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Received — 9 September 2026 ⏭ National Geographic España

La naturaleza late al mismo ritmo: científicos descubren un “tempo universal”

9 September 2026 at 10:00

Un equipo de científicos ha confirmado que muchos animales separados por millones de años de evolución se comunican con ritmos de entre 0,5 y 4 Hz, una coincidencia que podría estar relacionada con la manera en que sus cerebros procesan las señales.

La pista apareció casi por accidente. Durante una expedición en Tailandia, investigadores de la Universidad Northwestern observaron que unas luciérnagas parpadeaban mientras los grillos cercanos parecían cantar prácticamente al mismo compás: ambos rondaban los 2,4 ciclos por segundo. No estaban verdaderamente sincronizados, pero aquella semejanza abrió una pregunta mucho mayor: ¿y si buena parte de la naturaleza hubiera convergido hacia un mismo “tempo” para comunicarse?

Publicado en PLOS Biology, el trabajo amplió la búsqueda a insectos, crustáceos, anfibios, peces, aves y mamíferos. El resultado apunta a una especie de “zona caliente” entre 0,5 y 4 Hz, un intervalo que aparece una y otra vez pese a las enormes diferencias de tamaño, hábitat, anatomía y forma de emitir las señales. Y hay un detalle especialmente intrigante: esa misma franja coincide con ritmos lentos presentes en la actividad cerebral.

Un compás que aparece desde una luciérnaga hasta un primate

Los autores no estudiaron cualquier sonido animal. Se concentraron en señales isócronas, es decir, eventos que se repiten con intervalos aproximadamente regulares, como los golpes de un metrónomo. Esto permite comparar fenómenos tan diferentes como un destello luminoso, una llamada acústica o determinados movimientos corporales utilizando una misma medida: cuántas veces ocurre la señal cada segundo.

Cuando reunieron ejemplos procedentes de trabajos científicos previos, apareció una regularidad inesperada. Animales que difieren en hasta 8 órdenes de magnitud de masa corporal utilizaban con frecuencia tempos comprendidos entre 0,5 y 4 Hz. Allí figuraban luciérnagas, grillos, crustáceos, ranas, aves, peces, simios, humanos y leones marinos. La coincidencia atravesaba incluso los sentidos: algunas especies se comunicaban mediante sonido; otras, mediante luz o movimiento.

Pero los investigadores eran conscientes de un problema: podrían haber seleccionado, sin pretenderlo, ejemplos que encajaran demasiado bien con la hipótesis. Para reducir ese riesgo recurrieron también a xeno-canto, una gran base de datos de sonidos de fauna salvaje, y escogieron aleatoriamente 50 señales isócronas pertenecientes a aves, murciélagos, ranas, saltamontes y mamíferos terrestres.

La distribución volvió a señalar hacia el mismo territorio temporal. El máximo se situaba aproximadamente alrededor de los 3 Hz, y la mediana observada alcanzaba 3,45 Hz. Para llegar a esas 50 muestras válidas tuvieron que examinar 124 grabaciones. El patrón, por tanto, no dependía únicamente de los ejemplos elegidos inicialmente por los autores.

Pero aquí comienza el verdadero misterio. Un grillo y un primate no producen señales con los mismos músculos, ni poseen el mismo tamaño, ni viven sometidos a las mismas presiones ambientales. Entonces, ¿por qué tantos organismos distintos parecen reunirse en una franja temporal relativamente estrecha?

El cerebro podría ser el metrónomo oculto

Una posibilidad evidente sería que el cuerpo impusiera ese ritmo. Sin embargo, los autores consideran difícil explicar toda la coincidencia mediante restricciones mecánicas porque los sistemas utilizados para generar las señales son extraordinariamente distintos. Además, muchas de esas especies pueden producir estímulos más rápidos y, naturalmente, también podrían espaciarlos mucho más.

La explicación propuesta cambia entonces de protagonista: en lugar de mirar al animal que envía la señal, mira al que la recibe. Todos esos receptores, por diferentes que sean, terminan procesando la información mediante neuronas. Quizá la evolución haya favorecido señales que se encuentran dentro de una ventana temporal especialmente fácil de detectar y procesar para pequeños circuitos neuronales.

La franja de 0,5 a 4 Hz coincide además con la denominada banda delta en neurociencia. Esto no significa que una luciérnaga, una rana y una persona posean cerebros equivalentes, ni que sus señales activen exactamente los mismos mecanismos. La hipótesis es más sutil: ciertas propiedades biofísicas elementales de las neuronas podrían imponer escalas temporales semejantes incluso en sistemas nerviosos muy diferentes.

Para comprobar si esa idea era físicamente plausible, los científicos construyeron modelos computacionales de pequeños circuitos formados por cinco osciladores neuronales. Probaron 1.665 configuraciones diferentes de conexión y analizaron cómo respondían cuando recibían una señal periódica externa. En la mayoría de las topologías, el circuito podía dejarse arrastrar por el estímulo sin necesitar una arquitectura extraordinariamente afinada.

El modelo mostró además una propiedad decisiva: la respuesta era máxima cuando el ritmo externo se acercaba a la frecuencia natural del propio circuito. Esa resonancia proporciona un mecanismo teórico capaz de explicar por qué una señal situada en determinada franja temporal podría resultar especialmente eficaz para capturar la actividad coordinada de las neuronas receptoras.

Dicho de otra forma: quizá muchos animales no hayan convergido hacia ese tempo porque resulte sencillo producirlo, sino porque resulta ventajoso escucharlo, verlo o percibirlo.

De los grillos a nosotros: una pista sobre el origen del ritmo

La idea tiene una consecuencia fascinante para nuestra propia especie. Un tempo de 2 Hz equivale aproximadamente a 120 pulsaciones por minuto, una velocidad extraordinariamente familiar en la música humana. Tradicionalmente se ha relacionado nuestra preferencia por tempos cercanos a esa cifra con movimientos corporales como caminar, pero el nuevo estudio plantea que la explicación podría hundir sus raíces mucho más profundamente en la evolución de los sistemas nerviosos.

Ya existían pistas compatibles con esa posibilidad. Experimentos con ratas mostraron que estos animales pueden sincronizar espontáneamente movimientos con pulsos musicales y que determinadas respuestas neuronales son especialmente intensas alrededor de los 2 Hz, un resultado citado por los autores como apoyo a la hipótesis de una ventana temporal privilegiada.

También sabemos que las fronteras rítmicas entre especies pueden influir en la comunicación cotidiana. Un estudio de PLOS Biology sobre perros y humanos encontró que los perros vocalizan aproximadamente a 2 emisiones por segundo, mientras que el habla humana dirigida a adultos ronda las 4 sílabas por segundo. Cuando hablamos a nuestros perros, reducimos espontáneamente el ritmo hacia unos 3 Hz, como si buscáramos un terreno temporal intermedio que resulte más accesible para ambos.

Eso no demuestra la existencia de un “idioma universal de la naturaleza”. El trabajo de Amichay, Balasubramanian y Abrams es exploratorio, su recopilación no es exhaustiva y existen especies cuyos tempos quedan claramente fuera de los 0,5–4 Hz. Los propios investigadores reconocen posibles sesgos tanto en la literatura disponible como en nuestra capacidad humana para detectar determinadas señales.

Lo extraordinario, por tanto, no es imaginar que un grillo pueda conversar con una luciérnaga. Es algo quizá más profundo: que cerebros y sistemas nerviosos separados por vastas distancias evolutivas puedan compartir una ventana temporal especialmente favorable para recibir información. Si futuros experimentos demuestran que esa resonancia neuronal ha moldeado realmente la evolución de las señales, el pulso de la comunicación animal podría revelar una regla biológica que hasta ahora permanecía escondida a plena vista.

© iStock

Descubren que las galaxias pueden tener crecimientos explosivos

8 September 2026 at 14:00

Un equipo de científicos ha confirmado que la galaxia Messier 74 prácticamente ha duplicado el tamaño conocido de su disco, pasando de unos 14 a 30 kilopársecs, y que buena parte de esa gigantesca extensión podría haberse formado en menos de 1.000 millones de años. La edad estimada de sus estrellas ronda, de hecho, los 640 millones de años.

El descubrimiento, publicado en Astronomy & Astrophysics, ofrece una extraordinaria fotografía de algo que normalmente contemplamos a cámara lenta: el crecimiento de una galaxia casi en pleno proceso de construcción. Messier 74 (también denominada M74 o NGC 628) se encuentra a unos 9,3 megapársecs de nosotros y posee una masa estelar estimada de entre 15.000 y 22.000 millones de masas solares.

Hasta ahora, los modelos sostenían que las galaxias de disco crecen fundamentalmente «de dentro hacia fuera»: nuevo gas llega a sus regiones externas y allí alimenta nuevas generaciones de estrellas. La gran incógnita era si esta expansión ocurre suavemente durante miles de millones de años o mediante episodios mucho más violentos y rápidos. M74 apunta hacia la segunda posibilidad.

