Cuando un árbol comienza a morir, algo inesperado puede ocurrir bajo el suelo. Sus raíces están conectadas a una red invisible capaz de transportar recursos entre distintos ejemplares.
Durante décadas, algunos de los procesos más importantes de la biología femenina quedaron fuera de los laboratorios. Ahora, una nueva hipótesis propone mirar allí para entender el envejecimiento.