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Received — 25 July 2026 ⏭ National Geographic España

Einstein lo predijo hace más de un siglo y acaba de confirmarse: esto es lo que hace realmente la Tierra cuando se mueve

24 July 2026 at 19:00

Una de las primeras cosas que aprendemos sobre la Tierra en el colegio es que realiza dos movimientos principales: el de traslación (órbita alrededor del Sol, definiendo la duración del año y las estaciones junto con la inclinación del eje terrestre) y rotación (gira sobre sí misma, lo que da lugar al día y la noche). El movimiento de rotación tarda aproximadamente 24 horas en completarse, poniendo fin y comienzo a los días. Lleva siendo así miles de millones de años, pero cuando parece que damos algo por sentado, surge un descubrimiento que pone en duda todo lo que sabíamos.

Hasta principios del siglo XX, la sociedad tenía una concepción del universo newtoniana, concibiendo la gravedad como una fuerza de atracción instantánea entre masas a través de un espacio absoluto. Para Newton, el tiempo era absoluto, transcurriendo igual en todo el universo. Sin embargo, el físico alemán Albert Einstein llegó en 1915 con su Teoría General de la Relatividad para decirnos que, en realidad, el espacio se dobla, el tiempo se estira y que la gravedad no es una fuerza, sino una ilusión óptica causada por la geometría del cosmos.

Einstein aseguraba que la materia es la que le dice al espacio-tiempo cómo curvarse, y este, a su vez, le dice a la materia cómo moverse. La masa de los objetos es la que curva el universo a su alrededor, obligando a otros cuerpos (incluso a la luz) a seguir trayectorias curvas. Más de 100 años después, un equipo internacional de científicos ha medido con mayor exactitud el arrastre del espacio-tiempo causado por la rotación terrestre, confirmando así una de las predicciones de la mencionada teoría de Einstein.

Experimento tras experimento, se confirma aún más que Einstein tenía razón

El equipo dirigido por Ignazio Ciufolini en la Academia China de Ciencias ha llevado a cabo la medición más precisa de una de las predicciones más sutiles de la teoría de Einstein: el arrastre del espacio-tiempo causado por la rotación terrestre. El estudio, publicado en la revista Nature, presenta los resultados obtenidos por los investigadores, confirmando que la descripción de Einstein sobre la gravedad continúa siendo precisa incluso bajo el mayor escrutinio posible.

Desde su publicación en 1915, la teoría de la relatividad general de Einstein ha sido objeto de fascinación por parte del ámbito científico, sometiéndose a pruebas experimentales cada vez más rigurosas. Astrónomos y físicos, a lo largo de los años, han puesto a prueba la predicción del alemán utilizando desde eclipses y órbitas planetarias hasta relojes atómicos, púlsares y ondas gravitacionales; todo para buscar indicios de que el espacio-tiempo se comporta de manera distinta a la descrita por Einstein.

Según Einstein, un cuerpo masivo en rotación no solo curva el espacio-tiempo, sino que también lo arrastra a su alrededor. Debido a que detectar esa deformación es muy difícil cerca de la Tierra porque la señal es diminuta y queda enterrada bajo otras perturbaciones gravitatorias y no gravitatorias, se ha tenido que recurrir a la información proporcionada por varios satélites combinados con el diseño del experimento.

Los investigadores de universidades de China, Estados Unidos, Italia y otros países analizaron observaciones de LARES-2 (LAser RElativity Satellite-2), un satélite pasivo diseñado y desarrollado por la Agencia Espacial Italiana y lanzado en 2022, junto con los satélites LAGEOS y la misión GRACE de la NASA. Tras tres años de observaciones, los autores estiman el arrastre de referencia terrestre con una incertidumbre relativa de una parte por mil.

La metodología se basa en técnicas de medición láser, donde se envían pulsos láser desde la Tierra a satélites equipados con retroreflectores, y luego se reflejan de vuelta a estaciones terrestres con una sincronización precisa. De este modo se detectan y analizan los mínimos cambios en las órbitas de los satélites inducidos por el arrastre de marco, lo que permite separar estas señales de otras influencias gravitacionales.

Se eligió la órbita satelital para minimizar la influencia de las fueras no gravitacionales, lo que permitió a los investigadores aislar los pequeños cambios causados por la masa rotatoria de la Tierra. También se tuvo en cuenta las sutiles distorsiones en el campo gravitacional de la Tierra. En la práctica, se confirma la relatividad general en el entorno cercano a la Tierra con una precisión que resultaba inalcanzable hasta hacer no mucho tiempo. El análisis conjunto de LARES-2 y LAGEOS también mejora la determinación de las mareas lunares y solares de la Tierra.