Un disco invisible que llevaba años delante de nuestros ojos

Para encontrarlo había que mirar mucho más profundamente de lo habitual. El equipo encabezado por Ignacio Ruiz Cejudo, del Instituto de Astrofísica de Canarias y la Universidad de La Laguna, utilizó el Transient Survey Telescope (TST), un telescopio de 1 metro situado en el Observatorio del Teide, y acumuló varias horas de observación en tres bandas ópticas.

El resultado permitió alcanzar niveles extraordinariamente débiles de brillo superficial: hasta 31,44 magnitudes por segundo de arco cuadrado en la banda g. Esa sensibilidad hizo visible una estructura que observaciones menos profundas, como las del Sloan Digital Sky Survey, prácticamente borraban del paisaje.

Más allá del disco conocido, cuyo borde se situaba alrededor de 14 kilopársecs, apareció una población estelar azul y extremadamente tenue que llega aproximadamente hasta los 30 kilopársecs. Es decir, el radio estelar conocido de M74 prácticamente se duplica.

Pero hay un detalle aún más revelador. Ese nuevo componente óptico coincide aproximadamente con la extensión que previamente se había observado en hidrógeno neutro y ultravioleta. Lo que parecía un gigantesco depósito gaseoso alrededor de M74 contiene también estrellas jóvenes extremadamente difíciles de detectar.

El nuevo disco apenas añade masa. Los investigadores calculan alrededor de 12.500 millones de masas solares dentro de los primeros 14 kilopársecs y unos 12.800 millones dentro de los 28 kilopársecs. La galaxia, por tanto, habría aumentado espectacularmente su extensión sin incrementar de forma comparable su masa estelar. Es como extender una ciudad construyendo una periferia gigantesca, pero extraordinariamente poco poblada.

Estrellas de 640 millones de años: la pista de un crecimiento explosivo

La auténtica sorpresa llegó cuando los investigadores estudiaron los colores de aquella periferia. Las estrellas exteriores son notablemente azules, precisamente el aspecto esperado en una población estelar joven.

Combinando las observaciones ópticas con datos ultravioletas de GALEX y comparándolas con modelos de evolución estelar, los autores estimaron para una metalicidad baja una edad media de 640 millones de años, aunque con incertidumbres importantes. Al probar diferentes metalicidades, las estimaciones cambian, pero siguen siendo compatibles con una población de menos de aproximadamente 1.000 millones de años.

Eso cambia la interpretación de la galaxia. M74 podría haber extendido recientemente su disco desde unos 14 hasta aproximadamente 30 kilopársecs: unos 16 kilopársecs adicionales en menos de 1.000 millones de años.

Y semejante transformación importa más allá de esta galaxia concreta. Cuando se considera únicamente su antiguo disco, M74 ocupa una zona relativamente baja de la relación entre masa y tamaño de las galaxias. Cuando se incorpora el nuevo componente, salta hacia el extremo superior: se convierte en una galaxia excepcionalmente extensa para su masa. Podríamos estar viendo, por tanto, una recién llegada al grupo de las grandes galaxias de disco actuales.

Un encuentro hace 1.000 millones de años pudo encender la galaxia

Queda la pregunta inevitable: ¿qué provocó semejante estallido de crecimiento? Los autores plantean varias posibilidades, pero existe un sospechoso especialmente interesante: UGC 1176, una pequeña galaxia que pudo pasar cerca de M74 hace alrededor de 1.000 millones de años. No habría sido necesariamente una colisión frontal. Un sobrevuelo suficientemente próximo podría haber perturbado el enorme reservorio de hidrógeno situado en las afueras de M74 y desencadenado allí la formación de estrellas.

Las escalas temporales encajan de manera sugerente. Los investigadores calculan que un objeto situado actualmente a unos 130 kilopársecs podría haber interactuado con M74 hace aproximadamente 930 millones de años. Una perturbación de ese tipo podría haberse propagado por las regiones exteriores del disco en unos 530 millones de años.

UGC 1176 presenta además una morfología irregular y colores azulados, características compatibles con un episodio de formación estelar que también hubiera sido estimulado por aquel encuentro. Aun así, los investigadores presentan esta explicación como un escenario plausible, no como una demostración definitiva.

Y ahí reside quizá la cuestión más fascinante del hallazgo. Si M74 constituye una excepción, estaremos ante un extraordinario accidente cósmico. Pero si observaciones igualmente profundas encuentran discos jóvenes semejantes alrededor de muchas otras galaxias, habrá que reconsiderar hasta qué punto su crecimiento es realmente lento y continuo.

© Telescopio Espacial James Webb de la NASA

James Hansen, científico : "El fenómeno de El Niño se ha intensificado enormemente"

7 September 2026 at 15:00

El actual El Niño ya supera al gigantesco episodio de 1997-1998 en el calor acumulado en los primeros 300 metros del Pacífico ecuatorial. Y lo más inquietante es que, cuando James Hansen y sus colaboradores publicaron su análisis el 21 de agosto de 2026, todavía faltaban varios meses para que llegaran sus efectos máximos.

Las métricas habituales han rebasado los máximos registrados durante la era de observaciones fiables. Sin embargo, Hansen, Pushker Kharecha, Dylan Morgan y Jasen Vest advierten de algo todavía más importante: el auténtico problema no sería únicamente El Niño, sino el planeta extraordinariamente caliente sobre el que está desarrollándose. 

Hay además una paradoja que convierte el fenómeno en una señal mucho más inquietante. El Niño de 2023-2024 fue relativamente moderado y, aun así, coincidió con un salto excepcional de la temperatura planetaria. Una investigación anterior encabezada por Hansen calculó que la temperatura global aumentó más de 0,4 °C en apenas dos años y alcanzó temporalmente alrededor de +1,6 °C respecto al promedio de 1880-1920. 

Un El Niño que ha roto la escala del Pacífico

Para medir la potencia de El Niño solemos mirar la temperatura superficial del Pacífico tropical, especialmente la denominada región Niño 3.4. Hansen y sus colegas prefieren añadir otra ventana: la anomalía térmica almacenada en los primeros 300 metros del océano ecuatorial, entre aproximadamente 180° y 100° oeste. Esa masa de agua funciona como una enorme batería de calor capaz de alimentar la interacción entre océano y atmósfera durante meses.

La curva de 2026 ya ha sobrepasado la correspondiente al “super-El Niño” de 1997-1998, uno de los episodios más potentes documentados instrumentalmente. En la figura 2 del informe, la trayectoria actual asciende con una pendiente extraordinariamente pronunciada y supera los máximos de los otros grandes eventos comparados desde 1980. En el índice Niño 3.4, mostrado en el apéndice del documento, 2026 también se separa claramente de los años anteriores.

Hansen no interpreta esta intensidad como una simple rareza natural aislada del cambio climático. Los autores plantean que el calentamiento provocado por las actividades humanas probablemente está contribuyendo a la anomalía del propio El Niño. Es una interpretación de los autores (no una atribución definitiva demostrada por este breve informe), pero encaja con su argumento más amplio: la variabilidad natural está actuando ahora sobre un sistema climático con mucha más energía acumulada. El Niño es el protagonista más visible, pero el escenario térmico que lo rodea es global.

El calor no se queda en el océano

Este fondo cálido importa porque las olas de calor marinas ya son más frecuentes y prolongadas que hace un siglo. Un estudio publicado en Nature Communications encontró que, entre los períodos 1925-1954 y 1987-2016, su frecuencia media mundial aumentó un 34 %, su duración un 17 % y el número anual de días sometidos a estos episodios creció un 54 %. Buena parte de la tendencia se explica por el incremento de la temperatura media del océano.

En tierra firme, el problema adquiere una dimensión todavía más humana. Según las series reproducidas por Hansen, la temperatura sobre los continentes está aumentando aproximadamente el doble que sobre los océanos. Durante el episodio de 2023-2024, la anomalía terrestre llegó a unos +2,4 °C respecto al promedio de 1880-1920. Los autores consideran posible que ronde los +2,7 °C en 2027, cuando el actual El Niño haya desplegado plenamente su influencia.

El peligro térmico no es igual para todas las edades. Una investigación reciente ha incorporado límites fisiológicos de tolerancia al calor específicos para adultos jóvenes, personas de mediana edad y mayores de 60 años, en lugar de aplicar el mismo umbral a toda la población. 

El “problema mayor”: un planeta que acumula cada vez más energía

El Niño extraordinario sería el acontecimiento inmediato; el desequilibrio energético de la Tierra sería el problema de fondo. Nuestro planeta recibe radiación solar y devuelve energía al espacio en forma de radiación térmica. Cuando entra persistentemente más energía de la que sale, el sistema climático continúa calentándose.

Según la interpretación de los autores, el desequilibrio energético terrestre aproximadamente se ha duplicado y no muestra todavía una disminución sostenida. Pero conviene distinguir aquí evidencia y debate científico. La existencia del calentamiento antropogénico está sólidamente establecida; la magnitud exacta de su aceleración reciente y algunos mecanismos que propone el grupo de Hansen continúan siendo objeto de investigación y discusión. 

