¿Qué tipo de bosque soporta mejor el calor?
Si has pasado parte del verano en la ciudad y la otra parte en la montaña, rodeado de vegetación, te habrás dado cuenta de que en la ciudad hace más calor, y tiene su explicación: se debe al fenómeno de isla de calor. Materiales como el asfalto y el hormigón absorben la radiación solar y la liberan como calor lentamente. En cambio, la tierra y los árboles reflejan menos energía, de modo que los entornos rurales “deberían” calentarse mucho menos. Por este motivo, resulta importantísimo plantar más árboles en las urbes y crear más zonas verdes.
Por esta regla de tres, cabría pensar que los bosques son un paraíso durante la época estival, ya que la enorme concentración de árboles y la tierra impedirían que los termómetros alcanzasen temperaturas elevadas, pero ¿aguantan todos igual de bien el calor? Existen diferentes tipos de bosque, los cuales se clasifican principalmente según su latitud, clima y tipo de hoja, dividiéndose en cuatro grandes clases: tropicales, templados, boreales y subtropicales.
Además, no todos los bosques tienen por qué ser naturales: se pueden crear artificialmente desde cero. Existen técnicas como el Método Miyawaki que permiten cultivar pequeños bosques muy densos y autosuficientes en tan solo 10 años, utilizando especies nativas plantadas de forma compacta para acelerar el crecimiento natural. Científicos chinos han averiguado el tipo de bosque (natural o artificial) que soporta mejor las olas de calor.
Los bosques naturales aguantan mejor que los artificiales
El clima de China varía dependiendo de la zona por ser un país extenso, pero se podría decir que, en general, los inviernos son fríos y secos, mientras que los veranos son cálidos y húmedos, marcados por los vientos monzónicos. En el río Yangtsé (el más largo de China y de todo el continente asiático), a pesar de tener una longitud de 6.300 kilómetros, presenta principalmente un clima monzónico subtropical, de modo que las temperaturas durante los veranos son bastante altas.
De hecho, el verano de 2022 fue especialmente duro para China. La cuenca del río Yangtsé soportó la sequía y el calor simultáneos más intensos registrados en décadas. Este fenómeno, conocido en ecología como sequía compuesta-ola de calor, es un evento climático extremo en el que la falta de precipitaciones y la humedad del suelo se combinan con temperaturas abrasadoras, retroalimentándose y provocando que el calor extremo seque el suelo, y que la falta de humedad ambiental enfríe la tierra, de modo que se crea una especie de “círculo vicioso”.
Un equipo de científicos liderado por Yong Su, de la Academia China de Ciencias, observó el fenómeno para descubrir qué es lo que ocurría exactamente, dando lugar al análisis más detallado de cómo los bosques de la cuenca del río Yangtsé reaccionaron durante el complicado verano. Para la investigación emplearon dos indicadores satelitales de alta resolución, y llegaron a una conclusión bastante clara: los bosques naturales soportan mejor el golpe térmico, pero los artificiales se recuperan antes.
Si bien el elemento principal de ambos tipos de bosque son los árboles, no se configuran de la misma manera. Un bosque natural maduro no es simplemente un conjunto de árboles, ya que las copas se escalonan en altura, creando capas de sombra que reducen la temperatura. Sus troncos gruesos, una red de raíces antiguas y hongos micorrícicos distribuye el agua y los nutrientes de forma solidaria entre los árboles.
Los bosques naturales de la cuenca del Yangtsé experimentaron durante la ola de calor del verano de 2022 un declive fotosintético considerablemente menor que las plantaciones. No obstante, los bosques artificiales, que sufrieron más durante la ola de calor, se recuperaron fotosintéticamente más rápido cuando las temperaturas volvieron a la normalidad. La respuesta a este fenómeno es bastante lógica: las plantaciones jóvenes tienen una ventaja estructural a la hora de recuperarse.
Los árboles elegidos para la creación de bosques artificiales han sido seleccionados genéticamente para crecer más rápido, de modo que reinician su metabolismo también con más velocidad. A pesar de esta ventaja, los bosques naturales son capaces de almacenar mucho más carbono y también albergan una mayor biodiversidad. Los recientes programas de reforestación han apostado por las plantaciones por ser más baratas y rápidas, pero gracias a la investigación de Su, ahora sabemos que esa velocidad tiene un coste estructural visible cuando las temperaturas se vuelven extremas.

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