© National Geographic España

Estudian el fondo del mar y descubren un dato preocupante sobre la contaminación marina

24 July 2026 at 14:00

El plástico está en todas partes: desde en la industria textil (fibras sintéticas) hasta en la de la salud (jeringuillas, guantes desechables y bolsas de sangre), pasando por el de la automoción y aeronáutica (parachoques y ciertas piezas del motor). Sin embargo, predomina en la de los envases y embalajes, ya que se utiliza para botellas (PET), bolsas, botes y para proteger los alimentos. Volver del supermercado significa volver con mucho plástico en el carrito de la compra.

Se estima que en el mundo, cada año, se producen más de 400 millones de toneladas de plástico. La mitad de esta cantidad está diseñada para utilizarse una sola vez (plástico de un solo uso), y tan solo un 10 % se recicla. ¿Qué pasa con el resto? Una buena parte acaba en lagos, ríos y mares (alrededor de 11 millones de toneladas). Estos residuos no solo contaminan el medioambiente, sino que acaban siendo consumidos por los animales y nosotros, los seres humanos.

Los expertos creen que, de media, una persona consume más de 50 mil partículas de plástico al año, según las Naciones Unidas. Esta cifra se incrementa si se tiene en cuenta no solo la ingesta, sino también la inhalación. Que haya contenedores de reciclaje en la esquina de casa no es por “decoración”, sino por necesidad. Todos formamos parte de esta misión colectiva si no queremos que la Tierra acabe como en la película WALL·E (2008), pero debemos actuar cuanto antes, ya que los investigadores han encontrado microplásticos a mucha profundidad en el océano.

Las concentraciones de microplásticos son mayores en el océano Índico que en el Pacífico

Si bien la mayoría de los plásticos son visibles al ojo humano, hay muchos que no lo son debido a su pequeño tamaño, pasando desapercibidos. Estos reciben el nombre de microplásticos, y son altamente peligrosos. Al ser difícilmente degradables y muchos de ellos se utilizan en contacto con el agua (dentífricos, exfoliantes y protectores solares son algunos ejemplos), una buena cantidad suele acabar en nuestras aguas residuales.

Como hemos comentado, los microplásticos son muy pequeños; menos de 5 mm. Esto hace que sean complicados de tratar cuando se filtra el agua en las depuradoras. También hay dos tipos de microplásticos: los primarios (después de su uso, llegan al medio natural en su forma original, es decir, en el mismo estado en el que se han sintetizado) y los secundarios (degradación de otros productos plásticos, procedentes de grandes estructuras sintéticas). En cualquier caso, los dos son extremadamente tóxicas y persistentes en el medio.

¿Existe algún rincón en el planeta en el que no existan los microplásticos? No lo parece. Se ha descubierto que hay hasta en la Antártida y en cuevas que llevaban mucho tiempo cerradas. Investigadores del Instituto Coreano de Investigación en Biociencias y Biotecnología, concretamente la Dra. Se-Joo Kim y el Dr. Jinyoung Jeong, han dirigido un equipo para explorar la presencia de microplásticos en el fondo oceánico profundo.

Los expertos recolectaron caracoles provánidos y mejillones modiólidos que viven alrededor de las fuentes hidrotermales en la Dorsal del Índico Central y la Cuenca del Norte de Fiji, en el Pacífico, para examinarlos en busca de microplásticos. Con tan solo 3,4 partículas por organismo, la contaminación era baja en comparación con la mayoría de las demás formas de vida, pero que 11 de cada 12 organismos individuales tuvieran al menos una partícula de microplástico demuestra lo que se sospechaba: ningún lugar es seguro.

Los resultados de los análisis concluyeron que más de la mitad (56 %) del plástico era poliestireno, propio de los envases baratos y los vasos desechables con aislamiento térmico. El tamaño de las partículas oscilaba entre 81 μm y 1,2 mm. En los caracoles, las partículas se encontraban principalmente en el sistema digestivo, pero en los mejillones, que se alimentan por filtración, estaban distribuidas por todo el cuerpo. Las concentraciones fueron considerablemente mayores en el océano Índico que en el Pacífico, con 1,9 veces más partículas por espécimen y entre 3 y 15 veces más por gramo de peso corporal.

“La contaminación por plásticos se ha extendido incluso a los ecosistemas de fuentes hidrotermales de aguas profundas, que antes se consideraban entre los entornos más aislados de la Tierra”, dijo Kim en un comunicado. El estudio está publicado en Water Research.