El propio equipo sostiene, por ejemplo, que la sensibilidad climática sería mayor que la estimación central utilizada por el IPCC y que ciertos cambios en aerosoles han reforzado el calentamiento reciente. Son hipótesis cuantitativas importantes, pero no todas poseen todavía el mismo grado de consenso.

Lo que sí convierte al episodio de 2026 en algo excepcional es la coincidencia de señales: un El Niño que ya supera registros anteriores, océanos sometidos a olas de calor crecientes, continentes calentándose con mayor rapidez y una humanidad envejecida especialmente vulnerable a los extremos térmicos. No se trata solamente de contemplar una nueva marca en un gráfico climático. Se trata de averiguar qué ocurre cuando la variabilidad natural pulsa el acelerador de una Tierra que ya circula mucho más caliente.

© Columbia Climate School

Received — 11 August 2026 ⏭ National Geographic España

Estos modelos de gafas no son seguras para ver el Eclipse

11 August 2026 at 11:27

Un equipo de expertos y las autoridades de Consumo han confirmado que 6 modelos de gafas para observar el eclipse presentan irregularidades capaces de aumentar el riesgo de lesiones oculares. A pocas horas del eclipse solar del 12 de agosto de 2026, varias comunidades autónomas han ordenado retirar o inmovilizar estos productos.

Las marcas afectadas son Lionstar, ECP Eye Care Professional, Pelispan, Homanaje, Orro y Opticalia. La alerta difundida por FACUA resulta especialmente llamativa porque el defecto detectado no consiste simplemente en unas lentes demasiado claras: los filtros analizados presentan una transmitancia por debajo del mínimo establecido y resultan excesivamente oscuros. El usuario puede no encontrar el disco solar y sentir la tentación de apartar las gafas durante unos instantes. 

Y ahí reside el verdadero peligro. Un gesto aparentemente trivial (subirse las gafas a la frente, ladearlas o retirarlas para localizar el Sol) puede dejar la retina directamente expuesta a una radiación de enorme intensidad. La literatura médica lleva décadas documentando la denominada retinopatía solar o retinopatía por eclipse, una lesión que afecta especialmente a las estructuras centrales de la retina.

Las 6 gafas señaladas por Consumo: comprueba si tienes alguna

Las alertas han sido emitidas por organismos de Consumo de Madrid, Castilla y León, Galicia, La Rioja y Aragón. Las retiradas se han producido entre finales de julio y los primeros días de agosto de 2026, justo antes de uno de los acontecimientos astronómicos más esperados de los últimos años en España.

Entre los productos identificados se encuentra Lionstar, modelo LSP1, incorporado el 5 de agosto a la red de alerta de productos no alimentarios peligrosos por la Comunidad de Madrid. La actuación contempla la prohibición de comercialización y la inmovilización de las unidades localizadas.

También aparecen las gafas ECP Eye Care Professional, cuya retirada y prohibición de comercialización fue comunicada desde Castilla y León; y las gafas Pelispan, cuya alerta fue incorporada el 29 de julio por las autoridades gallegas.

Galicia notificó igualmente las gafas Homanaje, modelo QW-50Z1. La Rioja, por su parte, señaló las Orro O37-R, lote 2603-01, fabricadas en marzo de 2026. Finalmente, Aragón incluyó en la alerta unas gafas de Opticalia, identificadas en otras comunicaciones como modelo GP0247. 

Hay un detalle que hace especialmente importante revisar las gafas antes del eclipse: algunas de ellas podían presentarse al consumidor con referencias al marcado CE o a la norma ISO para filtros solares. La existencia de esas indicaciones no debería utilizarse, por sí sola, como prueba absoluta de que una unidad concreta es segura si las autoridades han ordenado su retirada.

FACUA ha advertido además de que las irregularidades encontradas podrían aparecer en otros productos comercializados o incluso regalados durante los últimos meses. Por eso, más allá de memorizar seis nombres, la recomendación esencial consiste en comprobar el origen y estado de las gafas y atender las alertas oficiales. 

Por qué unas gafas “demasiado oscuras” también pueden resultar peligrosas

Puede parecer contradictorio. Si el Sol es peligrosamente brillante, ¿por qué un filtro excesivamente oscuro supone un problema? La respuesta está en el comportamiento que puede provocar en quien lo utiliza.

Según las notificaciones de Consumo recogidas por FACUA, con estos filtros el usuario puede encontrarse ante una oscuridad prácticamente total y ser incapaz de localizar el disco solar. La reacción previsible es intentar encontrar primero el Sol sin las gafas y colocárselas inmediatamente después. Ese pequeño intervalo es precisamente lo que debe evitarse.

La retina no dispone de un “interruptor” capaz de protegerla cuando dirigimos la mirada hacia una fuente tan intensa. La radiación se concentra sobre una zona extraordinariamente pequeña y delicada. 

Lo inquietante es que la lesión no tiene por qué producir una señal de alarma inmediata comparable a una quemadura en la piel. Después de una exposición pueden aparecer pérdida o alteración de visión central, manchas en el campo visual, fotofobia o deformación de las imágenes.

La evidencia clínica muestra por qué conviene tomárselo en serio. Un estudio de cuatro jóvenes de entre 14 y 29 años que observaron un eclipse sin protección adecuada encontró lesiones compatibles con retinopatía solar mediante tomografía de coherencia óptica. Aunque varios pacientes mejoraron, uno mantuvo una afectación visual importante.

Otro trabajo publicado en 2024 siguió mediante técnicas avanzadas de imagen a personas expuestas a un eclipse sin protección y encontró alteraciones en capas externas de la retina que, en determinados casos, persistían meses después. 

Cómo saber qué gafas utilizar durante el eclipse del 12 de agosto

La regla más importante es sencilla: unas gafas de sol normales no sirven, por muy oscuras que sean. La NASA recuerda que los visores solares adecuados son miles de veces más oscuros que unas gafas convencionales y deben cumplir los requisitos del estándar internacional ISO 12312-2 para la observación directa del Sol. 

Antes de utilizarlas conviene inspeccionar cuidadosamente el filtro. Si presenta arañazos, perforaciones, roturas o cualquier deterioro, las gafas deben descartarse. Tampoco hay que probar su eficacia mirando directamente al Sol. NASA recomienda comprobar previamente su estado y seguir estrictamente las instrucciones del fabricante.

Existe además otra precaución crucial. No hay que mirar al Sol con prismáticos, telescopios o cámaras simplemente llevando puestas las gafas de eclipse. Estos instrumentos concentran la radiación y requieren filtros solares específicos colocados en la parte frontal del sistema óptico. 

Durante las fases parciales del eclipse del 12 de agosto de 2026, la protección debe mantenerse siempre que cualquier parte brillante del Sol continúe visible. Solo quienes se encuentren dentro de la franja de totalidad pueden observarlo sin filtro durante el breve intervalo en el que la Luna cubre completamente la superficie solar; en cuanto reaparece el primer fragmento brillante, la protección vuelve a ser imprescindible.

Y si existe cualquier duda sobre las gafas disponibles, queda una alternativa completamente distinta: no mirar directamente al Sol. Los sistemas de proyección indirecta, como un proyector estenopeico, permiten seguir las fases del eclipse proyectando la imagen solar sobre una superficie. NASA recomienda expresamente este procedimiento cuando no se dispone de un visor adecuado. 

© NASA/Bill Ingalls

AEMET actualiza a 2 días del eclipse su predicción: estas zonas de España podrían quedarse sin verlo por las nubes

10 August 2026 at 14:00

gran parte de España llegará al eclipse total de Sol del 12 de agosto con cielos poco nubosos o despejados, pero AEMET acaba de señalar varias zonas donde las nubes podrían arruinar el espectáculo. La nueva predicción especial, publicada este lunes 10 de agosto, concentra los principales problemas en el Cantábrico, norte de Galicia y algunas regiones montañosas del este peninsular.

La situación es favorable cuando apenas quedan 2 días para el eclipse, pero todavía existe un elemento capaz de cambiarlo todo. AEMET advierte de posibles tormentas en Pirineos orientales, la Ibérica de Teruel, el este de Castilla-La Mancha y los Sistemas Béticos orientales. Y existe otra dificultad: durante el eclipse, el Sol estará extraordinariamente bajo sobre el horizonte.

Esto significa que no bastará con tener un cielo azul encima de nuestras cabezas. Una nube situada a bastantes kilómetros hacia el oeste o ligeramente al norte del observador podría interponerse entre nuestros ojos y un Sol que estará prácticamente hundiéndose en el horizonte.

AEMET señala las zonas donde las nubes pueden convertirse en protagonistas

La nueva predicción especial de AEMET, elaborada este 10 de agosto, mantiene un escenario de estabilidad atmosférica en la mayor parte de España. Los cielos poco nubosos o despejados serán los grandes protagonistas, una noticia excelente para los millones de personas que pretenden observar el eclipse.

