aparición de características insólitas en el mundo acuático. Entre estas adaptaciones destacaba la endotermia o capacidad de mantener el calor corporal, una propiedad sumamente rara entre las especies marinas que les otorgó la fuerza necesaria para nadar grandes distancias a altas velocidades. Según este postulado histórico, el gigantesco impacto cósmico fue el detonante definitivo para que estos animales se transformaran en cazadores letales.

Una revisión del mapa evolutivo

Sin embargo, una investigación publicada en la revista científica Proceedings of the Royal Society B, Biological Sciences ha desmontado este mito al analizar detalladamente el registro fósil y la secuencia genética de 50 especies de la familia Scombridae. El equipo liderado por Chase Brownstein, investigador de la Universidad de Yale, ha descubierto que el árbol genealógico de estos peces muestra una historia mucho más compleja y prolongada en el tiempo. La diversificación no ocurrió de manera inmediata tras la catástrofe planetaria, sino a lo largo de un proceso de 40 millones de años.

Los análisis genéticos revelan que la capacidad de regular la temperatura corporal surgió de forma independiente en tres ocasiones distintas dentro de esta familia marina. Sorprendentemente, al menos dos de estas transiciones evolutivas sucedieron entre 10 y 15 millones de años después de la caída del meteorito. Asimismo, los datos confirman que el impresionante tamaño actual que caracteriza al atún no se desarrolló de forma masiva hasta hace apenas diez millones de años, desacoplando este crecimiento del evento de extinción del Cretácico.

Mecanismos biológicos y nuevas funciones

El estudio enfatiza la importancia de no atribuir causas simplistas a la evolución de rasgos anatómicos sumamente complejos en los organismos vertebrados. "El hecho de que un rasgo tenga una función particular no significa que haya evolucionado debido a esa función. La evolución es ciega, por lo que los rasgos se ensamblan de muchas maneras diferentes y pueden ser aprovechados secundariamente para nuevas funciones", explicó Chase Brownstein a IFLScience.

Estas conclusiones sugieren que los grandes depredadores marinos sufrieron un proceso de exaptación, por el cual ciertos rasgos anatómicos originados para un propósito específico terminaron desempeñando funciones distintas. Aunque el gran tamaño corporal y la regulación del calor corporal facilitan las inmersiones profundas y las largas migraciones de estos peces, estos atributos no surgieron impulsados directamente por la catástrofe cósmica. La pérdida de los grandes reptiles submarinos ofreció una oportunidad ecológica, pero los mecanismos adaptativos se modelaron mediante un desarrollo progresivo e independiente.

Debates sobre la influencia de los cetáceos

Por otro lado, existen teorías alternativas que vinculan la evolución de estos veloces peces con la aparición de los primeros cetáceos, sugiriendo una competencia directa con ballenas y delfines primitivos. No obstante, Chase Brownstein se muestra bastante escéptico ante dicha postura e indicó que "francamente, es solo un invento". Además, el científico argumentó tajantemente que "ningún biólogo tiene una máquina del tiempo que podamos usar para retroceder 56 millones de años y observar cómo las ballenas superaron a los atunes en competencia", para después apostillar que "simplemente, no se pueden corroborar las afirmaciones sobre estos sistemas sin un registro fósil extremadamente completo, e incluso así es difícil."

Frente a esta perspectiva, investigadoras del sector como Dahiana Arcila, perteneciente a la Universidad de California en San Diego, sostienen que los marcos temporales sí coinciden con la diversificación de los mamíferos marinos durante el Eoceno. La científica cree que examinar más de mil especies pesqueras ofrece un panorama complementario sobre la distribución geográfica y las dietas de aquella época. Aunque las discrepancias sobre las interacciones ecológicas del pasado continúan entre los expertos, el nuevo consenso científico deja claro que la transformación de estos peces en gigantes de los mares fue un proceso gradual.

© Foto: Istock

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