© iStock

Puede que sea el fósil más fascinante que se haya encontrado: nos enseña cómo cazaba el poderoso Tiranosaurio Rex

24 July 2026 at 14:00

Todo lo que sabemos sobre los dinosaurios es gracias a los fósiles. Los humanos y estas majestuosas bestias nunca convivieron. La mayoría de ellos dejaron de poblar nuestro planeta hace 66 millones de años debido al gran asteroide (de unos 15 kilómetros de diámetro) que impactó en la Tierra en lo que actualmente se conoce como la península de Yucatán (México). Los primeros ancestros humanos (Australopithecus), en comparación, aparecieron hace “solo” unos 6 millones de años, y nuestra especie (Homo sapiens) surgió hace relativamente poco: 300 mil años.

La fosilización (el proceso por el que los restos se convierten en piedra) y los avances en paleontología (la ciencia que estudia la historia de la vida en la Tierra a través de los fósiles) han permitido a los investigadores saber muchas cosas sobre los dinosaurios. Aparte de fósiles, los científicos estudian también huellas, nidos, huevos, dientes y hasta coprolitos (heces fosilizadas), pues revelan detalles de su día a día, como la dieta, su forma de moverse y comportamiento.

El descubrimiento del Tyrannosaurus rex, uno de los dinosaurios más célebres, se atribuye al célebre cazador de fósiles del Museo Americano de Historia Natural Barnum Brown, quien desenterró el primer esqueleto completo en 1902 (aunque un hallazgo parcial se remonta a 1892, cuando Edward Drinker Cope encontró unas vértebras). Recientemente, una serie de huesos fosilizados ha aportado más detalles sobre cómo el Tyrannosaurus rex cazaba.

solo 12 huesos presentaban marcas de dientes

Varios huesos fosilizados descubiertos en Wyoming durante unas excavaciones realizadas entre 1997 y 2017 presentaban marcas de dientes. Estos huesos pertenecían a un dinosaurio herbívoro, y las marcas de dientes a la mordedura de un T. rex. Los autores del estudio (que está ayudando a los paleontólogos a reconstruir un ecosistema extinto), publicado en la revista PLOS One, explicaron:

El estudio de las marcas de dientes en huesos fósiles es importante porque proporciona información valiosa sobre el comportamiento animal y las interacciones entre especies

Bethania CT Siviero, Elizabeth Rega, Matthew A. McLain, Leonard R. Brand, David Nelsen y Art V. Chadwick, autores del estudio, examinaron más de 3.000 huesos hallados en el noreste de Wyoming. Esta región de Estados Unidos es una de las más ricas no solo del país norteamericano, sino del mundo, albergando especies tan famosas como el Triceratops, el Edmontosaurus, el Allosaurus y el Tyrannosaurus rex. Algunos de los restos están tan bien preservados que conservan piel y pezuñas.

Los huesos analizados por los autores del estudio datan de hace entre 72 y 66 millones de años, período que corresponde al Cretácico Superior. La mayoría de los huesos pertenecieron al gran dinosaurio herbívoro Edmontosaurus annectens, que se caracterizaba por tener pico de pato y habitar la actual región occidental de Norteamérica.

De los más de 3 mil huesos estudiados, tan solo 12 presentaban marcas de dientes, y cuatro de ellos tenían patrones distintivos de marcas dentales. Estos patrones parecen corresponder a la mordedura de un T. rex. Los expertos creen que las otras marcas pudieron ser producidas por otros dinosaurios carnívoros y cocodrilos (que aunque lo parezcan, no son dinosaurios, sino reptiles arcosaurios).

Los investigadores tuvieron que diferenciar las marcas de mordeduras de las producidas por enfermedades articulares o la erosión tras la muerte del animal. Las marcas de los dientes suelen parecer perforaciones o surcos: “Es fundamental distinguir entre estos diferentes tipos de modificaciones óseas, ya que pueden proporcionar información valiosa sobre el estado del animal antes de su muerte, así como sobre los procesos que afectaron a sus restos después de la muerte”.

Parece ser que la mayoría de los huesos con marcas de dientes no muestran evidencia de cicatrización alrededor de las marcas, lo que significaría que se produjeron alrededor o después de la muerte de los animales. Al establecer un conjunto de criterios para identificar marcas de dientes en huesos fósiles, este estudio contribuye a perfeccionar una herramienta fundamental para la investigación paleontológica.

© National Geographic España

¿La carga rápida daña más la batería que la carga normal?