Sin embargo, el mapa meteorológico tiene varias excepciones. AEMET espera cielos nubosos en el área cantábrica y en zonas de los litorales gallego y de Alborán. Al final de la tarde, alrededor del momento del eclipse, las nubes bajas serán especialmente importantes en el Cantábrico y norte de Galicia, sobre todo cerca de la costa.

La situación será diferente en el este. Durante la tarde crecerán nubes de evolución en el tercio oriental peninsular, las montañas del norte y determinadas zonas de Andalucía oriental. Algunas podrían terminar convirtiéndose en chubascos o tormentas.

Y aquí aparece una de las principales novedades de la predicción. AEMET identifica 4 grandes áreas donde esos chubascos o tormentas resultan más probables: Pirineos orientales, Ibérica de Teruel, este de Castilla-La Mancha y Sistemas Béticos orientales.

Para los observadores situados en estas regiones, por tanto, las horas inmediatamente anteriores al eclipse serán decisivas. Pero hay un detalle todavía más desconcertante: una localidad despejada puede quedarse sin eclipse por culpa de una nube situada a kilómetros de distancia.

La explicación está en la geometría del fenómeno. AEMET recuerda que la elevación solar será muy reducida en ese momento. Por ello, las nubes capaces de tapar el eclipse estarán situadas principalmente al oeste y ligeramente al norte del punto de observación, incluso aunque se encuentren bastante lejos.

Las nubes altas procedentes de África que penetrarán por algunas regiones orientales preocupan menos. La propia agencia explica que las nubes altas permiten observar el eclipse en la mayoría de los casos. El auténtico enemigo serán las capas bajas y suficientemente densas como para ocultar un Sol pegado al horizonte.

Más de 40 ºC y otro riesgo inesperado durante el eclipse

Las nubes no serán el único factor meteorológico a tener en cuenta el miércoles. España observará el eclipse en medio de temperaturas excepcionalmente elevadas, con valores superiores a 35 ºC en gran parte de los interiores de la Península y Baleares.

El calor será todavía más intenso en algunos grandes valles. AEMET prevé que puedan superarse los 40 ºC en los valles del Guadalquivir y del Ebro, además de hacerlo localmente en otros valles atlánticos del suroeste.

Afortunadamente, el eclipse llegará al final de la tarde. Para entonces, la temperatura debería haber descendido entre 2 y 5 ºC respecto a las máximas alcanzadas durante el día.

También habrá calima. AEMET espera una ligera presencia de polvo en suspensión en el mar de Alborán, extremo sur de Andalucía, Lanzarote y Fuerteventura, circunstancia que podría reducir algo la visibilidad.

Pero la actualización introduce además un riesgo que trasciende la propia observación astronómica. El Índice de Peligro de Incendios Forestales alcanzará niveles Muy Alto o Extremo en buena parte de la Península y Baleares el mismo 12 de agosto.

La advertencia resulta especialmente relevante porque miles de personas se desplazarán hacia campos, montañas, miradores y zonas rurales buscando un horizonte occidental despejado. AEMET pide expresamente extremar las precauciones durante las salidas al campo y la montaña para evitar incendios.

Y es precisamente ahí donde aparece una de las paradojas de este eclipse: los lugares aparentemente perfectos para contemplarlo pueden ser también algunos de los más vulnerables al fuego.

En Canarias el escenario será diferente. Habrá intervalos de nubes bajas en las vertientes septentrionales de las islas con mayor relieve y cielos despejados en el resto, mientras el alisio podrá soplar con fuerza e incluso dejar rachas muy fuertes en zonas expuestas.

El Sol estará tan bajo que elegir bien el horizonte será decisivo

La meteorología importa especialmente en este eclipse por una circunstancia astronómica extraordinaria. El fenómeno se producirá al final de la tarde del 12 de agosto, cuando el Sol estará descendiendo rápidamente hacia el horizonte occidental.

La franja de totalidad atravesará una extensa porción de España de oeste a este. Ciudades y territorios del norte y este peninsular, además de Baleares, experimentarán durante unos instantes la desaparición completa del disco solar.

Pero cuanto más hacia el este se encuentre el observador, menor será la altura del Sol durante la totalidad. Eso convierte el horizonte en una pieza esencial de la experiencia.

AEMET proporciona ahora predicciones específicas de nubosidad baja, media y alta para las 20:00, aproximadamente media hora antes del máximo. Las zonas con una probabilidad elevada de cielos despejados parten con una ventaja enorme, pero la agencia insiste en que el mapa debe interpretarse mirando también qué ocurre hacia el oeste del observador.

Una montaña lejana, un edificio, una línea de árboles o un banco de estratos pueden ser suficientes. El mejor lugar no será necesariamente el que tenga menos nubes encima, sino aquel que conserve limpio el horizonte por donde descenderá el Sol.

Por eso, cuando falten pocas horas, los modelos meteorológicos de muy corto plazo y las imágenes de satélite adquirirán un protagonismo enorme. La previsión publicada este lunes ofrece una fotografía muy favorable del escenario general, pero pequeñas variaciones locales pueden decidir quién contempla la corona solar y quién termina viendo solamente un cielo gris.

También será imprescindible proteger los ojos. Durante todas las fases parciales deben utilizarse filtros específicamente homologados para la observación solar. Las gafas de sol convencionales no sirven. Solo durante la breve fase de totalidad puede contemplarse directamente el fenómeno sin el filtro; cuando reaparezca cualquier porción de la superficie solar, será necesario volver a protegerse inmediatamente.

A 2 días del eclipse, por tanto, España parece tener al cielo de su parte, aunque no todos los territorios parten con las mismas posibilidades. Cantábrico y norte de Galicia deberán vigilar especialmente las nubes bajas; el este peninsular, la evolución de las tormentas; y prácticamente todo el país tendrá que enfrentarse al calor y a un peligro de incendios considerable.

El miércoles, cuando la sombra de la Luna comience a recorrer España, millones de personas mirarán hacia un mismo punto del horizonte. Será un encuentro de apenas unos minutos entre astronomía, meteorología y azar.

Y después de meses de preparativos, viajes y cálculos, todo dependerá de algo extraordinariamente pequeño: que ninguna nube decida ocupar, precisamente entonces, esos pocos grados de cielo donde el Sol desaparecerá.

© NASA

Received — 9 August 2026 ⏭ National Geographic España

Los consejos imprescindibles para ver un eclipse solar sin riesgos

7 August 2026 at 14:00

Un equipo de expertos en astronomía y salud ocular coincide en que mirar un eclipse solar sin la protección adecuada puede causar lesiones irreversibles en la retina en apenas unos segundos. La buena noticia es que disfrutar de este fenómeno es completamente seguro cuando se utilizan gafas homologadas y se respetan unas recomendaciones básicas respaldadas por organismos como la NASA y la American Astronomical Society.

Cada eclipse convierte el cielo en un escenario extraordinario. La Luna parece detener el tiempo al ocultar el Sol, pero ese instante de fascinación también exige prudencia. La diferencia entre vivir una experiencia inolvidable y sufrir un daño ocular permanente puede depender de un gesto tan sencillo como ponerse unas gafas certificadas antes de levantar la vista.

Las gafas homologadas son la mejor protección frente al Sol

La regla más importante es utilizar exclusivamente gafas para eclipses que cumplan la norma internacional ISO 12312-2. Estos filtros especiales reducen la intensidad de la luz solar en más de cien mil veces y bloquean la radiación visible, ultravioleta e infrarroja, permitiendo contemplar el eclipse sin poner en riesgo la retina.

En cambio, las gafas de sol convencionalesno ofrecen ninguna protección suficiente, por muy oscuras que parezcan. Tampoco sirven las radiografías antiguas, los cristales ahumados, los negativos fotográficos, los CD, los DVD o cualquier otro método casero que todavía circula por internet. La NASA y la American Astronomical Society advierten expresamente de que ninguno de estos sistemas evita lesiones oculares.

Pero hay un detalle que muchos pasan por alto. Las gafas también deben encontrarse en perfecto estado. Si presentan arañazos, perforaciones, roturas o cualquier deterioro en el filtro, es mejor sustituirlas. Además, los especialistas recomiendan adquirirlas únicamente a fabricantes o distribuidores de confianza, ya que durante los grandes eclipses suelen aparecer imitaciones que anuncian falsamente el cumplimiento de la normativa ISO.

El momento de mirar al Sol también importa más de lo que parece

No basta con llevar las gafas: también es fundamental utilizarlas correctamente. Los expertos aconsejan colocárselas antes de dirigir la vista hacia el Sol. Solo entonces debe levantarse la cabeza para comenzar la observación. Al terminar, el procedimiento también tiene su importancia. Primero hay que apartar la mirada del Sol y solo después retirarse las gafas. Aunque parezca un detalle menor, esta sencilla secuencia evita exposiciones accidentales de la retina.

