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Received — 2 August 2026 ⏭ National Geographic España

Así se preparan los animales antes de un enfrentamiento

Algunos permanecen en silencio para no ser detectados. Otros vigilan más su entorno o se mueven con mucha más cautela. Y cuanto mayor es la amenaza, más intensa es esa preparación. También hay estrategias sorprendentes. Las mangostas refuerzan las marcas de olor de su territorio. Algunas especies evitan las zonas ocupadas por sus rivales. En cambio, los chimpancés machos llegan a entrar en silencio y en fila india en territorios vecinos, aparentemente preparándose para atacar.

© iStock

Received — 16 July 2026 ⏭ National Geographic España

Creíamos conocer al conejo ibérico. Estábamos equivocados

Los conejos parecen animales imposibles de confundir. Saltan entre matorrales, excavan madrigueras y forman parte del paisaje ibérico desde hace miles de años. Sin embargo, la ciencia acaba de revelar que uno de los mamíferos más conocidos de la Península escondía un secreto a plena vista: donde creíamos ver una única especie, en realidad había dos.

Un equipo internacional liderado por investigadores del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC) propone reconocer formalmente una nueva especie: el conejo ibérico (Oryctolagus algirus), diferente del conejo europeo (Oryctolagus cuniculus).

El hallazgo, publicado en la revista Biological Conservation, supone una revisión profunda de la historia evolutiva de uno de los animales más emblemáticos de los ecosistemas mediterráneos. Aunque ambos son prácticamente idénticos a simple vista, décadas de investigaciones genéticas, ecológicas, reproductivas y morfológicas muestran que siguieron caminos evolutivos distintos durante cerca de dos millones de años. Hasta ahora eran considerados dos subespecies del conejo europeo, pero los autores sostienen que la evidencia acumulada justifica reconocerlas como especies independientes.

Dos conejos separados por millones de años de evolución

La historia comenzó durante las oscilaciones climáticas del Pleistoceno. Los ancestros de ambos conejos quedaron aislados en refugios glaciares situados en extremos opuestos de la Península Ibérica: uno en el valle del Ebro y otro en la zona del golfo de Cádiz. Ese aislamiento permitió que cada linaje evolucionara por su cuenta hasta convertirse en entidades biológicas diferenciadas.

Hoy, el conejo ibérico ocupa de forma natural Portugal y buena parte del oeste y sur de España, mientras que el conejo europeo se distribuye principalmente por el este peninsular. Este último es además el linaje que fue domesticado y posteriormente introducido por el ser humano en gran parte del planeta, desde Europa hasta Oceanía y Sudamérica. Las diferencias van más allá del ADN.

El conejo ibérico suele ser más pequeño, alcanza menores densidades de población y tiene camadas menos numerosas. También presenta variaciones en comportamiento, crecimiento, microbioma intestinal, comunidades de parásitos e incluso en las características de su carne. En conjunto, estas evidencias dibujan el retrato de dos especies que han desarrollado estrategias de vida distintas pese a su enorme parecido externo.

Un descubrimiento clave para la conservación

Reconocer al conejo ibérico como especie independiente no es solo una cuestión de nomenclatura. Los investigadores advierten de que tratar ambos linajes como si fueran uno solo puede ocultar problemas de conservación urgentes. Mientras las poblaciones del conejo europeo se mantienen estables o incluso aumentan en algunas regiones, las del conejo ibérico atraviesan un acusado declive en numerosos territorios de Portugal y del oeste y sur de España.

Esa diferencia implica que las evaluaciones actuales pueden estar ofreciendo una imagen engañosa. Según el estudio, si ambas especies se analizaran por separado, el conejo europeo probablemente sería considerado de preocupación menor, mientras que el conejo ibérico podría reunir criterios para ser catalogado como especie amenazada. Las consecuencias van más allá del propio animal.

El conejo constituye una pieza fundamental de los ecosistemas mediterráneos y es la presa principal de numerosos depredadores, entre ellos el lince ibérico y el águila imperial ibérica. Por eso, los autores reclaman un cambio de enfoque. “No podemos seguir gestionando como una sola especie dos conejos que han evolucionado por separado durante casi dos millones de años”, señala Miguel Delibes-Mateos, investigador del IESA-CSIC. Reconocer al conejo ibérico permitiría diseñar programas de seguimiento, conservación y gestión más precisos, adaptados a las necesidades reales de cada especie.

© IESA-CSIC

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