23 July 2026 at 19:00

Los que vivimos la transición de los teléfonos móviles a los smartphones fuimos partícipes de una revolución tecnológica. Esos pequeños dispositivos que solo permitían llamar, enviar mensajes, tomar fotografías de baja resolución y ejecutar algún que otro pequeño juego para matar el tiempo mientras esperábamos en la sala de espera de la consulta del dentista se convirtieron, casi de un día para otro, en ordenadores portátiles de bolsillo con los que era posible navegar por Internet, acceder al correo electrónico y descargar aplicaciones que aumentaban sus funciones (entre otras cosas).

Si bien el cambio fue indudablemente a mejor en algunos aspectos, en otros no lo fue tanto. Y no nos estamos refiriendo solo a los problemas de adicción y depresión provocados por pasarse horas y horas cada día pegados a sus pantallas, sino también a su autonomía. Los teléfonos móviles inteligentes deben pasar casi cada día por el enchufe si no quieren “morir”. Algunos modelos pueden aguantar dos días sin ver el cargador, pero también depende de cómo los utilicen los usuarios (hay quien llega a enchufarlos dos veces o más por jornada).

¿Por qué la batería de los teléfonos móviles de antes duraba más que la de los de ahora? La respuesta la hemos mencionado justamente al principio del artículo: apenas servían para realizar llamadas y recibir mensajes, y carecían de grandes pantallas y otras tecnologías que consumen que da gusto. La mayoría de fabricantes de smartphones, en lugar de dotar a sus productos de mayores baterías, incorporan carga rápida, haciendo que el indicador pase del 0 al 100 % en pocos minutos. No obstante, se suele decir que no conviene abusar de ella para no dañar las baterías, ¿es un mito o una realidad?

Evitar temperaturas extremas y limitar al carga al 80 %

En el panorama de los smartphones, encontramos dos tipos de carga rápida: las soluciones desarrolladas propietarias desarrolladas por compañías y los estándares abiertos y universales. En las primeras es donde encontramos las tecnologías más interesantes, siendo una de las más sorprendentes SuperVOOC de 240 W de Realme, que actualmente es una de las más potentes (de 0 a 100 % en unos 10 minutos en baterías de 4.600 mAh). Otro ejemplo es Xiaomi HyperCharge de 210 W, que en baterías de 4.300 mAh tan solo necesita 9 minutos para recargarse por completo.

Estos ejemplos son, por decirlo de alguna manera, los más “exagerados”. La mayoría de terminales no incorporan estas tecnologías; los de gama alta se suelen mover entre los 100 W y los 120 W, y solo suelen adoptarlas móviles procedentes de China. Compañías como Samsung, Google o Apple son más modestas en este sentido, suscitando críticas entre los usuarios por la “falta” de innovación. En los coches eléctricos, también encontramos tecnologías de carga rápida que pueden añadir cientos de kilómetros de autonomía con una parada relativamente breve.

La mayoría de las baterías que se utilizan actualmente son de iones de litio. Destacan por su alta densidad energética, pero también porque se degradan con el paso del tiempo. No duran lo mismo nuevas que después de cinco años de uso diario. Además, sufren con los cambios de temperatura, degradándose más rápido con el calor, y es un problema, ya que la carga rápida genera más calor.

Los científicos afirman que la carga rápida daña las baterías, pero la respuesta no es tan simple. Las baterías modernas incorporan mecanismos de seguridad para limitar los daños producidos por el calor extremo, y estas baterías suelen utilizar materiales especiales que permiten que los iones se muevan con mayor facilidad. Los fabricantes incluso llegan a rediseñar la arquitectura interna para reducir la resistencia y la acumulación de calor.

Aun así, la carga rápida puede acelerar algunos procesos químicos que degradan el envejecimiento de las baterías, como la deposición de litio (se acumula en la superficie del electrodo, disminuyendo la capacidad de la batería). El sobrecalentamiento por carga rápida puede provocar que las baterías se hinchen, se incendien o incluso exploten (fuga térmica).

Si lo que se busca es cuidar al máximo las baterías, los expertos aconsejan evitar cargar los dispositivos en ambientes calurosos o bajo la luz solar directa. Tampoco se debe exponerlos a temperaturas extremadamente frías. Lo suyo sería utilizar la carga rápida en momentos puntuales, cuando es realmente necesario. Si se va a cargar el smartphone o tableta por la noche, un cargador “lento” podría ser más aconsejable que uno rápido. Los expertos también advierten mantener el nivel de carga entre el 20 % y el 80 %.