Otro de los errores más frecuentes afecta a quienes utilizan prismáticos, telescopios o cámaras fotográficas. Las gafas para eclipses nunca deben combinarse con estos instrumentos. Sus lentes concentran una enorme cantidad de energía solar que puede destruir el filtro casi al instante.

Si se desea ampliar la imagen o fotografiar el eclipse, resulta imprescindible instalar un filtro solar específico en la parte frontal del telescopio o del objetivo fotográfico. Colocarlo detrás del ocular no proporciona una protección segura y puede resultar extremadamente peligroso.

No todos los eclipses permiten quitarse las gafas

Existe una diferencia fundamental entre los distintos tipos de eclipse. Durante un eclipse parcial y durante un eclipse anular nunca es seguro mirar directamente al Sol sin protección. Aunque el popular "anillo de fuego" sea uno de los espectáculos más llamativos del firmamento, una parte del disco solar permanece siempre visible y continúa emitiendo una radiación intensa.

Solo existe una excepción muy concreta. Únicamente durante la fase de totalidad de un eclipse total de Sol, y solo para quienes se encuentran dentro de la estrecha franja donde la Luna cubre completamente el Sol, puede retirarse la protección durante unos minutos para contemplar la corona solar.

Pero incluso entonces hay que permanecer atento. En cuanto aparece el primer destello de luz conocido como "anillo de diamante", las gafas deben volver a colocarse inmediatamente. Bastan unos pocos kilómetros fuera de esa franja de totalidad para que mirar directamente al Sol vuelva a ser peligroso durante todo el fenómeno.

Si no se dispones de gafas homologadas, todavía existe una alternativa completamente segura. La observación indirecta mediante una cámara estenopeica permite seguir el eclipse sin mirar nunca al Sol. Incluso un colador de cocina o los pequeños espacios entre las hojas de un árbol proyectan decenas de diminutas imágenes del Sol eclipsado sobre el suelo, ofreciendo un espectáculo tan curioso como inocuo.

Conviene recordar un último aspecto que suele sorprender incluso a quienes conocen estos fenómenos. El daño en la retina no produce dolor inmediato porque este tejido carece de receptores del dolor. Muchas personas descubren horas después que han sufrido una lesión al notar visión borrosa, manchas oscuras o dificultades para distinguir los detalles. En algunos casos, esas secuelas pueden resultar permanentes.

Como ocurre con los grandes espectáculos de la naturaleza, la emoción no está reñida con la prudencia. Un eclipse solar sigue siendo uno de los fenómenos más sobrecogedores que pueden contemplarse desde la Tierra, y precisamente por eso merece disfrutarse con todas las garantías. 

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Received — 2 August 2026 ⏭ National Geographic España

El eclipse más largo no será el de 2026: 6 minutos de oscuridad y un espectáculo irrepetible

31 July 2026 at 09:00

El eclipse total de Sol del 2 de agosto de 2027 alcanzará una duración máxima de 6 minutos y 23 segundos en Egipto, convirtiéndose en uno de los eclipses más largos del siglo XXI, aunque no será el de mayor duración. En España, la franja de totalidad atravesará el estrecho de Gibraltar y permitirá disfrutar de casi cinco minutos de oscuridad en algunos puntos, un acontecimiento excepcional que no volverá a repetirse en nuestro país hasta 2053.

El fenómeno forma parte de la histórica tríada de eclipses visibles desde España entre 2026 y 2028, una secuencia extraordinariamente infrecuente que situará a nuestro país como uno de los mejores lugares del mundo para contemplar estos espectáculos celestes. Tras el eclipse total de 2026, el de 2027 promete ofrecer condiciones aún más espectaculares en el sur peninsular.

Un eclipse excepcional... pero no el más largo del siglo

Durante meses ha circulado la idea de que el eclipse de 2027 será el más largo entre los años 2001 y 3000, pero esa afirmación no es correcta. Con una duración máxima de 6 minutos y 23 segundos, sí se sitúa entre los más prolongados de las próximas décadas, pero será superado ampliamente por el eclipse total del 16 de julio de 2186, cuya totalidad alcanzará 7 minutos y 29 segundos, según la NASA.

Aun así, el eclipse de 2027 reúne una combinación difícil de igualar: una larga duración, una trayectoria que atraviesa zonas densamente pobladas y unas excelentes condiciones de observación. La totalidad comenzará sobre el océano Atlántico, cruzará el estrecho de Gibraltar, recorrerá el norte de África, atravesará el mar Rojo y continuará por Arabia Saudí, Yemen y el océano Índico.

Pero hay un detalle que lo hace especialmente atractivo para Europa: la totalidad únicamente será visible desde España dentro del continente europeo. El resto de Europa únicamente contemplará un eclipse parcial, mientras que la sombra completa se desplazará rápidamente hacia África y Oriente Medio.

España vivirá uno de los mayores espectáculos astronómicos del siglo

La franja de totalidad recorrerá Ceuta, Melilla, casi toda la provincia de Cádiz, buena parte de Málaga y las zonas más meridionales de Granada y Almería. El fenómeno se producirá durante la mañana, alrededor de las 10:50 (hora peninsular española), cuando el Sol ya estará suficientemente alto sobre el horizonte para facilitar su observación.

Ceuta será el lugar privilegiado de España, con 4 minutos y 48 segundos de oscuridad total. Muy cerca quedará Melilla, con 4 minutos y 34 segundos, mientras que Cádiz disfrutará de casi tres minutos y Málaga de aproximadamente un minuto y 48 segundos.

Incluso fuera de la franja de totalidad, el eclipse será espectacular. En cualquier punto de España el Sol quedará oculto al menos en un 70 %, permitiendo contemplar un oscurecimiento muy notable del cielo. En numerosas ciudades será el eclipse parcial más impresionante visible en décadas.

Y existe otro factor que entusiasma a los astrónomos. El eclipse tendrá lugar en pleno verano, una época con mayores probabilidades de cielos despejados en gran parte del país, aumentando las posibilidades de disfrutar del fenómeno.

La histórica tríada de eclipses que no volverá a repetirse en décadas

El eclipse de 2027 no llega solo. Forma parte de una secuencia extraordinaria de tres eclipses solares consecutivos visibles desde España entre 2026 y 2028, un hecho extremadamente poco frecuente desde el punto de vista astronómico.

El primero llegará el 12 de agosto de 2026, con un eclipse total que cruzará el norte peninsular. Apenas un año después llegará el gran eclipse de 2027, y la serie culminará el 26 de enero de 2028 con un eclipse anular visible desde buena parte del territorio español.

No volverá a producirse un eclipse total visible desde España hasta el año 2053, por lo que millones de personas tendrán una oportunidad única para contemplar uno de los fenómenos naturales más impresionantes que existen.

Más allá del espectáculo visual, los eclipses totales siguen siendo eventos de enorme interés científico. Durante los pocos minutos en que la Luna cubre completamente el disco solar, los investigadores pueden estudiar con mayor detalle la corona del Sol, las eyecciones de masa coronal y otros procesos fundamentales de la física solar.

© NASA/Keegan Barber

El hallazgo que confirma, tras años de búsqueda, que esta famosa estrella no está sola

30 July 2026 at 13:00

Un equipo de astrónomos ha confirmado la evidencia más sólida hasta la fecha de que Betelgeuse, una de las estrellas más brillantes y conocidas del cielo nocturno, está acompañada por otra estrella. La imagen, obtenida con el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO), pone fin a casi un siglo de búsqueda de una compañera capaz de explicar parte del extraño comportamiento de esta supergigante roja.

El hallazgo ha sorprendido incluso a quienes lo protagonizaron. "Salté de mi silla cuando vi las imágenes procesadas", recuerda Miguel Montargès, investigador del Observatorio de París y autor principal del estudio publicado en Astronomy & Astrophysics. Lo que durante décadas fue una hipótesis cuenta ahora con la mejor evidencia obtenida hasta el momento.

Betelgeuse, situada en la constelación de Orión, es una de las estrellas más observadas de la historia. Visible a simple vista y famosa por sus cambios de brillo, ha sido objeto de innumerables investigaciones. Sin embargo, desde hace aproximadamente cien años algunos astrónomos sospechaban que esos cambios podían deberse, al menos en parte, a la presencia de una compañera muy cercana.

Durante décadas nadie consiguió verla. El enorme brillo y tamaño de Betelgeuse ocultaban cualquier objeto que orbitara a su alrededor. Todo cambió gracias a dos estudios publicados en 2024, que calcularon que diciembre de ese año sería el momento ideal para intentar localizarla, ya que la separación aparente entre ambas estrellas alcanzaría un máximo favorable para las observaciones.

El equipo de Montargès aprovechó esa ventana excepcional utilizando el instrumento SPHERE del VLT, instalado en el desierto chileno de Atacama. Tras meses de un complejo procesamiento de imágenes, apareció finalmente un tenue punto luminoso donde las predicciones indicaban que debía encontrarse Betelgeuse B.