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Europa se prepara para establecer límites a los más pequeños para poder navegar por internet

23 July 2026 at 14:00

Cuando yo era niño (hace más de 20 años), lo normal era entretenerse con la televisión o jugando en el parque. Los que tuvieron la suerte de disponer de alguna videoconsola, completaban su ocio con videojuegos. En muchas de estas cosas, las pantallas juegan un papel fundamental, y podría pensarse que la situación no ha cambiado mucho si se compara con la actual, pero hay una diferencia clave: esos dispositivos tenían unos usos concretos y no estaban conectados a Internet.

Los niños de hoy prefieren los smartphones y las tabletas, desde las que pueden ver sus series y películas favoritas, además de jugar a videojuegos, pero son dispositivos multiusos que permiten hacer muchas otras cosas, como navegar por Internet, acceder a redes sociales y comunicarse con otras personas desconocidas. Se podría decir que son “pequeñas puertas” al amplísimo mundo digital, el cual tiene muchas cosas buenas, pero también muy malas si no se tiene cuidado.

Para protegerles, muchos países están promoviendo leyes que limiten el acceso y uso de los dispositivos electrónicos e Internet a los niños/menores de edad. Algunas personas creen que prohibir no es la solución, ya que hace que los jóvenes se interesen más por ellos, pues lo prohibido nos atrae. El fenómeno reactancia lo explica bien: cuando percibimos que nuestra libertad o autonomía está limitada, experimentamos un impulso natural por recuperar ese control. Sin embargo, los preadolescentes están pasando cada vez más tiempo ante las pantallas, por lo que resulta urgente tomar algunas medidas.

Las pantallas y redes sociales estarían prohibidas a los menores de 2 años

Hace unos días, Ursula von der Leyen, la presidenta de la Comisión europea, presentó el informe Child Safety Online (Seguridad infantil en Internet), el cual servirá como base para una propuesta de regulación que tendrá lugar después del verano. Un grupo formado por 300 expertos ha sido el encargado de elaborar el informe, que se divide en cuatro capítulos:

  1. Desarrollo para la seguridad de los niños en Internet
  2. Riesgos a los que se enfrentan los menores en Internet
  3. La protección de los menores en las redes sociales
  4. Hacer que los menores se muevan con seguridad por el mundo digital

Estos capítulos están basados en seis principios: enfoque evolutivo, igualdad y diversidad, protección de los menores, responsabilidad de los servicios digitales y derechos de los consumidores, empoderamiento y educación sobre los medios, y los derechos y la participación de los niños. Según Ursula von der Leyen, el objetivo, como dijo en el discurso sobre el estado de la Unión de 2025:

“En esta labor, nos guiaremos por la necesidad de empoderar a los padres y de construir una Europa más segura para nuestros hijos. Porque, cuando se trata de la seguridad de nuestros hijos en el mundo digital, Europa cree en los padres, no en los beneficios”.

La exposición de los jóvenes a los medios sociales presenta una serie de riesgos para su desarrollo saludable y su bienestar, según el informe, entre lo que se incluyen “el uso excesivo debido a características adictivas, la sustitución de actividades favorables al desarrollo, la exposición a contenidos perjudiciales y los contactos inapropiados en línea”. Estos riesgos se han incrementado en los últimos años con la aparición de nuevas tecnologías.

Por ello, se propone restringir a escala de la UE el acceso a las redes sociales y otros servicios digitales a los menores de 13 años, creando sistemas eficaces de verificación de edad y trasladando la carga de la prueba a las redes sociales y a otros proveedores de servicios digitales, que deben demostrar que sus productos son seguros para los menores. Además, los estados miembros podrán introducir restricciones de acceso preventivas adicionales a los servicios digitales.

Lo ideal, según el informe, es que las pantallas estén prohibidas a los niños hasta los dos años, y que de los tres a los doce años vayan familiarizándose con ellas e Internet poco a poco a través de un acceso supervisado y dispositivos apropiados. Después, de los trece a los dieciocho años, lo suyo es que se vuelvan autónomos, aplicando los conocimientos que han ido adquiriendo a lo largo del tiempo.

Cualquier medida que suponga mejorar la seguridad de los niños bienvenida sea. El problema está en que algunas de las medidas, como la verificación de edad a través de documentos oficiales, podría suponer un riesgo para la privacidad, ya que los gobiernos y empresas propietarias de los servicios online tendrían más control sobre lo que hacemos y vemos en Internet; algo que están criticando duramente los defensores de los derechos digitales.

© National Geographic España

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