La imagen que cambia lo que sabíamos sobre Betelgeuse

El descubrimiento no solo confirma la existencia de la compañera: también revela que es mucho más masiva de lo esperado. Los modelos anteriores sugerían una estrella similar al Sol, pero las nuevas observaciones indican que podría tener entre dos y tres masas solares. "Sinceramente, pensé que no teníamos la sensibilidad suficiente para detectarla", explica Montargès. El resultado fue tan inesperado como emocionante. "Es más masiva de lo que se predijo, por eso podemos verla".

La detección se logró captando directamente la luz emitida por la propia estrella, un reto extraordinario teniendo en cuenta que Betelgeuse es miles de veces más brillante. Las técnicas de procesado desarrolladas originalmente para buscar exoplanetas han resultado decisivas para distinguir a la compañera entre el resplandor de la supergigante. Anthony Boccaletti, también investigador del Observatorio de París, destaca que el instrumento SPHERE demuestra así una versatilidad extraordinaria, al permitir descubrir objetos extremadamente difíciles de observar incluso alrededor de algunas de las estrellas más estudiadas del firmamento.

Qué significa este hallazgo

Hace apenas unos años Betelgeuse protagonizó titulares en todo el mundo cuando sufrió una espectacular disminución de brillo. Muchos llegaron a especular con la posibilidad de que estuviera a punto de explotar como supernova. Las investigaciones posteriores demostraron que aquella pérdida de luminosidad se debía a una enorme nube de polvo expulsada por la propia estrella, descartando una explosión inminente. Sin embargo, el descubrimiento de Betelgeuse B abre ahora nuevas preguntas mucho más profundas.

Los astrónomos quieren averiguar hasta qué punto esta compañera influye en la evolución de la supergigante roja y si modificará la futura explosión que, dentro de decenas o cientos de miles de años, convertirá a Betelgeuse en una espectacular supernova visible desde la Tierra. Aunque el equipo desea obtener una nueva observación dentro de aproximadamente un año para confirmar definitivamente la órbita de la compañera, Montargès reconoce que "queda muy poco espacio para la duda".

Como sucede a menudo en la ciencia, el mayor descubrimiento no consiste únicamente en responder una pregunta centenaria, sino en abrir muchas otras. Allí donde parecía que apenas quedaban secretos por descubrir en una de las estrellas más famosas del firmamento, una diminuta compañera ha demostrado que el universo aún guarda sorpresas capaces de hacer saltar de la silla incluso a quienes dedican su vida a observar el cielo.

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Received — 25 July 2026 ⏭ National Geographic España

España despliega todos sus recursos ante los incendios

24 July 2026 at 10:48

Un equipo de emergencias mantiene desplegados cientos de efectivos para combatir tres grandes incendios que han obligado a evacuar a más de 11.500 personas y han llevado al Gobierno a declarar la emergencia de interés nacional en la Comunidad de Madrid y la provincia de Ávila. La prioridad sigue siendo proteger a la población mientras varios focos permanecen sin estabilizar y las previsiones meteorológicas amenazan con complicar aún más la situación.

España vive una de las jornadas más críticas de la campaña de incendios de este verano. A la magnitud de los fuegos se suma la coincidencia de varios frentes activos en Madrid, Castilla-La Mancha y Castilla y León, un escenario excepcional que ha obligado a coordinar todos los recursos disponibles bajo la dirección del Estado tras la activación del nivel máximo de emergencia.

Los incendios que mantienen en vilo al centro de España

El foco de mayor preocupación se concentra en el eje formado por Villa del Prado, San Martín de Valdeiglesias y Burgohondo, aunque el incendio originado en Almorox (Toledo) también continúa teniendo consecuencias sobre territorio madrileño. La simultaneidad de estos fuegos ha obligado a movilizar un dispositivo sin precedentes en la zona.

Durante toda la noche, los equipos de extinción han trabajado para contener el avance de las llamas, pero ninguno de los principales incendios madrileños ha podido darse todavía por perimetrado o estabilizado. Aunque el descenso de las temperaturas ha permitido ralentizar parcialmente su avance, el viento previsto para las próximas horas sigue siendo uno de los principales enemigos de los servicios de emergencia.

El incendio iniciado días antes en Almorox había arrasado ya alrededor de 890 hectáreas, de las cuales unas 600 corresponden a la Comunidad de Madrid, antes de entrar en fase de estabilización. Sin embargo, los nuevos focos declarados posteriormente en Villa del Prado y San Martín han elevado notablemente la gravedad del episodio y mantienen la incertidumbre sobre la superficie total afectada, que continúa en evaluación.

Pero hay un detalle que mantiene especialmente alerta a los expertos: la proximidad entre varios frentes aumenta el riesgo de que las llamas puedan interactuar si las condiciones meteorológicas empeoran, dificultando enormemente las labores de extinción.

Más de 11.500 personas evacuadas y cientos de efectivos sobre el terreno

La protección de la población se ha convertido en el objetivo prioritario. Más de 11.500 personas han tenido que abandonar sus viviendas, especialmente en municipios como Villa del Prado, Aldea del Fresno, San Martín de Valdeiglesias y Pelayos de la Presa. En la provincia de Ávila también se han producido evacuaciones y confinamientos preventivos en localidades próximas al incendio de Burgohondo.

El operativo reúne a bomberos de distintas administraciones, agentes forestales, la Unidad Militar de Emergencias (UME), Guardia Civil, Protección Civil y servicios sanitarios, que trabajan de manera coordinada para proteger tanto a los vecinos como a las infraestructuras amenazadas por el fuego.

Durante la noche han permanecido desplegados más de 270 profesionales con alrededor de 40 medios terrestres, además del apoyo de maquinaria pesada y recursos aéreos cuando las condiciones de visibilidad lo permiten. El esfuerzo se centra en evitar que las llamas alcancen nuevas zonas habitadas y en consolidar los perímetros más comprometidos.

Un verano especialmente duro para los incendios forestales

La declaración de emergencia nacional refleja la magnitud de una campaña que está resultando especialmente complicada. La combinación de temperaturas extremas, vegetación muy seca y episodios de viento favorece un comportamiento mucho más agresivo del fuego, dificultando que los equipos puedan controlar rápidamente los distintos focos.

Los especialistas recuerdan que los incendios no solo destruyen masa forestal. También afectan a explotaciones agrícolas, ecosistemas, infraestructuras y calidad del aire, además del enorme impacto social que provocan los desalojos masivos y la incertidumbre entre miles de vecinos.

Las próximas horas serán decisivas. Si las condiciones meteorológicas empeoran, los trabajos de extinción podrían complicarse de nuevo. Por el contrario, una reducción del viento permitiría avanzar en la estabilización de los principales frentes y facilitar el regreso progresivo de parte de la población evacuada.

© Cordon Press

Este fósil de serpiente reescribe lo que sabíamos sobre estos reptiles

23 July 2026 at 13:00

Un equipo de científicos ha confirmado que una serpiente de entre 85 y 75 millones de años poseía un cerebro y unas adaptaciones únicas para vivir bajo tierra, convirtiéndose en la especie más antigua conocida que se separó del linaje principal de las serpientes. El hallazgo, publicado en Nature, podría cambiar profundamente la historia evolutiva de uno de los grupos de vertebrados más enigmáticos del planeta.

El fósil, encontrado en Brasil y conservado de forma extraordinaria, conserva el cráneo y gran parte del cuerpo articulados en tres dimensiones, un nivel de preservación extremadamente raro que ha permitido reconstruir con detalle el cerebro del animal y descubrir características jamás observadas en las primeras serpientes.

Un fósil extraordinario que abre una ventana al origen de las serpientes

Durante décadas, el origen de las serpientes ha sido uno de los grandes interrogantes de la paleontología. Aunque los investigadores sitúan su aparición hace unos 160 millones de años, en pleno Jurásico Medio, todavía existe un intenso debate sobre el ambiente donde evolucionaron por primera vez: ¿surgieron bajo tierra, en ecosistemas terrestres o incluso en ambientes marinos?

El nuevo protagonista de esta historia es Tametara mirim, una especie descubierta en depósitos del Cretácico Superior del sureste de Brasil. Su antigüedad, estimada entre 85 y 75 millones de años, la convierte en el representante más antiguo conocido de una rama temprana del árbol evolutivo de las serpientes.

Pero hay un detalle que ha sorprendido especialmente a los investigadores. Se trata del primer fósil completo de una serpiente articulada descubierto en Brasil y apenas la cuarta especie del Mesozoico encontrada con un grado de conservación semejante. El esqueleto mantiene unidos prácticamente todos sus huesos y conserva intacta la delicada caja craneana, algo excepcional para animales tan pequeños y frágiles.

Según explica Tiago Simões, paleontólogo de la Universidad de Princeton y primer autor del estudio, esa preservación permitió analizar regiones anatómicas imposibles de estudiar en la mayoría de fósiles conocidos. Gracias a técnicas de microtomografía computarizada de alta resolución, el equipo reconstruyó digitalmente el interior del cráneo sin dañar el ejemplar.

El cerebro escondía una pista inesperada sobre su modo de vida

Las imágenes obtenidas mediante escáner revelaron una sorpresa aún mayor. El cerebro de Tametara mirim era muy distinto tanto del de las serpientes actuales como del de otros fósiles conocidos, mostrando una organización neurológica compatible con un estilo de vida completamente subterráneo.

Los hemisferios cerebrales, responsables de gran parte del procesamiento cognitivo, eran proporcionalmente más pequeños que en muchas especies modernas. También destacaba un téctum óptico reducido, la región encargada del procesamiento visual. Este detalle tiene una explicación evolutiva muy lógica. Los animales excavadores dependen mucho menos de la vista que aquellos que viven sobre la superficie, ya que desarrollan otros sentidos más útiles para desplazarse entre túneles oscuros y estrechos. 

Pero el estudio va mucho más allá de describir un cerebro peculiar. Los investigadores comprobaron que las serpientes del Cretácico presentaban una diversidad neuroanatómica mucho mayor de la que se imaginaba hasta ahora. Sus cerebros diferían notablemente entre sí, lo que indica que las primeras serpientes experimentaban estrategias sensoriales muy diversas mientras exploraban distintos ambientes. Este hallazgo rompe la idea tradicional de una evolución uniforme y relativamente simple durante los primeros millones de años del grupo.

La evolución de las serpientes fue mucho más compleja de lo que imaginábamos

Durante años, muchas hipótesis defendían que las primeras serpientes evolucionaron siguiendo una única trayectoria adaptativa, ya fuera asociada a la excavación o a ambientes marinos. Sin embargo, el nuevo estudio dibuja un escenario mucho más dinámico y diverso.

Los datos indican que ya durante el Cretácico coexistían serpientes especializadas en hábitats subterráneos, terrestres y marinos. Es decir, la diversificación ecológica comenzó mucho antes de lo que sugerían los modelos clásicos, permitiendo que distintas especies ocuparan nichos ecológicos muy diferentes de forma simultánea.

Pero todavía queda mucho por descubrir. Los investigadores consideran que este fósil representa solo una pequeña pieza de un rompecabezas mucho mayor. Su siguiente objetivo será combinar información genética de todas las familias actuales de lagartos y serpientes con los nuevos datos neuroanatómicos obtenidos mediante fósiles. La intención es reconstruir cómo surgieron las innovaciones evolutivas que dieron lugar a uno de los grupos de reptiles más exitosos del planeta, conectando los cambios observados en el cerebro con la evolución del genoma a lo largo de millones de años.

© Agustín Martinelli

Received — 18 July 2026 ⏭ National Geographic España

El polvo del Sáhara conquista Europa: la amenaza que crece mientras disminuye la contaminación

17 July 2026 at 16:00

Durante décadas, Europa ha librado una batalla constante contra la contaminación atmosférica. Las emisiones procedentes del tráfico, la industria y la calefacción doméstica han disminuido gracias a normativas cada vez más estrictas, dibujando un horizonte de aire progresivamente más limpio. Pero la atmósfera nunca permanece inmóvil. Mientras una fuente de contaminación retrocede, otra avanza desde miles de kilómetros de distancia.

Ese nuevo protagonista llega desde el mayor desierto cálido del planeta. El polvo sahariano, responsable de las conocidas calimas que tiñen de ocre los cielos europeos, está aumentando de forma sostenida. Lo que hasta hace poco se consideraba un fenómeno natural ocasional comienza a consolidarse como un desafío creciente para la calidad del aire y la salud pública, estrechamente relacionado con un clima que continúa transformándose.

Un desierto cada vez más presente sobre Europa

Una investigación internacional liderada por el Instituto Paul Scherrer (Suiza), con participación del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC), ha reconstruido la evolución del polvo desértico en Europa a partir de los datos de más de cien estaciones de medida distribuidas por todo el continente. Los resultados, publicados en Nature, muestran que la concentración de polvo procedente de los desiertos africanos ha aumentado entre un 10 y un 25 % durante la última década.

Los investigadores estiman que la concentración media alcanza 5,3 microgramos por metro cúbico (µg/m³) en el sur de Europa, mientras que en episodios especialmente intensos estas cifras llegan a ser más del doble que las registradas en el centro y norte del continente. La península ibérica constituye una de las regiones más expuestas por su proximidad al norte de África.

Según explica Xavier Querol, investigador del IDAEA-CSIC y coautor del estudio, España experimenta intrusiones de aire africano durante aproximadamente un tercio del año, una frecuencia suficiente para que en numerosos episodios se superen los límites diarios recomendados para las partículas en suspensión.

Los científicos atribuyen este incremento a una combinación de factores. Por un lado, la modificación de la circulación atmosférica favorece la llegada de masas de aire africanas hacia Europa. Por otro, la creciente aridez observada en algunas regiones del norte de África facilita que enormes cantidades de sedimentos sean levantadas por el viento y transportadas a través del Mediterráneo. Todo ello encaja con las proyecciones climáticas que relacionan el calentamiento global con la expansión de las zonas desérticas y el aumento de las sequías.

España, en la primera línea de la calima

Aunque el fenómeno afecta a buena parte del continente, España soporta una de las mayores exposiciones de Europa. Canarias encabeza la clasificación: alrededor del 40 % de los días del año registra episodios de polvo africano. En el sur peninsular la frecuencia ronda el 35 %, mientras que en el noreste alcanza aproximadamente entre el 25 y el 30 %.

La explicación reside en la meteorología. Habitualmente, los vientos alisios transportan el polvo hacia el Atlántico y el Caribe. Sin embargo, determinadas configuraciones atmosféricas (como la presencia de un anticiclón sobre el norte de África o una borrasca próxima al cabo de San Vicente) desvían esas masas de aire directamente hacia la península Ibérica.

En los episodios más extremos, las cifras alcanzan valores extraordinarios. La normativa europea recomienda no superar los 50 µg/m³ diarios de partículas PM10, pero durante algunas intrusiones se han medido concentraciones cercanas a 3.000 µg/m³ en Almería y superiores a 1.000 µg/m³ en zonas del centro peninsular, valores decenas de veces superiores al umbral recomendado.

Lejos de tratarse únicamente de un fenómeno visual, estas nubes minerales alteran la composición del aire durante varios días y pueden afectar de forma significativa a la visibilidad, el transporte y las actividades al aire libre.

Un desafío creciente para la salud pública

El incremento del polvo sahariano plantea una paradoja ambiental. Europa está reduciendo con éxito las emisiones generadas por la actividad humana, pero una fuente natural de partículas amenaza con compensar parte de esos avances.

Además, el polvo no siempre viaja solo. Durante su recorrido puede incorporar contaminantes industriales emitidos en regiones del norte de África, donde las normativas ambientales son, en algunos casos, menos estrictas que las europeas. Esta mezcla incrementa el interés científico por comprender mejor los efectos reales de estas intrusiones.

Las consecuencias sobre la salud ya habían sido observadas hace años. Un estudio desarrollado por investigadores del IDAEA-CSIC y del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) encontró que la mortalidad aumenta durante los episodios de polvo africano en comparación con los días sin estas intrusiones, especialmente entre personas con enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Aunque el origen del polvo sea natural, su creciente frecuencia y la influencia del cambio climático convierten este fenómeno en un problema sanitario cada vez más relevante.

Para reducir sus efectos, los investigadores proponen extender a toda Europa sistemas de alerta temprana similares a los ya existentes para los episodios de contaminación urbana. En España, el IDAEA-CSIC y el CIEMAT mantienen desde 2001 un sistema de predicción que avisa con 24 horas de antelación a redes de calidad del aire, hospitales y servicios sanitarios, permitiendo que los colectivos más vulnerables puedan adoptar medidas preventivas antes de la llegada de una nueva calima.

En un continente donde el aire parecía encaminarse hacia una recuperación progresiva, el desierto recuerda que las fronteras atmosféricas apenas existen. Cada grano de arena transportado por el viento narra una historia de cambios climáticos, circulación global y paisajes que evolucionan. Comprender esa historia será esencial para proteger la salud de millones de europeos en un futuro donde el cielo, cada vez con mayor frecuencia, podría adquirir el inconfundible color del Sáhara.

© Cordon Press

Received — 16 July 2026 ⏭ National Geographic España

La roca espacial que atravesó un tejado podría revelar el origen de la vida

16 July 2026 at 12:00

Un equipo de científicos ha confirmado que el meteorito que impactó contra una vivienda de Nueva Jersey contiene restos de antiguas salmueras ricas en sales y una extraordinaria diversidad de moléculas orgánicas, una combinación que podría arrojar nuevas pistas sobre el origen de la vida en la Tierra. El hallazgo, publicado en Science Advances, convierte a este fragmento de roca espacial en uno de los meteoritos más valiosos jamás recuperados tras una caída observada.

Lo más extraordinario es que el meteorito fue recogido apenas unos minutos después del impacto, evitando que la humedad, el oxígeno o la contaminación terrestre alteraran sus minerales y compuestos químicos. Gracias a esa rápida actuación, los investigadores han podido estudiar prácticamente intacto un fragmento de un antiguo asteroide que conserva información de hace más de 4.500 millones de años.

Un viaje de millones de kilómetros que terminó en el dormitorio de una casa

El 16 de julio de 2024, una brillante bola de fuego cruzó el cielo sobre Nueva York a unos 14,4 kilómetros por segundo, equivalente a más de 51.000 kilómetros por hora. El fenómeno fue acompañado por un potente estampido sónico que fue percibido por decenas de personas en varios estados del noreste de Estados Unidos.

Las cámaras de vigilancia y los registros de radar permitieron reconstruir su trayectoria hasta el cinturón principal de asteroides. Durante la entrada atmosférica, la roca se fragmentó violentamente y uno de los mayores fragmentos, de algo más de un kilogramo, perforó el tejado de una vivienda en Hillsborough, Nueva Jersey.

El propietario describió un fuerte olor parecido al azufre y encontró el dormitorio cubierto por polvo negro y pequeños fragmentos del meteorito. Lejos de manipularlos directamente, utilizó guantes desechables, papel de aluminio y recipientes de vidrio para conservarlos, una decisión que resultó fundamental para preservar su enorme valor científico.

Pero había un detalle que nadie esperaba encontrar. Los análisis mineralógicos revelaron que se trataba de una rara condrita carbonácea CM1/2, una categoría extremadamente escasa. De hecho, solo es el segundo meteorito de este tipo cuya caída ha sido observada y recuperada en condiciones casi perfectas, lo que ofrece una oportunidad excepcional para estudiar los materiales más primitivos del Sistema Solar.

Las huellas de antiguas salmueras escondidas en un asteroide

Al examinar el interior del meteorito, los investigadores identificaron pequeños fragmentos extraordinariamente ricos en sales minerales. Estas sales son la prueba de que, hace miles de millones de años, existieron líquidos muy concentrados en el interior del asteroide del que procedía la roca. Según los autores, el agua líquida se evaporó lentamente cerca de la superficie del cuerpo progenitor, dejando depósitos salinos similares a las salmueras que hoy existen en algunos ambientes extremos de la Tierra.

Este resultado acerca al meteorito de Hillsborough a los materiales recuperados recientemente por las misiones Hayabusa2, de la agencia espacial japonesa, y OSIRIS-REx, de la NASA, que trajeron muestras de los asteroides Ryugu y Bennu con evidencias similares de alteración por agua salada. ¿Por qué resulta tan importante este descubrimiento?

Porque las salmueras representan auténticos laboratorios químicos naturales. Las altas concentraciones de sales favorecen reacciones entre minerales y moléculas orgánicas, además de mantener elementos esenciales como el fósforo disueltos durante largos periodos. En otras palabras, ofrecen un entorno ideal para producir compuestos cada vez más complejos.

Moléculas que pudieron sembrar la Tierra primitiva

Los investigadores también identificaron una notable colección de compuestos orgánicos solubles, entre ellos aminoácidos, ácidos carboxílicos y otras moléculas consideradas fundamentales en la química prebiótica.

Los análisis isotópicos de carbono y nitrógeno confirman que estos compuestos son característicos de las condritas carbonáceas primitivas, reforzando la hipótesis de que meteoritos como este pudieron transportar ingredientes esenciales para la aparición de la vida cuando bombardeaban la Tierra hace más de 4.000 millones de años.

Otro de los resultados más llamativos fue la detección de compuestos organometálicos con magnesio. Aunque los científicos aún investigan su origen exacto, creen que podrían haberse formado mediante reacciones químicas impulsadas por aquellas antiguas salmueras presentes en el asteroide.

La distribución de los aminoácidos indica además que muchas de estas moléculas no se originaron durante el impacto sobre la Tierra, sino dentro del propio asteroide, donde el agua y los minerales actuaron durante millones de años como un gigantesco reactor químico natural.

Cada nuevo análisis de este meteorito ofrece una ventana única al pasado del Sistema Solar. Más que una simple roca caída del espacio, representa un archivo geológico casi intacto de los procesos que ocurrieron cuando los planetas aún estaban formándose.

© Seti Institute

La Vía Láctea esconde un azúcar clave para el origen de la vida

15 July 2026 at 16:02

Un equipo de científicos ha confirmado que la eritrulosa, un azúcar de cuatro átomos de carbono presente en alimentos como las frambuesas, existe también en una gigantesca nube molecular situada cerca del centro de la Vía Láctea. Es la primera vez que un azúcar es detectado en el medio interestelar, un hallazgo que refuerza la idea de que algunos de los ingredientes fundamentales para la vida podrían ser mucho más comunes en el universo de lo que se pensaba.

La molécula fue identificada en la nube molecular G+0.693−0.027, situada a unos 26.000 años luz de la Tierra, gracias a observaciones realizadas con los radiotelescopios españoles Yebes de 40 metros e IRAM de 30 metros. Los resultados, publicados en Nature Astronomy, sugieren que la química necesaria para fabricar moléculas biológicas complejas puede desarrollarse incluso antes de la formación de estrellas y planetas.

Un azúcar inesperado en uno de los lugares más extremos de la galaxia

Durante décadas, la búsqueda de vida fuera de la Tierra ha estado dominada por dos protagonistas: el agua y el carbono. Sin embargo, este descubrimiento recuerda que los azúcares también son piezas imprescindibles del rompecabezas biológico. Sin ellos no existirían muchas de las moléculas responsables del almacenamiento de energía, la estructura celular o el material genético.

La eritrulosa pertenece a la familia de las cetosas y contiene cuatro átomos de carbono. En nuestro planeta puede encontrarse de forma natural en pequeñas cantidades en frutas como las frambuesas, pero jamás había sido identificada en el espacio interestelar.

El hallazgo fue posible gracias a campañas de observación extremadamente sensibles realizadas con los telescopios de Yebes e IRAM. Posteriormente, los investigadores compararon las señales detectadas con mediciones espectroscópicas obtenidas en laboratorio, confirmando sin ambigüedades la presencia de esta molécula.

Pero hay un detalle que ha sorprendido incluso a los propios investigadores. Los modelos químicos indican que la eritrulosa podría ser al menos ocho veces más abundante que otros azúcares más simples de tres carbonos, que siguen sin aparecer incluso en observaciones de máxima sensibilidad. Esto sugiere que las condiciones químicas del espacio favorecen rutas de síntesis muy distintas de las imaginadas hasta ahora.

Una pista sobre cómo comenzó la química de la vida

Más allá de la curiosidad química, el descubrimiento tiene implicaciones profundas para comprender el origen de la vida. La eritrulosa puede transformarse con relativa facilidad en otros azúcares más directamente relacionados con la biología terrestre. Entre ellos se encuentra la treosa, considerada por muchos investigadores como una posible precursora de los primeros ácidos nucleicos que, millones de años después, acabarían evolucionando hacia el ARN y el ADN.

Los autores del estudio sostienen que estas transformaciones podrían producirse cuando estas moléculas llegan a entornos ricos en agua, como asteroides, cometas o planetas jóvenes. En otras palabras, parte de la química necesaria para construir la vida podría llegar ya preparada desde el espacio.

No sería la primera vez que ocurre algo parecido. En los últimos años, numerosas misiones espaciales han encontrado compuestos orgánicos complejos en meteoritos y asteroides. Las muestras recogidas por la misión OSIRIS-REx del asteroide Bennu revelaron la presencia de ribosa, el azúcar que forma el esqueleto del ARN, además de glucosa y otras moléculas esenciales para la biología.

El universo podría fabricar los ingredientes de la vida mucho antes de que existan los planetas

Los investigadores utilizaron modelos cuánticos y simulaciones astroquímicas para reconstruir el posible origen de la eritrulosa. Según sus cálculos, la molécula puede sintetizarse sobre diminutos granos de polvo interestelar mediante reacciones entre aldehídos y alcoholes muy sencillos presentes en las nubes moleculares.

Esto significa que los ingredientes básicos de la vida podrían empezar a fabricarse millones de años antes del nacimiento de un sistema planetario. Cuando posteriormente esas nubes colapsan para formar estrellas, planetas, cometas y asteroides, parte de esas moléculas podrían quedar incorporadas a los nuevos mundos.

La nube G+0.693−0.027 resulta especialmente interesante porque constituye uno de los entornos químicamente más ricos conocidos en la galaxia. Allí ya se han identificado decenas de moléculas orgánicas complejas, convirtiéndola en una especie de laboratorio natural donde la química prebiótica parece desarrollarse con enorme eficiencia.

Pero quizá la conclusión más fascinante es otra. Si un azúcar tan complejo puede formarse espontáneamente en una nube situada cerca del turbulento centro galáctico, resulta razonable pensar que procesos similares ocurran en innumerables regiones de la Vía Láctea e incluso en otras galaxias.

© iStock

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